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Full text of "Las corporaciones religiosas en Filipinas"

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^L P. Fr. Eladío- Zamo-p^a, 






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VALLADOUID 

Imprenta y Tjihrería Reügioaa de Andrós Martín 

hvcemr ile I rs Sna llijaa de Rodrigues 

LlDREIlO Ilí L* UN1V1lH>>1I>AD, 'TMTNAIUÚ T UFL INSTITUTO 



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FR. TOMAS FITa lAPATlRO, 

\'if(ii-it> ProvIiK-iiil (ísi l':^p:iri:i <!■!■ I:i dt-l Naiiti' 
sinuí >'<tiiil)i-<>«1i'-j4'«iiK il<- Filipinas Acl Orilvn 
rt<> l»tí l<:riiiil.iñ(tK 4c Xiinstro P»«lre N. Aarus- 
lln, l'rwiiiiiilor > <;(»iniKai'io s^citd'al dt^ üiiüf 

Por laa presüuioa y por lo que á Nos co- 
rresponde, concoíleraos licencia -al Reverendo 
Padre Fray Eladio Zamora para que pueda 
imprimir y publicar el niímuscirito titulado 
Las Corporaoiones ÑelígiosRS en Filipinas como 
elementos de paz y de cultura en atención á 
habernos manifestado los RR Pi'. Fr. Tirso 
López, Maestro en Sagiada Teología y Ex- 
Asistente General y F)-. Bernardino Hernan- 
do, Lector de Filosofía, á quienes comisiona- 
mos para su examen y censura, que no se 
cou^'iene en él cosa alguna contraria al dogma 
jii á la sana moral. 

Dadas en nuestra Comisaría de Madrid A 
■M de Agosto de 1900. 

Vkaiij ['ruvin.'ín! 
Por mental J \ II I Vi ariv rroMnuifil 



Ct^oglc 



i mmo. táw. 



En cumplimiento deja honrosa coniiaitin 
quG V, Emma. Rvraa se ha dignado confiar- 
me en comunicación de fecha 25 del mes de 
Enero del presente año, de examinar y emitir 

■ mi humilde dictamen referente á la ohra ma- 
nusci'ita del R, P. Fr. Eladio Zamora, con 
residencia actual en la casa de su Orden do 
esta ciudad, obra que titula Lñs Corporaciones 
Religiosas en Filipinas como elementos de pazy 
de cultura, tengo la aatiaí'accióa de manifestar 
á V. Emma. Rvma,, que la he leido con todo 
detenimiento, y léjoa de encontrar en su con- 
tenido nada .que sea contrario á la moral y 
dogma católico, la consideramos muy útil y 
práctica al fin que se propone.su piadoso, 
autor en la riqueza de datos y detalles que dá, 
y que la constituyen de verdadera actualidad, 
para desvanecer prejuicios y ese tegido infame 

■ de calumnias, que la impiedad sectaria lanza 
contra lasOrdenes Religiosas, con el siniestro 
fin de que sean abandonadas de las gentes 
honradas y amantes de la verdadera libertad, 
y si posible fuera, hasta de los Pastores de Is- 



Ho.teabyGopglc 



V 

rael, á quienes ae trata de convencer de qno, 
con nn mutismo voluntario sino forzado, se 
sirve mejor á los intereses de la Religit^n, 

Parece imposible que no se conceda 'liber-" 
tad á las Ordenes "Religiosas en su acción hu- 
manitaria y civilizadora, sabiendo lo que han 
sido y son en nuestra España y Colonias, en 
las que, el día negro que se hizo guerra á las ' 
Ordenes Religiosas de una manera eficaz y 
criminal, se plegó para .siempre nuestra ban- 
dera nacional siempre vencedora y henchida 
de gloria, máxime en Filipinas, cuando cum- 
pliendo su misión providencial era tremolada 
por manos legítimas descendientes del héroe 
Lcgaspi y de los PP. Agustinos, que le acom- 
pañaban en aquella empresa de tiümes por su 
fin religioso, nacional y humanitario, y para 
quienes aquellas tierras no tendrán sino ben- 
dicionee; así como á nuestra España, por no 
Ijaber visto con verdad sencilla lo que son los 
Religiosos, y conocido lo grande, noble y su- 
blime que constituye el fin de su existencia 
en todas partes y sobre todo en Filipinas, no 
le toca sino apropiarse aquellas palabras que 
la leyenda pone ou boca de la madre de Boab- 
dil después de la pérdida de Granada "Llora 
como niño lo que no has sabido defender como 
hombre,,. 



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VI 

Por todo lo cual croemos oportnnlsínm y 
iTiny útil sil publicación, V Eiunia Rvniii, no 
obstante en su alto criterio resoIvevEÍ lo m;is 
conveniente. 

Dios guarde á V Emma Rvma, m, a. 
Valladolid 25 d"e Marzo tle 1901. 



^m^o. t§T. ^aideaal .^rzobispo de esta i^ich'd'ócesis. 



ARZOBISPADO 
VALLADOLID S de Abril de 1901. 

i'emiS ^. •^. ¿ykíá'c Zwnora, /e fa- 

Ortmi íUíÁ £^aad¿m, Jiara- íiiit: /uieJk 

jiiiMrar.-i¡i dra ¿íiufaifa ^EOS '^QTptí- 

raciones (Religiosas en í§ilipinas 
como elementos de paz y de cül- 

tüTa m atfíiíWn d ¡mr íiaÑm/a áíJo 
í'AimwtaS Juv ^/ i^il. L.Tc/r Q>íwi ¿é 
iiiii'jtra Uafita- (Ja/h/a i^dftrjwlítaiía- 

Q)r- Q)(^ii áJi'iid i^}).^u'taí, no roníüw., 
éMÚM fa Cí'ujura,, c&aa cjnfy-aria aJ¿¿M - 
ma cai^ifú i/ do/ta moraf.if ea mu/ ajtro- - 
jiódito /^ra Jar d ¿■a/u^¿-ír ñ>d ^jtef/doj 
¿?m rejtoréan d fo-íí^^te^fa/ faj Gmiunl- 
i£ji/eí/ rrñdiúdaj. 

Sf Qaz$. ¿Iz&oSiopo . 

I'iii- inaiiJat» do Su F,n>in». Uvmp v\ Card, Ar/p.i. mi S.>ii 

-4Sc. 2)anie^ Se fa Qztuí, 

ISecrelwiu, 



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PRÓLOGO 



Haee mus de un lialn qm sin iuli'rnipción rietiim niniilo 
las CoffOfacioiK-x monihtivait de Filipinas el blanco de, los 
ataques injwslificadas de pci-sonas ilesconoceiloras del país; de 
seelai'ios, que A falta ile liei-.hos ij de in-m-bas, han aliitsado de 
la innoble arma tle la calumiiin; tí/; iiml'iriasiis insensatos qjie 
ari'astmdos par loca pasión Imti lleijailo Imsla w¡/ar su fe y 
traicionar i¡ mi patria; de n-rdarli-rot tircnliiirros que escuda- 
dos con un empleo oficial no lian ¡rpnrmln en la liciltul de 
los medios, para hacer riipiitii.\ fnrliiiiiií<; .sin ¡¡iir hasta ahora 
loa Ordenes Aloiuislieas hai/aii ííhHiIc a su d'/eusa, dejando en 
manos de fHos lajusU/icacióii '/r .v//x iicln^; 1/ presentando ti 
la faz del Universo su hishirin inniiiriilin/ti ¡¡rallada en las 
añosos trancas de los lírhotes ilrl Ih'H'iiu' /ili/iinti; en los sólidos 
muros de los edificios pútiUvus; en /íí.v rtil;-tidfís, csvnelas, 
puentes y en todo lo i/ue en rl piij.'¡ l/ni/ dr anidas, arfricul- 
taraé industria. Cero en esln.i iilUmns hanpos se ulacaá las 
Ordenes Monásticas de Fitiiiiinix, no pin- ln ijue son y han 
sido, sino por lo <iii.e signi/icitn y repn-senlalinn en af¡nel 
remoto Archipiélago; en ellas se ataca li la Heliyión y á la 
Patria, y creemos nn sagrado deber salir á la defensa de estos 
dos grandes principios implantados y sostenidos por las Cor- 
poraciones religiosas en aquellas numerosas islas. 

Annf¡ue escasos de Ince-i // de dol'i-s, lu'iiinelentos esta fim- 
presa confiadon en i/iu- drlnin dr nn.snlnuí rendían otros con, 
más aptitud, dalos y priwhux. que iinipliiniín y eompletardu 
este trabajo insiiini/inmlc niu'shv, y pondrán al alcance y á 
la vista de todo el niniidn lux ¡/loritis iiimareesihles de las 0}-- 
denes monósticas; lu.s cwdrs nnnm serán oscurecidas por la 
ignorancia, por la pasión, par lu calumnia, ni por algunos 
defectos particulares, pues asi como las pequeñas nubedlias 
errantes por el anulado firmamento no pueden empañar los 
esplendorosos rayos del sol ecualoriat, tampoco los peqneiios 
defectos del individuo pueden mancillar la honra indiscutible 
é inmaculada de la colectividad monásUea. Este ha sido 
nuestro pro])ósito y solo por intentarlo creemos merecer bien 
(fo las personas honradas. 



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Sumario 
Introducción-; breve reseña sobre el origen de las Ór- 
denes monásHcá».—L.as Órdenes religiosas como 
ele>nen.tos tle cuitara. - Edad aniíffna.-Edad media, 
—íklad tnodenut. -Su difusión por el mundo. 

"Innegables é inmensos son ¡os servicios que han pres- 
"tado las Órdenes religiosas ¿ la sociedad y á ¡a Iglesia. 
"Obra suya ha sido en gran parte la civilización europea: 
"poc roadlos siglos han sido esos hombres loa ñoicos edii- 
"caOores, ios ÍHÚoos agriciiUoros y los únicos letrados. Y 
"hasta en mucho la misma Iglesia era, digámosir así, tri- 
"butaria suya,,. 

Dtt. Julio Diuiot 
"El Estado Rdiqioso,, 

For medio de la edücaeió» é instruceión de los 
pueblos venimos en eonoeimieiito del grado de cultora 
y civilización de sus habitantes. La historia nos enseíla 
que allí, en donde no hay iiistrnccióu, ciencia, artes, 
religión y moral, allí tienen su imperio la barbarie, los 
instintos salvajes, el lenguaje tosco, los nsos y costum- 
bres groseros; es deoir, el estado salvaje, la vida de las 
selvas, la degradación del hombre, la abyección, la ig- 
norancia, la ausencia total de sentijnimientos humanos. 
Desde el momento en qne aparece en la historia- la 
estirpe humana podemos observar este hecho, com- 
probado con el contraste cfue presentan á nuestra 
coüsideraeión los pueblos antiguos. 



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a t,AH ronroiurTnNrs riEl.inrosAM 

Lag más bellas regiones del Asia que fuentn cuna 
del género liniiiano; lo fueron taiubíén de las primeras 
ilaciones civilizadas. Allí tlorecíemn ios primeros im- 
perios, de que haee mención la historia, y alii también 
se ensayaPOii los eiomenlos primitivos de Lü Agrieul- 
tura, de la Astronoiriia y deja l'ilosofia. líabiloiüos, 
Asirios, Caldeos, Tersas, indochinos, Rgipcioa, Griegos 
y Romanos, Hebreos y Chinos sen los pueblos de la 
antigüedad que la historra qos presonta como cultos y 
civilizados. Del progreso y cultura de los primeros dan 
testimonio las soberbias minas de Nínive y Babilonia. 
Los Persas tuvieron á ZoroasLro, que en su Zead-Avesta 
-gravó la civilización de ííu pairia. Admira á lossabios 
■ modernos ia sublimidad de la moral do ios libros Vedas 
y sus dos grandes poemas fipifios, el Ramagau y Maha- 
rabat. La sabiduría de los fjgipeios ha sido celebrada 
hasta en los libros santos, y sirvió do ealudio y modelo 
á la Grecia, que la comnni<^ó .después á liorna y esta 
al resto del mundo conocido y por ella dominado. En 
sus célebres misterios, reunión do hombres distingui- 
dos por su saber, fueron iniciados Pitágoras y otros 
Griegos, que de olios sacaron los gíínncnGs do sus sis- 
temas filosóficos; y en ellos aprendieron cuanto la 
ciencia había descubierto hasta entonces sobre los fe- 
nómenos celestes y las leyes de la naturaleza. Si juz- 
gamos á osla nación por sus canales de riego, por sus 
enormes pirámides, por. sus Loniplo,s, |)or síes obeliscos 
por sus ruinas, diriamos (pie fué ya cu la antigüedad 
una nación de gigantes. 

El pueblo hebreo, predilecto de Jehová no puede 



jo,Coojíle 



EJI FILII'IN'AS ," 

serjiízgado pni' las leyes generales de la filosofia de la 
historia. Un pueblo escogido por Dios para ser el ins- 
tnirneiito de sus altos designios; mi pueblo del que Dios 
es su legislador, (íonsejero y guía, y con quien está 
en conversación -coníínua y lantiliar (jueda excluido 
de la jurisdicción de toda lógica humana. No obstante 
diremos que tuvo su civ¡lizat;i6ri desde et momento en 
que abandonó la vida nómada: Moisés le dio uu Código, 
verdadera constitución teocráÜca( inspimdo por Dios y 
acomodado á las costumbres patriarcales de sus aole- 
pasados. Sus libros santos son verdaderos monumen- 
tos literarios, de inmenso valor eu aquellos tiempos, 
cuando ios demás pueblos uo couociau el uso de las 
letras. «Salomón — -dice uno de ellos — disputó desde 
»eIcedro que crece eu el Líbano, hasta el hisopo que 
»crece en las paredes-. Toda la literatura hebrea está 
contenida en la Biblia, libro, que como decía el insigne 
orientalista Jones 'contiene más elociien(Ha, rnás ver- 
'dades históricas, más moral, más riquezas poéticas; en 
>una palabra, más bellezas de todo género, que las que 
»podrían reunirse tomando las de todos los demás li- 
»bros, que se han compuesto en todos los siglos y en 
>todos los idiomas» (1). 

La literatura hebrea se funda euleraniente eu la 

. Religión, y la eáeucial dit'ereucia que mediaba entre 

esta y la de los Griegos y Romanos hizo que estos no 

pudieran entender aquélla.— «Si pretendemos buscar 

»en los libros santos las formas escolásticas; nues- 

(1) Citiitu, eiwc 2. c. 10. 



Ho.tedby.GoOglC 



4 i.AR conroTt.\r:raNl'5REr,!GiosA?i 

•tras epopeyas y nue^troa dramas, seda como el que 
*quigiera medir enri el compils de Vitpuliin el templo 
»de Salomón con aquéllas pruporciímes colosales; 
>con el mar de bronce sustenido por doce toros, y 
>los, Querubines cubrieiidd el arca con las alas ex- 
•tendidas; y los misterios del tremendo santuario en 
íCuyn fondo tenebroso i'eposal>a Jehová. Allí desde 
•los hechos de una geiiealogia se pasa si'ibitamente al 

• más elevado !insmo;'de. una sencillísima narracclón, 

• á una ferviente plegaria; de un minucioso regla- 
smento & una inspiración profética. La belleza brota 

• de las cosas inistnas y de la tuerza creadora de la 
•yoluntad, y tal vez no so encuentra una página en 
•que lo bello predomine tan solo como bello; al 
•paso que se encuentran á cada momento palabras de 
•vida en que va unida la jnayor sencillez y claridad á 

• una profundidad ijieviíalile (1.)'. 

El carácter de las obras humanas os la imperfec- 
ción, y no hay íilósofo por gratide f¡uo soa, sobre cuya 
tumba lio se haya sentado la posteridad para juzgar 
sus errores, sus extravííts y contradicciones. No su- 
cede así con la lüblia; y si» embargo acomete las 
cuestiones más elevadas y capitales; descifra los enig- 
mas más recónditos de la ciencia: revola los misterios 
del hombre moral y físico, del tiempo y de la eterni- 
dad, y resuelve los problemas de la creación, de la 
lucha del bien y del mal por medio de la. prevaricación 
del primer hombre. La Biblia forma un todo único, 

(I) Cantu. loe. cit. 



Hoste^byGpdgle 



EX FILlPtíIAS 6 

dasarroUa en grande escala una misma idea, un mis- 
mo argumento, Dios Creador; el hombre redimido. Es 
el libro de todas Ion siglos; dfi todos los pfieblos; de 
todas las situaciones, 'fiene consuelos para todos los 
dolores; cánticos de alegría para todos ios acontecí- 
tnientt)s faustos; voi-dades ptya todos los tiempos; con- 
sejos para todos los estados; y en tanto que alimenta 
á las almas con palabras de. vida eterna, eleva el 
entendimiento y eidtiva el gusto de lo bello. Ella ins- 
piró la Di\'ina Couiedia; Kl Paraíso Perdido; Las Ora- 
ciones- fúnebres de Bossnet; La Mesiada del P. Ojeda 
y Klostopf; y los hiinnós sagrados de Manzoni: y en 
cnanto al [lensamiento luiiiiaiiitario, mientras que los 
demás libros de la antigüedad tienden á establecer 
la inferioridad do alguna i-aza y el odio á las naciones 
extraflas, horrenda preocupación que vive aún, no 
- solo eii el África y en la China, .sino que también 
entre los pireblos, ([iio gozan de la ponderada libertad 
Noite \nieiu,aiia la Biblia piodama con la unidad de 
Dios la del iniage humano \ una justicia superior á 
las comhniaeíoni s políti(,a& batiéndonos á todos her- 
manos destinados a tiabajai juntos en el destierro 
para obtenei el i estalilecniíiento de la armonía co- 
mían en la oíacion v en la ley cantando: «El Señor es 
'bueiio rara todos los- hombres, y sn misericordia 
•alcanza 1 todas las obias y su reino abraza todos los 
siglob 1 generacionc- (Salmo IH)». 

Si de Asia j asaní is á hiiropa, tropezamos con las 
costas y bahías df Giecia di^pueslaa de fai modo para 
recibir dt todos lus ijimtos del globo los gérmenes de 



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6 LAP rí)TiPOTiA'"rn\EsriF,r,ir,inpAíí 

progreso y de cultura, que á ella debemos la ilustra- 
ción de qiie nos jactamos: iiiiá aran parte de los idio- 
mas de qae hacemos uso; tas ciencias qne hermosean. 
nuestra vida: nuestras ideas sobre !o beüo y lo bueno; 
las artes que ofrecen continuamente á nuestros ojos 
las más siibUrnes y elegantes concepciones, y la es- 
tructura de iniestras sociedades rnodernas. En ciencias 
y en artes consiguieron los griegos progresos, que aun 
asombran á los pueblos modernos, Ellos inventaron las 
ciencias fisicas: !a medicina, en la qne todavía se res- 
peta el nombre de. Hipócrates: la geometría y la astro- 
nomía: la mayor parte de los sistemas filosóficos, que 
hoy se conocen, y los cuales fueron por ellos conce- 
bidos y desarrollados. Sus filósofos fueron innumera- 
bles; las artes tuvieron a!li su origen, y las inmensas 
ruinas q je cubren su suelo, atestiguan su eterna gran- 
deza. 

Sucesora legítima de Grecia en cultura y civiliza- 
ción se presenta Roma, inferior k su predecesora en 
la invención, en la originalidad, en la delicadeza del buen 
gusto, pero aventa.¡ándole en política, en instituciones, y 
sobre todo,eti preponderancia é influjo moral. Sus monu- 
mentos revelan la grandeza de su inmenso poderío. 
Todos los pueblos, que á ella estuvieron sometidos con- 
servan restos de aquélla civilización gigantesca. El Cris- 
tianismo y los pueblos bárbaros trajeron luiova savia , 
y nuevos elementos á esta civilización greco- romana, 
y la pulparon de ios vicios de ({iie adolecía. El send- 
miento del amor y de la igualdad dio nuevo fuego é 
inspiración A las artos y i'i las ciencias; y la libertad 



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EN Fir.TPTXAP ? 

inijividual, predicada por el eristianismo, y tan estima- 
da por loíí ^ennaniis ciunbió las bases é instituciones 
puliticas y civiles. Pern hasla llegar á e^la transforma- 
cióQ, radica! y definitiva, ;fiii;iiita sangrú derramada! 
cuánta desulaciióii y Ciiánlas ruinas! 

Numerosas hordas hanibrieiilaH salían periúdica- 
Diente del londo del Asia; Jan cuales entrando en Eiiro- 
[ja empujaban hilcia ol Mediudía ü las (¡iie las hablan 
precedido en el caniinit de ki einigi-acióii. Huyeiidoiinos 
pueblos dfi otros; atropiiíli'mduso. arrastrados por una 
fuerza ¡rrcsislibiü li;'n,-ia los países meridionales, caye- 
ron sobre o! inipertí) rojiiaiio como manadas de fieras 
atraídas por las L'maiift';¡'nies pL'iti-idas de un cadáver 
en des(!om|ios¡(:ii'>n. Francos; tierniaims; líurgofteses: 
Vándalos; Alanos; (¡(Ipidos; Suevos; Godos: y úlliiiiamen- 
te los Escitas. Hiinos, más feroites y beliciosos devasta- 
ron y salpicaron las Galias y la Italia; destruyeron el 
imperio d(í Occidente, dtwtrotiando á sn líltimo Empe- 
rador, Rómnlo AngiistnIo.> 

"Innndadala Enrupft, — dii:c ini insigne escritor, — 
■ |H)r una nnbe do bárbaros vio desplomarse de lui gol- 
»pe todos los uioiiuinentosdc la antigua civilización: los 
>IegÍ3ladores con sus leyes: el imperio con sn brillo y 
'podcLio; los sabios cou las ciencias; las artes con sus 
>moi\uuientos,.todu se hundió: y aquellas inmensas re- 
nglones que ostentaban el lujo de la civilización y cultu- 
'i-a que por espa(;ío de unichos siglos había acumulado 
vcn ella la liorna de InsCésareíi, viéroiise desoladas y 
^sumidas en la iünorancin v en la barbarie- (í). 
(1) Balnteíi. 



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8 LAS roRTOfiAnriNF,? niaininsAs 

Pero la brillante centeila de luz que ilnminaba el 
mundo desde !<i cima del Calvario, irradiaba sobre ¡a 
haz de la fierra; y si eí huracán 'de las pasiones y el 
hálito impuro del paganismo amortiguaban sus fulgo- 
res, nunca más apagaron su luz resplandeciente; y pa- 
saron los siglos, y aliinentada por el soplo divino del 
Eterno, fué extendiendo sú órbita briliante; fué acer- 
cándose á los hombi-es, y lo que antes parecía una luce- ■ 
cilla perdida allá en !a' pequeña Palestina, apareció 
ante ios pueblos corno un sol resplandeciente, expar- 
ciendo por todas partes rayos benéficos de luz y de vi- 
da. Civilizando á la barbarie, puliendo la rudeza, aman- 
sando la ferocidad de las hordas invasoras, preservó á 
la sociedad de ser victima, tal vez para siempre, de la 
brutalidad degradante y del salvagisino feroz. .Fué el 
principio fundamental que dio unidad, orden y con- 
cierto á aquéllas "diversas tribus de bárbaros, salidas de 
la selva rectificando las ideas, regulando los sentimien- 
tos, conteniendo las desbordadas pasiones, apagando 
los odios, templando las iras de los vencedores, inspi- 
rándoles ideas de justicia, sentimientos de humildad y. 
caridad cristiana. Pué la reguladora universal de aque- 
lla sociedad nueva, agitada ctm tanta furia por la bar- 
barie de los invasores y por'la degradación de los ven- 
cidos; y próxima á la muerte O al caos. 

Figurémonos á los bravos hijos de la selva arroja- 
dos sobre el Mediodía como ol león sobre su presa, 
precedidos de sus feroces caudillos, seguidos del 
■ tropel confuso de sus hijos y mujeres; llevando consigo 
sus rebaj"ios y sus toscos arreos, destrozando las iiu- 



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EN FTT.rnXAS 9 

nierosas legiones que trataron de contener su avance; 
saltando trincheras, salvando tVisos, excalando baluar- 
tes, talando campo;?, arrasando bosques, saqueando 
pueblos, asaltando ciudades, arraslpandu en pos iiiilla- 
res de exclavos cantivado^^ oii el cainiíio, y llevando 
por delante bandas numerosas de fugitivos corriendo 
pavorosos, acorados, poseitíos de pánico terror, hnyen- 
do del hierru y delTnego, llevándola alarma, el terror, 
el espanto hasta las misinas puertas de Hoina: figuraos 
los después engreídos con la victoria, ufanos con tan- 
tos despojos, endurecidos en tantos combates, incen- 
dios, saqneos,malanzas, y trasladados como por encanto 
desde las frias y nebulosas selvas del Septentrión á 
las templadas y risneñas cauípinas de Italia; en otro 
clima bajo otro cielo, nadando en la abundancia, en los 
placeres, en nuevos goces de todas clases, muertos en 
los combates los principales caudillos, confundidas en 
el desorden las familias, mezeliidas las. ranas, uiodiflcá- 
dea 6 perdidos los antiguos usos y costinnbres, y des- 
parramados los pueblos por países inmensos; en inedio 
de otros pueblos de díverrias lenguas, dilerentes ideas, 
de- distintos iiS()S y costumbres; (igurémonos, si es posi- 
ble esa conI'Hsi6n, ese desorden, ese caos, y decid, si no 
veis quebrantados, hechos mil pedazos los vínculos que 
formaban la sociedad de esos pueblos y aniquilai'so 
todo lo anfigiin, antes qiiií pudiera rcmplú/arli) nada 
nuevo. 

¿Qué hiilúera sido oulnuces de la sociedad sin un 
lazo, que ligase tan diferentes pueblos, tj'ibus y razas; 
sin un senümicnlo comiíuj que enlazase sus ideas, da- 



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10 i.Aií rniiPORArrnxRs remiiosas 

minando preoc ti paciones de raza, apagando odios y 
peiicores entre los conibalieiitea, y formando con ven- 
cedores y vencidos un solo piielilo üun unas mismas 
creencia-', e/ Cn.-itl»iii.mo, con un sólo código, <•/ /ívan- 
fie/io; Y cou unas mismas leyes, /«s 'le la Ii/kxiai' ^.Qué 
hubiera sido del adusto hijo del Af|uilón al senltp que ' 
se relajaban de repente todos los vínctilus que le 
unían con su suciedad: que se quebranlalian todas las 
trabas que coiilenian su üoi-eza; al eticontrai'se solo, 
aislado, en posición tan nueva, singular y extraordina- 
ria, conservando un vago recuerdo de su país, sin ha- 
berse alicionadí] todavía al rocíen ocupado; sin respe- 
to á ninguna ley, sin temor á niu^úii hombre, sin apego 
á ninguna costumbre, arrojándose sin freno, arrastra- 
do por su impetuosa ferocidad, :i donde <piiera le con- 
ducían sus h;'ibÍLo.s de violencia, de píllage y de matanza; 
confiado siempn; en su nervudo braxo, en su planta 
ligera, guiado por las impresiones de mi corazón lleno 
de brío y de fuego, y por uua fantasía exaltada con la 
vista de tantos, tan nuevos y tan variados paises, por 
los azares de tantos viages y cojubate-s; acometiendo 
temerario Indas las empresas, rechazando todasujección 
saboreando nuevos peligros y aventuras, si entonces 
no hubiera penetrado en su alma «na chisi'a de luz 
evangélica ijue {ilareas»! sus ojos empañados por el 
vaho de la saiígre; iluminase su entendimiento con los 
destellos de tii Verdad l'"tcrua, y filtrándose il través de 
sus harapos y de sus pelli/as de piel de cabra hasta 
llegar á a(¡u('l cura/óu: virgen de senlimientos nobles, 
puliéndole, hinnanizándule, ti'ooando su ferocidad en . 



d.,Coogle 



11 

dulzura; s\\ irascibilidad en mansedumbre; haciendo de 
un salvaje, casi tan í'eroz cumo el oso de sus bos(|uos, 
un hombre culto y civilízadoV li.") La imasiuación no 
alcanza á ligurarse lo que hubiera sido del riuindo en 
aquella crisis suitrema si el CristiaiiiBiiio no hubiera 
existido: sí en su es|)¡ritu no hubieran estado ya infor- 
madas las leyes; si el iiiíliijo de la Iglesia no hubiera sido 
tan prepotente: si las ideas cristianas no hubieran -sido ya 
familiares al ¡meblo vencido; si en una palabra: si el Cris- 
tianismo no hubiera sido niiis (jue una idea religiosa hija 
del exaltado fanalismo de un sectario. VA Criatiatisnio: 
solo esta InstitKción robusta pertrechada por Dios de 
todos los medios de defensa, pudo sor el dique pode- 
roso y resistente <|iie contuvo la impetuosidad del 
torrente germano, que Itájando del Septentrión llegó á 
las puertas de HoTiia, arrasándolo todo en su vertigino- 
sa corriente. Autoridad, libertad, civilización, todo fué 
salvado por la Iglesia: esta fué la única estrella polar 
en medio de aquella noche lúgubre y tenebrosa. 
Ignorantes de sus deslinos los pueblos del Norte y de 
Levante: cuando llegó el tierni)o de su ibimiuación, 
corrieron al encuentro de la luz celestial, como llama- 
dos por Dios mismo. I'ii poder superior, una atracción 
incomprensible para ellos, fué el que atrajo á tantos 
príncipes bárbaros hacia los Obispos, Sacerdotes y Mon- 
jes; el que les hizo incünarse con respeto ante un 
Ambrosio, un Crisóstomo, un León, un Severiafio, un 



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12 L\p WTtmriAriio'íP.f! RET.ir.TopAs 

Epifáneo de Pavía, mi Benito de Nnrsia, un Estilita, ej 
cual tantas veces les' subyugó eoii el asceiulieiite de 
su virtud y inurlificaciúti- Kspevi mentaban una secreta 
é iiiveiKíiblo necesidad do rendir hornenage al Dios de 
estos santos varones; y apruvei;haiidií la lííicsia estas 
excelentes dis|tnsi(:inn(is hixo salir de las cenizas del 
irnindo antigno un [nutulo y luia líivili/acióii nuevos; 
y Frente á los elenieutos desencadenados, reveló en 
todo sn explendor la Fu,eT-za divina, <(ne reside eii ella, 
reuniendo en luia sola farinlia, (inoMos hasta entonces 
divididos, iniprenítndoles do nti.i civilizacii'in eminente- 
mente cristiana, en la cual se mezclara en au justa medi- 
da la parte más sana déla civilización antigua eon las 
costumbres sencillas y puras de aipiellos jirimitivos pue- 
blos f;llabia alguna escuela, alguna institueión, a^ún 
sistejna filosófico, alguna idea, algún conjunto de ideas 
de eficacia snficicute para contener el em¡)ujc de los . 
Bárbaros, salvar á la sociedad de inminente ruina 
creando uuevós organismos con elemeaíos tan hetero- 
góreosV Mucho se ha ponderado la fuerza de las ideas 
pero consultando la historia, se vé, querio ha habido 
iina sola, que, conservándose en el radio natural de sti 
acción haya eontribuido notablemente al perfecciona- 
miento del individuo en la sociedad. Ininensa es lá 
fuerza de las ideas: ¿qnióii lo duda? El pensamiento 
del hombre dispone de una fuerza vital y ereadoi'a su- 
periorá todo lo creado: todo lo inteligible le interesa 
porijue afecta a sn destino: pero do esto á sostener 
que toda idea, anucjue útil, pueda subsistir por si nijs- 
ma; y que para su conservación no nocesilc de una 



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EX Frr.iPTPíAs IS 

base que la sirva de apuyo; r» rio una iiislil.ticiún que 
la encarne |iara so ])orpel.iiiclaiI, liay un ahisiuo impo- 
sible de salvar, euirní enícíia la historia. l.as ideas en 
su región propia, en el lerremí puramente filosófico 
podrán ser iiiiia ó menos lUiles á la soeiedad y al iji- 
dividiio; podrAu induir con mayor ó ineuor eficacia eii 
la períoccióu y progi'cso de la humanidad; su acción 
será lenta ó rá¡))da, débil ó jioderosa, pero s» vida 
será efímera ai les falta l^ basi? de la institución que 
constituye la vida de los pnelilos. El pensamiento del 
hombre es muy voluble y sus creacioues adolecen del 
mismo dcfoelo. Eslo explica la rapidez con que se suce- 
dieron unas á otras las teorías científicas; la desapari- 
ción del eiim|K> de !a ciencia do laníos y tan variados 
sistemas filusóficos. lía haliido y no dejará de haber 
filósofos que (¡reaii y defiendan de buena lo, que las 
ideas depositadas en et seno de la humanidad son un 
legado precioso, que trasmilido de generación en ge- 
neración contrilniye poderosarTientc al (irogi'eso de la 
humanidad; poro la blsturia les contesta, quo la hu- 
manidad, entregada á si misma, lejos de haber sido una 
depositaría fiel y honrada, ha sido una lapidadora de 
tmdicioncs y creencias legadas por nuestros antepasa- 
dos. En tos albores del género humano encontramos 
las grandes ideas soliro la iiniíiad de I>Íok el origen y 
destino del hombre; sobre sus relaciones con el Cria- 
dor, sobre la primera culpa et celera; estas ideas- son 
verdaderamente lUiles santas y fecundas: pues bien 
¿cómo las conservó la humanidad? ¿No las dilapidó, y 
perdió, Hiutiiándolas, obscureciéndolas tergiversándolas 



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hasta no dejar do ellas ca-si vestigio alguno? Solo un 
puebVo, ol pueblo hebi-eo conservó «ate rico tesoro 
¿Por qué? piipqiie estallan orirainailas en institiicioues 
Hábiaiiieiite organizaila^ por un i,cgisladoi- in.siiirado por 
Dios. 

No: las ideas, y muy pai-ticulannonte las que opo- 
nen una valla á las pasiones, careeeii do vitalidad, no 
son viables en la práctica poi-s¡ uiirtinas, sino que son 
necesarios utrus inedio^; de acción que enlacen el orden 
de las ideas con el orden do los hechos, lié aquí por- 
qué los antiguos sistemas lilosóficos, iniiy decadentes 
en la época de" los líárbaros fueron impotentes para re- 
construir la sociedad desquiciada. El Cristianismo solo, 
pudo hacer este milagro y lo hizo. ¿Cciuioy 

Euntes ihrcHe omnes ijenteK, había dicho el Reden- 
tor á sus Apóstoles; y partieron á cumplir el divino man- 
dato, prefUeaiifh nhiqíte, Diunino confirmunte. Los suce- 
sores de los Apóstoles, fieles alas tradiciones apostólicas, 
prosiguieron la obra i'onienzada cumpliendo la misión 
impuesta por el divino maestro: iloretc omiies gentes; en- 
señad á todo el nuindo; y cu donde hubo nna Iglesia, 
había una escuela, y los Sucesores de ios Apóstoles fue- 
ron desde los primitivos tieniíios del Crislianisimo los 
Ministros de Dios que oraban, y los Maestros que ins- 
truían; nó á la manera de los Sacerdotes gentiles, qne 
habían acaparado la ciencia envolviéndola en el miste- 
rio, , y conviniéndola en patrimonio de casta, sino ha- 
ciéndola conmniívitiva y asctpiible ¿ ricos y pobres, á 
débiles y poderosos, á cristianos y á gentiles; porque la 
ciencia, patrimonio de una casta privilegiada, uujicafué 



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15 



útil al pPOgroHO lie la sooiodad ni á su propio ¡'ragreso 
y doaarroHo. 

Kii la oaiia del (Jn:iliaiii.-ítiiii, cuando todavía vibra- 
ban en las almas l;is palabras proféticas de jGsü.>í;cnaii- 
do todavía eran recieiitefí sus aonsejos y ejemplos-, 
cuando todavía asistían iiiucbos (liscípiílo?^ que habían 
tenido la dicha inefable de verle y oirle durante su breve 
peregrinación sóbrela tierra; unos, s¡t«u¡endo las huellas 
de los Apó-itoles en etinipliniittnto déla misión, que les 
había encomendado e! divino Maestro, llevaron la buena 
Nueva desde el oeiilro del Asia hasta los últimos con- 
fines del imperio rojnano, convirliendo pueblos, edifi- 
cando Iglesias, siendo á la vez Ministros del Santuario, y 
Macstrci.-í de oducación; otros, que conservaban en todo, 
su vigor y pureza los consejos del divino Redentor; con- 
fundiendo sus almas y sus bienes, formaron ijna sola 
familia cuyo Padre está orí los cielos; y entre los cuates 
era wio el an-ti^íii 1/ iiiki sof't el alma. Este fui' el origen 
de los Institutos Religiosos: (h gestos fueron los ins- 
trumentos de que Dios se sirvió por medio de la Iglesia 
para salvar á la sociedad de una muerte espantosa; y á 
la civilización y alas ciencias de su desaparición déla 
tierra. 



Cuando los IJtirbaros cayeron sobre el ¡uiperio de 
los Césares, y leyes usos y costumbres; religión y niíiral; 
civilización y cultura, todo se desnionoraba, todo zozo- 



(i; Casiano. Coll. 18, t 



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ié ' LAS rORmRACinNKS nKLir.IOHAS 

braba, todo caía hecho pedazos, el espirita de nios so- 
pló sobre !a tierra, y oii lo-s desiertos de k Tebaida, en. 
las abrasadas soledades de Aral>ia, Kg)i>to, Siria y Pa- 
lestina apareoiepoii unos hombres extraordinarios cu- 
biertos de toscos y ásperos vestidos -*iio solo santisi- 
»mos, — dioe S. Agustín— (1), sino que también muy 
«aventajados en iadivina doctrina y oxcelejites en todos 
sentidos.» Una túnica sin mangas --'!olol)Íiim — envolvía 
su cuerpo; un manto de piel de cabra ó una estérula — 
melota, sojia— caía sobre sus espaldas, y un grosero ca- 
pucho cubría sus venerables cabezas. Antes de abrazar 
esta nueva vida, distrijjwian sus bienes á los pobres, y 
los que adquirían posteriormente pertenecían k la co- 
munidad que les había acogido en su seno. Teu}ían mu- 
cho la ociosidad, y por esto unían los trabajos corporales 
á la ora,cióri, al estudio, á la vida contemplativa. Monges 
ilustrados escribieron muchas ol>ras ascéticas (jue ser- 
vían para la instrucción de los más jóvenes: tales fue- 
ron S. Nilo, que después de tiaber vivido largo tiempo 
en una ermita, nnuió en o! dosrertn do Sinai; S. Juan 
Clímaco, abad de Siuai, cuya '! Encala saijrada — Cli- 
max — dedicada al Ahaddcli;iitha, descríbelos grados y 
virtudes de la vida espiritual; .Tnan Moschs etc. Muchos 
de ellos hicieron adelantar notablemente la interpreta- 
ción de las sagradas líscrituras; y célebres Doctores de 
la Iglesia acabaron de formarse bajo.su dirección, co- 
mo, S. líasilio, S. Gregorio Naeíanceno, S. Gerómino, 
S. Gregorio Magno y cssi todos los Santos P. P, Orien- 



(J) De Mor. Jíccl, cap. ^1, 



j.vCooj^lc 



TA' Fii.iri\.\« . " 17" , 

tales y Üceifleiitaltís. Los Oonvciilos iM'odugeron ricos 
frutos de bendición por el ejemplo, ijiic dieran de aíj- 
iiegaeión, austeridad y sacrilido, y pnr ia educación 
científiea y literaria que l'aci litaron á la juventud estu- 
diosa. 1-.OS ascetas nüls retirados tenían consuelos y 
consejos pam todos Ins que de ellos necesitaban: dete- 
nían 'el bra/o do los Kiiiperailapes dispuestos con dema- 
siada frecuencia á los actos de barbarie y de venganza; 
enltivabaii en los pueljl<is f3^ll[ilnienloi religiosos y «sa- 
tisfacían plenainentc nna imperiosa necesidad de su 
época» (i), lili Occidente rii;i.-i todavía iiiie oii Oiionte 
los Conventos oran K-íCOclas y.ceiiLro-i de edueaciún y 
enseñanna. S. Maiuisin dio ái-onocer ia vida uionadttca 
en Italia, y S. Ainlvinio Cundo en MiliUi un Convento. 
Varios encontró va S. (ieróoiiuo en tíonia cuando visitó 
su ciudad natal y luí había también iMi las ¡icípienas 
islas de Dalmacia y de Italia. De a((iií fué transplatitada 
la vida aíciHica á las Ualias y S. Martín fundó un Cou- 
vento en ruitíers eerc-a de Tonrs y oíros muchos en 
otras parles, los cuales liieron lan concurridos, que más 
de dos mil Monjo:^ nsislicrun ya m \<« l''iineriiles del 
Santo Fundador. 

VA número de estns Monjes ó Sülilai-ios era tan 
grande, que nos parecería íncreiblc, si testigos ocnlarca 
y dignos de todo rc.-poto no lo reliríesen (á). Y en 
cnanto ú. la santidad, ausleridad, penitencia y practi- 
ca de la perfección y ejereioin de ias virtudes, nos lo 



fl) Theod. Hi.st. rpl. e. :iO. 

(.2J Htrz Hist. Eui. tora. -J." pSg.^ -tí y 117. 



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18 i..\s r,oRroiiAr,inNF,sRRi,iniOHAs 

abona el tefílimonio de Riifinti, Paladio, Teodosio, San 
Jerónimo, S. Juan Clíniaco, S. Juan Crisóstoino, San 
Agustín y euaiilDS hoinbrea ilustres na disliiígnieron en 
aquel tiempo. V.\ hecho aiiiuiue singular, extraordina- 
rio y ppodigioso, fto es meiios cierto y nadie ha podido 
negar s« verdad histórica: su lestigí) fué el mundo, 
que de Iftdas |iartes acudía al yermo, al desierto, al 
Monasterio Comohiuní en husca de la paz del alma 
y de la luz del espíritu (!}. Tres mil Monjes contaba 
uno do los Monasterios fundado por S. Pacoinio; cifra 
i]ue se elevó más tardo k siete mil (2). S. Antonio, 
S. Macario y S. Hilarión, üoniaion por miles sns discí- 
pulos. 

En Kspana desde muy antiguo huho Kretnitas, que 
ya en tiempo de S. Isidoro vivían en Comunidad; y 
era costumbre, tjiie los padres de familia confiaran á 
ios Monasterios la educación de sus hijos desde la más 
tierna edad según puede verse en el Concilio cuarto 
de Toledo canon 40. 

Tal voz i)regunl,ará alguno; ^.de qué servían aqué- 
llos hombres sino para santificarse á si uiis4iios? ¿Qué 
beneficios hicieron á la soeiedadV ¿Cuál fué su influjo 
en las costunibresV AnrKjue la planta Tuera bella y 
olorosa ¿de qué servía si ora estéril? 

• Gravo eiTor fuera jior cierto, dice e! insigue Hal- 
ones (B) el pensar que tantos millares de solitarios 
• nq hubiesen toíiido una grande influencia. En primer 

(1) HerK. loe. cit 

(2) UeriK'tií*. tlist.' Eole. tom. 2, p 44, 
{jS) Piotec. t. 'á.\ Ü'J. 



■l.yCoOglC 



•lugar, y por lo (jue toca á las ideas, conviene adver- 
»tir, que los Monasterios de Oriente se erigieron á la 
«vista de las Kseiielas d.e los Filósofos: el Egipto fné el 
>país donde más ílorecieron los Cenobitas, y sabido 

• es el alto renombre que poco antes alcanzábanlas 
•escuelas de Alejandría. Kn toda la costa del Medlte- 
•rráneo, y en toda la zona-del terreno, que, comen- 
•zando en Libia iba á terminar en el inar negro, esta- 

• ban á la sazón los espíritusen extraordinario movimien- 
'to, El Cristianismo y el Judaismo; las doctrinas de Orien- 
»te y Occidente, todo se habla reunido y amontonado 

• allí, los restos de las antiguas escuelas de Grecia con 
•los caudales reunidos por el curso de los tiempos y 
•por el tránsito que hicieron por aquellos países los 
•pueblos más famosos de la tieri-a. Nuevos y colosales 

• acontecimientos habian venido A echar raudales de 

• luz sobre el caractei' y valor de las ideas; los espíritus 
•habían recií>idi> un sacndíiniento que no les permitía 

• contentarse con los sosegados diálogos de los anti- 
•guos Maestros. L'os hombres más eminentes de los 
•primeros tiempos del ncistíanismo salen de aquellos 
•países; en sus obras se descubre la amplitud y eí 
•alcance á que había llegado el esj;iíriíu humano. ¿Y es 
»posible que un fenómeno tan extraordinario como el 
'que acabamos de recordar; que una línea de grutas 
•y Monasterios ocupando la zona, á cuya-vista se ha- 
•llaban las escuelas filosóficas, no ejerciese sobre los 

,> espíritus poderosa iiiflnenciaV Las ideas de ios solitarios 
•pasaban incesantemente desde el desierto á las ciu- 

• dadea; pues que, á |>05ap de todo el cuidado que ellos 



^dby.Googic 



30 [.AS coBrnT;\í:io\Fs liF.i.icins.Mí 

'ponían para evitar el euntaclo del miindn, eí mundo 
»les buscaiía, po les acercaba y rei^üiia do continuo 
•susinspiracioiios". 

Necesario es no perdei- de vista que el entendi- 
'niiento del hombre so hallaba, por .decirlo asi, mate- 
>rmlizad«, á causa do la corrupción y grosería entra- 
•ñadas por la religión pagiina. VA culto de la naí.uFaleza, 
»de las formas sensibles había echado raices tan pro- 
efundas, que para elevar los espíritus á la concepción 
>de cosas superiores á la materia, era indispensable 
»una reacción fuerte extraordinaria; era necesario 
■ anonadaren cierto modo la jnateria y presenlara! 
>hombrc nada má?; que el espírilii. [.a vida de los so- 
>litaríos era lo más apropósito para producir este 
• efecto; al leer la interesante historia de aquellos honi- 
vbres, parece qno utio se halla fuera de este mundo. 
•La carne ha desaparecido; y tanta es ía Tuerza con 
>qae se ha procurado sujetarla; tanto se ha insistido so- 
mbre la vanidad délas cosasterrunas, que, en efecto, di- . 
■ríase que la mísuin realidad va trocándose en ilusión-. 
»el mundo lísico se d¡^^iJló para ceder su puesto al in- 
«telecliial y moral; y j'oíos lodos los la/os do la tierra, 
»póneso el hombro cu intima coinunÍea<íión eon el 
ícielo. Los milagros ac multipücau asombrosamente en 
saqnollas vidas; las apariciones son iniíesantes; las uio- 
sradas de los solitarios son una arena, donde lio entran 
«para nada loH medios lerrenos;aUi luchan los Angeles 
.buenos eon los Angeles malos; el-cielo con el iníier- 
»no; Dios cou Satanás: la tierra no está alÜ sino para 
^servir de campo de combate; el euei'po no existe sino 



Ct>oj^lc 



Efí Fii.tprwp 21 

>para ser un holacausto en aras de la virtud en pre- 
ísericia del demonio (¡iie lucha furioso para hacerle 
^esclavo del vicio*.- 

Es imposible formarao una idea de lo que estamos 
describiendo sin leer las vidas de a((ue!lo3 solitarios; 
no es posible calcular el eíecto que en la epicúrea 
sociedad habían de producir sin haber pasado largas 
horas reoorriendo páginas doiidc nada se encuentra 
que vaya por el ourso ordinario de las cosas. No basta 
im^iuar vida pura, austeridades, visiones y milagros; 
es preciso amontonarlo todo, realzarlo lodo, llevarlo 
todo al luíis alto grado de singularidad en el camino 
de la perrcei'ii'iii- 

Auncjue no quiera verse cu estos hechos extraor- 
dinarios la acción de la gracia, ui reconocerse en 
este moviinieixto religioso efecto alguno sobrenatural; 
más aún; aun cuando se quiera suponer temerariamente 
que, la morliricaciún do la carne y la elevación del es- 
píritu 80 llevaban por los solitarios hasta una exagera- 
ción reprensible, sieiupre serü necesario convenir, en 
que una reacción semejante era uuiy apropósito ptira 
espiritualizarlas- ideas; pai'a despertaren el hombre 
las fuerzas iuteloctuales y morales, para concentrarle 
deuli'o de sí mismo comunicándole el sentimiento déla 
vida interior, íntima, espiritual, hasta euLoTices- desco- 
nocida. La frente hundida en el polvo debía levantarse 
hacia la divinidad, campo más noble que el de los goces 
materiales se ofrecía al espíritu; el brutal abandono, 
autorizado por el escandaloso ejemplo de las diviui- 



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22 r.AF roRronACiHNFP hf.i.kiiosas 

dades paganas se presentaba ofensivo á la alta digni- 
dad de la naturaleza humana. 

B^o el aspecto moral, el efeeto'debía ser inmenso. 
«Hasta entonces el hombre — prosigue Babnes, — no 
=había imaginado siquiera que !e fuese posible resistir 
«los ímpetus de sus pasiones: en la fria jiioralídad de 
»a]guiios filósofos se encoTitraban algunas máximas de 
"Conducta para oponeroe al desbordamiento de indi- 
•naciones peligrosas, pero esta moral se hallaba soto 
«en los libros, el mundo no la miraba como posible, y 
ly si algunos se propusieron realizarla, lo hicieron de 
: tal inartera que, lejos de darla crédito lograroTí hacerla 

• despreciable. ¿Qué importa el abandonar las riquezas 
sy el manifestarse desprendido de todas las cosas del 
'mundo, como qídsieron aparentar algunos filósofos, si 
•al propio tiempo se muestra el hombre tan vano, tan 
>lleno de si mismo que todos sus sacrificios no se ofre- 
»cen á otra divinidad que al orgullo? Esto es derribar 

• todos los ídolos para colocarse á sí mismo sobre el 
•altar, reinando allí sin dioses rivales; esto no es diri- 
»gir las pasiones, no es sujetarlas á la razón; es criar «na 
•pasión mónstnio, que se alza sobre 'todas las demias 

• y las devora. La humildad, piedra fundamental sobre 
•la que levantaban los solitarios el edificio de su virtud 
•les colocaba de golpe on una posición infinitamente 
•superior á la de los filósofos antiguos, que se eutre- 
•garon á una ■vida más o menos severa: a.sí seensefiaba 
•al hombre á huir del vicio y á ejercer la virtud, no ppr 
íel liviano placer de ser visto y admirado, sino por mo- 



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FN rix-iPifJAs 23 

stivos superiores fundados en sus relaciones con Dios 
>yenlos destinos de un eterno porvenir.» 

Lo que los Amben hicieron en ■Asíia, lo habrían 
hecho los Septeotrio nales en Knropa, sino hubiera sido 
por la oposición qiie encontraron en los Ministros del 
Cristianisniu; los enales, unidos entre si por la santidad 
y por una plausible inde|>end encía amenazaron con el 
infierno A unos horn&reH que no temían nada en el mun- 
do; y les obUganni, prlniem á practicar la exterioridad 
de! culto,, desde donde pasaron después á conocer el 
fondo de la religión. Con esto se verificó un cambio 
notable en la condición moral y política de los Bárba- 
ros. Aprendieron el uso de las letras como necesario 
en nna religión de preceptos, escritos; y estudiando las 
verdades divinas, adipiirieron conocimientos acerca de 
la historia de la naturaleza y de la sociedad. Un sueño 
un augurio. !a relación de un milagro, el ejemplo de 
un Sacerdote, de un hó roe; los alraetivos de nna pia- 
dosa con.sorte, la vista do una pintura, el íxito feliz de 
una súplica ó de un voto hecho al Dios de los erislia- 
noñ, hacían con ayuda de la gracia cambiar de fé á 
los conquistadores de liorna. Las virtudes austeras de 
los Monjes, que, podi-íin mi ser creídas jior los s^los 
cultos, pero de las cuales no podrán rtsirse, eran opor- 
tunísimas para alenUr y arrebatar la varonil fantasía 
de los Bárbaros que admiraban una religión que podía 
inspirar é imponer tales sacrilicios. 

¿Que de qué sirvieron los Monjes? Por ellos se di- 
fundió con el Cristianismo uti conocimieuln itiás exac- 
to -de los deberes de familia, de ciudadano y de honi- 



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2-1 LAP f;niiPOií\rrn\F.s FiF.i.ir.rrisvp 

bre; por ellos cayó la superstición pagana, restos de la 
antigua idolatría imperial, y liicmn depositados nuevos 
gérmenes de vida en la antigua civilixaííiún, á fin deque 
no pereciese todo en el naufragio universal. Por ellos 
la Iglesia se afinnó en el orden social como autoridad 
pública como república moral; fundiólas vi i-iudes lán- 
guidas quo (juedaban de lís R{)ruatios con las incultas 
y enérgicas que poseían los ISárbítros; corrigió ios vl- 
<'.Íos de aquellos, y educó suav¡2iando la'_gPQsería de 
estos; abarcó en su uuivei'saüdad al mundo como en 
un vínculo de beneficencia, de humanidad, de Ríleran- 
oia, de caridad, opuso á los mistemos de la cai-he y ú 
la sabiduría de los sentidos un espfsiíiialtsmo sublimo; 
á las rapiñas sanguinarias de los invashreis ia frater- 
nidad universa!; conservó el deíui3itpiáe_las leíras y 
las tradiciones de las artes; vigorizó con sus severos ■ 
mandatos la flaqueza de los entendimientos, equidis-: 
tante de una rigidez exclusiva aunque inmutable en 
el dogma; se adaptó al car¡\cter de las diferentes na- 
ciones, mientras que por todas partes se hacía sentir 
la bicha del convencimiento, la elevación de los espí- 
ritus y la saiilificación de la caridad. . 

Sin ellos, sin los Monjes; ¿qué hubiera sido del mun- 
do invaiiido por hordas quese empujaban unasáotras, 
ignorando de donde venían y á donde iban, si bien sin- 
tiendo un impulso superior (¡ue -las arrastraba al Capi- 
tolio? Demasiado doloroaas fueron las violencias de la 
invasión, poro causaron menos dailo que la débil ago- 
nía del imperio romano; y semejantes á las inundacio- 
nes del Nilo dejaron un cieno, fecundador, < 



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F\ nr.irrvAs 25 

ron las caducas instituciones <]iie se opinan al verdadero 
progreso y echaron los ciinioiilo^ de la. actual sociedad 
fundada, no en la fuerza ni en la esclnsión, sino en la 
,int.t!ííia y e» la caridad.— -IjOs Monjes— dice Cesar 
^Cantil — rie ocupaban con ineansalile celo en regular 
4as creencia!^ y reformar la vida de lor^ Bárbaros; y 
-los pasos de estos heroes^ignorados son los de la ei- 
vilizafion i|ne nioNed it qWdí se difundió |ior todas 
v>|iartes (J). 

Aunque la inihtencia de los Motijes fué poderosa, 
cu ai|ue!la sociedad moribunda, y en época en que to- 
- do zozobraba, todo se liuiidla y amenazaba ruina, no 
fo l\[é lanto como era de esperar de su mimero, ilus- 
tración y santidad de vida, porque sus esfuerzos no 
iban aunados, reglamentados, dirigidos á un fin común: 
nada entonces enlrc ellos de leyes particulares, reglas 
ni constituciones que regulasen su vida, y estableciese 
clases y gorarcpiias sin las cuales no puede haber au- 
toridad, obediencia, orden ni direccióu. Cierto que re- 
conocían nn Abad ó Superior, pero ni este ejercía so- 
bre ellos jurisdicción alguna legal ni ostentaba nonv- 
bramiento alguno oficial, debiendo solauíente su título 
y" el re&poto y reverencia de los Monje? á la ejeinpla- 
ridad excepcional de su conducta, ala superioridad de 
su virtud y d sus cunas venerables. No estaban ligados 
entre si por laxo alguno coiuiin, Jii al Abad por voto ni 
promesa alguna. 

S. Pacomlo fué el primeni que dio á la ¡ustitución 



(l) Cantil, cji. y. n. IC, 



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26 r.AS rORPOTtACIONKRRRT.IfJIORAP 

monástica una forma más fija y reglas precisa?. Siguió- 
le S. Basilio, que, después de haber visitado los Mo- 
nasterios de Egipto y de Orienle, estuvo al l'reute de 
uno de ellos, siendo todavía Satierdote, y tranó á sus 
Monje», tanto cenobitas couio ermitaños un excelente 
método de vida monástica, y les ¡u'encribió el vestido 
y alimento que habían deiisai'y puso los fundamentos 
de la verdadera vida ecnobítioa, comprametiéndose sus 
subditos á conservarse puroa ijenslo>j, y á desprenderse 
de la [inopia voluntad que sujetaban expon tiquéame uto 
á la de los Superiores. 

S. Agustín, cu cniya cunvcrriión tanto había inlluido 
la lectura de las vidas de y. Antonio y de sus Monjes, 
fundó un Convento, siendo todavía Presbítero. Los 
ejemplos y virtudes de los Monjes do Oriente le atraían 
ala soledad, y en un huerto que le cedió S. Valerio, 
Obispo de Hipona echó ios ciiuiontos de un Monasterio, 
en el que se recluyó con sus amigos para dedi- 
carse á la oración, al estudio y á la educación del Cle- 
ro; les dio una regla inforniada en el espíritu del Evan- 
gelio, y calcada en las costumbres de los primeros 
cristianos, de la cual era la base la vida común: — sint 
voíhs omnia mmmunia — y el objetivo final la vida eterna 
por medio del amor á Dios y al prójimo; — ante omnia. 
Fraires charimmi ilUli/atur T>em, ¡leinde proximm; — 
uniendo en esta forma la vida activa y contemplativa, 
Este' Convento 6 Cenobio adquirió eii breve tiempo tan- 
ta celebridad por la severa ttisciplina, que en él obser- 
vaban los Monjes y por la excelente educación moral 
y literaria en el mismo recibida, que se convirtió ■ 



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F\ FILin.VAR 27 

pronto en frondoso plantel de Obispos, tanto, que to- 
davía en vida de S. Agustín fueron elegidos diez de 
sus Monjes para las más distinguidas Diócesis; los cua- 
les dieron á conocer por el rniindo la vida monástica 
que hablan practicado bajo la dirección del sabio Fun- 
dador, Obispo ya de Hipona. En África, en las Gallas, 
en Italia, en Espada t^e inlíltipliearon prodigiosamente 
los Ermitaños de 9j. Agustín, y su evangélica y previ- 
sora regla fué adoptada entotiees y después por otros 
Institutos y Congregaciones. 

Casi al mismo tiempo que San Cesáreo, Arzobispo 
de Arles sujetaba á tin reglamento monástico á todos 
los Monjes de su obediencia, obligándoles á vivir juntos 
en una misma casa, y á compartir el tiempo entre la 
oración, el estudio y cí trabajo tnanual, San lienito de 
Nursia, después de haber vivido algunos años en la 
cueva de Subiaco, se retiró con sus dos discípulos, Plá- 
cido y Mauro al sitio en el cual, desde las orillas del 
Melfa se eleva el monto Casino, en una de las posicio- 
nes más deliciosas, ofreciendo la perspectiva de los ■ 
ameno'S valles que serpentean entre ios agrestes ape- 
ninos del Abruzo, hasta los que se extienden por la 
fértil Campanía. Allí reunió nueve discípulos, fundó un 
Monasterio en la altura y estableció eon el ejemplo de 
su conducta- y los consejos de su prudencia una regla 
monástica admirable. Esta regla, quo adquirió más ce- 
lebridad que ninguna otra de las que la habían p^eee- 
dido era la más perfecta de todas las conocidas hasta 
entonces, porque su santo antor, aprovechándose de 
la expercencia- de sus predecesores San Paeomio, S^n 



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28 T,As en nrnit A no \i-.íi nELifiíosAs: 

Basilio y San Agustín, llegó á dar á las Instituciones 
monásticas una forma protna y |iefíiiliap; constitutiva y 
esencial ai Estadn religioso. San Pacornio liabía esta- 
blecido la i-egla rioinún para lr)dos ios Monjes; San lia- 
silio avanzo un paso má^, é iiLi|His<t la forma del hábito 
monacal, el alimento y la vida cnniini: San Agnstín 
aceptando io ltc<í!io por Saii í'acoinio y San Fíasilio, 
esbozólos tres vf)f.os religiosos en los cnales consiste 
la vida monástica. R! de easticlad, cuando dice en su 
nnnca bien ponderada regla;— m™e)« ventram dómate 
jejininia: oculi veatri, elsijaci<ii¡liir ¡n ati'/unm feíniíinruin', 
fgantur in miUnm — : el de obediencia diciendo: —Pr<f- 
posito tanquain p<ttfi •ihc.iJiahif — oí d<í poliroza con 
estas palabras que compendian la vida de los primeros 
fieles: — et non Uimtis ali<iuid pntpimii, xedeshü vohh 
omnia <wnmunw. Saii ííetito elevó á la categoría de 
votos estos tres consejos evangólicos, y ensayó su 
regla en doce Mijuasterios <|ue fundó on las cercanías 
de Subiacu. Si entonces fracasó en su ensayo, no fué 
ciertamento por doriciencia de la regla, que era en suma, 
un compendio aplicado de los consejns evangélicos; un 
remedo ó iinilaeión de la vida de los cristianos en los 
tiempos apostólicos. Eti diclia regla resplandecen la 
prudencia y lít seucJIler, el valor y la humildad; la 
severidad y la duteura, la libertad y la dependencia, 
todo fundado en clamor á Dios y en la abnegación de 
■ sí mismo. Cosme de Mediéis tenía siempre en la mano 
la regla de San lienito, porqne en ella, la vista expe- 
rimentada descubre los secretos de la verdadera eco- 
nomía política; en ella la satisfacción de las uecesi- 



j,,Cootílc 



dades dei alma se lialla purlbctametito a.vnu>m-¿a.da. en 
todos los grados nun la aclividad íjiie ha menester el 
cuerpo; en oila so al.i-(iji asíilos á los grandes penitentes, 
A los grandes doloroa, á ios grandes remordimientos; 
eii ella la i^idigencia voluntaria ocupa un término 
medio entre el orgullo iiriplaoaíile de la ]'¡'¡uf;/a y la 
estúpida desesperación deti rnÍHí!i'¡a,íl). 

Apreciando jiirTf.aiaente la uniíonnidad do la vida 
del clanstro el sabio legiíjladoi' ordenaba á sus discí- 
pulos trabajo permanente, pei-o variado: trabajo manual, 
lectura, enseñanza, rodtación de las h.oras canónicas:— 
septies m «lie h'iikín </m li/>i.--^aa Henito estableció el 
ano de Noviciado para los postnlarttes; pasado el cual 
el nuevo Monje liaciii los votos religiosos ipie contenían 
triple promesa: n,/n.ii pmpertat}^; mstünth el obe- 
tííewítV Aleccioniído (íI Santo ¡.or d.^Inrosa experiencia 
impuso á sfisdis(-'í[,iilMs mi cnarlo voto, el íío residencia, 
por el cual al mismo tiempo ipio prevenía la insta- 
bilidad tan peligroéa á los Monges, favoreciese el espí- 
ritu de Familia y se inspiraba el alecto á la nueva 
. patria volnntan;i.Cada clousli-o debía tener una Itiblto- 
teca, cuyos mannscritos .esfiivicsen distribuidos entre 
los habitantes del Convento. Kntro el ajuar do cada 
Monje debía liallarso siemiire un lapicero, <jni¡i¡iiuiii, 
y un libro de memorias. La autorización dada á la 
comunidad para rocihir y educar jóvenes;— ;/í7¿ío.s- smos 
daré nutiietvhs ¡h<,—; íné el origen de las esencias 
monásticas, de la^ i¡ue Iratareinos más adelante. 



(V Ci.nt, tomo 'J. ep. VUI. 



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.^0 LAS r.oitrnRSf.m'(F..'í RFi,inTOFi\íi 

He aquí en Coiopeiniio la regla do San Benito, 
llamada nanti y norma du [su ijiiü :ii»arecieroii después- 
y era sania, oii erocLo, ])ori|ue un aquella época impo- 
sible hubiera .sido enoontrar otra que mejor supiera 
conciliar !a dulzura cou la severidad; la vida activa 
con la contemplativa, Y sin embargo, y no obstante Xa. 
excelencia intrínseca y !a ■'acil aplicación en la prác- 
tica fracasó eji su primer ensayo, y no fuóbion recibida, 
hasta que el Papa San Gregorio el (¡raiide tomó con 
decidido empeño la extensión de la Orden á las diver- 
sas provincias de la Iglesia OecideÉila!, y laudó San 
Mauro en Anjou un Gonveoto quo llegó á ser la célebre 
Abadía de frranleuil, jnatriz de tantos otros Conventos- 
Entonces se propagó rápidamente la Orden por las 
(ialías; España; Italia; Inglaterra é Irlanda: y hasta los 
Conventos qne habían seguido la regla de Casiano 
adoptaron ¡a de San Benito. Todavía fué más rápido 
su progreso, cuando San Honifaoio, el gran Apóstol de 
Alemania predicó el Evangelio en la l'>isia, Turingia 
Hesse y Haviera, y so aplicó á fundar Monasterios en 
todos los países conquistados por el Evangelio. Ohr- 
donf; Frizlar; Auioneboui'g y l-'ulda, planteles de tantos 
hombres ilustres santos y sabios Fueron fundaciones de 
San líonit'aeio. Las ciudades como Eicbstadt, l'riílar y 
Falda debieron su origen á la simple erección de un 
Convento: — aporque como dice Cantil (1); la funda- 
>eión de un Convento era ,nn. acontecimiento tan 
«notable como la de un reino; las Congregaciones 



^1; Caiitu, «p. XII. epiJog. 



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Üí 



» moniisticas tanto antiguas como modernas tenían 
•reglas <jue servían ile norma en la infanoía de las 
•Instituciones políticas: allí estaban las escuelas, allí el 
>as¡lo de cultura; alti la memoria de los hechos y la 
•tradición literaria-, 

Al mismo tiempu ((ue ios Moi^jes Benedictinos 
fundaban Monasterios, ret-^rmaban las costumbres y 
difundían la civíli/^ción, volvían £i dar honra á los 
estudios abandonados. El permiso que la regla daba 
para leer las Escrituras y los santos Padres encendió 
en los Mongos et amor á ía ciencia: dedicáronse con 
ardor al C3tiidir> de los autores profanos y á la vez 
llegaron á ser los admiradores y salvadores de los 
preciosos restos de la literatura clásica de la anti- 
güedad. Casiodoro, célebre hombre de Estado, que 
ingresó en 53í) en el reputado Convento de l^'irarimn, 
fundado por él cerca de Squillace, su cindad natal 
abrió «na escuela y una bilílioteca; hizo traducir y 
copiar gran número de obras maestras á Epifanio 
líellator y á Muciano, y él mismo escribió sobre la 
enseñanza de las ciencias y sobre las siete artes 
liberales; y dio lecciones por sí misino hasta. su muerte. 
La gramática, la retórica y la lógica— al trimum — 
eran cultivadas con ardor: y se daba en .los Conventos 
importancia parlicnlar á la caligrafía y medicina. Bien 
pronto los Monasterios fueron los ñnicos asilos de la 
ciencia, y los focos qne difundían á lo tejos la luz .de 
la civilización. La educación é instrucción de los pos- 
tulantes; la formación de sus Novicios y Profesos 
hicieron sentir la necesidad de los métodos de ense- 



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a[|r|uir¡ei-iiii ini;i l-iiniil lül, .|n<' i l'uii ll'istin iiuuid,. 

Eas Cattidnili^s d^-l íinurn... :^;ik^ Iihíitmi 1<,- siínint;)r¡(K 

(lo -jimili! .-(irií¡<;!i üs ;i.!i'¡n(il Nli.t- ar-.litiik's 

lliiiversiiiíiilo^, ijiii; <-iiiiseiv;iii Uiíjavia la ¡lalalua 
íí/rí/í.v'C) para ^¡¿iiíliirac ia r<;iiiiit'i]i i\f- íms l'cití'o^Di'i;^ v 

imiu -lar üi^liíannin li,; <,¡ ímtí.'í ¡na wil. f);-s'!o !■! 

sigln Vil. , c'ii |.:s¡„,i,L manilo ai.l.-. oi.raali-aiiin, 
maullas r^.nolas aioiaJuiH llnir-lriilís. lai raalcs, 

.«.iTloiHlii lo< lirai|i.,<. alaa/ai In rl riiviil,, ,1,. 1,k 

.■oac.oiiiiíi'iilcK binii:|nr,< .'nl..iir'..s i...„1m,: inalntiia- 

licas, iriasira. la'lia-ii'a. p "'Ium, lili'i-ahii-a lalíiia. íi'i'iega. 
hebrea y amliiga. Kl ii'sjmIm iIoI ]iiici>!.) i oslns e*ta- 

i-nriilia-.-ia i .•■mnIÍu.. .- .|,.,Mll..n-: v ele vHví miII.?- 

ron jraii i.ioiivrn ,!,■ Ivlr-ia-lioo- vcnlaili'i ■iiiuaili' 
iliislra,l,«, iiai.'bo- lil,¡--|„,^ 1 nlnis ,|is!iii|a.l(V il.- la 
l^K'gia. I I 

Alaiilaoi.m do Ins Monios lloaoilioliiios. laial.ioii I.ra 

AgMslloos o. mío los ,1o llrmliiiooi I la.roii rasas ile 

olisorvasioia ro;ol;ii' Ilsmiola, a'íroLoirlas [mra iiis- 

ipiicdóii dolii jaiooiml. > o.lmmi lol ] I, lo. 

.Kii el Coiuool.o liiiida.io 011 ,\rlo- ■ S. Cosioisi, 

doscientos .\loti.jos se ooii[,aliaii en oo|iiar litiro^: las 

(l) Barón, nuil r,:'d n I 1. L'ohr liHi.linr. I , X( ^ lili 
ÜOli. y íigieutes. 



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escuelas tiioraios ü (-aleijiEi.sUis i'ríi.M jjlanlelcs de bue- 
nos Sanoi'diHeH [r.ivn la predii^acinti v misiinitis, |)iiea 
ademi'is de eiisofiarlcw oji ellüs lu r.'ii.m.ja di: Dios, _st; 
les daljari laniMén al^uiKH jei-ciMnr- (!'■ lí'irM- iíi-ii;gas, 
lal-iiiaji y uñoiitalBa, lopreci-ia ¡i:irn \-n'ir\- hahlar á loa 
pnehios entre qiiiouos ibart ;V \ivir, ; ci.iioí;i:r sus leyes 
y coslmubres. I,a Iglesia |'vu[Kíiidie[i<lo á destruir el 
tiagariiíüio, (icl)J6r;(ui lieitiixi ai.nipiai'fi; ia^ anaets de 
1'st.e; y como tiu admitía en su ^qm», síim á ios ifiie tii- 
viesen Odnocirnieiitode íari verdades ea|iitales, fué pra- 
oíso establecer eseuela^í en todas jiat-tes, eri los pala- 
<.;io3 episcopales, en los Conveiiiiís, hasta i^n los uaii]|>o«, 
011 donde nnnca hasta oottmees .-^e lialna pensado ¡le- 
var la eduíiación, Pero despiie? ípie ecsamn los emo- 
himeiitos á los Profosoi'es oon el antiguo imperio franco, 
las escuelas ofieialci sidjvenriotiinlas. se cerraron: las 
episcopales ó catedrales instiliíida^í por los Obispos 
eran cada día más áridas, las [larrorpiialos cayeron en 
manos de personas de excasa cieticia: solí» en los Con- 
venios continuó sicm))re con ardor (ioiislaiite el amor 
a! estudio, a! saber v ;i ]a r?¡i^ii'íia, de <londe resnUó 
desiHieü la nne\a l'ilwnii (, \¡iriperada por ospiritus 
preocupados, con "i iiohiIüp i!.- /-,>o/(í,s-'<>r/, Aii-anzaron 
especialfanm en ai|ii('lla ('\ifK-;v. 'umv-: \]o¡ni< CIci'- 
iiioiil: y r.eríii en las ildli;!-. Canioi'ln i-\. ^"Mrk. WaA- 
niinster, Amagh y ni'-uhni'. en In-lalcna: cu Mmiania. 
las de Salzbiirgo. riaii-bnua, ILt Lid, 'Innw v r,gda: 
Monte casino y !ln|ihiu<'ii h;ili;i: y en i:s[i;niít. S, .luán 
de la Pona, Siresa, >iiicslr,i ScnoMi dr Alann, ("Hlhis, 
(gal Y S. Zacarías con éonli-i riiifurnia Miinjcs \>:\]u l^i 



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31' i:\g f:nRpoi!.\riovF;s iiií-.r.if;iog\g 

direcdón del Abad Oddorarío — «que consei-vaba ciii- 
dadosanieiite el o^tiidio do las tetras (1) >y on el ciia! 
"S. Eulogio ¡mdü encontrar materiales copiosos para 
>3aciar su sed de saber, y no tan solo armas cot» que 
-defender sns dontrinas en las preciosas obras que 
•nos ha legado, sino que también otras varias de ern- 
ídíción profana- (2). 

i^No florecieron menos que los citados ios de Car- 
"deña, Arlanza, Silos, Sahagún; Albelda y otros mu- 

• chos: veinte y dos monasterios agregó de una vez don 

• Sancho Ramírez al de S. Juan de la Peña; y este 
"Convento tenia agi'egados en el siglo XI otros sesenta 
»y cinco y ciento veinte y seis Iglesias seculares; oéle- 
íbres todos en nuestra historia civil y eclesiástica» (3). 

111. 

Hallándose vinculada la enseñanza en el clero re- 
gular era natural, que se aplicara muy especit imente 
ala ciencia divina, explicando las eternas máximas do 
lo justo y honesto, ó eomcntaudo los libros sagrados 
por medio de la historia, de la filosofia y de la moral. 
No era ya un inocente deseo de goces intelectuales, 
ni una idolatría de lo bello inlluyendo en la sociedad 
sola accidentalmente, sino dirigiéndose al objeto 
práctico de gobernar á los hombres, de determinar las 

(1¡ Lafuente. HU 6, d, Eap 1 ■ ep sec. l.'^ 
('¿) Lafuente id. id. id id. id 

■3) Briz Mai-titiQZ üb. I" ps. 267-246-255. La Fuente 
BÍg. 171 not. 2 • 



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creencias y de reformar las costumbres. No había aún 
literatura como se entiende comunmente, pero la mul- 
titud de escritos de eircunstaiieias: las disputas teoló- 
gicas, homilías, exhortaciones y comentarios que nos 
fliiedan, y que atestiguan los muchos que deben haber- 
se perdido, y los inéditos, desmienten al que cree que 
había tenninado la actividad de los ingenios; y repite 
de continuo, que la l'é habiá restringido el campo del 
pensamiento, cuando por el contrario, los pensadores 
iban más lejos en el orden de sus concepciones para 
construir la sociedad nueva; é insinuar en las almas 
jóvenes y puras las únicas cpecneia^ que podían dul- 
cificar su índole inculta. 

Casiodoro, de quien hemos hablado antes, tenia 
dispuesto, que aquellos de sus Monjes que tuviesen po- 
ca aptitud para las letras, se ocupasen en trabajos ma- 
nuales; especialmente en el cultivo de los campos y en 
las tarcas de la economía rural, lo cual, según su opi- 
nión, ademiis do aprovechar al que se ocupa en esto, 
proporciona medios do socorrer á los indigentes y á los 
enfermos. En las horas de descanso, copiaban libros: y 
para que lo hiciesen con toda corrección escribió á la 
edad de noventa y tres aiios excelentes reglas de or- 
tografía. «Los que confundiendo las épocas lienen la 
^palabra fyaile por sinónimo de holgiit^'m sepan, — dice 
»el insigne Cantu (t) — que en un tiempo en (jue el 
"Ocio era decoroso y sórdido el trabajo todas las re- 
glas imponían á los Monjes el trabajo manual y* re- 

(1) Ep. Vih. c. 1«. 



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■ partían e! horario quotidiaiio entre la oración, el ea- 

• tudio y e! Irabaj» coi-pnral. I.a ociosidad decía San 

• Henito en su citada y alabada regla, norma y ma- 

• triz de muchas otras, es enemiga liel ahna y ¡)or eon- 
■. secuencia los hermanos deben cmi)lear ciertas ho- 
nras en trabajos niannalesiy otras en lecturas piadosas.» 
Cumpliendo tan aalndalilfjíi prescripciones cultivaron 
los MoTijes las tierras contiguas á ;jns Monasterios, se- 
caron pantanos, abatieron bosques, desbrotaron cam- 
pos y conservaron los buenos métodos de agricultura. 
Siendo objeto ci>miin ia proKporidad do esta, y trasmi- 
tiéndose unos á- oíros el enidado de hacerla llorecer, 
podiari ejecutar nbraa para las cuales no bastaban la 
vida ni ios medios de un propietario particular; por eso 
notaba el que se acercaba it un Convento, campos bieii 
cultivados, espalderas de vides i'ntndosísimas, plantíos, 
arboledas y arroyos artísticamente canalizados y di- 
rigidos con arte á fertilizar aquellos verdaderos vei^e- 
!es monacales. 

Kn ía primera niilad del niglo Vellnstitulo de San 
Pacoinio contaba cincuenta núl Monjes bajo la direc- 
ción y obediencia de mi Abad general. Kstaban divi- 
didos según las difereiil.es clases y oficios á que se 
dedical>an, y colocados por secciones bajo la vigilan- 
da de uno que hada de jefe de sección; vivían |ior lo 
regular del trabajo de sus manos, cs]>edatmente del 
producto de la venía de las cestas que tejían con 
mimbres del Nilo; de ía eoiifección de esteras y man- 
las, de la construcción de barqujchuelos y de ía agri- 



,t-ib Googíc 



cultura (1). Paladio halló en e! Convento de Panópolis 
habitado por trescientos Monjes, rinince bataneros, 
quince 3astre,-í, sieLo hen-eros, cuatro earpinleros y doce 
condiietoi-es Je caioeliós. Cada convento tenía un ad- 
ininistradur, ijue velatja por las nefieaidades corporales 
de lodos V jiistiprociaha el trabajo eoniúii. Lo que so- 
braba oorim excedenle de lus gastos de la eoniuiiidad 
era distribuido íl los* pobres v íi los enfernios (2). 

Después, cuando variaron !aw circuí itancias de los 
tiempos, y eran otras muy distinlas las necesidades de 
la sociedad, lo.s Monjes ahandunaron el azadón y la 
esteva, y se dedicaron á la enseñanza y educación de 
los pueblos. Copiariui lilnos á los que debemos la con- 
servación de li)S Clásieoíí: alzaron magníficos claustros 
en donde se refugiaron las artes y ia literatura, y 
hacia los cuales el siglo vuelvo admirado la vista, des- 
pués de haber olvidado cnanto favorecieron á los pue- 
blos. Ku Irlanda fundó tíaii Patricio muchos conventos 
que llegaron ;V ser aulas del saber y baluartes de la 
fé para muchos pueblos todavía paganos. En lílscoeia 
San Colninbaiio, Monje irlandés, arribó ú. la isla Hy con 
doce discípulos: fun<ló allí un convento célebre que 
convirtió á poco a todo el país. K\ día de la Natividad 
del Seüo-r del 597 pudo ya bautizar San Agustín Monje 
á diez mil anglo-sajones convertidos por el Santo y 
otros treinta y nueve compañeros. En 668 Teodoro de 
Tasto, monje erudito, fué consagrado Arzobispo 'de 



(IJ Herzeug. Hist. gral. de la Igl. t. 2. c, Itl. 
(2) Hieron. Proef, in Reg. 8. Paschas. 



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38 i,AS coi!pnR\r,inNF,fi heugiosas 

Cantorbery pop el Papa Vitaliano que !e envió á In- 
glaterra acompañado del Abad Adriano. Allí fundaron 
escuelas para la enseñanza de la Teología, de las ma- 
temáticas y de las lenguas clásicas, y formaron una 
falange de sahios, nomo el Abad Aleuino y el Obispo 
Tobías de York; siendo considerable el número de anglo- 
sajones, que hacían sus estudios en los conventos ir- 
landeses agustinos según Hefele (1). 

En España, en las costas del Mediterráneo; y pro- 
bablemente hacia el cabo Martín, había fundado eji el 
siglo VI una célebre laura un Santo Abad llamado Do- 
nato, (¡ne había venido de África con fsesenta Monjes 
Agustinos, á quienes protegió y ayudó con limosnas 
una piadosa señora de nombre Minieia. También el 
Monasterio ñervitano fué de los miis célebres, por los 
santos y sabios que do él salieron; y ya el Concilio 
primero de Zart^oza hace mención de los Monjes (2). 
San Leandro se retiró a! claustro para perfeccionarse 
en la soledad y adquirir luces de lo alto, el que había 
de ser la luz que alumbrara las tinieblas del error 
arriano y lucir después en el candelabro de la Iglesia 
española. San Isidoro, el hombre más eminente del 
siglo VII, bien se ie considere como Santo Padre, como 
sabio escritor, como reformador de la disciplina, como 
orador ó como político erigió en las afueras de Sevilla 
un gran Monasterio para ]a educación de los jóvenes: 



(i; Befóle. 3." páj?s. 5.~0y si^taH. y píg 720. 

(21 S. Ildet. Vw. o. IV.— Florea. Esp. 9Bg. t 8. trat. 
¿i. c. últ. Villanueva. Viaje litetario. t 5, p.«&. La Fuen- 
te ~D. Vicente aotft á ¡a pig. 279 t.l.» 



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EN FtLIPrPJAS 39 

estableció la clausura por todo el tiempo dei Noviciado . 
que duraba cuatro años y le dotó de excelente-; Pro- 
fesores. De esto Miiiasterio aaliemii para las princi- 
pales sillas epi.scopales San Ildefonso de Toledo y San 
Braulio de Zaragoza. Tras Metropolita nos asistían ya 
al Concilio XI de Toledo y de ellos dos San iíugenlo 
III y San Fructuoso de liraga eran Monjes; más San 
Ildefonso Abad del-Munastcrio Agállense en las cerca- 
nías de Toledo: estos, huyendo del mundo, fueron bus- 
cados para ocupar las más distinguidas sillas episco- 
pales de Kspafia, 6 ilustraron la Iglesia no sólo con sus 
virtudes, sino que lanibién cotí sus escritos. Habiendo 
sabido el rey Chindasvinlo que al lado de San Braulio 
había un sabio y virtuoso Monje, qne huyendo de los 
honores, había pasado á Zaragoza en busca de mayor 
austeridad, liízole venir valifindose de su autoridad 
regia para eucargar^e de la Iglesia primada de Toledo, 
á pesar de !as ipiejas de San Uraulio que se lameütaba 
de que le privasen de sn apoyo y consuelo. Aquel Mon- 
je, pequeño de cuerpo, de complesión débil, modesto 
' en su trato y humilde en sus acciones abrigaba Lina 
imaginación poética y lozana: era San Eugenio II! poeta 
español del siglo VIL Su versilicacióu es ruda y des- 
aliñada, pero tiene energía v ternura cristianas, que 
revelan siempre la profunda piedad del poeta. San 
Isidoro fué considerado por su siglo como un insigne 
matemático, y su tratado sobre la esfera y ciclo pas- 
éiial resume lo que en su tiempo se sabia acerca de 
esta materia: y Eugenio II de Toledo fué un eminente 
astrónomo, y no solamente estpdió y fijó con acierto 



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.40 i-Aa coRpnnAcrONFP REirfiíosAS 

un sistema planetario sino qne también fomentó y di- 
fundió el estudio de la astronomía. 

La multitud de Monjes santos que en todo e! siglo 
VIÍ salieron de los conventos españoles para ocupar 
las principales sedes episcopales contribuyeron á dar 
al Monacato gran lustre, importancia y desenvolvimien- 
to. Hemos citado el Convelo Agállense del que fué 
Abad San Ildefonso: de sus claustros fué arrancado un 
caballero noble de nombre Eladio para ser colocado 
en la siila de Toledo, la cual ilustró con su santidad. 
Sucedióle en ella su discípulo San Justo, Monje también; 
V á los antes citados San Kugenio, San Ildefonso, San 
Braulio y Sao Leandro, etc., podemos añadir San Vie- 
torian que fundó Monasterios en las montañas de 
Aragón; y al célebre San Millán, aragonés ó riojano, lo 
cual no está averiguado todavía, y cuya vida escribió 
San Itrauiio. Fué tan grande la importancia de los 
Monjes en España, que los Abades eran admitidos á 
las deliberaciones de los concilios nacionales. Nueve 
firman á continuación de los Obispos el VIII de Toledo, 
y antes que los Vicarios episcopales que representaban ■ 
allí la dignidad y gerarquía de sus respectivos Obispos. 

Cuando las continuas guerras y revoluciones de los 
países del continente europeo amenazaban concluir con 
ios restos de !a civilización y saber antiguos, cuando 
en las Galicias se promovían al sacerdocio personas 
que .apenas si sabían leer; cuando el Papa Agatón se 
quejaba de no poder hallar en toda Italia á quien en- 
cargar una embajada á Constantinopla, España ofrece 
entonces un espectáculo sorprendente respecto del 



.yGpOglC 



. vy Fii.irmAn Í1, 

resto de Europa: la Iglesia española presenta una bri- 
Uaote pléyade de santos y sabios ObispoH Monjes con 
los citados Leandros, Isidoros, Eugenios, Severo de Má- 
. laga, Donato Aliad Sevillano ele, como no podía ofre- 
cer otra seinejanle la Iglesia toda. Si, — dice D. Fermín 
»de la Fuente— filé tina grande época, nn periodo 
1 interesante y no completanicnte estéril en los anales 
:del mundo, el (|ue fie estendió por nnestra Península 
^por los siglos desde el V hasta el VIH. Fneron una 
sgran Iglesia y una gran literatura las {|ue tuvieron á 
"Sü frente á lídefonso y á Engenio, á Leandro y á 
»lsidor.o. Y filé más grande aun que todos estos ele- 
amentos (¡ne le dieron vida, el célebre Código que 
«nació en esta sociedad, que ordenó esa Monarquía, 
sque caracterizó esa época que fn<-' redactado por esos 
^literatos, por esos Obispos (1 h. 

Si: la Iglesia fué siempre desde sn aparición en 
todas las épocas y en todos los países la salvadora de 
la sociedad, de la civilización y de la cultura de los 
pueblos; y sus auxiliares más celosos fiici-on siempre 
los Monjes, que nunca se han eonteuLado con santifi- 
carse á si mismos, sino <]«e han inll nido constantemente 
en la sociedad; y la ln>! y la vida que oncierraiL sus 
santas moradas, irradian al exterior y se abren paso 
para alambrar y í'ecimdar el caos qne envnelve al 
mundo. Y todavía —¡qué aberración! — hay quien dice: 
í^Las Corporaciones monásticas son lui legado fu- 
«nesto que nos trasmitieron la superstición y el fana- 
•tismo de nuestros antepasados>.— «Los Frailes dice^ 



(1) Discurso Preltn.i del Fuero Juzgo, 



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42 



s niinrORACTONEP RKLfGín?^ 



iotros, eran probablemente brazos arrancados al tra- 
sbajo y entrcgadosalocio'. Otros iiiíis benignos 6 más la- 
dinos, no ignorando I(j((tieIlevaiiKis expuesto,!» teniendo 
audacia para negar valor histórico á lo referido suelen 
decir en tojio son ton i 'loso. — «LasCorporaeiones religio- 
.'sas tuvieron su tiempo, (|ue pasó para no volver). 

Cuando se observa constantemente en et mundo 
físico la aparició]! repetida de un fenómeno, seguido 
siempre é indefeetitileinente de utí hecho unifornie, se 
puede asegurar en buena lógiea,qiio entre ambos existe 
alguna relación de dependencia, como la (pie existe 
entre la cauíía y el efecto, ann cuando no pueda ex- 
plicarse ni compren de r.-ie. I'ues bien e^ un hecho cons- 
tante, invariable, observado á través de los siglos desde 
los tiempos Apostólicos, (|uc allí donde la Religión ca- 
tólica ha penetrado, allí también se han estaLlccido las 
Corporaciones religiosas; como si estas fueran una con- 
secuencia de aepiella, ó fruto nalnral del árbol de la 
Cruz. El hecho es cierto, constante, repetido oti las pá- 
ginas de la historia eclesiástica y profana; y ocnpa un 
lugar distinguido en las dos grandes crisis por las que 
han atravesado la Iglesia y la sociedad: salvando en la 
primera crisis de la invasión de los Bárbaros los restos 
de la civilizacióu antigua; y siendo los Gooventos en 
la segunda asilos de las ciencias y de las artes. 

Hemos alcanmdo una época en la que los Gobier- 
nos no reconocen límite al dereho 3e asociación. De 
este derecho gozan la Fracmasonería para los fines 
perversos que pers^ue: le tiene también el socialismo 
para conspirar contra el capital y los Patronos, aiteraa- 



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-líl 



do frecuentemente el orden público con el pretesto de 
ia revindicaeióii de los derechos del trabajo; se consien- 
te y tolera á los anarquistas, asesinos de los altos per- 
sonages (¡ue representan el principio de autoridad, y 
este derecho de reunión y do asociación que en nom- 
bre de la libertad se concede á los enemigos de Dios 
y del Estado; á los perturbadores del orden; á los 
enemigos de la sociedad, á los asesinos é incendiarios, 
se pretende negar á los UeligÍos().s que desean aso- 
ciarse para practicar no solamente los preceptos del 
decálogo entre los cuales hay uno (jucíios manda obe- 
decer alas autoridades de ia tierra como representan- 
tes de la divina, sino qiie también los consejos evangé- 
licos, — «Tenéis libertad, dicen los enemigos de las 
»Ordenes monásticas, — para ultrajar á Dios, para 
«conspirar contra la autoridad y el orden; para serviros 
'del piitlal y de la dinamita: pero vosotros los Frailes, 
sno la tenéis para practicar los preceptos y consejos 
sde Jesús — amaos los unos álos otros» — devolvedbie» 
ípor mal» orad por vuestros enemigos etc., etc. Los 

• abogados hipócritas de la libertad dicen: «Vosotroslos 
■Frailes, que sois los únicos contentos con vuestra suer- 
»le en esta sociedad mundana: (pie no (pieróis hacer uso 
íde sus libertades, sino para renunciar á toda ambi- 
«ción y á todo lucro para buscar como el colmo de 
■vuestros deseos la abstinencia, la mortificación, la po- 
>breza voluntaria donde y cuando impera y triunfa la 

• glorificación de la carne y del dinero, no tenéis dere- 
>eho á ser pobres voluntarios, ni mortificados, ni cas- 
»tos, ni buenos, ni honrados'. ■ ¡Qué locura, qué cruel- 



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44 r.AP rnnrnRArioxEf! nFr.reíosAP 

»dad! -^decía ya S. Pedro Damiaiio hace ocho siglos: «el 
:ihombre tiene libertad ¡laradisiioner libremente desús 
^bienef! ¿y uu la tendrá para ijrreeerse íi si misino ú 
íDiosV ¿Tiene derecho par;i entregar tnda su lurtiinaá 
=olro hombre? ¿y se le rehnsa la libertad de entregar 
íSH aUnaáDius que la cíe(t? ¡Qnw ed illa ihmtntia, 
quíevemnia, '¡iiw fírf-delifmfJfuht/ homo dhi>oiimdarum 
remm suantm fiiniitutem, ut íemetl¡iifHm t>eo o/fenitpo- 
iestatem non Italief! Valet lidiniítíbiin Itwicrc. tíiilrntuntiam 
suam, nonhabei lifjertatem D'-o rv-ilderñ animan ítuim!(l)- 

Cuenta Montalember que estando en Granada con- 
templando el Convento de Santa Isabel, fundado por 
Isabel la Católica en memoria de la eonquista de la ciu- 
dad, se le acerco nna neñora y le explicó el bárbaro de- 
creto de Espartero en el qno prohibía ía admisión de 
Novicias Clin objeto de ipie la (rtnmuiidad de Heligiosas 
se extinguiera por coiiiiinción: Ite^ipnés dice de haber- 
me dado tan Iristes explicaciones, «extendió la mano 
»hacia el Convento y lanzando nna llera mirada dijo con 
• el acento de ana Romana y el ardor de una p;spañola 
.estas dos palabras: Huma. Ürmia>. (2) Y lo es en efecto 
negar el derecho de existencia á lad Corporaciones re- 
ligiosas, porque ¿quó son en suma los Institutos Reli- 
giosos? 

Los Institutos Religiosos no son otra cosa que aso- 
ciaciones libres de cristianos reunidos voluntariamente 
para-vivir en couniTi, poner en práctica los preceptos y 
consejos del Redentor del mundo para santiTicarse á sí 

(1) S. Pedro Damián. Opuse. 16. 

I2j Montalembert, Los Monjos deOooiiieii. t. 1." cap, VIII. 



j.vCoOí^Il' 



F.íl FirjPINAH ib 

misinos y saiitilicap al prójiitii>-ni)Ti el ejeinjilo, ooii las 
obras, con las nraciorn^H;: amando la verdad, practicando 
el bien en cnanto se lo |)tírniite la regla que se obligan á 
observar al hacer su otitrada formal en la Corporación. 
«— Aípellos, dice Casiano, qne conservaban el fervor 

• apostólico, recordando ia primitiva perfección, se apar- 

• taron de las ciudades, y de] tralo de los hombres que 
•pensaban les era lífilo un género de vida menos seve- 

• ro, y se retiranni á lugares solilarios y secretos donde 

• pudieran practiear particularmente, lo q«e los Apóste- 
nles hablan establecido en general por lodo el cuerpo 
•de la iglesia; y así comenzó á formarse la disciplina de 
■los que se habían separado de aquel contagio. Aiidan- 
»do el tiemjio; crtmo vivían separados de los fieles y se 
•abstenían del malnnionio, y ademíis se privaban de la 
■comunicación <'on el mundo y de sus familias se les 
•llamó Mmjes, á cansa de su vida solitaria y singu- 
»lar». (1) Desde entonces han existido siempre los Ins- 
titutos Religiosos; y, ó borremos las páginas del pasado, 
ó con la historia á la vista desaliamos á los enemigos 
de las Corporaciones monásticas Á que señalen una 
época, iiu periodo, un breve espacio de tiempo en el. 
que hayan desaparecido cti absoluto del nnnido cris- 
tiano. Kn una ó en otra f<ipma; en este ó en cl otro 
país; y apesar do las persecuciones do los (¡obiersios, 
de los ataques de la ÍTnpiedad y de las burlas de los fi- 
lósofos á lo Voltaire, han continuado la existencia qjie 

. recibieron en los tiempos apostólicos; y existirán mien- 



(1) Casian, Col! 18. c B, 



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4(Í 



LAS r:0RP0R\r IONES nstiGiosAB 



tras exista ia Keligiún divina anuiiciada'por ia voz de 
un hoiiibre, de un solitario, salidí) del desierto, cubierto 
con utia zona de pelos de caiuoilo y cuyos alimentos 
l'neroii langostas del campo y miel de íns bosques: 
mientras exista esta Religión celestial: y existirá siem- 
pre, habrá institutos Religiosos como existe el efecto 
subsistiendo la causa; v serán altamente respetados y 
venerados por todos los que no les juzguen con un en- 
tendimiento mezquiíu) y apasionado, porque su objeto 
es ^conciliar la tierra con el cielo, y llevar al terreno 
de la práctica la observancia de ios consejos evangéli- 
cos cuya exeiicia es el amor y la caridad universal, A 
unos tiempos sucederán otros tiempos, á unas vicisitu- 
des sucederán otras vicisitudes, á unas revoluciones 
otras revoluciones; los Institutos Religiosos serán supri- 
midos; cambiarán de forma, sufrirán alteraciones pero 
subsistirán siempre; nada de esto les cogerá de sorpre- 
sa, su divino Kundador se lo tiene anniiciado al decir- 
les: 'Cuando os persigan en una ciudad, huid á otra». 
Si una nación les rechaza, serán en otra acogidos; arro- 
jados de las ciudades encontrarán asilo en los desier- 
tos: ya les conoceJí las ardientes arenas de la Arabia: 
las soledades de la Tebaida, los bosques del África, las 
.pampas de América y las pobladas regiones del Asia; y 
la historia nos enseña; lo estamos viendo en los tiem- 
pos presentes, que si allí, en donde han sido proscri- 
tos, subsiste por algún tiempo la Religión católica vol- 
verán á renacer con niíis pujanza que antes. Sesenta y 
cinco años hace que fueron suprimidos en nuestra pa- 
tria.,. ¿Cuántos Institutos Religiosos? ¿Cuatro, ocho, diez, 



Ho.t-ib Gooj^lc 



tíi PtLIPtfíA.R 47 

veintén Pues bien, hoy por centenares pueden contarse 

las Congregaciones Ri^lijíiosas en España. Abrid la histo- 
ria y los veréis en toda-s sus páginas; tropenarareis á 
cada paso con sus monumentos, y encontrareis enlo- 
das siis roeiierdos, porque las Corporaciones monásti- 
cas son asociaciones iionservadoras y regeneradoras. 
^¿Cuántos de nuestros padrtjs, dice Cantil, despojados 
■ de riquezas no haiiráii vivido más que del mendrugo 
' 'dado poi" los Frailes en nombre de DiosV Las decla- 
• maciones fáciles de una ci(¡iieia sin entrañas contra 
-la avaricia de ios Frailes y del Clero enmudecen ante 
*lo3 gemidos ó ahnllidos del pauperismo siempre cre- 
»ciente de nuestra épuca: y aun más donde es menor 
*el espíritu cristiano y mayor la fl0[iaración de la cari- 
»dad de la polftica'. (1) 

Con el espiritn do caridad puede decirse que vivía 
en los Monjes el espíritu de lo bello. El que quiera una 
prueba entre mil de In que decimos, vaya á buscarla 
á veinte milias de Florencia en el poético valle del Arno 
superior, donde en. medio de los magníficos abetos se 
eleva Vatle-Umin-oso: y en la tierra que le domina el 
yermo Paradísino, desde donde, dilatándose la vista 
por un inmenso horizonte se pierde en las intermina- 
bles olas del Mediterráneo. ¿Podían escoger otro asilo 
los Monjes más pivpio para descansai- de las tempesta- 
des de !a sociedad y pai'a prepararse á los puros goces 
de la vida interior? Si desde allí nos dirigimos hágia 
el nacimiento del Arno por el fértil Casentino se nos 



(1) Epoc. VIH, c. : 



.HQ.tedbyGOQglC 



4fl ■ LAS CORPnRArtOfJRi IJF,I.lr,IciS\F< 

presenta» las Ca'maldulaK, refugio de San Haymundo . 
de Ravena, y cuiia de olra Ordon religiosa. Elevándose 
desde allí á la cumbre de ioy A|ien]nos y llegando al 
Collado de Kscali se encuentra el sagrado yermó sitio 
que convida verdaderamente si hombre á contemplar 
á Dios en las inaravillas (fiie derramó profusamente 
sobre Italia; desdo esto it;iiito pueden verse descender 
las dos pendientes adornadas "de vanada belleza como 
si fueran abañarse en el Mediten-ánco y en el Adriá- 
tico. 

No iiniy distanto de allí está en laAuvernia el de- 
voto retiro de San Francisco, colocado también en la " 
cumbre de un monte que encanta al que no ha visto 
loa otros dos. Kn estos amenísimos sitios se refugiaban 
aquellos ingónuos admiradores de Dios en sus obras; 
y mientras que ei mundo se empapaba en la sangre 
de sus hermanos, ellos pasaban los días en la contem- 
plación de lo bello, en la invcslifEacióii de la verdad y 
en la práctica del Ineii. En aquellos sitios deliciosos 
pasaban la vida que desi)reciaban y de la cual habían 
hecho aaorifleio á Dios aquellos Monjes de las pasadas 
edades; y allí encontraban la felicidad y la gloria en un 
grado desconocido del rosto de los mortales; tanto que 
la lectura de este milagro permanente de la divina mi- 
sericordia ha hecho declarar á un ilustrado escritor. 
*Que lo que ha sobrevivido á los Monjes, no son sug 
»Rionumentos ni sus obras exteriores, sino el edificio 
'interno, la obra moral, y sobre todo la felicidad de 
>que gozaban; dej aqneüa felicidad piu-a y profunda 



Ho.tedbyGoÓglé 



»de que en ellos y en torno de ellos j-eipaba». (1) Esta 
felicidad se veía reflejada on los iioBibres encantado- 
res, tiernos y ¡joéticos ijiie Iok Monjes daban á ¡os luga- 
res de su retiro y de su penitencia: Stieii lugar, era el 
nombre de un Convento Cirterciense en el Lemosin y 
el de otros muchos; BeHo Jugar, Abadía de los tíene- 
dictinos en la Lorena, y et de Cistercionses en Inglate- 
rra; Lugar huninoao, él de Cistercienses en l^orena; 
Lbeto loco, akyre lugar en Inglaterra; Cara htsula en 
Noruega; Valle dulce, Cisterciense en Chainpaília; Las 
Huelgas, en üurgos; Bueti puerto, Cistcrdcnsc en Nor- 
inandia; limn reposo, Cisterciense en üretaña: Monte 
íiMeiw, (^irtercJense en (linebra: Vuik- skii/o, Id. en Sui- 
za; \'aUe Bfniliti), id. en l.iúii: V'i//i: <lr ¡xa, en Suiza; 
Puerta del arlo, en o! relnu de Vaieiici;!; /" ]'hi <ld cie- 
/(), Cai'tiijos en .Miirt-ia, y Voruiia dvl Cteh, Kvp/i'tidor de 
Ilion, Ciencia de Dios, Campo d-e Dios, Prado felis, Pra^ 
do bendito, La Regla el tabeniácitlo, y así oíros muchí- 
siiuoa en Saboya, Alemania y cu todos los países cris- 
tianos. 'Bien (tiiede decirse exclama Cantú, que tiene 
»el alma de piedra el que no sienla la jitíe.*ía de aiiue- 
'líos sitios inconvparables» (lí). 

— .(,>uien haya Icidn, diiie e! insigne üalmes, las 
ávidas de los antiguos padres del desierto siti conmo- 
'vevse, sin sentirse poseído de una admii'ación profun- 
ída, sin que brotasen on su espíritu pensamientos gra- 
»ves y sublimes; (inleii haya pisado con indifereneia 



■ (1) MoEtalembert LosMorg. da OüclJ. t. t.» 
(2j Canlú. ep. X. cap.üi. 



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50 H5 CORPORACIONES BF.! .10103 Ai 

>ias ruinas de una antigua abadía sin evocar de las 
•tumbas las sombras de los Cenobitas que vivieron y 
■miipieron allí; quien recorra friainenle los corredores 
íy estancias de los Conventos medio demolidos sin que 
•se agolpen en su mente interesantes recuerdos; quien 
^sea capaz de fijar su vista sobre esos cuadros sin aite- 
• rarse; sin que se excite cu s(i alma el placer de me- 
•ditar, ni siquiera la curiosidad do, examinar, bien pue- 
"do cerrar los anales de la hist<iria; bien puede 
•^abandonar sus estudios sobre lo bello y ¡o sublime: 
sparaél no existen ni fenómenos históricos ni belleza, 
»ni sublimidad: su entendiniieiito está en tinieblas 
»su cora/ón en polvo^ (1). 

¡Que tos Monjes eran brazos arrancados al trabajo! 
Ya hemos dicho i\ue los primitiv'os ^lonjes los Pablos, 
Antonios, Paeoniios, Hilariones, los discípulos y suceso- 
res de estos vivían de! trabajo de sus manoá, uniendo 
la vida a'Hiva ala contemplativa. Se conocen los varia- 
dos traba,ios que ocupaban sus días. En los frescos del 
Campo Santo de I'isa, en donde algunos Maestros de 
la pintura Cristiana, como Orcaaa, Laurato. y (iozzoli 
han reproducido la vida dolos l'adres del desierto en 
rasgos puros y grandiosos se ven sus groseros hábitos, 
negros y grises con la i;a[)iicha sobre la cabeza; otros 
con la zona ó manto do piel de cabra sobro la espalda 
ocupados en cavar la tierra, abatir árboles, pescar en 
el,Nilo, ordeñar sus cabras, recoger dátiles, y tejer las 
esteras que habían de servirles de hábito y mortaja. 

^1) El Prot. c, oB, 



.1 ,, Coo-^le 



]i\ VIMl'l.VAS 51 

Se ven otros absortos en la lectura ó en la meditación 
de las sagradas Escrituras: -de modo, que, dice un 
"Santo, ias celdas rennidas en el desierto eran como una 
•colmena de abejas. Cada Monje tenia en sus manos la 
>cera para trabajar, y en su boca la miel de los salmos 
>y de las oraciones' ( i i. iíl día era distribuido entre la 
oración y el trabajo; este se "dividía entre las labores 
del campo, y el ojereieio de varias artes é industrias, 
llabíaentre ellos tejedores, carpinteros, curtidores, sas- 
tres, bataneros, y en todos la fatiga era más penosa jior 
el rigor de los ayunos casi continuos. Todas las reglas 
de los Patriarcas de! desierto prescriben la obligación 
del trabaj<i. S. Agustín á instancia de! Obispo de Car- 
tago escribió im célebre Opúsculo, intitulado; De Opf- 
re m:mafí/ioi-iuii contra los Masalienscs ó Ciirovago-s 
llamados asi algunos falsos ílonjcs que no tenían de 
tal otra cosa que el hábito, y proclamaban una ociosi- 
dad piadosa i)ara alaíiar á Dios, Entre otras obsorva- 
eiojies atinadísimas delSanto t''undador y Doctor exi- 
mio, leeuiosen el citado Opiiscnlo: Noptiedecon.=cnl¡rse 
'que donde hay Sonadores laboriosos, haya artesanos 
'OCIOSOS, y los que íueron ricos y Señores se conformen 
«con laaspereza de la regla, y Ins rústicos se hagan 
•delicados» i2t. 

El Cristianismo huyendo de las ciudades se ocultó 

(1) S. Epiph. lib. 3. Hor, 80 contra Massaiianos. . 

(2) Nullo modo decet ÍBhfti> vita, ubi sunt senatorea la- 
borioíji, .sintartiíicea otiosi, et qno veniuiit, relíoiis divitiis 
quce fuerant proediorum domini ibi siutrustioi deliuati. De 
opere nionacli. cap. 6. 



C.t>oj,; le 



6:^ LAS CORPORAanNEfí RF,T,IfitOFiAS 

en el desierto ({iie íertili;íó y embelleció: el grano de 
mostaza no ha menester para dar opimos fruLos ni del 
rocío de ia niaiiaiia ni del jugo de la tierra; VA que hizo 
brotar agua purísima de ana roca al golpe do ia vara 
de su profeta, cuidó del grano depositado en la arena é 
hizo florecer !a agricultura, las arles y oficios' en las 
áridas soledades del desierto. El crecidísimo niimero 
de cristianos que, careciendo de valor para afrontarlos 
tormentos doi martirio huyeron A la Tebaida, lo compo- 
nían obreros de todos los oficios, y Maestros en todas 
las artes que enseñaron en Jos CenoJiios ef?tal»lecidog 
por y. Antonio: y aciuellos fugitivos, después de haber 
andado errantes, como granos de arena arrebatados 
por el huracán, poblaron el desiei'to de Monasterios, 
que enriquecieron y embellecieron con su industria y 
trabajo: y las frondosas arboleda;', ios cauqios de do- 
radas inieses, las laderas alfombradas t)or los verdes 
sarmientos, las huertas pobladas do sabrosísimos fru- 
tales y los ríos dirigidos por )a mano del hombre anun- 
ciaban siempre la pi'oxímidad de nn Monasterio al ex- 
traviado caminante y al curioso viagero. Lagos v 
pantanos fueron ferlilízados merced á su diligencia; ó 
recuperaban su feracidad primitiva aquellos terrenos 
que habían quedado incultos por ia desaparición de los 
habitantes ó abandonó de los propielarios. Asi fuócomo 
aquellos Monjes arrostral^an los peligros para conver- 
tir & los Hárbaros ala f^, y con el ejemplo les inspira- 
ban amor al tmbajo. 

S, Antonio fué el modelo de Cenobitas iinilado des- 
pués por S, Basilio y por todos los Fundadores de 



.y Google 



53 



Ordenes Monilsticas,Ios cuales en los Conventos de su 
Fundación no se olvidaron nnnea de abrir escuelas en 
las que se eiisaíiabari la agrionllnra, las ciencias, las ar- 
tes y varios oficios: y •¡Los hijos de los Graiideü dice el 
'Citado Cariti'i, eran enviados ;l recibir edncaciOn en los 
'Conventos; adíiuirían en ellos alguna idea de la vida 
^arreglada, y aprendían de íos Monjes el cull.ivo del 
i>lerreiio, los oficios ñfiles y ios hábitos de orden y su- 
^jección- (1). De manera une las modernas escuelas de 
Artes V ORcios, y !as Granjas modelos deben su origen 
alas Corporaciones iiifinástieaf. 

Las asperísimas penitencias de algunos de estos 
Monjes, más bien para admiradas que para imitadas y 
la vida ejemplar y laboriosa de todos ellos impresiona- 
ron tan profundamente la inlantil imaginación de los 
IJárbaros. fpie estos hombres, qne no se detenían ante 
ningt'in ohstíicnlo, ni respetaban la ancianidad, ni la in- 
fancia, ni el si^rado de los tem|>liiB, ni la debilidad del 
sexo, ni el pudor délas vírgenes se detenían respetuo- 
sos antes los Monjes, se humillaban ante aquellos pro- 
digios de abnegación y penitencia como S. Macario de 
Alejandría, que pcrmaiiecia eu i)ie toda la cuaresma 
sin comer otra cosa, (pie algunas hojas espinosas los 
domingos: de S. Simeón Stilita el mayor, (pie vivió 
treinta años cerca de Aiitioquia sobre una columna de 
treinta y seis pies de elevación, admirado de la multitud, 
querido del Emperador Teodosio íí: autor de la (con- 
versión de nuichris IrílniJí nómadits. Las reinas de Sabá 



(1) Can. op VIII. C. 16. 



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ñ4 LA? coRrrmACinMPRKt.KiiopAP 

y de Persia le pedian su intercesión: el Emperador, 
consejos; en vida se disputaban los Sarracenos sns ben- 
diciones y despiiéi de inuerlu sus reliquias. S. Senoch 
en las cercanías de Toiii's so encerró entre cuatro pa- 
■ redes tan cstreíhameute que no podía cambiar de pos- 
tura, y asi vivió muchos anos. ¡Locurasl dirán algunos, 
pero aquella renuncia absoluta de la vida y del amor 
asi misino seducían la imaginación de los pueblos rudos, 
y daban á los civilizador una idea snbüme de nna re- 
ligión capaz de consegnir el triunfo del espirilu sobre 
la materia. 

Monjes fneron tambicii casi lodns los Santos Pa- 
dres Orientales y Oecidentfilen, y á los cuales !a cul- 
tura y las letras deben eterna gratitud, porque ellas 
nos trasmitieron los restos del saber antiguo, y pusie- 
ron los cimientos á la ciencia y literatura cristiana, so- 
bresaliendo entre todos S. Agustín el más universal de 
■ los SS. PP. el más perspicaz y de más dúctil enten- 
dimiento. De ingenio sublime, y que hubiera brillado 
más si la rpoca le hubiese favorecido todo lo supo; 
nada pudo ocultarse á la penetrante mirada del águila 
de Hipona: todo lo abarcó su poderosainteligencia; fué 
metaíi-ieo, historiador, geómetra, geólogo, (ionocedor de 
las costumbres y dé ta.s artes; insigne filósofo; elocuen- 
te orador: escribió de música y espuso con mayor cla- 
ridad que ningún otro ios puntos más dificiles de la 
Teología, la Predestinación y la Gracia; describió la de- 
cadencia del imperio y los fenómenos del pensamiento; 
su humildad en 5US Confmoiies solo puede comparar- 
se á su ciencia en la Ciudad de Dios, monumento d« 



.i,,C*.x>*tjlc 



vs prt.in.'JAa fifi 

genio, erudición y doctrim. Fnó el pciinspo que en 
Occidente redujo á sisíeina la doctrina evangélica, y 
puede coiisiderárriele eoirin ¡jadre del dogiiiatisiiio lati- 
nó, Sa vasto y llexilile enteiiditiiierito le hizo ver afi- 
nidades no pereihidas antes entre ei ci-istianismo y las 
doctrinas de Alejandría, y combatiendo loa errores de 
estas doctrinas con la verdad del Evangelio fundió el 
neoplatonismo con iás verdades de la religión, demos- 
trando que era necesario á la ciencia y á la razón hu- 
mana el apoyo de lafé y revelación divina. Sus obras 
voluminosas son nna mina inagotable de conocimientos 
enciclopédicos para ios eruditos de todos los tiempos, 
y la Cmhíf <fe DíVi.', libro favorito de Cario Magno se- 
rá siempre una obra de aotiiaüdad y un nioiiumento 
científico. 

Monjes fueron también los que convirtieron la Ku- 
ropa á la fe, corno S. Patricio. S. Agustín y Compañe- 
ros que llevaron la antorcha do la fó k las islas Britá- 
nicas; S. líonificio es llamado Apóslol de Alemania; San 
Fredolin, Colnnibano y (líill de! Convento de líasegor 
que misionaron en líasiloa, Constanza y á los liabitan- 
tesde los Vosgoa; S. Goar, ennilauo de Aquitania, San 
Kilian mártir; S. Disibond, irlandés, misioneros del Mein 
del Rhin y del Mosa; Rgilo y Eusteno del Convento de 
Lnxeui!, Ruperto, Obispo de Wonns, Gulsarieo y Eu- 
naldo dieron misiones en Rabiera; Amando, Andomar 
y S. Lamberto on Bélgica; Wilfrido, Egberto, WigbeHo 
V otros convirtieron á los Frisones en lo=! Países Bajos' 
San Cirilo j Pan Metodio a los Eila\Ob i olrob d loa 
Siyone", Avaros Croatas y CanntiOB 



L".ooyIc 



m 



D&spnes corneado loü tiempos, como hemos dicho ya, 
variaron las cipciinstancias y oti'as tn(iydislÍTitas fueron 
las necesidades de la sociedad: al encuentro y remedio 
de estas salieron las corporaciones Monásticas ■ y res- 
tando brazos al traliajo corporal, ocuparon á sus indt- 
vidaos en ios trabajos inteleeíLiales. 

Carlomagno entusiasta" por la ciencia hi^ío laudaliles 
esfuerzos para elevar el nivel e.ienCííico de su pueblo, y 
como el Clero era elünieo capaz de hacer florecer las le- 
tras, le separó por enlonees de todo otro cuidado y le 
proporcionó medios de instruirse. En el año de 787 
invitó á poner escuelas en las Catedrales y Monaste- 
rios, en las cuales se enseiíai'an las siete arles libera- 
les y se explicarala Sagrada Escritura. Muchos Obispos 
y todos los Abades secundaron con ardor los esfuersos- 
de Carlomagno; y en Toiirs, Lióti, Orieans, Reims, To- 
losa ef coetera hnbo escuelas Üoredentes. Kn las mo- ' 
náslieas se admitían internos, schocolares, y se enseñaba 
gramática, rotórica, dialéctica, — /r/ivHiM— después la 
arltimUrca, la geoinetda, astronomía y irfhsica con la 
poesía — ijuulfivium. — I^as escuelas episcopales y parro- 
quiales decayeron pronto dice Cantil y quedaron aban- 
donadas, tpero se propagaron mas y Tuás las de los 
íConvetitos, y de la que estableció Alcuino en Tours 
•salieron obispos y Abades, que si bien por sus escri- 
»tos no pueden contarse cutrii los literatos, fueron más 
>útiles que estos, ofreciendo asilos á la civilización ata- 
■cada por todas partes jior nna nueva barbarie» (1). 

(f Cant. ep. IXc. SIX. H«iíi«i.g. Hia. gl. de la Igle- 
sia t '¿ °V 575ú7t3. 



.1 ...Cooi^lc 



EM FIT.ll'IVAí' 57 

España á mediados del siglo Vil podía gloriarse de 
ser la nación Tiiás eiiUa, mks moral y mejor gobernada; 
podía presentar la mejor colección canónica y eí me- 
jor cód^o de la época; podía también considerarse co- 
mo la única que cultivaba las ciencias, y todo esto se 
!o debía a los ^lonjes, pnes de los Clonventos habían 
salido los Leandros, Isidiiros, Ildefonsos, Eugenios tantas 
veces eilados y los demás Obispos y Abades que en los 
Concilios nacionales cambiaron la Gotistilución del país 
y nos legaron nn Código inmortal. Después una nueva 
invasión de Jtórbaros. peores que los del Norte cayó 
ñobre el mundo civilizado. Árabes, [¡ángaros, Eslavos y 
Normandos: guerras entre los Príncipes; luchas entre 
los Señores ó Nobles y como corolario forzoso la eorrup- 
" cibn general que penetró todos los organismos, y la ig- 
.norancia supina, que se extendió á todas las clases 
sociales, (le aquí & grandes rasgos ef cuadro que nos 
ofrece )a edad media. 

La Iglesia adonde tíouvei^ían en !a crisí anterior 
las imradas*de los hombres pensadore.'', y la cual en 
medio de una sociedad que se derrumbaba porsus pro- 
pios vicios, y ii los golpes do las pesadas maxas de los 
Bárbaros se presentaba entonces como una institución 
fuerte en sus principios, inconiiiovible en sus funda- 
mentos, abundante en recursos salvadores; ahora, se 
siente dr?bi! para resistir los cmliates de esta época de- 
sastrosa, porque la gaugrena social ha interesado sus 
mfts mbuslos mtembio'; \'o moiira, [lorque nada puede 
pievalecer contiaella \ esta sostenida poi el espinlu 
de su divino Fundador, saldrá triunfante en la lucha 



L.oo^Il 



58 LAS r:OriPORArrorílfi=iiFi,inro?As 

empeñada contra las pasinne-í y ambieionefl de los 
grandes; triuiirará dol error la v<!rdad, el dofecho y la 
justicia de la violencia y de la tiranía, la [noral del vi- 
cio, la Religión del Cnicincadn dol lanaUsnio rnii- 
snlináii;y como siempre, sorA la salvadora de la sociedad, 
aplicando á los misinos males idciUicos remedios. Es 
verdad que las Ordenes monásticas factor importantísi- 
mo en la obra civilizadora de la Iglesia han decaído de 
SH antigno esplendor no es menos cierto que muchas 
moradas de santos y sabios ermitaños han desapare- 
cido al furor délos invasores, y como presa de las ra- 
piñas de los Magnates, pero todavía se cünservaii mu- 
chos Conventos endeúdese han refugiado con la piedad 
y la virtud las ciencias y las artes, huyendo asustadas 
del extruendo de los combates, del grito de la bar- 
barie y de los insultos de vencidos y vencedores: en 
los silenciosos claustros se elabora el dulce v suave 
elixir <(ne ha de reaiiimarel cuerpo social moribundo, 
operando una reacción saludable, ipie no tardará en 
comunicarse con notable rapidez á todos los oi^anis- 
rnos de la sociedad paciente. Kstenhein; fruir Ober; 
Ataich; Monsee; Fridlar; t'ulda y otros no solo sirvieron 
de excelentes planteles para la educación del Clero, y 
de poderosos auxiliares para completar la conversión 
del pais. sino que también de santuarios de las ciencias,, 
y «hasta de magnificas escuelas de agricultura, que 
«roturaron no pocos terrenos incultos y convirtieron 
«horribles páraniosen deliciosos vergeles» (1). Ciuny ex- 

(1) Herz. Hifit. grl. de tft Igle i. 3. O 3. 



j ., C.(">o'^Ic 



F.N Ftl.rpl!>fAS 5!) 

• tendió pordofinier sus vi?orosa<; ramas, dejó sentir en 
todas partes ñii aecíúii benóficfi y fundó Comunidades 
filiales en España y en l'olonia, las «nales tomaron 
parte nuiy activa en todos los actos encaininados íi 
promover la reforma de iasinstitncioiies eclesiásticas: v 
todos, todos los Conventos sin excepción, A los cuales 
no alcanzó el terrible azote de la giierra por su situa- 
ción favorable, eontíiuiaron consagrándose á salvar los 
tesoros de la ciencia, cultivándose en ellos las discipli- 
nas á la sazón conocidas: distinguiéndose por su activi- 
dad científica el Monasterio de S. Gall, donde Oorecie- 
pon Beremberlo, Tso, Radperto, Tntilo, Not Kerlabeo, 
llamado ei Ffsiixi, «poeta al misino tiempo que eompo- 

• sitop, pintor y médico. No menos eminentes fueron los 
>que produjeron los Conventos de Reicfieneau, é ffir- 
íchian; del primero salió Hermamm, Ilamano Contmi:- 
■•tu¡t..\'x\ Monje deTreveriscontinnóIaorónieade Regmo 
'hasta el 967, y otros muchos cooperaron en esta obra. 

• Adquirieron notable incremento estas escuelas, lle- 
'gando alguna como la de Lieja ;\ adquirir grande ce- 
«lebridad, mientras e^luvo bajóla dirección del Monje 
■ y Obispo Not Ker> (I). 

Ku Francia florecieron no pocos Monjes de la re- 
forma de Cluny, como Abdón de Flenry; Hecbaldo de 
S. Amando, Remigio de Auxerre y en particular S. Odi- 
lo. No era menos profunda la enseñanza que daban los 
Monjes en el Convento de Dijón; y en Chartrcs descue- 
lla Fulberlo por sus excelentes dotes de Maestro. Los 



(IJ Heraeng. t 3 i 



Got>j,;lc 



principales centros diicentes de Normatidia se encon- 
traban en aquella «ijoca en !a Abadía ile Fecam, nne- 
vaivu-'nle reslaiiradaen 1.001, y en lieeen donde ejerció 
con sin ignal macjli'ía el ministerio de la . enserianjía 
Lanfrancü, célebre diaUíctieo, Teólogo dogrnAtieo y exí- 
gela, Maesl.ro (¡iie fué de S. Anselmo. 

En Italia so distingiiierori el Monje benediclino Com- 
tantino el Africano, célebre médico, y S. Podro Damián 
abad que trabajó con gran fruto desde el pñlpito en la 
reforma de las coílninbres; conocedor i>rofnndn de los 
SS. Padres y de las necesidades de sn época. 

En Espaíia, al paso que los descendientes de los 
campeones de la crnz qne en las cuevas de Covadon- 
ga y Galiano enarbalaroTí el lábaro santo, arrancaban 
pedazos déla patria á los laníitieos usurpadores, hijos 
del Islán, los Monies edilieaban Conventos en los cam- 
pos hechos eriales, á la sombra protectora de los cnales 
se formaban las aldeas jiueblos y ciudades y si desde 
el llano ae divisaba el castillo fcndal soberbio y altivo, 
destacado en la cnmhre del vecino monte, corno sím- 
bolo de la fuerza y de la tiranía; aba,io enconíraban los 
pequeños la resignación . y la justicia en la religión; la 
caridad y la ciencia enlos Conventos, entodus los día- 
los había hospedería y hospital para propios y extra- 
ños; y escuelas para la educación y enseñanza de la 
juventud. Al de Cárdena, santificado con la sangre de 
doscientos Monjes inmolados por el alfange sarraceno, 
y honrado después cuando volvió á poblarse en el89!i 
con los recuerdos y sepulcro del Cid, podemos añadir 
■.los de Arlanza, Silos, Sahagún, Albelda y tantos otros 



L'.ooj; le 



KN FIl.rri'ÍÍA.S Ol 

célebres en nuestra historia, los cuales fueron funda- 
dos en el yiglo X, tan pfotilo coino cotnetiKü laeroan- 
cipacióii caatellaua. Saltioa, austeros, celosos y obser- 
vantes sus Monjes, el triunfo sobre la corrupción de las 
costumbres, sobre la tiranía de los nobles, y sobre la 
ignoi-aneia getieral, había de ser «na consecuencia ló- 
gica de su ilustración y santidad. En ellos floreciei-on 
Esperaindeo, i\taesti;o de S. Eulogio: el abad Sansón en 
Córdoba; el Monje de Abeida, historiador hasta el tiem- 
po de Alfonso lil; el Monje de Silos, Mouachi silensh 
Chronicim hasta Fernando 1; S. I'lulogio, historiador de 
los Mártires inozíirahes, y los Santos Domingo de Silos 
y de la Calzada; (¡areía; Juan de la Peña; Iriigo de Ofia; 
Luinsano; Vereinundo, Sisebuto y otros inniiiuerables 
que — íSi no son tan conocidos genemhüente, uo es 
>poi- falla do grandeza y heroismo, sino poixjue nuestra 

• nación vivía aislada entonces del resto de Europa; v 
>íii su inlluencia fué pequeña en los negocios de la 
•Iglesia, fué muy beneficiosa para la Iglesia particular 
?de España y para la misma sociedad civil. En siis re- 
^laciones con esta, Iü vida de los Monjes españoles en 
•la edad media tiene dos infhíencias altamente hnma- 

• nttarias y civilizadoras; la mediación entre los Princi-- 
»pes cristianos para evitar luchas y discordias: y por 
•otra [¡arto, el desarrulio de las letnis bajo bu direc- 
•ción» 1^1). 

lió aquí lo que eran los frailes en esta época. Efec- 
tivamente: los Convenios IV-Cron entonces los ¡'micos 

(1| D. Vicent de la Fuen. Hist. ede, de Esp. t. 2,* 
p. 166. 



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S¿ LAS rom'nFiAno>jF:s üEr.ír.mflAS 

asilos del saber y de las cietieias; los Frailes t¡ionopL>- 
Uzaponla ensenatiza y Itenanín d inundo de santos y 
de sabios. 

Los monjes se ejercitaban también en copiar libros 
que escaseaban ntnclio; en ihiinijiar ¡as letras mayi's- 
cnlas, pulir las hojas de pergamino con marfil, perfu- 
marlas con aceite de cedro; dorar las iniciales, las cu- 
biertas, los cortes y los broches; de juanera que un libro 
vino á ser el resi'nnen de todas las bellas artes, y de 
muchos útiles oficios. La poesía y la retórica concurrían 
á componerle; la caligrafía á copiarle, la pintura á ilu- 
mioarle con carmín y azul de Ultramar, la peletería á 
preparar su cubierta, ia cinceladura á adornarle, la 
platería á engastar en él piedras preciosas y por últi- 
mo el dorado á pulir los cortes. León do Ostia escribía 
hacia el año 10i«' qnCj fíesiderío. Abad de Monte Ga- 
sino trajo de Loiubardía de Amalli, yhasta de Constan- 
tinopla distinguidos artistas, r(ue trabajaban en uiosái- 
■ C08, mármol, oro, plata, hierro y rnarlil; aíiadiendo, que 
elarte latino que había descuidado por espacio de cinco 
siglos el jiiosáico y la pin(,nra en vidrio, les había dado 
nueva vida, adiestrando en estas aríe,í á muchos niños 
acogidos en aquel Monasterio. 

Segiin el precepto ju-edo minan te cu la Kdad Media, 
el arte, mediante la expresión de lo bello, tenía por 
objeto agradar y elevar' el ánimo; objeto que se trataba 
de obtener en la reproducción exacta, á la vez que 
brillante do la forma, á la que se atendió más, que á la 
disposición bien proporcionada de la materia; y en la 
exposición clara y ordenada de lo bueno y verdadero. 



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EN PILlPINAí «A 

El arle en sus diferentes dípecciones se puso por com- 
pleto ai servicio de la religión. Sus primeras creaciones 
en este sentido fueron esos grandiosos templos, algunos 
de los cuales despiertan hoy la admiración y asombro, 
pertenecientes ai siglo XII y siguientes. Las Catedrales 
de Chartres y Atiiiens son modelo del estilo gótico ú 
original que desterró las graijdcs masas, y con sus for- 
mas esbeltas tiende eojno á elevarse á lo infinito. Con 
rapidez extraordinaria se propagó á Inglaterra donde 
se levantaron las Catedrales de Cantorbery y Satisbii- 
ry, con la Aijadia do VVimenster. Nuestra Señora de 
Treveris ylas Catedrales de Colonia, fiatisbona,y Stras- 
bnrgo son del género gótico puro. Kn Espaíia se con- 
serva» preciosos modelos en las Catedrales de Toledo, 
León y Húpgos. iíii Italia las de Florencia, Orvieto y Mi- 
lán. La ejecución de estas obras esdivo coino vincula- 
da en los Conventos hasta que en el transcurso del 
siglo XIII pasó ft ser la profesión de arquitectos segla- 
res, que con sus auxiliares los picapedreros formaron 
ios gremios de los albafiües (.1). De manera dice Caiitú 
que el saber escribir, iluminar, esculpir y otras artes 
era un medio de llegar á las primeras dignidades ecle- 
siásticas. 

Si de la aniuitectura jiasamos á la poesía y á la nui- 
sica, fueron tanibit'-n Monjes los que en la mencionada 
época las cultivaron sobresaÜando entre lodos ellos 



(l) De artiñcibus mouachis et íaicis niedü oevi. Boim. IfaUl 
Theofili, Monge del siglo doce ó trece. Editiin de París 
IBlb: de Vieiia 1872, 



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a 



iCiriNfis heliciosíaí 



GwdodeAie/o S Bernardo el Monje, Marbodo de Aii- 
gers ^ lonid? de Aquiíio; 'l'oiiiás Celaiiü, autor del 
Btes 11 ve lacuponeda'l'odi que eonipuso el Stuliat, se- 
gún algunos, sino es obra de Latino Malabraiica, Agus- 
tino, como opinan los más, y otros que contribuyeron 
al desenvolvimiento progresivo del Canto eclesiástico. 

La medicina era también ensenada -y practicada por 
los Monjes. S. Benito añadió á sus estatutos de Monte- 
Gasino y Falepno el cuidado de los enfermos. S. Berta- 
no Abad escribió un tratado de medic'im: y de todas 
partes acudieron allí Monjes para instruií-se en esta 
cienciai y enfermos para aprovecharse del saber y 
caridad de aquellos. El filósofo Constantino el Africano 
de quien hemos hecho mención, después de habcF vi- 
sitado por espacio de cuarenta años las escuelas árabes 
de Bagdad, del Kgipto y de la Inditi, fué tenido por má- 
gico á su vuelta; lo cual puso en peligro su vida y se 
refugió en Salerno, llegando á ser secretario de Roberto 
Guisardo; hasliado de la corte se relíró á Monte-Casi- 
no, en donde tradujo varias obras de Tuódicos orienta- 
les. Creció la reputación de la Escuela Salernitaiia, y 
credo el número de enfermos que á olla acndiau en 
busca de la perdida salud. ICn el siglo \, se escribieron 
allí bajo la dirección <lc .1 iian de Milán ciertos precep- 
lofí de higiene en versos leoninos, adojitados como cá- 
jiones, y tr.adiicidüs á todas las lenguas. Les hemos 
visto también en algunas cdícciones de la «Higiene por 
Monlau». 

Entre esos que llaman •:r)do de.vnmcionex* un Mon-. 
je proclama el movimiento de la tierra; otro para 



Ho.tedbyGoOglC . 



medir las horas canónicas inventó el reloj; otro áju^pt 
de experirnentos descubrió la pólvora; otms ¡nübduje-' 
ron los primeros molíaos de, viento. S. Alberto Magno^ 
adelantándose siglos á Kdisson inventó el Androide, 
autómata que .se movía y pronunciaba algunas pala- 
bras. Recibió la visita del Kmperador ea medio de ár- 
boles cargados de fruta en el j'igoi; del invierno, lo cual 
demuestra procedini^eotos útiles y grandes progresos 
en !a agricultura. Rogerio (lacón Monje también, pre- 
sintió el microscopio, el tolescópio, la máquina de va- 
por y los globos acreofltáticos. — -^Se puede, dice, coii-s- 
i-lruir para la navegación máquinas tales, que hagan 
■que gruesos navios dirigidos por un sólo hombre re- 
*corran los nos y los maros con más velocidad que mí 
afueran llenos de reniei-os; carros, que sin beslias de 
ítiro corran con un ímpetu ¡neaiculablc. Puede invcit- 
•tarse un aparato por medio del cual, un hombre sen- 
»tado, moviendo con una palanca ciertas alasartificia- 
•les via^je como un [lájai'o |iitr el aire. 

'Todas estas cosas huti sidn vislasi |ior los antiguos 
=ó en nuestros días. Pero entre todas estas maravillas 
»merece una la atención Ctipecíal los juegos de luz. 
sEs posible combinar vidrios transiiareiites y espejos 
'de lal modo ipie un objeto parezca multiplicarse, y nn 
íhonibi-c solii parezca un ejército; que se vean tantos 

ssoles y tantas lunas cuanlos se quiera 

sAsi desde gran distancia se leerán caracteres. íi- 

íuísimos y se enumerarán cosas iuqtcrceptibles, como 

*dicen que César vio con ayuda de itmiensos espejos, 

»desde las elevadas costas de la Galia muchas ciudades 

6 



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(ifi Las rohPÓRAnomtK ritet,ifiíOf!A<i ^ 

• déla Gran líretaíia. l'ftr medio semejante se podría 
vaumentar, dUiniíiuir « invertir las de los cuerpos y 
>enganai' la vista con infinitas ilusiones» (1). 

Estos apenas son vagos indicios; pero demuestran 
que entonces se observaba, ¿e rollexionaba, se hacían 
experimentos. Hasta los fenómenos de afniidad que 
hoy atraen toda la alención do los (piimicos, brillaron 
áios ojos de Macón, que advirtió )a atracción del imán 
a! hierro y á otros jnclales, después en los ácidos y en 
las plantas entre sí. ¿Y" quién sabe cuantas otras cosas 
hubiéramos podido descubrir, si en tiempo de ia Re- 
forma protestante no se hubiese creído un acto de pro- 
greso liberal destrair sus cartas 2'0'''1«^- fitlimí sido de 
un Fraile? Nuestra épíjca debe condiderarle como el 
verdadero í'undador del método experiutental. Aplicán- 
dolo á la ópticíi señaló lenómcnos no observados haatji 
entonces sobre la extructuradel ojo; sobre la causa de 
que centelleen las estrellas y nó loa planetas: y otras 
variadídmas y útilísimas invenciones con las cuales 
se adelantó seiscientos añosa su época. 

Y como si lo dicho fncra poco toilavía para i>onde- 
rar los beneficios hechos á la sociedad por las Corpora- 
ciones inonásiieas.acusadas en todos tiempos de ociosas 
y poco ilustradas, debemos advertir, que los Monjes 
formaron asociaciones para ía construcción de templos, 
puentes y caminos (2 1, Y cu luiestra [-atria, Domingo; 



(_J) Bacon, Opus. majua. paga. 2nS-tíáL. 

('¿) Biíittrold. CoiJS. Año lU9l. Hausin.amm \Añ 133 y 



.LvCoo-^le 



RM PILIPTNAfl «7 

(ji-iun<iud« Viz<;aya yMínijt; lego, dedicó su vida todaá líi 
coiistrueoióii de puentes y caminos pnm comodidad de 
ios peregrinos que venían á Iilspaña á visitar el sepul- 
cro do Santiago. — -Un pobre Monje hacia entonces con 
•911 ejemplo y üu palabra lo que hemos visto repro- 
íducir en nncstro? días, arini en eí país, y en otras 
.partes, y lo r¡ne ahora apeníps hacen los (íobiernos á 
K fuerza de gastos, pi'»)yectos y vejaciones. El nombre 
• solo de Sto. Domingo de ia Calzada nos excusa de 
ítodo comeTifario. V no l'iié él solo e! que se dedicó á 

■ esta ruda tarea, pues á sn muerte, imitóle en aquel 
sinismo país S. .luán de Ortega, h quien deben sus 

■ puentes Nájera y Logroño, y otros varios que aún 
.subsisten hasta el día á pesar de los siglos que han 
í transcurrido. Í!aí aquellos siglos bárbaros, los Monjes 
-españole?, sin gastar sumas iuiucnsas en levantar 
"planos, fabricaban puentes, que no soto no se hundían 
•apenas conslniidos. sino que perseveran hoy en el 
»día á pesar de los siglos y los elementos' (1). Y eran 
tan lynómntfift que Sto. Domingo do la Calz.ida no fué 
admitido en Haibaiiera ni en S. Millán por no tener 
pslndíos. Ksto y mucho míis eran los Monjes antes y 
después^r. y." ahora? 

IV. 

í Ahora ¿quién se atreverá á cali li car de ociosos á 
• los que- por confesión unánime, han desbrozado con 
■sus manos la mitad de Occidente v con líus luhorio- 



(\) D. Vic. ¡a. lai^oeiít Hist. ec) du Ksp. t. '¿.'i'. 167. 



.y Google 



8« tAS CORPOBAnoMEB RRLinTnsAfl 

•sas vigilias nos han conservado laa ubras de la anti- 
»gua literatura y los monumentos de diez y ocho siglos 
■ de nuestra historia? ¡l,a ociosidad de los l^Vailes! y el 

• nombre de Benedictino ha llegado á ser en el lengua- 
>je común el tipo y .sinónimo del hombre laborioso, 
•serio, modesto é incansable. ¡I<a|)ei-eza de los Frailes! 
•¿Pero qnitm Sino ellos ha soportado el peso ifel <fia >j 
'del calor en todas las Misiones^del Oriente y de Amó- 
•rica; en la cristiandad persegnida en líuropa; en lare- 

• dención de cautivos; en la lucha contra la heregía y 
-las malascostumbresyen laadniinisti-acion espiritual de 
»los pueblos eatóiicüsV ¡Oh! quisit'í ramos verá estos que 
^prodigan tan largamente reproches h los Frailes, cons- 
*treñÍdos y sujetos por un sólo dia, ¡i. esta vida de in- 
» cesante fatiga, de disgustos, de privaciones, vigilias y 
^ai'gos via^jes i[üe son las tareas ordinarias de todos 
=los Misioneros y aun de los más oscuros Confesores 
»que las Ordenes Monásticas tienen al servicio de la 

• Iglesia» (i). 

¿Ahora? -No ¡medc negarse, — dice un testigo 
í-nada sospechoso á los enemigos de los Frailes; Vol- 
>taire; — que en los elanstros había grandes virtudes; y 
»aan hoy, no hay monasterio que no encierre ainiasad- 

• mirablcs, honrado Ta naturaleza humana. Muchos es- 
»critoi-es se han complacido en indagar los desórdenes 
»y vicios qué mancharon en ocasiones estos asilos de 
•piedad^ poro lo cierto es que la v¡dase^;ula^.fu(;siem- 
>pre más viciosa; que los grandes delitos no se come- 



(l) Montaiembet. Lob Uodj . de (Jcc. t 1." c, VI, 



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•tíeron e» los claustros, sino qiie resaltaron más por el 
scontpaste con la regla. Niiigiin oslado se ha conserva- 
= do inás puro» (Ij. 

Ahora: el mundo no tiene asilos en donde meditar 
sobre si mismo; sobre la r^adncidafl de !a^ cosas terre- 
nas, y sobre las verdades y misterios de la Religión, — 
«Y los asilos son necesarios, deeia Napoleón para las 
-igrandesdesvenlnras; y como refugio pai-a las imagi- 
■>nacioiies exaltadas». A satisfacer estas necesidades se 
presentan los Conventos ofreciendo nna vida toda so- 
cial, toda activa para cultivar el entendimiento, -propa- 
gar las ideas, disentir, meditar, instniirse y hacer bro- 
tar un rayo de esperanza á la desesperación y al 



Pop lo que loca á e^os Filósoftjs que han mirado 
los Institutos Religiosos como cosa inútil, cuando no 
dañosa, — --harto se conoce, difc llahues, qne han me- 
>ditado bien poco sol)re el cspíntn hmiiano, sobre los 
í sentimientos jnás iirofuiidos y delicados de nuestro 
'Corazón. Guando nada lian diclio ai suyo tantas ren- 
>Tiiones de hombres y mujeres con ta mira de santili- 
•'carae A si mismos ó de sanlíEícar it los demás, ó de 
•consagrarse al socorro del nei^sitado, ó al consuelo 
>del infortunio; resecada'debe de estar su alma por eí 
«atiento del exceplicismo. Kl reiumciar para siempre 
'lodos los placeres de. la vida, el sepultarse eu una 
'mansión solitaria para consagrarse á Dios, y al prúgi- 
»mü olvidándose de si mismo, horroriza sin duda á esos 

(IJ Essai Bar learneurs. c. 1S9. 



...-líj .,Cxt-3()íílc 



.70 - r.Af! rORPORAntONKP RKl.TfilflíiAS 

ífiiósofof, que jamás han cotitempladn el mundo, aino 
»al través <\e sus preociipanones gm«ems; fiero la hu- 
>maniiiaíl siente de otro modo: lahiiirianidad siente iiii . 
'atractivo ¡lor los tiiiím.jí objetos ((iio los escépticos 
sfilóaofos encontraron tan vacíos, tan dostiiidos de in- 

• leréá, tan aborrecibles. ,„ 

•Que en medio del furor y convulsión de los partidos ■ 
"la sacrilega mano de nn frenético secretamente ati- 
>zada por la perversidad, clave en nn pecho inocente 
>el puñal fraíneida, O arroje sobro pacifica vivienda la 

• tea incendiaria, bien se concibe porque desgraeíada- 
*mente la historia del hombre ofrece abundantes ejeni- 
"plos de crimen y frenesí; pero qne se ataque la mi:*- 

• nia esencia delainstitueción; qne se la quiera encerrar 
•en los estrechos limites del apocamiento y pequenez 
= de espíritu, despojándola de !os nobles títulos, que 
ihonran su origen, y de las bellezas que decoran sn 
«historia, esto no pnede consentirlo ni el entendimion- . 
íto, ni el corazón. Ksa filosofía mentida que marchita 
»y. seca cuanto toca, ha podido empeñarse en tan in- 

• sensata taren; pero aun cuando la religión y la razón 

• no le salieran al paso para confundirla, protestarían 
»si duda contra ella las bellas letras y las bollas artes: 
«ellas que so alimentan do antiguos íecuerdoa; que 
•hallan el manantial de sus maravillas en elevados 
»pensuinie titos, en cuadros j^raados y sombríos, en sen- 
*liiiiiefitos profundos y melancólicos; ellas que se com- 

• placen en alzar la mente del hombre á las regiones 
»de la luz; en conducir la fantasía por nuevos y ex- 



C.ooyk 



KS PIUriNAP ?í 

>travíados senderos; en dominar sobre el corazón con 
•inexplicables hechizos. 

»No; mil vGcos no miénlpas exista sobre la tierra la 
'Religión del Hambre-Dios; mientras exinta esa Reli- 
'gión divina serán santos altamente respetables «nos 
• Institutos, cuyo objeto primordial y genuino es reali- 
ízar, lo qu<i el cielo se proponía ensenar á los hombres 
íContan elocuentes j" sublimes lecciones. (1). 

Demostración palpable de esta verdad nos ¡a ofre- 
cen Francia, España, Alemania y otros paises. Con- 
cretándonos á las dos primeras hemos de fijar la 
atemión sobre un hecho <)bservado en ellas. 

En Francia fueron suprimidos todos los Conventos 
de ambos sexos el 13 de Febrero de 1790; y en 18:-}3 
los (íenedictinos se instalaron ya en la Abadía de So- 
lesmes; en 1830 reaparecieron los Trapenscs: en 1840 
los Dominicos bajo la direoción de! (iélebre orador sa- 
grado P. Lat^ordaire; y poster'onnete los Pl*. Agusti- 
nos de la Asunción. V prcoi.samonte, Francia, donde ia 
vida ascética parecía haberse extinguido, no solo se ha- 
bía adelantado á otms paises en eslo m;>vimienlo de 
regeneración y progreso, resniTltamlo las Ordenes an- 
tiguas, sino que tambiiMí engendrando la mayor parte 
, de las nuevas Cungreiíaciones religiosas, muchas de 
las cuales han ílorecido tanto que son el regocijo de la 
Iglesia. Pedro José Gondi-in fniidó en 1805 una casa 
para la educación de misioneros y obtuvo de Pío VIMa 
aproboción líe la tiiitíva Congregación de Picpus corn- 



il) Balm, Piot. 1 



j,vCi>oj^le 



íí LAR COSPrtRÁCfODPS heligiosas 

puesta de Sacerdotes seculares y legos, y distinta de la 
sociedad de igual deriOTiiinacióti de la Oi'den tercera 
de S. Francisco. Jimn María Lamennais hermano del 
desgraciado escritor de este apellido, v antes Vicario 
general de BrJeiix: y el Párroco des llaves de Auri fnn- 
daron la Congregación de la Instru(M;ión espiritual, yje- 
tiisfrerffs, qnc í<e dedicó'enla Norniandia y en laBrc- 
taniaá instruir á los niiios de ios aldeanos pobres. La 
sociedad ée S. José, fundada por el Párroco Dnjarrie de 
Riiidle en e! Loira, tuvo el mismo ohjeto qne la Con- 
gregación antes mencionada, sin excluir el cultivo de 
la música. El judío convertido, P. Francisco Libennann 
ftiiidó la Congregación del inmacnlado Corazón de Ma- 
ría, la cnal se fnndió después con la del Espíritu santo, 
reuniendo ambos nombres. La Congregación de Nuestra 
Seííora do Sión fundada por otros dos judíos conver- 
tidos, los hermanos Ratisbonne. Los Sacerdotes de Ma- 
ría por Kngciiio Mazcnod. La sociedad de los Padres 
de la Fé, qne se formó con permiso de Pió VI con Sa- 
■ ccrdotes de la disnelta Compañía de .Icsús. 

Más numerosas fueron las Congregaciones de Religio- 
sas. Las del S.igrado Corazón: las de la Sagrada Fami- 
liii; las Honnaiias de N. S. .lesurristn para la educación 
de las ninas; Las Señoras de la Providencia; Las Her- 
nuinas de S. José .de Cluny; lasdeSióny Montauban 
para el consuelo y moralización de las rcciusas en las 
caréeles del Estado; Las de S. .Iomó de Alby para la en- 
señanza y asistencia de enfermos; Las de S. Justo para 
el mismo fm; Las Hermanas de Loreto en Burdeos; 
llamadas en Esparta, del servicio doméstico; Las Seño- 



L'.ooíílc 



KSFII.IPtHAS, 73 

ras del Buen Auxilio para la enseñanza de niños po- 
bres y para la a3istenciaá Ioí eiifennoí en sns propias 
casas; í,a de SLo, Tom^fi de V'illanneva; I,a de Sta. Mu- 
ría; La de la Misericordia de la Sanlisinm Virgen; Las 
de S. Andrcs; SanUí'inia Trinidad; Santa Alianza; Santa 
Cristina para !as ncfiOriidades de la clase media, y la 
enseñan/a elemental enlas «íudade.s: í,a de la Infancia 
de Jesi'iB y de María'para la ediicacíinn de los jóvenes 
de familias poco acaudaladas: La de S. Cárlus para el 
servicio de Matrimonios; La fnndada por Eugenia Stnet. 
íá) doña María de la Providencia ipte dirige Colegios y 
asilos de haérfaiios en el exiranjero y hasta en China. 
A toda& estas podíamos añadir intinraerabíes más de 
Congregaciones y Asociaciones libres, destinadas d fines 
diversos segini las necesidades de la sociedad y de la 
('•poca (11. 

Kl 11 de (lelnhi-c de ls;i« fueron suprimidos todos 
los Conventos do ((rdenos religiosas en Esparta, excepto 
los de Misioneros |)ara Ultramar, y los Escolapios; y hoy 
no hay ciudad ni piielilo de alguna importancia que 
no cuente con algi'iu Convento ó residencia de las an- 
ttgnas Ordenes moiiitólicas, 6 de las nuevas Congrega- 
ciones modernas, iforqiie todas las de l''rancia han 
i-eeibido-^ealta do naluraleza en la católica España; se 
han difundido y han prosperado taiito que no hay la- 
. gar ni villorrio en dondo no se vea alguna librea cris- 
tiana en el háhito de algún líi'ligioso. Además de las 



(I) S<.liarpli iTi, Hi j -1, iiuiuis LiüiiXtll Ala 
BOcieilnd 'Olivui, cu Paus U du Hai¿o 1371 



Coagregaciones de fandaoióii extranjera, y det cesla- 
bleeiinieiito de \o¿ aatigiioi Instituios Religiosos de Be- 
nedictinos, CaPtnjos, Trapeiiít'á; y los mendicantes de 
Douiiiiicua, Agustinos CaLsadoa y Descalzos; Franctsca- 
noá, Canittílita-5. Ti-lnilai'ios y Mercenario.*: de los Je- 
suítas y Paules; tllan sidu fundados recientemente La 
"Congregación de Misionei-os de! Inmaculado Corazón 

'»de María por el Venerable SenOr D, Antuno María 
■=Claret. Doña Micaela Desmaiásieres, vizcondesa de -lor- 
•baíán, — en la líoligión Madre Sacramento — fundó las 
•> Athiratñces, con el doble objeto de la adoración per- 
»lHHLia del augusto Sacramento, y et de recoger jóvenes 
» extraviadas; y también las que voluntariamente quie- 
bran retirarse á las casas del Instituto. D. Saturnino I<ó- 
= pez de Novaa, Chantre de Huesca fundó en líí74 L«« 
' fíermimitas de Iw aiiciunox lU'iumparadiis dedicadas k 
'los cuidados délos ancian<is jwbres. O. Miguel Mavti- 
»nez Sanz, Púrniíío de Cliamberi fundó en ISñl Ims 

. 'Siervas ¡fe Marin ij Las Sivi:m,< de Jeaúx. dos ramas de 

• un mismo árbol; dos rayos de un mismo sol dirigidos á 
>un niisni'i lin, Inasistencia ¡I los ont'ermus en sus doitii- 
^eilios. I.Ds Padres Agns(,inos Descalzos fiabtno Sán- 
»chez tan conocido y respetado -en Madrid, y Ángel 
■•liarra lian sido desjiués el alma de la CongrOi^acióü 
'■de las Siervas de María ya aprobada en Roma como 
•las dos anteriores. Debido a la actividad y gestiones 

• del Presbítero Oso se han estai)ÍecÍdo en estos últimos 
safios La» Taresinnm, fundación de Doña .Joaquina Más 
»en Vich el año de 1836; llamadas ahora, Hermanas 
"Carmelitas de la Caridad, dedicadas á la ejiseilanza. 



e;ooj!ic 



FN F¡i.rrt?íAf 



• Las Hei'maiiitas de la liimaetilarta fundadas poi' Doña 
»Vicenta í-(jpez de Vicuña, — -Na Madre ViceiUa — : Las 
«Oblatas del S8. Rcdenlor, luiidadní pur el Venerable 
, 'Obispo de Daiilia; Las Heniiauas de la SS. Trinidad: 
íLas H(js[ji talarías: Las Hijas de Jesús y nlras más que 
>no reeoriJarnos en este ruoineiitos (1). 

Y tiene rjiie sncoder aái, porque en ludu tieniijo 
habrá almas escügiUas: espíritus privilegiados capaces 
de cüinpreiider ta alteza y santidad de la vida clans- 
traL Lo sublime, lo heroico, alme, cautiva, conmueve 
y entusiasma siempre: y sublime y heroico en sumo 
gradü es el sacrificio de la voluntad en aras de la obe- 
diencia regular; la. renuncia á las riquezas y placeres 
de la vida mnndana en una ójxica (jne xio adora otro 
Dios que el oro, ni reconoce olw poder que el del che- 
que al portador; estar siempre dispuestos á partir á la 
primera lirden detras de las huellas de sus antepasa- 
dos á llevar la luz de ¡a fe y los beneficios de la civili- 
zación á las Pieles rujas de America, ó á las feroces 
tribus del Afriea; á los pueblos nómadas de las pam- 
pas, ó los estacionarios en la Cliina: á misionar á sal- 
vajfcs igorrotcs óá los fanáticos discípulos de Confncio; 
á encalcarse del ministerio píirrin|niai de un pueblo ó 
del ministerio docente de un G(]legÍo. Hue sucumbe al 
recorrer tos bosc]ues vírgenes, al atravesar los ños, al 
"encaramai-se en las rocas, al caer en un precipicio, ó 
victima de las garras de un tigre, de la mordedura de 



., (1) P. üiicilhi. Coiiii). lie Ki.-t, ecle. d. Es|) Te 
sexto. ^ 5. SS U. 



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7ñ i.A? ("irtnroTnrinyFPnpr.mroeAs 

las serpientes ó de la glotoneria de los antropófagos, 
¿qué importa? ntri) fioiiipailero seguirá sus pasos, y al 
encontrar los rest<w del mártir abandoiiaJos por los 
caiiibales ó las fieras, lor- sepultara piadoso y eompasi- 
vo, recitara brevo oraeión fúnebre, colocarsi en aquel 
sitio una eniz y soguini su camino, (iispaesto á sufrir 
igual suerte. Nú: no ha pasado el tiempo de las Corpo- 
raciones iTioiiíislícas, til pasará, mientras haya en el 
mundo dolores que consolar, enfermos (¡ue cuidar, po- 
bres que socorrer, pecadores que convertir, é infieles 
é ignorantes que civilizar é instruir. Vedles siguiendo 
las huellas del salvfije por barrancos profundos, aven- 
turarse en medio de los rios sobre algunos maderos; 
ó de bosques no hollados por planta humana; vedles 
atravesar muy á menudo inmensas distancias, por sen- 
deros fangosos, por lugares inacesibles' para reunir el 
rebatió de Cristo; haecrfie todo para todos; habituarse 
á sus repugnantes comidas como ranas crudas, ó caza 
aun sangrienta; dormir en fétidas cabanas; labrar tie- 
rras vírgenes i'on iuslrumentns de madera, trabajará 
destajo juíenlras le contempla el ocioso salvaje, ense- 
ñarle i'itiies oficios, destruir el origen de su glotonería 
y dai'tes una idea de lo que menos pueden compren- 
der. Xa Providencia. Seria prolijo .si hubiera do seguir 
los oseiirfis pasos de estos Maestros sin altanería; bien- 
hechores sin esperanza terrena y mártires sin fausto. 
ta historia no suele atenderles, no suele darles un 
nombre inmortal, como tampoco se lo da al humilde 
arroynelo que derrama Ja abundancia por los campos,. 
mientras alabamos y llamamos rey, al Tajo, y al Daero 



j.^CAX^^íi-t' 



KM FltJI'lNAS ?í 

y al Ebro <|ne devastan !a campina ilevando la deso- 
lación á tudas partes. Todo esto os el Reügioso que 
ahora, conu» antes y cuiiio siempre, y lo misiiKi en Áfri- 
ca, Asia y AiTiérica que en Ocoania y Kantpa ha 
llevado coiisigii las cieiieia-í las artes y la cultura de 
la eivilizaeiún á las perdidas islas de inarpíí ¡gnoto^ y 
á loH iJltipTios confines del rjitindo coiiociiio. 



Ho.tedbyGoOglC 



ViH¡tiiutn.-'Jh:scnhfiiHiettto. — I'i'iMervn Slisionm-o», — 
líe/i¡/Í6n ¡I giiliíerno; eulntlo social ¡/ nÜHtero tle 
7Hthif.Hn.fes en el imí».~Temof y ^Imtconfittnza de 
Ion CcImtttwn. — TSl naiito Niiin.— l,nn niñeo Fatlres 
Ajfitstino» de, In ükr.iieilMón, ile I.e¡iasjH. — Guerras 
entre ton indios, y ttrtnaii <¡ue unalian. — Los J-'rai- 
Ica autores tie (wlo lu (Uil y lienejiciof-o del ¡)Uis.~ 
Lon mediquillos 6 ciu-audcron Íur!íos.—Lus Httluti- 
laties. -El CnpHiiii />. I'erh-ii ^Totule/tir y el /*. Si- 
citláK J'iirits. -Nticlmiihton; matrimonios y fune- 
r<tíes,- — Dítnsas: el colnstsi. — Hnpersticiones; los 
turnaos; lo» nonos y los asuaiiei* - Ilec/iiceHas.— 
El tainao y ton Oipifnttes />. Modesto deronti y 
JJ.ttiisé iMeuittiXfi. 

Kt á7 de Abril () el ario 15fi5 !iiTÍIiaron á las playas 
de Cehii los ciiníu i>rimci'(js Religiosas de la Ordejí de 
S. Agiistin; Ins cuales eiiihareaniii en la exjiedicióii di- 
rigida pnr niiii de ellos, Kc. Andrés l'rdanela. al man- 
do de íi. MÍRiiel I,6|ioz de Logaspi; Cí^Le coii el íiíido 
y tinnilirimiienli) prfu'isiotial de Geneml de la Armada; 
sin que la dicha direceióu del I', lii-danela ainengiiafa 
poco I la gl a ni I it. de! | le le To 

berm e I i 1 d f I át o 1 uj o d t sjob] ] le 
tuvo el a t y I Hle t le al e Lia o x lo 
niara II so I X as s el o tüs j 1 \ fey Mba 
caiii 1 d t I a i e 1 sa ta ar 

dua Y d ti i 1 r I a 1 gl ala f el 

Virej D A to 10 dt Me duza 1 al a olrcc do el ai do 



;dt,y Google 



y la dirección de la (!xpedií:i6ti sí^gunda ai P. Ki-, An- 
drés Ij'rdanota, iiiie entonces no em todavía Reli- 
gioso; pero si era mi liáiitici expertísimo, aii cosmógra- 
fo consumado y un iiialeiníilico insigne, autor lambióri 
de un luievo derrotero debido las Molucas á Nueva Es- 
pana. El srthio Ordanola declinó e! honor de lan eleva- 
do y arriesgado earg(K no cigrtaineiile jior iiiiedo, por- 
que esta debilidad j,io podía caljer en ei esforzado 
pecho del bravo capitán, coinpanero de Loaisa y de 
Elcano: sino porque ya eiiloncea meditaba una de esas 
resoluciones, qne influyen decisivamente en los desti- 
nos del hombre, y hacen virar en redondo y lomar 
rumbo opuesto á los escogidos como instrumentos de 
la Providencia para más altos fines. 

Cuando el lley I', l-'elipe 11 subió ai iRtiiu español, 
uno de sus |)i'imeros ¡«roycclos l'uo la comiuista políti- 
ca y religiosa de aquel lejano Archipiélago, une llevaba 
un nombre derivado del snyo, ó impuesto por Ruiz Ló- 
pez de Villalobos; y del cual hacían una descripción 
maravillosa aquellos primeros exploradores que proce- 
dían de México, y todavía se adnnraban después de 
haber visto la naturaleza americana en todo su esplen- 
dor y magnificenciii, al eouiemplar la exuberante ve- 
getación filipina. Con este fin dirigió el Kcy a su Re- 
presentante en ¡México inia cédula de ruego y encargo 
para ser entregada al ya Religioso Fr. Andi-ós Trdane- 
ta, en la cual íilemlmente decia:^-Segúu la uuicha 
tiioticia que vos diz que teuóis de lascosas de aquella 
«tierra, y entender como entendéis las cosas de la na- 
»vegación de ellas, y ser buen cosmógrafo, seria de 



:lj,C00glC 



K<l r.As ni>Ri'oi;.\ni(í\T,Hrii-.r,ifir'i:i.\(í 

-grande eíecü) que vm íiierades ea los dichos iia- 
"Víüs, así por lo (¡ue loea á la dii'lia navegación, como 

• »j>ai'a el servicio de Nuestro Seiior .-El hiunildo Re- 
ligioso a(;e|jLO cnlonccn lo que había rehusado el ma- 
rino ilustre, por<|uo ahora llevaba la ttiísión de couqnis- 

|« tar almas para JesucHylo: y antes, le proponían la de 
IJI^ conquistar gloria y'riqutíziis para SI y paraolros.fl í'uéei 
quedesignó paraíleneralde la ArniadaáD.Miguell.ópex 
de Legaspi, iH también el qiie señaló laclase y núme- 
ro de las eniiiareacioiics: y él, ooii su experiencia y 
dotes náuticas «I que copiduj<i á las playas cebuanas á 
aquella memorable expedición, (pie jiusu l<»s cimientos 
de la conquista política y mora! del Archipiélago Ma- 
galláuico. l-a Oi'den Agu3tiniaiia,(pie ya anteriormente, 
había tomado á su cargo la conquista espiritual de los 
pueblos filipinos; y habia embarcado á cuatro de sus 
hijos con este objeto en la desgr-aciada expedición de 
Villalobos, orredó la hacienda foda y Jas vidas de todos 
.ellos, entusiasiTiados por la relación de los trabajos que 
pasaron aquellos (-uati-o primeros mártires del deber, 
los cuales habían viiolbi á Nueva I^spaíia desde Lisboa, 
a donde Lai'daroii en llegar desde (i'ia siele años. I,a 
historia ha (conservado sus nojnliresgloridsos, que con- 
signamos aqni como un Iributo de nuestra admiraciÓTi 
y rsspett). Fueron e.sto.'^; los t'P, Kr. .lerónimo de San 
Este?an; Fr. Seíiastián do Trasierra: Kr. .Nicolás do Pé- 
rez; y Fr. Alonso de Alvarado. 

Dice el Sr. Ketaua (I): 'Legaspi no era hombre de 



{!) Política de Esp. en i'jüpi. n." ÜDañoIV. 



C^.txíylc 



M 



• iiinr ni de armas, ni tenííi en si¡ hoja de servicios otra 
■ parMoiilaHdad digna de mención qni? la de ser... es- 
»cribano. liste viejo— pues viejo era — por defigiiación 
>de Fr. Andrés Urdanola, fué de jefe de una flota i^ne 
tnosupo guiar: y se vio de Capitán general y Adelan- 
>tado ciñendo iiiía ft.=ipada, que probablemente no su- •; 
»po nunca exgrimir, y diclaiído providencias, él, que 
•hasta entonces no había hecho otra cosa que copiar 
ílas que le habían dictado. No trato, no de enipeqiie- 
Bñecer la personalidad del piado.-o vizcaíno, fundador 
"de las dos primeras poblaciones de españoles que en 
íFilipinas hubo (Cebii y Manila): trato de reducirla á 
ssiis verdaderos ümilof, e.xponiendo al pinipio líeuipo 
»á la consideración de lo,i leclore.^ el hecho do que 
«habiendo i'racasado la^ precedeiUos O-xpediciones, no 
vhnbiera fracasado la de López do Legii^iii, únina di- 
>rig¡da cientirica y políticamente por cinco Religiosos 
(Agustinos!-. 

La relación que los matro Religio-jos de la expedi- 
ción de Villalobos hicieron á la comunidad de los ¡jp- 
ligros de la navegación; de los suTninientos del naufra- 
gio y de ias penalidades sin cnenlo en siete años 
perdidos para la religión, la piítria y la Orden lejos de 
aminorar el valor de sus hennanos, lo avivaron y en- 
cendieron, y todos hw AguFlinos do .Mé.xieo se ofrecie- 
ron Voluntarianionte a! Vii'oy y ál.egaspi |iara aípiella 
gloriosa empresa. Bien puede docir?!C que aquella me- 
morable eNpcdieión so organizó en la íiumüde celda del 
P. Urdaneta y salió moralmente de los elaustros Agns- 
tinianos. En México había Jesuitas y Religiosos deotras 
7 



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82 t.AS ("nfii'onAmnMís nELinioSAíi 

Ordenes irioiiástkas, todos observantísimos y celosos de 
la gloria de Dios y de la Halvaciim de las almas tanto ó 
más fjuo los Agustinos; y sin embargo, cuando et Em- 
perador Carlos V, animado con la relación de los. nue- 
vos descubrimientos hechos por sua vasallos con tanto 
' arrojo y buen éxito auiiqi^e á. costa de inauditas pena- 
lidades y desastres, dispuso, la conquista definitiva de 
las Islas del Poniente, y ordenó ai Virey de México la 
organización y el despacho de una hueva escuadra con 
dicho fm, encargó muy expresamente que fueran en 
ella individuos de alguna Orden religiosa, para que la 
conquista espiritual fuera sininUáiiea con la política— 
y; ¿quién sabe si aquél gran hombre aleccionado por la 
experiencia, no entrevio que la Religión había do pre- 
parar y sostener con sil poderoso influjo la conquista 
por las armas, efímera siempre, y más k tan largas 
distancias?-el Virey O. Antonio de Mendoza eligió á la 
Orden Agustiniana para ser la compañei'a y auxiliar de 
los nuevos expedicionarios, que levaron anclas de! puer- 
to deNatividad con rumbo á las islas de! Poniente el 1° 
de Noviembre de Í5i2 al mando de Uuy López de Vi- 
llalobos, Experto piloto y capitán excelente Villalobos, 
lafortona le fue adversa; juguete de los vientos y de 
las corrientes submarinas; vencido por las contrarie- 
dades de todo género, la expedición fracasó. Villalobos 
falleció en Amboino consumido por el dolor y la tris- 
teza, auxiliado en sus últimos momentos por el Apóstol 
de las Indias S. Francisco Javier, y por los cuatro Re- 
ligiosos Agustinos cuyos nombres hemos citado aiite- 



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RM FILIPINAS 8i( 

nórmente |_1). A Villalobos habían precedido enel iniamo 
camino, con eí mismo fin y con igua] desgracia Estevan 
Gómez; (íarcía Loaisa; Sebastián Elcano; Martín Yítíiez 
y Alvaro Saavedra; y & todos ellos el inmortal Hernan- 
do de Magallanes que dio su nombre al Estrecho que 
pone en comunicación el mar Pacífico con e! mar del 
Sur descubierto por IJasco Núüez de Balboa. En l&pri- 
mera quincena de Npviembre de 1520 atravesaba Ma- 
gallanes el Estrecho que habla de inmortalizar su 
nombre; y el 27 de Abril del siguiente año expiraba en 
la isla de Mactaii, entre las horribles convulsiones, que 
le causaba la pouzofla de una Hecha envenenada con 
la que fué herido en una refriega, que sostuvo con los 
indios en defensa del reyezuelo de Cehú su protegido. 
Esta fué la priiiiera sangre española, que cayó como 
benéfico rocío sobre la tierra filipina. Sangre de héroe; 
de sabio y de buen cristiano había de ser fecunda en 
fructos de bendición. Días después de la muerte de Ma- 
gallanes, fueron traidoramente asesinados en un festín 
ofrecido por el reyezuelo amigo de Magallanes el suce- 
sor de este EduardoBalfaosa, y veinte y cinco españoles 
más fiados en el pacto de sangre celebrado entre su 
jefe y el raxa Cebuano. 

El inicuo proceder de los indios Gebuanos motivó, 
que, cuando el 27 ríe Abril de 1565 arribó á las pla- 
yas de Cebú la expedición do Legaspi se presentaran 
los indios en actitud hostil, esquivos y desconfiados. 
Con el título de Adelantado; con el carácter y autori- 



(l) P. 2úfiiga.HiBt, deFilipi. p. Gi 



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8Í t.,\S (:(i]ii'nR,\rTn>¡KSlinl,ir,ii)s\,'< 

dad de Golieniador de los [)aist;ri que eonqniítase, con 
ios amplios [lodei-es qu<! las eireiriistaneia.s requerían, 
recibió hegaspi del Vinív de Méxiei> el eiieai^o que 
hacía Su Majestad I). Felipe sognndo á los.leíea todos 
de expfdieioiies ultraiuariiias, de un hacer uso de las 
amias, sino en casos extremori y precisos: y de em- 
plear con los- indios lenipemnieiiti) de benignidad y 
prudencia; lo cual se acomodalia poricctainente al ca- 
rácter bondadoso do Legaspi, diplomático más que gue- 
rrero; y contribuyó muy eíicazinciile á que los indios 
fueran deponiendo poco á puco la actitud hostil, y la 
esquivez que maiiifestaron al principio, temerosos de 
que los nuevos expedicionarios fueran A vengar la 
traidora muerte dada á los compañeros de Magalla- 
nes, Algunos indios mítí audaces se atrevieron á subir 
abordo de la^ pequeñas carabelas espíiriolas, que á 
ellos les parecían grandes monstruos. Fueron (ralados 
con amabilidad de orden de Legaspi; se les permilió 
tomar lo que gustaron y tocar y examinar cuanto era 
objeto de su admiración inianlil; pero siempre atenta- 
mente vigilados por la tn|>ulaciün. De vtielta á la playa, 
refirieron á sus paisanos maravillas de lo que habían 
visto. Las carabelas ci'an em.trnics pariros 1 1 1, los tri- 
pulantes oran blancos intqiali; manejaban el rayo,— 
los cañones y arcabuces: bebían /'etei/o; —el cigarro y el 
luimo que echaban por boca y nances las cuales les 
parecieron de una longitud doseouninal; — comían jiíV 

<li l'irRgiia" ccn boi(]:is áe tejido dt coitezas de c:iña9 



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P\ FTMrtVAS ■ flíí 

liras— galletas — ; y llevaban ana ola tan larga,— la 
espada — que la arraalrahau por la tierra. Tan estupen- 
das novedades atrajen)» i'i las carabelas castellanas 
miiUitiid de eiiríosos; se estableció el eaiiibio de efec- 
tos por víveres, y la deseonfiariza mutua fué desapa- 
. reciendo. Saltanin i't tierra algunos H^spafDles y eneon- 
Irapon una imagen del Santo ,\-iño olvidada ó abandonada 
en la expedición de .Magallanes, la cual ei-a ya vene- 
rada por los indios; sor|) rendidos y emocionados aque- 
llos viejos españole.-', se postraron de rodillas y adora- 
raron la pequeíia iniilgen, iiresagio feliz del buen éxito 
de la expedición. Gran efecto hizo en los indios la re- 
ligiosa dcmostrariOii de los Españoles: aqnella imagen 
filé el primor lazo de unión entre nnos y otros; la co- 
munidad de senlimientOH religiosos les aproximaba: se 
iniciaron los tratos: se estvecharon las amistades, el 
reyezuelo de Cebií, Tupas, reconoeiú la soberanía de 
España, y l.egaspi tomó [losesión de la isla de Cebú y 
do todas las filipinas en runnbre del Key U. Kelípe II. 
lié aquí á ciiatronioutoH c-íiiaíinles y einoo Reli- 
giosos Agustinos, con malas armas, escasos recursos y 
á cinco mil leguas do su pAtria ili-ipuer^los y prepara- 
dos A la conquista de mil (nnitiMoientas islas y más de 
cuatrocieiit.os mil' indios salvajes y aguerridos. La em- 
presa er¡] de litanes: ardua y dilicilísima |>or demás, ya 
que lio Iitimanainente inqtosible. Pero aquel puñado 
de Espafiolea era de la raza de los Macabeos, -y como 
estos decían: la victoria no eslíV en el ni^mero sino en 
la virtud del cielo— (IX 



(1) Mftcab, a. 



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86 LAP COnPOlUrtONESRELtfilORAí" 

Había observado Legazpi, que el acto religioso eje- 
cutado por los Españoles ante la ijeridita imagen del 
Santo Niño, había sido la fuerza de atracción: !a que 
había disipado la desconfianza y avivado la curiosidad 
de les indios: y con la perspicacia que le distinguía, 
comprendió que allí la religión había de hacer la con- 
quista del país. Este pensaniiento muy conforme con 
el carácter pacifico de Legaspi y con el encai^o expre- 
so del Rey, salvó á la expedición y aseguró la con- 
quista pacífica del Archipiélago, Consultó Legaspi con 
ei P. ürdanela sus proyectos, y merecieron la apro- 
bación de este; desde aquel munienLo tomaron á su 
cargo los cinco Refigicsos Agustinos la evangelización 
de medio millón de habitantes esparcidos en centenares 
de islas: ia historia debe consignar en letras de oro y 
perpetuar en mármoles y bronces los gloriosos nom- 
bres de aijuellos celosos Misioneros para admiración y 
veneración de las generaciones presentes y futuras. Los 
PP. Fr, Andrés ürdanota; Fr. Andrés de Aguirre; Fray 
Martin de Hada; Fr. Diego Herrera y Fi', Pedro CJamboa 
fueron los cinco Religiosos Agustinos, que confiados en 
el auxüio de Dios acometieron una empresa inverosí- 
mil, superior á toda fuerza hujnana, en lacual, lo pro- 
bable, lo seguro seria la muenc tras horribles tormen- 
tos (1). No se detuvieron á considerar los riesgos que 



(l) Dice RetniíB. loo. cit : "Fr. Andrés Urdaneta no so- 
"lo habfa sido máTÍmo peritisimo, eiao que ademán coDccla 
"yft poc experiencia 6 loe MaUyoc; Fr. Martin de Rada, 
"otio de tos Religiosos de laexpedicióa, eia nnade las más 
"sobreHaliíBte» tiguiaa de sú ópoca éntrelos matemiticoB y 



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EN FILIPIN'AS 8? 

coman; íos trabajos que los esperaban y dificultades 
con que tropezarían; y ¡«inTíadiiñ en la Providencia, 
guiados por la caridad, ]peneli'afoii, ignorando el idio- 
ma, sin dirección determinada, armados con el cruci- 
fijo y el liliru de rezo, en Ins tmiíques LÍeseonocidos, en 
las selvas víi-genes no holladas por planta civilizada; 
puesto en Dios el itensaniieiito, y l(w ojos lijos en ei 
horizonte para doscnbrir, á falta de sendas y caminos 
un poco de humo que les guiara á lachoza de! salvaje; 
algún indicio de huella humana; algún desgraciado re- 
dimido con la sangre preciosísima de .Teaucristo. No 
iban en !)usea de oro, ni de honores, ni de gloria mun- 
dana. El salvaje acecharía su paso, como el tigre á su 
presa, y la azagaya ó la Hecha cortaría el vuelo á la 
caridad del Apóstol, ¿Qué itnportabaV bus huesos inse- 
pultos, descarnados por los animales carnívoros, blan^ 
qneados por la intemperie, calcinados por el sol ecua- 
torial scrvirian de guía á otros de sus hermanos en 
Religión, ([ue seguirían smh pasos, les devolverían eV la 
tierra, le rezarían breve oración fúnebre, y prosegui- 
rían sn camino con el uiismo lin, y tai vez con mejor 
fortuna para gloria de Dios y salvación de aquellas po- 
bres almas sumidas en Ins tinieblas. 

Asi peiiHarííui at|nellos Religiosos al hacer á Dios 
el sacrificio de sus vidas, no tan costoso para ellos, que 
ya le habían consagrado su voluntad por medio del 

"nautas: Fr Diego de Herrera; iV. Andrea de Aguirre y 
"Pr. Pedro de Gamboa, Agustinos igualmente eran como 
"floree escogidas eu el espléndido campo de los trabajos 
"apoatóUcoa raalíjiados en América.,, 



d.vCoo-^le 



«8 r-As rnHpnRArin.vFP RFi.ir.insAS 

voto de obediencia; ya hahian renniieiado r!(|uezas, 
honores, posición y dignidiides por el voto de pobreza; 
y á todos los placeres riuindaiios por el de la castidad. 
No ei'aii cieptaineiite lo3 peligros lo <jae preocupaba á 
los iiilrépidi^ misioneros en medio de los bosques; ni 
el temor á la iiinerto el que detenia sus pasos para 
orientarse por entre a(jiieila vegetación exhuberanle y 
para enjiiiíiir el sudor (jiio á chorros corría por las 
abrasadas Trentes; era el vacio q<ie observaban en sn 
derredor; el silencio profundo do las grandes soleda- 
des-Ni lina casa, ni una choza, ni el más leve indicio , 
de liabitdción humana. Sin hrdjula, sin noiie lijo.., gira- 
rían iiicíisantomente dentro de nn circulo sin fin? 

ignoraban todavía que el indio filipino estimaba co- 
mo to que más valia la indO|)endencia individual, y por 
este motivo y por otros que apuntaremos más adelante 
procuraba sustraerse á la autoridad del reyezuelo de 
Cebú, y gusliiba de vivir aislad<i con" su nuijer y sus 
hijos; libre coitio el aire, dueño absoluto de sí misino 
y de su familiíi, oculto en el bosque á la sombra de la 
Irondosa copa de un árbol, ó debajo del raquítico te- 
cho de ini.-eriiblc cabana^ enclavada siempre en las 
cúspides de las colinas ó u! borde acantilado de un 
precipicio ó profundo barranco, ipic le servia de reti- 
rada por seudíis tnrtuOHas, díítcilos y desconocidas en 
caso de iuiniíieiite peligro. ííi indio rrli|i¡no ha repugna- 
do siempre la vida social, perú en la época de la lle- 
gada de. los Españolesera nniy juslílieado ciertamente 
ej horror que le infundía el poder despótico del raxa 
ó caeipue. Kn dicha é|>oca eran lautos los reyezuelos 



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cuantos eran !os poblados de una isla. El poder real 
em absoliilü m\ itiás códigos, ni más leyes que la vo- 
luntad 6 cafirifiho del Cacique; |>iiüs aiin([(ie conociaii 
la escritura, carecían de derecho ei^crito, y solamente 
algunas custiimbrcs consagradas por la tradición eran 
respetadas por las tres clases, ijiie coinponiau la pobla- 
ción; Keñfur.-i,- timauas — -lihi-ea-^ii eaclavos. La esolayitiid 
existía á la llegada dwlos Es[)añnlcs, anni|iie más tem- 
plada y benigna ijtic entro los Koinanos y otros pne- 
blos: y cuntiiuió csisUendo bajo la dominación españo- 
la, auntpie prohüiida por la Religión \ las paternales 
Leyes de indias, y ¡lersegiiida por las Autoridades: pero 
se ocnltaha tras la mascara del servicio doniéslico 
para no caer iiajo la acción, penal del Código. Hemos 
(íouocido familias al servicio de indios ricos de las cua- 
les lodos sus miembros venían sirviendo á amos sin 
entrañas, siicediéndoso tres y cuatro generaciones en 
tan vil y degradan Le tarea para pagar oelio ó diez 
pesos, que el primer desgraciado do ella jiidió presta- 
dos al. abuelo del amo que tenían cuando nosotros 
supimos el caso, y después de Iraber estado sirviendo 
años y aíios lamillas enteras, resultar con mayor douda, 
ó ainnentada la primiliva. ¿Cóino podía ser esttiV Pues 
muy soucillautenie: cuiíudo lailóiida .se iba í^xtiugnien- 
di) se databa á uno do la rjunilia dcndiu-a ol valor do 
una sortija, V. g.; ó líe oira allinja cualquií'ra que se 
había perdido,. ó no; |)L']'ii ipie el amo daba por ¡icrdi- 
da,: y nada más (pie porque si, el valor de la joya era 
calcado en eneiila <lc dicba familia, y la deuda volvía 
á subir, y los eslabones de la cadena eran remacha- 



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f)0 I,AP rO !1 POR Arto MES RF.tir.lOíAP 

das con más fuerza. En esta foniia se conservaba la 
esclavitud en Filipinas oii [iempo de la dominación es- 
pañola; y Ijajo e.'-La furiuii la pcrsignióe! ííoiiernadorcillo 
de Jaro I). Eugenio [,úpez, único qm; bajó la mano á 
esla gangrena rti)ciat. 

El juego a! (|ue es apasinnadisiuiu el iudio filipino; 
las bebidas aleolt6licaa; los gastos que hasta ahora, ha 
de hacerpara tomar corupafiera;'-10H ocasiouadoü en la 
celebración de los funerales por s«h mayores etc., et- 
cétera, fueron, eran y serán todavía jiíir inuchos años 
los eslabones de la cadena de la esclavitud del indio fi- 
lipino; cadena odiosa, repugnante i]Ufi n\ se desgasta ni 
se rompe, sino t|ue so perpetúa de generación en gene- 
ración, de padres á hijos, hoy como entonces y á pe- 
sar de las leyes, de los Códigos flamantes if reformas 
municipales, que implantaron, en maia hora, en el país, 
los mal aconsejados Ministros de ijlframar Manra, He- 
cerra y otros, <pie pasaron por el Ministerio como el 
tifus por los pueblos cansando i'i la nación mayores 
males todavía. Kn la úpoia citada, el indio que necesi- 
taba un carabao; un cerdo ó arnw para obsequiar á 
parientes y amigos invitados á los funerales de una per- 
sona querida; y el que lo necesitaba para tomar com- 
pañera ó para jugar, jjober, comer, y otras necesidades 
se lo pedia al reyezuelo, que siempre era el más rico, 
á cambio de su hbertad y la de sus hijos por falta de 
otra hipoteca. Escíavo ya del reyezuelo O de otro ca- 
cique, prestaba en la casa, en el pueblo y en el campo 
tddos los servicios ordenados por el amo; le acompa- 
ñaba á la guerra y se batía por sn causa con el aiTO- 



.vGQOgíC 



F,\ Fiy.TriNAR 9Í 

jo, valor y Jesprecin de la vida proverbiales ea los fili- 
pinos. Si aljuridaban los reye/iifiSns, alinndahan mucho 
ináglos ciism IjelH anlve ellos; las guerras duralaii po- 
co, pero eran satigrienLas y al arma blanca, que el in- 
dio maneja ctiii destreza ¡xilina. I,a lari^fa, la a/agaya, la 
flecha, el siamloíig vióaya — sable corle de ancha hoja, 
— eÍ6/Vííííí(/(í/i— machete— oE ¿«/o— cuchillo: y el flarne- 
iioco.ó daga eran wns armas l'avorlLas. Oiiando temían 
alguna invasión abría» po-cos de lobo hábilmenle disi- 
mulados y con una Hecha de caña bambú con la punta 

■ endurecida al i'ncgo también dispuesta en el fondo que 
atravesaba el cticrpo del desgraciada que caía en el 

, pozo. Sembraban las sendas y avenidas de nudos de 
cañas-espinas que tienen tres pinchos puntiagudos y 
afilados, y en tal forma por la naturaleza dispuestos que 
de cualquier modo qne sean arrojados al suelo queda 
siempre una délas puntas hacia arriba. Como los indios 
no usaban calzado, ni le usan todavía, sino en las grandes 
festividades, y su costumbre era y es atacar protegidos 
por las sombras de la noche, no veían las ptias traido- 
ras que se clavaban profundamente en los desnudos 
pies, inutilizándoles para la marcha y ataqne, y si tenían 
la desgracia de que se les mojarael pié herido, la cu- 
ración era difícil y de lai^a duración, y no siempre se 
conseguía, pues muchos quedaljan inutilizados, de los 
cuales ha conocido algnuos el que escribe estas lineas. 
E] esclavo como el Ubre se bate dando gritos y alaridos 
para acobardar al contrario; aunque bravos, son muy 
aficionados -a las emboscadas, pero descubiertos saltan 
con agilidad, se, presentan crgnidos empuñando con 



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92 t,A? rORPOílACIONT? RFí-iniOSA^ 

fuerza e¡ binatigún ó el piaiiitóng— machóle ó sable — ,se 
aproximan al eiieinign haiianiii) la danza guerrera — 
moro moro — inanejaiulu ol siaint'mgeri todas direecio- 
r.eí-, haeicrulo llariieai'su bríllu alus expíen doroaos ra- 
yos del sol intertropical: los ins-nltos é inipn.i|)erios pre- 
ceden y actHnjianaii á los tajos y mandobles, quedan 
y i'eeilion inlrépidon, tui declarándose la vicíoi'ia hasta 
que nno de los .leles de Ins dos bandos huye: entonces 
signen los snyos al Fngitivo, ó solos si ha mnerlo, sin 
orden alguno fian su salvaeión Ala ligerena de los pies. 
Tienen en inny poco aprecio la vida y dan y reciben 
fa muerte con indiferencia y sin motivo alj^nno. Kri .uno 
de los pnchlos (¡nc administré en la última década de 
la dominación española, llamado Maasln, hay nn barrio 
ó visita de nombre Seiuih, sincopa de Siruimlo — me- 
dio real — en la cali^ada para el inmediato pneblo de 
Alimódrari; y dicho barrio fue llamado así pm-que hace 
medio siglo se malaban alli' los indios poi' cualquier 
cosa, por una palabra, p(ir una mirada poruña futileza 
lo (]ne dii'ilugai' áquc la genio dijera qne en dicho 
barrióla vida de uu hundu'c no valla nn Sícm'do-me- 
dio real -de aipii el nomine do Smiih que dieron al 
higar dicho, V no os que el lemperanionlo del indio sea 
, irasciblo, irritable ó tnipetuoso, pnes es todo lo contra- 
rio; sino ponpie no tiene apego ñ la vidy propia y me- 
nos á la agena, y el dolor más intenso no le hace 
contraer nn solo unísculo de su rostro aceitnnado é 
inqiasilile. 

No obstante se pone en manos del mediquillo, — ma- 
nog-bulóng en viáaya para curarlas heridas, las enfer- 



j.vCoot^Ie 



;):í 



medades culaiieas y algunas oirás, (KjeasiiKis,qne suelen 
padécereridrinícas ó iniporladascnclpaís iinrlori Asiá- 
ticos y Kurop^os-Lasoiiferriiedadcs más coinunea sosila 
elefantiasis; el lucgu dtiS. Anión; el Iferiberi ylaacalen- 
tiiras conlíiuias é ¡nt.ei'iniL<inLes. Aunque el cliuia no es 
favorable á las enfermedades ú afeeeiones del |iiiimón. 
exislcii y se dan algunas |)uliiy)nias tan graves como en 
lod climas fríos; alguwas pienresias; el asina y la tisis 
piilnionar. Todas las curan con inedicinas vegetales y 
animales que abundan eNlraordinariamcnte en la flora 
indígena, y producen efectos tan rápidos y maravillosos 
que son la admiración de los Médicos europeos; lo cual 
no ha sido estímulo baslante poderoso para ipic éstos 
y los Fannacéiilieos hayan trabajado para enriípiecer 
la farmacopea con l)eneiicios imíalculiible.s para la hu- 
manidad, iilili/iando la (]iiiinica ¡¡ata la exlrai-eión de los 
principios activos ó virtud medicinal de. las |ilaulas, y 
haciendo ensayos eon las ipic aplican te mediquillos 
indígenas eon éxito maravilloso, y experimentos en otras . 
nnichas de nuilliple y variada aplicación. En esto debe- 
mos reconocer la desidia ingénita do nueslm i-aracter 
nacional. De la l^^lora como do todo lo útil y beneiieio- 
so que se ha heclm y exisic en Kiliiiinas, es el autor el 
Pie%io30. e! Fraile, tan vi!i|iendiadn y ealiimniado jior 
sectarios y por cnviiliosos compatriotas, Itero admirado 
y alabado por los Exlranjei-os ciíniíredoros del pais (pie 
le han hecho justicia, l'ii l'n'ügioso, un Fraile, el P. Ma- 
nuel Blanco escribió la primera flora filipina elogiada 
y ponderada por los sabios; premiada en las Exposicio- 
nes, y en la cual nuestros Médicos y Químicos habrían 



.y Google 



di 



podido encontrar miles de plañías, fiot'es, hojas y raices 
medicinales, prohadas y expori mentadas al natural en 
miilaFes de casos con electos sorprenden tea; pero solo 
algunas elaboradas por los indígenas, eoino el bálsamo 
de aeeite de Taunlauay se expendían en las farmacias. 
Entre los jnediqmtlos indígenas hay muchos charlata- 
nes; pero se encuentian,. (aiubién entre ellos algunos 
empíricos, á quieiies una larga experiencia y atenta ob- 
servación ha revelado la eftcacia y virtud de algunas 
plantas; y han sido para ellos la Terapéutica segnra, 
que les ha enseñado á ctirai' en pocos dias lierídas 
profundas de arma iilanca y de fuego; á calmar los ac- 
cesos de asma con las llores hlancas del cachutbu; el 
reuma y la gota con el aceite cayaputi; los dolores de 
estómago con el agua, y mejor vino generoso conserva- 
do en maceraci'in en vasos ó i'ecipienLes de manungal; 
las fiebres cotí el hita; y á curar la tisis con asombro de 
los Médicf)s europeos c<in el stnmt y el acá tomados de 
los Chinos, y muy eíicaces lam})ií''n en las afecciones 
abdominales y bronquiales. Otra de las enfermedades 
endémicas muy l'rectiente en el país es el catól, enfer- 
medad cutánea que unas ve<-es se manifiesta con gra- 
nitos menudos y apiElaJos en todo el cuerpo, particu- 
larmente en brazos, manos, pecho, piernas, y producen 
una pioazótv desesperante; otras en granos m¿i3 abul- 
tados pero no tan rabiosos, terminando unos y otros 
en úlceras e.xtensas y profundas do carácter sifilítico, á 
las cuales el indio no da importancia, las abandona á 
sí mismas y desaparecen por sí solas dejando en el si- 
tio que ocupaban manchas negruzcas más pronunciadas 



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en las piernas que en el resto del cuerpo. El bailo á que 
convida el calor sofocante de ¡os rayos del sol que caen 
á plomo sobre la tierra, y e! cual el indio toma á cual- 
quiera hora del día sano, enfermo ó indispuesto sin ob- 
servar regla alguna de higiene, le produce enferme- 
dades grasísimas y no pocas puerperales á las mujeres 
porque las indias se batían á Jas pocas horas de dar á 
luz; los loquios se eoj-taii y con frecuencia sucumben 
victimas de su ¡Jiiprudeneia é igiiorancia. 

En la época del descubrimiento no había mediqui- 
llo— curandero— -que no revistiese el arte de curar de 
ciertas solenmes ceremonias que le daban car.\cter sa- 
cerdQtal y religioso; y se les llamaba y se los llama to- 
davía—pues existen algunos-— fídíniíVaHM. Cuando algún 
enfermo estaba grave, su familia prepai'aba un e-ara- 
éao,— búfalo— ó ini cerdo, cuanto niá^ grande mejor; y 
si era tan polire, que no |)odíH disponer de uno de estos 
animales, preparaba una ó' dos gallinas; llamaba al Ba- 
bailan; acudía este presuroso provÍBt<i de su daga, de 
un poco de smn-pá^ corteza de un árbol así llamado, 
y del ayám, plato grande de cobre de la ¡orma de 
ana batea. Llegaba el Ba/aihaii; antes de suliir á la 
casa del enfermo, echaba ávida mirada sobre la clase 
de víctima, carabao, cerdo ó gallina, que habla de 
servir para el festín, y los aniit [i) do tuba (2) para 

(1) Pedazo de tronco ahuecado de un árbol, de un metro 
de alto y 40 centim. de diámetro en au parte superior ó boca; 
la inferior está cubierta como Ir. de los toneles. 

(2) El jugo extraído del cocotero por incisión y fermen- 
tado artiñcialmente. 



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remojai" ias viandiis y tielu't- hasU etiiin-iügai-üe. Veía 
al eiifci'iii'), le olif^ervalia iiUMil;irnf!ril.e y en pHencio; 
senlejiciosuineMle tjnii j>ítii?;!ui)ts ¡mlahras. ¡través ade- 
manes y fli'^iiilúialivi):- ^fftihi';, iii;iti¡t'est!ii)a á la al,rU 
iuiUda familia, '{ur, n,i mu! nin', ó aigdií tuinan (1) 
— duende --había entrado en el cuerpo del enrepmo;papa 
hacerlo salir era necesarii» ol'recerle algún sacrificio. Si 
ia al'ecoiñii era en (os ojoi, en la Uy;a. ó en el vientre 
podía ser lainliién un gn?atn», una piedra, que el taima- 
do Bailudan llevaba yaá reraudo, muy escondida para 
hacerla salir del miembro enferino ó do su escondite 
en oeasi'in oportuna; pertí cualquiera <pio fuese el ori- 
gen de la enfermedad, no había de faltar víctima qne 
engullir, ni /iil<fi puní i-ciuoJaHu. Ileclio el diagnóstiCJ 
y ei rciucfiio a la iirmu so promedia á sn apÜeación. 
■I-]! ¡i'ilmü'fi' gol|HMl'a i'l a'/íiiii, rmyoíi ecos nietálicos 
alcanzFin á grandes distancias; toin iba disimulada 
irionle el «iiw-j'i'k y e.-^peraba '-on "paciencia á que 
este bi<;icfn sus clcclns, y coní'iirrier'au á la ci'i-emo- 
nia, 1) UicJDr dit-ho, al l'i'slin !ns parientes y ami- 
gos dci eni'ei'Hio. Kt ^itii>-¡Hi iíííuc ima virtud ma- 
ravillosa: á los po(íos ui'>nicnto3 de mascada esta 
corlena arl>oroa (.■.\pei'iuii'i»ta el individuo cierto des- 
asosiego; agitación inlcrini'. ipio ;ír;iiJuiilimMile va acen- 
liiándo:íO hasta CdiiverLir.se i'u violentas cnnvulsio- 
jies. KalonceH os llctíad') para ei Jiaóai/'in el momento 
(jportuno de hacer el aiÑ/o, asi llamada esta ceremo- 
nia. La victima, qnc Hiiole ser un bien cebado cerdo, se 



ti) Usamos ui dial^tlc Vis 



xlbyCoOglC 



EN FlLinNAS 91 

coloca en el centro de la casa bien atada la boca y loa 
cuatro reinos. Lo3 concurrentes acurrncados apiñados, 
pegados á los tabiques de caña de la habitación no se- 
paran ios ojos del ¡íaha'dm\ este de pié cotí los brazos 
caídos, empuñando una daga de fino acero y afilada 
punta espera pue el Huw-jpá obre, con energía; poco á 
poco la agitación interior se traduce al exterior en mo- 
vimientos convulsivosí levanta los brazos y gira primero 
pausadamente al rededor de la mesa que sostiene !a 
victima. Sin darse él mismo cuenta acelera el paso cada 
vez más; se le inyectan de sangre los ojos; blanca y 
espumosa saliva sale de su boca; entóneos el Bahailan 
ya no. se pertenece; ya no es dueño de si mismo; 
sin dejar de girar y dar vueltas k la mesa con ver- 
tiginosa rapide^í, exclama con inarticulado acento: 
JiaUloo; Piit; Saiu'am; son ios genios que iiivocí; el 
vértigo, el frenesí se apoderan de él: es un energúmeno; 
aquello ya no es dar vueltas, ya no os girar; aquello es 
un torbellino, un baguio que arranca chispas de sus 
ojos inyectados; chorros de sudor corren por su cuer- 
po desnudo, y en ana de las vueltas gira sobre si mis- 
mo, hunde la daga en el pecho de la victima; y dando 
un grito espantoso, cae desplomado, estenuado, convul- 
so y sin sentido en medio del estupor y terror de los 
circunstantes. La ceremonia ha terminado. Dejan al 
Babailan en el mismo sitio en que cayó; sacan fuera 
Jos hombres la victima, la iuniolan, la limpian, la cue- 
cen y comienza la zambra engullendo arroz cocido y 
tasajos de cerdo; menudean las libaciones de tuba, y 
• no se queda atrás el Babailan que ha vuelto á recobrar 



.,.„Coo¿;le 



»8 t.AS CORP?lRAi^II>XEfi RFT.ir.lOSAS 

el sentido con el reposo. Después; las danzas, bailes, 
disputas, riñas, heridas, muertes y otros excesos. El 
enfermo muere ó sana; si lo primero, no fueron sufi- 
cientes las víctimas inrnotadas; si !o segundo la cele- 
bridad del Bahaümi crece, y !a fé en el anUn se enn- 
firnLa. 

Ei stiw-pá es iiüiv usado todavía por ios tulisaneí< 
— ladrones^por los juramentados y por los BahaUa- 
nes. A los pocos momentos do tomado produce los efec- 
tos dichos; y cuando obra con energía, se apodera el 
frenesí del individuo que ya no es hombre; es una fie- 
ra, un energiimono, un loco furioso, inconsciente, san- 
guinaino; se arroja con furor sobre los cañones, sobre 
las bayonetas; no teme la uiuerte; es impasible al do- 
lor, no respeta á nadie; echa espiiniai'ajos por la boca; 
convulsiones epilépticas agitan su cuerpo: salta, corre, 
grita tan descompuesto y descompasado, (|ug parece 
un poseso. I,os bandoleros mascan el sum-^ii cuando 
vana robar una casa en donde temen encontrar resis- 
tencia; ú ásaqnear un barrio ó un pueblo: losjnranien- 
tados—morosgeneralmenfc—se arrojan cris (I) en mano 
sobre compañías enteras 6 batallones en marcha ó en 
descanso, dando saltos de tigre: yantes que los cucbi- 
lios de los Mausseres y las bayonetas de ios líemin- 
tong haya apagado C(jn la nniertc el furor sanguinario, 
han hecho ellos numerosas víctimas. Los líahailaties lo 
toman para aparecer A los ojos del sencillo indio como 

idos por sores sobrenaturales por medio de las 



^Ij 'CriS' Bcibie oon lioja ondalada, 



.1 ,,.C(í(>';íIc, 



convulsiones nerviosas, epilépticas que les vuelven lo- 
cos furiosos, rabioso?, frenéticos. Mucho han trabajado 
los Párrocos para hacer desaparecer e^ta siiperstieióu; 
iiiiicho ha» conseguido, pues ya-iio hacían el anito den- 
tro de los pueblos, ni en los barrios próximos á estos 
por temor al Misionero, y porque los indios están ya 
más instruidos y mejor educados, pero todavía se con- 
serva esta práctica, aunque no tan frecuente, en algu- 
nos barrios distantes de los pueblos á los cuales llega 
débil ¡a Hcción del Párroco por la distancia; y desde los 
. que no se oye en el pueblo el eco lúgubre del agihti. 
Cualquiera que intente internimpír la ceremonia del 
anilo^ cuando el Babailan está bajo la acción plena 
del SHm-}MÍ, corre inminente peligro de nnierte, porque 
el BahaiUiii se arrojará sobre él con furor y hundirá en 
su pecho el puñal sagrado. Recuerdo á este propósito 
lo sucedido al capitán ó alcalde municipal de Maasin — 
iioilo — D. Pedro Mondejar. Como mestizo español bas- 
tante ilustrado, muy rico y haber sido capitán ó Go- 
bernadorciilo del pueblo, doce ó catorce años tenía 
sobre sus paisanos no poca influencia y prestigio; no , 
había visto la ceremonia del atütu porque los Babai- 
lanes se negaban á hacerlo en presencia de aquellas 
personas, que, ó por habitar en el pueblo ó por sus re- 
laciones con el Párroco podían denunciarles. Pero el 
capitán Mondejar se propuso verlo, y encargó á sus co- 
lonos y aparceros que le avisaran oportunamente, 
cuando supieran que en algún barrio ó visita del pueblo - 
se preparaban para hacer el unito. No ignoraba el ca- 
pitán Pedro el peligro á que se exponía llegando en la ' 



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loo LAS C(lRPOTlAriOOT.S REUfilOSAS 

hora erilica de la eerenioiúa, que había de ser cuando 
el mim-pá obraha con energía, pero confiada en su 
prestigio y autoridad fuii, í.a sorpresa de los concu- 
rrentes llamó laalenciftn del liafmhm que al ver al 
capitán Pedro se arrojó sobre él coirm una íiera; y gra- 
cias á la ligereza de sus pies y á la torpeza y pesadez 
de las piernas del BahaiJ^n, que era ya anciano, el ca- 
pitán Pedro salvó su vida y no se' vio precisjido ama- 
tar al Jiab'iilm). 

Otro caso: el i'iUiruo ano, isys, de la dominación 
española en íloilo, estaba de Párroco en Lauíbdnao el 
joven Agustino P. l'Y Nicüli'is Puras. Cierto día faé lla- 
mado ú un barrio diatante del pueblo doce ó catorce 
kilómetros para administrar h un enCcnno grave. Montó 
á caballo el P. Puras y se adelanló a los sacristanes 
que llevaban la Extremaunción cnn objetode preparar 
y confesar al enfermo, mientj-as llegaban los santos 
óleos. Llegado al barrio, vio en una casa mucha gente, 
y á ella se dirigía suponiendo que aili estaba el enfer- 
mo por la costumbre genera! en los pueblos visayas de 
espera!' al Párroco la gente del barrio en la casa del 
enfermo para saludarle y asistir ix la ceremonia. A dicha 
casa dirigía el caballo el P. Furas, y ya próximo á ella, 
salióle ai encuentro un indio que le dijo con energía: 
— Padre; no subas ahora (1); espera un ])oco en otra 
casa — ¿Pei'o no está ahí el enfermo? preguntó el Pa- 
dre — Sí; pero espora un poco en otra casa— Yo no he 



fl) En eí dinltcto visaya rio hay otro trntamiento que el 
de lú iguah> torio. 



.LvCoo-^le 



E\ PILIPI^TAS -101 

venido ha hacer visita", replicó el Padre, é intentó ha- 
cer marchar ei caballo hi'icía adelante, pero el indio 
asiólas cierulas y volvió aíra^ el caballo. Ya iba el Pa- 
dre Puras á castigar la itisolericia imisilada del iadio 
tan respetuosos todos con Iks Padrcí, c;iando oyó que 
algunas iniijeres desde varías casas le decían con te- 
rror — «Ven Padre, ven: no sigas adelante— ^ Cómo ya 
había entonces partidas de insurreetos en la inmediata 
provincia de CApiz, sospechó el P. Puras que en la casa 
del enfermo estaba rcnnido nn ¡Mtipumm —\^}^,ia. masó- 
nica — ;volvió al pneblo y dio parte á laantoridad y á la 
Guardia Civil. Esía fué al barrio y averignó que no ha- 
bía habido tal katipimim, sino (jue estaban haciendo 
el anUt}\ que el P. Puras llegó en el moineuto crítico de 
la ceremonia, y que para evitar una desgracia le impi-. 
dieron seguir adelanto, Y es de advertirque los Babai- 
lanes de aliora son cri.^tianos, oyen misa, confiesan — 
ocultando siempre sn oficio — llevan a! cueüo un rosa- 
rio de gruesascHentaa, practican otras obras piadosas y 
son muy devotos y respetuosos con los Párrocos Misio- 
neros; pero estos infelices, que por ignorancia ó por 
lucro practican tales supersticiones mezclándolas con 
prácticas piadosas de la religión cristiana; que besan la 
mano al Párroco cojí el mayor respeto; y hasta se pos- 
tran de rodillas á su paso: cuando están frenéticos, do- 
minados por e! furor y bajo la excitación nerviosa del 
sum-pá, no reconocen autoridad alguna, ni prestigios, 
ni carácter, ni amistad, ni parentesco alguno por próxi- 
mo que sea; son lieras, ó locos furiosos. 

El anito es el único acto de carácter religioso con 



Í0§ r,AP íinnpnRACiorjFi' RET.inrosAS 

manifesLaciooes piibücas que el indio filipino ejecutaba 
en la época del descubrimiento del país. Ni en los ca- 
samientos, ni en los nacimientos, ni oii loa funerales se 
tiene noticia de qiic hubiera prácticas religiosas. La 
mujer daba á luz, loinahael niño 6 iba á bañarse y á 
bañarleen el próximo río. Los casamientos se hacían 
entendiéndose los padres' de los novios en lo que los 
del varón habían de dar á los de la novia: cuantos ca- 
rabaos, búfalos— cuantos cerdos, cuantos cávanos de 
palay- nvmz con cascarilla—, cuanto tiempo había de 
servir el novio á los padres de la novia: convenidos y 
terminado el tiempo de servicios, se cumplía el contrato 
entregando los unos la novia y recibiendo en cambio 
lo estipulado. Los recién asi casados vivían en eom- 
pañia de los padres de uno de ellos hasta que podían 
y querían vivir iiidepoudientes. Tampoco usaban en los 
funerales ceremonia alguna religiosa. Cuando fallecía 
algún individuo de la familia colocaban al difunto en 
medio de la tínica estancia de que se componían en- 
tóneoslas casas de los indios, parecidas en la cons- 
trucción, materiales, forma y dimensiones á la mayor 
parte délas que usan ahora, no solamente en los ba- 
rrios, sino que también en las poblaciones. Se hacía 
nn inventario visual de los bienes, que poseía el difunto 
en carabaos, cei'dos, arroz etc.; se pasaba aviso á los 
amigos y parientes de la familia; y como se trataba do 
comer y de beber; de zambras y de jolgorio, la concu- 
rrencia era numerosa. Dos individuos de la familia sen- 
tados en enchilas áia puerta de entrada, con la res- 
pectiva pluma de caña cada uno y anchas hojas de 



>.,.C.t'X")'^lc ■ 



EM FILIPINAS t03 

plálatio anotaban lo que donaban los invitados como 
coatribueióii á los gastos, que ocasioimra la. Tiesta: — 
Esta costuiiibro se observa todavía en la provincia de 
Iloilo: llevan relación délo que da cada uiiu para ha- 
cer ellos lo misino cuando lo^ olnjs se vean oii ca- 
sos análogo.!. — Algunas mujeres, plafiideras de oficio, 
rompen en llanto lasliinepo 'con los ojos enjutos y la 
boca llena de b«yo-^betel~(t) asiiaeroso. Los concu- 
rrentes de anií>os sexos, se distraen moviendo la? man- 
díbulas como los rumiantes, y escupiendo con fuerza 
la saliva de color fíangninoo, (¡ue produce el buyo-be- 
tel, que esliin masticando. Otros cuecen 6 asan las 
viandas y la m<ir¡squeta (2) al aire libre; pues no es 
posible hacerlo en la encina de la casa porque esta 
dependencia es reducidísima entre los indios. Ya están 
preparando la mesa del festín: en el santo suelo, van 
colocando unos servidores enormes hojas de plátano eti 
las que otro va poniendo dos ó tres montones de mo- 
risqueta, que saca doima olla fenomenal: ol amarillo 
de la caña del piso se lia ctibierto de verde, alfom- 
brado con las cxpléndidas bo]a« de la musa parídi- 
siaca en cada una de las cuales hay d'>^ lUres mciones 
de morisqueta. Toman asientti, ó mejor dicho se aco- 

(1) Bete'; masticHcióii de Irt hoja del huyo en la cual se 
encnelve un poco da cal de concha y una poca da nneí de 
bonga; produce abunduiite Baüvaoión do ooloc sunguinolan- 
to, y despide mi ínurto oloiacre, nauseabundo par.i los Eu- 
ropeos que tampoco (jiieden sufrir el picor dp la cal en la 

(2) Morisqueta: anoK cocido bíii sal, ni manteca, ni 
Bubstaacia otra alguua. 



^LvCoo-^le 



104 LAS cnRpORAcmvRs rtfír-tnríiPAs 

modan en cueüiias á lo largo de la mesa improvisada, 
primerariiente los Principales— Saf/rtaes ó Baraiiqays - 
y con las manos toman im puñado do morisqueta, la 
oprimen formando pella, y la llevan á la boca lim- 
piando con el dorso de la mano los granos de arroz 
pegados á la barba y mejillas. Otros servidores les pre- 
sentan la vianda— </«/)íí ■ toman con los dedos — siis cu- 
biertos naturales, — lo que les parece, la desmenuzan, la 
mezclan con el arroz cocido — caii-tm en visaya, y lo 
engullen todo. Satisfechos, cuando en sus estómagos 
de buitre no cabe más, y con los dedos pueden alean- 
zar la ga;<ofia, que pugna por salir de aquellos pozos-ai- 
rón, se lavan los dedos y labios en un taho, coco — 
vacio- en el mismo ó en otro beben agua; toman el 
telard ó betel, y mascando este perfumado y sabroso. 
cíirtjffie se levantan para ceder el puesto á otros. Los 
manteles, asi como la mesa, servilletas, cubiertos, vasos 
y copas, consistentes en el piso de caña, los cinco dedos 
de cada mano; el coco vacio y las consabidas hojas de 
plátano, no se renuevan; ni siquiera retiran las sobras 
de la moiisquefa ó can-un que han dejado los prime- 
ros; aumentan un poco más, y ya está servida !a mesa 
para otra y otras tandas que se van sucediendo hasta 
que todos quedan ahitos de comer carabao, engullir cer- 
do, pescados, huevos, 'gallinas, frutas, pues de todo esto 
y mucho más abundan los festinos funerales, cuando 
el difunto ó su familia son ricos. 

— «De la panza sale la danza—dice el refrán caste- 
llano, que no falla tampoco entro los indios á tres mi^ 
leguas de su origen: después, de la comida, el baüCj 



KM Fli,IT'[?J;VS 105 

muy honesto ciorlatnente, si lo fuera tainbiéri el canto 
de que va acompañado siempre; y en el eual las mo- 
dulaciones hacen las veces de la música; y el ritmo las 
del compás. Bailan en pareja, separados los sexos, al- 
ternando en el canto versificado el hombre y la mujer; 
el asunto sempiterno el amor carnal, que el hombre soli- 
cita con buenas formas al priileipio, pero *|(ie va subien- 
do de color á medida ijue la pasión crece y se exacer- . 
ba; el apetito beslial, excitado por el objelu presente se 
hace exigente, irritable y desvei^onzadu. La mujer con- 
testa á las razones con razones, á argumentos con ar- 
gumentos, y el baile euntiiiúa horas y horas hasta que 
uno de los bailadores se declara vencido. El público 
aplaude, y otra pareja releva á la primera; y si ésta 
bailó la tirana o la rorac/ia, la otra bailará el balitao; el 
IMay, il otros de los muchos bailes indígenas, hasta 
que llega la hora de volver á confortar aquellos estó- 
magos cansados de ver bailar y de no hacer nada. Esta 
hora no tarda en llegar, pues antes de concluir la última 
tanda de comer, ya están los improvisados" cocineros 
preparando otro atracón; pties el indio tan parco ordi- 
nariamente, os voraz cuando la comida abunda y hace 
de ¡/otra; debe tener estómago elástico ¡lorque nunca 
se le indigesta lo que como. Y comiendo y bailando y 
bebiendo pasaban el día y los días y las noches rendi- 
dos por la hiha — vítio del cocotero— y por el cansancio 
caían inertes sobre el delgado ^eí«/e (1) mezclados hom- 
bres y mujeres, Ni el hedor que despedía el cadever. 



(l) Esterilla ijiie f xtiei den en el saelo para ai-ostaree 



L.t^O^ílL 



lOfi i..\s r(inroRAnrp\F.? hf,i,[c.io=í.\s 

ni la vista repiii;nante de la putrefacción, les quitaba el 
apetito, ni ei buen hiiiiiup. Cuandi) les hastiaba el baile, 
le siistlLuian con otms juegos, no todos inocentes; uno 
sobre todos y más que todos es inmoral é indecentisi- 
ino hasta para la^ más descocadas ramet-as: le llama- 
ban Cokm.% y todavía lu ¡imetícan en los barrios muy 
distantes del pueblo á dopide apenas llega la vigilancia 
del Párroco y es deficiente por esta raaón la instruc- 
ción moral del indio. Para hacer este juego se sientan 
en el suelo l'ormatido circulo número igual de personas 
de ambos sexos, alternando nn hombre con una mujer 
El director del juego — Hay! -íicue im Secretario — Es- 
padilla — encargado de vigilará los jugadores; éstos han 
de ejecutar y repetir lo (]ue el ff/tri director baga y diga 
con los mismos gestos y ademanes que vean hacer al 
director; el — Espadilla ~w\g\\a. atento el cinnplimiento 
de estas condiciodes, en las ({ue consiste la gracia del 
juego, y tambicti la picardía cuando ei lian es mi la- 
dino, un pervei-so ó un rufián. Todo jugador (pie se des- 
cuida en remedar al Hnri; ó se resiste á imitarle, es 
señalado por el bejuquillo del Espadilla y paga (ina 
prenda. Colocados en círculo, atentos al JJini director, 
comiénzaoste el juego dando en el suelo algunas pal- 
madas con rapidez y diciendo: — naga colasisi ang Hari, 
hace colasisi eilíari; e! Hari, el Uari— y golpea el piso 
con las palmas de, las" manos y todos los jugadores 
dicen y hacen lo propio. Sigue el Hari el juego; levanta 
lo** bra/oi, tos baja los agita, j suele decir— ¡a hormi- 
ga ropre eoiic, — con lo^ dedos en el suelo muta la «.a- 
rrera de la hormiga, le reinendan todos — la honiuga, 



oo^^k 



F.N Fn.lrtMAS 107 

prosigue, muerde, muerde, sube, sube; — aqui el Hari 
hace como si itna bormiga le Kiibiera por las piernas 
arriba, se arrejuangaba el xnniol — panlalón imiy ancho 
que !e llegaba á las rodillas^siibe, sube., eoiilim'ia di- 
ciendo, y liega i'i arremangarse el pantalón de percal 
basta una altura á la onal no puede ilegar el impudor 
y la desvergüenza de algnnas'indias. las cuales se que- 
da» con e] jianfadióu' H) alzado hasta medio muslo. El 
EapaiHUa señala con el hejucjuillo il \aa imdihimdas, que 
pagan prenda, y sigue el juego cada vez más obsceno y 
escandaloso. Lltimaiucnte y aun en los barrios más dia- 
tantes de los pueblos ya no se hada el Colasis> con !a 
crudeza (jiie en los tiempos antiguos: á la hormiga, que 
subía pierna arriba á esconderse en lo más recóndito, 
que la naturaleza ha puesto en el hombre, había susti- 
tuido el ffaqiu-t — pato— ((ue vuela, vuela, nada, nada 
con'e, corre. Cuando e! espadilla tenía ya en su poder, 
buen nínnero de jifendas,se suspendía el juego para dar 
lugar al rescate, previo el proporcional casligo álos de- 
lincuentes. El público se anima; los jugadores í.e rela- 
men; las jugadoras sonríen maliciosamente y con cierto 
pudor disimulado. El fían ó director loma del Espadilla 
una prenda inaseiilina y otra femenina, las levanta en 
alto y pregunla por los dueños respectivos, l'n moce- 
tón con luuseníutura de adtleta se adelanta presuroso, 
reconoce su prenda y espera: enpos de él va una joven 
india — (kdaf/<i;~- no se apresura, pero so sonríe; no aao- 

(1) Vestfdo de la india de forma de suco aliierto por los 
dos extremos. 



L'.oo^ílc 



108 T,A« rnftrnturio'íKR nRufiío^^As 

ma el rubor á sus mejillas, porque el rostro del indio 
parece de estuco, pero baja los ojos como ruborizada. 
Ya están él y ella eii presencia del Ifari; la expectación 
aumenta; silencio absoluto, van á oir la sentencia del 
director del juego. El llapi impone al mai-.ho como casti- 
go tantos ó cuantos abrazos y besos á la hemfita, y li 
ésta la iienitencia de recibirlos. Palmas y aplausos del 
público; la sentencia se cumple eatre el jú-ju y algaza- 
ra del público y con mucho gusto de los delincuentes. A 
éstos suceden otros con las mismas ceremonias y aná- 
logos rescates y castigos. Y nienos mal cuando las sen- 
tencias del llañ no salen del circulo de besos, alirazos, 
posiciones indecorosas, desnudeces públicas y otras 
obscenidades de menor cuantía, pues antiguamente no 
solían faltar oirás de marca mayor, tpie la pluma se 
resiste á apuntar, ejecutadas en público como ios ani- 
males cotí aplauso y otras demostraciones de aproba- 
ción; siendo de advertir que, euarido en casos rarísimos 
la joven india se resistía á hacer en público lo que las 
rameras hacen en oculto, los mismos padres de la joven 
dalaya la obligaban á ejecutarlo, y la maltrataban si . 
eontinnaba resistiéndose. Tal era la obcecación, igno- 
rancia y absoluta <-rtrencÍa do sentido moral de aque- 
llas gentes. 

Hemos dicho antes, que salo el anuo revestía cierto 
carácter religioso; con lo cual no hemos querido decir, 
que el indio tuviese religión alguna positiva, porque esto 
no fexiste donde no hay dogmas, misteiios, templos ni 
Sacerdotes. Como en los anitos invocaban los Babaiía- 
nes á ios Baliloc; Piit¡ Sanian; Tatao; Séhai; Dalit y 



.1 ,,C.(X")'^lc 



EN FILIPINA.S 109 

otros, les dirigiaii ruegos y oraciones y ofreciati sacrifi- 
■ cios batí deducido algunos historiadores, que los indios 
tenían antes de la couquista alguna vaga idea de nn Ser 
supremo, fjiic tenía á sus órdenes otros Dioses de infe- 
ferior categoría, y Diosas también oouijiañeras de éstos 
como Ijihonfjón; Tibur/ói'; IJmoáii etc.: después de haber 
leido las Crónicas de las Corpoíaciones Religiosas de Fi- 
lipinas con las cuales'tíe han formado las historias del 
país por los PP. Gaspar de S. Agustín, Zúñiga y otros 
después de liaher observado, preguritado, indagado de 
los más ancianos é ilustrados indios de los seispneblos 
visayas que hemos administrado espiritualmente por 
espacio de veinte y tres años; hemos adquirido la con- 
vicción de (pie el indio en sus dialectos carece en abso- 
luto de palabras, que dejí ¡dea de Dios; del espíritu, cielo, 
.infierno etc.: teniéndolas abundantes para espresar las 
cosas y conceptos de que tienen idea; de lo cual hemos 
deducido que el indio cuando no tiene palabras para 
expresar una cosa, substancia ó persona, no tiene tam- 
poco la menor idea de ella. Llaman mtujhuiíiihat al autor 
ó hacedor de una cosa cualquiera, inia silla, una 
mesa v. g.; y estí^ palabra ia aplican á Dios diciendo: 
Maglulmbat scnifr ciüihula». — Hacedor del mundo^por- 
que carece su idioma de la palabra crear y sus deriva- 
dos. Dan al alma el nombre de Caliig^ pero carecen de 
la palabra esphHn que loman como suena del castella- 
no, del cnal han tomado tairibién otras palabras y nom- 
bres para significar cosas antes desconocidas de ellos, 
y por lo tanto de las que no tenían idea, como silla, mesa, 
arado, carro y otras muchas más. Pero tal vez alguno 



i..,C(>oj^le 



lio LAS conpORAaONrs nr;LHifosAs 

diga: — que signiticaljaii eutoritiea para los iiidius ios JSa- 
lil^oc; Schat; Sanian, y tantas otras deidades invocadas . 
por los Babailanes en los anitos; \' por ios indios en sus 
necesidades? — Significalmn los twnaos). nonoit; asuaue 
y otras miis que no eran otra cosa para ellos, que sus 
iiiisinos antepasados, que al morir, no abandonaban el 
mundo, ni se separaban do ellos, sino que adquirían la 
facultad de convertirse en aves, ^Msanos, piedras. Arbo- 
les, ríos, y fijaiían su morada eu ios sembrados, en los 
bosques, y más l'recuenteiuonte en las copas frondosas 
de los grandes árboles, en particular en el Loiiú¡i ó Lo- 
nóy y en la painia llamada hai-ij. Rn. estos sitios mora- 
baii y se entretenían en favorecer á anos y peijndicar 
á otros vivientes, exceptuando los asitanes, como lue- 
go diremos; y pava conseguir lo primero y evitar lo se- 
gundo, les ofrecían sacrificios y oraciones. Los turnaos 
tenían el genio alegre, divertido, burlón- y gustaban 
de jugar tretas á los míseros mortales: unas veces 
fijaban sn inorada cu ini árbol copudo á la orilla de una 
senda, y cuando pasaban por allí los indios des- 
pués de puesto el sol, ó de liaber anochecido les arro- 
jaban desde sn morada aérea arenas, tierra, ú otras in- 
mundicias. Otras veces turbaban el suetlo de los pacíficos 
habitantes de una easacon ruidos extraños; ó arrojaban 
piedras y arenas en la habitación donde estaba reunida 
la familia; teniendo cuidado de no hacerles daño. Los 
nonos eran más exigentes, severos y vengativos. Fijaban 
su residencia en las planLaeiones-dearroz; en los arro- 
yos; en los tamhohos — borreos^y iabimc/os — trojas. Si 
cuando llegaba la época de recolectar el arroz, el 



LhhnW 



ED FlitPITíAS 111 

dueño det arrozal no tenía la previsión de otrecerle 
raanjafes en oocos vacidos ó ahuecados, depositados al 
rededor de la planLadón volvían vanas, vacías de grano 
las espigas: si al pasar un arroyo, no !e pedían permiso, 
castigaba la omisión y poca reverencia con un fuerte do- 
lor de tripas: si al sacar arron de !a troja para el gasto 
diario, tenían ia desconsideración de llegar hasta elfondo 
agotando el contenido, mennaha el arroz considerable- 
mente en los envases ó depósitos de todo el hórreo ó 
panera. El astian era cruel y saiigninario: acostumbraba 
á tomar la forma del piyaro tic-tic y tenia facultad, como 
sus congéneres de hacerse invisible: generalmente tra- 
bajaba de noche, pen) hacía también sus fechorías á la 
luz del sol. Si un niíiu era devorado por el caimán, el 
asuati se lo había coniido; si un adnlto aparecía asesi- 
nado en el bosqne, ó engnllirlo por una boa, también el 
asuan era el (pie so lo había tragado. Si una joven des- 
mejoraba sin cansa visible, ú otra persona cualquiera 
tenia una desgracia imprevista y repentina, era el astmn 
que les había hecho mal de ojo y se vengaba. Todo !o 
que altera la salud y causa una muerte misteriosa era 
atribuido al «■.■ííuji, im)ialpable vampiro, cuyo alimento 
favorito era la sangre humana. 

Tenían también hechiceros que conocían las plantas 
dotadas de la virtud de someter la voluntad y el libre 
albedrio de las rfaífljfws— doncellas— á merced del que 
lo poseía. Todas estas supersticiones eran para los indios 
dogmas infalibles: y la creencia en ellos estaba tan arrai- 
gada, que se conservan todavía restos de ellas mezcla- 
dos con prácticas cristianad y limitadas á los menos 



.ooylc 



Il2 US cnRrí)R\r;irivF,.=!nT?Lm(il9Aa 

instruidos y á pesar de las predií^aciunes, conaejus y 
reprensiones de los Pán-ocós, que no han onátidfftíftdie 
alguno por espacio, de tres siglos, para demOstpár- 
les la falsedad de tales überraeiones. Siendo yo cura 
iiiterino del pueblo d« (íuiriibal en el año 18aO, sncedió 
que estando cierLo día bailándose en el río una joven- 
hermana del entonces Teniente ó jnez de ganados lla- 
mado Ambrosio — alias— Armis, acertó á pasar por eí 
sitio en donde ía joven se bañaba, un indio del pueblo 
, de Mandiirriao. No se sabe qné le diría, pero la mucha- 
cha se í'ué con el de Mandnrriao, que le era completa- 
mente desconocido según elía maníl'estó después. A los 
pocos días de haber desaparecido del pueblo, fué de- 
vuelta á su familia por el Gobemailor de la provincia de 
Antique á quien se la presentaron los Guardias munici- 
pales. Preguntada; ¿por qué había seguido á un hombre 
que no conociaV Contestaba — «queporque tenía, lúmai/ 
— hechizo. — La familia se confornuí con la explícació n, 
que todos los indios creyeron sin dilicidtad. Averigua- 
das por mi las costumbres de dicha joven, ms dijeron 
que no tenia muy lirmo la cabeza; pero cuando procu- 
raba convencerles de que la escapatoria reconocía por 
causa el desequilibrio mental de la joven, que ellos 
mismos reconocían: — cierto también contestaban— wí«- 
toádmnn* —pero sxi quedaban con la suya. 

En otra ocasión se corrió por <;! pueblo que enla 
sala de la «asa del Gobernadorcillo, D, Modesto Gero- '* 
na uaian piedras y cenizas desdo las seis de la tarde 
hasta las nuevo de la noche, sin que sapicrau quién las 
arrojaba ni por donde, de lo cual concluían, que no 



L'.i.x>tílc 



podía ser ntro que el tiimao — duende. Me hice el des- 
06t¿SSdo para no dar pábulo á las supersticiones, que 
ellps creían, esperando ([ue el tiempo descubriría a! 
autor de ¡a broma, l^ero lejos de suceder lo que yo es- 
peraba, ctiiidió y llegó la alarma á los pueblos colate- 
'rales: entonces me pareeiO oporluno intervenir perso- 
nalmente para cortar ¡i tieu;po e! escándalo. Mandé 
llamar al Gerona; le siicarguó que tuviese pre|)arados 
los CuiidrUlerofi — guardia municipal -una hora antes de 
anochecer, y con éstos fui á la casa del Gobernadorci- 
Uo. Mi primera detcrminaeióa fué mandar cercar la 
casa por los Ciintínlleyos, colocados por mi mismo con- 
veniente uiente para que pudieran vigilar que nadie en- 
trara ni se acercara á ía casa. Entramos después nos- 
otros, y registramos todas las habitaciones, cocina 
inclusive; nada descnbriuios y tomamos asiento eu la 
sala; donde solían caer las [liedras y la ceniza. Dieron 
las siete y nada, ni piedras, ni cenizas, ni arenas; las 
ocho, las nueve, tampoco. Los dueños ine dijeron que 
ya no caerían aquella noche porque habían observado 
" en las anteriores, que desjincs de las nueve ya no calan 
piedratí ni cenizas. Esperé no obstante una hora más, 
y antes de retirarme dije al iiobernadorcülo Ueroua, 
manda maüana arrancar ó talar los arbustos y maleza 
de la huerta de tu casa; cerca la hnerta, y que com- 
pongan el piso de la c ocina, tapen los agujeros del siclat 
* ó tegido de cañas de (pie se compone el piso. Cuando 
" hayas hecho todo esto, venís que uo vuelven las piedras- 
ni la ceniza porque según mi juicio, las arrojan por la 
cocina de la siguiente" manera: entran por el huerto qne 
9 



ií4¡ t,Áíl CORPORAf:rOt)F.R RelIoiosas 

no está eercadu de valla alguna; se encaraman por uno 
del h'irigves (1 ); meten la mano por los agujeros dél piso 
de la eocina; y ¡lor la piierLa de i:sta,'quo está frente á 
ia puerta de la sala arrojan las piedras, que van á caer 
entre los ifue en la saía se encuentran. i\sí lo hizo D. Mo- 
desto Gerona y no volvió á repetirse el (tscándalo; pero 
los indios siguieron sospechando que el bromista era un 
f-umufí que huyó de ta casa del (.iohernadi)n'.illo, parque 
tuvo miedo al Padre. 

Y para que se vea hasta donde llegan la obceca- 
ción, la ignorancia y la supoi-stieión de ¡os indios, hé 
aquí otro caso que me refirió el ya difunto D. .losé Men- 
doza, mestizo español y la persona más ¡lustrada del 
pueblo de Pototan,— Holló, 

Había hecho constiiiir en su hacienda ó iugenio 
una casa donde habitaba con su familia en la época 
de la zafra. Cierto día se le acercó con mucho misterio 
un indio anciano, que había envejecido al servicio de 
su familia, y le dijo: — ^¡Seílorl yo uic marcho de esta 
casa, y tú debes hacer lo uiismo con tú familia — » 
Hombre ¿porqué?; contestó Mendoza. — Porque el itt- 
mao está en ella— = . ¿Y cómo lo sabes túV - «^Porque 
todas las mañanas, cuando todos dormís, él se divierte 
con el reloj, haciendo mucho ruido — = . Una carcajada 
monumental soltó el Sr. Mendoza al oir sandez taa 
grande: — «Sí; continuó el viejo impertérrito, he dor- 
mido tres noches al pié del lelój y puedo asegurarte 



(I) Baiigues: columnas de troncos de Arboles de madera 
iucoi'n:j.>tible, hiucadas va ^l suelo páia sosteutii' lus caeaa. 



Caío-^Ic 



KW FU -ir! VAS 115 

que nadie se ha acercado para hacerle tocar ía cam- 
pana. Perosiquieres, yo haré que el tumao abandone 
esta casa—". ¿De qué medio te vas á valer?— Busca- 
ré un caballo de mar, prepararé morisqueta y vianda, 
que le ofreceré pam el camino y se matchará — ». Bue- 
no, hombre, bueno: has lo que quieras contestó Mendo- 
za. Al día siguiente volvió el viejo muy satisfecho ase- 
gurando á su aino que aquel mismo dia desaparecería 
el tumao de la casa. El viejo había dejado en la suya, 
muy bien envuelta en una hoja de plátano, una me- 
rienda regular, como para una persona, que va á em- 
prender un largo viaje. Había invitado al tianao eon 
oraciones y conjuros á que aceptase aquel obsequio y 
abandonara la casa de su amo; .y para que e! viaje á 
Joló, á donde el viejo le confinaba, lo hiciera el /w»í«o 
con más comodidad habíabuseado y dispuesto el ca- 
ballo de mar. Muy confiado en la virtud de sus conjuros 
esperó el viejo la mañana del dia siguiente sin separarse 
:del reloj. En efecto; á las cuatro de la mañana volvió el 
reloj á tocar á arrebato: se levantó el viejo enfurecido; 
llenó de improperios a! tumao, que no liabia obedecido 
á 3US conjuros, alborotó toda la casa, y entre risas y 
cuchufletas que amoscaban más al viejo le explicó don 
José Mendoza la causa del ruido que hacía el reloj á 
las cuatro todas las mañanas. Era el despertador que 
Mendoza tenia preparado para dicha hora, el cual cae- 
3la y haría el mismo ruido á las ocho sí k esta hora 
lo ponía. -Ta mismo lo vasa ver->dec!a Mendoza al 
viejo — '¿quieres que caiga á las nueve? verás. Pre- 
paró el despertador, hizo girar las raanoillas y al He- 



116 



Law nfiRi'ORArroivesftRr.fr.iofiAfl 



gar la del horario á las nueve, sonó la campanilla, como 
poi'las mañanas á las cuatro. Dio un aallo atrás el 
viejo lio obstante estai- prevenido: --iNo l.e asustes 
hombre; ahora veras que volverá á caer alas doce^ — ». 
Puesto á esta hora giró Mendoza las manecillas y vol- 
vió á eaer el despertador.— -¿Kstás nonvencido?— Se 
rascó el viejo la cabeza;, giró sobre sus talones y no 
volvió á parecer por la casa do la hacienda. Así es el 
indio, y no hay medio humano de borrar de su enten- 
diraieiiU) supersticioso los resabiiLs de las antiguas 
creencias. Pero no es de exíranar esto entre los indios, 
cuya conquista espiritual es de ayev, como quien dice. 
También en la culta Kiiropa se cree en la influencia 
fatal del número Vó; en el funesto augurio del salero 
volcado.euel aciago dia martes y en otras supersticiones 
más absurdas, que lado los indios. -— Kn Ui ilustrada 
• Francia, dice Mr. .1. Mallat, (1) se cuentan nutchasper- . 
ssonas que se estremecen al graznido ntwlurno de la 
'lechaza y se precipitan á cotisnllar á una echadora ■ 
.*de cartas para que ¡os prediga el porvenir*. 



(1) Buceta Dic. t. J," p. ( 



L'.oo'^le- 



Frímera Iglesia en Filipinas eon la Imagen, del San- 
to Niño -Paces entre Legaapl y el reyezuelo Tu- 
pas; reconoce ente la soberanía de España. — Urda' 
neta ¡/ el P. Aguiriv, i^omislonaHos por Legaspl,— 
El P. Urdaneta, insigne Cosmóf/rafo, desctibridw 
del nuevo derrotero á México, y del huracán.—" Ba- 
giHn,..~Pr¡m'(etas déla RifHgión — Ims PP. Bada y 
Herrera en elinterior déla Isla de Cebú.— Los in- 
dios del hostjue.—ilospltaltitad de loa indio*. — !Ue- 
dioH de atraer alo» salvajes.— Aptitwl imitativa rfeí 
indio.— Testimonio tle MiiUat.-'Tra^aJos apostóli- 
cos de los misittneroH —Ftyrmaciftn de pueblos.— 
Vttelven á encontrarse en Celtíi, loe PP. KaAa y He- 
rrerai más misioneros —El P. Herrera, Provincial 
al cimsntutme ev provincia regular tos Relígioaos: 
'■ vuelve A España en comiM/>n el P. Herrera.— -Con- 
sefos de tos nntíyiios á los nuevos misioneros ~ El 
F. Allta en Hoilo: llegada de hegaspt.—E1 P. Ointé- 
nex en Ma»lmte y Camariuee. - Vuelta del P. He- 
rrera á las IslJts f.oH instruet'iones del Ttey para 
Legaspi.— Vuelve Lef/aspi A Cebú y funda la ciudad , 
poniendo de golternador A (íuiño de Lavezares. - 
Zegaspl en Manila. — Tms Religiosos mensajeros de 
paz entre intli^s y espnitoles — Leyaapl confía la 
eont/nista A los Religiosos —Más religiosos en 1S7l. 
—Primeravisit4tprovinri.nl ííc Agustinos.— El Pa- 
dre Rada, nuevo Provincial.— El aalHo Slntlat,pro- 
f^4ntin pretenderlo. --Conquista del pnfji -por los 
Seli0osossin efitsión de sangre. — Pacificación de 
Mindoro jf otros pueiltl»s i>oy fluido de Levesares 
. con la influencia de las Religiosos. - Los Religiosos 
en la t'anguardUi de Hatcedo.—El P. AUmrquerque 
se ofrece h penetrar en Cliína como esclavo por ser- 
T'írálaRelif/iAnt/Alapatría.—Los PP. Ra-da y 
Marin embajadores A Cltiiut. ~ El P. Rada, cos- 
mógrafo del fíeif. -Üefrielos prenfudos por los Re- 
ligioso» como españoles. — Ltvgadn ile los PP. Fran- 

_ "etscanos: •Tesu.ltns; TtotnlnAeos y Recoletos. - Les ce- 
defb tos Agustinos provindnis, pullos, edificios y 
ornamentos sagrados y son felicitados por fíene- 
tJtcfo XTt' if por Vríipe V. 

Cuando T.ega'^pi \ loa PP Agiistiiios de la e\pedi- 
aón supieron el hallazgo déla imagen del Santo Niño; 



118 LAS CORPORArfOSF? REL[(iro=AS 

.cuando los indígenas vieron con manifiesta satisfacción 
el culto tributado ala misma por los españoles, que la en- 
contraron; y cuando aquellos vieron que acto tan senci- 
llo y devoto había disipado la desconfianza de los indios, 
unidos ya á los Españoles por un sentimíenlo comían, a! 
vencfación íi la santa iniágen, compreiidieron todo el 
partido que podían sacar de tan favorables disposi- 
ciones, que atribuyeron á la divina Providencia, que 
asi lo disponía para facilitarla evangeíización de aque- 
llos pueblos, que, si nmy ignorantes y desconfiados, se 
distinguían por la sencillez de costumbres y por cierta 
inclinación natural A recibir en sus aliuas, vírgenes de 
toda preocupación religiosa, la buena semilla del Evan- 
gelio. Ai efecto construyeron un camarín de caña y ñi- 
pa; y en el improvisado templo colocaron el altar con 
la adorable imagen casi milagrosamente hallada. Los 
Padres Misioneros celebraron el santo sacrificio de la 
misa con todo el aparato que les I'uó posible, y el sa- 
gaa Legaspi con toda la tripulación armada oyó la san- 
ta misa 'Con toda la devoción y gravedad earaclerisfi- 
cas á nuestros antepasados del siglo diez y seis; siglo 
de los grandes santos para e! cielo; de ¡os grandes hé- 
roes descubridores y aventureros; y siglo de oro para 
nuestras letras y nuestras armas. Imponente y curioso 
á la vez resultó elsoleuuie acto religioso; el cual des- 
pertó tan vivamente la curiosidad de los indios, que 
depuesto todo temor, se acercaron á los españoles y . 
tomaron parte en la ceremonia, observando lo que ha- 
cían e-ilos, e imitándoles en !a.s gtnuflpxioni^i y demás 
demostraciones leligiosas, pues siempre tuvo el mdio 



L.oo'^k 



KX FILIPINAS 119 

el priwilo de imitar' á los Cmtilas como á los españo- 
les llamaban i.'ilti!nameiil,e; v si lodos los que fueron al 
pafs después dfi. t.egaipi Imbiiipan sido ta» piadosos, 
tan honrados y eaballerüs, coiik» él y ana coin|janeros 
de expedición, no habriart a|»i'endido los indios de los 
Cánulas los vicios y malas costumbres de los euro- 
peos: exceptuando la blasíemia; la tiiial nunca imitá- 
ronlos indios; sino que |jor el rioiitrapio les causaba ho- 
rror y se persignaban devolainoiite cuando oian blas- 
femar á ios OasHlnn. Observaban ios indios atentamente 
la ceremonia religiosa: no llamó menos sn atención el 
traje y armas de lod expedicionanos; miraban con al- 
gún terror aquellos aroabucea que hacían el tnieno y 
vomitaban el rayo, y las lar;faa espadas que parecían 
rabos descomunales; ellos eran también observados por 
Legaspi yiior los Misioneros que veian en la religiosidad 
natural delindio.la rápida y fácil conquista de millares di; 
aliuasparaDiosy de subditos para el Rey y parala patria. 
Este fué el primer pensamiento que Legaspi y los. Re- 
ligiosos secoMumicaron después de terminado el santo 
sacrificio de la misa; y acordaron repetirlo todos los 
dias con la misma poui(>a religiosa y aparato bélico; 
coneldobiefni de atraer á los indios y estar prepara- 
dos para toda eventualidad. Convinieron también en 
practicar otras devociones para que atraídos por la no- 
vedad de ellas los indios, desapareciera con el trato la 
desconfianza, y se habitiifisen filos españoles. 

Entre tanto los Hebgiososét quienes los indios veían 
con traie pemhat sui otia-s urnas que el f lucifijo y eí 
breMano, llenos de candad ) mansedumbre, b6iié\ok»s 



L.i>0'^L 



Í20 LAS rf>RroiíAC['ivr;í fiRr.ir.TOSAs 

y cariñosos se iban insinuando eti sus corazoties, é im- 
poniéndose en el iilioraa con lanta apUcacióii y buen 
deseo cjue no tardaron en entenderse por señas pri- 
mero, con palabras después. AeoiU[>aíiabaii á los indios 
á la pesca, en Iiis cacerías, en las labores del campo; 
penetraban en las casas en lasque eran recibidos con 
visibles demostraciones de regocijo y satisfacción; lo 
cual coasolaba grandeinenle á los Religiosos y les ha- 
cia concebir altiagüeQas esperanzas de cosechar en 
breve tiempo abundantes frutos de bendición. 

Tampoco el prudente Legaspi perdía el tiempo. Ce- 
lebró paces con el rey Tupas; reconoció este la sobe- 
ranía del Rey de España y convinieron en que paga- 
garian con frutos su vasaliage. A los tres meses de 
haber llegado á Cebú, des]>achó l.cgaspi para México 
al P. tlrdaneta para dar cuenta á la Audiencia y al 
Rey de los resultados de la expedición; ai P. l'rdaiieta 
acompañó el I'. Agiiirre. Mucho sentía Legaspi des- 
prenderse de dos Religiosos de los cinco que le hablan 
acampanado, porque en estos, más que en las armas 
fiaba la conquista del país, pero le obligó A este sa- 
crificio la necesidad de informar al Virey de México, y 
al gobierno de S. M. de todo lo hecho y de lo mucho 
que faltaba por hacer; y para que ios informes fueran 
más autorizados y más eficaces comisionó al efecto á 
la persona uiás caracterizada de la expedición, al Pa- 
dre Urdanela, que á más de la fama justamente me- 
recida de profundo matemático, entendido cosmógrafo, 
hábil navegante j experto capilan, unía la de la res- 

p^tab^^ de hu carácter sagrado, el buen olor ddu? 
$ jan*». 



virtuáes y la imparcialidad de sus juicios. No fué menor 
el sentiiiiieiito de los lieligiosos por verse privado de 
su direclof, y de la cooperación ericacisima i¡ue podían 
prestarles los dos conipafteros cu aquellas circunstan- 
cias tan favorables para la misión sacratísima que les 
habla conducido á tan remulos paises; pero habituados 
á la obediencia y resignación,' se conformaron eon lo 
, dispuesto, considerándolo como más conveniente á la 
gloria de Dios y al interés de la patria y de la misma 
misión evangcüca. 

Partieron los PP. ürdaneta y Aguirre acompañados 
de un hijo de Legaspi; y después de un viaje penosí- 
simo por mares inexplorados: contrallados por los 
vientos, juguete del haf/ufo {!) que entonces conocie- 
ron por priuiera vez, y distinguió del huracán el P. Ur- 
daneta; expuestos mil veces á perecer entre arrecifes 
traidores, á ípiedar varados en bajos invisibles, ó á ser 
estrellados contraías dnras rocas, llegaron á Acapulco, 
puerto más próximo á Moxico, el :íO de Octubre de 1565 
habiendo eui picado en la travesía cuatro meses. Abun- 
dante copia de ob-ícrvaciones recogió el venerable y 
sabio P. ürdaneta; por las cuales fué reconocido como 
el descubridor del nuevo derrotero .directo desde las 
Filipinas á Xneva Es|iaña; pero atjuel viaje costó la 
vida á dos pilotos, aí maestre y á diez y seis mari- 
neros. 

Tres Religiosos soiamenle (piedaron en Cebú para 
ia evangelizad ón de más de cnatroeientos mil habi- 

[1} Huracán con lotbcliinoa. 



1 22 r,A? ronrón Af-ioNF,? nFxir.iosAP 

tantes. Pocos eran ya los cinco, pero no se desanima- 
ron los tres restantes; siiptirían con su trabajo el que 
correspondía á bhs cornpaRerus: Dios proveería á lo 
demás. Bien hacían cu confiar en el auxilio divino 
at|ueUos buenos líeligiosos, pues visible fué la inter- 
vención del cielo en la conquista ríipida, pacifica é 
incruenta de un país ('[accionado en cientos de islas 
con diferentes dialectos; distancias enormes; travesías 
difíciles; selvas ignoradas y otros nmchisimos inconve- 
nientes, capaces cada uno por sí solo do arredrar al 
más osado; y los cuales encendieron el celo y la cari- 
dad de los Religiosos, que se sentían con más esfor- 
zado ánimo, cuanto mayores eran las dificultades que 
á su empresa se oponían. Las primicias de su eeío 
apostólico fué una soijrina del rey Tupas, la cual esta- 
ba al servicio de Don Miguel López de I,egazpi: sufi- 
cientemente instruida y jireparada convenientemente 
para el bantisiuo recibió este sacramento regenerador 
admiiiistradu por el W Herrera. Kl mismo sacramento 
fuf; administrado pocos días desimés á tres nifios; hijo 
nno de ellos de la citada sobrina del rey Tupas. 

Ya estaban los Üeligiosos regularmente impuestos 
en el dialecto visaya para entetider y ser entendidos 
del indígena, pero son dos solamente, pues el P. Gam- ■ 
boa también había sido despachado con pliegos para 
España; dos solos en un pueblo de más de mií almas; 
dos Religiosos para millares de habitantes perdidos en 
centenares de islas, más ó menos distantes unas de 
otras, pero desconocidas todas; desconocidos sus mo- 
radoras, sus costumbres, su religión¡ su gobierno, sus 



L'.ooglc 



dialectos respectivos y sin medio de conocerlas, ni 
'arribar á eílas, porque las corrientes, los arrecifes, los 
vientos haeeii peligrosísimo el aproche á muchas: dos 
Religiosos para llevar laanlopchade la fé á través 
de selvas vírgenes; por entre bosques iinpedetrables, 
sin caminos, sin sendas, sin guias que les dirija, sin 
huella alguna humana quelefe oriente é indique el lu- 
gar en donde encontrar pudieran un semejante suyo. 
Pero la l'é hace milagros; ía cnulianaa en Dios hace 
héroes de los débiles: la caridad cristiana dá valor, 
anima y alienta á los tímidos, y nada arredra al que 
en Dios confia; nada intimida al pusilánime conl'or- 
tado con la fé; nada detiene el paso de! que marcha 
en alas de la caridad. 

Los P. P. Hada y Iferrera eomenxaron por lo más 
próximo. FA mismo reyezuelo Tupas (ai- regenerado en 
las' aguas del bautismo; su ejemplo fiiO imitado por los 
. Piincipaks— !latfiiaei^—y después por todos sits subdi- 
tos. El proverbio latino— ícfí^TeíHj»;»»! reyis...— no falló en 
aquella remota isla de la Malasia. Después el P. Herrera 
por la parle Sur á lo largo de la isla, y el P. Rada por la 
del Norte penetraron intrépidos en el interior, solos, sin 
guias, sin armas, sin provisiones, sin dire<-eión fija. ¿A 
dónde iban? íQué buscaban? Iban en busca do salvajes 
refractarios á loda sociedad. rel)eldes á toda clase de 
yugo, á todo género de obediencia: libres como el ciervo 
de sna bosques; ignorantes y ariscos como los jabalíes 
que vagaban por sus selvas. ¡Cnánlas veces al oir el 
crujido de las hojas secas el salvaje oculto detrás de 
tupida cortina de //«/!«,«, bejucos y otras enredaderas, 



Ho.-ú.i.vCi>(>tí"le 



124 lAS mRrnnAciriNF.s tírlirioras 

tendió e! arco, presto á disparar la agada flecha sobre 
la presa que esperaba, y sus brazos cayeron inerles 
al ver al Religioso misionero, solo, desarmado; íiostenien- 
(io e! signo salvador de la cruz con sus manos ensan- 
grentadas, heridas por los pinchos de! ramaiicliil al 
abrirse paso por el bajo bos(|ne; y admirado de la 
dulzura y mansedumbre del Keligioso, se creyó en 
presencia de una visión celestial! ¡Cuántas veces la 
maninhia (1), oeiilla en el húmedo detrilo ó debajo- 
de la fresca yerba: y la boa voraz, balanceándose asida 
(i vigorosa rama de árbol semilar abrieron las asque- 
rosas fauces, dispuestas á precipitarse sobre el inti'nso 
Misionero! pero éste no veía el peligro, ni pensaba en 6Í. 
Absorto en su misión esí^udrifiaba el bosque en todas 
direcciones; cuando llegaba íi la cumbre de alguna co- 
lina; ó algún claro le permitía examinar el horizonte, 
buscaba ansior'o un poco de humo, que denunciara al 
ser humano; la corona de pahnas de algún erguido 
cocotero, ó el espléndido penacho del plátano frondoso, 
por¡|ue eran señales de encontrar allí lo que buscaba. 
¡Cuántas veces el áspero y agudo canto del gallo salvaje 
le hizo dar grandes rodeos; extraviarse; perdei^e, 
fatigarse, caer falto de aliento sofocado por el calor 
a.\ílsiante por haberle confundido con su congénere do- • 
mestieado. compadero del hombre y tan estimado del 
indio! La noche sorprendía con frecuencia al Misionero 
en el bosípio; la dura tierra era su lecho; un árbol fron- 
doso le delendia dfl lono alguMiis raices ó Irutaa mI 

(1/ Culebm Je voaaiio inny activa 



e.iHivik 



vestres eran su único alinientn. Despertaba con más 
ánimos; volvía á omprcíiderla marcha, Iropezando con 
las mismas contrariedades; y caminando á !a aventura, 
extraviáuduse con rreciiencia, llegaba después de días 
y aiiu de semauas eii algunas ocasiones á dai' vista á 
una miserable choza. ¡Ohl qin^ gran consuelol iqué sa- 
tisfacción tan grande! No p(>rqiie esperara encontrar 
allí descanso para su- cuerpo fatigado; poi-tjue ni se 
acordaba de las pasadas fatigas, ni sentía dolor alguno 
en sus lacerados pies, ni en sus arañadas manos: todo 
lo absorvia el deseo de ganar almas para Dios, pero 
Oh! desencanto cruel! la choza estaba vacía. 

Es costumbre del indio montes, abandonar su choza 
ó morada, si ve que alguno se dirige á ella: cuando yo 
administré el pueblo de Maasin desde el 89 a! !)0, tuve 
ocasión de observarlo ¡lersonalniente. Mi paiToquia 
comprendía una buena parte de las montañas de la 
cordillera que separa la provincia de Voilo de las de 
Capiz y Antique. Los liUimos barrios civilizados esta- 
ban á veinte kilómetros del pueblo; más allá habita- 
ban en chozas aisladas los montes^a 6 remontados, des- 
cendientes de criminales perseguidos por la justicia, 
para burlar la cual se habían refugiado allí á donde no 
llegaba la fneraa de la ley; tambiéi) había entre ellos 
.otros culpables que por el mismo motivo ó |ior insol- 
ventes hablan huido de los pueblos. Todos eran cris- 
tianos, y procuraban que lo fueran también sus hijos, 
. que á las pocas seniauas de nacidos eran llevados á la 
Iglesia, para ser bautizados, por los habitantes de los 
batrios extremos, que eran los que tenían alguna eo- 



nh Gooj^lc 



municaeión con los reinontados. (-uando la administra- 
cióii de los sacranietitos ó los deberes del ministerio 
me llevaban á los liltímos barrios de mi jiipisdiecíón, 
acostumbraba á internarme en el bosque para dar al- 
guna insti'ucei6n á aijuellus infelices, que rarísima vez 
bajaban á los pueblos ¡lara asuntos rolaciüuados con 
la vida animal, nunca ó -raras veces para recibir los 
auxilios de la religión, de la que no conservaban más, 
que el bautismo, que recibieron en la infancia. Procu- 
raba siempre ir acompañado de un guia de ellos cono- 
cido; y aunque también á mi me. Cünocian, no recuer- 
do haber encontrado ana sola vez alma viviente en la 
primera cabana que visitaba; simí solo cuando con an- 
ticipación les pasaba aviso de la visita. Su situación y 
su conciencia les hacen ser desconfiados, y el primer 
impulso es ocultarse, esconderse y observar. Esto 
mismo sucedía á los PP. Herrera y Rada: muy satisfe- 
chos cuando encontraban alguna choza; les sorprendía 
la ausencia de sus nioradures; sin embargo no estaban 
lejos, la fuga había sido precipitada como lo indicaba - 
el abandono de los utensilios de casa y cocina, tinieoa 
muebles, que poseía» y necesitaban. Mientras que á la 
sombra bienhechora de la choza meditaban en los me-,, 
dios de atraer al indio y en las dificultades, que presen- 
taba á su misión evangélica, laesquivez deí salvaje, eran 
observados, por los dueños de la choza, que no per- 
dían uno solo de los movimiejiloa del misionero; su ac- 
titud reflexiva, les ostmíiaba; apreciaban los menores 
detalles, hasta que viéndole desarmado, rendido y pa- 
cifiGü al parecer se presentaba el indio, machete en 



L'.oo^ílc 



KN Fir.il'ÜÍAS i'¿l 

mano, apercibido para lo que suceder pudiera. La di- 
ferencia de tipo; la dulzura de carácter, la amabilidad 
y sonrisa del Misionero causaban en el indio filipino 
impresión prol'Ltuda, pero su extraneza tomaba el carác- 
ter de terror supersticioso; cuando e! Religioso le salu- 
daba en su propio idioma. Sin contestar al atento sa- 
ludo desaparecía rápidamente, dejando al Misionero 
sumido en un mar de confusiones por conducta tan 
extraña; pero volvía á las pocas horas acompañado de 
otros indios y de sus hijos y mujeres: éstas permane- 
cían éí cierta distancia, observándolo todo con la cu- 
riosidad nativa de! sexo; los hombres so ai'roximaban 
al Misionero con temor y le dirigían !a palabra con ti- 
midez y respeto. Kutonces comprendía el Religioso la 
extraña eondacla del supuesto dueño de la cabana; 
había desaparecido repenlinamente para ir en busca 
de otros indios, que le acompañasen á ver al liombre 
misterioso, f|ae había tomado posesión de su choza 
como bajado del cielo, y que le había saludada en su 
idioma con dulce amabilidad. Flaeía dos anos (jue la 

■ expedición liabia desembarcado en Cebú, y los indios 
f . del interior no tenían de ella la menor noticia, ¡o cual 
"l^ QO es de extraviar porque na haUa comunicación al- 

■■■■ guna entre ellos y los subditos de Tupa-. Amantes do 
'.^ sii fiera independencia moraban en el bosque por no 
someterse á la esclavitud que oprimía á los habitantes 
,,de la playa. Kstos penetraban en el bosque en oeasio- 
. nes para hacerles la guerra; pero las Hechas envene- 
nadas, despedidas con tino por seres invisibles ocultos 

■ por la maleza del bosque y desde las copas de los altos 



e'.ooj!lc 



Í38 



.f-rastiS R^LIOT'lS.W 



árboles; los pozos de lobo; las agudas y |iaii;¡a]H,es púas 
sembradas en los pasos más accesibles hacían desistir 
pronto de su empresa, á los Cebiiajios. No había pues 
comunicación, nitrato algnno entre los indios del bos- 
que y los de la playa; se odiaban y se hacían la guerra 
frecuentemente. Ksto explica el por qué al llegar los Pa- 
dres liada y 1 terrera á las-prinieras chozas de los monte- 
ses lio tuvieran estos tiuticia de la arribada délos blan- 
cos á la isla. 

!,a dulzura y amabilidad de Kw Misioneros disipó 
muy pronto la esijiiivez do ¡os indios, y no tardó en 
establecerse la conrian:ia mtitua entre unos y otros. 
Sentados en cuclillas, modo usual del indio para aca- 
riciar el galio, formar corro y sostener uua conversa- 
ción, eácuchaban atentos á los Rehgiosos, que tío per- 
dían el tiempo y entrabad luego on materia, dándoles 
noticia déla existencia de Dios Omnipotente, Creador, 
Conservador y Remunerador, uno en esencia y trino en 
personas; una de la^ caales encarnó, se hizo hombre, 
padeció y murió en una crtiz para salvar al linaje hu- 
mano perdido por la primera. cnlpa. Escuchaban los 
indios silenciosos tan consoladoras nuevas; sus enten- 
dimientos envueltos en negras sombras columbraban 
alguna Inz; les agradaba ta idea de la fraternidad uni- 
versal y de la paternidad de »n Dios para todos; les ha- 
lagaba la leoria do la iij^ertad conquistada por Jesu- 
cristo, que veian (íkivado en el Crucifijo que el Misionero 
presentaba á su veneración, y era testimonio corrobo- 
rante de las enseñanzas del Heligioso. Animadas las 
mujeres con el ejemplo de sus maridos, llamadas por 



L'.t.>o^lc 



Efí FILIPINAS 129 

estos se api-oximaban también ¡mrtieipando de la ex- 
trañeza general al contemplar al Religioso, la blancura 
de su culis aunque tostado por el sol, su modestia y 
dulzura, su traje talar y sobre todo, al oír las enseñan- 
zas divinas de una Religión toda amor y misericordia: 
resultado fmal; que desvanecida la desconfianza del 
salvaje, llotaba la curiosidad- del niño, y el P. Misio- 
neru se vola interrunipido en su tarea evangélica por 
las preguntas que unos y otros le hacían sobre su patria, 
su rey, su traje y hasta sobre sus narices, que les pa- 
recían descomunales; y llegado el momento de reti- 
rarse á sus cabanas respectivas, rogaban y suplicaban 
al P. Misinciero que permaneciese entre ellos, que re- 
posara con tranquilidad, que ellos volverían con otros 
compaiieros y parientes. 

E¡ indio filipino ha sido siempre muy hospitalario, 
y si como todo salvaje es desconfiado y cimarrón, nunca 
fué sanguinario, ni cruel con los Religiosos Misioneros. 
Pueblos hay en el África según Levinstogne y Stanley 
que llevan ía hospitalidad al extremo de creer un deber 
entregar a! forastero sus hijas y propias mujeres; los in- 
dios filipinos nunca han sido tan esí^erados, pero no por 
eso su hospitalidad ha sido inenos franca y generosa 
siempre. Hasta antes de la última revolución, que con 
la guerra llispano-Americana puso término en el pafs 
á la paterna! dominación española, y la cual será la 
ruina del Archipiélago, el indio cumplía los deberes de 
la hospitalidad con el iuÍstíio afecto y desinterés que 
sus antepasados del tiempo de la conquista. Si un fo- 
rastero subia á una casa y^ encontraba á los dueños co- 



L'-ixt-^lc 



ISÓ f:AS rUdPOnACIOKES RELlGIOyAM 

luieudo ó almorzando, tomaba asiento entre la Familia, 
era servido cnnio uno de los individuos de ésta sin que 
nadie tratara de averiguar, si ei-a un criminal ó una 
persona honrada: á lo inafí le [H'eguntaiían ¿de qué 
pueblo era? ¿de dónde veniaV ¿y á dónde iba'?: y sobre 
estas inocentes preguntas versaba la conversación. Si 
se quedaba á hacer noche tenia su sitio en el ¡jétate, 
cama redonda, como lo había teñido en la mesa. Y es 
de admirar, que dada la costumbre india de dornúr 
en la única habitación ó aposento, de que generalmente 
se compunen las casas de los indios pobres: todos, 
hombres y nuijeres de todas edades, separados los 
sexos solamente por una línea imaginaria de medio 
metro, ni los padres ni las hijas se preocupaban del fo- 
rastero, que podía abusar do la liospitalidad, porque 
rarísima vez so dio el caso de que cato sucediera 

No se hacian de rogar ios PP. Rada y Herrera y 
permanecían en la cabafia al amparo de la generosa 
hospitalidad dcHndio, cuya curiosidad por saber loque 
el Religioso llevaba y con él hacia relación era insacia- 
ble: y éste sin perder de vista el objeto que lo había 
llevado al centro de aquellas selvas, satisfacía ia curio- 
sidad délos dueños de la choza, y con la dalzura, que 
la caridad y amor de Dios inspira k los Misioneros 
evangélicos referian las costumbres europeas, expo- , 
■ nian para su imitación un programa completo de civili- 
zación y cultura; la gerarquia eclesiástica y civil; los 
dogmas de la Religión; la suntuosidad de los templos; las 
ceremonias del coito; y así poco, á poco, insinuándose 
en aquellos corazones sencillos; instruyendo y deleitan- 



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do, les iban conquistando para Dios. La noticia de la 
llegada del ha^wigtao— hombre nuevo, corría de monte 
en monte, de colina eii colina, de barranco en barranco 
y cada día era mayor el concurso: la eatequésis hacia 
progresos y cuando el P. Misionero les consideraba bien 
dispuestos y suficientemente instruidos les administra- 
ba el santo sacramento del bautismo, que ellos recibían 
satisfechos, agradecidos, sin desconfianza alguna, pues 
nada les costaba; en nada comprometía su independen- 
cía tan ainada; antes por el contrario era el medio de 
ser todos hermanos, hasta de sus eompatriolas de la 
playa; por lo cual ya no so harían la guerra, ni habría 
esclavos, podáan vivir tranquilos y aspirar a! cielo que 
el P. Misionero señalaba detrás del azulado fn-mamento. 
Entonces era llegada la hora de hacerles construir un 
camarín de cafta espino ó bambú, techado de cogon (1) 
que servia de Iglesia provisional; y en donde sobre im- 
provisado altar de caila también ponía el P. Misionero 
el ara consagrada, el sanio crucifijo y las sagradas ves- 
tiduras. A la solennie ceremonia previamente anunciada 
concarrian los nuevos cristianos y los qiio todavía no 
.se habían decidido á serlo o no estaban preparados. 
Llegaba el solemne momento de ofrecer á Dios, el in- 
cruento saciificio de su Hijo humanado en lo más ás- 
pero de los bosques Cebuanos, y comenzaba el sacrifi- 
cio el Ministro del Señor, eí cual le ofrecía por aque- 
llas almas rescatadas y redimidas poco ha, y por aque- 



(1) Yerhamáa ftltaqap un lioinbre á caballo y lunj i 
üistBiite. 



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Í3á tAS COR PORA CinfJES REUGlnSAH 

Has otras que todavía no hatian visto la luz de la fe: y 
lo consumaba en medio del más profundo silencio; de 
la más grave compostura; del más reverente acata- 
miento de aquellos neófitos, que podían servir de mo- 
delo de piedad y devoeió» á los eristianos viejos más 
religiosos. 

Esta íariiidad del indio [mía reciJiir la lleligiófi, y el 
poderoso ascendiente que sobro elloíí adquirieron los 
PP. Misioneros, si bien debemos atribuirlo á IJios pri- 
meramente, tiene también su explicación natural en el 
teinperamento y modo de ser de los indios filipinos. 

Dominan en el indio filipino las facultades sensiti- 
vas sobre las intelectuales con tanto imperio, que casi 
las anulan, siendo el indígena por esta causa de muy 
escasa aptitud para las especulaciones (ilosóffcas; pero 
poseen una facilidad admirable para todo lo que les 
entra por los sentidos, y de aquí su especialidad para . 
las artes de iuntación. Las disertaciones filosóficas, teo- ■ 
lógicas y morales por claras y precisas que sean, no ' 
logran llevar un rayo de luz á aquellas inteligencias 
torpes y perezosas, ni á eoiuuover una sola fibra de 
sus corazones insensibles álos sentimientos, que gene-, 
ran las concepciones dol espíritu. Para hacerse com- 
prensible en estas materias hay que valerse de ejem- 
plos materiales, de metáforas sensibles, que les entren 
por los ojos, por los oídos, por cualquier sentido. Esta 
es la regla general en la que hay excepciones qne la 
eoiilirman. Por este motivo todos los indios lo son todo 
en materia de oficios. Si á un cocinero se le pregun- 
ta: — ¿sabes tú cortar una americana como ésta? — sabe, 



C'.(>ot;;ic 



El FILIPINAS 133 

Señor,— contestará, itivariablemetite; y la corta y la 
cose 9i tiene delante imairmestra. Póngase en sus ma- 
nos im inslriiinento tnú>'ical cualquiera que él haya 
visto tocar, v a|ireiiíleráél solo á tocarlo sin sabei- sol- 
feo. Sus facultades imitadoras iion auxiliadas por una 
calma y paciencia {pie suele ser la desesperación de 
los europeos, porque nunca -je apuran por nada; nunca 
se dan prisa; nunca los urge asunto alguno; han na- 
cido para manejar el mmhm más pesado y calmoso 
qi.'.e el buey. La escultura, pintura, miisica y poesía 
son las artes por las ipie el indio filipino tiene una 

■ aptitud espoíúal de imitación. Imita las dos primeras 
sin saber el porque di; la aijtilud de las figuras, sin 
dar la debida proporción alas partes, sin conocerla 
importancia de la propiedad del colorido; sin apreciar 
el valor délas lineas, la correcdón de los contornos, 
indumentaria y otros detalles que contribuyen á ía per- 

. -feceióii de la figura ó del dibujo; para el indio filipino, 
-cuanto más fea, múa negra, luíis desproporcionada sea 
la imagen, d« un santo, más devoción le inspira. El Ex- 
celentísimo yíídmo-Señnr Obispo do Jaro se vio pre- 
cisado A i-ecordar á los l'iUroens la prohibición de 
bendecir imágenes repulsivas [lor lo innaturales, y raro 
era el sábado, día fijado para la bendición de las imá- 
genes, después de lo^; bautismos, que no rechazamos 
acunas, particularmente santos cristos por parecemos 
verdaderos mamarrachos la augusta víctima de la re- 
dención del hombre. En música da las notas, lleva el 
compás, pero sin exijresión ni sentimiento. La poesía, 
que cultivan con furor hasta los monteses, les gusta 



j-.v-Coo-^le 



Í34 LAB CORPORAaONES RELIGIOSAS 

por el riüiio y la cadencia: y muchos de sus bailes van 
acompañados dei canto versificado. 

Esta cualidad imitativa dei iadio contribuyó podero- 
samente á la rápida evangelizaeióii de los pueblos y 
explica naturalmente ei cómo solo dos Religiosos pu- 
dieron en cuatro años atraer á ia verdad erisliana á 
Jos indios de las islas de Cebú y dePanay. • — Losque 
• aquí quedaron, dice Mallat, (1) siendo tan pocos ex- 
•tendieron su conquista á Uoilo, y luego á toda la isla 
íde Panay, viviendo en aquellos bosques vírgenes, solos 
.*en medio de gentes salvajes y desconocidas, sin más ' 
«armas que la palabra, ni mus sostén que la fé. Asi ■ 
«conquistaron ellos (odas las Visayas. ¡Dos frailes sólosl 
»Esto parece increíble al que no conozca !a historia 
»de las misiones cristianas». — No preténdenos con es- 
to prescindir del auxilio del cielo, principal agente en 
las sanias y buenas obras; factor indispensable al Mi- 
sionero, que se aventura guiado por la fé y animado 
por la caridad por selvas impenetrables, en las que le 
amenaza la muerte á cada paso que dá en un pais 
preñado de peligros. Cien veces sin ¡a protección divina 
habrían perecido los PP. Rada y Herrera asesinados 
por los salvajes, tragados por las boas, y hasta chupa- 
dos por las sanguijuelas; (2) cien veces habrían sucum- 

(l> Apiiiitusintur. uob. Jad. Isl. i'iíip, ■¿■"part. An. 'J" 
M»drií3 l&>9 p, 70. 

Í2) Haj hosqnes en InB que abiitnian tan prodigiosamen- 
te estos HnélirtoB quu corre inminente peligro la vida del 
que íiií^aoto penetre en ellos. En a¡ monta /nanián del pue- 
blo de Maastn hay (lu boeijiie en el que dj puede entrar 
animal alguuo porque laa sanguijuelas abundan tacto que 



d.,Cooj^le 



F,S PlLrPIPJAK ISS 

bido á la fatiga, á la sed y a! hambre; cien veces el 
■ desaliento les habría hochu desistir de ana empresa im- 
. posible á las fuerzas humanan, uiiando extraviados, 
perdidos un día y otro en aquel laberinto sin sahda de 
árboles ooi-(niientos y bajo b03t|iie no hollado por . 
planta hnmana eran sorprendidos por las negras som- 
, bras de la noehe lejos de todo,aii!tilio hninano; sin po- 
der enoontrar salida i'i tan difícil silnaeión; ni poder 
siquiera guiarse jior tan i;.5l.rellasque no podían ver á 
través de la b(Weda de fnllage, que hasta el eatnino 
'del cielo los ceiraba. Pero puesto el corazón en Dios, 
nada temían aquello.-^ Apóstoles de la fé; morirían, pero 
snshnesos blanqneados poi- el tiempo serian la piedra 
miliar, qne señalaría el camino á snd sucesores. 

Desde el principio uhservaron los Misioneros, que, 
si consegiilan |)oner«e on contado con el salvaje, la 
desconfianza desapareóla [ironlamente y ala esquivez 
sucedía la curiosidad excitada por los relatos, que ha- 
cían los Misioneros de ias cosas del cielo y de la tierra, 
i II strn vendóles en las vordades de la religión; ó refirién- 
doles las costumbres PNro¡ieas; el paternal gobierno de! 
rey; el mutuo respeto délos ciudadanos que vivían en 
sociedad ftirtnando j>o|juK>sas ciudades, auxiliándose en 
sus necesidades y ])eligros; ayudándose unos á otros; y 
cou estos relatos des|>erlaban en los corazones salva- 
jes el deseo de gozar do las ventajas sociales, que no 
podían desconocer; se disipaba la deseontianza entre 

■e encuentra!) en I»s ycrbaií, ^n los at'buatos, en loíi árboluí', 
on todaa parf.es: y ¡»y del qiiu se atreva i, irivaiUr sns dij- 



d.vCoo-^le 



136 LAS mRpoRAnn'ijEP rri-igíopas 

ellos mismos, y se amortiguabíi el deseu de la indepen- 
dencia salvaje, para conservar la cnal, se veían pre- 
cisados á vivir aislados, siempre vigilantes hasta contra 
el vecino, si asi puede liainarse, el que habitaba á dos 
ó tres kilómetros de distancia, pues no era menos la 
que había entre las chozas de los indios del bosque. 
Venían después los ritos'dcl sacramento regenerador ' 
de! bautismo; el grave aparato de tas cerertioiiias de la 
santa misa; en la que veían á Jesucristo clavado en la 
cruz. La crueldad del suplicio les aterroi'izaba; los cla- 
vos, las espinas, la lanzada, la sangre conmovían sus 
corazones; el aliar, las vestiduras sagradas, el cáliz, la 
patena, lodos los ornamentos que simbolizan la pasión 
del Dios-Hombre, les impresionaban, les entusiasmaban; 
y como fieras domesticadas se entregaban dóciles y 
sumisos al Ministro del Señor, que fabrica el trueno y 
hace fulgurar el rayo para los malos, y Él mismo es pre- 
mio y galardón para los buenos. Comparaban el acto 
religioso de la misa con e! anito; la gravedad, compostu- 
ra, modestia y devoción del Misionero con las ridiculas 
contorsiones, locura y frenesí del bahailan; el signo de 
la redención, signo de paz, amor y fraternidad con la 
daga amenazadora del anito^ y ladiferencia no pasaba 
desapercibida para sus rudas inteligencias. Nada les 
pedía el Misionero por asistir al incrnentosacriricio; na- 
da por enseñarles'á orar, nada por instruirles; y el 
habailanXñá exigía una víctima, ó varias, y adem&s los 
adherentes necesarios para completar la ceremonia. 
Omitimos por innecesarias otras diferencias esenciales, 
que los indios encontraban entre la religión divina dei 



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K\ nnriNAR 137 

eruciflcado y ías absurdas prácticas del hahaUan. Caída. 
día era mayor el número de indios monteses, ijiie con- 
currfan á ver y oír al P. Misionero. La noticia de su 
llegada, de su carácter, de su bondad, era comunicada 
por linos á otros, pero lentamente, como tenía que su- 
ceder dada la forma de vivir del riiontés. Eti toda la isla 
de Cebó no había más que una población á !a llegada 
de los españoles, (a capital Cebú: en el inlerior habita- 
ban los monteses en chozas separadas unas de otras y 
situadas en las cimas délas colinas, ó al borde de ba- 
rrancoH y precipicios; vivían asi porque i)Í de sus mis- 
inos parientes se fiaban, y para evitar las sorpresas en 
las incursiones de los subditos del rey Tupas. Cuando 
se internaban en los bosques para hacerles la guerra, el 
primer indio montes, que les veía, corría á su cho^a, 
avisaba á su mujer, y mientras esta ponía en salvo sus 
hijos y lo (fue podía llevar de la choza, él golpeaba 
uno contra otro dos pedazos de caña baiiibú, y el so- 
nidoseco y ahuecado se repetía instantáneamente y re- 
percutía el eco de monte en monte, de colina en colina; 
ó salía del fondo de los barrancos, de las márgenes de 
los rios; la alarma cundía en un momento por los con- 
tornos; y el l'ciln, hala que atronaba los aires, indicaba 
al rey Tupas que había sido descubierto y (|ue los mon- 
teses estaban preparados. 

Comprendían los PP. Rnda y Herrera que no bas- 
taba para el fui de su misión religiosa y política, que 
los indios abrazaran la fé, y que practicasen los debe- 
res de cristianos, sino que era también necesario re- 
ducirles á la vida civil; formar pueblos, que facilitarían . 



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138 L*? COHPt)RACrnNFPREI.IGtOFAS 

la administración espirilnal y política. No se les ociil- 
labanias graves dificultades que habían de vencer, pe- 
ro era necesario abordarlas y iniinfar do todas para 
no desempeñar á medias aii misión evangélica y pa- 
triótica. Con este fin insislian en incnicar ít ios monteses 
las ventajas incal enlabies de. la vida social. A los rfi- 
paros de los .'lalvajes de rpie, viviendo en esla forma 
sarian pronto sorprendidos y aniíniilados por Tupas y 
sus vasallos, contestaban losltelifíiososqne nada tenían 
que temer ya del n(;y Topas, pues esle había reconoci- 
do )a .soberanía de España, v ya no ora ái el qne go- 
bernaba en C!ebú, sino mi rejire-íentarilc del Rey de los 
Españoles áqiiien Tnpaa y los indios de Cebñ obede- 
cían. A las objecciones de las discordias, riñas y muer- 
tes q»e ociirririan con frecdeneia entre ellos mismos 
nacidas del trato y mee continuo, contestaban los Re- 
ligiosos Con tas (riá.'íimas sidilimes del Evangelio,— «Sois 
»beniiaiio8 en la le, los deeian, y habéis de amaros 
scomo hermanos, óirnilar el ejemplo de nuestro Re- 
■•dentor -lesiicristo (¡iic murió rogando por sus verdii- 
'gos; y nos manda qne no hagamos á otro lo que no 

• (ploremos qne nos hagan il nosotros. Amándoos yros- 
»petandoos míos á. otros, no habrá diferencias y dtscor- 
'dias, y si algnna hubiese la puede dirimir nn tribn- 
^ nal de ancianos, que vosotros nombrareis, y cuyos 

• dictámenes acatareis todos. Solamente asi podemos 
•los Misioneros permanecer coli vosotros, pnes nosserá 
•imposible ir diariamente de teso en teso, de barranco 

• en barranco para consolaros é instrniros. Perocuan- 
>(Jo lodos los do vuestra tribu viváis en im poblado co- 



^i.vCoot^le 



>mún, formareis una sola familia, y la líleíia seril la 
«casa de Dios y la casa de lodo^ en donde todos di?- 
a frutareis k la vez de los divinos misterios, de las cris- 
ítianas enseñanzas y de los beneficios de la Comiini- 
idad'í.ljos Misioneros, qne habían tenido ocasión de 
inspeccionar los conlornos tijaban su residencia en e! 
sitio más adecuado para fundar un pueblo, el cual 
solía ser una llanura ó nn valle en las márgenes délos 
rios; bien seguros, de (¡iie los sencillos salvajes irian 
poco á poco estableciéndose á su lado, como sucedió 
efeclivamenle en todas las islas. ¿Qué se liabria ade- 
lantado con la conquista de Cebrí .«ino conseguían ios 
misioneros, que los indios del luonle, que vivían en 
eíiozas aisladas como fieras en sus guaridas, no se 
avenían á vivir socialmeute formando pueblos? 'Meti- 
>dos en los bosques, dice el P. Zúñiga (1), ni pagaban 
• tributo, ni hacían servicio alguno A los Españ oles >. 

Y como lo habían previsto los Heiigiosoa sucedía; 
los salvajes unos en pos de otros iban construyendo 
sus chozas al abrigo de la improvisada Iglesia y al am- 
paro del P. Misionero. Las constriii'cionés de sus vi- 
viendas les costaban poco; porque abundaban los ma- 
teriales, caña hambfi, hpjiwo y mgou; con algunas caflas 
hincadas en el suelo, algunos oíentosde bejucos y unos 
cuantos haces de cogen la casita estaba hecha. Desde 
nn principio observaron los Religiosos el profundo res- 
peto que profesaban los indios á los ancianos, el cual 
procuraron fomentar los Misioneros, no solo porque 
asi debía ser siempre y mucho masen el estado^de salva- 



(í) Ziiñiga. fliat. D. FÍIip. cap. VÍIl, 



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140 LAS (;0[{poiiAr!n>jKs RF.umnííAS 

jes en que se encontraban, sino que también porque así 
convenia á sns unes cristianos y civilizadores. Todavía 
se conserva este respeto tradicional á los mayores, 
siendo pava el indio filipino tan res¡)etable su hermano 
mayor, casi como sn mismo padre; de manera, que 
cnando este falta, e! hijo mayor le sneede en sns fun- 
ciones de jefe de la familia sin vioIeTieia alguna por 
parte de los hermanos menores, acostumbrados desde 
la infancia á obedecer y respetar al mayor con tan 
buena id y convicción intima, qne se acusan al cofen- 
sarse de las desobediencias y murmuraciones á sama- 
non, hermano mayor, corno de las cometidas contra sus 
padres; lo cual dá ala vida de familia cierto carácter 
patriarcal y eficaz prestigio, ¡jiie contribuye no poco al 
buen orden y pazinteHor en e! hogar doméstico. Apro- 
vechando ios Religiosos estas excelentes disposiciones 
designaban algunos ancianos para el gobierno y admi- 
nistración de Justicia del nacienlc ¡¡oblado, ijue no 
abandonaban hasta ver reconocida y acatada por to- 
dos !a nueva autoridad. 

Hé aqui el modo y forma adoptados por los prime- 
ros Misioneros en Fili|iinas para atraer ¡i la vida social 
y cristiana ¡i los indios salvajes esparcidos por los bos- 
ques sin otro laz(idc unión entre ello?, qne el de la 
defensa contra el enemigo comiín, que era en Cebú el 
reyezuelo Tupas y sus vasallos. Los cimientos de la 
vida religiosa y política estaba» abiertos, el primer paso 
estaba dado; con el tiempo y el trabajo continuo eleva- 
ría el edificio social hasta su completa terminación. 

Organizado, aunque en embrión, el nuevo pueblo, 



j..,Cooglc 



EN FlLlPiNAS 



141 



proseguían los Religiosos sus exploraciones. De! nuevo 
poblado tomaban guias é informes; y aunque los traba- 
jos de la marcha no eran menos penosos, por tener 
que hacerla á pié bajo un cielo abrasador, y haber de 
recorrer grandes distancias, ya no se extraviaban en el 
bqsque, ni las lianas, bejucos, enredaderas y malezas 
les oponían una barrera infranqueable obligándoles á 
dar largos rodeos y á extraviarse con frecuencia; cuan- 
do llegaba este caso desevainaba el guia su- bolo ó 
machete y abríapasoen un momento: y cuando suce- 
día que el indio (jue les guiaba, no se atrevía á pasar 
adelante, por temor á que de él tomasen venganza otros 
salvajes, á los que habia hecho alguna fechoría, daba 
á los Religiosos las senas precisas para encontrarles y 
de la dirección que habia de seguir. Era para alabar á 
Dios ciertamente y reconocer su protección invisible, 
ver que todos los indios eebuanos les recibían con las 
mismas demostraciones de respeto. A la esquivez suce- 
día la confianza, á esta el respeto, después el pres- 
tigio é influjo moral, que por lo muy profundo y ad- 
quirido en tan breve tiempo atribuían los Religiosos á 
la misericordia del Salvador, cuya Religión iban á im- 
plantar en aquellas lejanas islas. Ciertamente, que la 
superioridad déla raza y de instrucción, la dulzura, la 
amabilidad, la santidad de vida de los Misioneros imponían 
á los salvajes, pero habia que reconocer algo de sobre- 
natural en aquella sumisión absoluta del infiel al Re- 
ligioso, la cual contrastaba notablemente con su fiereza 
natural y háiiitos deindependencia salvaje. Pero así era 
efectivamente v en tres años recorriéronla isla de Ce- 



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Í42 LAS t:i>iir(HiA(íin\Ks nKi.tfiíos.vs 

bii los PP. Rada y Herrera dejando eii los sitios más 
amenos del interior de las selva-i los eimientos de al- 
gunos pueblos eii los que liahian sembrado !a semilla 
de la fé, y depositado los gérmenes de la civilización 
cristiana 

Volvieron á encontrarse en Cebú los PP. Rada y 
Herrera y alli encontraron también á los Clérigos Juan 
de Vivero y Juan do Villanneva, (lue habían llegadoeti 
la nao de Salcedo; cómo si fuera la voluntad de Dios 
que también el Clero secular tomara parte en la evan- 
gelización de aquellos salvadles tan ignorantes como 
sencillos. Ya eran cuatro los operarios en la viña del 
Señor, pero muy pocos todavía para mies tan abun- 
dante. La interesante relación que de su expedición y 
actos realizados en el interior hicieron los dos Religio- 
sos á Legaspi, movieron á este á enviar al P. Herrera á 
México para comunicar al Virey y á la Audiencia los 
obstáculos que ala conquista opoiiian los Portugueses, 
y para alistar más Religiosos, tanto de nuestra Orden, 
como de otros Institutos religiosos y aun del clero se- 
cular: porque la mies em iiutcha según la frase evan- 
gélica, y los operarios i'ocos. Y en efecto, oí 7 de Junio 
de 1569 enibai-có el P, Herrera en el patache S. Lucas 
con rumbo á México, coniisíonadu por Legaspi á los 
efectos dichos: y para dar conocimiento á S. M. el Rey 
de los progresos de la expedición, y do los amaños y 
malas arles de los Portugueses para impedir la consoli- 
dación de la conquista y el establecimiento definitivo 
de los Españoles en Cebi'i. A poco de abandonar las 
playas eebiianas el patache S. Lucas dio vista á la nao 



j..,Ci>o¿;lc 



S-Juan, procedente de Mésico, y eii la cual iban loa 
PP, Agustinos í''r. Juan Alba y Fr. Alonso (Üinénez, y 
virando en redondo volvió á Cebñ el petaehe en con- 
serva con la nao. (Jraii contento recibieron Legaspi y 
sus compañeros; y muy particularmente ¡os Religiosos 
PP. Rada y Kerrera: ya eran seis los Miñinnerns incln- 
yendo á los Clérigos, líl P, Alba tenía setenta años! pe- 
ro ¿quéiniportan los años cuando el espíritu es joven y 
la fé y la caridad íe sostienen? Más joven el P. Gimé- 
nez y con no menos celo y espíritu por la salvacióii de 
las almas, prometía ser uñ operario laJjorioso, uji Após- 
tol infatigable; y llegó á ser en efecto el poliglota delpais 
en donde so hablan mits de cincuenta dialectos, aun- 
que son seis los principales; á saber; Tásalo; Visaya; 
Vicol; Pampango; I'angasiiián <• Ilocaiio. Kntusiasraa- 
dos los nuevos Misioneros con la narración de los he- 
chos y trabajos de los PP, Rada, Herrera; enardecidos 
por el celo apostólico de la gloria de Dios, determinaron 
proseguir sin tregua los trabajos de la misión civiliza- 
dora; y paraquc el éxito fuera mus rápido y satisfacto- 
rio suplicaron á Legaspi, que despachara delinitiva- 
mente a! P. Herrera para México y Rspaña eu busca de 
más operarios evangélicos; pero antes se constituyeron 
en Provincia regular, y nombraron Provincia! al Padre 
Herrera, digno ciertamente de este honor por todos 
conceptos; y á fin de que con eí carácter y autoridad 
, de tan elevado cargo fueran mejor atendidas y más 
eficaces sus gestiones; y además, como testigo de vista 
y uno de ios dos intrépidos Religiosos que habían teni- 
do valor de internarse tos primeros en aquellas selvas, 



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en áoude según loa -loí 

Burgla de impro>isii en foima de fie 

espeso iMjon rt bajaba ¡ orno • 

de loa altos arboles. Sii. narra 

cacoLtere^ de la verdad 'íin 3 

e!P Hortera ton el targu d' 

vala. llevando li>3 dLspac'ius d 

UuileB Pebgrosiffi m> 'aparara 

ta. desu nuevo ^openor Aprí 

idionitt.5 dejando al P Badaal ciiidadi 

dadde Tebu j da [oda la itla de e^lo nombre 

barrú el P Mba para la lah de I atiaj y ti P ( 

para la de Maabate El priineio desembarcó en Otón, 

o pueblo que enloiii'''3 ie divisaba desde 

por la pane Sur de la lila, \¡ ensenar el idioma 

PP Rada ) HerreraA su dos hermaiiiS dehábilo les 

instruyeron lambion nti la tirma quL habían de enj 

. |íear para preaentarae en los piiebloa y loa inedíoa de 

se habían de valer jiira Laptarse la r-onllanza do 

idiOE. les impusieron también eu el pbi» adoptado' 

para el eatablocimienlo du pueblos demdios monteses, 

, taio lo oaal tes habla dido a eltoí mayores resitltaSDR 

' de lo que esperabaa Lns E I- Vlba j I nneuez aprove 

diarcHt las aludables leitiones dolon ámenle v eon 

penalidades ein luento adquiridas pui la experiencia 

US bermanuB no oiniütrop cloa ol impoctanliauío 

detall" lie la propio jua j nuato di, lo-jndioau lo apa ^ 

rotoso s snlpmiie «i'arfliidoliB n pelidaí ve¡,e^ ^iie 

eelebraaeii los aLlos rebgiooca con tuda la pompa j 

griivi.dad j lie lea lueru ¡osiIJl ^1. fuLinii olvidados 



ó en OtÚQ, » 
le el mar I 



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\'¡ I II r ibulupur Igs llon 
I il iii i Ipofadft pronto ea 
jri la lili lua cebuanos hablan 
ia j Herrera. Cuando Lega^i 
b(.sdo la villa de Cebü, Uamán- 
di. 1 iif. en sQBtitm :un del 



E Miígallan 
lijB ya pu 



■ el Padre 

Éiliiiito, pequpiiu puc 

I I 11,1110= ijiiL fiierun las pninicias 

hi eípintual. que promelia con 

j I a hia do Panay se dietinguieron 

iüjii,,ji 1 i i, J iil, i por 311 adhesión d España, 

aun dL&puc d-.\ iiiCiuatu dia 2^ de T>i¡ lembre de 1898 

>- en 61 (¡ne filé arnada laJiandera esf afiela en la i,api 

" lal de íldilo y ihiiiliuih la ni> par e! (.oneral Ríos 

ulUmu ( I I I Archipiélago Maga 

lliiln. > f I I I 1 lup el liUlulo P&rro- 

ftüla. ) <"■ I I I ir ia piedad pculunda 

dSlosdPJCCiidL ^ilP'. iie h ] iimpros tnstianuí ¡le la 
, tela de PMiay la «eawapiün que pii aaa re 
'^patidoe conserirabau & los otros Párroouí Reiígioaos 
B lUe le baJ:iIaji precedido «n la adniuiintraPión eiplntiiaJ 
^ dtd pueblo, eipeiialiuíntt al P Alhi bu pruner Mjnis 



íí'i 



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140 t.As roRpoTiACiONÉa RiíLir.ioaAB 

tro y primer Apóstol de la isla: asi como también pu- 
do observar el hondo sentimiento y acerbo dolor de 
losOtonganos al saber, que aquellas islas conquistadas 
por España sin efusión de sangre; sin disparar un tiro, 
y sí solamente por los medios suav(?s de la persuasión, 
habían pasado .1 ser del dominio de una nación, que 
no existía cuando fuero.i aquellas descubiertas por los 
Españoles. Kü OgLon eoiito en todos los pueblos filipi- 
nos, que adminislraron los Religiosos, lian dejado hue- 
llas iudeleVjles de su paso y permanencia en el país. 
Además del tranado del pueblo en calles rectas; con 
aioantarilladü de manipostería para el desagüe; puen- 
tes de piedra en la carretera general; un cementerio 
de manipostería con artística balaustrada; una casa 
municipal de materiales fuertes con Lecho de hierro 
galvanizado, erigieron ios PP. Cobos y Fernández con 
la ayuda en personas y recursos de los Otonganos, una 
hermosa Hasilica, verdadero monumento visitado por 
indígenas, por Españoles y extranjeros como una joya 
del arte, como una notabilidad arquitectónica sin igual 
en todo el pais por su forma de cruz griega; la cual ha 
merecido figurar en los albuins artísticos de vistas fili- 
pinas por el aventajado Kotógrafo de líareelona D. Fé- 
lix Laureano. 

Cuando el P. Alba hubo organizado el pueblo de 
Ogton por el estilo de la villa de Cehii, se dispuso á 
penetrar en el interior de la isla eq donde, según las 
referencias de los Otonganos había uuichos habitan- 
tes esparcidos por ios bosques, viviendo aislados entre 
ellos mismos. No arredraban al P, Alba lus peligros ni 



:l.,C00glC 



m PILtPINAS 147 

tampoco le pesaban los setenta años de edad; se sen- 
tía con fuerzas para todo y eojifiaba en !a gracia, que 
nanea abandona al hombre, y la cual Dios da según 
las necesidades; con eila contaba para una empresa, 
i^ue debía ser muy del agrado suyo por cristiana y civili- 
zodora. Y como lo pensó, lo hizo, acompañado proba- 
blemente de algunos neóíitos Olongauos, que le servi- 
rían de guia en las [iFÍmeras etapas y llevarían los 
ornanaentos sagrados parala celebración del santo sa- 
crificio de la misa según lo recomendado por los Padres 
Rada y Herrera, observado también por él mismo, pues 
en Ogton como cu Cebü el brillo de los ornamentos 
. serados, la solemnidad del culto, el aparato y ¡apom- 
pa de los actos religiosos, si gustaron á los de Ogton 
por la novedad, les impresionaron tan profundamente 
como á ios cehuaiios. No dicen nuestros Cronistas cual 
fué el itinerario que siguió el P. Alba, ni podían sa- 
berlo entonces, cuando no existían pueblos, ni barrios, 
sendas ni caminos, y hasta íos nombres de montes, lu- 
gares y ríos del interior eran desconocidos de los indios 
de la playa. Solamente nos dicen las Crónicas (lue el 
P. Alba llegó hasta Araiti, hoy Dumangas, en donde 
encontró un grupo de chozas, á cuyos liabitautes evan- 
gelizó y regeneró en las aguas del bautismo: entre los 
cuales inoró algún tiempo, teniendo que abandonarles 
para acudir á las necesidades de sus primeros feligre- 
ses; prometiéndoles antes que volvería ó iría otro Reli- 
gioso como él, y mejor que él para uo abandonarles ni 
separarse de ellos. 
' En 189lá cuando habia carreteras hasta ^raiií—Du- 



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148 í,\s noRpOTi.vcinNF.RnF.r.ir.jnsAS 

mangas — y por toda la isla; y eí trazado de las cuales 
había sido rGclifieado varías veces por los Párrocos 
Religioaos, que liiiscaban siempre la linea más recta,, 
cnanto lo pemiitiaii los accidentes del terreno, ia dis- 
tancia entre Ogton y Araut por ia via más recta era la 
de treinta kilómetros. ¿Cuántos andana el anciano 
P. Alba para llegar á Araiif desde Ogton, cuando ni 
había sendas, ni caminos, ni calzadas, ni puentes sobre 
los ños; y, por entre bosques frondosos y espesísimos; 
atravesando rios y esteros á pie descalzo y con seten- 
ta años enciina? 

Mientras que el P. Alba trabajaba en ía viña del 
Señor con la actividad do un joven y coa el celo de - 
un Aposto!, el P. Giménez arríbaba á Masbate en 
donde fué recibido como enviado del cielo. Con activi-, 
dad febril recorrió la costa que era la parle habitada 
por indios pescadores; les evangelizó, instruyó en las 
principales verdades de la Religión, administró á mu- 
chos el sacramento del bautismo, les hizo agrupar las 
chozas en pequeños poblados; y como volando en alas 
de la caridad pasó á Camarines, en donde hizo lo 
propio con tanto fruto y provecho, que él mismo se ad- 
miraba de< la abundante cosecha espiritual que reco- 
gía. En Camarines tropezó el P. Giménez con una difi- 
cultad que no esperaba y la cual retardó algunos meses 
la evangelización de aquellos naturales. Kstos hablaban 
el Vicolmu'j distinto dialecto del Visaija y tardó algún 
tiempo en aprenderlo el P. Giménez; pero si no podía 
elbuen Religioso ganar almas para Dios con la palabra, 
las ganaba con el ejemplo de sus costumbres santas, 



.LvCoo-^Ie 



predisponiéniioles con la ejemplaridad de su vida para 
recibir después las iiistniecioiies religiosas, ({ue les ha- 
rían hijüs de DioH, para que fiietari también leales va- 
sallos del Rey Prudente, y líeles si'tbditíis de la nación 
más poderosa en ac|¡iollá época. 

El dia íi de -fnnio de 1!>70 volvió el P, Provincial 

- Herrera-CDii Ires í'nibiin:n,(;ione3 qne el Rey enviaba á 
Legaspi (íon auxilios ó instrucciones para el buen go- 
bierno de las islas, y con la coiifirniaclón del nombra- 

. miento de Adelantado, y la concesión de mercedes y re- 
compensas páralos capitanes y soldados ijue más se 
habían distinguido. También venían eoiiel P. Herrera dos 

''Religiosos iná8,que Yolimlariamonte habían ofrecido su 
cooperación en la grande obiu religiosa y política qne 
Ijiabiaii comenzado sus hermanos de lleligión. Se llama- 
ban estos dos operarios evangélicos Fr. Diego Ordóftez y 
Fr. Diego de Espinar. ¡Ya eran seis líeÜgiosos! l-a cris- 
tiandad habiacrecido considerablemente desde 1.56(i, y 
también los PP. Misioneros, que de dos solamente que 
eran a! comenzar la conquista espiritual del interior 
de la isla de Cebú, habían llegado A sum'ir seis. Pe- 
queño- nñmero ciertainente para lanta-f almas; tantas 
islas y tantas necesidades; pera las más grandes difi- 
cultades se habían vencido con relativa facilidad; ya 
sabían dos dialectos de! país, el Visaija y el Vicol; ya 
conocían las costumbres deí indio; ya la experiencia 
Íes había enseñado los medios de atraeries á la verdad 
cristiana; ya disponían de algunas bases de operaeío- 
'nes en Cebú, Ogton, Masbate y Camarines: Dios re- 
compensaba sus trabajos apostólicos; el óxito respondía 



jó/CaxijíIc 



Í50 I,Añ COHPORACIOflESBFI.ir.raSAS 

á sus esfuerzos políüco-soeiales, y todo esto estimulaba 
podeFOsamented proseguir con mayores y nuevos bríos 
la conquista espiritual con tan buenos auspicios co- 
menzada. 

Satisfecho Legaspi cou el título de Adelantado de 
las islas conquistadas, y de las que conquistase en lo 
futuro, volvió á Cebú:" hizo allí salter por pregones 
que iba á fundar una ciudad y que los que quisie- 
ran habitarla inscribiesen sus nombres en la Notaría. 
Cincuenta españoles se inscribieron; se les dieron tie- 
rras; se confirmó el nombre de la nueva ciudad; for- 
mó Legaspi la municipalidad y nombró Gobernador á 
Guido de Lavezares. Hecho todo esto volvió Legaspi 
á ia isla de Panay, en donde se preparó para la con- 
quista definitiva de la isla de Luzón, la más extensa; 
y su capital Manila muy populosa y en relaciones 
comerciales con ios Chinos, Japoneses y Portugueses. 
El 5 de Mayo de 1571 tomó posesión Legaspi de la 
Metrópoli de las islas filipinas y capital de la isla de 
Luzón. No sin antes haber tenido un pequeño choque 
con el raxa de Tondo, Solimán; después del cual nin- 
gúnobstáculo serio se opuso al establecimiento definitivo 
de la Capital de la Colonia, en 3a que era ya lo de !a Isla , 
de Luzón. Los buenos oficios que los Religiosos habian 
prestado como ministros de paz y caridad en Cebü, los 
empleó también Legaspi en Luzón, para disipar los 
recelos y calmar los ánimos de los belicosos subditos 
de Solimán y de los aguerridos indios de Hagonoy y 
Macabebe, dos pueblos, de la provincia de Manila el 
primero, y de la Pampanga el segundo; y debido á ios 



.y Google 



buenos oficios de los Religiosos se sometieron los 
indios dóeilineiite á pesar de las itili-igas y maquina- 
dones de los Portugueses. 

En Cebú había (jitedado el P, Hada encargado de 
la adminisLraeióti religiosa de la ciudad y del interior 
de la isla; en lloilo el P, Alba cu n el niismo objeto; en 
Masbatc dejó gI Adelantado si i^ Giménez eon seis ■ 
soldados por si los n'ecesitaba en alguna ocasión en 
la qne no fuera surieieule su carácter sagrado é in- 
flujo moral para dirimir las contiendas graves que 
- ocurrir pudieran; El P. Provincial Herrera, y los Pa- . 
dres Vr. Diego Ordóñcz y l*'r. Diego de Espinar acom- 
pañaron á Legaspi en la expedición para la conquista 
de Manilti. Va hemos apuntado cuan provechosa fué la 
intei-veución de estos Religiosos para calmar ú los irri- 
tados indios de Ilagíinoy y Maeabebe; por su influjo y 
por su consejo se sometió ei raxa Solimán. T.egaapi que 
había salido de México como General de la Armada, 
propuesto por el I*-*. Kr. Andrés Urdaiieta; que había 
visto, que debido á los Religiosos habia sido bien re- 
cibido allí, donde Magallanes, verdadero héroe legen- 
dario habia encontrado la muei'te; en donde habia 
sido asesinado Serrano; en donde Elcauo se habia 
visto obligado il levar anclas á toda prisa; en donde 
Villalobos y los suyos perecían de hambre, se conven- 
ció con el claro talento y altas dotes de prudente y 
hábil Gobemante,do que soif.mente los Religiosos podían 
haper y consolidaí- la conquista de aquellos pueblos 
de (ndole especial y costumbres tan distintas de las 
europeas. Establecido cu Manila juzgó que era llegada 



I ., Google 



Í52 LSS CORFOnACíOJÍEP RELir.IOPAS 

la ocasión de consolidar y asegurar lo adquirido y 
prepararse para toniar posesión y domÍLiío sobre io 
restante, para ío cual necesitaba mus Religiosos, *De 
»poeo habría servido, dice D. Tomás Comyn (1), ei valor 
»y ia constancia de Legaspi y sus dignos compañeros 
»con que vencieron á estos naturales, si no hubiera 
»acudido á consolidar lii empresa el celo Apostólico 
»de los Misioneros. Estos fueron los verdaderos con- 
» quistadores; los que sin otras armas, que sus virtudes, 
»se atrajeron las voluntades, hicieron amar el nombre 
•Español, y dieron al Rey, como por niüagro, dos millo- 
rnes más de vasallos sumisos y cristianos; estos fueron 
ílos legisladores de las hordas bárbaras, que habitaban 
»las islas de este inmenso Archipiélago, realizando con 
»su suave persuasiva los prodigios . alegóricos de An- 
>fión y Ürfeo>. 

Era necesario que ios pequeños grupos de casas, 
que los PP. Rada, Herrera, Alba y Giménez habían for- 
mado en el interior de las islas de Cebú, Panay, Mas- 
bate y Camarines, llegaran á ser pueblos verdaderos 
con sus autoridades locales propias; sus derechos, obli- 
gaciones, ventajas y tributos. Esto solamente los Keli- 
giosos podían hacerlo; solamente ellos además del ca- 
rácter serado, tenían la abnegación y el espíritu de 
sacrificio, que se necesita para acometer aquellos tra- 
baos penosísimos, caminando á pie bajo un sol abra- 
sador por entre bosques y montañas; para vivir solo 



(1) Estado de ¡as Is!. filip. eu IblO. Madrid. ISÜO. capí- 
tulo SI V, pa. m-íií}. 



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FU FILIPINAS Í53 

entre salvajes, sufrir hambres, desnudez y enfermeda- 
des; y no para atesorar riquezas, ganar encomiendas 
ni gloria y hónoi'e:^ mundanos, sino para servir á Dios 
y á la patria. Así pensaría seguramente el prudente 
Legaspi. En atjuel entonces seis Religiosos solos enten- 
dian en la evangeüzación de los naturales de las islas 
antes citadas, esparcidos, separados centenares de 
leguas unos de otros, sin comunicaciones, sin esperan- 
za de auxilio alguno. El pabellón español hondeaba 
arrogante en la Metrópoli de las islas y en varias otras; 
pero Legaspi no veía asegurada su obra mientras que 
la cruz no se destacase en los campanarios de todos 
los pueblos como una esperanza en el lejano horizonte. 
La divina Providencia hoyó ios votos del piadoso 
Adelantado, y los de toda la Colonia. El 7 de Julio de 
1571 llegaron inopinadamente seis Religiosos más, en- 
viados por el P. Provincial de aWxico, entre los cuales 
venia el P. Alvarado, el mismo que hacía treinta años 
acompafió al desgraciado Villalobos en su fracasada 
expedición el año ir)42. Muerto Villalobos en Amboíno 
y deshecha la escuadra, los PP. Agustinos (¡ue en ella 
habían embarcado para misionar en las Filipinas, se 
dirigieron áGoa, en donde conocieron y trataron áSan 
Francisco Javier, Apóstol de las Indias, de los cuales 
dice el Santo: (í)— ^^Algunos Hermanos Agustinos Es- 
»parioles vinieron á (loa, por los cuales, si quieres, 
>piiedes conocer de mis asuntos. Te los recomiendo 

(1) Lib. '2,", tp. l.", a! P. Paulo Cameiti, Rector del Cfi- 
legio de dos, fecha tO de Mayg de 154*!. 



j..,Coojíle 



154 i.\s r:oRpnRAí"m"íF.P TiEUOTfifiAtí 

»para que les ayudes en lo que puedas. Son varones 
»niuy religiosiis y muy s&iúos plenei¿ue sancti. Los seis 
^Religiosos fu(M'on recibidos oomo venidos ilel cielo, 
*diee el 1'. Gaspar de S. Agustín (1), por el grao fruto 
"que se pruinotiaii de su eeto; y sin dilación alguna el 
>P. Provincial Fr. Diego de Herrera los distribuyó en 
idifereiiLes lugares para'que se emplearan en e! tni- 
'lüsterio apostólico. Kn cuya ojecúoióu euvio al Padre 
>l"r. üeróiiimo Marín á Cebú para cine acompañase a! 
sP. Pr. Martín de Rada, que era Prior de aquel Con- 
•vento; al P. Fr. Juan de Orla envió á Camarines para 
't¡ue acompañase al P. Fr. Alonso Giménez; al Padre 
• Fr. Francisco Merino envió á la isla de Panay para 
»que asistiese con el P. Fr, Juan de Alba; y á los res- 
atantes dejó en Manila para el ministerio de sus eo- 
»niarcas y de la Pampanga'. 

Con el nuevo reluerzo de uiinistms misioneros 
tomó considerable incremento aipiella oueva Cristian-' 
dad. Animados los nuevos Ministros con el ejemplo 
vivo de sus predecesores; y estos interesados más cada 
dia en dar Torma y consistencia á su obra evangélica, 
rivalizaban todos en (;elo y entusiasmo; y ni la edad, 
ni los achaques, ni los trabajos, ni las distancias y di- 
ficultades eran obstáculo serio, y niuclio menos inven- 
cible á las voluntades decididas de los Ministros del 
Señor; y todos á una, con el mismo sistema acreditado 
por el éxito obtenido por los dos primeros Religiosos 



(1) CoiiqoisU dalas Xsi. til¡p.,lifi. lí, c. iV., p. 232. 



:i.,CoOglc 



E^ FiLIPISAP 155 

Rada y Herrera realizaron en brevísimo tiempo el pro- 
digio de corivertir a !a fe cristiana A casi todos aque- 
llos indios, que un liiRtm antes yacían en la más supi- 
na ignorancia; de reducirlos á la vida social, formar 
pueblos, coustruir Iglesias aunque de materiales ligeros 
y acatar la autoñdarl patriarcal de los ancianos. Y 
aquellos indios, que pocos* anos antes vivían como 
fieras en lo más intrincado de! bosqne; y libres 
como el aire vagaban de selva en selva, de barranco 
en barranco, sin freno, ni siijección alguna: acechán- 
dose, matándose, haciéndose la gnera sin cnartei, vi- 
vían ya soeiahneute dóciles, sumisos, respetuosos, no 
solamente a! P. Misionero, sino que también ó la auto- 
ridad local puesta por él provisionalmente. ¿Cómo se 
había obrado este milagro? No ciertamente por las 
armas españolas qne no habían penetrado en la selva 
virgen, ni tampoco porotroinílujo alguno extraño, pues 
solamente los Helígíosos tuvieron valor y abnegación 
para ir en busca de aquellas ovejeis perdidas á ejem- 
plo del divino Pastor; tampoco por la fuerza material, 
porque los PP. Misioneros no llevaban otra que la 
que esperaban y Íes daba el crucifijo que sostenían 
en sus manos; y á fe que no necesitaban de ninguna 
otra más, y con esta sola obraron todas aquellas ma- 
ravillas, qne hacían á Ltígaspi coniiar ciegamente en los 
inermes Ministros do Dios para la conquista de las islas, 
la consolidación de la paz: la extensión del comercio 
y para remover lodos los oíistáculos, que la malevolen- 
clíi, la envidia y la ignorancia suscitaban contra él en 
la Corte y en Móxico, ante el Rey y ante la Audiencia.' 



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Í5fi r.As rnRpnR\nnME5 RELiGiOf as 

Extreehamente ligados las intereses patrios con los 
religiosos, y subordinadas a^iueltus h estos, casi al mis- 
mo tienifio salían de Manila ol P. Alvarado, acompa- 
sando á Salcedo en la expedición á Cainía, Tay-tay y 
la Lagaña; y el P. Provincial Herrera en dirección con- 
traria: aijuellos llevaban la misión de pacificar las re- 
beldías suscitadas por los 'indios tnrbnleiiUis de la fa- 
milia del raxáSoliuián, á las cuales no eran ágenos los 
agentes de los envidiosos l'ortngiieses; y el P. Herrera 
la de inspeccionar y hacer la visita provincia! á los 
pueblos y nuevas reducciones de Cebú, Paiiav, Iloilo é 
Ibalón. Se acercaba el término de su Províiiciaiato y se 
disponía el P. Herrera para jireseTitar al examen de 
los PP. Capitulares, relación detallada de sns gestio- 
nes oonio t'rovincial; del estadn de las Misiones, y de 
los medios que debían emplearse para dar finne^ía y 
amplitud á lo hecho hasta entonces; para (¡ue los Pa- 
dres excogitasen otros si les parecia bien para dar ma- 
yor y más eficaz impulso á la reducción de aquellas gentes, 
tan bien predispuestas para recibirla buena nueva 
del santo Evangelio. Avezado el I*. Herrera á los peli- 
gros déla misión, no le detuvieron loa de la travesía 
desconocida y no exenta de ellos por aquellos mares, 
abundantes en bajos y rocas á fior de agua, los cuales 
había de surcar para llegar á Cebú, pasará Iloilo, se- 
guir al pueblo de Panay en Cápiz, continuar á Camari- 
nes y desde aquí volver á Manila. Esta visita, la prime- 
ra, girada por el primer Provincial de ios Religiosos 
Agustinos en Filipinas, fué de suma utilidad para el 
porvenir de !as nacientes Misiones. Proveyó el V. He- 



:i,,Ccx>^Ie 



KN FILIPINAS Í5Í 

rrera á las más ut^eotes necesidades de los Ministerios, 
surtiéndoles de lo más necesario para ei cnlto divino, 
factor importantísimo on la conservación y propaga- 
ción de la fé entre aquellos indios, que tanto se paga- 
ban del aparato externo; tomó otras disposiciones acer- 
tadísimas y conducentes al mismo fin; proveyó lo 
necesario para la reducción -y formación de poblados; 
y bien informado de las necesidades más apremiantes, 
y con datos abundantes para ilustrar á los PP. del Ca- 
pítulo provincial, que habían de reunirse en junta para 
la elección del sucesor volvió á Manila, teniendo la des- 
gracia de que se abriera por medio la enibarcarión al 
chocar con una roca, perdiéndose los papeles, que 
eran muchos y escogidos según afirma el P. Cronista 
Fr. Gaspar de S. Agustín (1); pero salvándose el Padre 
Herrera y los indios que lo acompañaban. 

Terminado el trienio del P. Herrera, reuniéronse en 
junta ó Capítulo los PP. Capitulares; eligieron sucesor 
del P. Herrera al P. Rada; examinaron las disposiciones 
adoptadas por el primero en la última visita provin- 
cial; los medios propuestos para poner- eíi condiciones 
de estabilidad á las nuevas reducciones; y lodo fué 
aprobado por los PP. del Capítulo, los cuales se ocupa- 
ron en este último punto, como el más interesante, 
pues de su ejecución dependía el porvenir del pais. Lo 
más fácil y lo más práctico era constituir canónica y 
civilmente enpueblos y parroquias aquellos poblados, 
que por su situación ofrecieran fundadas esperanzas 



(.1) Obra citadap, 



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■ 158 LAS r:nrtpnRACTnNF.3 RELIGIOSAS 

de mayor iacreraento; y hacer de las inmediatas y 
próximas reducciones, barrios ó visitas dependientes 
del pueblo ó parroquia; los cuales podían llegar con el 
tiempo á ser también pueblos y parroquias indepen- 
dientes. Asi se acordó en aquel primer Capitulo provin- 
cial, celebrado por los PP. Agustinos en Filipinas; y en 
su consecuencia fundaron en 1572 los pueblos y pa- 
rroquias siguientes: Cebú, en la isla de este nombre; 
Ügton, en la provincia de lloilo; Manila y Tondo en la 
de Manila; Lubao y Betisen la de la Pampanga; Ca- 
himpit en la de Bulacán y ¡tacó en Mindoro. Estas Pa- 
rroquias l'ueron llamadas por inueho tiempo Doctrinan 
á diferencia de las MistOMes que tenían por objeto la 
conversión y reducción de los infieles, que vagaban por 
las altas cumbres y enmarañados' bosques de las cor- 
dilleras. Dicha determinación fué acertadísima. Cuando 
los indios vieron á los Religiosos establecidos perma- 
nentemente en ¡os pueblos, corrieron presurosos á su 
lado, para morar á la sombra de la iglesia, bajo ia pro- 
tección invisible de Dios y la visible del P. Misionero, 
Otros abandonaban las reducciones ó poblados más 
distantes para aproximarse al pueblo matriz, y no se 
decidían á vivir en ol misino pueblo por no alejarse 
demasiado del bosque, que les surtía de caza, y de los , 
campos, que explotaban para la producción del arroz, 
su principal alimento. En lo cual se ve también la ma- 
no de ta Providencia divina, tjue inspiró estos reparos 
á los indios para que las visitas ó barrios separados de 
la matriz fueran los núcleos de otros pueblos cuando el 
Biimero de halíitantcs y Religiosos lo permitiera. 



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Ya hemos visto en los capítulos ipie anteceden, 
como en Europa, en la edad antigua y inedia, allí don- 
de se levantaba un Convento surgía nn pueblo, que 
frecuent emente llegaba á sei- una ciudad. Kl signo de 
la redención, que se destacaba en los altos campana- 
rios, ofrecía protección y amparo á los desvalidos; las 
campanas les llamaban con le.nguas de bronce; la san- 
tidad de vida de los Religiosos era el imán, que atraía 
á todos á cobijarse bajo la sombra protectora de los 
muros del Convento. Esto mismo sucedió en Filipinas 
en la Edad moderna; y ya en el año 157ü el nuevo 
Provincial, sabio P. Rada contando con tres Religiosos 
más pudo fundar los nuevos Ministerios siguientes: Taál 
en la provincia do Hatangas, antes, Balaijm^ Hay en la 
de la Laguna, antes Bay; Pasig en la de Manila, antes 
Tonda; Pauay, antes üambam, en la de Cápiz; y Du- 
mangas, antes Araut, en la de lloilo. 

Otra de las determinaciones imporlantisimas toma- 
das en el Capitulo provincial, fué la de que volviese el 
P. Herrera á España pai-a solicitar del Rey más Reli- 
giosos, tanto de nuestro Instituto como de las otras 
Ordenes monásticas. De buen grado se presentó el Pa- 
dre Herrera pava esta nueva comisión. Anciano ya, y 
habiendo hecho á España dos viajes redondos, cuando 
no existía cl canal de Suez, ni se conocían los vapores, 
ni siquiera las grandes y seguras fragatas, que hicieron 
■ después el viaje por el Cabo; ni estaban suficientemen- 
te explorados los mares de la travesía; ni observados 
las monzones, se dispuso para el tercero con la fé de 
lin mártir; con la caridad de un Apóstol, pues compren- 



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Í60 LA"! I^ORPOFUf lOVFSRF.LtGIOSAS 



dio que de aquel viaje dependía la rüpida evangeliza- 
ción de todo el país, desde las playas de sus centenares 
de islas hasta los bairaiicos más profundos de sus inex- 
píorados bosques. A esta obra cristiana y civilizadora 
había éi consagrado los años iníis lloridos de su pasada 
juventud; él la había comenzado coa el P. Rada, se ha- 
bía encariñado con elia, amaba fi los indios, como ásus 
hijos, y lo eran en efecto por la gracia; quería que to- 
dos ellos participasen de las bondades divinas, y cono- 
cía que era la voluntad de Dios manifestada por medio 
de su Prelado y companero el P, Jlada. Partió el P. He- 
rrera con cartas do Legaspi para el Rey; en las cuales 
noticiaba todo lo realizado hasta entonces sin derrama- 
miento de sangre; tos maravillosos progresos de la Con- 
quista; insistiendo en atribuirlos exclusivamente al 
espíritu de la lleligión y al prestigio tle los Religiosos; 
por io cual pedia al Rey, no soldados, ni armas, ni re- 
cursos, ni buques de combate, sino Itdirjiosos, muchos 
¡teliyiosos: con ellos solos daría glorioso remate á 
aquella empresa inverosímil por lo grande y por lo 
fácil. 

En efecto: ia (:on(¡uista de í''iiipinas no tiene pre- 
cedente igual en la historia;- -ha sido tan admirada, 
>aundelos extranjeros,dice D. Vicente de LaFuento(l), 
• que habiéndose manochado no pocas plumas con 
ímordientes y calumniosas críticas sobre lade las Amé- 
"ricas, no ha habido una sola, que haya denigrado, 
»aún en la más leve circunstancia, la reduecién de las 



■ (U HLst. ecleBÜat, t. 8.": IS&á. 



.y Google 



■tslas Filipinas; pues se verificó sin apenas disparar un 
•tiro; todo fué obra del celo apostólico; de la pacien- 
»eia, dulzura, benignidad y demás virtudes de los Re- 
»ligio30S, y de la gran prudencia del General Legaspi 
»y sus inmediatos sucesores». — Cierto: la pacienda, 
benignidad, dulzura, abnegación, sacrificios y virtudes 
de los Religiosos fueron los séneillísinios medios, que 
la Providencia empleó en ia conquista de las Filipinas; 
solos estos medios, sola esta fuerza podía extenderla, 
sostenerla y conservarla. Con razón dice el respetable 
francés MalíaL (1); «Lo que la Religión ha hecho, solo 
•ella puede conservarlo, y no es sino muy cierto que 
»las Filipinas se perderían si se les quitasen los Re- 
>ligioso5, quo tan milagrosamente las conservan sin el 
«socorro de un soio soldado europeo: ¡quiera Dios que 
■este dia no llegue jamás!- —Y se perdieron efoctiva- 
. mente cuando fué combatido el prestigio de los Re- 
ligiosos por leyes y gobiei'nos, como lo había previsto 
el sabio francés. 

La conquista de las islas Filipinas estaba reservada 
á los Religiosos, y los Agustinos fueron los primeros en 
emprenderla; su experiencia íoc la norma para los que 
después vinieron en su ayuda de otras Ordenes é Ins- 
titutos. Se conocía ya el prestigioso ascendiente que 
ejercían sobre los indios a(|uellos venopables Misioneros 
profundamente penetrados de sumisión civilizadora, y 
consagrados á ella con toda la abnegación de laexpon- 
taneidad del voto religioso. Kste ascendiente y prestigio 



(I) DicolÓQ, de los PP, Baceta y Btavo. Prelín 



:!., Google 



162 t.AR CORPORAGIflNKS REt.lGinSAS 

debía producir resultados decisivos en las determina- 
ciones de un Gobernador tan sagaz y prudente como 
Legaspi. Los iiechos lo confirmaron. Hombres eminen- 
tes españoles y extranjeros han consignado con im- 
parcialidad en sus escritos, que á los Misioneros se debe 
la conquista pacliica del Archipiélago Magallánico. Los 
maravillosos resultados oljtenidns por los Religiosos en 
poco más de un lustro ¿habrían podido conseguirlos 
la astucia y lá fuerza de las armas? Todavía reper- 
cutía en España y en Europa el eco lúgubre del cla- 
mor, que había arrancado á los senlimientos humani- 
tarios del P. Las Casas otro sistema de conquista muy 
diferente, el cual hizo recaer sobre la tioble na- 
ción que descubrió un mundo nuevo al otro lado 
del Atlántico el anatema de la reprobación gene- 
ral, motivado por los procedimientos de los Conquista- 
dores de las indias Orientales; cargo, injusto á la na- 
ción; inculpación imuerecida al Rey, que ni autorizó, 
ni aprobó los desmanes de algunos aventureros, ávidos 
de safare y oro. En todas las conquistas, & la invasión 
suceden la resistencia, los choques, la sangre y el triun- 
fo; si este no es consohdado perla Religión y la justi- 
cia, la conquista no será estable. El hombre lleva en 
su altiva frente el sello impreso por Dios, el cual le ha- 
ce superior á todos los seres de la tierra, é igual á los 
de su especie con los cuales comunica por medio de j 
la inteligencia y de la razón; y sólo cuando siente la 
fuerza de esta, reconoce la superioridad sobre si, y ce- 
de y se somete: la fuerza fisiea le irrita y le subleva; !a 
[uerza de la razón le humilla dignificándole; por eso 



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EN FILIPINAS 163 

nunca ha sido duradero y consistente el imperio déla 
primera, si no viene en sü apoyo la fuerza de ia segun- 
da. El hombre nunca resiste á esta fuerza, sí se le hace 
aentíp debidamente, y la reconoce y abraza con gusto 
y sinhumiílaeiones. Nosotros viviendo muchos años con 
el hombre de ia naturaleza; que le hemos estudiado en 
lo más espeso de los bosques, desnudo de ios artificios 
de ia civilización; que ie hemos visto al descubierto, 
sin la máscara hipócrita del hombre civihzado; libre 
como las aves, que anidan en las copas de los árboles 
que le cobijan; sin temorá Dios, al Rey ni á nadie, he- 
mos adquirido una larga experiencia de los sentimien- 
tos más íntimos de sh corazón salvaje. La presencia 
del soldado le inspira desconfianza y desvio; el brillo 
de las armas despierta su bravura, irrita su fiereza y 
se prepara para el comljato contra el supuesto enemi- 
go, que vá á hostigar á la fiera en su guarida, Pero la 
frente grave y serena deí Religioso, en la cual con las 
arrugas del tiempo se cruzan las que han hecho los pa- 
decimientos y la mortificación; la dulzura y la amabi- 
lidad del semblante en el que se refleja el amor divino, 
que guía sus pasos é imprime á su fisonomía ci carác- 
ter sagrado de su ministerio, le atraen^ le subyugan y 
domestican losinstintos salvajes. Hé aquí porque hubo 
en América resistencias, crueldades, sangre, muertes y 
, otros excesos, que no hubo en la conquista de Filipi- 
pinas. Este fué el motivo de enviar losPP. Capitulares 
al P. Herrera para soücitar de! Rey y de los Prelados 
regulares más operarios evangélicos; y por el cual el 
prudente Legaspi rehusaba refuerzos militares y 



t,jOO¿; le 



Ifli r.AS COKPORAnONESHET-ir.lrtSA!? 

pedía con urgencia Religiosos, muchrn? Reli^osoa. 

La brusca acometida del formidable ejército del 
corsario chino Liriiahón á la ciudad de Manila, puso en 
apurado trance de perderse lo mucho ganado en tan 
poco tiempo. Derrotado y prófugo el pirata chino, 
y dispersos los restos de su ejército, volvieron los Re- 
ligiosos á las tareas apostólicas con el fervor y celo de 
antes. El gran Legañ[>i había muerto e! 2 de Agosto de 
J.572. Le sucedió Guido de Lavezares, degran pruden- 
cia y denuedo también, el cual prosig'uió con gloríala 
empresa titánica comenzada por su antecesor insigne. 
Derrotó á Limahón; pacificó ía isla de Mindoro con ayu- 
da de los Misioneros, cuyos buenos oiicios empleó tam- 
bién en la pacificación de algunos pueblos próxinios á 
Manila, y todo volvió á tomar su curso ordinario. 

Libres también los Religiosos para proseguir sus 
trabíyos evangélicos, precedieron á Salcedo en su ex- 
pedición al Norte de la isla de Luzón. Ellos llevaban la 
íuitorcha de lafé, y su puesto era en las avanzadas pa- 
ra explorar el camino, iluminar á. los que detrás venían, 
preparando los ánimos de los salvajes; atrayéndoles 
con la mansedumbre; tratándoles con afabilidad é ins- 
truyéndoles con caridad. Las mismas cansas producen 
siempre los mismos efectos: en Paugasinán, en llocos, 
en isla de Negros; como antes en líts islas ya conquis- 
tadas, con los medios suaves de la persuasión, se hi- 
cieron los Religiosos dueños de los corazones de los 
indios, que recibieron como ajnigos á la fuerza ar- 
mada que llevaba Salcedo; y ya en Íñ7:-i pudieron fun- 
dar los pueblos de Macabebe y Candaba en la Pani- 



.y Google' 



e:í filipinas 165 

panga; Vinnaiaffán en Isla ie Negros; y Vigan en 
Iloeos-Siir, 

La bi'iis<;a y Let-rible aoumelida de! corsario Li- 
mahón, qne en la fuga con bs restos de au ejército se 
había proclamado Rey de Pangasiuún hizo temer al 
Gobernador wspailül, qiic aliado con los vohibles indios 
comprometiera seriamente la e'xiitencia de lanaciente 
colonia. A tan larga distaTicia de España y de México, 
de donde podía esperar auxilios, era necesario, de vital 
interés para el porvenir y tranquilidad de las islas, des- 
embarazarse de aventureros como Sioco y Limahóo; y 
poner la ciudad eu condiciones de no ser |)resa fácil 
para ambiciones de piratas ó de imperios poderosos. 
Varias veces intentó el insigne Legaspi enviar una em- 
bajada á China conducida por los capitanes de ios 
Champanes (1) chinos que iban á comerciar en el país, 
pero los Chinos se negaron obstinadamente á compla- 
cer áLegaspi por estar prohibido severamente perlas 
leyes del imperio, y solo en calidad de esclavos podían 
conducir alguna persona. No arredró esta despreciable 
condición al P. Alburquerque, ([ne en iri73 se ofreció 
á entrar en China coiíio esclavo ó cautivo para anun- 
ciar el Evangelio en el Continente Asiático, y hasta lle- 
gó á entrar en tratos con los Capitanes Chinos, y !o 
hubiera realizado, á no oponerse Legaspi, que esperaba, 
que el tiempo le ofrecería coyuntura más favorable, la 
cual haría innecesario el sacrificio de ningiin Religio- 



(1) Kmbarcftción á remo con vela latina 



j.,,CQpglc 



leí 1.AS CORPOUACIOTÍES RELIGIOSAS 

SO, álos cuales él necesitaba para proseguir la conquis- 
ta del país y dar con.siste[ieia á lo ya adquirido. 

La ocasión se presentó propicia cuando se encon- 
traba Umahón eti Pangasinan cercado por nuestras 
tropas. El pirata había causado grandes daiíos al Em- 
perador y Vireyes de China; y cuando aquel supo el 
fracaso de la expedición pirática, envió á Manila un 
capitán de nombre Aumón con e! indulto para el cor- 
sario, con objeto de reducirle á la obediencia y empa- 
larle después como es uso y costumbre en China. Faé 
recibido benévolamente por los nuestros el capitán 
Chino, y agasajado por el Gobernador general Guido 
de Laveaares; y al volver á China se presto á llevar 
la embajada que el Gobernador general enviaba al 
Emperador de la cual eran portadores los PP. Rada y 
Marín acompañados de otros españoles y numerosa 
servidumbre india. Llevaban los Religiosos embajado- 
res cartas, instrucciones, expresivos mensajes y ricos 
presentes para el Emperador y Vireyes, pero no tuvo 
otro éxito que la reciprocidad de los cumplimientos, 
cortesías y regalos. Despachada la embajada, trafaga- 
ron los Religiosos PP. íiada y Marín para quedarse en 
el país pero el Virey de Fo-Kien Chan-cher les despi- 
dió cortesmente con ei pretesto de quo no podía per- 
mitirlo sin la autorización expresa del Emperador, y la 
. contestación tardarla en llegar cnatro meses. Si la pri- 
mera embajada española á China fracasó diplomálica- 
mente, y no pudieron los PP. Religiosos lograr sus 
deseos de dar á conocer la doctrina de Jesucristo en 
aquel dilatado y desconocido imperio, fué sumamente 



.1 ,, Coot^lé 



ÉN FILIPINAS lo" 

beneficiosa pa^a el comercin, la poltlica y las letras, 
Además de !as instnicciones (jae los dos Religiosos es- 
críbieroü por encargo del Gobernadoi' general de lo 
que habian visto y observado en China, y habia acon- 
tecido en eí viaje, publicadas la una por Fr, Gaspar 
de S. Agustín en su bistoria de -La Conquista de Fili- 
pinas» y la otra por el P. Meufloza en «La Descripción 
de la China»; reproducida esta óltitna por el P, Ro- 
mán en <I-as Repúblicas del miindo'; ambas intere- 
santísimas partienlannenle en acjuel tiempo, cuando 
nada se sabia apenas de aquellos países; adquirieron 
los PP. Rada y Marín libros en Chino de diversas ma- 
terias, los cuales por la novedad y forma de ia escri- 
tura llamaron extraordinariamente la atención de los 
sabios de Europa. Debemos consignar que el P. Rada, 
no solamente era un Religioso observante, un virtuoso 
Misionero y un celosísimo Apóstol sino que también 
uno de los primeros cosmógrafos de su tiempo y un 
profundo matemático; y por su mucha ciencia y vas- 
tos conociniientoB tenia encargo del Rey de comuni- 
carle los descubrimientos astronómicos y geográficos 
que personalmente ' hiciera y coiuppobfu'a. Tampoco - 
para el comercio fué infructuosa esta primera emba- 
jada, pues contando los Chinos con !a seguridad para 
sus personas y mercancías, frecuentaron e! puerto de 
Manila en donde vendían éstas á buenos precios; y no . 
S cambio de otros efectos como en época anterior á 
los Españoles, sino |Kir numerario que de México ve- 
nia, y para donde eran enviadas las mercancías chi- 
nas, después de abastecerla colonia y la plaza. Eu 



j.vCoot^li: 




LAS COHPnRAaONES RELIfilOSAP 



lo político pudieron los Chinos avalorar el poder de 
los Españoles, que siendo unos cuantos cientos derro- 
taron á los miles de piratas de Limahón, de los cuales 
se salvó lina pequeña parte solamente. 

Peor éxito tuvo la segunda embajada enviada por 
el Gobernador general D. Francisco Sande, que había 
relevado A Guido de Lavezares en el Gobierno de las 
islas. En esta segunda iban de Embajadores los Padres 
Rada y Alburqii erque, pero el Gobernador general 
cometió la torpeza de no remunerar expléndidatnente 
á los capitanes chinos, despachándoles sin agasajos 
ni regalos, y estos desembarcaron en Zanihales á los 
dos Embajadores, y después de haber asesinado á la 
servidumbre indígena de ia embajada, maltrataron 
cruelmente á ¡os Religiosos; desgarraron sus carnes 
con azotes y les dejaron desnudos y atados á los tron- 
cos de ios árboles, abandonados á la intemperie del 
tiempo y la voracidad de las fieras. Dos días permane- 
cieron en tan horrible situación los ancianos Religio- 
sos, al cabo de los cuales acertó á pasar por allí el 
sargento español Morones que les vio, recogió, curó y 
cuidó hasta que pudieron volver á Manila. 

Tarde comprendió D. Francisco Sande su error y 
para enmendar la torpeza y como satisfacción al Padre 
Rada, Provincial, envió á Espaíia al P. Fr. .Gerónimo 
Marín para que informase al Rey del estado de la 
Conquista, y encareciese la conveniencia de entrar en 
relaciones con el vecino Imperio de China, que por 
su situación, poderío y recursos, podía ser un peligro 
constante para la existencia do la Colonia filipuia, ó 



.i,,,Coo^lc 




EfJ riUPIMAR 



de suma utilidad para el comercio é industria del paí' 
Tan patente era la necesidad de mía inteligencia cim 
el Imperio del Siil, que e! líey Prudente iii> necesito 
de que el V. Marín extremara las razones en apojo de 
su comisión; y coa la' ui^encia (|ue el cano requeiia, 
dispuso el Rey, que P. Marín acompañado de los Pa 
dres Ortega, 01)ispo después de Nueva Cáeeres ó Ca- 
marines, y Fr. .1, González de Mendoza, Penitenciario 
Apostólico y Obispo más tarde de Chiapa y Popayáii 
salieran para México, en donde ^e embarcarían para 
China con el carácter de embajadores de S. M, Católica, 
poderoso Rey D. Felipe 11, La embajada era esplén- 
dida por los muchos, variados y ricos presentes que el 
Rey enviaba al Hijo del Sol, entre los cuales se conta- 
ban relojes, espejos, ai-mas grabadas, pinturas, sillas 
bordadas y otros valiosísimos regalos. La embajada iba 
recomendada á !a Audiencia de México, en donde es- 
peró á uno de lus Kmbajadores por espacio de un 
aílo. No habiendo llegado éste, ní órdenes de España, 
que dispusieran lo que habían de hacer los dos restan- 
tes, se pasó el tiempo y la oportunidad, y no se llevó 
á. efecto ni se logró por entonces el objeto deseado. 

Ocasión es esta de ir resumiendo,_ci!anto lo permita 
el avance del relaío histórico, los varios y eminentes 
servicios prestados por tos Heligiosos Agustinos, no so- 
lamente en la propagación de la fé, reducción de infie- 
les y formación de pueblos, sino que también en otros 
negocios, sino completamente extraños ú su ■misión 
evangélica, independientes y sin relación alguna direc- 
ta con el sagrado ministerio. Eran Ministros de un Dios 



Ct>oj^lc 



Í70 LAS rOR PORA rio NEF RELIGIOSAS 

de paz, y como tales aceptaban aquellas comisiones no 
exentas de peligros y coi ii premisos. Vérnosles primera- 
mente en eumnnieaeion directa con el Fley, proponer 
H Legaspi para General de la Armada en la tercera ex- 
pedición a! Archipiélago filipino; dirigii' esta con acierto 
y felicidad fia^ta dar fondo en !a playa de Cebú. Aquf 
les vemos también coirfo mediadores 'entre los des- 
confiados y ariscos indios y el Cieneral español; de 
conciliadores entre Legaspi y algunos oficiales de la 
armada, que en abierta rebelión á la autoridad inten- 
taban abandonarla para pasar por conquistadores 
ó adquirir riquezas en las Molucas; de lo cual era 
muy eapEu aqneüa gente aventurera hecba á los aza- 
res y peligros de navegaciones por mares no surcados 
ni explorados: y cuenta, que más trabajo costó á los 
Religiosos sosegar los rebeldes ánimos de los conquis- 
tadores y ca!mar las turbulencias y discordias, que 
amenazaban la existencia de la conquista apenas co- 
menzada, que la redacción de los Cebuanos infieles. 
Al Religioso P. Herrera envió Legaspi á España para 
poner en conocimiento do S, M. el resultado de la expe- 
dición; y disipar la atmósfera de desconfianza, que al- 
gunos envidiosos habían levantado contra Legaspi y • 
sus proyectos. Religiosos fueron los emisarios de paz 
que envió también á los reyezuelos de Tondo y de 
Manila cuando fué decidido á tomar posesión de !a 
Metrópoli del Archipiélago, los cuales se presentaron 
en la playa en actitud hostil con su gente de guerra 
por temor a que Legaspi llevara el propósito de ven- 
gar !a traición cometida con Salcedo. Religiosos pre- 



xtbyCoOglC 



EV FÍLIPINAP 



l?f 



cedieron á éste para a,traer y apaciguar á los indios 
de Hagonoy y Macabebe, los cuales con el raxa Soli- 
mán, se habían sublevado contra Legaspi. Religiosos 
fueron los primeros eosmógrafus de Filipinas, y Re- 
ligioso fae también e! P. Urdaiieta descubridor del 
nuevo derrotero de Manila & México, y de! huracin 
llamado Bnijuío. Ya hemos visto, que Religiosos fue- 
ron también los embajadores y comisionados, que en- 
viaron ii China y á España ios sucesores de Legaspi; 
Guido de Lavezares y D. Francisco Sande. Es decir, 
que los Religiosos fueron en Filipinas ios Ministros de 
Dios y del Rey; y !a fuerza atractiva que unía á los 
españoles entre sí y á éstos con los indios. Ellos fue-. 
ron los exploradores, los diplomáticos, los cosmógrafos, 
los geógrafos, los matemáticos, el todo de la conquis- 
ta espiritual y material de las Filipinas, como fueron 
después los historiadores, los ingenieros, los botánicos, 
los médicos, los consejeros, abogados, padres y Maes- 
tros de los indios. Xunca les acobardaron los peligros, 
nunca les detuvo la magnitud de la empresa, nunca 
los obstáeiilos y dificnltades; puesta la confianza en 
Dios, lo arrollaban todo; todo lo acometían, todo lo 
vencían, si era en servicio de Oíos y de la patria; sa 
abnegación no tuvo límites; su espíritu de sacrificio les 
llevaba hasta el martirio por la gloria de Dios y la sal- 
vación de las almas. Dejemos consignadas aquí estas 
verdades, que nos harán explanar más adelante la ig- 
norancia de la historia, la mala fe y perversidad de los 
enemigos de las Ordenes Religiosas. 

Hemos dejado a! I^. Herrera en camino para Es- 



j.„Coi)gle 



179 LAS rnRPonAnO!íEB RF,r,iGmsAR 

- ^ paña con el encargo del capítulo provincia! y de Le- 

^^ gaspi de solicitar del Rey y de Iris Superiores de los 

'^W'. Institutos religiosos niíis operarios, que vohiritariameii- 

W'' te quisieran pasar á la» islas lilipinas para trabajar e» 

;' ■ la vifia del Señor: creemos Iiaber dicho ya, qne pocas 

veces habrán ])odido aplicarse con infts propiedad y 
exactitud las |>alabras del Evangelio -*/« mies es mu- 
cha y los operarios pocos»; — pues, en efecto, eran 
tantas las almas ansiosas de recibir la luz de la fe, y 
tampocoa los Misioneros, c|ue un solo Religioso tenía 
que atender si las reducciones y doctrinas de toda 
una provincia. Esta escaHoz de operarios evangélicos 
retardaba considerablemente la posesión efectiva de 
todo el territorio descubierto y reducido á la Religión 
y á la obediencia de la autoridad real; los pocos Reli- 
giosos consumían sus fuerzas, gastaban su salud en 
multiplicarse, yendo y viniendo de una reducción á 
otra, de uno á otro pueblo; y no permitiéndoles las 
necesidades de los nuevos conversos, que habían for- 
mado barrios y reducciones, permanecer en un solo 
lugar, no podían dedicar todos sus desvelos á la ins- 
trucción religioso— social de todos; de lo cual resul- 
taba que la instrucción era insuficiente; la sumisión 
incompleta; y el listado no se beneficiaba lo que podía, 
de los tributos, que habían de pagar los indios, como 
vasallaje al Rey. Misioneros, muchos Misioneros pedía 
Legaspi; y Religiosos, muchos religiosos pedían los 
PP. Agustinos Capitulares; y por ellos iba á España el 
anciano P. Herrera lleno de fe, de celo y de cs- 
pers 



e.oogk 



Rpj (¡■ir.ip!>rAs 17:í 

Bn Rey recibió sus rnemoriales; le escuchó atentamen- 
te y se informó al detalle de todo lo acontecido hasta su 
salida de Manila. Eu ocasión muy oportuna llegó el 
P. Herrera á la Corte. Algunos personajes procuraban 
disuadir al líey de la empresa comenzada, porque á 
tan larga distancia de la uación; la conquista de las 
Filipinas ocasionaría al TesoPíi enormes gastos, que se 
necesitaban jíara otras atenciones más apremiantes y 
productivas. Otros, por envidia ó por ignorancia, pro- 
palaban la especie de que seria imposible el afianza- 
miento de la autoridad real eu tan remotos países con 
los escasos recursos, que llevó Logaspi, y los que po- 
dían enviarle desde México. Otros se negaban obstina- 
damente á dar crédito á las buenas noticias, que de Fi- 
lipinas llegaban á la Corte, no teniendo motivo alguno 
serio para dudar, sino soiaineiitc su temperamento pe- 
simista. Ei P. Herrera hizo una relación minuciosa y 
verídica de todo lo conseguido hasta entonces; descri- 
bió con elocuente viveza la sencilla índole de los indios, 
y las excelentes disposiciones de alma para recibir 
los beneficios de la Heligión y do la civilización; pintó 
como facilísima la conquista y reducción de los pueblos 
de las islas de Cebú, Panay, Camarines y Luzón; refutó 
y rechazó indignado las calumnias i3e lus individuos 
contra Legaspi; desvaneció los recelos inspirados á los 
tímidos por los Portugueses, que no querían la vecindad 
de los españoles á las Molucas; disipó las dudas de los 
incrédulos, y tan buena mana se dio, que alcanzó del 
Rey valioso apoyo para su cometido; y que se inte- 
resaran vivamente los Superiores délas Corporacieueg 



,a.,Goyg[c 



174 tAS CORPORACIONES BELlfllOSAS 

monásticas en acudir en ayuda de sus hermaijos los 
Agustinos. Estos, que coiisiderebau una gloria de ía 
Orden el buen éxito de la einjiresa se apresuraron á 
ofrecerse ai P. Herrera, quien sin dar tiempo á que se 
le reunieran todos ios Agustinos de las varias Provin- 
cias de España, que la solicilaban, salió para México 
con cuarenta Apóstoles más, lodos Agustinos, todos hi- 
jos del eximio Doctor de la (Iraeia y de la fe pura de 
loa primeros Cristianos, Satisfecho volvía el P. Herrera 
del éxito de sus gestiones, el cual había sobrepujado 
á todos los cálculos y esperanzas; pero llegaron algu- 
nos tan quebrantados á Nueva España que solamente 
seis pudieron continuar el viaje. Con estos seis Religio- 
sos procedentes de Espaíia, y tres más ([ue de México 
se le agregaron, prosiguió el P. Herrera el viaje á Fi- 
lipinas, niuy esperanzado pur lüs copiosos frutos, que 
podían cosechar nueve operarios más, en aquella fértil 
y dilatada vifla del Seíior. Pero en religión, cuando la 
sanare de los Apóstoles no sella la ie, que predican con 
la palabra y el ejemplo, ni este suele ser eíicaz ni la 
palabra fecunda, ni la obra consistente. Fácil y senci- 
llísima había sido la conquista religiosa del Archipiéla- 
go Magallánico; pero este edificio espiritual, que en poco 
tiempo había alcanzado tan considerable altura, nece- 
sitaba para su soliden, que los cimientos fueran ama- 
sados con la sangre de los misioneros. Por eso sin duda 
Dios dispuso que cuando la embarcación, que llevaba 
á los Religiosos tocoba ya las costas de Manila fuese 
sorprendida por la tempestad, y hecha ailicoscontra las 
rocas. Se salvaron los Religiosos en la isía de Gatandua- 



Ch>o¿; le 



EM KlLIPINAy 



ifs 



nes y no perecioron en el naufragio para que fueran 
sacrificados por ¡os salvajes y recibieran con el marti- 
rio el premio de su celo apostólico. 

De sentir era pérdida tan lamentable y valiosapor 
la calidad y número respetable de misioneroñ y por la 
falta (íLie hacían en las islas; pero no tardó en repa- 
rarla con creces la divina Providencia pues en el si- 
guiente año, 1577, desembarcaron en Manila siete Re- 
ligiosos Agustinos, y diez y siete franciscanos que iban 
á compartir con aquellos las tareas apostólicas: *á los 
ícuales recibieron los Agustinos en su Convento, — dice 
■ el P. Znñiga, — les entregaron las facultades de la 
» omnímoda potestad Apostólica, y les dieron algunos 
>pueblos en donde han trabajado con infatigable ee~ 
.10. (1), 

Las acertadas gesíiones del ínclito Mártir P. Herre- 
ra iban dando sus resultados. En íóSl llegaron con el 
primer Obispo de Manila D. Fr. Domingo Salazar de la 
Orden de PP. Predicadores los dos primeros PP. Je- 
siiitas, que fueron recibidos cordialmente por los Agus- 
tinos y hospedados también eu el Convento de estos. 
También llegaron con elloa veinte PP. Agustinos más; 
considerable refuerzo, cjue aseguraba la conquista es- 
piritual y política del pais. Todos fueron eiupleados tan 
pronto como aprendieron el idioma en las numerosísi- 
mas reducciones, quehabían formado los Herreras, Ra- 
das, Albas, Giménez, Marin y demás Religiosos sus 
predecesores. Instruidos por estos; aleccionados en la 



(Ij Zúñiga. HÍst.aeFiíip. p. 139. 



Cot.1* 



17fi LAS mfironAc.inrJER BF.Lr(iT03\H 

índole y costumbres de los indios; impuestos en el mé- 
todo y sistema de evangoüzadón y reducción á pobla- 
dos; dirigidos por !a larga experiencia, que aquellos ■ 
Venerables habían adquirido al subido precio de prií 
vaciones, penalidades y trabajos, los nuevos Misioneros 
se dedicaron con la misma fó, ardor y celo, que pare- 
cía ser patrimonio eamiio ú. todos ellos, á la consolida- 
ción de lo ganado y ó la adquisición de más almas 
para Jesucristo; de más vasallos para el Rey; de más 
subditos para la nación; demás pueblos para la civiliza- 
ción y de más recursos para las atenciones de la Co- 
lonia. 

En 1587 llegaron también los PP. Dominicos, ansio- 
sos de cooperar con sus hermanos los Agustinos, Fran- 
ciscanos y Jesuítas en aquella obra merítísima, y de 
compartir con ellos los trabajos y penalidades déla 
Misión. Ya eran tres los Institutos religiosos, que habían 
acudido en ayuda de los PP. Agustinos; no tardaron, 
tampoco en llegar los Agustinos Recoletos, y todos á 
una, persiguiendo un misino fin, animados de un mis- 
mo espíritu, con itn celo i¿ua¡ por la gloria de Dios y 
de ia patria trabajaron con lanío empeño y con tanto 
fruto, que á los pocos anos de la conifiiista, eu menog 
de medio siglo, el Satilisimo Nombre de Jesús era co- 
nocido Y adorado por los igorrottís del Norte de Luzón, 
por ios Tuiguianes del Abra, por los (¡addanes y Apa- 
yaos de Cagayán, por los Ibilaos del Caraballo y por 
los Negritos ó Actas de Negros y l'ariay. Los Religio- 
sos Agustinos, que fueron los primeros en arribar al 
Archipiélago, en explorar las islas, formar pueblos, es- 



LAXtylc 



tfí PltlPIMAS 177 



l^hlecer redacciones, evangelizar millares de indios, y 
■ djerop participación en sus glorias y trabajos á las 
olríis Ordenes raooíislicas, cediéndoles provincias, pue- 
- blos ya (jrganizados, visitas ya formadas, merecieron 
de los Papas, y de los Monarcas españoles plácemes y 
alabanzas por sus servicios, abnegación y desprendi- 
miento: Benedicto XIV íes deqía; (1) <:— Itaet vos niag- 
»na cuminimi alaeritale ae liberalitate advocantes fi- 
ílÜos incliti et de catbolica Ecclesia meritísimi Ordinis 
• Proedieatorum alumnos, iisdem universamque pro- 
. •vinciam de Isinaí seu de Ituy, cum oppido de Bajombong 
iprcecipuce provineise de Paniqui, per vos ad Ortho- 
>doxam Fidem jam conversam magis magisque exco- 
>íesdam, una cum Conventibns atqne ecclesiis, et cum 
«illorum istarumque suppellectilibus consignarelis, ut 
'ipsiquoque Dominicana famiüaí misionariiad reliquam 
ígentem ante dietae provinciae Paniqui Sacri Evange- 
•lii luce iluslrandam adlaborarent. Pergite, igitur, di- 
■»lecti fiUihisce vestris chrislranae cliaritatis Apostoliei 
»zel¡ fortitudinis et constantioe excmplis ad catholicae 
. .Eclesiae matris vestrae sinmn addncere abundantio- 
«rem in dies reliquae genlis nondum Evangeüum su- 
>bactae niessem, nd ad vestra in ipsam Ecclesiam me- 
>rita, ad nostram crga tíos benevolentiam cúmulos 

■ «accedat 

y el Rey Felipe V elogia las fatigas de nuestros 



(\) Breve, Dillecti ñlUi dat. Rom. die vlgealma 
Kov. aun. Dom. M. D : 66 4 (l760j 0009 de su Pontiaoado. 



j.,,CtX")'^l;C 



178 LAS CORPORACIONES RFXir.IOSAS 

antepasados y les felicita diciendo á propósito de la ce- 
sión hecha por los PP. Agustinos á los PP. Dominicos 
de la Provincia de Pangasinán con todos sus Conven- 
tos, Iglesias y ornamentus sagrados: ; 

>Qiie hechas todas estas diligeTicias, y reconocien- 

• do la Orden de Sto. Domingo la imponderable eonve- 
•niencia y utilidad que ia tendría para conseguir el 

• laudable fin á que aspiraba, si la enunciada provincia 
>de la Orden de S. Agustín la cediese los ocho pue- 
•blos de la misión de Ituy; también el de Eayombog de 
>la provincia de Piniqui que estaban ya espíritualmen- 

• te conquistados, pidió alDefiniloriode la de los Agus- 
•tinos sesimese de cederles la administración de la 

• enunciada provincia de Ituy y del referido pueblo de 
*Bayomhong; alegando para ello los motivos que te- 
»nían; y considerada esta proposición por eí Defmito- 
»rio de la referida provincia de S, Agustín, annque 
»retardaba hu resolución el natural sentimiento de de- 
»jar lo que con tantos y tan continuados sudores y 
» circunstancias habían conquistado, y más cuando ya 
«dábanlos gloriosos ttuUis á que habían aspirado sus 
«desvelos; por otra pártele impelía á condescenderán 
>la cesión el deseo de contribuir átoda !a conquista 

• espiritual déla restante gentilidad de ia proviiiciade 

• Paniqui; la que se facilitaba más teniendo los misio- 
■ñeros de la Religión dp Santo Domingo para presi- 
»dia contra Itjs ]nfieles ia enunciada provincia de Ituy, 
»ja reducida, que conaideíados estos motivos, y tauí- 



L.ooyJi. 



EM FILIPINAS 179 

>bien, que es muy copiosa !a iiiles, que llama la aten- 

• ciónde los Agustinos, asi en las Misiones de la Gran 
•China como en la de los mundos en Visayas, en don- 

■ de el año IIM luataroo ios infieles un Misionero de 
»3U Orden, en la de los Tingianes é Igorrotes en la 

• proviueia de llocos, y lilti mámente en la mencionada 
»de Ualones, !a que cuando faé Visitada por el referido 
>Oidor ü. José Antonio Pavón, junto con la de Ituy te- 
Kiia dies y ocho pueblos, los que cada día han tenido 
: aumento de nuevos cristianos, fuera de otros dos pue- 
*blos enteros que se han convertido que sotí Ainulo- 
•guen y Tayúg, y todos estos se han reducido para su 
»meji>r administración á solos quince que son Puiican; 
•Caranglaii, S. Miguel, Sta. Rita, Bolo, Pantabanga», 
'S. Juan y Slo. Tomas, todos dentro de los montes; y 

■ de Taygo, üniingan, Lupao, S. Joseph, Palosapes, San 
>Agustíii y Santa Ménica en sus valles, como constado 

• los referidos autos; determinó !a Providencia de los 
'Religiosos Agustinos condescender á los ruegos de la 
niel Sto. Rosario de la Orden de Sto. Domingo, . . . 
»Tan gratuita y desinteresadamente que á costa déla 

• Provincia de los PP. jigustinos se habían fabricado 
'Iglesias, Conventos, ornamentos y vasos ^grados; ni 
«pensó siquiera en recibir y estipular recompensa al- 
aguna, satisfecha con solo lograr la de su mayor esti- 
íinación, que era el faciütar la conquista espiritual de 
»la restante gentilidad, á que anhelaba el religioso y 
•apostólico celo de la Religión de Sto. Domingo. Como 



.UlCoO^íIc 



180 LAS CORP0RAf:iOíJES RELIGIOSAS 

>tüdoiüás latamente consta del testimonio de Autos, 
»que presentaba, por donde se reconocen los princi- 
»pios que tuvo la iriencionada misión de Ituy,y los ade- 
>lantamientos con que los Religiosos de la Orden de 
»S, Agustín la entregaron á los de la deSto. Domingo... 
•Dada en el Buen Retiro á diez y nueve de Diciembre 
>de 1742.— Yo el Rey.— Por mandado del Rey mi Se- 
•ñor.^D, Fernando Triviño». 



.i,,C(X)(ílc 



CAPITULO IV. 



Debe aricarse á las otras Órdeneit rellgiosaa de Filipi- 
nas, lo que diffam-os <li' la líe PP. Agustinos. — Ittás 
MMoneroa al país —Ceden los Heligioso-t Agustinos 
oí Cl.ero »eeular muchas Pfirroqnias tí Doctrinas. — 
Cuadro estadístico de loa pueblos fundados por toa 
Agufttinoa.—ReaHmen-ífAinero de almas adminis- 
tradas en 1890 por los PP, AgwsMnoa.' Suntuosidad 
de los templos, esplenilor del culto, religiosidad de 
loa indi-ja. —Evangelisadii y eivltizado el país dan 
por terminada síí misión loa PP. Agustinos, y se 
disponen á pasar á China.— .Lo impide el Goberna- 
dor general á petición de loa tndíoa.—Ii08 Agustinoa 
sn China y en el .Tapón.— ía reducción de los Negri- 
tos, Igorrotea, Tingitianes y otras tribus salvafea.— 
Loa Negritos aborígenes ilel Pala.— Sus costumbres. 
—M trfffuto reíardaha la evatigetixación y reduo- 
dón de los Igorrotea, Tinguianes y otra» tribua, — 
Loa PP. Baltasar de Sta. Maria y AntoUn Ariza- 
ga. — El P. Alfffandro Cacho formó cuatro pueblos 
con los monteses por ét convertidas.— Ims PP. Nico- 
lás Fabro y Manuel Madartaga ficndan la provin- 
cia del Abra con Igorrotes y Tingiiianea.— Otros 
Agustinos céldtres 

Comenzado este trabajo en Filipinas el año 1897 
por consejo del M. R. P. Tteueral Fr. Tomás Rodríguez, 
los acontecimientos revolucionarios que de-pues sobre- 
vinieron, nos obligaron á suspenderlo por entonces, 
hasta que renaciera !a calma, sin la que no es posible 
que el espíritu se encuentre en disposición de formar 
juicios y elaborar ideas; sino que e! Animo propende 



Ctxtyle 



182 I.A5 r.onroR,\r,mNEs RFur.ins\fi 

iiiAs bien á formar planes de fuga y á tomar las armas 
en defensa propia, de la Religión y de la Patria, que A 
celebrar las glorias moJiástJcas en el Archipiélago Ma- 
gallánico. Después, la obediencia nos envió á España, 
en donde, para distraer los ratos de ocio, le hemos pro- 
seguido, aunque desesperanzados de hacerlo debida- 
mente, porque los Archivos de las Órdenes Religiosas, 
los cuales r\os hablan de suministrar los datos nece- 
sarios, se conservan en Manila; asi que nos limitaremos 
á continuar la Historia del curso progresivo de las Mi- 
siones de los PP. Agustinos en cuanto- nos ayude la 
memoria y algunos libros, Crónicas y folletos que te- 
nemos á mano: bien entendido, que cuanto digamos de 
los trabajos y méritos de los PP. Agustinos, es aplicable 
á las otras Ordenes Monásticas, que con aquellos coo- 
peraron en la evaugelización y civilización de Filipinas 
con el ¡nismo celo y espíritu evangélico, empleando el 
mismo sistema de procedimiento en la conversión de 
los infieles, reducción de estos á poblados, formación 
de pueblos y constitución de éstos en provincias. 

Aunque no cesaban de llegar periódicamente á Fi- 
lipinas Religiosos Agustinos para cubrir las bajas, que 
la muerte, los años y penalidades hacían en sus filas, 
y para contribuir con su concurso a! rápido desenvol- 
vimiento de! vasto plan de evangelización y civiliza- 
ción, trazado con admirable acierto por los PP. Rada 
y Herrera, eran tan numerosos los poblados y los in- 
fieles convertidos, que siempre resultaban pocos los 
Ministros para la conveniente administración espiritual, 
que uo podía ser todo lo satisfactoria posible con tan 



C^.txtylc 



F.-M PII.IPIMAS 193 

pocos Misioneros para tantos pueblos y tantos miles de 
almas. Así lo comprendieron los PP. Agustinos, y ya 
hemos lásto i¡ue Uaiitaron oii su ayuda á los Religiosos 
de otras órdenes monásticas á los oiiales cedieron 
reducciones, visitas, pueblos, provincias enteras ya con- 
vertidas, civilizadas, organizadas en. lo espiritual y en 
lo político, con edificios pi'ibliOos para el servicio de la 
Iglesia y del Estado, hecho todo con la industria y celo 
de los PP. Agustinos. Los PP. Franciscanos, Jesuitast 
Dominicos y Agustinos Recoletos acudieron solícitos 
en ayuda de sus hermanos los Agustinos, animados del 
mismo espíritu, guiados del mismo celo, ansiosos de 
trabajar en aquella viña del Señor, qne tan opimos 
frutos producía y era susceptible de producirles más 
abundantes todavía. Todas las Órdenes Religiosas ri- 
valizaron en sacrificios y abnegación; todas, marcharon 
nniFormes en la persecución del ñu patriótico y cris- 
tiano, que se propusieron; todas aprovechándose de la 
lai^a experiencia adquirida por los Agustinos hicieron 
admirables progresos en el campo de acción, que les 
cupo en suerte por disposición providencial y por la 
cesión libérrima y gratuita de lo^ PP. Agustinos, inspi- 
rada en el bien de las almas y en los intereses de la 
nación, 

Y no solamente cedieron los Agustinos A los Reli- 
giosos de otras Órdenes pueblos y provincias, sino que 
también cedieron muchos al Clero secular, que se iba 
formando en los Seminarios bajo la inspección de los 
Señores Obispos. Kn la forma dicha cedieron los Agus- 
tinos á los Franciscanos las provincias de los dos Ca- 



.u./Cdo^c. 



1S4 LAS CORPORAaONES RELIGIOSAS 

marines, Leyte y Albay; á los Dominicos la de Panga- 
sinán y otros pueblos; S los Jesuítas Arévalo en Iloilo y 
otros en otras provincias; á ios Agustinos Recoletos 
muchos pueblos en las provincias de Manila, Batangas, 
y toda la isla áf- Mindoro; y á los Clérigos varios pue- 
blos en Cebi'i, todo el partido de Aclám en Cápiz, y 
otros en Antique, Iloilo y la isla de Masbate. Para que 
el lector pueda formarse una idea de los trabajos 
evangélicos y civilizadores de los PP. Agustinos, ex- 
ponemos á continuación un cuadro estadístico de los 
pueblos fundados por dichos PP. desde su arribada á 
Cebú con Legaspi hasta el año 1880 (1). 



(1) Tomado de !a Memoria presentada ai Excmo. señor 
Ministro de 'ultramar en 1880 por el R. P. Comisario de la 
mismaOtden. Madrid. Imprenta de Alejandro Gómez Fneute- 
nebro. Borradores, 10. 



e'.ooj!lc 



0" 



CUADRO 

DE LOS PUEBLOS FONDADOS 



i 



IñMdt 




PrcvinciflS 


ProvLiiciti,^ 


<C, 


fuduicii 


PueblOi 


Cebú 


antigua. 


üisiedo 


1569 


Cebü. 


Cebú 


Gebiiaoo 


1572 


Manila 


Manila 


Tondo 


Tagaiog 


Tondo 


Manila 


Tondo 


Taga!og 




Otoiig 


lloilo 


Otóng 


Pariíkyanoó Visaya 




Liibag ó Lubao 


Pam panga 


Pampanga 


Pampango 




üelis 


Pampanga 


Pampanga 


Pampango 




Caliirapit 


líulacán 


IJulacAn 


Tagaiog 




Mis. de Mindoro 


Mindoro 


Mindoro 


Tagaiog 



fl) I"ué administrftdo únicamente por los Agastino» hasta 
(2) Ailniinifitraron loe Agustinos la Iglesia de Míinila hasta H ^'^ 
(3J No se indio» el nániei-o de habitantes de alguLOe pueblos 
raciones ó por haber estado en manos del Clero secular en virtud^ Se 



:, estadístico 

por los pp. agustinos 



rsixiT!\«E;*=ic 



173Í1 


jttm 


wai 


is*a 


INtífí 


(1) 

(2) 

. 4Í50 










1UÓ92 


18575 


25885 


34518 


4371 


9763 


11131 


12708 


19820 


178o 


(3) 






13350 


1350 






2600 


3678 


1720 


4897 


70<J0 


8144 


12291 



creación de la sÍIIb episcopal, 
llegada de los PP. FranciscaDOS. 
ciertas fecliaa por habaraa cadií 
Realea Cédulas ó bien por liaber f 



22971 
16136 
10416 
4549 
14023 



o ai\ a,d,aiiit3tracÍ5[i é. otras Corpo- 
ído fundidos an otro pueblo. 



.i,,Co(>gfe 



ll..d. 




Prorindas 


Provincias 




fudlliól 


Pueblos 


actuales 


anticuas 


Dialecto 




Taal 


Batangas 


Balayan 


Tagalog 




Bav 


La Laguna 


Bav 


Tagalog 


1572 


Pasig 


Manila 


Tondo 


Tagalog 




Pan8,y 


Capiz 


Panay 


Visava 




D 11 mangas 


IIoüo 


Ogtong 


Vísaya 




Macabebe 


Panipanga 


Pampanga 


Pairipango 


\ 


Candaba 


Pampanga 


Pampanga 


Pampango 


1Ó75 . 


VinaUíagan 


Isla Negros 


Pintados 


Visaya 


, 


Vigaii 


llocos-Sur 


llocos 


Ilocano 


1576 


Bacolor 


Pampanga 


Pampanga 


Pampango 




Santa 


llocos-Sur 


llocos 


Ilocano 


1578 1 


.íaniuav 


lloib 


Ogtong 


Visava , 


Biilaoáii 


Bulacán 


Bulacán 


Tagalo 



(1) El deoreoimianto 
nuevo pueblo. 



otable de ud pueblo entre oensoe tan próxi 



.ClH^^íll 



I 



ISrTl71V4H3FtC» I=» 


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"•^^~ 


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1 xrss 


JIS03 


ISSJ 


IS4S 


ísm 


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4674 


12696 


33221 


37236 


47538 


37403 (1) 


"" 6464 

7021 
2623 
2912 


11524 
8406 


■13100 
6813 
10849 
10128 


19696 
11180 
16550 

12887 


21829 
13662 
22107 
13297 
1246Í 


20713 
17856 
22613 
18494 
12881 


4408 
; 2471 

i 4824 


8186 
2933 
7109 


10008 
13669 
9033 


8238 
9680 
14129 
11146 


10482 
10793 
17189 
12960 


1180» 
12656 
25638 
14621 


ttos manifi 


esta ^ue 1 


a BÍdú de 


membrad 


p„. 1. 


tormftfiióu de obro 



j „ CiH)gle 



num iMMMí tm lu íi. 



l»l. 




Proviuuias 


ProYÍncía- 




f,.°d»ií. 


P«lshl(,3 


actuales 


lai'i^L" 


Oiflleclo 




Parañaque 


'Manila 


1'ondo 


Tagaiog 




Tigbauaii 


iloilo 


Ogtóiig 


Visaya , 




Malolos 


BulacAn 


Bulacán 


Tagaiog -. ; 




Tanay 


Isla Negros 


Pintados 


■ Visaya 




Bulaealc i'anay 


Cápiz 


Panay 


Visaya , 




Bataneas 


Batangas 


Halayán 


Tagaiog 


1580 ( Tabuco 


Hatangas 


Taal 


Tagaiog 


1 Ran layan 


l.cP.rcariaC. 


Cebú 


Visaya 




Aelám 


Cápiz 


Panay 


Visaya 




Duinárao 


Cápiz 


Panay 


Visaya 




Antiqíie 


Atitique 


Biigáson 


Visaya 




Agonóv 


Hiilacáii 


linlacán 


Tagaiog 


i Mé.xico 


Panipanga 


1'ain panga 


Pámpana 


,.., t S. Nicolás 


Cebii 


Cebii 


íiebuano 
Tagaiog 


1584 


Tanaiiang 


Batangas 


líaiayán 



e.ooj!lel 



iawii«i II uí mu HMiiiiE 



i>n^:MlEt=io i=> 


■= »— ■SIT^,> 


íi-«,«. 


f 1732 


1S03 ÍS31 


184S 


1866 


JS83 


\ 38!» 

1 

1 4«1 


1866 8019 
6837 10125 
13766 27636 


11744 
12328 


11016 

17744 
14846 


11991 
14094 
17043 


5433 


9707 22257 




29601 


38026 


W20 
2732 
4360 
3504 
1106 


. . 8964 
2691 7016 
6874 17627 
6476 
■12260 17870 
4654 7500 


9232 
4219 
16395 

18827 


12287 
8137 
17313 
13868 
16862 
18652 


7712 
9618 
20242 
17146 
20391 
20126 



.1 ..Cod^^le 



nmiu nmkmí ni m fi. 



Iñ» di 




ProvIndSB 


Provlnciea 






PMljloS 




antiguas 


Dialecto 




Ilog 


Isía Negros 


Pintados 


Visaya 




Arévalo 


Ibilo 


Ogtong 


Visaya 


1684 


Jaro 


TIoilo 


Ogtong 


Visaya 




Silac 


Pangasinán 


Pangasinán 


Pangasinano 




Ilauag 


llocos Norte 


llocos Ídem 


ilocano 




Batae 


llocos Norte 


llocos 


llocano 




Tagudtng 


llocos Sur 


llocos 


Ilocánp 




Bauang 


La Unión 


Pangasinán 


llocano 




Sala 


Batangas 


Balayan 


Tagalog 


1586 


S.PablftdelosMantfs 


Batan gas 


Balayan 


Tagalog' 




Santa Lucía 


llocos-Sur 


llocos 


llocano 




Laoag 


Iloííos Norte 


llocos 


llocano 




TagHig 


Manila 


ToTido 


Tagalog 




Baluang 


La Uniíjn 


!locos-Snr 


llocano 


1687 


Narbaeáii 


Ilocos-Siip 


llocos 


llocano 



L'.oo^ílc 



IMSlIlMBMSfiil 



1 


I>JTJX(I 


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11508 




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676 


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21750 
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15775 
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9700 
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idb,Google 



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l'uel.lu-, 


Pr.ivii,cm--i 
actual üi. 


Pr.,v¡ucia:i 
nntieiias 


Dialedo 1 


,r,H7 


Ptiráo 


La Unión 


llocos 


Uocano I 


Lin gayen 


l'angHsmán 


Pangasiníin 


Pangasinano 1 




ííua^ua 


Pam panga 


Pam panga 


Painpango 1 


ir.9i) 


Sesmoári 
iiiiratao 
San Matpo 


Paní panga 
La Pnión 

Manila 


Pam panga 
llocos 
rondo 


Painpango 1: 
llocano(l) l¡ 
Tagalog. |[ 




Giiímbal 

- Arayat 

BaiiLáy 


lloilo 
Pam panga 
llocoH Sur 


Ogtóng 
Pam panga 

llocos 


Visaya ll 

Pampango j 
Ilocaiio ' 


1-01 


líacarra 


llocos Norlo 


llonf)3 


Uocano 




Caiidón 


liocos-Sur 


nor-t.3 


llocaiio 




Siníiil, 


Hocos- Sur 


llocos 


Uocano 


\mn 


Pa^i 

Paoav 


lloilo 
llocos Norte 


Ogkmií 
llocos 


Visaya 
liocano 


ir)9í 


l'crae 


Pani]iaiiga 


Pampanga 


Pampangí' ; 



(1) Se fndió en Bauaii^, 



j..,C*.x>tíll 



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ffiófi 
9« 



4600 
2!iOt) 

■ivio 

2224 
527 

• 1 
2260 



í)2i)lt 



lOülil 


11373 




78«« 


8674 


5476 


143'J3 


1373r> 


10i)'.»l 


15311 


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5254 


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135511 




3117 



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6318 

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15879 


14413 


9276 


12203 


6350 


6072 


XXf.l' 


1*211 


18242 


17152 


7356 


«959 


13520 


11812 


9385 


1iW72 



Ho.bj j, CoOglc 



199 



íuBinríin 


. 


l'nn-má:,^ 


■;;;££■ 


Dialecto 


I5ítr> 


liarán 


Nva. lícija 


l'anipanga 


Tagalog 




líigaú 


liulacáii 


liulacári 


Tagalog 


u>m 


íbahay 


• Cápiz 


Paiiay 


Visaya' 


rtunialag 


Cápiz 


I^anay 


Vi saya 




Apálit 


Painpaiiga 


i'ampaiiga 


Pam pango 




Maiale 


Manila 


Toiiclü 


'l'agalog 


1597 


Agóo 


niiiún 


l'aTiJíiií'inftn 


Ilocano 




Diiigras 


llocos ^(,l■t<. 


llocos 


Jlocano 


ly!)H 


Baiigiied 


Al.ra 


llocos 


Hocann 




fiibneaíi 


lloiln 


Ogloiig 


Visaya 


1(1()0 


l'oloEaii 


lloilo 


Oiitoiiií 


Visaya 




líaon 


lloilo 


O^lnng 


■Visaya 


um 


)!íi (Minian 


1.a l^niñn 


Píiníííisínáii 


llocaiiü" 




l!a(aii 


f:;i|t¡z 


Píinav 


Visaya 


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Qiiirigiia 


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Tagalo^- 1 



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11S71 i 12910 
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2943 
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1 1606 

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6012 ' 7707 
9] 67 ; :1769 
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10786 il)08;> 


9910 
1 1 1 68 

3863 
12076 
15137 






125(11) 16121 i 1816(1 


23981 




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7017 


J 2U19 


4717 


5861 


■ 6078 i 8108 


9933 



.1 ,,C(x>t^lc 





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!■ ■■ •■ 


■ ■ 




íg-dK-a 


Pllel)lu^ 


'"'"^'•'^' 


Zl^Z" 


Oinleclo 




Santa Cniz (1) 


Hocos -Sur 


Iiü<;os 


Iloeano 


'^"'^^ Baños de Hay 


I,agiina 


líav 


Tagaíog 


Masbate 


I.JeMasbate 


Aibay 


Vicol 


Lipa 


Hatangas 


líalayjlii 


Tagalog 


1605 Magalang 


Pain panga 


l*ain panga 


Pampango 


\ Talanibati 


("ebii 


Cebú 


Cebiiano 


j Mainbiisao 


Cápiz 


Panav 


Vi saya 


1606 Bolboon 


Cebú 


Ccbú 


Cebuaiio 


lyOg'l-nglag ó Dueñas 


Iloiio 


Ogtóng 


Visaya 


^^^^ \ Arfíao 


Cebú 


Cebfi 


Cebiiano 


i Mináiiíi 


Pam panga 


Pam panga 


Pampango 


161-i Tamboboiig 


Manila 


Tondo 


Tagalog 


1 Satt .Nicolás 


riocos Nurte 


llocos 


Üocatio 


1619 


Paonibong 


Bularán 


fíiilacán 


Tagalog 



(1) Se cambió en 1892. 



L'-oo^ílJ 



Aííisiif M II lu mu iiiif liis 

















i>jx1jiv«e:^íO na 


e: t^yv^ 


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ISOS 


1831 


18ÍS 


JStíd 


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8fi7 


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5101) J 


fil3í 


7011 


i'tir, 


720-2 


ir)«2'i 


18581 


27O0O 


31)600 


701) 




- 




7280 
11042 


9114 
10158 


1760 


íi!);i 


7137 


0878 


0011 


17018 


2750 


2815 


280(i 


15(17 


125U1 


. 


■2508 


(iíWO 


1787IÍ 


12737 


10751 


251(10 


20on 




, 


1-278 


111)87 


6617 


5715 


1220!) 


2)!tl3 


21 lOÍ- 


23131 


25869 " 






01(18 


08(10 1 


0958 


13856 


009 


2348 


35 ti 


2305 1 


(1357 


7703 



HoaodteGoOyle 





OTIlMniII 


MBiM 


f«aM»¡p.. 




ül.sjí 




Pr"v„in.rí 


Pr-.v¡„du. 






|U»Í.(1ÍÍ 


l'iicl.l.-s 


uirtiljl^í 


a„lK.„a. 


Oialei-to 




1624. 


iíaiifigi 


[lot;os Norte 


Hocos 


Ilocano 




( lárcar 


Gebü 


Cebú 


Cebaano 




1625 


San Eatéban 


lloajs-Siir 


llocos 


Ilocano 




IBH 


Güigiiiiilü 


líiilaeáii 


}3iilacán 


Tagalog 




Hauaiig 


Üatfttigas 


Haiayái! 


Taga og 




1676 


:Maí;^iii!íal 


llüCüs-Sui- 


Iloeus 


Ilocano 




1683 


Aiiy;at 


IJiilueáii 


líiilftcán 


. Tagalog 




1686 


Tíirliu: 


Tarlaa 


f'a<iipanga 


- Patnpango 




16!)0 


XucinaiKicaii 


Líi L'iiiiiii 


J locos 


Ilocano 






CiibanaUíaii 


Nva. f^ija 


Piíin panga 


Tagalog 




171*1 


KíMigai- 


[.a l'iiiún 


llocos 


Ilocano 






üdgafi.m 


Anli(|iio 


Hii gasón- 


Visaya 




1711 


DíílagiicLu 


C(.'ÍMi 


Ce hit 


Cebnaiio 




1711 


liaddc 


llo.-ow .Vuctii 


llocos 


Ilocaao 





Coo^í le 



IfifWIISI II lil HIMHLlMIil 

















T^-Cjr^im 




■ „Aí 


„^^=. 


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1732 


ism 


i.s.n 


1S4.'Í 


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ISSO 


27H 






30r)í¡ 


1307 


(¡819 






3811 


.'(7(12 


(5381 


293S(i 




7«'.Hi 


Uíil 


2r]i(i 


21 MI 


2819 


1113 


1727 


31 (id 


tl»i8 


5(125 


5451 


lax) 


i)-21)l 


lS8!t7 


2ri287 


33781 


390(53 


18(10 


n277 


(1727 


r)ii22 


()W7 


9041 


1773 


5!)53 


7.SÍ)S 


10221 


ItiO'f 


10778 


900 




2«7.i. 


2«ir) 


ÍI507 


11175 


■iÍ93 


3866 


5(il)2 


(1228 


9248 
UñOl 


8(572 
12231 


■->B22 


r)r)(;o 


(ilir> 


7r)38 


1(Í580 


10527 


;l:l70 






I(I7!I7 


125(11 


UX)32 


■ 




7512 


«318 


13(138 


17«18 


1 1 wo 


■7312 


781)1 


7151) 


7360 


9789 



OO'^li. 





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fWBiiss wi m fl. 






Fia.l.lns 


uctunkí 


¡Lnll'sa^ 


1>¡ alerto 




171 (i 


Miagan 


lloilu 


Ogtüllg 


Visaya 




j (^ápiz 


Cai>i. 


Panay 


Visaya 




^ -9,, / Cabiigao 


llocos- Sur 


llocos 


itocaiio 




1 Upo fl) 


llocüs-Sur 


llocos 


llocaiio 




172'( SaiTul" 


[lucflsNürü^ 


llocos 


llocatio 




1 Saii Miguel 


lloilu 


Ugtong 


Visaya 


1736 ' "^'"81"= 


Iluilo 


Oglong 


Visaya 


1 Sama Kita 


Pam|>aiiga 


Paiiipanga 


1 'ainpango 


IS.M. Miruirn, 


IJiiIacán 


üulacáii 


l'agalog 


,-,„ 1 Baliiiag 


Bdlacáii 


l.i iliaca Ji 


Tagalog 


,S. ,1. noeiiavisla 


AiUiqíie 


Ilugasoa 


Visaya 


17:iil 


Cabaliiaii 


Üüüo 


Ogtong 


Visaya 


173t 


Aiiilíiu 


lloilu 


Ogtoiig 


Visaya 


173IÍ 


Saiiliagu 


llocos Sur 


llocos 


Iloeaiio 





(1) S« cambió en 1892. 



Hoacdj,ClK)>^llj 



mmn m iMEiuíiumu 



iNf-trntiF 


«o E,B¡„^=.Tr^^ 


•^="» 


n:i2 


J-tOJÍ 


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IStití 


ISSO 


3642 


8166 


10506 


134Ó6 


20860 


227111 






927H 


i ÍÍHÍ8 


12íri3 


23826 


, 






78Wt 


6554 


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, 


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, 




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7337 


7373 


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. 




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12501 


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3000 




3371 


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62!1H 


7485 


1707 






21067 


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16094 


1 1 89 


17ÍIÓ 


26*2 


4686 


27623 


18805 


7iH 


11727 


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4718 


6421 




3607 


16Í86 


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20485 


21080 






. 


2376 


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3102 








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3i()0 


3680 



jj.Coi'H^lc 



SOi 













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rniviai-isí 


Pravinda, 




uníiiiofl 


I'iiebl.iB 


LIchlElW 


aiitÍM„a«' 


Uiaketo 


173« 


Camando 


Ikiilo 


Oglóng 


Visaya ff 


17ÍO 


Opón 


Cebú 


-Cebñ 


Cebiiano 1 


174!) 


San Isidro 


liulacán 


ünlaeán 


Tagaldg- 1 




Igbarás 


líoilo 


Oglong 


Visava 1 


1750 


San Rafael 


líiüacdn , 


liulacári 


Tagal'og 1 




Sibaion 


AnLiqíiC! 


■ líugason 


Visaya 1 


1 7r)3 


Laniljiíiiao 


[iuilo 


OgLung 


Visaya 1 


1751 


San Fernando 


Pain panga 


Painpaiiga 


Painpani?o 




Alimodian 


lloUo 


Ogtong 


Visaya 




Maasiii 


Iloilo 


Ogtong 


Visaya 


1759 


Santa Hárbara 


lloilo 


Ogtong 


Visaya 




Santa i\na 


Painpatiga 


Pampanga 


Pampaogo 


1751 


Patnóngñon 


Antiqíic 


líugáson 


Visaya 




San Luis 


¡'ampanga 


Pain panga 


Pampangü 



l^'.OOi^l 



WmifflM El MS Mil fíüflME 



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(1965 


14701 


9986 


1 2430 


(2876 


í 


63)0 


9733 


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8711 


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10931 


9888 


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U620 


1 6996 


12897 
(4091 


í 


IKBl 


1()899 


7386 


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ilOlKi 


6133 


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9099 


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11387 


(2976 




9736 


9014 


66ü(; 


9tt2 


1(K)37 


» 


841Í8 


80(jO 


16(H)I 


■ 8769 


(OBIO 




0011 


13937 


Ií6li¡ 


16981) 


18179 


í 


3619 




77(M) 


6S(in 


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767:í 


9261 


10707 


• 


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lOliim 


I07(.KI 


126(0 



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ÍUSSMS 


IIIÜB^S í 


m m f í. 


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Pu^^blüs 


aü¡ual«s 


^^^^r 


Diatetto 


ITfí'i 


San Josó 


Batarigas 


ISalajiin 


Tagaloít 1 


""•' ) Aringay 


La Union 


PiíDgaainán 


Ilocano ■ 


17(i7 Caliiiog 


Iloilo 


' Otóng 


Visaya H 


1769 


Santa María 


Uütíos-Sur 


Uouus 


Ilocano ■ 


San Jldelliiiso 


llocos- Sur 


llocos 


Ilocano ■ 


1770 


I^igdig 


llocos Norte 


llocos 


Ilocano ■ 


1771 


San Simón 


Pain panga 


Painpanga 


Painpango 1 


1774 


Viiitar 


[locos Norte 


llocos 


liocaiio ■ 


1784 


Pasuqnin 


llocos idein 


llocos 


Ilocano ■ 


17S1Í 


San Ferniuido 


La. Unión 


Pangasiiián 


liocono 1 


17113 


San Jiiaqiiin 


Hoilo 


Ogtóng 


Visaya ■ 


1798 


Dao 


Anticine 


üiigasón 


Visaya ■ 


1S(I2 


Sanio ToiiiáH 


Unión 


PiíniiasíiLiin 


Rocano 1 




fui i van 


Sainar 




Visaya ■ 




iiany 


Sainar 




Visaya M 



l'.oogl 



MiSniflS El US IMiS HUfIMS 



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ISSO 




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Hons 


1(X)(K) 


15900 


10229 




vm 


020(1 


0345 


8376 


8254 




3305 


t328 


ÍOÍO 


8328 


11)062 




78!)3 


73 Kl 




121150 


15152 








3680 


3478 


3110 




SUS 


liiliS 


0431) 


0708 
0873 


11882 
7871 




8354 


5032 


6n02 


0057 


7785 




!)33!l 


Ít23íl 


4555 


5403 


5041 








3677 


0820 


10285 




2CS(i 


2688 


52ÍII 


10020 


13899 




2K)l 


2(i<.ll 


(>703 


4078 


6260 




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i377 


5471 


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■.1 


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Íl\r,].'Cl<¡ ■ 




Carrigara 


Ley le 




Visaya 


' 




Hanigo 


Leyte 


' 


Visaya 




1R03 


Palo 


Ley te 


' 


Visaya 




Tan ana 11 


Levio 




- Visaya 




n,.lac 


Leyte 


' 


Visaya 


1803 


Tayiim 


^Míi-a 


llocos 


Ilooano' 


18(16 


San Juan 


Unión 


Pangasiiián 


lloeano 


Pailita n 


Cápiíí 


Paiiay 


Visaya 


1810 


líarotae Nuevo 


lloilQ 


Ogtong 


Visaya 1 


\ Tubniígaii 


lloilo 


Ogtong 


Visaya 1 


IHlS 


Paleriis 


Manila 


Toiiíío 


Tagalog 1 


IKas 


Pidiiigíiti 


Abi-a 


llocos 


lloeano I 


1829 


Naga 


Cebú 


Cebú 


Cebiiaiio 1 





..Ccx")*^!! 



' 












i>jtItivii 


=«<=o 


■ «^í 


Mi-A-s. 


-r«B 


1?32 


1803 


18:íi 


1845 


1866 


1880 


> 


3233 












4244 












3088 


Cedidos 










5338 












8245 














„ 


4264 


6771 


8282 






5831 


«926 


11225 


11203 






9504 


7460 


19864 


18730 






3739 


3984 


5754 


11339 






4370 


5964 


7360 


7556 






2890 


2560 


3280 


2544 






4841 


7300 


9606 


13317 



C'.ooi^lc 





f UBMS «JIM»«S 


ni im m 


iBOllt 


Pueblo» 


Provincias 
actual^a 


Pruviticias 


Dialecto 


1830 


Culiat 


Pampanga 


Pampanga 


Pampango 




Sibonga 


Cebú 


Ceba 


Cebuano 


1831 


Nueva Cobeta 


Hocos-Sur 


llocos 


Ilocano 


Ibaan 


Ratangas 


Balayan 


Tagalog 


1832 


r.a Paz 


Tariac 


Pampanga 


Pampango 




La Paz 


Abra 


llocos 


Ilocano 1 




Cabiao 


Nva. Ecija 


Pampanga 


Tagalog 1 


1834 


Talisay 


Cebú 


Cebú 


Cebuano 1 




Dao 


Cápiz- 


Panay 


Visaya 1 


1837 


NaguiÜan 


La Unión 


Pangasinán 


Ilocano 1 


1842 


San Antonio 


Nva. Ecija 


Pampanga 


Tagalog 1 




San Isidro 


Nva. Ecija 


Pampango 


Tagalog I 


1844 


Oslob Cebú 


Cebú 


Cebuano ■ 




Pineda Manila 


Tondo 


Tagalog 1 . 




Novaliches 


Manila 


Tondü 


Tagalog J • 



e'.ooyll 



MEIiME 


mu 


imu 


S HUMAS 


í>j-clrivil::E 


=«=„=«^__..^^,.^== 


17S4 


iao3 


is:íl 


1S4S 


1S66 


ISSO 










8726" 


9576 






3990 


2695 


11526 


12091 






«35 


823 


735 


704 






, 


5784 


7043 
3119 


10113 
3556 




» 




1368 


1186 

3767 


1941 
7406 




. 


í 


8221 


13220 


17922 








4836 


8516 


10281 


'-' 


¡ 




2147 
■ 


4969 

4108 
8924 
6838 
6786 
1183 


6821 
6821 
6829 
8613 
8603 
1889 



(.'.ooglc 



Í*UKBLOS FUNDADOS 1»0ÍÍ LOS PP AGUSTINOS , 
en. JF'lllialxiei.s 



líntt 


Pui'Wos 


P.,vinci.= 


ni-led« 


IStífí 


18S0;, 




Lemery 


líataiigas 


Tagalog 


j 


1522:í 






San Li)is 


Catangas 


Tagalos 




s 






Barasoain 


liiilacán 


Tagalog 


l()ñl6 


10446 






Santa Isabel 


Ilulacáii 


'l'agalog 


8716 


9771 






San José 


Abra ■ 


llocano 


641 








Bucay 


Abra 


Ilocano 


1602 


4147 






San Gregorio 


Abra 


llocano 


769 


1068 






Villa-Vieja 


Abra 


llocano 


1393 


146!) 






Bengiiet 


La Unión 


llocano 


2U 


-■: . 




San Fernando 


Cobñ 


Cebuano 


«293 


8976 




Córdoba 


Cebú 


Visaya 


3440 


34W 




San Pedro 


Alltique 


Visaya 


5403 


6421 




Báñate 


Uoilo 


Visaya 


8143 


6682 




Cava 


La Lnión 


llocano 


3412 


8651 




Nagpartiang 


IlocosNorte 


ilocano 


1291 


6819 




Saatiago 


llocos-Snr 


- llocano 


3490 


3680 




Pardo 


Cebú 


Cebuano 


8638 


94üol 




Mingtanilla 


Cebú 


Cebuano 


8059 


107;15b 




Culas! 


Alltique 


Visaya 


9111 


121 til 




Nainpa 


Alltique 


Visaya 


617Í 


' I 




Pandan 


Antique 


Visaya 


12756 


121181 




Tibiao . 


Antiqne 


Visaya 


4658 


ó;»! 




Loctugan 


Cápiz 


Visaya 


2(i60 


3» 




Ibisan 


Cápiz 


Visaya 


4186 


383 




Tapas 


Cápiz 


Visaya 


3853 


40! 




Dueñas 


lloilo 


Visaya 


8230 


Wl 


íntiu 


Zárraga 


Uoilo 


Visaya 


4331 


efi 


lá'Am Barolac-Viejo 


lloilo 


Visaya 


11742 


Tí* 


Pavía 


Uoilo 


Visaya 


10743 


103Í 


Legan és 


lloilo 


Visaya 


7176 


35;i 


Victoria 


Tarlae 


Painpango 


, 


64« 




Cagayancülo | 


Alltique 


Visaya 


' 


um 





Googlcj 



PUEBLOS FUNDADOS POR LOS PP. AGUSTINOS 
eia 3?'lllx3li:i.Ais 



^:^"Jü. 


Puet,lt.s 


Provjd.iiis 


UjulcLlU 


1866 


3880 


Fbridablanca 


Pampanga 


Painpango 


, 


6980 


ct..io. I Ajui 


Concepción 


Visava 


\22i-2 


6310 


.ll'fa'-í "ongabon 


Nueva Ecija 


Tagalog ,^_,^^, 


13983 


''''■■'"'\ Sanior 


Nueva Ecija 


Tagalog 




* 


Talayera 


Nueva Ecija 


Tagalog 




5360 




Peñaranda 


Nueva Ecija 


'i'agalog 




5311 




San Dionisio 


Concepción 


Visava 




, 




Aniny 


Anüquo 


Visaya 




4380 




Talisay 


Hatangaa 


Tagalog 




7411 


Drtiio] 


Norzagarav 


linlacái! 


Tagalog 




6005 


¡^tm ■ fíosa"*' 


Unión 


llocano 




, 




Galiaiio 


Renguet 


Tlocaiio 




640 




U Trinidad 


Uenguet 


lloeano- 




298 




León 


lloilo 


Visaya 




12120 




Mina 


Iloilo 


Visaya 




5139 


J 


Lemery 


Concepción 


Visaya 




3801 


)0| 


Pilar 


Capia 


Visaya 




860Ü 


1 


Pontevedra 


Cápiz 


Visaya 




4696 


1 


Egaña 


Antiqae 


Visaya 




> 


1 


Cuenca 


}3atangas 


Tagalog 




5660 




San Enrique 


Uoilo 


Visaya 








Alcoy 


Cebú 


Cebuano 








Barbaza 


Antique 


Visaya 




6771 




Caries 


Concepción 


Visaya 




4745 




Cnartero 


Cápiz 


Visaya 




5472 




S.J.deGuimba 


Nueva Ecija 


Tagalog 




4554 




Jaén 


Nueva Ecija 


Tagalog 




5521 















Google 



PUEBLOS FUNDADOS POR LOS PP. AGUSTINOS 









©n. DF^lllx^lzi.ci'eí 1 


A] 

1 




FaeblDí 


r.vi„... 


Diakiilo 


18G6 


1880 












^ 




Santander 


Cebú 


Cebuano 




, 




Aliaga 


NiievaEcija 


Tagalog 




.19804 




Zaragoza 


Nueva Ecija 


Tagalog 








San Miguel 


Paiii panga 


Painpango 








Solsona 


llocos Norte 


Ilocano 








Banna 


Ilo(.'03 Norte 


Ilocaiio 








Córdova 


Antique 


Visaya 








Lucena 


Iloilo 


Visaya 








San Knrique 


Antique 


Visaya 




1(1) 



Resumen del estado de los pueblos fuudados 



Cedidos 


Reftindidoe eti 


AdrainiBÍradiis 
en im) por l'iB 


TOTAL 


28 


11 


910 


'249 (2) 



(l¡ No aparecen en algunos pnebloí 
no efitar erigidos en parroquias aún, ; 
prendido en el pueblo matriz. 

(2) Mayor sin duda ha de aor la cii 
del tiempo no'ha jiermitido corisultni' 
en Manila; por !o cual la lista aaterioi 
eultar incompleta, 



recien areados cifras dea'm'^l 
»1 número do almas hfiUflseC 

a de los cedidos; pero la preiB 
aichipo de la provincia il"' I 
Ir los pueblos ha teñid,! iji'J 



.LvCoo-^le 



ESTADO EN SESÚXENde las provincias pueblos y almas ad- 
ministradas por los PP. Agustinos comparado con la pobla- 
ción del Archipiélago por las mismas épocas. 



A.i!0ll 


»mÍBtro3 


Proviiirisa 


p..h,.. 




Alra^v 


li.732 


. 


10 


80 


3 


252.968 


1803 




12 


87 




627.601 


1831 


- 78 


10 


106 




936.354 


1840 


107 


11 


113 




1.106.311 


1847 


135 


12 


133 




1.239.947 


1866 


138 


13 


166 




1.823.305 


1877 


189 


13 . 


195 




2.118.476 


1879 


196 


16 


201 


8 


2.853.539 



L^xx^le 



iif 



POBLACIÓN TOTAL 

ISLAS FILIPINAS 



93 











ABOB 






Ettioióg Mtn Itt lian 
admiciiliidli p»' lil Fa. 

"".ÍEíílJi"- 


1736 


837.182 

1.741.234 

2.593.287 

8.163.290 
3.200.077 
3.816.878 
4.721.619 

6.601.316 

6.661.232 


Según el censo más antiguo 


0,30 
0,36 * 


1806 
1829 


Según publicación del Ayun- 
tamiento de Manila 

Según el Coronel Don Ilde- 


1833 
1840 
1860 
1864 


Según Diaz Arenas 

Segtin la Guía de forasteros. 

Según la misraa 

Según el Nomenclátor de dicho 


0,29 11 
0,34 1 
0,32 1 

0,38 r 

0,38 1 
0,42 1 


1876 
1877 


Según el censo del Señor 

Arzobispo D. P. Payo. . . . 

Según la Gaceta de Madrid, 

■ 28 de Mayo de 1880 



Ho!Mb,Google| 



KE8ÚMEN GENERAL d^ los Religiosoí^ y parroquias admi- 
nistradas por los PP. Agustinos en 1S96; número de almas; 
A Bautismos, Casamientos y Defunciones por Diócesis. 



^ 


I 


s 
■é 

i 


S 

22 
22 


, 


1 

1 


= 
1 


1 

i 


ArzQ. de Manila. 
O.deN. Segovia. 
Olffiido.deCebt!. 
Obísdo. de Jaro. 
Total general. 


76 
M 
17 
68 
231 


86 
68 
17 
_78 
271 


4a.&10 
21.102 
10.847 
33.329 


«.oli 
4.245 
1.185 
6.514 


34.920 
11.915 
6.B58 
19.039 


929886 
625..3S9 
2.54.896 
610.496 


1 12.002 


19.358 


71.883 


2.327.667(1) 



' Del Estado de almas del 20 de Muyo de 1896. 



xlby Google 



218 LAS conponArioxF.siíRi.[Gro=iA3 

En cuatrocientas mil almas se ealciilaroii los habi- 
tantes de Filipiíias en la ¿poca de su desc abrimiento; 
y tan considerable aumento tuvo la población en tres 
centurias, que los PP. Agustinos solos administraban 
en Í89tí niús de dos millones de almas según el Esta- 
do, que su Provincia regular publicó en 20 de Mayo 
del citado año: el resto, basta seis millones en mime- 
ros redondos era administrado por las otras Ordenes 
Religiosas, menos unas cuatrocientas mil almas, que 
administraba eí Cloro secular en los curatos de las Mi- 
tras, En ningún país del mundo fué tan rápida eomo 
en Filipinas la conquista espiritual y política, y ningún 
país del mundo opuso como Filipinas tan variados, 
múltiples y difíciles obstáculos á la consecución de 
resultados lan lisonjeros. Fraccionado el país en mil 
cuatrocientas islas, que usaban dialectos diferentes, 
que por sn eslrnctnra algunos podían pasar por ver- 
daderos idiomas distintos; separadas aquellas por ma- 
res y estrechos de peligrosas y desconocidas corrien- 
tes para la navegación; defendidas algunas por vallas 
de arrecifes, traidoras rocas, apenas cubiertas por las 
aguas, ó poi' bancos de arena, que se internaban mi- 
llas y millas en el mar, hubiera sido humanamente im- 
posible, lio solo conquistarlas, evangelizarlas y eiviíi- 
zarlas con tan escasos recursos y en tan breve tiempo 
relativamente, sino que también de explorarlas todas, 
y sin embargo no había una en 1897 con algunos 
centenares de habitanies, que no tuviera su Ministro 
Religioso. Todos aquellos obstácnlos fueron removidos 
por la abnegación y perdeverancia de los Misioneros, y 



j.vGoot^Ie 



f,(J FILIPINAS 219 

la cruz se destacaba enhiesta en las más diminutas 
islas, que figuraban en los mapas y cartas iiaüUeas, 
como pnntos apenas pertieptibles. La Religión del Cru- 
cificado, que el indio filipino recibió con la avidez, con 
que el agostado campo recibe el benéfico rocío del 
cielo, tuvo suntuosas basílicas y se la Iribnló en todos 
los pueblos, tan espléndido ciflto, que eran la admira- 
ción de españoles y extranjeros la religiosidad y pie- 
dad de loa indios; el fausto (pie desplegaba en las 
festividades de la iglesia, en las imilgenes santas, en 
los ornamentos sagrados, en la pompa de todas las 
manifestaciones del ciiHo; así como era de notar la gra- '-ijáM 

vedad, devoción y compostura de ¡os indígenas en el #.'í 

templo, lo cual contrastaba con la frivolidad de muchos ^: 

españoles en tan sagrado lugar, siendo esto grave es- 
cándalo para el piadoso indio; y.„ ¡rjuién sabe si estos 
millos ejemplos fueron una de las concausas de la 
pérdida del' prestigio español, que conservó sumisas á 
España aquellas remotas islas por tanto tiempo y sin 
nn soldado! 

Era, en efecto, |)ara admirar i\ los Europeos aque- 
llos pueblos, el menor de cinco mil almas, en el centro 
de los" cuales se elevaban lav! sólidas, amplias y mag- 
nificas Iglesias de mamposteria vou las puertas siempre 
abiertas, como convenía ñ la casa de Dios, que es la 
casa de todos sus hijos y en la cual, a los acordes del 
ói^ano salmodiaban hiiiuios al Señor los robustos 
pechos de los canlores indios. Era para admirar ver 
destacarse aquellos templos de recia y majestuosa fii- 
brica en medio de millares de chozas con honores de 



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Sao LAS CORPORAniONES RKLIfilrtSAH 

casa, sostenidas sobre pilares de madera y techadas 
con la yerba eogon ó eon las palmas de la ñipa. Era 
para admirar ver aíluir ii la casa de Díoh por todas las 
calles y avenidas del pueblo juillares de Jadios, que 
abandonaban sus casas y ganados en los barrios dis- 
tantes del pueblo t|iiinee y veinte kilómetros, para oir 
misa; piiriíicarse en e! sacramento de !a penitencia; 
regenerar á sns bijos en las aguas bautismales; acom- 
pañar al cadáver de na pariente ó de í\n amigo; con- 
currir á una procesión ó á enalLfuiera otra festividad 
religiosa. Era para admirar ver y oir aquellas nutridas 
bandas de música, compuestas de indios descalzos, con 
los faldones de la camisa fuera del pantalón, ejecutar 
con afinación piezas do los más acreditados Maestros 
de Europa, Eran para adiiiimr los carros triutifales'de 
la Virgen y de los Santos; las vestiduras sagradas bor- 
dadas do oro, los altares, ciriales, blandones, candela- 
bros, incensarios, palios, acetres custodias' de oro y 
plata, donación casi todo de aquellos indios, casi des- 
nudos, y cuyos progenitores no asaban tres siglos antes 
otra prenda ée vestir que el hajaipte ó taparrabos. Era 
de ver aquellos pueblos en dias de fiesta con los artís- 
ticos arcos de caña bambú revestidos con telas de 
variados coloi'es; la profusión de batideras y gallarde- 
tes, que ondeaban en íodax las casuelias, desde qnQ 
se entraba en la jurisdicción del pueblo, y en una ex- 
tensión de diez, doce y iiiá-s kilómetros; las colgadnras 
de seda, que cubrían los antepechos de caña o tabla 
de las ventanas, los persfis ó cañonazos, que alternaban 
con la música y el alegre volteo de las canipanas. Era 



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E;n Filipinas 231 

de ver todo este refinainieiito de las grandes ciudades 
europeas, dándose la mano, codeándose con las cos- 
tumbres del bosque, con los pies descalzos, con la 
camisa por Cuera, con las casas de caña, con la mo- 
riaqtieia comida á puñados sobre elegantes mesas de 
marmol ó de roja nari'a. Ei'a de ver veinte años antes 
de tSy? el respelo, la venepación con qae e! dócil y 
sencillo indio se deaeubna la cabeza si tenia sombrero 
ó se alzaba el pelo, que caía sobre la frente al pasar 
una cara blanca, español ó extranjero. ¿Quienes hi- 
cieron estos milagros sino los Religiosos? ¿Quiénes in- 
fundieron en los indios atjuel profundo respeto rayano 
en idolatría al nombro y memoria de nuesti'os reyes? (1) 
¿Quiénes sostuvieron el prestigio del nombre español 
atan gran altura, que im simple licenciado de ejército 
de cara blanca era recibido en los pueblos hace me- 
dio siglo y menos todavía con honores casi regios, 
sino los Religiosos? Ya trataremos de esto en otro ca- 
pítulo. 

Aquellas espléndidas manifestaciones del culto ca- 
tólico; aquellas augustas ceremonias en amplios y só- 
lidos templos á los acordes de añiladas orquestas ó 
acompañadas de las graves notas de los órganos, entre 
el estruendo de las salvas, el repique de las campanas, 

fl) Estando prisioneros algunos Jíeligiosos Agustinos 
eo el Pallo de Cagayau por el año 1898 se disponiau los in- 
dioa cagByaues & marchar contra los Americanoe, y pidie- 
ron al P Coriijedo, cautivo también, que ditiafiera á ta 
ti'opa algunas palabras queinñamar&D su ardor bélico; ter- 
minada ia arenga, giitó ia multitud: Viva Alfonso XUI. 



C.oog[í^ 



222 Las conpoRA.c[OíJES religiosas 

los ecos de ías bandas do imnica, c! bi-ÍI[o de! oro y 
de la pkta en las vestiduras y iiniaineiitos sagrados; 
el humo d<;¡ ídcienso, la rclígioíikiad de la rniíltitLid, que 
llenaba el sagrado i-ecinto, ohm fué Lodo jiniiieraiueute 
de la grania divina, después de los Ueügiosos, que ha- 
bían modelado los corazones indios, vírgenes de toda 
preocu Ilación religiosa y naturalmente inclinados á ta 
Religión, que los Misioneros les habían enseñado á 
amar con tanta dulzura y suavidad como resignación 
y perseverancia. Cualquiera europeo, ha<jo, nuevo, en 
el país, que antes de la última revohición entrara en 
un pueblo filipino, la primera impresión que recibía era 
de repugnancia y exlraneza por la forma y materiales 
-de las casas en su generalidad, por las costumbres y 
trajes casi naturales de los indios y por otras noveda- 
des desconocidas en Kuropa. Pero si era día festivo, y 
penetraba en las liasilieas á la hora de ocho á diez de 
la mañana la oxtrañeza se convertía en admiración, 
y se creía trasportado á una Catedral de Europa. 
Ningún pueblo filipino por pequeño que fuera cai-ecia 
de seis i'i ocho cantores de escojidas voces y bien 
instruidos en el solfeo; como tampoco carecía ninguna 
Iglesia de su órgano ó armonium correspondiente, que, 
con la banda do múst<;;i, que tenían todos los pueblos ■ 
daban á las soleuuiidades del culto un realce y es- 
plendor como no so ve en pueblos y villas importantes 
de Esparta, ni ailn en ciudades de tercer orden. Las sun- 
tuosas Iglesias irguiéndosc en miles de casas de caña, ñi- 
pa y madera sonlademostración más palpable y elocuen- 
te de io que en el país han hecho las Ordeñes monásticas. 



ivCoo-^Ic 



ES FILIPINAS 223 

Convertidos loa iadios fiüpinos do salvajes en hom- 
bres civilizados, las reducciones ó visitas en pueblos, y 
constituidos estos en iirtivincias oi^anizadas, (Conside- 
raron los Pf. Agustinos terminada su misión evangéli- 
ca y civilizadora, por lo cual dispusieron y solicitaron 
hacer entrega de las provincias y pueblos que adminis- 
traban á oti-as Órdenes regulares y al Clero secular 
para dejar dC5einbara;í'id<i e! persoiial de la Orden con 
objeto de emplearle en las Misiones vivas, asi llamadas 
lasque se hacían entre salvajes infieleSj á dil'erencia 
de las doctrinas que eran los pueblos ya formados y 
civilizados. Con este motivo el V. Comisario Agustino en 
Madrid escribía en 17(í3 refiriéndose á documentos 
oficiales lo siguiente: 

«Para atender á las cristiandades plantadas en 
• China, como también á lasque nuevamente se plan- 
«taban en Japón, y adelantar más vigorosamente las 
» misiones de las islas— Filipinas, — habiendo ya por di- 
»chos años pasado otras Religiones á ellas, como tain- 
>bien fundándoscObispadüs y Ordenádose alguna Cle- 
>recfa, determinó iinestra Provincia ceder asi á esta 
•como á las domíis Religiones muchos pueblos ya cris- 
»tianos, para que desembarazados los Religiosos, que 
»los cuidaban, se dedicasen íl extender nuestra santa 
»fé por las infidelidades. Asi lo ejecutó por el pronto, y 
•siguió ejecutándolo después, al paso que semultiplica- 
'banlas coevei-sioncs de losinfieles, mediante predica- 
»eión de nuestros Apostólicos misioneros, de las cuales 
«cesiones dase alguna noticia, aunque no sea sino por 



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á24 L\S CORPORACIONES RELlOItiSAS 

«mayor, para que se vea cuanto se ha trabajado en 
• » aquellas regiones. 

'Cedióse pues á la Clerecía pur aquellos aiios y on 
■ los siguientes una multitud de pueblos en todos los 

• Obispados. Primeramente en el de Nueva Segovia se 
>cedieron las dos Cabeceras es á saber, la de Lalo, y la 

• villa Fernandiiia con el pueblo de Santo Domingo y 
-otros. En el de Cebú se !e cedió toda la isla que lia- 

• man de Negros con los pueblos é Iglesias de Vinalua- 
.^n, Tanay, Uog y otros. En la isla de Panay se ee- 

• dieron los pueblos de Aclám, la villa de Arévalo, el de 
»lbahay, el de líantáyaii, el ministerio do Leyte con al- 
»gunas más que no rericro. En el Arzobispado de Ma- 
-nila se cedió asi mismo á la referida el pueblo de 

• Balayan, el de la líermita, el de Tabuco, el de Ango- . 
»no y algunos más que se hallaban en dicho tiempo 

• con Iglesias en la isla de Mindoro. En el Obispado de 
"■Nueva Cáceres se entregó á ai mismo' á la dicha el 
>pueblo de Ibalon, Cabecera de Albay, la isla de Mas- 
sbate, el de Han ton, el dcTicaoy el deliurias, todos ya 
íbautizados y doctrinados. Los cuales pueblos después, 
«según una división que por mandado del Señor Don 

• Felipe II, se hizo tuvieron sus inuíaciones, quedándo- 
»se con algunos la Clerecía y recayendo otros en otras 



• Quiso la Provincia ceder niuchoa luás-pneblos, pe-- 
»P0 el Gobernador D. Luiz Pérez Dasniariñas, pasando 
•un día á nuestro Convento, habló al R. P. Provincial 
•para que juntase Definitorio diciendo tenía que pro- 
>ponerle en nombre de S. Majestad. Hizolo así, y jun- 



.yGoOglC 



EN FILIPINAS 225 

*im los Padres propuso hallarse con repetidas instan- 
scias de ¡osindios de Pintados— Pan ay— para que la 
sProvincia no los dejare y entregase á la Clerecía, co- 
smo pretendía, y que. siendo esto muy justo, les roga- 
»ba prosignieran en su administración. Expuso los mo- 
«tivos el Definitorio, que eran la falta de operarios, y el 
>querer emplear los que habianí de estar allí ocupados, 
» en las misiones de infieles; pero urgiendo el Gober- 
»nador convenir así al servicio de sn Majestad, se obe- 
>deció lo que ordenaba y se suspendió dicha en- 
» troga. 

• Cediéronse asi misino atodas lasdeiiiás Religiones 
»de aquellas islas, otros muchos ministerios con sus 
«Iglesias y habitaciones para los Religiosos en todas las 
«provincias de las dichas, como después acii se ha ido 
«ejecuíando sin interinisiún; pues aun on el siglo pré- 
nsente á todas cuatro Religiones, se les han cedido muí- 
>titud de putíhios, ya bautizados sus habitantes, con 
«Iglesias y habitaciones para los Religiosos, solo con el 
«ánimo de que los Religiosos, que se habían de em- 
»plear en sti administración sean dedicados ¡I las misio- 
•nes de infieles, y extender más y más el santo Nombre 

• de Jesucristo, como se ejecuta puntualmente con los 
>progresosque en tau corta relación no se pueden 
•comprender, procurando al mismo paso que de los 
•infieles convertidos se levanten pueblos nuevos; ceder 

• de los antiguos algunos paca emplearse nuevamente 

• en otras reducciones; sin haber ejemplar, que haya 
«recibido la Religión pueblo alguno conquistado por 
»Otros, habiendo de s\is conquistas cedido innumera- 

IG 



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226 Las coRpfiRACtONES RRuniosAS 

"bies; y aun asi, es tal la bendición del Señor, que des- 
•pues de todas estas cesiones se halla al presente con 
» cuatrocientas mil almas de cristianos pertenecientes á 
>su administración, sin ios que contienen las jnisiones ■ 
.en que está empleada» (1). 

En el año 1892 la provincia de Agustinos permutó 
las parroquias de T-apo / Santa Cruz de la provincia 
de llocos-Sur por ¡as de Hangued, Tayum y Dolores de 
la de Abra: estos tres pueblos recibieron con júbilo y 
llenos de gozo á los PP. Agustinos que fueron á adnai- 
nistrarlas; pero los dos pueblos primeramente dichos 
despidieron á sus respectivos Párrocos con muestras 
verdaderas de sentimiento y arrasados sus ojos en lá- 
grimas, particnlarmente el de Santa Cruz, que varias 
veces poc escrito, ya al Capitán Ceneral Gobernador-de 
las Islas, ya al Provincial de Agustinos, ya al limo, y Re- 
verendísimo Señor Obispo de !a Diócesis, pedían con 
insistencia un Párroco Religioso én vez del Cura indí- 
gena que le habían dado: y cuando en Mayo del mis- 
mo año hizo la visita regular el R. P. Provincial Fray 
Tomás Gresa y pasó por el uieneionado pueblo de 
Santa Cruz, parando nnos momentos en el convento, 
agrupóse el pueblo con los principales á la cabeza, y 
con vivas instancias lerogaron,queinmodiatamente les 
diera un Cura Religioso. Prueba de lo poco queridos 
que eran los frailes en Fil'pmas. 
Aunque, como se vé por lo transcrito, no consiguieron 



(11 P, Ant. Mozo. Noticia de los triunfos y adeUnta- 
niieiitos Ue loehijoada S. Agustín. Madrid líiíS cap. SU 

p. 1&5. 



.LvCoo-^lc 



EN FILIPINAS '227 

los PR Aguslinos deHíobiemu fie la Metrópoli la auto- 
rización para ceder sus Doctrinas ó Parroquias á los 
Clérigos y. alas otras Ordenes Religiosas, paradedioar- 
so exclusivamente á las misiones vivas, ó sea á la con- 
versión de los infieles, no por eso desistieron de su 
propósito. Rl celo por la propagación de la fé, el espí- 
ritu apostólico que latía potente en los corazones de 
ios hijos de San Agustín y los inflamaba en el amor íi 
ios infortunados, que dormían el sueño de la muerte 
á la maléfica sombra del error, les impulsaban ince- 
santemente, los estimulaban sin tregua á despertar de! 
fatal letargo, á los descarriados infieles para volverles á 
la vida de la gracia con la luz de la fé, con la virtud 
de la palabra y con la eficacia del ejemplo. Ya hemos 
visto hasta que extremo llevaba el P. Albupquerque el 
sacrificio y la abnegación para encontrar medio de ■ 
penetrar en la firau China, para anunciar á sus cientos 
de millones de habitantes la buena nueva del santo 
Evangelio. Ya hemos visto también la industria é inge- 
nio de-Ios PP. Marín y liada, primeros Embajadores es- 
pañoles al Virey de Fokien para quedarse en el país. 
También hemos visto, ijue no desanimados por el pri- 
mer fracaso, volvieron íi intentar cpn peligro de sns 
vidas conseguir el objeto tan vivamente deseado. Todos 
los Religiosos Agustinos se sentían animados del mismo 
espíritu; todos anhelaban llevar la antorcha de la fé al 
impenetrable y desconocido imperio de la China; parecía 
una obsesión el afán de estos Religiosos por la evange- 
lizáción de aquel país inexplorado, cuando tanto faltaba 
hacer todavía en Filipinas. ¿Era el amor al martiriq el 



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á28 LAS CORPORACIONES RELIfllOSAS 

que les atraía al imperio de! Sol, como el vértigo al 
abismo? ¿Era el deseo de dar sus vidas por Jesucristo 
y sellar con su sangre la fé, que predicaban con el ce- 
lo y la abnegación de Apóstoles? Tan amada empresa 
pudo al fin realizarse en el siglo diez y siete después 
de varias lentativas infructuosas. ^Entonces — dice el 
>P. Mozo— (1) fundaron los Agustinos las Iglesias y 
•casas de ias ciudades de Xao-Kiiig-io y Nait-liung-fii 
»y la del puelilo de Jolíy en la jurisdicción de la ciudad 
»de Xab-King-fu, que florecieron admirablemente hasta 
> los tristes días de la persecución, extendiéndose en 

• dilatadas provincias con 230 iglesias ordenadas con 
■ sus Cabeceras como en Filipinas', 

• Antes que en China, habían predicado en el Japón 
•los PP. Agustinos el nombre y doctrina de Jesucristo. 
«Eli 1003 el P. niego Guevara fundó el Convento de 
•Bungo, y el P. Eustasio Orlizeí de llsuki. Dos años des- 

- »pues erigió el beato Fernando de S. José una Iglesia 
»en Say-ki, residencia del Tono ó Rey de Bungo. Pos- 

• teriormentc fundó el mismo íes Conventos de Angotá 
•y Nangasaki. Declarada la horrible persecución, parte 
>de nuestros Misioneros alcanzaron la palma del mar- 
•tirio y fueron beatificados por nuestro Santísijno Papa 
fPio IX; parte fueron desterrados llevando ei mayor 
•sentimiento en su ainia por no ser elegidos para eon- 
ífirmat la predicación con el sello de su sangre. 

• Cuando apenas respiraba con algún desahogóla 
•Provincia Agustiniana de Filipinas, y vio cambiar las 

í^l) Loo. cii, , 



a.j..,CcH>gle 



»cosas del .Tapón, solicitó de los Obispos y Vicarios apos- 
)tólieos de estas regiones tomar parte en sus misiones, 
•santificadas antes por nuestros antepasados, pero 
• perteneciendo ellos ú la propaganda francesa y no 
•queriendo admitir niisioneros de otra nación, hubo 
»de ofrecer al Seilor el haloean'ito solo de su buen 
•deseo y voluntad» (1). 

Asi como fueron fi Filipinas en pos de los Agusti- 
nos los lleügiosos delasüi'denes monásticas Francis- 
canos, Jesuítas, Dominicos y Agustinos Recoletos, con 
aquellos fueron también estos á China y al Japón; 
muy lógico por cierto, pues iin mismo espíritu las ani- 
maba á todas, una misma fe predicaban, un mismo 
Dios adoraban y un mismo celo por la salvación de las 
almas dirigía sus pasos. Desde el istmo de 3uéz hasta 
■ el estrecho de Berhing, en todas las islas y en todos 
los continentes habían dado A conocer el Nombre ado- 
rable de Jesucristo ai[üelliis Religiosos, que habían 
hecho el sacrificio de sus vidas en aras de.la l'é y de 
la caridad. 

Aunque elevados intereses del Estado no permitie- 
ron entonces á los PP, Agustinos disponer de todo el 
personal para dedicarle á las misiones vivas, no por eso 
desistieron de sn santo propósito, como hemos dicho 
antes, el cua! pudieron realizar en parle empleando 
algunos Religiosos en la evangelízación y reducción de 
los Negritos, ígorrotes, Tinggianes y otras tribus aris- 
cas que no habían abandonado los intrineables bosques 



" (IJ Memoria dal F. Comisario fr. Manuel 



,;ík. 



230 f,A3 CORPORACIOSKR ÜELIGIOSAa 

y las elevadas montañas de ias cordilleras, que cruzan 
en varias direcciones \m aiAs principales islas. Ocupa- 
dos los Misioneros en la conversión y civilización de loa 
infieles, qne moraban en ¡os llanos, cubiertos de bosque 
también, no habían tenido tiempo para internarse en - 
las abruptas montañas en donde tenían síis guaridas 
como las fieras, ios Ignrrotes y otros salvajes de índole 
feroz y de instintos sanguinarios; y los Negritos ó Ae- 
tas, raza insociable ó incivil por odio ó por tempera- 
mento. Según la opinión más acreditada y verosimil 
fneron los Negritos la raza aborigen del país. Vencidos 
pop los indios de raza malaya, fueron arrojados por es- 
tos al interior; y cuanto más se internaban los conquis- 
tadores, más distantes huían los Negritos, hasta que 
aumentó tan considerablemente la raza indo-malaya, 
qne ocupó todo el llano y llegó hasta las faldas de las ^ 
cordilleras, no dejando á los Negritos otro refugio, que 
las altas cimas de los montes en donde continuaban 
en 1897. Son los Negritos un tipo raro, muy diferente 
del indio en lo fisieo y en lo moral. Tienen eí pelo en- 
.erespado como los negros de África, recio y de color 
gris; la piel más negra que la del indio, la estatura más 
baja y el idioma y las coatutnbi-os, (¡ue conservan has- 
ta el presente muy distintas de las de los otros indios, 
con los cuales nunca han hecho vida social, aunque 
en la época de la invasión malaya se refundieron mez- 
clándose las dos razas. Si algún criuiinal indio, huyen- 
do de la justicia, liega alas inaccesibles alturas ocu- 
padas por los Negritos, ole matarlo levantan el campo; 
operación facilísima paradlos, que no tienen otro al- 



l;(k 



EV PILIPINAa 331 

bergue que la copa de un árbol, ni otros bienes que 
las flechas, el arco y la lanza. Hombres y mujeres van 
comple lamente desnudos; carecen de religión y de Sa- 
cerdotes; toman compañera cuando pueden mantener- 
la; la dejan cuando se cansan de haeorlo, entonces la 
mujer busca otro varón iiue se encargue de ello. Las 
otras tribus infieles reconoeen-el mismo origen, que el 
indio malayo, exceptuando los Tiuggianed que parecen 
ser indo-chinos, resoltante de la mezcla de los restos 
del ejército de Limahón con indias del país. 

Alas alturas inaccesibles i¡ue dichas tribus habita- 
ban, no había llegado el eco de la palabra divina co- 
municada por medio de los Misioneros. De hacerlo se 
encalcaron los Religiosos Agustinos, siendo también en 
esto los primeros y cuyo ejemplo imitaron después las 
otras Ordenes Religiosas. Empresa penosa y difícil la que 
acometían, porque no se trataba ya de indios sencillos 
é ignorantes, sino do tribus refractarias á la sociabili- 
dad y á la civilización, Teroces y sanguinarias nmchas 
de ellas; refugiadas todas en los más espesos y lejanos 
bos.ques. Sin embaído nada de lo dicho fué la dificul- 
tad mayor que se opuso en un [)rincipio á laevangeli- 
zación de aquellas gentes, sino el tributo real que pa- 
gaban los indios cristianos, y el cual repugnaban 
extraordinariamente la indolencia ingénita del indio y 
su amor á la independencia salvaje. Recibieron bien á 
los Religiosos; se prestaban á la eatequesis y recibían 
el bautismo, pero no había medio human'i dé hacerles 
salir de sus bosques, ni podían conseguir de ellos, que 
agruparan sus viviendas para hacer más fácil y menos 



C.oo^iic' 



232 LAS coRPonACiorJKs rrlic.ioras 

peuosa la admitiistraeíón espiritual. Los polos y el tri- 
buto real eran el fantasma que los infieles veían con 
terror flotar espantoso sobre el sitio designado por los 
Misioneros para el establecimionto de la redneeión ó 
visita. Pudo al fin obviarse esta dificultad eximiendo 
de polos y tributo á las dos ó tres primeras jíeneracio- 
nes de los reducidos, y entonces los PP. üaltasar de 
Santa María y Aiitolín Arizaga echaron los cimientos 
de nuevos pueblos en la provincia de Pangasinán con 
cuatrocientos ti-einta y nueve Abácas é halones que 
habían convertido. VA P. Alejandro Cacho desplegó tan- 
to celo y actividad en la conversión y reducción de los 
salvajes de Tarlac, Magálang y Porac que con ellos pu- 
do formar cuatro pueblos en 172;J. Los PP. Nicolás 
Fabro y Manuel Madariaga y IJarríoeanal convirtieron 
á miles de feroces Igorrotesy de pacíficos Tinggianes, 
formando varios pueblos conlos cuales se constituyó y 
organizó la provincia del Abra. 

Con el mismo celo y no menos fruto llegó el Pa- 
dre Sánchez á convertir y reducir seisniil ochenta y 
nueve almas de ios llamados mundos en ¡as Visayas en 
menos de veinte años; y el P. Ziiñiga fundó tres pue- 
blo» con ¡os salvajes de líosoc; dosel P. Francisco Al- 
vaiez, cuatro el P. Salazar con los de tambales; y 
otrü-5 cuatro eí P. Veüojín y Compañeros con los de 
Mangles 

Asi fué como los Religiosos Misioneros de las Órde- 
nes M )násticas con el mismo espíritu, con igual abne- 
gación, sujetándose rigorosamente'alsisteina progresivo 
de conversión, catei^uésis, regeneración espiritad, re- 






EN FILirlNAS 233 

ducción, civjlizanióii, formación de pueblos y coiistitn- 
eión en provincias, empleado por los insignes Rada y 
Herrera, Alba y Giménez regeneraron y civilizaron to- 
do el Archipiélago Magalláiiico, fraccionado on miles 
dé islas, cruzadas por ásperas montanas, pobladas de 
espesisimos bosques; separadas por mares peligrosos; 
y en tres siglos solamente colocaron al país á una altu- 
ra, íjiie era la admiración de propios y extraños; ins- 
pirando á los salvajes indo-malayos acatamiento y 
veneración á nuestros Reyes é Instituciones naciona- 
les; profundo respeto al Europeo en quien reconocie- 
ron la'indíscu tibie supeiioridad de raza; y se conquis- 
taron ellos con sustrabajosapostólicos;con susvirtudes 
religiosas; con la abnegación y sacrificio de verdaderos 
Pastores de almas el prestigio histórico, que por espa- 
cio de tres centurias suplió con inmensa ventaja á !os 
fusiles y á cañones. Manila consorvarii imperecede- 
ro recuerdo de lásürdenes i^eligiosas. No se olvidarán 
los indios deMindanaode losPP. Jesuítas y Agustinos 
Recoletos; ni los de Pangasinán y Cagayán de ios Pa- 
dres Dominicos; nilos de Camarines, Leyle y Samar 
, de los PP. Franciscanos; ni los de Pampanga, Bulacán, 
Batangas y deuris provincias tagalas; los de Visayas, 
llocos Tebii M>\a Üinloe, Lopaiito etc. etc., de los Pa- 
dres \gustmob los Religiosos fueron sus Apóstoles, sus 
Párrocos sus (ladies, sus protectores, sus maestros, 
Médicos > bu nhec!ioii.s hasta donde pudo alcanzarla 
posibilidad di. lucei beneficiosa sus feligreses entre quie- 
nes pasaban 1 i \ id i la terminaban y reposaban SU3 res-. 
los mortalt'i niLztlados con los dc.aus hijos espirituales, 



ía» escuelas y la iiistrucciñn primaria por los B^i- 
ffioaos hasta ÍSfí3,—L,o» jReli^ioaos, maestros ^e ea- 
cuela.—íiua discípnlosmás aprovechados les ausU- 
tuyett.—Lo8 Jtcliffiosos pagaban á los Maesfros. ■• 
l>ff^tsi6ll ilelnpriinara enseñanza en Filipinas.— 
Estahlecen los Religiosos escne tan en lo9 barrioB.— 
TjOS Relifflosos no tienen la culpa de */«« los indios 
ingnoren el castellano.— Acta del primtfr Capitulo 
proviacial de FI*. Agustinos en 1590^~-El Colegio 
de S. 'Tose par los FP. >TesnUas; la Universidad, el 
Colegio ds Sto. Tontas y de S. •Tuívn de Tjetrán por 
losPF. Dominicos. -D Gerónimo Guerrero.— Cole- 
gios de segunda enseñanza en Dagupan, Camari- 
nes, Jíegroa é Iloilo por los JPP. Dominicos, Fran- 
ciscanos, Agustinos Recoletos jf Agustinos calzados. 
•^Colegios deniñas por Jfermanas de la caridad; 
Dominicas de 8ta. Catalina, y Sta. Rosa, Terciarlas 
AgusHnas g Agustinas de la AanndÓn-^Intetec- 
tnali'lad de los indios.— Su aptitud para la imi- 
tación, 

«Hasta á fines del afio tSli.'J en que sedictóel me- 
•morable Real DecreLo que estableció un plaii de pri- 
»mera Enseñanza en Filipinas; dispuso la creación de 
• escuelas de instnicción primai'la' en todos lospue- 
■blos de ias islas, y la de niia Esencia Normal en Ma- 
»nila, de donde saliciun maestros iiistniidosy religiosos, 
»qae se pusieran al frente de aqnellos establecí mien- 
>tos; puede decirse qne no se había legislado sobre 
»íiistrucción pritiiaria en estas islas, pues si bien es 



L'.ooi^lc 



■ cierto, que no faltan, preceptos encaminados á conse- 
»guir !a ingtrucoión de los indigeiías y rntiy parLiedap- 

• mentela enseñanza del hermoso idioma español, 

• viéndose contenidos algunos de ellos en la? Leyes de 
•Indias y en los Batidos de buen Gobierno, es lo eíer- 
íto, que esos preceptos son disposiciones aisladas sin 

• ilación; producto del bneii deseo que siempre haani- 
■mado á los Monarcas de España y á sos dignos Re- 

■ presentaates en el Archipiélago por el adelanto y 

• prosperidad de este, pero sin descansar sobre base 
*f)ja por falta de elementos para que existiera». 

íAntesde la citada época los lili, y DI). CurasPá- 
'rrocos de los pueblos venían á llenar en gran parte y 

• voluntariamente los nvhlus fines de propagar la instruc- 
tciónj>rmaria por estas apartadas regiones con ayuda 
'de sus mismos dJscipulos, los más aventajados que se 
'dedicaban á la enseñanza desús convecinos, perciHendo 
í escasísima retribución por stts trabajos y desvelos, y sin 
*que tuvieran consideración de maestros ni títulos que 
»les acreditara de tales» (1). 

En efecto: las Corporaciones Religiosas en Filipi- 
nas, fueron las que se ocuparon con el interés, que el 
asunto merecía, en la Enseñanza pnmaria,abandonada 
casi por completo por las Autoridades hasta el año 
1863, no obstante las repetidas peeoniendaeiones, ór- 
denes y leyes de nuestros Monarcas y de los Consejos 
de Indias. Los Ueligiosos fueron los primeros Maestros 

(1) Dauiei (íjijui y Al¡ag.i. Prólogo .lo un libi-o titlltft- 
do "La lustracuiÚLi piíiuaria un Filijiiuaa,,. 



.t'.0<)^l,C 



23tí LAS CORPOR.VriONEítnELIGrOSAS 

de primeras letras en Filipinas, como lo fueron des- 
pués en la 2." Enseñanza, en la superior de facultad y 
en ías principales artes y oficios, que aprendieron los 
indios. Por consejo de los Religiosos constniyeron los 
pueblos las primeras Escuelas; eUos dirigieron las obras, 
ellos dieron la instrucción hasta yne tuvieron discí- 
pulos que les pudieron susliluir, dejándoles desemba- 
razados para la administración espiritual de los fieles; 
y ellos, los Religiosos, pagaban el sueldo á los Maestros 
improvisados sin título ni carácter oficial de tales, pero 
lo suficientemente instruidos para enseñar á los pe- 
quoñuelos las primeras letras, y conseguir que en ei 
pueblo filipino supiesen leer y escribir correctamente 
el setenta y cinco por ciento do sus habitantes; y el 
Señor Hilarión Arzobispo de Manila, pudo decir siendo 
Provincial de Agustinos Calzados al Excmo. Ayunta- 
miento de aquella ciudad: «—Hay multitud de pueblos 
ítales como Argao, Dalagitete, Itolhoon en Cebú, y 
«muchos en la provincia de lloilo en los que es diñcil 
íhallar un solo niño ó niña que i\o sepa leer y escribir; 
• ventaja (¡ue no han alcanzado todavía muchas ciu- 
"dades de nuestra Españat. 

Módico era el sueldo que los líelígiosos podían dar 
■á los Maestros formados por ellos, pero á fé que no han 
dado tanto ni la mitad para tan benéfica obra ninguno 
de los detractores de las Corporaciones monásticas de 
Filipinas. Los Religiosos, no solamente habilitaron loca- 
les amphos, caparcb y ventilado-, para Id mstrucnón 
pninana de los dos sevos, y fueron sus Maestros has- 
ta que de los discípulos mas aventajados pudieion uti- 



^,on;.k 



KN FIUPINAH 237 

lizar alguno que les supliera en el Magisterio, sino que 
también proveyeron á las Kscuelas del menage conve- 
niente y necesario, en lo cual la industria é ingenio del 
Párroco regular vino en auxilio de sus recursos pecu- 
niarios y déla carestía absoluta del material de ense- 
ñanza. Nada de tiuta, papel ni plumas; la primera no 
era necesaria para el nuevo paparas, este no era otro 
que la hoja esplendida del plátano, y la pluma un pe- 
queño trozo de caña cortada en forma de tal. De cada 
hoja de plátano podían sacarse veinte ó treinta planas 
de mayor tamaño qiielas de llurzaeta; en el reverso de 
la hoja cubierto de vello lino y suave corno el de ter- 
ciopelo, escribían los indios las letras con la eafla cor- 
tada en forma de pluma ó de estilo antiguo; lo así es- 
crito no era muy peruianente, ni hacia falta que lo 
fuera, porque las planas no se guardaban como justifi- 
cantes de los gastos de escritura abonados por los Maes- 
tros segün lo dispuesto después por la desconfiada ó 
escarmentada administración oficial: y como el mate- 
rial abundaba y era gratis se permitía á los niños escri- 
bir cuantas planas quisieran;" más todavía; se les veia 
sentados escribiendo á cualquiera hora del dia no sola- 
mente en sus casas, sino que también en la plaza, en 
la calle, en los caminos, porque en todas partes tenian 
■á su disposición plátanos y cañas, y una piedra, cual- 
quier objeto les servia de mesa, y como es tan notable 
la aptitud del indígena filipino para la imitación, y tan- 
ta su paciencia, no dejaban de escribir hasta imitar la 
muestra con toda perfección. Los Reügíosos escribierou 
, también !os libros y cartillas para la' lectura, manug- 



.i.HC.t">0'^lc 



238 LAS CORPORUCIONES RELtOlOSAS 

crilos primero, impresoj después en sü propio dialecto 
para que se aprovecharan de las máximas y doctnaa, 
historia y religión, confortno se perfeccionaban en la 
lectura. 

Aun después de 18153, cuando el Gobierno se hizo 
cargo de la Enseñan;ía, y 1» Escuela Nomiai dirigida 
por los PP. Jesuítas fué proveyendo á ios pueblos de 
Maestros Normales con título y sueldo oficial, dejaron 
los Religiosos de seguir fomentando la enseñanza en 
sus pueblos, no solamente como Inspectores locales 
con el cual carácter les revistió el memorable decreto 
de aquella fecha, base de todas las circulares, decre- 
tos é instrucciones, que en enorme balumba cayeron 
después sobre el histórico documento; sino que tam- 
bién, no pudiendo por la distancia asistir á la Escuela 
oficial los niños y niñas de los barrios alejados de los 
pueblos veinte kilómetros y más algunos; atentos y 
vigilantes los Párrocos Religiosos acudieron solícitos á 
suplir con sus recursos pecuniarios las deficiencias 
oficiales. Hicieron construir en cada barrio ó visita 
Escuelas do materiales ligeros, pero sólidas y bien 
acondicionadas, en las que daban la instrucción pri- 
maria en lectura, escritura y aritmética; costura y 
bordado las ninas, Maestros y Maestras nombrados y 
pagados por los Párrocos, quienes las siirlían tam- 
bién últimamente de papel, plumas, tinta, libros, hilo, 
agujas y demás uiatenalos de Enseñanza; dichas Es- 
cuelas eran visitadas por' los Párrocos, sino periódi- 
camente, siempre que se lo permitían las atenciones 
¿el ministerio; concurrían á ellas todos los niños y 



L'.ooiíic 



EM FILTl'ItíAS 2;í!l 

niñas de los barrios próximos, y todos los domingos 
después de la misa, Maestros y Maestras con sus dis- 
cípulos respectivos presentaban á sus Párrocos las 
planas, eiientaíí, costura y bordado que habían hecho 
en la semana. Para comprender todo lo expuesto hasta 
aquí, hay que tener en cuenta que la población en 
Filipinas se encuentra lan desparramada en grupos 
de caseríos llamados barrios ó visitas más ó menos 
poblados y distantes entre sí unos de otros más ó 
menos; tanto es asi, que de ios catorce mil habitan- 
tes del pueblo de Ogtoii, verhi gratia escasamente 
cuatro mil tendrán su domicilio dentro de! radio del 
pueblo. Esta difusión de los habitantes por toda la 
jurisdicción de los pueblos, si fué acertada y conve- 
niente en los comienzos de la conquista, para que los 
barrios ó visitas fueran los núcleos de futuros pueblos, 
no tenían ya razón de ser en la última mitad del pasado 
siglo en las provincias muy pobladas como la de Iloílo 
y otras. Los habitantes de \o¿ barrios, alejados del 
pueblo, de la autoridad y del Párroco no podían ser 
vigilados y atendidos por la paterna! solicitud de éste, 
tanto ni tan bien como los del pueblo, que vivían bajo su 
inmediata vigilancia. Eran aquellos para la autoridad sos- 
pechosos como encubridores de malhechores y crimina- 
les muchos de ■ellos mismo?, porque en los barrios dis- 
tantes se reunía la gente de mal vivir, combinábanlos 
robos y ocultaban lo robado; eran la pesadilla de la 
Guardia ei\il \ de Us lutoiidades locales, > la pre- 
ocupación constante de los Párrocos, que veían que 
no cimipiían como buenos cnstianos los deberes reli- 



Ctxtjík 



m 
^ 



:P 



240 LAS com>OR\ciníiEg uelioiosas 

giosos y que para admitiislrarles los sacramentos te- 
nían que montar á caballo, horimon ó en hamaca 
así lloviera á torrentes, ó el sol ecuatorial derritiera 
los sesos. Muchas veces y en distintos tiempos y oca- 
siones ordenó la Autoridad superior de las islas, que 
los barrios se ¡Qcorporasen á los pueblos; no pudién- 
dolo conseguir, dispusieron que los barrios pequeflos 
ae refundieran en los mayores, y que abrieran cami- 
nos que les pusiesen en comunicación con el pueblo 
matriz; y ni aun ésto pudo conseguirse de la ingénita 
pasividad del indio. Ei que más perjudicado salía en 
este orden de cosas era el Párroco, (jue tenía el de- 
ber de vigilar aquellas ovejas descarriadas y darles 
e! aliuiento del espíritu con peligro de su salud y con 
quebranto de su bolsillo, pagando sueldos de Maestros 
y el material de enseñanza para las Escuelas de los 
barrios. 

Guando las Kscueks funcionaban ya con regula- 
■^ ridad y oran copiosos los frutos que producían bajo la 

acertada direceió a é inspección inmediata délos Párro- 
cos, se apoderó de la enseñanza el Gobierno superior de 
las islas y en el citado decreto de ISÍi;) dio carácter 
oficial á las Escuelas instituidas por los Párrocos, con- 
cedió tílulos de Maestros interinos á los que entonces 
regentaba» las Escuelas, nombrados, por los Religiosos, 
les asignó un sueldo módico pero ¡nueho mayor que el 
percibido de los Párrocos, cuyos recuraos eran bien 
acasos por octto, y con los cuales había de aten- 
der á otras obligaciones, que su unnisteno le impo- 
plan, pero dejó eji el más completo aljandouij ^ lev 



CcH^jílc 



■^= 



EN FILiriNAS 241 

población de los barrios compuesta generalmenle de 
las dos terceras partes de la suma total de almas. 
Ya hemos dicho cómo y en qué forma suplieron los 
Párrocos la omisión gubernamental. Los Maeátros in- 
leriiios fueron sustituidos por los Normales gradual- 
mente conforme iban saliendo de la Escueta Normal; 
y ya en los últimos años del- pasado siglo pocas 
eran las Escuelas no regentadas por Maestros de la 
Normal. ¿Ganó muoho la enseñanza con el titulo semi- 
académico de los nuevos Maestros? ¿Se generalizó 
más el idioma patrio? A lo primero debemos contes- 
tar con toda verdad que los Maestros Normales, 
mientras estuvieron bajo la inspección inmediata de 
los Párrocos autorizados por los Reglamentos oficiales 
para suspenderles y formarles expediente, marchaba 
la enseñanza bastante bien; pero cuando fueron eman- ^"^ 

cipados de la inspección de los Párrocos Religiosos por "i 

el decreto de triste memoria, refrendado por el Sr. Maura ^ ^ 

en 1893, creando los Municipios á los que pasó la- ^ / 

inspección y tutela de las Escuelas y Maestros, la en- «¡^ • 

señanza fué un desastre; la asistencia de los niños pura- 
mente nominal en la relación triplicada que los Maes- 
tros y Maestras enviaban mensualmeiite al Gobierno 
, de la provincia, la cual relación debia ir visada por loa 
Párrocos, pero quo los Gobernadores recibían y apro- 
baba» sin este requisito, desairando y desprestigiando 
la firma de los Párrocos, en lo cual éstos comprendieron 
que el Visto Bueno era una farsa que tomada en serio, 
les desprestigiaba y malquistaba sin utihdad alguna 
coa los Maestros y Capitanes mumcipaies; por lo cual 
ií 



L .oos;Il 



242 LAS CORPDRACIONES RKLtfttOSAS 

firmaban las relajones dichas, (j no las firmaban; para 
los efectos era igual; pero ora un dolor contemplar 
los vacíos en los bancos de las Escuelas, de las que 
ya 00 salían para la Iglesia después de la dase de la 
tarde aquellas alineadas é interminables filas de cua- 
trocientos ó quinientos niños, y otras dos de otras tantas 
ó más niñas reducidas después á dos 6 tros docenas á 
lo sumo. Esto sucedió, esto hemos visto; esta fué una y 
no de las menos graves desdichas que llevó al país 
el malhadado decreto sobre los Municipios fiüpinos, 

Al crear la Escuela Normal se propuso el Gobier- 
no, como principal objetivo, la difusión rápida y breve 
del castellano como lazo de unión entre la Metrópoli 
y la Colonia, Ei fm era bueno y laudable, pero se equi- 
vocó en los medios para conseguirlo, tos cuales ni eran 
suficientes, ni eficaces. Aun partiendo del supuesto 
falso de que todos los Maestros Normales dirigieran 
constantemente sus afanes á enseñar á los niños el 
castellano, nada podrían conseguir de serio y positivo. 
En las Escuelas leían y escribían los niños en castella- 
no, aprendían de memoria la gramática, y algunos 
Maestros hacían la expíícadón en castellano también, 
y en castollano preguntaba el Maestro y contestaban 
los discípulos en algunos diálogos que aprendían de ., 
memoria; poro, ¿qué resultaba? que los niños no en- 
tendían jota de la explicación del Maestro; contesta- 
ban en los diálogos como aves parleras, y los pocos 
términos que aprendían del armonioso idioma de Cer- 
vantes, los olvidaban antes de llegar á sus casas, sino 
en la misma Escuela todavía, porc[tie no les volvían $, 



■.ij,Co(>gIe 



EN FILIPINAS 243 

oir ni jugando con sus iguales, ni en sus casas, ni en 
la misma Eseiieía, porque ia asistencia escolar asidua 
y diaria dejaba mucho que desear, particularmente en 
la última década de la dominación entiaflola. Antes de 
la creación de los municipios á los que el Sr. Maura 
entregó ia Inspeccióü toca! de las Escuelas, los Pá- 
rrocos visitaban éstas frecuefitemente; y todas las 
tardes cuando los niños y las niñas al salir de la Es- 
cuela se dirigían á la Iglesia forjnados en dos filas, 
observaban y hasta contaban los Párrocos e! número 
dé los que asistía», y cuando las faltas de asistencia 
eran numerosas, pedían álos Maestros una relación de 
los niños ausentes, üaniaban á sus padres, y' con alha- 
gos, consejos ó amenazas conseguían que éstos cuida- 
sen de que sus hijos fueran puntuales en la asistencia. 
Mas todavía: vestía por su cuenta á los niños y niñas 
pobres que escusaban su falta de la Escuela por no 
tener pantalones ó carecer de una falda con que cubrir 
el cuerpo. Después con los municipios, ni los Capita- 
nes municipales ni nadie se ocupaba en la asistencia 
diaria de Maestros y discípulos á la Escuela; de haber 
seguido mucho lieinpo asi la instrucción primaria en 
Filipinas hubiera retrogradado lastimosamente. 

Ya hemos visto la intervención que los Párrocos 
tenían en la enseñanza primaria antes del decreto del 
63, después de esta fecha, y después también del nunca 
, bástanle deplorable decreto sobre ios municipios pro- 
puesto á la firma Ueal por el entonces Ministro de Ul- 
tramar D. Antonio Maura en 1893; pues, no obstante 
■muchos son los Españoles ^ue culpan á los Párroco^ 



:l.,C00glC 



2W i.As ronpnRACiosKR RF,r.ifi¡oñHs 

Religiosos de la ignorancia del oastellaní). por los indios. 
¿Porqué este cargo tan graLuitu corno injnsto? Algunos 
han pretendido une los Párrocos ensenaran personal- 
mente e! castellano álosninOB indígenas. Para compren- 
der lo absurdo de tamaña pretensión hay que tener en 
cuenta, (pie los Párrocos regulares en Filipinas tcnian 
á su cargo la adniinislracióh espiritual de los pueblos, 
de lo cuales el número de almas no bajaba en los niós 
pequeños de seis mil y sumando la mayor parte de 
ellos diez mil, catorce mil y hasta veinte mil y más, 
para lo cual solamente algunos Párrocos tenían un 
Coadjutor, y los de Tagalos, dos ó tres Coadjutores in- 
dios, que les ayudaban en la administración de los sa- 
cramentos á sanos y enteruios; era también deber del 
Párroco contestar á consultas, dar consejos, dirigir co- 
mún ií;acio(ies, ejercer funciones do alcaldes, Jueces de 
paz, arbitros, etc., pues en todo esto habían de enten- 
der porque no sabían el castellano ni el alcalde muni- 
cipal ni el juo;í de paz del puelilo, y menos entendían 
de órdenes, oficios, autos y providencias, y dígasenos, si 
después de atender á tan vanadas ocupaciones pro- 
pias unas de su minislerio, impuestas otras por la cari- 
dad y por la necesidad, tendrían los Párrocos tiempo, 
ganas, ni gusto para oficiar de maestros de castellano 
sin sueldo. Pues todavía hay más: los Párrocos oran los 
Presidentes locales de !as juntas de sauidad, de lan- 
gosta, obras públicas, contribución industrial y urbana, 
padrón vecindario y tributario, etc., etc., y dígasenos, 
repito, si con todas estas fruslerías y mojigangas ten- 
drían tiempo los Párrocos ni para descansar siquiera. 



j:.,Co(>jílc 



Otros llevaban sn pretensión hasta ingerirse en el 
sagrado del templo, é inuiisciiii'se en el domicilio pa- 
rroquial exigiendo á los Pátroeos que hiciei'an en cas- 
tellano !a predicación teológica- moral y la ejíplicaeión 
de la doclina cristiana, como si dobor Fuera del Párro- 
co complacer á cuatro ilnsos y no el instruir á sus fe- 
ligreses, quienes, no ontendieiído el castellano, habrían 
sacado de la cateípiisis y del sermón !o que el negro 
del euenlo. Lo mismo (jiie pretender de los Religiosos 
que hablaran á los áirviontos en nneslro hermoso idio- 
ma. Viendo que los sirvientes indios hacían al revés 
lo que lea mandaban sns amos españoles, \- viendo la 
desesperación de éstos por diclio motivo ¿porqué los 

- Religiosos habían de tomarse análoga'^ rabietas, pn- 
dieado evitár-dclas hablándoles en su idioma? Estaba 
tan generalizada la opinión de que los Religiosos se 
oponían á ijuc los indios aprendiesen el castellano, 
que el Gobernador General Sr. Hespiijols en la visita 
que hizo á la capital ilouga aprostrofó duramente á los 

•Párrocos Hcligiosos, que en comisión habían ido á sa- 
ludarle: — «Ustedes -les dijo— son los (¡ne se oponen 
tá la difnsión del castellano en el paíri, ¡Parece jiien- 
»tira que estos naturales no hablen el español des- 

. >pties de trescientos años de conijuistal» Tales fueron 
las palabras de este Cntalán que pretendía, qne una 
Colonia separada de la Metrópoli millares de millas, y 
casi abandónala por ésta hasta la apertura del istmo 
de Sueá, conociera y hablara el castellano qne no es 

-¿¡onecido, ni hablado todavía en Cataluña, ni en otras 
provincias de España. A los españoles que iban á Fí- 



Lhh^^íIc 



á-I-6 !.\5 CnRpnRAniOrflF.S RFXtntOSAS 

lipirias con negocios ó empleos les era muy convenien- 
te y hasta necesario entciidefáe con [os indios, y exi- 
gían que éstos aprendieran el castellano; también era 
■ muy conveniente y cómodo para los Religiosos, pues 
el aprendizage de un dialecto del país les costaba tin 
ario lo menos de estudio y de práctica; pero ¿no era 
más fácil y justo, que cuarenta mil ó cincuenta rail 
españoles aprendieran el idioma del país, pues Ío ne- 
cesitaban para vivir y negociar en él; que hacer 
aprender el español á seis ó siete millones de indios 
de los que muy pocos necesitaban saberlo? 

El RZúñiga (1) decía ya en su tiempo: <Se ha man- 
'dadoque no se impriman libros en el idioma tagalo: que 
>los indios aprendan la doctrina en lengua castellana, y 
tque los Padres prediquen en este idioma». Los Religio- 
tsos para dar cumplimiento á esta orden predicaban en 

• español y en tagalog, pero querer que ellos confesa- 
■sen á unos indios, que solo sabían la doctrina en una 
ílengua que no entendían, y que los Piin-ocos se satis- 
ífacíesen con predicar á sus feligreses en un idioma 
'que ignoraban, era casi pedirlos lo que pedía Dtocíe- 
íciano álos cristianos, y morii'ían con gusto antes que 
fcumplii'lü ■ 

• Para que se vea la inconsecuencia de los que mandan, 
»basta saber su modo de proceder en las comedias. Estos 
■indios, como dejo dicho, son muy aficionados á las co-" 
■medias; y la gente más principal es la que hace de.ac- 
»tores;y como éstos no suelen saber la lengua castellana 



{i; Estadimo cap, 14 



e.tUHík 



EN FILIPINAS 217 

«piden que seles permita representar en su propio idio- 
>raa; y no se tiene e! menap reparo en permitir las 

• comedias en lengua lagala en todos loi pueblos de 
testa provincia, ann ea el de liinondn *pie solo está 
.separado de !a cindad por un río, 

*¡Y se trata de que los Párrocos prodiquea en 
'español!' 

En íóflO encontrarnos ya en las Acias de nuestra 
Provincia el siguiente notabilisiiuo acuerdo del Capitu- 
lo provincial: «ítem, se encalcó á todos los ministros 
•de indios, que asi como á los muchachos de la Escuela 
»6e enseñan á leer y á escribí]', so enseñen también á 
«hablar nuestra lengua española por ta mucha policía y 
«provecho que de esto se consigue». (Archivo de San 
Agustín en Mamlft). Esto fué lo dispuesto por los Pa- 
dres Agustinos en 1500, y todavía hay- i¡uicn acusa li 
los Religiosos de haberse opuesto li la difusión del cas- 
tellano en Filipinas. 

í,a cédula en que se encarece ¡i los Religiosos la 
enseñanza del castellano en los reinos de Indias es la 
que sigue; «Por D. Felipe IV en Madrid á 2 de Marzo 
•de leS-i': y á í de Noviembre de lüBO: «Ley V.> que 
•los curas dispongan á los indios en la enseñanza de 
>la lengua castellana y en ella la doctrina cristiana. 

«Rogamos y encargamos á los Arzobispos y Obis- 
•pos que provean y den orden en sns Diócesis, que 
•los Curas y Doctrinero?; de los indios usando de los 

• ij^íe'S niás suaves, dispongan y encaminen que á 
»^l\4-js los indios, sea enseñada la lengua española, y 
»en ella la doctrina cristiana, para que se hagan más 



Ct^o^í le 



Sis LAS conronArtnvKS nCTjr.iosAS 

■ capaces de los misterios de nuestra fe católica; y 
mprovechen para su salvación y consigan otras utili- 
•dades en su gobierno y Ttiodo de vivir>. líb. 1." ti- 
tulo 13. 

«Otras disposiciones podríamos cilar (1) pero estas 
«bastan para que se aprecien los candorosos ppopósi- 
>tos de nuestros üebernadores generales, y primeros 
^Apóstoles del Cristianismo en aqneí país; aparte de 
•que en !o antiguo, no podía el Fraile solo llevar o! 

• peso del trabajo extraordinario que supone" la oose- 
íñanza de un idioma que no tes cabe en la cabeza, 
»sino á rarísimos indios: no dojade ser completamente 
■ilusoria la aspiración de que nuestra lengua suplan- 
»te á las muchas que en Filipinas se hablan». . 

No podemos resistir el deseo de reproducir aquí 
algunos párrafos de la Carta «¿íej'ía'qne desde las 
columnas de 'La Época» dirigió el Sr. Retaña á don 
Manuel Becerra siendo éste Ministro de Ultramar (2), 
'No se me alcanza, Sr, D. Manuel, que exista nn solo 
•español á quien no halague saber, que pueblos, que 
•viven á muchas leguas del nuestro, tienen por idioma 

• propio el idioma castellano; ¿cómo no ha de enorgu- 
•llecernos la persuasión de que en ambas Américas 
íexisten próximamente unos cuarenta millones de in- 

• dividuos, que hablan nuestra hermosa lóngna?... Así 
•que estimo muy meritorio ese vehemente afán de 

• usted, porque allá en Filipinas dejen los malayos sus 



il) Eetadiamo. Apéndice A 
(2) Niimoro 5 de Junio de i8''l 



OOyK 



«monótos y pobres dialectos, y opten por la lengua, 
»que hablamos en Castilla, Muy meritorio es en efec- 
»to, entre nosotros sustentar tan bella looría y digo 
¡■entre nosotros, porque si V. fuera inglés y expusiera 
»s«s laudables propósitos en la Cámara de los Lores 
íó de los "Comunes de difundir el idioma de la Melró-, 
•poli entre loa indígenas de 'las Colonias desiguales, 
«tenga V. por seguro, Sr. Recerra, c|ue de todos los 
• lados del recinto saldrían signos y aun voces de des- 
sagrado"; que es cosa harto sabida en la flrau líretafia 
»como en Holanda, y en cierto modo, como en Francia 
"también iio se mantiene, ni en teoría siquiera, que 
»sea conveniente que las razas dominadas sepan la 
•lengua de la raza que domina. El gran Macaulay 
"liberal demócrata, librepensador, sincero y entusiasta 
»hizo público su afán de que se propíigara el Crístia- 
•nismo en la India, pero jamás habló de la propaga- 
íción del inglés en el imperio indoslánico. 

sPionse V., S. D. Manuel, y concédame V. que si 
»piicde halagarnos á los Españoles todos, qne nneatro 
«idioma se propague por los ámbitos del mundo, puede 
>haber ah/iii'os que pensando á la inulesa eouceptüen 
•inconveniente desde el punto de vista politieit esa 

* propaganda. 

«Mas dando de mano con tales tiqnh mi<jn¡s, pues 
•que tengo para mi, qne hoy ya son excepcionales los 
•compalñotas nuestros que piensan á la tn¡)lesa en 
»este punto, vamos á la madre del coi-dero. Para V. don 
»Manue!, es cosa fácil por lo visto; practicable en breve 

• plazo meterles el easiellaflo en la cabeza á los siete 



.CiOtVj.j^K'í- 



25(1 i,As r;ORpoR\rTD\'F,a riRufitORAs 

>iniUones de indios filipinos. Pennitame V. una cita 
•que viene de perlas. Decía no ha muchos meses eí 

• Direettj!' del R. Culegio del K-ícorial, por tnás señas 
Fr. FraTieiaeo Valdós, hombre de superior talento, que 
»ha vivido en Filipinas diez y ocho ó veinte años: 
íNuestro idioma »'> podrá sustituir ventajosamente 
•al tagalo, mientras la educación social de aquel 
»pueblo no esperímente profnnda'5 y radicales trans- 
» formaciones: y añade el mismo autor -Y como la 
«transformación total de las costumbres y modo de ser 
•de una raza, no eá obra de un arlo ni siquiesa de im 

• siglo, de aquí nuestra firme convicción de qae, por 
•grandes que sean nuestros esfuerzos, j- mucho que 
'se exagera la aficción del indio al castellaiio, éste 
snunea serA el idioma vulgar do Filipinas 

•¿Concibe V. arranearles el hígado á siete millones 

• de individuos, poniéndoles otro nuevo así.:, de buenas 
»á primeras? Pues el propio idioma en el propio ptó 

• nace y se desarrolla con el individuo, y no hay fuerza 
»hfimaiia que en muchos años le arranque: á un paso 

• de nosotros están Cataluña y Vascongadas, donde no 

• logra ser común el habla do Cervantes, á individuos á > 
•quienes viene muy ancho y les asfijcia et ropage arapu- 

• loso de nuestro rico idioma... ¡menos aim podrá serlo! 

«No son los Maestros, no, los que más propagan: 
•tantos Maestros como en Cavite hay en Bulacatí, v. g. ó 
•más, y en Cavite se habla bastante castellano, mien- 
•tras en Bulacan apenas se habla (Por qup^ Porque en 

• Cavile son muchos los españoles que alh residen y en. 
•Bulacan tal ve^no haya cincuenta Por lo demás otra 



..{IC 



»eita y termino: habla el notable filipiíiisLa, hoy Obispo 
tde Jaca, Fr. Fi'ancisco Valdiís: «Saii muchos los indios 
»que llegan á conocer bastiiiite bien lo material de la 
spalabra castellana; pero la índole interna, el carácter 
ilógico de nuestro hermoso idioma es pam ellos area- 
sna indescifrable: nuestros giros y modismos pugnan 
tcon su modo peculiar de concebir y relacionar las 
íideas; de esta discrepancia en la asociación de ideas 
»nacen productos literarios tan disparatados como el 
sqiie va á con ti mi ación, eligiéndole entre innumerables 
• del mismo género por ser obra de un maestro que 
'entre los de su clase pasaba y era efectivamente de 
>ios más instruidos. El asunto es una invitación ele- 
»gantemente impresa y hecha con motivo de la Misa 
•llamada de vara que los Gobernado rcillos suelen hacer 
>se celebre con gran pumpa el día en que reciben del 
»Sr, Gobernador la vaní ó bastón de mando. Dice así: 
'El día diecinueve de su mafiana ;/ del presente plenilunio 
'ten'/rá bigar la wmt de mi mra en esta L/lesiad-e mi 
icargo que Dios ¡/ratuiUnnenfeuie ha concedido esta carga 
'>honerosa. Invito á Va. tanto como á mi casa que desde 
'luego se Uenará el vacio acendrado de mi corarán en su 
>as¡stencia hasta resonar mi última hora en el relox del 
*-Btemot. Vamos D. Manuel ¿(|ué dice V. á esto? 

»Mucho mi\s podríamos extendernos en este impor- 
«tanto asunto para probar que «los Ordeno y mando de 
a!os que gobiernan se estrellaran siempre ante dificul- 
■ tadcb inbupeiable'', \ por lo tanto, acusar a los Reli.- 
ígiosos, de que po' ellos no ei popular el r a^tellano en 
»Filipma" (.liando tenemos el dato cloouentisuno de que 



áñ3 r..\a r.fiRroEtAniONKB nELir.TOsAfl 

» en los pueblos regidos por Clérigos del país se habla 
«menos casteliana ipie en las Parroquias regidas porlosfc 
»Fraí!es, es una etionne simpleza enlaiiuesolo piie- 
íden incurrir los malévolos ó loá que no cnnozcftii ex- 

tperimentalniente aquellas ranas » Consúltense lía- 

>rrantes <I.a In.^tpuoelón Primaria en Fiüpinass: Padre 
sValdés: «El A rehi piélago filipino». 

Si el Crobierno espafiol deseaba que el castellano 
se difundiera nipidainenle en Filipinas, no era la Escue- 
la Normal, ni los Maestros que de ella salían, el medio 
más eficaz y apropiado, sino el e^lableciíniento en los 
pueblos filipinos de quinientas mil familias españolas. 
Los sirvientes de estas familias, el roee y cruce con las ■ 
familias indígenas habrían hecho en poco tiempo, lu que 
nunca habrían conseguido los maestros normíiles y hu- 
bieran lardado siglos en alcanzar los otros Colegios de 
Enseñanza en los cuales no se permitía hablar los dia- 
lectos indigenas. Se observaba <|ue en lo? puertos y en 
las capitales, en donde era numeroso el elemento es- 
pañol, casi todos los indios hablaban el castellano, pues 
esto mismo habría sucedido en los pueblos en los cua- 
les se hubieran establecido cincuenta ó cien familias 
españolas. Ni la misión de los Párrocos Religiosos era 
enseñar el castellano á los indios, ni tenían tiempo para 
dedicarse á ello ni lo hubieran conseguido en mucho 
tiempo, ni con todo su prestigio y competencia, m nece- 
sitaban como Párrocos (pie el indio lo supiese, aunque ^ 
lo deseaban y muy vivamente como Españoles, pues 
bien se les alcanzaba, ijiie el idioma, la Religión y las 



costumbres so» vínculos fuertes i|iic unen las Metró- 
polis con las Colonias. 

• Nadie como los Párrocos Religiosos podía estar en 
condiciones de conocerlas necesidades del país, pulsar 
sus fuerzas y apreciar sus progresos. Miembros de res- 
petables Coiimnidades consagradas á la felicidad espi- 
ritual y material de tos indios, ,los individuos pasaban, 
pero subsistía siem|)re el espíritu que guiaba sus pasos 
A tan noble fin sin separarse un ápice del plan precon- 
cebido. Cuando llegó el caso de dar mayor amputada 
la enseñanza, y de abrir nuevos y niá.s vastos horizon- 
tes á la juventud estudiosa del país; ellos fueron los que 
conocieron esta necesidad y la satis facieron. Por Real 
Cédula de H de -luuio de 15H5 dispaso el Rey D.Feli- 
pe II la fundación delColegio do San -losé, destinado á 
la educación y enseñanza do los bijos de Ksf.añ.oles resi- 
dentes en Fili{>inas, y en el cual se daban las asigna- 
turas de latinidad, retórica y filosofía por distinguidos 
PP. Jesuítas, La limitación puesta al número y calidad 
de los alumnos no satisfacía la necesidad de más cen- 
tros de enseñanza, que á poco reclamaba con ui^encia 
la juventud filipina; y c! limo. Arzobispo de Manila Se- 
ñor líenavides, DoniinicOj proyectó la fundación delCo- 
legio de Sanio Tomás, ayudado por el ibuo. I). Fray 
Diego de Soria déla misma Orden, y Obispo de Nueva 
Segovia. Con los mil pesos fuertes donados por el Se- 
ñor líenavides, los cuatro mil por el Señor Soria y el 
importe de las librei'ias do ambos comenzáronse las 
obras en el año 1610, y ya en lül" se hallaba en esta- 
do de ser admitido por casa de la Provincia de Pa- 



^aíl-l.,G00j^lC 



. 25 i LAS fionpDRAaosES nF-Lir.iosAS 

dres Domiiiieos en las islas. Fin líi20, provisto de Pro- 
fesores abrió sus aulas ala juventud filipina sin distinción 
de raza. El Rey D. Kolipc IV le tomó bajo su proteceióQ* 
especial en iieal Cédula de 27 do Novíciubre de 1623. 
Algunos años más tarde su Real Protector obtuvo de 
S. S. el Papa biocciicio X la competente Huía dada el 
20 de Noviembre de ICji'i por la cual dicho Colegio 
fué erigido en Universidad, y condecorada esta con los 
honoríficos títulos de Real y Pontiüeia. Por Real Cé- 
dula de 17 de Mayo de 1680 fué admitida soiernne- . 
mente bajo la Real protección, declai'ándose Patrono 
de ella su Majestad el Rey. Por otra R. Cédula de 7 de 
Diciembre de 1781 se formaron los Estatutos aprobados 
por el Gobierno de la Colonia e!20 de Octubre da 1786, 
y continuó y sigue á cargo do sus fundadores los sabios 
y virtuosos PP. Dominicos. En este Colegio Real y Pon- 
tificia Universidad hay un Rector Religioso y lo son tam- 
bién todos los Profesores exceptnatidolos de medicina 
y farmacia. 

Lajuveutud estudiosa quo vio cu el nuevo centro 
de Enseñanza el giorioso porvenir, que la convidaba 
con los áureos laureles de la ciencia, corrió presurosa á 
llenarlos claustros de la nueva Universidad, los cuales, 
estrechos y reducidos para conlencr dentro de sns au- 
las á tantos jóvenes ávidos de ciencia é instrucción, 
pidieron el anxilio de otro establecimiento (¡uc compar- 
tiera con la Universidad las tareas del Magisterio. El 
tiempo urgía, la necesidad apremiaba, no había que 
pensar en la construcción de un nuevo edificio, porque 
po lo permitían las circunstancias. Entonces se habüitti 



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ES FILlPlSAñ 2.Í5 

para Colegio ia Escuela do instruccirin primaria insti- 
tnidaporel ilustre español D. Geróniíiio Guerrero, de 
insigne memoria, euyo nombre debe pasar á ia poste- 
ridad para que sea bendecido perpetuamente por es- 
pañoles y filipJHOs, pues á su instrucción y educación 
dedicó caudales, afanes y cuidados, no solamente ins- 
truyéndoles en las primeras letras, sino que también 
alimentándoles y vistiéndoles con sus recursos propios 
y con las limosnas, que otras personas caritativas le 
daban deseosas de contribuir á una obra tan meritoria. 
Los esfuerzos de esle Español insigne merecieron la 
protección del Gobierno de la Metrópoli y el apoyo del 
Consejo de Indias. Et Rey se los recompensó conce- 
diéndole una encomienda en llocos para ayuda del 
benéfico establecimiento y Dios se lo premió conce- 
diéndole la vocación religiosa que le llevó á tomar el 
hábito en la Orden de PP. Dominicos, á los que cedió 
su casa-escuela, su encomienda y todos sns bienes con 
la única condición de que dichos Padres se hicieran 
cargo de la enseñanza y educación gratuita de los ni- 
ños pobres españoles é indígenas. Aceptada la condi- 
ción porlos PP. Dominicos la casa-escncla del bene- . 
mérito español y ya virtuoso Religioso fué erigida en 
Colegio con la advocación de S. .luán de Letrán el 18 
de Jnlio de 1640 con licencia del Gobernador General 
y del Señor Arzobispo. Siendo este Colegio escuela to- 
davía tuvo por objeto la instrucción elemental y edu- 
cación délos niños abandonados y pobres para formar 
de ellos buenos ciudadanos y excelentes militares, para 
defender la plaza de Manila y á la Colonia. Erigida eq 



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25Í1 L\S rORrOR.VriONEñ RF.LtRins\a 

Colegio, prostígiiiaii ei\ é\ los alumnos oi estudio de la 
1 ÍÜosolía, teología y cánones para ser ordenados de sa- 
cerdotes los quc irianií'estabaii vocación y merecían 
esta dignidad; después fueron admitidos como internos 
pensionados Lodos los jóvenes que lo pretendían para 
dedicarse al estudio de la 2.* Knseaanza, terminada la 
cual y tomado el grado pasaban á la universidad de 
Santo Tomás para liacer los estudios mayores. El re- 
ferido Colegio fue sieuipre muy útil y recomendable; 
asilo benéfico en su origen ha sido hasta hoy Instituto 
de 2." Enseñanza en el cual los Pl*. Dominicos, suje- 
tándose rigurosaniente al vigente auinjue antiguo plan 
de estudios; han sabido amoldarse á la capacidad pe- 
culiar del indígena dirigiendo con exquisita prudencia 
sus cualidades nativas á los estudios profesionales que 
más armonizan con ellas. 

Asi: al paso que las necesidades de la enseñanza lo 
iban exigiendo, las Órdenesmonásíicas, atentas siempre 
á todo Tiiovimientii que podía interesar á la Colonia, 
fueron creando centros de instrucción; y les PP. Jesuí- 
tas en el Ateneo y en la Normal de Manila; los Domi- 
nicos en la universidad, Letrán, y nagupan;Ios Francis- 
canos en Camarines; losAgnstiuos Piccoíetosen Negros; 
y los Calzados en lloüo fundaron Colegios de 2.'' En- ■ 
señanza, dirigidos por ellos mismos, y ios cuales pro- 
metían ser la aurora de una nneva era de civilización 
y cultura, si la ñltiuifi rebelión india por los obcecados 
Gobernantes provocada y por los Auvcricanos apoyada 
no hubiera dado al traste con nn trabajo secular, ad- 
jniracióndel mundo, y con los Colegios, con Ittdomi- 



Cooyk 



F.N FILIPINAS 257 

nación española, con el pais y con todo lo existente, 
ganado pacíficamente pero á costa de grandes traba- 
jos y de sacrificios enormes en abnegación y virtud. 

También el sexo débil fué atendido cual merecía 
por las Ordenes Religiosas. Del promedio del siglo diez 
Y ocho data la institución del Colegio de Sta. Rosa, ú 
de !a Madre Paula, asi llamada su fundadora, Religiosa 
tercera de ia Orden de Sto. Domingo, que desde Cata- 
luTia fué á Manila á consagrarse ai bien de sus seme- 
jantes. Habiendo llegado á Manila vio que el mayor 
beneficio que podía hacer su encendida caridad, era la 
educación éinstmcción de las jóvenes indias. Al efecto 
trabajó con celo piadoso y ardiente hasta conseguir 
una casa en la cual echó los cimientos del Beaterio- 
Coiegio, en el que las indias jóvenes recibían educa- 
ción cristiana en eí santo temoi' de Dios, aprendían la 
doctrina, y se ejercitaban en las labores propias de su 
sexo para dedicarse á Dios después y á la educación 
moral de sus semejantes, ó para tomar estado, en el 
■ que dar aplicación y ejemplo de las excelentes máxi- 
mas y sanos principios que aprendieron de la insigne 
fundadora. La Madre Paula padeció muchas persecu- 
ciones que sufrió con resigriaeióji y paciencia, y dio su 
nombre al Beaterío que continuó como Establecimien- 
to de Knsehanza y como retiro para las doncellas que 
deseaban abrazarle temporalmente. 

Antes que el Beaterío de Santa Rosa ó de la Ma- 
dre Paula fué fundado el de Santa Catalina de Sena; 
aquel fut el complemento de este, que en sus princi- 
pios solamente se encargaba de la educación de las jó- 



jJ.Coo'^lc 



á58 LAS flOaPORÁClOKÉS llELÍGIOSAá 

venes españolas. Diccse que sa fundación fué debida á 
cierto iiúToero de Señoras Terciarias de Santo Domin- 
go, las cuales se retiraron á una casa para dedicarse 
á ejereicioa piadosos y do la cual no ¿alian sino sola- ' 
mente para oir misa. Otros atribuyen la fundación de 
este Golegio-lieatoFio en IGÍlfi á la solicitud de la Ma- 
dre Francisca del Espiritu tíatito y al R. V. Fe. Juan de 
Santo Domingo. £1 ilustrado escritor Fr. Joaquin Mar- 
tínez de Zúñiga reconoce como fundadora de este Bea- 
terío en 1691 ü. Doña Antonia Esguerra, pero cual- 
quiera de estas tres opiniones (¡ue sigamos, siempre 
resultará que el mencionado Heaterlo-Golegio de San- 
ta Catalina de Sena fué dedicado desde su origen á. 
la educación y enseñanza dadas por Religiosas á las 
doncellas españolas prinieranionte, y admitiendo des- 
pués en sus clases á indias y mestizas. Todas aprendían 
á leer, escribir; contar y las labores propias de su 
sexo. 

El aumento prodigioso de la población filipina y de 
la prosperidad genera! del pais; más la extensión al- ' 
canzada por la cultura en todas las closes sociales hi- 
cieron insuficientes los mencionados Colegios- lleaterios; 
y así como las otras Órdenes Monásticas vinieron en 
axilio de losPP. Dominicos cuando lo exigieron las ne- 
cesidades de los t¡e]npo3,asi también vinieron las Her- 
manas de la Caridad en auxilio de las Madres Tercia- 
rias, y fundaron aqnclks los Colegios do Lnban y la 
Concordia en Manila, en Tuguegarao, Pangasinán, Ca- 
marines, Iloilo, Cebú é llocos-Sur. 

Las Ordenes Monásticas encargadas del Magisterio 



L'.tto^lc 



EX PÍLTPitíAS 259 

superior de casi t.odas las profesiones literarias, Direc- 
toras del movimiento dentífieo del pais no podían haber 
olvidado á una ciase desaina utilidad eti algún tiempo 
por la escasez de Religio3os,a(inijue nunca correspon- 
dió como debía á los desvelos de sus Profesores, ni á 
lo que de ella exigían y esperaban loa altos intereses 
espirituales de la Iglesia y de los fieles: y los Señores 
Obispos del pais procedentes Lodos de ios Claustros Mo- 
násticos fundaron los Seminarios Conciliares, dirigidos 
por Religiosos de todas las Órdenes, en los cuales se 
educaba, instruía y fonnaba el Clero indígena, como 
auxiliar del Clero Regular en un principio, y como Pá- 
rrocos y administradores después de las doctrinas y 
ministerios cedidos a las Mitras por las Órdenes reli- 
giosas. 

Todos los mencionados centros de enseñanza co- 
rrespondieron con creces al fln para que fueron crea- 
dos; todos alcanzaron en poco tiempo tan alto grado de 
esplendor que pocas veces ó nunca se ve en la culta 
Europa. Por cientos contaban los alumnos internos y 
por miles los externos. A tan satisfactorio resultado con- 
tribuía la confianza de las familias en la sólida instruc- 
ción y moralidad de los Proresores Religiosos, en el 
método y facilidad en la explicación por Profesores ex- 
pertos, conocedores de !as cualidades y defectos de los 
discípulos y hasta del idioma del pais; y al régimen mo- 
ral Y religioso al cual sometían rigurosamente á inter- 
nos y externos. 

Con respecto al estado de la enseñanza en el últi- 
mo tercio del pasado siglo algunosalínnanquc era sit- 



:l.,C00glC 



260 LAS CORPORAClnNSR RFXiniOSAS 

mámente salisfactono; mientras que otros han manifes- 
tado que su atraso y abandono eran lamentables. Si 
tenemos presente que los estudios se hacían, sino con 
arreglo á los estatutos aprobados por cí gobierno ■ ge- 
neral de la Colonia el 20 de Octubre de 1786 á lo me- 
nos por un plan de antigüedad casi tan respetable, la 
enseñanza secundaria y Universitaria habia de resul- 
tar deficiente para los tiempos modernos. 5i añadimos 
la escasa capacidad de los indios para las ciencias, re- 
saltarán más los defectos cronológicos por el poco apro- 
vechamiento de los discípulos á pesar de los ilustrados 
esfuerzos de los once Doctores y diez y ocho licencia- 
dos de ía Real y Pontificia Universidad de Santo 
Tomás. 

Como llevados de la mano hemos venido á tocar 
uno de los problemas filipinos, tantas veces y con tanto 
calor discutido, y todavía no resuelto á satisfacción de 
todos: habíamos de la aptitud y capacidad de los indios 
para las letras y las ciencias. 

¿Tiene el indio Filipino esta aptitud y suficiencia? 

Antes de entrar de lleno en la cuestión debemos 
advertir, que hemos residido en varios pueblos visayas 
por espacio de veinte y tres años. Que poseemos re- 
gularmente el idioma. Que como párroco hemos teni- 
do por necesidad de nuestro cargo, que tratar con in- 
dios de todas las clases sociales, desde el más ilustrado 
hasta el más cimarrón. Que hemos merecido la confian- 
za de ellos. Que les hemos estudiado y observado en el 
hogar doméstico y en la vida pública. Que conocemos 
SUS costumbres, sus pasiones, .sus defectos y sus buenas 



d..,Co(>tjk' 



flualídades. T sí todo esto y mucho más que podíamos 
añadir no es suficiente para formar un juicio exacto y 
determinado de la naturaleza del indio, diremos que 
hemos consultado con la experiencia de nuestros pre- 
decesores; y con los Párrocos Religiosos, hermanos de 
hábito, amigos y eoiiipañeros que servían el sagrado 
. ministerio en pueblos de otras provincias, y hemos ha- 
llado nuestras opiniones sobre el particular concordes 
con las suyas más valiosas. Diremos también para que 
no se tache de parcial nuestra opinión, que por la gra- 
cia divina vestimos el hábito de nuestro glorioso fun- 
dador San Agustín, el más sabio y universal de los 
Santos Padres, la gran figura del siglo IV; el insigne 
escrítop antiguo, admiración de los modernos, del cual 
hemos heredado el amor al estudio y A las ciencias, 
que con la oración y la contemplación constituyen eí 
fondo y la esencia de nuestro Instituto, como que fué 
fundado i)or un Santo consagrado toda su vida á las 
letras, y convertido A la fé por medio de un libro: Tolle 
leije; tolle, lege-. Y por último advertimos, que la Orden 
de S. Agustín, á laque tengo la dicha de pertenecer, 
c'ODStruyó también en lloilo un Colegio dedicado á la 
2" Enseñanza, y en el cual iiivirlió sumas cuantiosas 
para ponerle á la altura de los mejores de Europa. 

Expuestos estos preHmiuares entremos en la cues- 
tión. Hace más de dos siglos que la Universidad y los 
Colegios de San José y San Juan de Letrán en Mani- 
la abrieron sus aulas á la juventud filipina: por miles 
se matriculaban anualmente los indios en las varias fa- 
cultades, <|up sabios Profesores explicaban- ¿cuántas 



S63 LAS CORPORACm>JKS TÍFLIfilORAS 

notabilidades cientificas de entre los indígenas han sa- 
lido hasta el presente de los claustros universitarios? 
¿Cuántos Teólogos, Canonistas, Filósofos ó Moralistas 
indios délos Seminarios conciliares? Ni siquiera uno 
por excepción, la cual suele haber en toda regla ge- 
neral, A lo más tenemos noticia de algiin buen aboga- 
do; de algún Teólogo regular, de algún mediano cano- 
nista, de algún aprovechado farmacéutico 6 de algiin 
hábil médico; pero estos que podemos considerar como 
excepciones de la regla, nunca llegaron á la primera 
fila de sus similares en otros países. Y no se atribuya 
esta falta ai Profesorado, porque siempre fué escogido, 
y en la Qniversidad de Manila brillaron por su saber el 
actual Obispo de Oviedo, Señor Yi^\]; el difunto poco 
ha Emmo. Sr. Cardenal Ceferino, el Sr. Arzobispo de 
Manila P. Nozaleda; el iUistrado P. Arias y otros mu- 
chísimos PP. Dominicos honra de su Orden, de su pa- 
tria y de todas las órdenes Monásticas. Reconocemos 
más suficiencia que la del indio puro en el mestizo eu- 
ropeo y sangley ó de chino, y los mestizos de estas 
razas son los que se distinguen, algunos notablemente, 
como escritores, abogados, Médicos, Canonistas y en 
otras profesiones literarias, en las cuales no se encuen- 
tra un solo indio puro regular. ¿Qué significa esto, sino 
que la deficiencia está en la raza, y no en los Profe- 
sores ni en los libros? 

Cuando nos hemos propuesto deiuostraries alguna 
verdad abstracta, un misterio, nn dogma católico, al- 
guna tesis filosófica con la mayor sencillez, claridad y 
precisión, hemos observado que la atención del indio 



L.oo^íli. 



excitada y sostenida al principio, desfallecía á poco: 
sos ojos divagaban; su distracción era manifiesta; dando 
otro giro, otra fonna ;i la exposición conseguíamos 
despertar aquellas iiüeligericias dormidas ó cansadas; 
pero siempre por breves momentos, Cnn un ejemplo 
conseguíamos más rjue con las disertaciones más preci- 
sas y con las explicaciones más ciaras, porque sus ín- 
teligeiicias de niño, la sensibilidad excesivamente des- 
arrollada, necesitaba de algo palpable (¡ue llevara 
alguna luz á la nscnridad de sus entendimientos. Este 
fenómeno lo hemos observado lo mismo en los indios 
zafios que en los instruidos, que ban aprendido en la 
lógica á raciocinar, y han cultivado la inteligencia con 
el estudio, hastít donde han podido llegar los esfuerzos 
mentales. Hay (jue convenir pues, en qne el indio filipi- 
no es un niilo grande. Como niño no hay que sacarle 
de lo elemental en las ciencias, ponpie su limitadísima 
inteligencia no puede remontar el vuelo á las alturas 
'de la metafísica; los ejemplos, símiles y jnetáforas son 
losmediosindirectos para hacerles comprender lo in- 
tangible, lo espiritual y lo abstracto: nadade luminosas 
, disertaciones filosóficas, ni de teorías brillantes, ni de 
\ problemas abstrusos; ejemplos, muchos ejemplos, para 
hacerles pci-cibir la verdad y la esencia de las cosas, 
haciéndoselastooar, palpar y sentir con los ojos, oídos, 
tacto y demás sentidos corporales. 

No han fallado algmms i(ue han atrihiuMo la inca- 
pacidad é insuficiencia de los indios á la pereza intelec- 
tual que re'tponde ft la indolencia propia del pais ecua- 
torial, en donde los rayos abrasadores de un sol de 



.1 ,, Ca>(>^íc 



264 LAS CORPORACrONES BErJfltOSAS . 

fuego enerva las fuerzas físicas é intelectuales. Nos- 
otros ni afirmamos ni negamos esto, pues bien pudiera 
suceder, que loa indios, posean eoino los uiños en prin- 
cipio, en potencia, en gérmíti facultades intelectuales 
iguales y aun superiores á las de la raza blanca, pero nos 
inclinamos á creer ifue nuuca el indio de pura raza 
podrá llegar en cultura científica alnivel del Europeo; y si 

f algo hade conseguiren el campodelaciencia-esmenes- 
ter, que otra sangre inoenle en la suya el soplo divino 
de! saber, y podrá adelantar algo criando el cruce haya 
blanqueado su rostro aceitunado; haya rebajado sus 
pómulos proominentes y elevado un poco su nariz 
aplastada. Hasta que este tiempo llegue, el indio será 
siempre un niño grande, sencillo, ignorante, crédulo 
como niño, y con todas las pasiones, vicios y defectos 
del adulto. 

■En cuanto al ingenio y entendimiento deles indios, 
«dice Retalia, hablando en comun,son más hábiles que 
•ios indios de América. Aprenden con facilidad cual-- 
»qaier arte, y con la misma imitan cualquiera obra que 
»se les ponedelante: salen excelentescscribientes, y se 
tles ocupa en las contadurías y otras oficinas para este 
«ejercicio, pues además de que escriben bien,son bue- 
'nos contadores, y de capacidad para dirigir un pleito,y 
>muy agudos para enredar á las partes. Hay entre ellos 
«buenos cantores y músicos; pero en todas estas cosas 
>3olo llegan hasta cierto grado del cual nunca pasan 
»ó por pereza ó por falta de ingenio, el que debemos 
• suponer bastante liitiitadó, pues jamás inventan nada, 

■ 'reduciéndose toda su destreza á la imitación; y los 



L .oiviIl 



KN FfLtPItlAS 2().^ 

»que se dedican ft las ciencias, nunca pasan de una 
>mediftnía en su eonipronstó». 

*...E1 que haya tratado con lo^ indios de Filipinas 
»no puede menos deasentir A esta verdad. Los hallamos 
*más hábiles (jue nosotros para aprender cualquiera 
•obra mecánica, pei'o míis estúpidos para cuanto de- 
spende del entendimiento ó de la fantasía. Aprenden en 
'tan poco tiempo el oficio de pintores, tniisieos, borda- ' 
»dores, zapateros, sastres y cuanto se reduceaí nieca- 
í nismo, qne lo ejercen medianamente en poco tiempo; y 
ssi no les acomoda, lo dejan con facilidad y aprenden 
íotro. Hay indios (ptehan corrido por todos estos oficios, 
» y todos loshan desempeñado con regularidad; pero 
>ningnno lia pasado de la medianía; y jamás ha habido 

• un artesano ([ue haya inventado alguna mejora en el 

»ofleio que aprendió Son facilísimos en imitar lo que 

»vea, pero no inventan nada. Sieslos hombres tuvieran 
•el talento de los europeos ¿cómo era posible qne no se 
íhubiese hallado en trescientos años quien hubiese aña- 
»dido algo á lo qne le enseñaron? 

.Deios fdipinoseon quiénes he vivido más de diez 
>y seis años, puedo asegurar que son hábiles para toda 
íespeeie de mecanismo que se les presente.Son capa- 
jces de imitar las obras más curiosas, pero no pueden 
»inventar nada, porque les falta imaginación y fantasía, 
•y son muy obtusos en la? ciencias abstractas porque 
íles falta enlendimieaki. 

• Quieren atribuir esto algunos ala dependencia en 

• que los tienen los españoles. Yo les diría; ¿por qué no 



..C^X^'^lc 



26^ 



r,AS CORPORAClOIÍES RELIGIOSAS 



«les impide esta dependencia y siijección el i^ae hagan 
»con bastante perfección algiinas obras mecánicas? Lo3 
>soldados aprenden el ejercicio militar más pronto que 
ílos españoles; lo= iiiuehachos aprenden á leer pronta- 
»mente; y los más de ellos hacen una letra excelente; 
»las niñas imitan con facilidad lo; enRajos y bordados 
»de Europa; ¿porqué no imitan igualmente á nuestros Fi- 
»lósofos? ¿á nuestros matemáticos y á nuestros poeta?? 
•¿Porqué no adelantan nada en la pintnra,en lanídsíca 
»y en las demás ciencias que piden Fantasía y entendi- 
» miento? Más de la mitad de los eclesiásticos del Arzo- 
>bispado de Manila son indios: hay algunos que han 
•llegado áser Alcaldes mayores; Oficiales de los Keales 
«ejércitos, y Abogados do la Real Andtenciaif.popqué 
«ninguno de estos ha pasado de una inedianía muy mo- 
«derada en las ciencias áque se han dedicado? Asi como 
sCntre los oiu'opeoase hallan individuos para todo gé- 
»nero deciencias abstractas, es preciso confesar que se 
«hallan del mismo modo naciones que por razón deleh- 
>ma donde han vivido por unalargaserie de generacio- 
• neahan contraído nna cierta tendencia de entendi- 
«mieuto queles liace muy poco dispuestos para recibir 
•ideas Tnetafisioas y espirituales íl).» 

Esto nos da la clave de los fatales resultados obte- 
nidos con la Enseñanza en Filipinas. De los cientos de 
estudiantes matriculados en los ' Colegios anualmente 
no llegaban al 15 por 100 los que tornaban el grado 
de Itachiller, y apenas si llegaban á diez los que en la 



(t) Hetaua Estad. Ajieiid. A . 



.C.ÍKKíIc 



■Ry FILIPINAa 2fi? 

Universidad ganaban no titulo profesional; y de estos el 
mayor número eran abogados sin pleitos y médicos sin 
enfermos, que unidos á los que ahorcaron los libros y 
mutilaron la carrera eran en los pneblos la mayor ca- 
lamidad que cayó sobre el pais. Todos se llamaban 
pomposamente TiíWw^os por filósofos, y no eran más 
que ignorantes, presimndos, picapleitos, intrigantes, hol- 
gazanes, soberwios y vanidosos que ni sabían, ni que- 
rían trabajar, ai ayudar á sus padres en el trabajo ó 
en el comereio, peco sabían vesíir como en Manila, aci- 
calarse comomujerzuelas, censurándolo todo, hasta los 
actos religiosos, para aparecer como sabios, y eran por 
lo malos una pesadilla para los Párrocos; por lo holga- 
zanes y viciosos una carga insoportable para sus fa- 
milias; por lo traviesos é intrigantes, la mina (¡ue sur- 
tía de pleitos los,luzgados;ypor desafectosy filibusteros, 
como afiliados casi lodosa la Fracmasoneria, un peli- 
gro para el gobierno y para la Nación. Todos estos ma- 
los estudiantes aprendían lodo lo malo de las capitales; 
y calcados de vicios, malas ideas y costumbres, eran 
en los pueblos escándalo para los mf'is, embaucadores 
para algunos y perversos para todos. 

• Kstos desertores de la Universidad, dice Escosura, 
«instruidos ámedia3,con nociones incompletas de cié n- 
•cias que, perteneciendo ¡i la enseñanza superior, re- 
•quieren parano ser peligrosas al sosiego pülilico recaer 
»en personas de respeto y arraigo social, y sobretodo 
.»ser cabales; OÍOS desertores de la Universidad, repito, 
>forman clase en Filipinas, y son, sobre sanguijuelas in- 
tsaciables- (luc la subsistencia de los indios devoran, 



363 LAS fiORPORAClnVESÍtELIGing^R 

»otras tantas fuentes de pleitos y desavenencias entre 
»sus conciudadanos •> . 

Tal vez so me pregiintar/i al llegar agui: «¿Porqué 
ustedes viendo y sabiendo todo esto se dedicaban y 
fomentaban la enseñaniía?' Ponjue es muy dificii sus- 
traerse á !a indiicncia de lo^ tieiiii>03; porque es impo- 
sible oponerse ala comente avasalladora déla opi- 
nión; porque ¡as Ordenes Monásticas de Filipinas no 
disponían de medios para librarse de la presión del 
gobierno, y de contestar al injusto cargo de retrógados 
que contra ellas fulminaban los que ni en el mapa co- 
nocían el país; y por último para evitar mayores males. 
La provincia regular de Padres Agustinos fué la última 
eo dedicarse á la enseilanaa superior de los indios. ¿Y 
cuándo lo hizo, y porque lo hizo? Cuando era Ministro 
de Ultramar el Sr. Flecerra por los años de 1887 y 88, 
y este Ministro de triste recordación, proyectó un Insti- 
tuto oficial en la capital de lloilo. Los Padres Agustinos 
vieron en el proyecto del Ministro un gravísimo pelero 
para el país y se adelantaron para coíijurarle. Todos 
los Párrocos Religiosos de Filipinas veíamos con dolor 
los progresos que la Prancmasoneria hacía en el país 
por medio de los Abogados y Médicos fracasados; es- 
tudiantes eti agraz, caciques ambiciosos, ricos arruina- 
dos por los vicios ó por e! ínego: todos sabíamos los 
trabajos de zapa contra ios cimientos de la dominación 
española basados en la religión, prestigio y superioridad 
de rai'a todo'iconoLÍamoi^ CKiieriment íbamos ía apa 
ti8 é indeferencta de iasaulondade:, que no ignoraban 
las tramas y plane^i de las logias, y ha^ta hubo gober- 



nadorea de provincias (jue las prolegieron; y si á todo 
esto que sabíamos, eotiocfainns y no podíamos remediar, 
consentíamos que el Sr. Uecerra estableciera en Iloilo 
un Instituto de 2." enseñanza con Profesores, que po- 
dían ser íraeinasones 6 ateos, la catástrofe era segura 
é inminente; pues tal Instituto sería un semillero de 
filibusteros y revoluciónanos. Para evitarlo, la Orden 
Agustiniana proyectó y construyó á sus expensas un 
edificio que pensó dedicar á Instituto, lo cual no pudo 
llevar á efecto, porque la revolución última del 98 se 
vino encima antes de ser inaugurado. 

Más beneficioso para el país; más coní'onue con las 
tradiciones monásticas; más en armonía con lo reco- 
mendado por nuestro glorioso Fundador y practicado 
por nuestros virtuosos antepasados, hubiera sido la 
apertura de Escuelas de artes y oficios. En efecto: aun- 
que e! Gobierno Español estableció algunas de estas 
escuelas en Manila, Painpanga é Iloilo fué tan á des- 
hora; que no pudo cosechar los frutos, que se prometió 
eii sus fundadas esperanzas; y es tal la escasez de ar- 
tistas y artesanos indios, que de los primeros hay al- 
gunos escultores, tallistas, pintores etc., pero de los se- 
gundos podemos asegurar que casi todos los oficios 
están en mano de los chinos, y solamente Ja carpinte- 
ria, ebanistería, arquitectura, albañileríay algunos más 
son ejercidos por indios A quienes los Párrocos Reli- 
giosos se los enseñaron, porgúelo necesitaban para sus 
obras y construcciones. 

Sabido es que los antiguos Monjes distribuían el 
tiempo entre ia oración, contemplación, estudio y las 



Got>glc 



2?0 LAR CORPORACIOMES REL!GT0S\3 

obras manuales. S. Antonio y sus cinco mil monjes, asi 
como todos los que despucs imitaron la vida monásti- 
ca ó del yermo empleaban parte del din en obras de 
mano: teger esteras, hacer (íalzado, remos, botes ó pe- 
queñas embarcaoionea y otros trabajos semejantes. 
Nuestro Padre S. Agustiu deseaba que sus monjes de- 
dicaran también algunas horas del día, al trabajo ma- 
nual; y asi lo practicaron nuestros predecesores. Verdad 
es que el espíritu de la época respectiva varió el ca- 
recterdol trabíyo corporal, pero las Corporaciones mo- 
násticas de Filipinas, qué conocían la incapacidad del 
indio para la ciencia, y deploraban los perniciosos efec- 
tos de esta, mal digerida por los indígenas; si no po- 
dían sustraerse á la acción de los Gobiernos, á la in- 
fluencia de la opinión, á la presión de los tiempos 
debieron haber desviado por medio de sus Religiosos 
Párrocos la tendencia de los indios á los estudios lite- 
rarios, y haberla dirigido á losdc pura imitación, para 
lo cnal, forzoso es reconocer, y lo hacemos gustosos, que 
el indio filipino tiene excepcionales disposiciones. Y á 
la pai- que so fundaba lal'niversjdad, y se habilitaban 
Colegios, debieron haber facilitado ú los indígenas es- 
cuelas y talleres, ios que hubieran obtenido la prefe- 
rencia de aquellas inteligencias cortas, torpes y pere- 
zosas, con mayores beneficios para el país y menos 
daaos para todos, f^os Monasterios todos fundados por 
S. Basilio Magno tenían á su cargo una escuela elemen- 
tal superior y otra de Artes y Oficios agregada á aque- 
lla.' Este debió ser el modelo de las Ordenes Religiosas 
pn Filipinas á pesar de loá Gobiernos de la Metrópoli; 



LhhtviIc 



EN FII.TPraAS 



27Í 



. de las exigencias de la opinión maniliestainente extra- 
viada en eíte punto y del espíritu de la época, que 
no podía iníluir en a(|ucl país especialísimo por su 
constitución, naturaleza, costumbres y gobierno; Si asi 
hubieran pmeedido las Corporaciones Religiosas, bien 
penetradas de sumisión cristiana y civilizadora no hu- 
biera sido lan numeroso el contingente de II. H, tres 
puntos de escuadra y mandil, que salieron de las au- 
las de los Colegios,y l'iieronlos Cabceillasy principales 
revolucionarios que traicionaron á la madre patria y 
fueron también los mayores enemigos de los que les 
habían enseñado lo poco bueno que sabían. 

El colera inorbó que en 1882 hizo estragos en el 
Archipiélago filipino dejó en la más triste orfandad á 
muchos niños de ambos sexos y de todas las razas, 
los cuales abandonados y sin recursos, vagaban por las 
calles implorando la caridad pública. Las damas espa- 
ñolas conmovidas por el espeqtáculo desconsolador 
que ofrecían tantos niños haraposos y hambrientos 
formaron una junta, do la que salió una comisión que 
se presentó al Gobernador .General en súplica de ali- 
vio y refugio para aquellas criaturas desamparadas. El 

■ Goberiiador citó á los Provinciales de las Ordenes 
Monásticas, como protectores natos de los desvalidos 
y creadores de los centros de educación y enseñanza 
en el pais; solicitó de ellos apoyo y concurso, y el 
P. Provincial de Agustinos eu representación de su 
Orden tomó á cargo de la Provincia del SSmo. Nombre 
de Jesús la manutención, educación y enseñanza de 
los niños huérfanos y abandonados, Habilitaron al 



Coo^lc 



á72 LAS cnRpnn\r,Tn>fES nRUflrosiVS 

efecto los PP. Agustinos locales provisionales sitos en 
la calzada de S. Marcetiiio, en donde reeogierojí á 
los niños que vagaba» [jor la ciudad de Manila y les 
dieron asilo en tas barracas provisionales; pero care- 
ciendo éstas de condiciones higiénicas y de amplitud 
suficiente, trasladaron los niños á los banjos del Con- 
vento de Guadalupe, espaciosos y ventilados, en los 
cuales abrieron talleres de escultura y cerámica, pin- 
tura y modelado; y en donde pci'maiiecieron hasta 
el año IWtií, en que fueron trasladadas las escuelas, 
talleres y niños al edificio de nueva planta construido 
al efecto en el pueblo de Malabon, el cual reunía 
todas las condiciones apetecibles de solidez, ornato, 
amplitud y hasta elegancia que podían desearse. En él 
enseñaban los PP. Agustinos á los huérfanos, además 
de las primeras letras, la pintura, dibujo, escultura, mo- 
delado; á impresores y encuadernadores; y por cierto 
que la imprenta fué comprada con los donativos vo- 
lúntanos de algunos Religiosos, con las economías 
hechas en las doctrinas á fuerza de privaciones y de 
una vida pobre y mortificada. Conocemos á uno de 
estos Religiosos, respetable por su virtad ejemplar, que 
dio para esto fin todos sus ahorros consistentes en dos 
mil pesos; y sentimos que, su humildad nos haya prohi- 
bido eon.signar aquí su nombre para que fuera bendeci- 
do por todos ¡os que tuviesen noticia de una caridad 
y liberalidad propia de los hijos de mi S. Agustín, que 
dio á los pobres hasta el lecho mortuorio; y propia 
también de los Sto. Tomás de Villanueva, padre de los 
pobres. Este asilo de la orfandad y del infortunio aban- 



L.oO^íIl 



fes FILIPINAS 2'?3 

donado por sus fundadores para huir de la ingratitud 
de los revoi ación arios, fué incendiado por las granadas 
que ios Americanos arrojaron para desalojar á los 
indios rebeldes que en' él se habían hecho fuer- 
tes; y saqueado después por merodeadores chinos que 
arrancaron hasta las baldosas del piso bajo; un carga- 
mento de las cuales fué sorprendido por la policía 
Norte-Americana en el río Pasig y devuelto á ios Pa- 
dres Agustinos: única indemnización que hasta !a fecha 
han recibido. 

También á las niñas huérfanas extendían su cari- 
dad los PP. Agustinos; al efecto hicieron ir de la Pe- 
nínsula Hermanas Terciarias las cuales se encargaron 
de la educación y enseñanza de las niñas en el Orfa- 
natroíio construido en Mandaloya á expensas de di- 
chos PP. Agustinos, y en ei cual más de trescientas 
niñas indias, mestizas y españolas recibían una educa- 
ción esmerada, tanto que sus labores en bordados, 
costura y elaboración de flores artificiales fueron pre- 
miadas en las Exposiciones de Madrid y Manila. 

Tan excelente y esmerada era la educación que 
las huérfanas recibían en Mandaloya, que fué necesa- 
rio acceder á los repetidos ruegos de familias pudien- 
tes en solicitud de que las Madres Agustinas Terciarias 
recibieran como pensionistas á las hijas de muchos Pe- 
ninsulares y mestizos españoles. 



jo^Coo-^Ie 



limeras calzailis por tos Beliffiosoa.— Los polos 6 
servicio personal.— Mistado de la offricuUura en 
ISfiS.—Su atrftüo —Los Iteligiosoa enseñan ales 
indios á, cultivar la tierra y el uso del arado: los se- ' 
muleros, la trasplantaeién y otras faenas agrícolas. 
— Los Religiosos introdujeron el cultivo del tnais y 
del trigo, calabaza, pepino, cebolla y otras — M 
cacao por un P rfeauiia. — Los Religiosos ense- 
ñaron á los indios el uso del café — Las propieda- 
des tintóreas del añil descubiertas par vi Jf Agustín 
Matías Octavio^ su cultivo enseñado ¡mr los Religio- 
sos.— Los molinos para exprimir la caña dulce y «X, 
modo de itacer el azúcar enseñado por tos Religio- 
sos— Progresos en la agricultura debidos á los Re- 
ligiosoa, — El telar, toa alffodoues, tapiña, la seda, 
los sinantays, él nito, eiC jusi — Ims Retii/iosos hacen 
progresar ta cultura ini-electual y religiosa de tos 
indios en el siglo segundo de ta conquista —DícciO' 
narios y gratñáticaa pritneras por tos Religiosos. — 
Escritores Religiosos Agustinos en loa dosprimeros 
siglos de Uí conquiata, sobre diversas tuateriaa. —Di- 
ferencia noínlileenel estado social del país al fina- 
lizar el siglo die» y siete.— Los Rctigiwtos centinelas 
de la patria: soldados de Cristo y de la patria en el 
peligro común.— SuMevación de los cJiinos— El Her- 
mano J^yo jpr, jintotiio Flores.— fHra sublevación 
de chinos en litSU. — Los Religiosos dan la guardia 
en las puertas de la ciudad, —Los Párrocos de Ba- 
tangaa arman á sus feligreses y van á Alauita en 
auxi/io de la colonia.— Hacen lo tnismo los fíírrocos 
dePatnpa/nga.—Et P Juan de Üosa se distingue por 
8u ardim,iento.— Otros Religiosos que se distinguen 
tamMen.— Elogio de los PP. Agustinos por fl minis- 
tro de cantjm D Lorenzo de i.Hii.*o.—Si; rebelan los 
indios de algunos paéfdos pampuiH/o-- ,'/ ■■■■"" «¡laci- 
guadoa por los Religiosos —Los imii'j:i.siit<(.iics apa- 
ciguados por los PP. Dotnitticos — I AIS iloiini os itor 
los Agu.fl)lnoa. — El 1', José Pola n<:o.-~ Los ingleses, 
en JUanila} los Párrocos Religiosos jpartivularineti- 
te los Agustinos arman á sus feligreses y toa ponen 
á las órdenes d.c, Anda.—Af/ustinos p}-iaioneros; aa- 
queo por dos veces del Convento tle 8 Agustín: ingra^ 
titttd de Anda— El indio rebelde Silang y loa PA- 
rrocoB Agustinos de Hocos —Son felicitados por 
S M el Mey. 



C.oo^lc 



iiPf FIUMNAS 275 

Eí primero y más grande obstáculo que eneootra- 
ron ios primeros Religiosos Misioneros en l^ilipinas 
para la fácil y rápida admiiiisti'aei<m de ¡os pueblos 
convertidos y visitas agregadas, fué !a carencia absolii- 
ta de caminos y aun de veredas y de medios de lo- 
comoción. No disponían de caballos, ni de vehículo 
alguno, entonces desconocidos en el país, ni de silla 
de manos, también desconocida la cual hubiese sido 
de pésimo efecto; solamente cuando sus llagados pies 
no les permitían dar un paso, podían servirse del ca- 
rabao, búlalo, pesado y calmoso. Hay que tener pre- 
sente, que casi todas las islas, aun las más pobladas 
como Luzón, eran bosques juipenetrables de árboles 
gigantescos y de vegetación exuberante, y que los 
■ primeros Párrocos administraban cada uno los pue- 
blos y reducciones de toda una isla ó de gran parte 
de ella. El P. Alba, primer Párroco de Ogton adminis- 
traba las visitas que dependían de este pueblo, á 
saber: Agta, Baong, Liniao, Catingpan, isla de Guima- 
rás, Nayop, Navilhan, é Igan (1), esto es; un radio de 
Uescientos kilómetros y una isla separada. El Párroco 
de Tondo Fi'. Alonso Alvarado administraba también 
las visitas de Navotas, Bulacán, Mísilo y otras más en 
una extensión de ochenta á cien kilómetros de extre- 
mo á extremo y con setenta y dos anos de edad, y 
así respectivamente todos los Misioneros. No bastaban 
las veredas que á fuerza de bolo ó machete abrían 
loa mdios para el paso del Padre; la vegetación tropi- 



(1) Sí. Qm^íc de San AgusUa lol. '¿iQ. 



i,,C,oo^mf^ ■ 



276 1,AS ConPORACTnxRS RF,I.ItÍIOSAs( 

cal hacía desaparecer en tan breve tiempo aqaellas 
veredas, que nniy frecuentemente, cuando el P. Minis- 
tro volvía al punto de su residencia, la nneva vegeta- 
ción había borrado la improvisada vereda. Era forzo- 
so, de imperiosa necesidad abrir vías de comunicación 
entre los pueblos y reducciones de olios dependientes, 
y de estos entre sí para facilitar la administración es- 
piritual y civilizadora de los Religiosos Ministros. Vino 
en auxilio de este laudable proyecto el establecimien- 
to de los polos ó servicios personales. El n(mea bien 
alabado Legítspi había establecido el tributo real de 
dos reales fuertes, no como medida económica para 
arbitrar recursos para la hacienda, sino con un fin 
altamente político, pues tendía á sacar á los indios de 
su habitual pereza creándoles pequeñas necesidades 
que fueran estímulo para irles habituando al trabajo. 
No menos acertada fué la disposición de su sucesor 
Dasmañiras estableciendo \o%polos, con los cuales los in- 
dios tenían el deber de prestar ciertos servicios persona- 
les en bien del ppoeumcn, sometiéndoles á trabajos mo- 
derados desde el año ir)90. Estos servicios personales 
fueron aprovechados útilmente por ios Religiosos 
en beneficio de los pueblos, hasta que el decreto del 
Sr. Maura tantas veces citado, y nunca bastante re- 
probado, quitó á los Párrocos toda intervención y 
tutela en el servicio personal, y se ¡a entregó á 
los Municipios indígenas. Desde entonces dejaron de 
aplicarse los^w/os al servicio del procomún, y se desti- 
naron á pesar de la ley y de las prohibiciones á en- 
gordar el bolsillo de los Capitanes rauntcipales y los de 



H™ta:l.vC,CX>i^le 



Kn prupiNAS 277 

otros que se lo toleraban y tácitamente se lo auto- 
rizaban. 

Con los polos se abrieron las vías de comunicación, 
por entre e! bosque tupido y espeso: á través de los 
ríos y arroyos y por encima de montes y colinas, 
unas veces siguiendo la línea recta, cuando la topogra- 
fía del lugar lo permitía, con largos rodeos otras, para 
evitar un despeñadero, una montaña abrupta, ó una 
peña escarpada. No se podía hacer más por de pronto 
que abatir los corpulentos árboles que obstruían el 
trazado, dar fuego á la maleza, altas yerbas y bajo 
monte, y con cañas aguzadas y las puntas endure- 
cidas al fuego en forma de chuzos, escavar las cune- 
las, y arrojar con las manos en el centro de la vía, 
camino ó calzada ¡a tierra extraAda, apisonándola des- 
pués con pesados troncos de madera ^ujereados en el 
centro para la introducción de un palo lai^o, que hacía 
de mango para alzar del suelo el tronco y dejarle caer 
sobre la tierra movediza: los polos sirvieron también 
para conservarla en estado regular para el paso del 
público. 

Tal fué el origen, iirincipio y comienzo de todas las 
carreteras y calzadas que cruzan las islas Filipinas, y 
ponen en comunicación provincias con provincias, pue- 
blos con pueblos, sin que haya uno solo que no esté 
en comunicación con el inmediato 6 algunos más, 
por medio de una calzada espaciosa aunque no siem- 
pre bien conservada, pero que en todo tiempo es 
utilizada por el público, por la agricultura y el comer- 
cio; lo cual no se vé en los países más cultos de Eu- 



LHx>mic 



$79 LAS COnTORirirOSESRílLTfilOSAS 

popa, en los cuales son numerosos los pueblos, que 
no tienen otra vía de comiinicaeióii cou sus limítrofes 
que an mal camino de herradura. Aquellas carreteras 
embrionarias, abiertafi con el bolo y el haeha, escavadas 
con chuzos, terraplenadas y rellenadas con la tierra 
extraída de las cunetas y arrojada con las manos y 
trazadas por los Rel^osos, fueron con el tiempo rec- 
tificadas, reconstruidas con hormigón, unidas por puen- 
tes sobre arroyos y regatos, rebajadas las colinas y 
también conservadas que en todo tiempo podían los 
carruajes rodar por ellas con toda comodidad. Los 
Párrocos Religiosos se sucedían; el que venía depnes 
continuaba la obra comenzada por su antecesor, ó 
mejoraba las ya hechas: la muerte arrebataba al miem- 
bro, pero !a Corporación subsistía con el mismo espí- 
ritu, con el mismo pensamiento de conquista evangé- 
lica y civilizadora. Todo progresaba, todo prosperaba 
con este sistema que solamente puede aplicar por 
siglos y sigios una Corporación, una sociedad robusta, 
como las Órdenes Monásticas. Las vías de comunica- 
ción, que la administración espiritual hizo necesarias 
en los albores de la conquista, las hicieron despaes 
mucho más la agricultura y el comereio. 

•En la época del descubrimiento de las fiüpinas, 
aunque no completamente, era desconocida la agricul- 
tura por los indígenas; era tan rudimentaria en sus 
principios, y tan escasa en recursos y variedades de 
productos, que aquellos eran casi nulos, y estos se re- 
ducían al arroz y á los tubérculos, especie de patatas, 
llamados camote, t^aby y ubi. Un país que se presta á 



"^IP?' Ho.-iü.i..,C*.>o^lc 



KM FitrrrNAa 27Í) 

dar espoatá lie amante á sua habitantes más de lo que 
necesitan para la subiisteacía de su vida frugal; un 
país en donde o! hombro aitenas siente la acción de 
las más iudispensableá iioeesidades para la vida, en- 
cuentra al inomento medios con i[iie acallarlas, üo 
puede ofrecer estímulos poderosos á la actividad, á la 
industria y al traba,io. Pero aun en el estado de puro 
salvagismo el apetito puede ser estimulado por ciertas 
producciones y encontrar en ellas ventajas y preferen- 
cias que aviven el deseo, y el hombre piense en auxi- 
liar á la naturaleza para el aumento y mejora de aque- 
llos productos f[ne escitan más su apetito. Eítos fueron 
el arroz y el camote: el primero lo sembraban grano 
á grano, dejando caer unn solo en cada agujero abierto 
en la tierra con la punta de una caña endurecida, y 
cubriéndolo después someramente. El tiempo se encar- 
gaba de hacerle producir ciento por uno: tal es la 
feracidad de aquella tierra privilegiada, fecunda como 
ninguna ó muy pocas de otros países. Cuando el más 
fuerte obligaba al débil ;i dejarle su campo ya nacido; 
ó las guerrarí frecuentes entre ellos obligaba á una 
tribu ó familia á emigrar á otros lugares, llegaba la 
época de la siembra, quemaban un pedazo de terreno, 
y abiertos los agujeros con !a puTila de una palma 
braba, ó de caña aguzada, depi>sitaban en ellos los 
granos de arroz, y ya estaba hecha la siembra. El 
grano que produce el campo sembrado en ia forma 
dicha es el llaiuadu secano, más sustancioso, gustoso y 
suave y de mayor aumento en !a cochura que el de 
riego. En forma parecida plantaban el camote; nada de 



L^.t^o^ilc 



280 LAS CORPORACIONES RELtOIOSAS 

pr'eparacioneHjaradosqLie no conocían, azadas, azadones, 
picos, etc., y aquellos dos productos solamente vean loa que 
losindios primitivos beneficiaban, los otros Trutos que tanto 
abundan en aquel fecundo país, los aprovechaban en el 
estado en que los producía la naturaleza, sin tomarse 
la molestia de sugetariea á cultivo. Aunque la fertilidad 
de !a tierra es asombrosa, algunas veces las sequías 
mataban en germen el grano y el tubórcuSo; esteriliza- 
ban los árboles frutales y padecían hambre ios indios. 
Para remediar en lo posible las eventualidades atmos- 
féricas, y hacer más productivo aquel terreno feracísi- 
mo de suyo, fabricaron los Misioneros toscos arados 
romanos, enseñaron su uso á los indios con el ejem- 
pío, pero tropezaron con la indolencia natural del 
indígena, con su pereza inveterada y poco hábito de 
trabajo. No desistieron ante estas contrariedades, que 
ya esperaban los pacientes Religiosos, hablaron á los 
jefes de las tribus y á los ancianos consejeros de 
éstos, y con el ascendiente que habían adquirido sobre 
ellos, que veían en el Religioso á un padre solícito en 
acudir á sus necesidades; y que con !a dulzura de la 
persuasión, con los atractivos de la caridad les había 
hecho saborear los frutos de la civilización, convinie- 
ron en asignar parcelas de terreno á cada familia, obli- 
gando á los varones á recibir las lecciones del Padre 
de las almas (1) en el manejo del arado; preparación 
de ios arrozales, cercando con linderos altos, cajones 



(1) Amay ea calag. Padre délas almas, ó Padre, aola- 
ineate, llaman los Viaa}-»» & loe fárrocoajüeligiosos, 



Ct>oglc 



EN FTr.triíJAfi 281 

ó pequeños diques los terrenos para que el agua re- 
cogida se conservara dentro y no se fuera bascando el 
desnivel. Les enseñaron también los lieligiosos el uso 
de la rastrilla para igualar el terreno; la confección de 
los semilleros, la selección del grano por especies, la 
trasplantación del seniillero al arrozal, y poco á poco, 
progresivamente, y según los indios fueron viendo las 
ventajas del nuevo método, aunque rudimejitario y ele- 
mental, aquellos frondosos y extensos bosques se con- 
virtieron en pocos años en vastos é inmensos arroza- 
les. Tal era la abundancia de las cosechas, que todavía 
á mediados del siglo pasado, han conocido algunos 
Religiosos á medio peso las cien libras (un cavan) de 
arroz descascarillado. 

Aunquelisonjeros los resultados obtenidos, no sa- 
tisfacieron á los Religiosos, que atentos siempre á su 
misión social religiosa no- perdían ocasión alguna de 
dar un nuevo impulso en el camino de la civilización 
¿aquellas sencillas gentes, que les respeiaban y ama- 
ban, como á un Padre. Las se(|uias mermaban algunos 
años las cosechas; la langosta las devoraba eu un ins- 
tante; otras causas imprevistas, otros accideivtes natu- 
rales podían ocasionar un conflicto, una grave crisis 
en aquel pueblo cada día más numeroso; y eu previ- 
sión de lo que pudiera ocnrrir en lo futuro, introduje- 
ron otros cultivos s\iplementarios. Pidieron semilla de 
maíz á Méjico cuyo cultivo fácil y de prontos resulta- 
dos enseñaron también á los indios que á él se aficio- 
naron extraordinariamente, porque en cuarenta días 
alcanzaba su completa madurez, y la recolección era 



:i..,Coojíle 



232 t..\f f:0!iron,\cío\T!' religiosas 

abundante: le comían asado y en puches diluida la 
harina en leche de búfala, caraballa; acostumbrándo- 
se pronto sin repugnancia á este nuevo ahinento,. que 
muchos aftos fue el único reeur.-io del indio para cal- 
mar los horrore.s del hambre por la pérdida de la eo- 
.. secha de arroz; y todavía se cultiva en grande escala, 
particularmente en Cebú, en donde es el diario alimen- 
to de la generalidad de los habitantes, como lo es 
también el de !as clases menesterosas de otras islas 
en los tres ó cuatro meses qne preceden á ía nueva ,, 
cosecha de arroz; pues entonces (ísto alcanza precios 
muy subidos á los cuales no llega la posibilidad de las 
clases pobres. También enseñaron los Religiosos á los 
indios e! cultivo del trigo, probando terrenos, épocas 
del año y método de! cultivo, y después de múltiples 
tentativas y variados esperimentos llegó á cosecharse 
en el país en cantidad suficiente para toda la colonia 
europea. Este cereal no se siembra ya en Filipinas, 
porque resultan múH baratas las harinas de California. 
Sin embargo, todavía cosechaba en Maasin D. Pedro 
Mondejar mestizo español algunas fariega:^ '¡ue regala- 
ba á los Párrocos para hacer hostias. 

Obra fué también de h)3 Religiosos la iuiportaclón 
de otros muchos productos de Europa,, eomo'ia cala- 
baza, el pepino, la cebolla, tómales, pimientos, sandías, 
y otras miís, las cuales degeneran en e! país, y hay 
que reponer o renovar la semilla anualmente, lo cual 
ahora es fácil por las connniicaciones rápidas con la 
Metrópoli; pero en el primer siglo dé la conquista su- 
pone un trabajo y mérito extraordinario. 



l;oo¿íIc 



FN Ptt.iriNAi» 2fi3 

Mas interesante fué sin compapación alguna la in- 
troducción del cacao en el país por un P. Jesuíta, cjue 
le plantó primGpamente en Palapac, do donde le llevó 
consigo cuando fiiíi trasladado á Leyte y le plantó en 
el jardín de sn nonvento. Enseñó á los indios el inodo 
de plantarle; cuidarle' enando joven y á beneficiar sn 
estimado fruto. Los otros Religiosos imitaron su ejem- 
plo y el cultivo del cacao se extendió por las islas. 

El café existía ya en las islas, pero los indios igno- 
raban FU virtnd y excelencia. Iios Religiosos con ob- 
servaciones y consejos prácticos hicieron conocer á sns 
feligreses la riqnena <[ue contenían los pequeflos 
granos de tan estimado arbnsto. Observaron que el 
silvestre daba nn fruto áspero; y que el cultivado era 
más suave y de superior calidad: se lo hicieron com- 
prender á los indios, les enseíiaron á formar los semi- 
lleros, hacer las trasplantaciones guardando la conve- 
niente distancia, y purificando de insectos como en 
la plantación del cacao el hoyo dispuesto para recibir 
la planta: h reservarles cuando jóvenes de los ardores 
del sol, plantándoles á la sombra de los plátanos, ó de 
la madre de cacao, especie de madre se/ra; á tener limpio 
de toda maleza el terreno, los tres primeros ailos y la 
producción de este precioso grano fné asombrosa; y 
ya á principios del ¡taimado siglo pudo exportar el pala 
como excedente del consumo veinte mil quintales de 
café* sin pergamino. 

El anil n índigo se daba es|KUitsneaincnte en el 
país, pero los nidios ignoraban que debajo de sus_ 
hojas contenía un manantial de nque/a El P Agustino 



. C^.ooj^le 



284 LAS mRpniiArmíJE? rflioiosas 

Fr, Matías Octavio, experto naturalista, observó que la 
bolsa ó película que la planta presentaba debatió de 
las hojas contenia iiri Híiiiído de eolor azulado. Hizo 
varios esperii Tientos con los'qne llegó á beneficiar el 
jugo tnaravilloso, el cual resultó el precioso tinte que 
lleva el nombre de la planta, del cual tos indios hicie- 
ron uso inmediato para teñir sus tejidos. E¡ mismo 
Religioso enseñó á los indios á plantarlo y beneficiarlo, 
y llegó á ser para las provincias de Hocos un emporio 
de riqueza, hasta (¡ue la avidez, avaricia y mala fe do 
los Chinos, que negociaba i en el tinte !o adulteraron 
haciéndolo desmerecer en los mercados extranjeros. 

Cinco clases de caña dulce conocían los indios, la 
Zainbalés, la encarnada, la blanca, la listada y la mo- 
rada; las cuatro primeras no sirven más que para la 
masticación con la cual extraen el jugo sacarino por- 
que son blandas y muy acuosas; la quinta ó sea la 
morada la utilizaban también del mismo modo, aunque 
más dura y leñosa, hasta (¡ne los Religiosos les ense- 
ñaron el uso de los molinos do madera y de piedra, 
prioiitivos, rudimentarios y deiicientisiuios, como que 
dejaban el bagazo ó (ibi'a exprimida iiupreguado de la 
sustancia más sacarina y superioi' de la caña, pero ni 
la industria había llegada á los cilindros de hierro, ni 
los recursos alcanzaban á más en aifueila é[)oca. Dos 
cilindros de ¡uedra ó de madera agugereados en toda su 
longitud central eran movidos eu dirección opuesta por 
una combinación ingeniosísima de ruedas dentadas de 
* madera,inñtadasdespueseiiios de hierro, las cuales hacía 
girar un carabao, búfalo, sujeto á un manubrio deraa-. 



Ho..,.j.vGix>gIe 



gN Fir.ir*iírAs SS.^ 

dera también, al que llamaban cabalh. Irítrodueida la 
caüa dulce entre los dos cilindms de piedra 6 de ma- 
dera, ¡Hiestos en iiiovidiiciito inverso uno de otro, es- 
tnijabaii ia caíia, y el jugo liquido iba por uu canal 
de madera á parar á una "sección de calderas, cauas 
colocadas en línea sobre hornos longitudinales, en ias 
cuales se hervía, se cocía, se solidificaba según iban 
trasegando el jugo sacarino de una r,aua 6 caldera á 
otra, de manera que cuando se extraía de la quinta 
caua y se depositaba en grandes arlesas, el jugo de ia 
caña se había hecho azúcar en dorados granos. Claro 
está, que la cantidad y calidad del azúcar así elabo- 
rada no podía ser buena, ni abundante, pero no fué 
otro el humilde origen de esta industria que alcanzó 
en los últimos años de la dominación españólala cifra 
enorme de millones de picos de dulce superior, que 
llegó á pagaree k ocho pesos pico en 187VI, siendo su 
precio medio el de cuatro pesos el pico (I). 

Al abandonar las guaridas del bosque un pueblo 
salvage, el primer paso que da en el camino de la ci- 
yilizacióa, lo dirige á la agrienltura y A la industria 
fabril. Acostumbrados á satisfacer las primeras necesi- 
dades de ¡a vida animal en la forma qne la naturaleza 
le proporciona los medios de hacerlo, no se toma la 
molestia do inventar otros ó mejorar los naturales, 
hasta después de halier probado las dulzuras y como- 
didades de la vida civilizada. Knlonces el deseo de 
acrecentar estas es el estimulo poderoso que gradual- 



{l\ El piüo 'eqaivale i 137 libraa cae telí anas. 



;dbiG00glC 



•2m 1.A.S i:ORrílR,\CiniIR.S RpiLlfitOSAS 

mente va despertando la 'Jnnnida inteligencia del sal- 
vage, el acicale que le ]ia<!0 sacudir la perena ingénita 
del estado primitiva; y si entonces la actividad de la 
civilizaeión vence la inercia indolente del aplanamien- 
to del clima, la enltura triiinrará del salvagismo; el 
saivage al sentir desconocidas necesidades, al experi- 
mentar las ventajas de ía nueva vida y saborear sus 
dulzuras, estimulará la perezosa IntoIigeTicia para bus- 
car los medios de satisiaeer aquellas y adquirir estas. 
Asi pensaban los primeros Religiosos que sacaron de 
los bosques il los indios salvages, y consigui'eron que 
vivieran en sociedad y bi^jo techado. Cierto que. las 
primitivas casas oi'an pequeñas é iguales todas; ya ¡as 
darían mayor auiplitud y mejorarian la forma y loa 
materiales, cuando las costumbres antiguas se olvida- 
sen (t imperasen las nuevas, y el deseo de mayor co- 
modidad lo exigiese. Lo difícil era dar el primer paso; 
sacarles del bosque, atraei-les al llano, hacerles gustar 
las dulzuras do la vida social; esta se encai'garia de 
crearles necesidades, y ellos buscarían los medios de 
satisl'acerlas. Estos medios no [lodían ser otros en 
aquella época y en aquellas eircunstancias, que la 
agricultura y la industria fabril. Ya hemos visto la so- 
licitud, esmero, constancia y perseverancia de los Re- 
ligiosos' para hacer eonipreudor ú los indios las in- 
mensas ventajas dolos arrozales, -previa la preparación 
del terreno, la formación de los semilleros, la reten- 
ción y conservación del agua con iñlajñlcs ó peque-' 
ños diques, la trasplantación y recolección. Los resul- 
tados fueron maravillosos; y el ascendiente" del UeligioíO 



Cn>oyl.c 



fiN FILIPINAS 287 

creció extraordinariamcriLe en aqnellos sendllos cora- 
zones, que veían en (■!, un Padre, iin Hienhechor; un 
enviado de Dios ¡lara liaccries beneficios; lit providen- 
cia qne venía en sn auxilio en Lodos los apuros, .cuando 
la sequía ó la ¡angosla |)erdía la cosecha, siislituyendo 
ct arroz con el inaiz; con sencillos tópicos cuya virtud 
conocían, cuando les postraban el dolor y la necesidad, 
conciliando ios áiiitnos, apaciguando discordias, armo- 
nizando intereses: todo lo bueno, que poseían y goza- 
ban se lo debían al Religioso; y reconociéndolo así 
les respetatjan, le veneraban; le obedecían; y solamen- 
te la voz del Misionero lograba sacudir la ¡lereza aal- 
vage, la indolencia del clima cuando lo exigíala nece- 
sidad ó lo requería la conveniencia colectiva ó -parti- 
cular. Al mismo liempo <juc los Misioneros enseñaban á 
los indios el uso del arado y de la rastrilla; le daban á 
conocer el maíz, íes har-ian gustar el cafV', saborear el 
cacao y beneficiar la caña dulce, atendían á las in- 
dustrias primitivas; onst'ñaron á los indios el uso y 
manejo del telar, del torno, devanadera y demás adhe- 
renles de tan útil artci'acto; y aunque de cana bambú, 
tosco y mal acondioionado, bien pronto lo aprendieron 
á manejar con sin igual destreza aquellas indias uiás 
inteligentes y laboriosas que el indio, con la misma ap- 
titud imitativa de óstc, pero con in.'.s aplicación y amor 
al trabajo qne los varones; y de aquel gi'osero arma- 
toste salieron en breve primorosos tejidos de algodón: 
los patadioncs de colores inalterables, las tinas tersas y 
blanquísimas cotonías; los lisos quinonels: los vistosos 
taps de seda; -le tenue y vaporosa pina de hilos taii 



:dl,V,G00^IC 



m 



L.\s rnnpoii\cinsEs nuLiniosAS 



i 



finísimos y delicados qne para tejerlos (envuelven el 
telar en tupido mosquitero, pues ha^ta para romperlos 
el aire agitado ¡>or el paso de una persona; ios dibu- 
jados sHiainays, tejidos con finísimos filamentos extraí- 
dos del tronco del plófano, llamado abacá; los no menos 
linos y resistentes del nito con el cual fabricaban som- 
breros, petacas y otras prendas muy estimadas, como 
esterillas y petates, iodo esto f¡ié ensenado por los 
Religiosos y aprendido por las indias con admirable 
prontitud, pues bastaba ponerles delante una labor 
cualquiera para que ellas con la disposición natural 
y peculiar de los indios para las artes de imitación, la 
tegiesen con la mayor perfección y en breve tiempo, 
á lo cual contribuye también una paciencia, una calma, 
una perseverancia que solamente puede darse en aquel 
clima tropical, en donde la actividad y el movimiento 
están reconcentrados en las fuer;ias de la naturaleza, 
siendo casi ntilos en el individuo que experimenta una 
inclinación irresistible al rfoíce far nieiite, al reposo bea- 
tifico de los ídolos chinos. Y si, admira» la finura, la 
suavidad, el color, la consistencia de' los tejidos filipi- 
nos; y los filamentos leves, delgados, delicadísimos del 
abacá, del banano de la anana del arbusto pina, con 
los cuales se fabrican ¡os nipis, los sinamays, los jusis, 
las pinas, los labrados y otros tejidos de exquisita finura 
y dura resistencia; si admira la haiiilidad de ¡as indias 
para extraer los filamentos, delgados, como cabellos, 
largos de vara y media; para anudarlos tan diestra- 
mente que no se distinguen los nudos y tejerlos con 
tftato primor, limpieza y finura, admira mucíio más, 



" t, A >o*íf c 



ES FlL[r¡N,\3 2fií> 

que obras tan delicadas, puedan fabricarse con elemen- 
tos tan rudiitientarios, con telares hechos de caña 
hainbú, con tornos para el hilado de lo mismo, siendo 
todavía estos artefactos los primitivos, que los tleügio- 
sos enseñaron á fabricar y á usar á los indios que los 
desconocían, por lo que han tomado el nombre del 
castellano, pues ya hemos dicho que en su idioma no 
hay palabras paiu espresar ó denominar lo que les era 
desconocido. Por eso tomaron del castellano las pa- 
labras arado, carro, telar, mesa, silla, lanzadera y otras 
mil de artes y agricultura que !us Religiosos les en- 
señaron. 

Podemos asegurar que todo lo relativo á la indus- 
tria agrícola y fabril que en el primer siglo de la con- 
quista hubo en Filipinas obra exclusiva fué de los Reli- 
giosos. A la llegada de los Españoles, los indios postrados 
en una abyección salvaje, no conocían el manantial 
inagotable de riqueza agrícola y fabril que la expléndida 
flora de su país le ofrecía, ni los ricos tesoros que la 
tierra encerraba en sus entrañas. Los Religiosos se la die- 
ron á conocer, les enseñaron sus ventajas y les prove- 
yeron para beneficiarla de instrumentos y aparatos 
toscos, groseros, primitivos ciertamente; pero no otra 
cosa permitían los recursos y las circunstancias: el pri- 
mer impulso estaba dado, ei tiempo, la necesidad, la 
acción de los Gobiernos y de las empresas particulares 
se encargarían de mejorar los procedimientos. No por 
eso dieron por terminada su misión civilizadora los Re- 
ligiosos, sino que hasta el último momento del dominio 
español sobre eipais, continuaron prestando su vaUosi* 
SO 



.HostedbyGOOgíC 



290 LAS CORPOftACtONES RKLWtOaAS 

cooperación á los particulares, á las empresas y á los 
Gobiernos. No daban estos un paso en el camino del 
progreso ó de las Reformas; ni las empresas prospera- 
ban easiis negocios, ni los partioiitares encontraban 
ios elementos más necesarios como brazos ó jornales, 
sin acudir á los Religiosos, y desde Legaspi hasta An- 
gustí; desde la antigna Coinpañía de Filipinas hasta el 
Señor Canga-Ai^üGlles en su empresa de Colonización 
de la isla Paragua, todos, en repelidas cironlares Pro- 
vinciales y Diocesanas contaban con el apoyo y valio- 
so concurso de lus Religiosos, obligándoles algunas 
veces la obediencia y respeto á la Autoridad á encare- 
cer y recomendar las disposiciones y reformas políticas 
que el país rechazaba por innecesarias é inconvenien- 
tes, y abominaban los Religiosos, como buenos Espa- 
ñoles, por antipolíticas y peligrosas. 

Ocupados los Religiosos en abrir los primeros sar- 
cos en aquellas tierras virgenes, las cuales como en 
demostración de reconocimiento hicieron brotardesQ 
fecundo seno frutos abundantísimos, que estimalaron 
vivamente á los asombrados indios y escitaron su codi- 
cia impulsándoles al traba-jo agrícola; echados los ci- 
mientos de productivas industrias y artes útiles y be- 
neficiosas; que habían de ser emporios de riquezas, y de 
crear la prosperidad de aquel privilegiado país, no de- ^ 
satendieron por eso el fm principal de su misión, ósea ^ 
el cultivo de las ahnas y de las inteligencias. Aquellos^ 
niños de ambos sexos que habían aprendido á leer y" 
á escribrir en las espléndidas hojas de ¡a Mussaparidi-, 
siaca vulgo plátano; y habían llegado á imitar el modí- 



íX^jOQ-^Ic 



ÉN FILIPINAS 2Í)1 

lo Ó muestra en las planas con ana perfección admira- 
ble, con tan bella forma de letra, y limpieza de dibujo 
como no se había visto en país alguno del mundo, fue- 
ron el objeto preferente de los Misioneros en el se- 
gundo siglo de !a conquista. ÍjOS corazones sencillos de 
los indígenas, en los cuales la religión había modelado 
las virtudes dct cristiamsnio, sentían hambre espiritual 
de instrucción religiosa; sus inteligencias adormecidas 
al suave susuito de los bosques, pedían con avidez al 
despertar del sueño de laignorancia salvaje, más luces, 

*más amplios horizontes; y á proporcionárselos se con- 
sagraron en aquel siglo los Religiosos, dejando que las 
necesidades creadas por la vida civil, el vivo deseo de 
satisfacerlas con mayores y niás fáciles comodidades 
continuaran el impulso dado por ellos á la industria 
agrícola y fabril. Kn asunto lan delicado y de trascen- 
dencia tanta había que proceder con método y orden. 
Los Religiosos que fueron los primeros en fabricar ara- 
dos, telares, gradias, rastrillas, torno, devanaderas y 
demás; los primeros también en manejarlos, y enseñar 
prácticamente su uso á los indios; y los. primeros en 
crear otras industrias y dar á conocerlas artes; fueron 
también los primeros que escribieron é imprimieron li- 
bros para la instrucción de sus feligreses, comenzando 

: por Diccionarios y gramáticas. 

f Para que ¡os lectores puedan formarse una idea 
'^aproximada de los múltiples y penosos trabajos de los 
■^Religiosos en Filipinas, damos á coTitínuación una nota 
detallada délos Escritores del primer siglo déla con- 
quista y de las obras y libros que escribieron con 9I 



:dbyC00glC 



292 LJV3 CORPORACrONEB RELI0IOSA3 

laudable fin dicho: Hmitándotios solamente á los Padres 
Agustinos por las cansas aducidas; pasando en silencio 
lo relativo á las otras corporaciones religiosas en cada 
una de las cuales no dejó de haber tantos y tan ilus- 
trados escritores como en la de Agustinos. 

Aun lio habían transcurrido tres lustros desde la 
arribada de los primeros Religiosos con LegEispi A las 
playas de Cebú, y ya el P. Rada, primer embajador es- 
pañol en China escribía, una historia de este entonces 
casi fabuloso imperio, y un Arte y Diccionario Cebua- 
nos. Hacia el mismo año 1578 escribió el P. Agustín Al- 
burquerque, el primer Arte y Diccionario tagalog; y años 
después desde 1580 hasta el 1600 escribieron: el Padre 
Diego Ochoa un Arte, Diccionario y Confesonario en 
pampango: el P. Juan de Quiñones un Arte y Dicciona- 
rio tagalog y el P. Diego Muñoz «Sermones morales» en 
castellano y tagalog. 

En el siglo siguiente escribieron y publicaron obras 
de suma utilidad los Padres que á continuación se ex- 
presan: El P. Estovan i\Iarin, primer Apóstol de la tribu 
de Igolotes, de la que bautizó más de dos mil personas, 
compuso en 1601 el primer Arte y Diccionario de la 
lengua igolota, y escribió un Sermonario en el dialecto 
de Zamhales. En 1609 imprimió el P. Francisco López 
el primer arte y diccionario iiocano; y en este dialecto 
tradujo y publicó para la instrucción de los indígenas 
el catecismo dcBelarmino. En 1621 el P, Antonio San- 
tos Mejia publicó en iiocano también, varioslibros y la 
Pasión de N. S. Jesucristo para instrucción y devoción 
4e ios fieles. Tres años después el P. Fr. Alonso Mén- 



Ct>oj^lc 



m rrupiNAs 293 

trida, habiendo terminada su Provineialato se dedicó á 
la instrucción religiosa ycientífica de Io3 indios y oon 
este objeto publicó el primer arte y diccionario visaya 
ó panayano; tradujo á este idigma el eateeisino; arre- 
gló y compuso el ritual de la Orden, y escribió muchas 
otras obras más, qne se íian perdido y fas cuales ase- 
gura el P. Fr. Agustín María haberlas visto impresas. 
En los anos sucesivos escribieron y publicaron otras de 
varias materias:' los Padres Fr, Pedro Garcia Serrano 
un Sermonario en pampango; el P. Fr. Jnan de Medi- 
na 'Historia de Filipinas» y varios libros más en visa- 
ya. El P. Fray Francisco Coronel: la explicación déla 
doctrina em pampango; reglas para aprender el idioma; 
y dos tomos de Pláticas en el mismo dialecto. 

El P: Fr. Alonso Carvajal, publicó dos tomos de 
consullas canónicas. 

P. Fr. Teófilo Masearal publicó el devocionario in- 
titulado "Camino del cielo», en tagalog; y el ■Paraíso 
verdadero». 

P. Fr. Baltasar Herrera dos tomos de «Sermones» 
en castellano. 

P. Fr. Pedro Herrera publicó «Las Postrimerías» y 
ramülaté de flores en tagalog. 

P. Ff, Andrés Verdugo imprimió el «Arte tagalog» 
un libro con el título de «Piedades de la Virgen» en 
tagalog y la «Historia de la nación tímala». 

P. Fr. Agustín Claver. Escribió la vida de los Márti- 
res del Japón y la Crónica de la Provincia del Santí- 
simo Mombre de Jesús de PP. Agustinos. 



.r,,Ctx>»^le 



294 LAB CORPORACIONES RELTflIOSAB 

P. Fr. Dionisio Siiarez compuso en 
«Pláticas MoFales» en tres toiiioí-, 

P. Fr. Lucas Ortiz compuso en tagalog unas «Pláti- 
cas morales» y unos Ejercicios espirituales. 

EE P, Fr. Gonzalo de la Palma escribió una obra 
sobre los volcanes. 

EIP. Fr. Luis de Amezquita publicó en tagalog el 
catecismo del P. Ripalda y Sermones morales. 

P. Fr. Mareos Gavilán imprimió traducido al visaya 
el Catecismo de Nieremberg. ' 

P. Fr. Alvaro de Beiiavente publicó un arte y ^ 
diccionario pampangos notablemente corregido y au- 
mentado el último. 

P. Fr. Pedro Martínez escribió uua obra sobre los 
volcanes. 

P. Fr. Jaeiuto Herrero publicó cuatro tomos de ser- 
mones enilocano. 

P. Fr. Gaspar de S, Agustín: después de haber des- 
empeñado varios cargos en la Orden; y de haber ad- 
ministrado algunos pueblos en Visayas y en Tagalos 
eacribió la «Historia de Filipinas» en dos tomos en fo- 
lio; impresa la primera parte en Madrid en 1698 y la 
segunda muchos aftos después. Tenia una Tacilidad 
grande páralos idiomas. Además de!, latín, del griego 
y del hebreo, habló correctamente el francés, y pose- 
yó con perfección e¡ Visaya y el 'j'agaiog. Escribió y 
publicó también las obras: 'Hieromelisa Rítmica» im- 
preso en Amsterdan en 1702; el «Viridariiim Pamas- 
si-; un arte y diccionario tagalo: un libro de «Poesías-; 



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la 'Torre deBabeU y una carta «Deacripetón de] in- 
dio» inédita. 

P, Fr. Juan Medrauo liabia publicado ea lCi2í el 
Catecismo del Cardenal Belannino traducido al pam- 
pango. Suruario de las indiligencias de la Correa: el 
Confesonario y dos tomos de Sermones morales. 
■ En 1694 escribió el P. Ignacio Mercado un libro 
sobre Botánica. 

Es decir, que aquellos humildes Religiosoa, solos, 
abandonados á sus propias fuerzas, en poco más de un 
siglo; sacaron del bosque á todo un pueblo salvaje, le 
habituaron á la vida civil y al trabajo; les enseñaron 
las artes y la industria agrícola y fabril; modelaron los 
corazones y las intehgencias; y como si esto fuera poco 
todavía; como si aun faltara algo para el complemento 
de aquella obra raagna de titanes, encontraron tiempo 
entre las múltiples ocupaciones y penosísimos trabajos 
de evangelización y civilización, para escribir libros y 
obras de instrucción elemental, moral y religiosa; y 
obras de historia, teología, mística, filosofía, 
botánica, oratoria y lingüistica. ¡Que suma de \ 
y penalidades reju-esentaljan al finalizar ol siglo diez y 
siete aquellos pueblos, aquellas provincias florecientes; 
aquellas habitaciones que de chozas de yerbas y de 
bambú, se veian convertidas en amplios y bien venti- 
lados albei^ues de madera, en los que se podía estu- 
diar el avance progresivo déla civilización en la cultu- 
ra de los inquilinos; y allí donde no se veía más que la 
lanza del salvaje, las flechas, el arco y ei talibóng ó 
machete, se veían entonces el arado que había 'desga- 



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298 LAS CORPnBAnf>SF,3RF,MC.irifiAS <l^ 



rrado las entrañas vírgenes de !a tierra y la había hecho 
producir las primicias de los después tan estimados fru- 
tos; el telar con todos sus adherentes, en el cua! se 
veían distensos, alineados y juntitoslos hilos de diver- 
sos colores, preparados para ser unidos y entrelazados 
por la vivaracha lanzadera; lus sofas, sillas, mesas y 
otros muebles de fmas y preciosas maderas, que los 
Religiosos les hablan enseñado á conocer y á labrar, y 
hasta el nombre que les correspondía y, conservan 
hasta hoy! También se veían altareitos sobre mesas con 
pequeñas imágenes de Santos, como dando honor y re- 
verencia al Dios-Hombre crucificado en la cruz que se 
destacaba en el centro; y allí mismo y en ios cajones 
deia mesa-aitar; las maestras de las planas, los libros 
de devoción, el Camino del cielo por el P. Teófilo Mas- 
caral; y el catecismo de Ripalda, de Belarmino, de Nie- 
rembergy otros libros de devoción é instrucción. 

Considerando en conjunto lo hecho en Filipinas por 
unos cuantos Religiosos en el primer siglo de la con- 
quista; considerando la postración del pais á su llega- 
da; ios recursos de que disponían para su empresa, los 
resultados obtenidos y el ' tiempo empleado, es admi- 
rable, es asombroso, hay que recurrir para explicarnos 
este verdadero milagro, á la acción sobrenatural, á la 
intervención poderosa deio Alto; que todo lo dispuso 
asi tan favorablemente para los fines que se había pro- 
puesto en sus altísimos juicios. ¿Cómo explicar, sino; 
que con tan escasos medios y en tan poco tiempo se 
obtuvieran resultados tan sorprendentes? Échese una 
ojeada, examínese detenidamente la relación que an- 



1 



L'.ooglc 



KN PltlPlXAS 2Í)? 

tecede de los pueblos fundados desde 1565 hasta 1700; 
súmense los Religiosos ijiio los formaron, pésense las 
dificuUades de idioína, medios de eorniuiicaeión, estado 
salvaje de los naturales yotras muchísimas que tuvieron 
que vencer: calcúlense los productos que se habían de 
sacar de la tierra inculta y selvática para el sustento 
de unapoblacióii tan uiunerosa; imagínesela paciencia, 
la perseverancia del Religioso para inculcar en elsal- 
vage el amor al trabajo, hasta conseguir de él que hi- 
ciera de bosques incultos, inmensos arrozales; de chozas 
inmundas, magníficos palacios; de un pueblo sin Dios, 
sin patria y sin ley, errante y embrutecido: otro pueblo 
laborioso, religioso, sumiso, ilustrado en las letras y en 
lasarles y en la industria; y dígasenos si todo estoy 
mucho más que omitimos para no ser pesados, padie- 
ron conseguirlo en siglo y medio unas cuantas docenas 
de hombres con las solas fuerzas naturales. 'Ellos, (los 
>Religiosos) dice Cornyn(1.) redujeron álos indios á po- 
íblado; enseñáronles á construir sus casas; diéronles 
•nociones de agn'cnltnra; les ofrecieron semillas, en Fi- 
»lipinas desconocidas, y les instruyeron en artes é in- 
>dustrias que jamás los indios habían sospechado; fun- 
»daron escuelas, abrieron caminos, promovieron la 
•introdueción de !a imprenta... de tribus bárbaras, su- 
»mid^ en el mayo^ grado de abyección hicieron pue- 
»blos civilizados, amoldando á sus individuos en elgra- 
>do posible, á nuestra jnanerá de ser, y elevándoles á 
»un punto de cuUui-a que sorprende á todos los via- 

[Ij Eatadismo. Prólogo, p. XXXV. 



.vGooglg 



á98 LAS CORPORAnOTÍES tlELIGÍOSAS 

»jeros Europeos; significan pues los Frailes en Fili- 
'pinas, una, á modo de dilatación delespirilu nacional 
»en a(|iieí coíifin del glubo, por !o qne tienen de asi- 
tmiladores, las islas, por el!os prinuipalnienLe, españo- 
■las, y la inás geniiioa representación de nuestra raza 
»en aquella ¡nnchedumbre de islas: un factor etnológi- 
»co considerable, puesto queen el problema de civiSi- 
szación de aquellas gentes han sido los que más han 
)trabajado>. 

«No es por consiguiente de extrañar, termina el 
»Señor W. Retana (1) que no pueda desarrollarse nin- 
tgún tenia apellidado Filipino sin mencionar á los 
"Frailes; porque asi corno ellos juegan papel importan- 
itísimoen todo lo atañedero á la vida de la colonia, 
»elloshan sido al propio tiempo los que míis y mejor 
'•han escrito dcerca de todos los temas reladanados con 
"aquel pedazo de Es^a'^ü". 

No podemos omitir en este lugar el nombre ilustre 
del P. Plasencia, Fraoiseano de quien dice un escri- 
tor (2). El P. Plasencia gloria y prez de la Orden Fran- 
ciscana, sobre haber establecido buen número de Ens- 
énelas, escribió un estudio acerca de las costumbres 
del indígena «que sirvió de guía y modelo álos gober- 
nadores»... «fué impaosto por Real Cédula á los Al- 
caldes mayores para que en conformidad con la doc- 
trina en él consignada, resolvieran todos los pleitos de 
los indígenas- y «sirvió á la Audiencia de regla oficial 



("1) Pin del prólogo, p. XSXVUT. 
(2) Del Pan. pág. 29. 



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EN FILIPINAS 299 

para conocer á los indios, sus vicios, idolatrías y cos- 
tumbres», (Un espaiiol}. Este curioso trabajo puede 
considerarse como el príniep Código Civil de Filipinas: 
en todas sns páginas no resplandece, sino un grande 
amor á los naturales del pais.,. El raanuscnto del ve- 
nerable Franciscano termina rogando al Gobierno su* 
perior, «qué cuanto antes resuelva lo más conveniente; 
y lo que se resolviere, se remita A los Alcaldes ma- 
yores,» .«porque es lástima los dispárales que en sus 
sentencias hacen' (1). 

Esta época déla historia de Filipinas es verdadera- 
mente brillante y digna de la gran raza española, al 
frente de la cualfignraban los Misioneros que se ha- 
bían impuesto voluntariamente la obligación de civili- 
zar aquel pais y el mundo uUrainarino 

¿Qué hubiera conseguido el Gobierno en frente de 
tantas dificultades sin tener en cada provincia dos, tres, 
cuatro ó seis héroes, apóstoles y mártires á la vez del 
patriotismo y de la virtud, que aun mismo tiempo ha- 
cían pueblos y camitios, mapas é itinerarios, j untaban á. 
los indios en grandes agrupaciones, estudiaban sn len- 
gua, sus costumbres y creencias; y sobre todo esto es- 
cribían libros que servían al gobierno, á los magistra- 
dos, á los hombres de guerra para ir poco á poco 
penetrando con planta segura por aquel laberinto? 

Todo esto se estudió y escribió, y además cuanto 
podía convenir á España y á la civilización cristiana 



(1) Dicho M. 8. ha sido publicado por el Señor Pardo 
de Tavera. 



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300 LAS conpoRAr:[ONKs nF.T.inio?As 

con nna actividad pasmosa por aquellos hombres, que 
tantos trabajos y penalidades arroslraban en medio de 
Tos bosques, devorados en ilor por las eiiformedades 
y las privaciones; siendo dignode notarse qiieenlos pri- 
raeroñ veinte y cinco años de la llegada de' Legaspi, ya 
existían diccionarios y grarniVtieas, itinerarios y estudios 
geográficos de todas las provincias; porquetas Órdenes 
Religiosas de Filipinas no han descuidado un punto la 
civilización del país por todos ios medios y particular- 
mente por el de la instrucción, y lo prueban los ma- 
chos libros que se han escrito.,. La Orden de S. Agustín 
de la que venimos tratando cnenia en Filipinas con 
gran número de Religiosos eserilores, cuyas obras de- 
muestran sus conocimientos en historia, geografía, len- 
güistica, etnología, botánica, y de todo cuanto pudiese 
elevar un grado en la escala social á aquellas razas se- 
paradas por completo del mundo civilizado {!) 

Aunque parece maravilia todo lo (pie llevamos re- 
ferido como ejecutado por los Religiosos en el primer 
siglo y medio de la conquista de las islas, y aunque 
parece que después de lo hecho, nada mas podían hacer 
en pro de la Religión y de !a Patria; del pais y de los 
Españoles, todavía entonces asi como mucho tiempo 
después, podía decirse con el P. Grigalva.(2) -Y vaya re- 
parando el lector que ninguna facción hubo en que 
no se hallase algunos de nuestros Frailes»; y con Don 



(1) D. V. Bolloc y Sánchez. 

(2) P. Fr. Juan Grijalva. Crónica de S. Agnstin. Libro 
1." cap. 5. 



L'.t>otílc 



fes FILIP^Arf !íOÍ 

Pedro de Sarria, Capitán General. (1) «Se puede ase- 
■gurarque encada Ministro europeo tiene V. M. un 
>cent¡i!ela, que está en observación de todas las aceio- 
•nes.y nioviniientos de loy indios para dar parte á este 

> Gobierno de todo lo queocurre , 

• ysi estuvieran todas las Parroquias en manosde Cléri- 
>go3 ó mestizos sangleyes, (chinos) carecería el gobier- 
•110 de aquellos conductos por donde con toda seguri- 
>dad se le comunicasen laslucesy noticias necesarias». 
No solamente los Religiosos fueron los centineias avan- 
zados de la Madre patria en aquel remoto pais, sitio 
que en los alzainienlos de chinos y naturales; y en las 
guerras con el Extranjero pelearon también como sol- 
dados de la patria, los que eran ya de la milicia de 
Cristo; sirvieron de Capitanes y Comandantes cuando 
un peligro coniun amenaxaba á la Religión y á la Patria. 
En el año de 160.S urdieron una conspiración los chinos 
de Manila para matar á todos los españoles la víspera 
de S. Francisco; una india descubrió la conspiración al 
Cura de Quiapo, quien sin perder tiempo dió aviso á 
D. Fr. Miguel de Henavides, Arzobispo electo de Manila, 
de la Orden de Predicadores; este se lo participó sin 
demora al Gobernador general D, Pedro de Acuüa. Esto 
sucedía en ocasión en que había muchos champanes 
chinos fondeados en el rio Pasig, Procuró el Goberna- 
dor, sosegar á estos, y saber las inlenciones de los 
conspiradores por medio de los Japoneses, enemigos 

(1) D. Pedro Sarria. Exposición al Eey, citada por Boa 
Sinebaldo de M&a. 



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it03 tAñ CflRPORACIOPÍES RELIGIOSAS 

tradicionales de los chinos, pero en esta ocasión se 
mostraron sus amigos, y les dieron conocimiento de lo 
que el Gobernador Genera! les había encargado. No 
esperaron los chinos á que se frustraran sns planes, y 
se alzaron en rebelión en número de veinte y cinco 
mil en las afueras de Manila. SaUeroii contra ellos ciento 
treinta españoles, y casi tfidos perecieron á sns ma- 
nos (1). Este contratiempo puso en apurado trance ála 
Colonia. El Gobernador General apeló ai patriotismo de 
todos los españoles sin excepción, y los Religiosos fue- 
ron los primeros en ofrecerse como Sacerdotes y como 
soldados, el peligro era eornun á todos y en la catástrofe 
que se temía pendían más los Religiosos que nadie^ 
pues todos sus Irahajos, todos sus afanes, todo lo que 
por la Religión y porta Patria habían hecho en el si- 
glo y medio; estaba a punto de desaparecer, si un es- 
fuerzo común no libraba á la Colonia de las iras de los 
Chinos rebeldes. Entonces fué cuando el Hermano Lego 
Agustino, Fr. Antonio Flores se presentó al Goberná- 
■ dor y le ofreció sus servicios. Había sido el Hermano 
Fr. Antonio antes de tomar d hábito Religioso, un bra- 
vo soldado en las guerras de Klandes y de Italia: se ha- 
bía encontrado eti la batalla de Lepanto de Alférez de 
D. Bernardino de Meneses, y si las costumbres monás- 
ticas habían amortiguadu las ariecioues guerreras del 
Hermano Fr. Antonio, no habían extinguido completa- 
mente aquellos ímpetus belicosos, aquel frío valor que 
le hizo distinguirse entre tantos valientes de los famo- , 



^1) Záñiga. Hist. de FüipinaB cap. XIII. 



- .A-ooglc 



EN FILIPINAS 303 

SOS tercios castellanos, ni sus manos habituadas á re- 
pasar devotamente las cuentas del rosario, habían olvi- 
dado el manejo de la espada, la cual empuñó Fray 
Antonio en defensa de la Religión y de ia Patria; en 
aquella apuradísima ocasión; se apostó con algunos 
valientes en el paso de! pío Pasig, por donde forzosa- 
mente habían de pasar los rebeldes para unirse con 
los del Parían, y cayó solare los enemigos con el arrojo 
del veterano, y con el valor que conmnicaá los corazo- 
nes de buen temple el amor ala Religión y áia Patria; 
haciendo en los chinos gran mortandad. De la bizarría 
de este í.ego Agustino hace grandes elogios el Gober- 
nador General Acuña en ia relación de este suceso di- 
rigida á S. M. el Rey, la cual relación va inserta en las 
páginas 510, 511 de 4,as Conquistas» por el P. Fray 
Gaspar de S. Agustín. Hitalo también Ai^ensola con 
grandes elogios; lib. 9 pág. Ü,;-ÍOÜ. Tanto se distinguió 
entonces el Hermano Fr, Antonio que en 160C, le llevó 
consigo el Gobernador D. Pedro Bravo de Acuña á la 
conqttista de las Molucas. Peleó con bravura coman- 
dando cincuenta ]iiqueroH en el asalto y totna del fuerte 
de Teníate, y permaneció alU en conipañia de nues- 
tros Religiosos, peleando siempre por los derechos de 
Dios y del Rey, hasta qnc murió en una refriega en 
1622 (1). De los veinte y cinco mil chinos que se alza- 
ron en armas perecieron según los Cronistas de aquel 
- tiempo veinte y tres mil; y los restantes y aun los que 
^ no habían tomado parte on la rebelión fueron expulsa- 



(1) Cano. Catítlogo. p, 44- 



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304: L \<- tflTlPOR \l IITíFl RFI IGIO<? V'i 

dos de las islas, purque todos los chinos que á iasazón 
se encontraban eti Manila estaban inag ó menos eom- 
prometido? en ia LOiispiranón 

Nunca más debió haberse permitido á los chinos 
la entrada en ias islas, pues todos los Españoles, autorí- < 
dades y particulares tenían pruebas y pleno convenci- 
miento de que eran enemigos de la dominación espa- 
ñola, pero su empello por establecerse en el país, 
verdadera tierra de promisión para ellos; y la codicia 
de los españoles, que en cada chino veían una niina 
explotable y un instrumento de lucro no siempre licito, 
y con trecuencia usurario, concluían por abrirles las 
puertas y ya en 1H37 había establecidos en Manila y 
provincias limítrofes más de treinta mil, los cuales, no • 
escarmentados con lo sucedido á sus paisanos en 1603 
volvieron á rebelarse contra la Autoridad española, 
siendo los primeros en lanzarse al campo y dar el ejem- 
plo de la rebelión los Chinos que cultivaban los cam- 
pos en los .pueblos delíiñányCalauíba; los cuales fue- 
ron á Manila, sublevaron á sus paisanos del Parían y 
en número considerable se fortificaron en San Pedro 
Macati, en donde establecieron su Cuartel general En 
grande aprieto pusieron los rebeldes a! Gobernador 
General Hurtado de Corcueray á. la plaza do Manila. 
Dispuso el Gobernador que se armasen todos los ve- 
cinosjReligiosos inclusive, á los cuales encomendó la 
defensa de la ciudad, poniendo do guardias en las puer- 
tos á los Religiosos de las órdenes Monásticas, y él 
salió con doscientos españoles y mil indios á batir á tos 
Chinos revolucionados. En Batangas los PP. Fr. Audreg 



L'.ooylc 



M^' 



Verdugo, Fr, Alonso Rodríguez, Fr. Juan Pareja y Fray- 
Miguel del Castillo annaron álos indios de sus respee- 
Uvas Parroquias é iinpidiepon que la rehelión se propa- 
gara en atjiiclla provincia. FÁ P. Kr. Juan de Sosa, Agus- 
tino también, siendo ministro de líelis fué á Manila en 
compañia del Sargento Santiago Castelii y eon ocho- 
cientos indios armados contra los Chinos, y siempre fué 
el primero en todos los combates hasta que se apaci- 
guó el alzainiento.-ICI P. José de la Cuesta, encargado 
por su Prior Fr. Gerónimo Medrano de la defensa del 
Convento de T(mdo, le defendió tan bizarramente que 
no pudieron tomarlo ios Chinos las respectivas veces 
que lo intentapoii. El I.', Kr, Juan de Torres, estando de 
. Conventual en Pasíg, le mandó su Prior con trescientos 
indios al encuentro de los Chinos, que se dirigían á 
tomar el pueblo; lea batió y puso en fuga haciendo en 
ellos gran mortandad. *En esta ocasión los PP. Agusti- 
»nosdeuiostraron su patriotismo, su desinterés, y en 
»pruebade ello el jninistro de (íampo I). Lorenzo de 
tOlaso y Achótegui libró un Cerlificado en 15 de Ju- 
»Üo de 1640, que. honra sobre manera á dichos Reli- 
>gio309;nosolonoqneriendorec¡bipel dinero que lesofre- 
tció el Gobernador por los víveres que trajeron á 
.»Manila, sino que también por su valor, en particular 
»elP. Fr. Juan Sosa» (1). 

En 1660 se perdieron algunos barcos de nuestra 
Escuadra en las islas, para construir otros en sustitución 
de los naufragados'ordenó el Gobernador D. Sabiniano 

(1) P. Cano. Catálogo p 65 



'^■^H^^V 



fíOR r,AK f:(mniu\f;ni\F.s rke-IGhihas 

Manriíjiie de Lara, que lus Painpangos hiciesen un 
corto de maderas iiiayor(|in; lo de costiiinbre en otros 
casos análogos. Siempre repugnó el indígena estos tra- 
bajos mal retrii) nidos, poro parlicnlarniente porque en 
loa desmontes del hosípie vii^ea suelen enfermar de 
fiebres, que llaman taquiff, y porque tes hacen trabajar 
mucho los Cabos 'dóndoles de ¡talos y tratt'mdoles mal 
fie palabra^ (1). E! Cabo encargado de los trabajos or- 
denados por el (íobernador D. Sabhiiano, ó muy celoso 
de! cumplimiento do las órdenes recibidas, ó muy rigu- 
roso por LeMiperaTnenl.o, eKtremó los castigos y los ul- 
trajes, y los indios l'ajnpangos se amotinaron y lleva- 
ron la sedición á oíros pueblos. Para ata^jar el fuego 
déla rebelión antes que tomara mayor incremento, se 
presentó en Macabebe con tropas y armas e! (ioberna- 
dor (ieneral. Los PP. Agustinos Kr. José Duque, Fray 
Andrés Salanar y Fr. Isidoro Rodríguez interpusieron 
su influencia y prestigio entre la Autoridad y los re- 
beldes, «Y no exageramos si decimos que á ellos se 
«debióla sujnisión do los indios en aquella subleva- 
»ción», (2) en calmar la cual dichos PP. trabajaron con 
mucho celo y con exposición de sus vidas. El mal ejem- 
plo de ios Parn|)angos fué imitado por lus Pangasiiíanes, 
que se rebelaron también, reunieron mucha gente, al- 
zaron por rey á un indio llamado Marlong y asesinaron 
al Alcalde niayorcontodasu familia, Afortunadamente 
respetaron los templos y á los Religiosos Dominicosi 

(1) P Zúiligd Hi8t deniip. cap. XU: 
{•¿) Caao. Cntal. p, 76. 



L'-oot^lc 



quo los d(ietriiial)an Ii>h cuales inlluyerun con los re- 
^ voltosos para que deinisiemn las anria?, como asi lo 
hicieroH los más y solamente algiuius se retiraron al 
monte con sa rey improvisado, Marioiig; pero acosados 
allí por el hambre y por las tropas se presentaron alas 
autoridades alas qtie entregaron á Maríong, qne fué 
ahorcado, y ellos merecieron el perdón del prndente 
1). Sabiniaiio de l,ara. 

Cuando se sublevaron los Patigañinanes enviaron 
emisarios á revolucionar la'? provincias de Cagayan, 
Zambalos 6 llocos. Kn las dos primeras no obtuvieron los 
resultados que se prometían, pero en llocos un indio, 
llamado Manzano, se puso al frente de la revolución, y 
so le unió mucha gente con la que emprendió uoa 
guerra de estérminio contra todos los españoles, y fué 
necesario enviar tropas contra él. También en esta 
ocasión los PP. Agustinos ayudaron mny eficazmente 
á las autoridades para sofocar esta rebelión, que llegó 
á tomar serias proporciones. El P. Kr. Hernardino Már- 
quez, Párroco de.liaoang, pueblo el más numeroso de 
Hocos, se valió de su ascendiente para contener dentro 
de los limites do la olicdienda y sn misión á sus feli- 
greses, los cuales no secundaron el movimiento sedi- 
dioso y rechazaron y batieron á los tambales, E¡ Pa- 
dre José Polanco recorría los pueblos amonedando á 
unos, excitandí) á otros al umof liel nombre español (í) 
y predicando la paz y sosiego á todos. El P. Gonzalo 
de la Palma, insigne geólogo, contribuyó también mucho 



(1) CMoCfttal. p. 79. 



L'.oo^lc 



308 tA3CO]iPOn*G!O:íEñeF,U0TOsA3 

á apaciguar h los alzados de llocos, iiid(¡ctdos por los 
Pangasinanes y /íambales. Kl indio Manzano cayó pri- 
sionero y fué ajusticiado en público. 

En Noviembre de 17(11 se declararon la guerra In- 
glaterra y España, y en Manila nada se supo do reso- 
lueiñn tan grave hasta el mes de Septiembi'e del si- 
guiente año. Un Clérigo que tenía correspondencia con 
los ingleses de la India tuvo noticia de una expedición 
ii^lesa que se estaba allí preparando; y el P, Cuadra- 
do, Agustino, supo por una carta, que recibió de su 
padre, vía de Ctiina, la declaración de la guerra á los 
ingleses; pero como esta noticia era particular y no 
fué confirmada por los comerciantes.' que viajaban á 
Cantón y Batavia, no fué creída ni se le dio importancia: 
y sin embargo por desgracia era cierta. El 22 de Sep- 
tiembre de 17ft2 entró en la bahía de Manila una es- 
cuadra inglesa de trece navios con siete mil hombres 
de desembarco, y el 4 de Octubre habían tomado "loa 
ingleses la plaza casi desguarnecida de tropas, y des- 
pués de una corta y débil resistencia. Era Goberna- . 
dor interino el Sr. Arzobispo, quien con algiuios Oido- 
res de la Real Audiencia íinnó la capitulación por 
parte de España, y por la de Inglaterra la firmaron 
- el Alrakante Cornisk y Draper. El día antes de la ren- 
dición había salido de Manila un olieia! real con ciento 
once mil pesos con objeto de ponerlos en salvo en la- 
provincia de La Laguna. Apurado et Sr, Arzobispo para 
completar tm millón, que pedían los ingleses, envió á 
los Marqueses de Villamediana y Montecastro en pos 
del oficial real con orden de que volviese á Manila 



j.^Cixitífo 



con la canlidad de pesos que llevaba, pero los Padres 
Franciscanos que administraban aquellos pueblos se 
opusieron al cumplimiento de orden tan antipatriótica; 
y proporcionando cargadores pusieron en salvo loa 
ciento once mil pesos en la misión do Ituy entre la 
Pampanga, Pangasinan y Cagayao. Trató Draper de , 
conquistar las simpatías del país; publicó bandos exi- 
miendo del tributo á los naturales; permitió á los Reli- 
giosos volver á sus Conventos con objeto de ganarse 
las voluntades de i^stos, cuyo influjo. en el interior juz- 
gaba miiy poderoso desde lo hecho por los PP. Fran- 
■ Císcanos con los Manjueses y el Oficial real; «y sobre 
■ »todo deseaba traer á su partido, dice el P. Zúfiiga (1) 
íal P. Ex-Provincial de Agustinos Fr. Remigio llernán- 
»dez, que gobernaba la Provincia por muerte del Pro- 
*viticial propietario; le eseribiú. varias cartas para que 
.bajase á Manila, pero no lo pudo conseguir, mante- 
»niéndose aípiel Religioso firuie en su pri]nera res- 
. puesta en que le decía, que si tenía algo que comu- 
•nicarle que lo hiciera por escritos. 

El día antes de la rendición de Manila salió también 
de la ciudad el Oidor Sr. D. Siiiióa de Anda con el títu- 
lo de Visitador y Teniente de fiobernador General para 
preparar ía defensa de las islas con ayuda de los Re- 
ligiosos cuya poderosa influencia en los pueblos cono- 
- cía y apreciaba. Llegó el Sr. Anda á Hulaeati con 
cuarenta pliegos de papel sellado; éste fué todo el 
material de guerra y todo el caudal que el insigne 



(1) Hist. de Füip. cop. SXXIV. 



.C;.H)^ 



310 LAS CORPORACIOTTESRFXttllOSAS 

Oidor llevaba para conservarlas islas en la obediencia 
al Rey y sumisión á. la Metrópoli, y para hacer la guerra 
á los ingleses dueños ya de Manila con poderosa ar- 
mada en el puerto y an ejército de ocho mil hombrea 
agiierrid'os de los cuales la mitad eran europeos. En 
Dulacan convocó á junta al mencionado P. Hernández, 
Provincia! de Agustinos, al P. Ex-Provmcial Agnirre, al 
Alcalde mayor, á otros españoles y a todos los Párro- 
cos de la provincia, que eran Agustinos; hízoles pre- 
sente lo apurado de la situación, y manifestó que en 
vista de que el Gobernador general interino y la Real 
Audiencia eran prisioneros de los ingleses y estaban 
imposibilitados para el desempeño de los cargos, (¡ue 
las leyes les confiaban en lo político y civil en circuns- 
■ tancias noptnales, asumía él, Anda, todos ios poderes 
y atribuciones políticas, civiles y militares. Todos a])ro- 
barón las disposiciones tomadas por el patriota Oidor, 
reconociéronle como primera y superior autoridad en 
las islas y ie prometieron recursos y ayuda en tan 
noble empresa. Los Religiosos ofrecieron levantar gente 
en sus parroquias y ponerla á su servicio; y reconoci- 
do el Sr. Anda por Gobernador, Capitán general, y 
Real Audiencia en las islas estableció sn cuartel general 
en Racolor capital de la Pampanga, en donde con los 
fugitivos de Manila y con las Milicias, que en sus pue- 
blos reclutaron los PP. Agustinos formó el pequeño 
ejército, que en tantas ocasiones y con tanto arrojo y 
fortuna se batió con los ingleses. El Consejo Británico 
que Draper dejó constituido en Manila al regresar él á 
Europa declaró sediciosos al Hr, Anda, al Marqués de 



L'.t.H>*ílc 



Monte Castro qw había salido de Manila bajo palabra 
de honor de volver y no había vuelto el día conveni- 
do; al Provincial Fp. iTcrnández por ser del partido del 
Sp. Anda; y declaró traidores por la misma cansa á 
todos los Religiosos Agustinos, y como tales merecedo- 
res de la pena capital. K\ Prior de S, Agustín fué 
preso porque preguntado por los Religiosos de ílulacaii 
y de la Pampanga, de cuyos actos los ingleses le ha- 
cían responsable, contestii que dichos Relií/wsos no eran 
subditos swfos sino del P. Frovincirtl. tln Religioso Agus- 
tino y otro Recoleto era» los jefes de los Pampangos 
y se adelantaron hasta Maysilo en donde tuvieron un 
encuentro con los ingleses que no dio los resultados 
apetecidos por no haber líustos llegado ii tiempo de 
sostenerles con sus tropas. 

. Entre tanto los PP. Agustinos de Manila declarados 
traidores por los ingleses porque sus hermanos de há- 
bito defendían la Religión y la patria en las provin- 
cias, continuaban presos en Manila, y por tíltimo fueron 
desterrados en número de once á Londres y á Rombay. 
Comprometida ora la sititaciñu de las islas, y diB- 
cilisimas las circunstancias en ipio el Hf. Anda asumió 
todos los poderes y responsabilidades consiguientes. Si 
los ingleses hubieran avatiíiado hasta Bulacan en per- 
secución del Sp. Anda, no habrían dado tiempo k los 
PP. Agustinos para o^anizar con el bravo Oidor la 
resistencia y la defensa de las islas, pero contenidos 
por la actitud hostil y belicosa de los pueblos limítro- 
fes de Manila, iiuestos en armas por la iulluEncia de 
los Párrocos, dieron tiempo á que los PP Aguslinos 



■■^^"'" 



312 LAS COnPflRACrONES nRLIfltOPA3 - 

predíeaiido y exhortando alzaran á todos sus feligreses 
de las Provincias de Panipaiiga v lUdacan, loa pusie- 
ran 4 las órdenes del animoso Oidor, el cual con ellos 
y con los españoles fugitivos de Manila formó un ejér- 
cito respetable por el número, y temible después de 
haber sido instruido en el ejerdeio de' las armas por el 
Sr. Hiistos. Vino & agravar la situación critica de los 
españoles la conspiración urdida por los eternos ene- 
m^os de España en Filipinas, los Chinos. El Sr. Aran- 
día había expulsado del país á todos los hijos del 
Celeste imperio, pero después de su muerte fueron vi- 
niendo - otra vez y estableciéndose en las islas en 
donde hacían rápidas y colosales fortunas valiéndo- 
se de las malas artes en ellos habituales de adulterar 
los efectos de su comercio y de engañar á los senci- 
llos indios. Indecible es lo que se había aumentado su 
número «dice el P. Zúñiga, (í) en solos tres años». 
Todos ellos se declararon por los ingleses en su odio 
al nombre español; y en fiuagua pueblo de la Pam- 

. panga tramaron una conspiración para asesinar al 
Sr. Anda y á todos los PP. Agustinos la víspera de la 
Natividad del Señor. Con este fm habían construido 
trincheras y preparado lantiicas de gruesas cañas fuer- 
temente sujetas y enrolladas con bejucos embreados, 
diciendo al Párroco Religioso que aquellos preparativos 
los disponían contra los ingleses. El Sr. Anda descon- 
fiaba de ;ellos, porque no obedecían sus órdenes:,había 

' también Interceptado una carta dirigida por uno de los 



(.1) Hist deFilíp.cap ZXX\I., p. G50 



F.N PIUP1NA3 



313 



eonspiradores á otro de su nación, pero escrita en ca- 
racteres chinicos no pudieron por el pronto descifrarla, 
ni Anda ni los espaíioles qne estaban á su lado. Su- 
cedió que un Chino (|ue preteridla casarse con una 
india encargó á ésta muy encarecidamente que no 
fuera á la misa de media noche, vulgarmente llamada 
misa del ¡/alio, la cual se celebra á las doce de noche 
dt la víspera de Navidad: la india se resistió ¿compla- 
cer al Chino, y éste para disuadirla le manifestó que 
sus paisanos tenian proyectado matar en la Iglesia 
aquella noche al Sr, Anda, á los PP. Agustinos y á 
todos los españoles. T,a india deseiibrió at P. Sales, 
Párroco de Guagua la conspiración urdida, y éste puso 
el caso en conocimiento del Sr. Anda; vino éste á Gua- 
gua con fuerza;*, saliéronle al encuentro los Chinos en 
dos alas y con falconetes ó lantacas y otras armas, 
fueron derrotados los Chinos, muertos muchos en el 
lugar de la acción, dispersos los reatantes que fueron 
también degollados después do orden del Sr. Anda 
segtln iban cayendo en manos de los indios. 

Tambiea se rebelaron en Cagayaii algunos indíge- 
nas de la hez del pueblo, amtaron al Gobernadoreillo, 
alcalde municipal, y poifííguiemn á los Cabezas de lía- 
rangay encargados de la recaudación del real tributo, 
pero sofocó esta rebelión D. Manuel de Arza ahorcan- 
do á ¡os cabezas deV motín. Se rebelaron también algu-- 
" nos indios de la pi'ovineia de Pangasinan, pero la 
sedición no tuvo aqui la importancia que la de su co- 
lindante llocos-Sur. R-íi ésta un indio de nombre Silang 
fliuy ladino, y que hablaba el español, que había apren- 



.t-'00;ílc 



ál4 r:A3 CORPORACíaXES REr.tíltnSAS 

dido sirviendo en clase de criado en las casas de es- 
pañoles, siijeslionó á la plebe de los pueblos con el 
pretesto de hacer ¡a guerra íi los ingleses. Se presentó 
en V^an, capital de la provincia, reclamó y exigió el 
bastón de mando del Alcalde mayor, lo tomó por la 
fuerza y se hizo dneño de la ¡jrovincia con el aparente 
motivo de sn defensa contra los ingleses: vejó á los 
Religiosos y á los españoles, y les habría hecho mayo- 
res daños de no temer á los pueblos, que veneraban k 
sus Párrocos. El indio, Silang había comenzado sedu- 
ciendo a los simples, y desempeñaba su papel á las 
mil maravillas. Rezaba el rosario, oía misa y revestía 
todos sus actos de marcado carácter religioso; publicó 
un bando recomendando la devoción diaria al santo 
rosario, y obligó á los indios á oir misa y confesarse, y 
á los niflos ít la asistencia A la escuela. Con estas 
farsas é hipocresías era grande el ascendiente entre 
los indios, y encubría los robos, estafas, exacciones 
abusos y atropellos de todo género que por medio de 
sus comisionados y agentes coTiietía en las haciendas 
y en las personas pacificas y pudientes. Bajo el pre- 
texto de la defensa nacional ejercía sobre todos una 
vigilancia exquisita y teuía centinelas apostados en 
todas partes. Un Religioso Agustino pudo hacer pasar 
un propio con un escrito para el Sr. Anda dándole co- 
nocimiento de lo que ocurria- en llocos. No pudiendo 
el Sr. Anda hacer otra cosa en aquella ocasión, expi- 
dió un decreto ordenando A Silang que se presentase, 
en HacoloF en el término de nueve días para dar cnen- 
ta de su conducta, y en caso de desobediencia seria 



(.-.oo^ílc 



m FILiriNAB 316 

arrestado y tratado como traidor, para lo cual enviada 
.tropa si fuera necesaria. "Se divulgó este decreto y 
»se añadían algunas noticias de ijue iban los españo- 
•íles contra llocos, con' lo cual y con la persuasión de 
ílos PP. Agustinos, <pie no querían absolver á los re- 
tbeldes, se iban retrayendo muchos de Silang, en gs- 
• pecial en los pueblos del Norte, lo <jaé costó á algu- 
tgunos Religiosos el.seí' presos y conducidos á Vigan, 
taunque no tardó Silang en ponerles en libertad, 
íporqne afectaba aun Religión y Cristiandad con que ' 
»tenía engañados á los Clérigos y amachos indios de 
«bnena fe». (1) Silang fué muerto poco después por 
un mestizo español llamado Vicos el 8 de Mayo de 
1763: los Religiosos apaciguaron los pueblos con sus 
exhortaciones y cuando fué á llocos con tropas D. Ma- 
nuel de Arza, todo estaba tranquilo y los naturales de- 
dicados á sus labores. 

En Pangasinan los PP. Dominicos se reunieron en 
el pueblo de Asingan y escribieron á aus respectivos 
feligreses, que les abandonarían sino se sujetaban á la 
Autoridad del Representante del Rey de España, <de 
•que resultó que vinieron indios de todas partes á su- 
•plicaries que volviesen á los pueblos prometiendo ir 
»á la Pain])anga á pedir al Sr. Anda un Alcalde 
>mayor>. (2) 

«Mucho cooperaron á la fortuna del Sr, Anda los 
)s, ya en mantener á los indios en sus res- 



L .oos;K 



(1) Zófiiga. Li,*; cit., p, G58. 

(2) Zúñigs. ibi... II, C63. 



316 LAP coRronAntofíEü nELiaiOi'AS 

»pecUvas adminístracionea fieles á sus órdenes, ya 
>inspiPáiidoles horror á los ingleses como enemigos de! 
»Rey y de la Roligi(Ín para excitarles á morir con 
•gusto contra ellos, ya ofreciendo sus caudales, y ya 
«finalmente exponiendo fi los mayores riesgos sus per- 
>sonas. Todos se esmeraron nnifonnementef por lo que 
»Sn. Majestad dió á todos y á cada «no en particular 
»las gracias haciéndoles el favor de reconocer su vo- 
sluntad fina. Pero la que padeció sobre todas fué la 

• de S. Agustín. Como el Sr. Anda se retiró á las pro^-in- 
'cias de líulacan y Pampanga qtie administraban estos 

• Religiosos le surtían de gente y víveres, exhortando 
íá los indios, obligándoles á servir contra los ingleses 
»y estar prontos á cuanto se les mandase. Conoció el 
•enemigo qne an estos recursos el Sr. Anda no hn- 
»biera podido elevarse al poder de hacerle resistencia^ 
•y sentido do que le protegiesen y ayudasen los Pa- 
»dres Agustinos, arrestó once Üeligiosos qne se Hevó 
•por Londres y la India; puso presos é. cuantos hubo 

• á las manos y tuvo en los calabozos de la Fuerza y 
•los hubiera llevado inar á fuera á no haber llegado 
■los preliminares do la paz. Les saqueó segunda vez 
peí Convento, les vendió las campanas y la librería y 
•no faltó quien coiupmse la misma fábnca, pues todo 
•se les confiscó. Cuando se entregó Manda, para leci- 
.bir el Convento fué preciso que el Provincial hiciese 
•la contrata de pagar diez mil pesos». (íl -Es eviden- 
»te, dice el Sr. Rctana (2) que D. Simón de Anda sin 

(i) Züñiga. toe. oit. cap. XXXVIL pa. 6P2 (i83. 
(3) Eaiadismo: a^iéiidios B p. IS4. 



m FILIPINAS Bl? 

»el apoyo de los Frailes, y muy especialmente el de 
líos Agustinos no halfría adquirido !a fama quo en la 
»historÍa tiene como defensor del territorio español 
¡•contra la invasión de los ingleses en 1762. líastó sin 
.embargo su i-e sen ti miento personal con un Religioso 
.de la expresada Orden para que se desencadenase 
.contratodos ellos; en su memorial Abusos dice lo que 
.jamás debió de escribir un hombre que todo io debía 
■»á esos mismos á quienes con tanta ingratitud pagó». 
Se refiere aiiui el Sr. Retana al P. Vr. Remigio Her- 
nández, cuyo nombre irá siempre unido al del Sr. Anda 
en la historia de la heríjiea defensa de las islas que 
juntos organizaron é hicieron contra los ingleses en las 
provincias de Üulacan y de la Pampanga. El mencio- 
nado P. Remigio era Provincial á la sazón; por su 
orden los Religiosos de su obediencia pusieron eu 
armas á sus feligreses, y algunos de ellos de jefes y 
soldados y otros de Capellanes se pusieron incondicio- 
nalmente á disposición del vengativo Oidor que aceptó 
y utilizó sus servicios y recursos pecuniarios; conducta 
patriótica que mereció las gracias de S. M. Real. Pero 
cuando hechas las paces entre Inglaterra y España 
llegó el caso de la devolución de la plaza por los in- 
' gleses á los españoles, se suscitó la cuestión sobre 
quien representaba la primera Autoridad de las Islas. 
. Los ingleses so negaban á entregar la plaza á cual- 
quiera otro que no fuera el Arzobispo; muerto éste, 
opinaba el Oidor Sr. Villacorta que se habla de entre- 
gar al Sr. Obispo de Camarines; Anda pretendía que á 
di solo debían los ingleses hacer la entrega de ]b, 



Coo^lc 



319 LAS r.CIHrnR\f;iOMeS RKLIrtirt3\S 

ciudad. CíinutiUado el cam) con el Sr. Obisiiu de llocos 
opinó que la AuíiiOíii:ia ora la llamada á resolver el 
litigio. Consultados los ProvÍní;ial(!M do las Órdenes 
monásticas todos, monos el P. Provincial de.lesuitas, se 
adhirieron á la opinión del Sr. Obispo de llocos. Dis- 
gustó tanto al Sr. Anda el parecer del P. Provincial de 
Agustinos Pr. Remigio ITernándcz sn compañero y 
amigo en la pasada campaña que todo lo olvidó su re- 
sentimiento personal. Pon) !a haba inmunda que des- ' 
tilo elodio rencoroso del Sr. Anda en su Memoria 
Abusos, no marchitará jamás los gloriosos laureles que 
■ en la historia ceñirán la frente del insigne patriota y 
celoso Provincial Kr. Remigio Hernández; ni la bajeza 
del vengativo Oidor amenguará los méritos adquiridos 
por loa que le sostuvieron y animaron e*n los apura- 
dos trances de ima situación desesperada. La nobleza 
de alma y la religiosidad de los PP. Agustinos perdo- 
nan los agravios que les hicieron la ambición desme- 
dida y resentimiento injustificado: la historia ha hecho 
justicia á todos y ha coronado do gloria al defensor 
infatigable del pabellón español Fr. Remigio Hernández, 
y los mismos ingleses estimaron sn valia al ofrecer una 
recompensa al que entregara ai P. Pr. líemigio Hernán- 
dez vivo O nnicrto. Repitamos aquí las palabras del Ca- 
pitán general D. Pi^dro Sarrio en una de sus exposicio- 
nes dirigidas al Rey: «T.a e.-iperiencia de dos siglos ha 
.ensenado que on todas las guerras, sublevaciones y 
.alzamientos han tenido los Párrocos regulares la mayor 
• parte de la pacificación de los inquietos», Centinelas 
avanzados de la patria, y aoiigos del ordea por condi- 



.1 ,,Ca>0'^Ic 



ción, cai-aeler y ininisterio, siempre luviepoii á las Au- 
toridades al corrientfi de las tramas y manojos de re- 
voltosos y desleales. 

• Kn 1854 tin mestizo e^-paiiol, llamado Cuesta, 
.educado en Kspaña y hasta acariciado por la Reina 
»Isabel llego á PilipÍHas con el cargo de Comandante de 
" «Carabineros de Nueva Ecija. Pronto descubrió su in- 
. .gratitud, pues apenas tomó posesión de su destino, en 
» unión do otros separatistas de Manila concibió el pian 
.de una vastísima conspiración contra España solivian- 
.tando los pueblos de su demarcación y alzando en 

• armas las fuerzas de su mando al grito de -muera Es- 

.paña!. y «¡Viva Kilipinas libre'. ,... Kl objeto era lia- 

.mar la atención del (lobierno de la capital sobre las 
•provincias de Biiiacan, l'ampanga, Nueva EcijayPan- 
.gasinan, y aprovechando la^; pocas fuerzas que había 
>en Manila sublevar á ésta y producir un conflicto. ge- 
.neralen todo Luzón, (juc había de ser secundado por 
»lasVisayasy otras provincias del Archipiélago-. 

«Los Curas españoles-— Agustinos— de Hagonoy, 

• Malulos y S. Isidro dieron parte iiimudiatamentoá Ma- 
.nila, y caro les costó á dos de ellos; ques al volver 
»de la capitalftteron presos por las huestes de Cues- 
»ta y puestos en capilla para ser fusilados. Reunió 
•Cuesta á varios sargentos iudigenas para formar con- 
•sejo de guerra verbal y sentenciar á los patriotas Agus- 
•tinos, pero los indios se negaron á derramarla sangre 
•de aquellos sacerdotes, y facilitaron la fuga á los pri- 

• sioneros que se pusieron inmediatamente al frente 
> de sus pueblos. Arengaron á los partidarios del trai- 



C^.txtylc 



HiÚ TAS C0!íf011\C!0NES nFXimOSAB 

>dor Cuesta (jue arrojaron las armas y abatidüuaroii 
•al desgraciado irtsurrecto, quien, perseguido por los 
>leales sé refugió en Manila en e! Consulado inglés 
^creyéndose allí inmune de la justicia*. 

íEl Gobernador General lo reclamó, y entregado 
íCueslaporel Cónsul fué puesto en Capilla y ahorca^ 
•do en la Capital. (1) 

Los frailes descubrieron también la conspiración fra- 
guada por el Capitán filipino Novales en 1822, y por 
último, un Agustino, el respetable Párroco de Tóndo 
P. Fr. Mariano Gil descubrió en 189(t la última cons- 
piración; y sorprendió acompafiado del Sr. Comandante 
de la Veterana los papeles, listas y planes de los cons- 
piradores en la imprenta del «Diario de Manila». 

(1) -LoB Frailes fiJipinos- por un español, Madrid 18íJ8 
Imprenta de la Va, de M. Miuuesa, 



CAPÍTULO Vil. 



JProffretio general <fet pai4i i'eMdo á los Reliyionos.— 
Má» escritores Agustinos en el siglo tUea y ocho — 
Suevas intlustrias,— nálicutt y lecciones de agricul- 
tura é ittdiMtria alternubait tni. los temidos con la» 
inórales ¡f doclrinalcH -Canales ile fiego por los Ite- 
ligUisos.~Arqnitectiii-a.~-IU Convento áe S- Agustín 
en Manila 'y Vi; Anf:<mto Ilt^n-eva.- Ji.evtificaci6n 
(le ctUzaOotí u consti'ucción dé pnentes.~Las •Ca- 
tas' 6 baluartes ¡tor los Iíeligiosos,—Ai-t¡Uaffo y 
abastecimiento.- Los Alcaldes mayores ^-Abusón 
fíe estos en las Cotas — /íí F. Callaso.~E/ J" Jter- 
tnf^o 6 el P. CapUAn —Como se han fabricado las 
Iglesias en Filipinas —Trabas del GobU-.rno en la 
fundación de pueblos • Acusación iiiJuMa á/os Re- 
liSfinsos,- La educación religiosa superior á toda 
otra.—¿F<i>r(¡aé? Atraso relativo en ta agrlcnltnra. 
industria g comercio —¿A quiPn alrtbnirlo.' 

Ya hemos visLo en !us rapiLnlns jinlc'i'idi'Cd lus mu- 
chos puebliis fundados on ei primer siglo y medio de 
la conquista; de cada uno de eritos pueblos dependían 
varias visitas ó liarnos, algunos de los cuales hablan de 
ser pueblos también más nninorosos quizá que sus ma- 
trices. La etiltnra y la civilización habían progresado 
también admirablemente on aquel pais Fecundo en to- 
do, habían suavizado' las costumbres y el temperamen- 
to agreste del indio; y la propensión nativa de estos á 
la imitación de las costumbres y usos europeos les 
había creado necesidades de ellos antes desconoádas, 
'¿i 



Cooglc 



329 LAS conpoit ACIONES RELiniosAá 

para satisfacer las cuales oneonlraban recursos abun- 
dantes en la fecundidad asumbrosa de aquella tiei-ra 
que pródiga retribuía con eieiili) por uno el más pe- 
queño lrabajo;y en las nacientes industrias que se iban 
creando por iniciativa de los Religiosos, y por las ne- 
cesidades (]ue sentía en todos los órdenes de la vida 
aquella sociedad incipiente. La civilización toma el ca- 
rácter del pais en que se implanta, se apropia su natu- 
leza y se amolda alas costumbres y prácticas que no 
repugnan á la cultura general ni á los preceptos de la 
moral natural. En el siglo diez y ocho los indios de am- 
plio calzón, bombacho, camisa bordada y chitielas — za- 
patillas— escamadas de oro, no se parecían en nada á 
sus progenitores del bosque de lanza en la diestra, ta- 
libóng al costado, el arco y Hechas á la espalda, rodela 
en la siniestra y taparrabos poriudumentaria. Aquellas 
cómodas y amplias habitaciones de Tuaderas incorrup- 
tibles, amuebladas con mesas, consolas, sillas, sofás, 
aparadores y grandes espejos, tampoco tenían pareci- 
do alguno con las antiguas chozas de yerbas y bambú, 
escondidas en las selvas, ó encaramadas en las cu m- . 
bres de las colinas, como atalayas vigilantes. Eran otras 
las costumbres, otra la vida, y como consecuencia, otras 
y muy distintas más numerosas y más exigentes las 
necesidades. Los Párrocos Religiosos, únicos europeos 
que residían entonces en los pueblos y aun en las ca- 
pitales do provincia, excepción hecha del Alcalde mayor, 
juez al mismo tiempo, y administrador de hacienda, 
correos etc., observaban atentajnenle el desarrollo pro- 
gresivo de apuella raza vigorosa en las letras, agricultu- 



.y Google 



E?f FILIPINAS ;-123 

ra, industria y en todo lo coimerniente á la vida v 
Cultura de los pueblas civilizados. Vivían entre ios in- 
dios, hablaban su idioma, eran consultados para todo, 
dirimían las querellas, apaciguaban las discordias y en 
contacto continuo con el Indígena años y años, estaban 
en condiciones de apreciar los progresos hechos, las 
necesidades creadas, las niodificaciones en las costum- 
bres; y de conocer los medios de satisfacerlas en pro- 
vecho de todos. 

Los Religiososqne habían sacado del bosque aque- 
llos pueblos; que, conla mano en la esteva les habían 
dado lecciones prácticas de agricultura; qneles habían 
enseñado á leer y á escribii- en la expléndida hoja del 
banano, y ia construcción y manejo del telar; y les ha- 
bían hecho conocer y distinguirlas maderas incorrupti- 
bles para edificación, mueblaje y otros usos, prosiguie- 
ron c<ui moderación, pero con paso seguro laeducaciún 
moral y eienüriea de atpiel piíeblo, niño todavía. Los 
PP. Agustinos Hipólito Casiano, Tojnás ürtiz; Guiller- 
mo Sebastián, .luán NLinez Cepeda, Baltasar de Santa 
María, Francisco Fonlanilla, lilas Trbina, Casimiro 
Díaz, Jacinto Rivera, y otros muchísimos más, tanto de 
la Orden de Agustinos como do las otras Corporaciones 
monásticas continuaron con sus escritos el cultivo de 
las inteligencias, del corazón y del alma; y hasta de mú- 
sica escribió por entonces el P. Agustino Fr. Lorenzo 
Castillo. Otros Religiosos y aun los mismos escritores 
citados se encargaron de enseñar á los indios nuevas 
industrias, nuevos métodos de cultivo, nuevos aparatos 
de beneficiar la caña dulce. Mucho tuvieron que trft- 



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321 t\s coRponACTnríKfi hf.lioios\« 

bajar para vencer la ¡nelinadóii ingénita del indio á la 
holganza; mucha eonslaucia, mucha perseveraucia em- 
plearon para estimular ia indolenda aplanadora del 
clima intertropical; mucha padentiia para hacerles com- 
prender que la postura de los pies descalzos sobre el 
alféizar ó antepecho de las ventanas, si era cómodo 
para ellos, era indecente para eí hombro culto, y ver- 
gonzosa para el laborioso; pero insistiendo, repitiendo 
un día y otro y siempre en plazas, callos y casas y 
hasta en los templos los misinos consejos é instruccio- 
nes conseguían aquellos prudentes Religiosos sacar á 
los indios de aquel marasmo enervante, de aquel hea- 
tifcofar nienf-",. Debernos advertir que hasta el afio 
1897 los Religiosos eran no solamente Párrocos, sino 
que también maestros, médicos, abogados, consejeros, 
en una palabra, la providencia de sus feligreses; y que 
en las Iglesias alternaban las pláticas morales con las 
instrucciones sobre agricultura ó industria; la explica- 
ción de la doctrina cristiana con las reglas de higiene 
y policia de los pueblos; que en el piilpito han tenido 
que ocuparse en otros asuntos impropios del ministe- 
rio parroquial y del carácter de la sagrada cátedra. 
El que estas lineas escribe y sus contemporáneos Pá- 
rrocos de las Visayas tuvieron que recomendar desde el 
pulpito á sus feligreses el respeto y obediencia á la 
Guardia Civil; y lo hicieron eonstándoles por los jefes 
del veinte y dos. Tercio, antes tercero, que estaba 
organizado con lo peor y el desecho de todos 
los regimientos indig*^"^', pues aunque el Capitán Ge- 
peral dispuso que los Jefes del nuevo Tercio entresa- 



Kjít.j.vCoo'^le 



m Fir.irrMAfl 325 

raran de los Regimientos de Infantería el personal 
más apto y con mejores hojas de servicio, se opnsieron 
á la selección los Coroneles de dichos Regimientos, v 
por no chocar con estos recitiieron lo qne les quisieron 
dar que no era lo mejor, como pitcde suponerse. Nos- 
otros los Párrocos sabíamos esto por los mismos jefes; 
vimos á los pocos dias de establecidos los puestos en 
los pueblos, que la mayor parte de los Guardias debían 
servir, no en el prestigioso Cuerpo de la Guardia civil, 
sino en el disciplinario ó en presidio; y no obstante des- 
de el pulpito recomendainos y ensalzamos lo que nos 
repugnaba y causaba disgustos, porque así lo había or- 
denado el Capitán general ¡i los Provinciales de las 
Ordenes monásticas, á los Señores Obispos de las Dió- 
cesis y directamente á los Párrocos por conducto de 
los Gobernadores de provincia. 

El pulpito fué siempre en Filipinas no solamente 
cátedra de doctrina y de moral, sino que también lo 
fué de algunas artes, y desde 61 daban los Párrocos 
lecciones de agricultura, mecánica y administración- 
«En otros tiempos, dice el P. Zuñida, (!) se había pen- 
»sado en Manila en fomentar la seda y se mcontrá un 
^sermón viejo- impreso de un Agustino que referíalas 
• niedidas que se habían tomado para introducir en las 
>islas Filipinas un ramo que podía serles de mucho 
>luero, y el P. Predicador exhortaba á los vecinos á 
«que se dedicasen á nti cultivo que podía ser tan útil 



(IJ Estadismo cap, 1° p. 



L.t^O^ílL 



52(1 LAS CORPORACliONES RKr.lGrOSAfl 

»á la nación^. Yel Sr. Retama afiade: (1) "En aquella 
» tierra donde el Fraile hace las veces de tutor de los 
. ludios chicos y grandes de su feligresía es cosa muy 
»comun que en las Iglesias alternen con las pláticas re- 
«ligiosas verdaderas lecciones de agricultura, industria 
*y comercio' — . 

Pero tratándose de nuevos trabajos, de nuevas 
industrias, de nuevos métodos de cultivo y de benefi- 
cio, especialmente si estos exigían algún dispendio ó 
exceso de cuidado y de labor, casi nunca era suficiente 
la palabra, aunque esta saliera de los autorizados labios 
de los Religiosos y los feligreses la, oyeran en el sagra- 
do recinto del templo; para liacerles comprender las 
ventajas de la nueva industria, los beneficios del nue- 
vo método, ó las maniliestas utilidades en las produc- 
ciones, era necesario además dispertar las enei^ias 
viriles de aquella raza indolente, sacndir la pereza so- 
ñolienta de aquellos indios que, teniendo repleto el 
estómago con los variados yabundautcs recursos que 
exponían ea mente le regala aquella naturaleza pródi- 
ga, encuentra la mansión beatífica en el columpio de la 
ttamaca. Improbo trabajo cl de aquellos Religiosos que, 
para hacer felices á sus feligreses y prósperos los pue- 
blos tenían que luchar constantemente con tas ener- 
vantes ínlluencias del clima, con el temperamento apá- 
tico del indio, con su repugnancia innata á las 
novedades, con su avei-sión al trabajo y con su resis- 
tanciaal cultivo de aquellos productos que requerían 



{l¡ Ídem npéuiliee A. p. i. 



.yGOQglC 



ÜV FILIPIMAS 327 

para Fruclifiear larga fecha. El ejemplo e? más eficaz 
páralos niños que la palabra, y, ya lo hemos dicho, 
los indios son niflos-gi-andes. Para hacerles adoptar el 
arado Fué preciso, qne el Religioioemp'iílara la esteva; 
para qne se dedicasen al cultivo de! gusano de seda 
fué necesario que el Rector del Colegio do San José 
lea diera el ejemplo; y para({(ie sacaran mayores utili- 
dades de la caña dnlee, fné preciso <iiie vieran con sns 
ojos y tocaran con sus manos, las ventajas del método 
de beneficiar el azi'icar en amplios y bien acojidiciona- 
dos trapiches 6 ingenios al uso de Nueva-EspaQa, de 
donde la importaron los PP. Agustinos, implantándole 
en la hacienda de Pasay, en la (|ae constrayeron espa- 
ciosos camarines de piedra, limpios y ventilados para 
depósito del dulce. Cuando los indios vieron la canti- 
dad de grano cristalizado, el subido precio que en el 
mercado alcanzaba y las sumas respetables (¡iie rendía 
á colonos y propietarios, se deeidierou A la imitación, 
mejorando la ¡ireparación del terreno, el cuidado de 
los brotes, la limpieza de las plantaciones, los í/'íipícAes, 
camarines, depósitos, Cfimbustible y de todo lo que vie- 
ron, que había dado tan exccletiles resultados á los 
Agustinos y á sus colonos. 

Con frecuencia la esca,sez de lluvias imposibilita la 
plantación del arroz, ó pierde totalmente la cosecha. 
Los Religiosos procuraron en un principio la aclimata- 
ción en las islas del maiz como alimento supletorio del 
arroz y de recolección breve, cuarenta días a lo sumo, 
Pero no' fué suficiente este artículo ni con los tubércu- 
los auxilares fjahij, ubi, camote y otros para satisfacer ei 



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LAS CClRrORACtONKS RFLIGIOSAS 



hambre déla ya numerosisima población, enando la 
cosecha del arroz se perdía totalmente. Esta calamidad 
del hambre no solamente causaba padecí niientos á los 
indios y alligía á los PArrocos por imposibilidad de 
remediarla, sino que hostigados los indígenas, por las 
exigencias del estómago comípii raices, hojas y gramí- 
neas, aigiiiiaa de las cuales como el caijns son un tósigo 
mortal si no se tiene el cuidado de ponerios eninfastón' 
veinte y cuatro horas, y de lavarlos repetidas voces en 
agua corriente, pero el indio, ó por desidia ó porque lo 
urgen las apremiantes necesidades de! hambre no toma 
las precauciones debidas, los come, so envenena y mue- 
re. Estando nosotros interinando la Docírina de Poto- 
tan la longosta devoró todas las plantaciones; una 
pertinaz sequía agostó los campos y ei hambre se hizo 
sentir en la provincia de lloilo; ía mortandad en el 
pueblo filé espantosa; de dos ó tres defunciones diarias 
subieron á treinta y seis; los indios se envenenaban con 
las raices gramíneas y tubérculos que comían sin la 
preparación conveniente y íl los cuales no estaban sus 
estómagos aeostn mbrados. Para ocurrir & estas necesida- 
des trabajaron desde antigsio los lieügiosos en hacer 
■ coLuprender á sus feligreses la conveniencia de canali- 
zarlos nos ó hacer presas en ellos para subir las aguas 
con que regar los arrozales. En todas las islas abundan 
los ríos, y en muchas son facilísimos de canalizar, ó de 
atajar la corriente con presas de piedra que abunda en 
los cauces, particularmente en los pueblos no muy dis- 
tantes del manantial de origen; pues bien; esta es la 
fecha en que no lo hemos podido conscgiiii" ni con el pros- 



j.;Cooj^le 



tigío, ni con las amenazas, ni hacióndoles ver y tocar 
las ventajas que reportarían. E? mucha ciertamente 
af[uella pasividad desesperante del indio; nunca con- 
testa quenó ásn Párroco Religioso, pero para hacerle 
comprender sus interese3,hay que revestirse de la pa- 
ciencia de un Santo, y á la postre hacerlo por si mismo 
para qne ellos to beneRcien. Los Religiosos utilizando 
■ los polos ó el servicio personal y manteiiiendn cierto 
nújnero de polistas hasta terminar la obra han sido los 
que tomándose verdadero interés por sus feligreses dis- 
ponían la costnicción de presas provisionales para de- 
tener la corriente de los rios, hacer subir las aguas 
sobre el nivel del terreno para el riego de los arrozales 
en los campos de ambas mái^enes, cuando escasean 
las lluvias y en la época de las secas. Párroco hababi- 
do como el de S. Joaquín I'. Fr, Mariano Vainba, que 
elevadas las aguas del río cu la forma dicha, las ha 
canalizado y conducido alelarlo de las callos del 
pueblo para ser benelieiadas en las huertas de las 
casas sin casi molestia ni trabajo de los indios. PJstos 
ven el resultado; les jilace y do él se aprovechan, pero 
viene la época de lluvias y las avenidas destruyen y 
arrastran las presas provisionales; vuelven las secas en 
sn período, los campos se agotan, las plantas mueren 
de sed; movidos por lo (¡ne han visto y e.\periineutado 
¿reconstruirán las presas tan útiles y beneficiosas? 
Quizá sea esto Iti único (pie los Párrocos Religiosos no 
han podido recabar del indio, ni con la benignidad, 
ni con la fuerza, Kiitra mucho en esto el adagio caste- 
llano — unos ¡m- otros clc.^Y el que tiene la ]>ropiedad 



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S3Í) LAS C(iRpnn,\r.ioNKs REUGinsA? 

rio ahajo espera aprovecharse del trabajo del que la 
tiene rio arriba, este quiere qiíe le ayuden los de ab^o, 
y soianieiite cuando el Religioso les pone de acuerdo 
hacen en serio alguna eosa. Si se tratara de obra de Ro- 
manos tendría explicación la desidia del indio en esta 
materia; pero veinte hombres pueden terminar en tres 
días una presa proviaional en muchos rios de provin- . 
cias, la cual les produciría millones de pesos fuertes. 
Y aun en aquellos ríos caudalosos de ancho y pro- 
fundo cauce podían abrir canales, encauzar las aguas 
y asegurar todos los años la cosecha de arroz, articulo 
de primera necesidad para el indio; y haeer producir 
al terreno otros muchos frutos de no escaso consumo 
y de pingües utilidades, si los pueblos comprendiendo 
sus intereses emplearan el servicio personal én obras 
de utilidad tan notoria. Cierlamente que estos canales 
de riego eostarian bastante, pero no es menos cierto 
qne, 3i obras de esta magnitud é importancia no están 
al alcance de todas las fortunas de particulares; son 
muy factibles y relativamente económicas á, los munici- 
pios, que disponen de dos mil, tres mil, y algunos hasta 
de cuatro mil polistas, y sin embargo en 1897 podíamos 
repetir las palabras cojisignadas por el P. Ztiñiga en el 
año 1804 (1). «Las presas que hay las han hecho los 
•españoles ó los Religiosos, las demás tierras — de Ca- 
»buyao - están sin el beneficio del riego eriazas y aban- 
•donadas en todas partes donde se halla abundancia 
*de tierra de regadío, y bien cultivadas donde los in- 



(1) Estftdismo cap 11, p 52. 



d.,Cc)o^le 



EV FtUPÍSAa 



331 



>dio9 no tienen otra en que sembrar, pues la necesi- 
(dad no repara en que se pueda perder la cosecha 
scomo sucede en todo el mundo». 

En este siglo diez y oeho comenzó á alborear en el 
pais la arquilecttira, tosca, primitiva y rudimentaria en 
los comienzos por la carencia absoluta de todos sus 
elementos constitutivos, teóricos y prácticos como arte 
desconocido hasta de los mismos tagalos, que por su 
trato y comercio con Chinos, Japoneses y Portugueses 
pudieron haber adquirido ideas y nociones del arte de 
construir, pero tanto éstos cotuo a<iuéllos no se ocupa- 
'ban en otra cos-a, que en el tráfico y el lucro en las 
transaciones, hasta que los Religiosos, que paso á paso 
seguían el desenvolvimiento de la cultura de los pue- 
blos, creyeron llegado el momento oportuno de instruir 
á los indios en arte lau útil y necesario para ta urba- 
nización, y para defensa del pais y las personas contra 
las invasiones piráticas de los Joloanos. Kn la arquitec- 
tura como en la agricultura tuvieron que comen- 
zar por el principio, es decir, por dar nombre á los que 
labraban la piedra, balian la cal, daban paletada, et- 
cétera, así como también á los varios instrumentos de 
que se servían para hacer todo lo dicho, pues descono- 
cido el arte de los indígenas cai'eeiaii los diversos dia- 
lectos del tecnicismo propio ó ignorábanlos nombres más 
vulgares en Enropa. Por eso hasta hoy los peones alba- 
ñiles, picapedreros, asentadores, etc., conservan el nom- 
bre castellano genérico de naitei-of dado por los Religio- 
sos á los obreros en construcciones de iiiamposlería, 
y los de pico, i>aleUi, cincel, etc., los diversos Instrumen- 



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332 LAS coRpnnAaoífcp RFt.rr.rnsAS 

tos y herramientas usados en la arquilecüira, todos ellos 
nombres castellanos aplicados por los Religiosos y 
aprendidos por los indios que hasta la fecha los usan y 
conservaí) con el misino significado primitivo. También 
hubo que enseñarles á construir los hornos de hacer cil 
y hacerles conocer las piedras calcáreas: La palabia 
horno, que como todas las palabras que comienzan con 
h, ellos pronuncian pyno la usan también hoy todivia, 
así como usan otras muchas técnicas y vulgares relati- 
vas á la agricultura y á otras artes de ellos desconoci- 
das hasta que los Iteligiosos se las enseñaron. 

El primer edificio de jnateriales fuertes eonstruido.en 
las islas fiií! el actual convento de l'P. Agustinos en Ma- 
nila; antes habían sido construidas las murallas de la 
ciudad. El hermano Lego Fr. Antonio Herrera, delineó 
el plano del Convento y dirigió las obras desde su prin- 
cipio en l.')99 hasta su terminación en 1 OOl'. Dicho Con- 
vento es el edificio más antiguo do |)iedra silleria y por 
su solidez ha resistido las convulsiones de la tierra en 
los tepremotbs, que en varias épocas han convertido en 
escombros la ciudad de Manila. Las bóbeda? de la Igle- 
sia, sacristía y las de los efanstros bajos son de piedra 
labrada. El exterior de la Iglesia y Convento representa 
una antigüedad respetable; los muros parduscos y los 
enormes estribos de color verdinegro le dan aspecto de 
fortaleza medioeval. Cuando en 10(12 fué bombardea- 
da la ciudad por los ingleses, las familias de los españo- 
les se refugiaron debajo de aquellas bóbedas sagradas, ■ 
que habían resistido incolumnes las inclemencias del 
tiempo y los espasmos de la naturaleza. También vol- 



j.,,Co(>¿;ic 



^''1- íiN FILIPINAS 333 

vieron á servir de refugio á las familias españolas cuan- 
do fué amenazada- la ciudad con el bombardeo en la 
última guerra hispaiio-iiorLeamerieana. Nada se sabe 
de los antecedentes del cé!ehi-e Lego Vi: Anionio Ile- 
;4^ rrcra, autor y director de esta maravillosa fábrica, el 
■^'^'Cual supo y acertó á ¡(revenir los efectoy destructores 
P^i^e los terremotos eii tiempos en que eran desconoci- 
-'"-doseii sus causas por los sabios y en un país en 
donde la experiencia no podía ilustrar al arquitecto 
sóbrelas condiciones de construcción, que habían de 
garantir la solidez de la obra contra las contingencias 
de los fenóinenos seisuiicos. La leyenda nos le presen- 
ta como sobrino de aquel Herrera célebre, director da 
las oliras del Kseoríul, y fugado á Filipinas para eva- 
dir los rigores de la ley sobre el duelo, en el que dio 
muerte á su adversario, l'omó en las islas el liábilo re- 
ligioso de la Oi'iien de Aguslinos, dirigiólas obras del 
actual Convento ó Iglesia en Manila; la Iglesia de Gua- 
dalupe, de Ijóbeda de piedra tarniíien; el Convento é 
Iglesia de Liibao, y el Convento de Macao. Volando la 
imaginación por los aéreos espacios de la novela, esta 
le atribuye un fui trájico. Dice que al caer de un 
andamio se lo enredó el escapulario blanco, y oprimida 
la garganta por el cuello del escapulario murió es- 
trangulado el benemérito Lego Herrera: no dice dónde 
ni cuándo. Lo positivo es que Fr. Antonio Herrera, 
insigne ingeniero, inteligente arquitecto, y excelente 
maestro de obras dirigió y construyó las fábricas ex- 
presadas. 

De este Convento de PP. Agustinos en Manila dice 



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^iiii LAS GORrORfl.niO?ÍES RELIGIOSAS 

el P. Ziiñiga (1): «Los Religiosos que viven en este 
»Convento son los empleados en ios oficios; dos ó tres 
«iriás para cantar las misas, algunos viejos y aehaco- 
»sos que se han retirado de la adininístrauión de las 
•almas, los locos y los legoS". V el Sr. Retana añade (2): ,^ 
«Hoy los casos de locura en los Religiosos son muehosí'^j^ 
>-ineno3 que antes. Se comprende períectamente que^^K 
>algunos perdiesen la razón, y lu que parece raro es^*.^ 
>que uo enloquecieran en mayor número. ¡Qué vida 
»la de aquellos pobres Misioneros!... No ya la nostalgia 
»que es bastante martirio, sino el aislamiento en que 
suecesariamente viven más espantoso aun en las pri' 
»meras decadas de nuestra dominación. Hay todavía 
>rainistros que se pasan meses y meses sin ver un solo 

• compatriota, sin liablar en castellano; sin poder cam- 
•biar ideas con nadie absolutamente. La vida de los 

• Religiosos en comunidad, por austera que sea, ofrece 
•la ventaja de que en ciertas horas es posible espar- 
■ cir el áninio departiendo unos con otros sobre mu - 
»chas cosas, de las cuales con los indios no es posible 

• tratar por su ignorancia, por su escasa capacidad, 

• porque en último término, no comprenden otro len- 
•guaje que el sencillo, el elemental, el rudimentario 

• que han mamado, La antigua crediiUdad exagerada 

• en muchos, les solía llevará ver visiones, á experi- 
» mentar fcnóinenos, hoy no tan comunes: en las Cró- 
•nicas pueden verse cuantos frailes vivían atornienta- 



(1) Estadismo. cap. SI, p. Íi25. 
1^2) Eetadts. apéndioe &., p. 2^. 



^vGoógle 



• dos por duendes, horribles pesadillas que á la larga 

sdesiquilibraban las facultades inentalca (1). Los que 

»se imaginan á los misioneros en Filipinas sin cono- ■ 

»cerles dándosn la <jran vida, ¡qué lejos se hallan de la 

% «exactitud! Si doloroso es vivir á miles de leguas deí 

"^Wdio ambiente nativo, mayor lo es aquella abruiiia- 

^^jlni 'I soledad que tanta melancolía infunde en el áni- 

^^rno de muelios». 

■' ■ En efecto: los PP. Agustinos, que en la primera mitad 
del siglo diez nueve tenían recogidos en su Convento 
de Manila cuatro o cinco Religiosos con las faCHltades 
mentales perturbadas, no volvieron á tener ninguno eu 
los últimos veinte años. La soledad, el aislamiento, los 
escrúpulos, la dificultad y muy frecuenteinente la im- 
posibilidad de comunicarse con amigos y compañeros 
en cuyo seno depositar las dudas morales, los dolores 
del alma, y encontrar luces y consuelos, ánimo y fuer- 
zas para dirigir el rumbo de la vida y sostener lachas 
descomunales con las confusiones del alma, con las 
tributaciones del espíritu y con los obstáculos de todo 
género que se oponían a! curaplinücnto de sagrados 
deberes perturbaban la razón de muchos, que no po- 
díanresistir á tantas contrariedades. Después ha ido 
disminuyendo el número de estos desgraciados á me- 
dida que las distancias se acortaban y las eomunica- 
eiones eran más fáciles. Muchos barrios ó visitas que 
en los comienzos de la evangeUzación y de las misio- 



(1) Ono de estos íuó el P. Femando Navarrete, célebre 
Autoi (le Tratados Mslóricos de ChinK. 



stedbyCoOglC 



,ÍV- 



3¡l(í I.AS r.0R!'ORM;[(.)PfESHliI.miníí\3 



lies tírati reducciones i n significantes, Tiierün convir- 
tiéndose en pueblos independientes de la matriz, de 
más ó nieiiob iinportancia según la posición topográfica 
que ocupaban y la clase de terreno ([uo comprendía su „ 
jurisdicción. Kl aumento do población hizo necesarias^' 
la tala incesante del bosijue para ensanchar los campoÉJ' , 
de cultivo, y las víaíí do coiniinicacióit para la co^Ík 
ducción y exportación de los IVulos. Con cale iiio^j^^^ 
vo creció también el núniero de Misioneros, y aíjuellas "' 
antiguas calzadas trazadíts sin orientación fija, cons- 
truidas sin base (innc, con puentes hechos de troncos 
de la paUna coco tendidos sin trabazón alguna de una 
orilla á otra del ari-oyu, y con tegidu do caña baiabü 
por piso, fueron rectificadas en su trazado, rebajadas 
las colinas, allanadüs cuestas y repechos y terraplena- 
das las hondonadas; la grava sustituyó á la tierra, la 
madera incorruptible, molave, dungun y hayuco al cs- 
toposo tronco del coco, y la tabla y soleras de ipil, 
ffui^oc, etc., á la caña bambú. Los Religiosos misione- 
ros pudieron comunicai'stí con más frecuencia, pres- 
tarse mutua ayuda, consolarse y esparcir el ániíno 
departiendo unos con otros en las visitas que de vez 
en cuando se hacían. 

Estas facilidades pai'a la conducción de los frutos 
á los pueblos y á. los puertos de exportación que die- 
ron poderoso impulso á la agricultura y á la industria, 
debiéronse á los Religiosos, únicos europeos con resi- 
dencia en el interior de las provincias, eaai hasta el 
siglo diea y nuevo, y los más interesados en la prospe- 
fidad del pais y en el progreso de Iga pueblos, no sola- 



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EN FlLiriNAS ;1;í7 

mente pop deber de SU doble niÍHirm evangóüca y pa- 
. tri ótica, sino que también pop comodidad y propia 
eoiiveniencia. Podeirios asegurar con la historia en la 
mano, que, asi como todo lo que en agriciiUuia 6 indus- 
'^^tria, artes y ciencias había en Filipinas en el priinep 

telo de lacon((ii¡sta, era obra exclusiva de los Reli- 
i, asi tapnbleii debido fué á ellos exclusivamente 

liiprogrcsp y adeíaiiLo del país en el siguiente siglo. No: 
no fiieron espaiioles ni extranjeros low que euseñaron 
á los indios el uso dei ai-ado y el Tiianejo del telar; tío 
fueron españoles ni extranjeros los que le diei-on ó. cor 
nooer la jiplieación de los íilainentos de los textiles en 
los tejidos; el maiz y ol cacao, y les enseñaron á bene- 
ficiar la caña dulce, las propiedades tónicas del café, 
las tintóreas de! añil, las iiualidades de las variadísimas 
especias arbóreas, la construcción de casas, la fabrica- 
ción de muebles, los aperos de la agricultura, los apa- 
ratos de muchas industrias, las herraiuiontas de arqui- 
tectura y lasleLnts y las Ciencias. No fueron los españoles 
ni los extranjeros los iino trazaron todas las calzadas 
que hasta el siglo diez y nueve ponían en comuiiica- 
cióH unas provincias con otras y todos los pueblos 
entre sí, no habiendo uno solo sin la suya correspon- 
diente, arnpha, espaciosa, y bien conservada en todas 
las épocas del año f<¡n dispendio alguno del tesoro, has- 
ta el año IBSO, ¡pie nu decreto, en mal hora dado, 
arrebató h los Religiosos la dirección, intervención y 
tutela paternal eu las obras públicas, couuniates y pro- 
vinciales, el cual decreto dio por resultado el abandono 
de calzadas, puentes y edificios públicos, hechos por los 

2ií 



d.,Cooglc 



Religiosos, y de los euales sé les arrojabii ignominiosa- ■ 
mente sin motivo alguno y |)ur fines bastardos, prefirien- 
do el Gobierno (jtie las calzadas se convirtieran en 
pantanos, los luientes so arruinasen y los edilioios pú- 
blicos, casas municipales y Escuelas para ambos sexos" 
se vinieran abajo por incuria constitncional del mumei:^ 
pió indígena, y porabamlonq pimible de las autoridad" 
des provinciales y locales. Este modo de obrar del Go* 
bierno de las islas cun los iíeligiosos no era luievo en 
1881) como veremos en el párrafo siguiente. 

Aunque, como hemos dicho antes, se construyeron 
á fines del siglo diez y seis las iinirallas de la ciudad 
de Manila, la Iglesia y Convento de S, Agnstin después, 
y el do Luliao y (inadalupe, todos de piedra sillería, y 
hubo necesidad de eiisoiiar á los indios á hacer cal, 
picar la piedra, mezclar la lechada, asentar los sillares 
y todo lo que constituye nn buen albañil, peón y maes- 
tro de obras, la arciuitectnra no progresó entonces, ni 
en la misma provincia de Manila, pon¡ue los naturales 
y los europeos preferían las casas de madera más eco- 
nómicas y de más fácil construcción. Todavía en el siglo 
diez y siete son rarísimas las construcciones con materia- 
les fuertes en la capital de las islas y en algu ñas provincias, 
y completamente nulas en ¡ás recitantes. Pero en el si- 
glo diez y ocho comenzaron los Párrocos á dar impulso 
á este arte que se quedaba á la zaga de los demás. La 
necesidad, que es el mejor eslhnulo pora activarlas 
energías y medio poderoso deslizar el ingenio para 
arbitrar recursos, fué también entonces uno de los mó- 
viles que forzaron á los Párrocos á enseñar á los indios 



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ios nidiiitcntos de conslriiceit^n en marnposlería. Sí 
trabajos, desvelos, ijaciencia y disgustos costó á los Re- 
ligiosos ol)ligarálos indios átalarel bosque, roturarlos 
campos, canalizar los rios, beneliciai' las industrias, 
moralizar las costumbres y desbrozarlas inteligencias, 
aauchos más, iiifiorirparabléinente más les costó hacer al 
ioXo dedicarse al aprendizaje de la arquitectura. No 
es de extrañar esto si consideramos que todo lo dicho 
era uülizable para el indio en general, pero, ¿para qué 
jiecesitabari ellos la arquitectura si por comodidad, por 
ocoiioinía, por eonvenioncia preferían las habitaciones 
de materiales ligeros? Rl interés, móvil principal délas 
acciones humanas en el órdon natural, no existía en 
este caso; la necesidad imperiosa aguijón del perezoso, 
tampoco; la conveniencia y la utilidad en na pais agi- 
tado frec lie ule mente por los terremotos, mucho menos. 
En vano los Religiosos patentizaban y ponderaban las 
ventajas de solidez y duración de la piedra sobre la ma- 
dera en los puentes, alcantarillas, easas ayuntamien- 
tos, Escuelas, templos y demás edificios públicos y pri- 
vados; las exhortaciones so estrellaban contra la 
resistencia pasiva del indio, qne no entraba por estas 
novedades. En aquellas apuradas circunstancias un 
elemento extraño vino en auxilio de los Religiosos con 
harto sentimiento sttyo y graves daños en las cosas y 
personas de sus feligreses. Los moros de Joló y Minda- 
nao, montando ligeros pancos (1) cayeron de improviso 

(1) Embarcación es de quince á vehite toneladas á veU ú 
reoio. 



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^'U.\ Las rioiíPnnAanNEs religiosas 

solífC las costas, ¡nvadioron ios pueblos playeros, cauti- 
varon miles de jiorsoiias y robaron cuanto pudieron 
cargar en sus eiiitiareaciones que en alas de ¡atinas 
velas é ■irnpulsada.-í vigorosa mente por centenares de , 
reinoií volvieron abarrotadas do botin al abrigo de loa 
mangles surcados de profundos laheríulicos esteros. Pt*- 
riOdicamente repetían los moros las iiieursiunes piráfe ■ 
cas, > llegaron hasta la audacia de establecer depósito 
permanentes de cautivos y efectos robadoá en la isla 
de Mindoro á las mismas puertas de Manila, desde don- 
de los conducían á .loló, mercado general de carne hu- 
mana, y centro de la piratería que aso!ai>a las costas 
Filipinas y los pueblos cristianos. Los Párrocos, vícti- 
mas algunos de lamlamidadquo alligia á sus feligre- 
ses, rescatados por sns hermanos y Superiores (1), cla- 
maban auxilio al tloliierno; este uiandaha chalupas 
armadas, tropas y otras eiTibareaciones qne raras ve- 
ces podían dar alcance á los moros, los cuales eludían 
la persecución haciendo penetrar sns pancos de poco 
calado por entre los esteros, y canales de las islas en 
donde se ocultaban y hasta donde no podían seguirles 
nuestros barcos sin peligro de varar por su mucho ca- 
lado. Viendo los Religiosos la ineficacia de los auxilios 
prestados por el (jlobicrno para defender los pueblos y 
ásus habitantes, pensaron arbitrar otros con sus pro- 
pios recursos y los de sus feligreses, (jue por miedo á 
ser cautivados por los moros, se hallaban en las mejo- 

(1) Por wn HeHgioHo cantivo pedítin lo<t nioroa mil pe- 
sos; por an principal indio ÍJOO, Padre Zúñiga cnpltulo VI 



:l.,C00glC 



EN FILIPINAS 3'il 

res disposiciones para secundar con decisión la iniciati- 
va de loa Párrocos nn los proyectos de la defensa 
común, consistentes en la constrnceión de Fuertes ó 
Castillos, vulgo Cotias de niampostería, bien artillados 
y abastecidos, en todos hs pueblos situados en las 
playas. 'El Rey no se \nG7.c\6 en nada en estas cons- 
íítucciones: los Pái-roeos con nna licencia general que 

• dieron los Gobernadores para su establecimiento, bus- 
»cando los medios de Tabncarlas, persnadieroa á los 
tnaturales á (foe dieran la cal y la piedra que era ne- 

■ jcesaria y los peones qne habían de ayudar á los cañ- 
ileros, y pa^aiido ellos á estos oficiales se fneron aca- 
»bando poco á poco estos castillos-. 

tCnando el Alcalde mayor virt acabadas estas cotias 
>6 fortalezas y bien armadas y bien artilladas de ca- 
«ñones qne loSjPárrocos habían comprado con laslimos- 
»nas de sus feligreses y lo qno ahorraban ellos de sns 

• estipendios, entraron en deseos de comandarlas y 
ísustitnir su gobierno tirano con el paternal que ha- 
>bíaninstilnido los Padrtis ii los principios^ (1). Esto 
decía el P. Zuñiga refiricndose A la provincia de 13a- 
tangas en donde por su pro.xiinidiid á Manila ya sabían 
hacerla cal, labrar la piedra, asentarla y otras opera- 
ciones de constrnccióit. 

Los buenos resultados que dieron en Batangas, 
Manila y Cavile estas Cottm ó castillejos animaron á 
los Párrocos qne administraban los pueblos de las islas 
del Sur, y los cuales oran los más frecuentados y cas- 



(1) Zliñiga. Kstftd cap. V p, 109. 



L'.oo^Ic 



342 LAS CORPORACIOireR nELir-lOSAS 

tigados por los piratas, partieiilarruente en las Visayas, 
á construí I-Ios también, y no solamente dentro del pue- 
blo en los cuatro ángulos, de !a Iglesia como habían 
hecho en Cavite y liatatigas, sino ó to largo déla costa 
para impedir el desembarco y dar la voz de alarma. 
Todavía en _1897 se conservaban muchos de ellos y no 
pocos de sus cañones que por desidia habían dejado 
dé recoger las autoridades españolas, ios cuales, aun- 
que antiguos y de poco alcance, fucr-m utilizados por 
los insurrectos contra nuestras tropas. Si en Manila y 
provincias próximas había sido relativamente fácil la 
construcción de las eottas, porque el arte de edificar en 
cantería no era desconocido de los tagalos desde que, 
fueron edificadas las murallas é iglesias de S. Agustiu, 
Guadalupe y Lubao, ínf¡ dificilísimo y trabajoso en Vi- 
sayas en donde no conocía» los indios este género de 
construcción. Tuvieron los Religiosos <[ue hacer lo que en 
Luzón,esto es dar á conocer á los indios la piedra caliza, 
dirigir la construcción de hornos para la cal, importar 
de China inslriJJiientoH y herramientas, enseñarles su 
uso respectivo; aparte la resistencia inveterada de los 
indios al trabajo, á la novedad, al aiirendizaje de un 
arte que no habían de usar para sus viviendas. Todos 
los obstáculos fueron vencidos con paciencia, dulzura, 
consejos y hasta con paternales correctivos muy efica- 
ces por cierto en aquellos niños-grandes, holgazanes, 
caprichosos, tercos y egoístas que desoían la voz de su 
Párroco, do sus ancianos, desús principales, atribuyen- 
do al móvil nicz(H]ino de ios interesen dé los últimos lo 
que se deseaba hacer en interés, del proconiún, por la 



j,,Cooj^le 



P?J PILIP1SA9 343 

libertad y la vida de todos los vecinos. La fuerza que 
á la constancia en insistir daba el peligro comi5n, ven- 
ció las resistondas del indígena; los relatos horripilan- 
tes que de sus padecimientos hadan los (cautivos, que 
habían podido recobrar lalibertad por rescate ó eon la 
fuga, conmovieron los corazones femeninos, y las mu- 
jeres fueron un auxiliar poderoso de los Párrocos; no 
se desdeñaron estos de imilar el ejemplo de sos prede- 
cesores, ([«e empuñaron la esteva, hicieron girar el 
torno del telar y enseñaron á los niños á deletrear y 
hacer palotes, también ellos empuñaron el pico para 
enseñar a sus feligreses á.labrar la piedra, manejaron 
la pala, la iialeta, el sdrón, especie de azada sin punta 
y otras herramientas; y tnvioron el consuelo y la sa- 
tisfacción de ver sns pueblos regularmente defendidos, 
y en seguridad la vida, libertad y hacienda de sus fe- 
ligreses; ysi nopiidioronevilarcpicen losbarriosrt visitas 
playeras, hicieran desembarcos los piratas, itnpidioron 
que hicieran sus presas en los pueblos, y evitaron las 
sorpresas eolocandi) atalayas y vísrias en los baluartes 
y en las lumias salienlesde la cnsiii. Kn |ioeo tiempo 
fueron circuidas de fuertes ó balnarles las islas de 
Panay y de Cebú. El P. Callazo levantó algunos en el 
estrecho de S. Juanico entre Samar y Leyte, los artilló, 
los puso guariiieión indígena, los municionó y abaste- 
ció abundar) te mente y cerró el paso á los nwros -en 
■gran beneficio de todos los pueblos de la otra banda 
rdel estrecho ,1 donde no puedenir ahora estos pira- 
»tas sino saliendo alamar ancha por el Oriente de 



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344 LA3 CORPORACtOtíES RELlQIOaAS 

•Levte y Mindanao lo c¡iie regularmente no se atreven 
Ȓi ejecutar- (1). 

Innecesario nos parece advertir, qne casi todos los 
dichos castillejos estaban construidos con cal y canto 
y de sillares toseaiuente labi'ados por aprendices sin 
afición, á qnienes no era bastante á eslimnlar el jornal 
remunerativo; pero aqnellos ensayos fueron la base y 
fundamento del arte ariiiiitectónicoque tanto esplen- 
dor llegó á alcanzar en los templos visayas en el últi- 
mo tercio del siglo pasado; y la técnica de l'oi'tiíicación, ■ 
el ornato y pulimenlo que faltaban á las informes mo- 
les llamadas coUas, los suplían con ventiija la soliden, 
consistencia y cohesión de la mezcla tan perfecta, que 
Hemos oido decir á los viejos indios, que los antiguos 
hacían la lechada cotí melaza de caña dulce. Hay que , 
tener presente para no reírse al ver la facha de los 
antiguos castillejos que ni los Religiosos, que los idea- 
ron y dirigieron las obras oran Fauham ni los indios 
maestros de obras con titulo profesional, y ni siquiera 
medianos peones de albaíliles. 

Para que los lectores puedan formar juicio de la 
cohesión de la iTiezcla en las antiguas construcciones 
de cal y canto, diremos, que eí^tando nosotros apren- 
diendo idioma en el pueblo de Cabatuan, provincia 
de Iloilo, dispuso el Párroco P. Pr. Juan Forres, que los 
polistas hicieran desaparecer un torreón de maniposte- 
ría, que había quedado en la plaza como feo monigote. 



(I) F. Zituiga. cap. XIX RS. II |i, m del a.» Tomo 



j.^Cot^-^le 



EN Fir,IPl!ÍAS 345 

por haber relirado hacia atrás la nueva Iglesia y Can- 
vento para dar mayor amplitud á la plaza. Le dieron 
un barreno que hizo explosión y por el estampido de- 
bió ser regular, pero solamente arrancó del torreón un 
canlo pelado, y para hacer desaparecer el monigote 
hubieron de ir descarnando las piedras «na por una, 
porque era tan fuerte la cohesión de la mezcla, (pie 
con más facilidad quebrantaba el pico las piedras que 
penetraba en la lechada. 

No solamente construyeron los Religiosos baluartes 
ó cottas en los pueblos y en las playas, y los artillaron , 
y dirigieron frecuentemente la resistencia contra los 
moros como el P. Callazo, sino que algunos como el 
P. Bermejo, Pám)eo de líolhoon en Cebú, además de 
los baluartes y telógraCos de señales, armaron ilotillas 
con falconetes y armas blancas, que los indios mane- 
jan con destreza, salían al encuentro ó en busca de los 
piratas moros y les batieron y escarmentaron en reñi- 
dos encuentros. Dicho P. Hermejo. llamado ¡mr los in- 
dios y conocido on la historia filipina por el Padre 
CaiiiUm, derrotó á los moros (jue asolaban las costas 
de Cebó, echó á pique sus paneos, rescató centenares 
de cautivos, y fué tanto el terror ((ue infundió íi los 
piratas, como grande la confianza en el triunfo inspi- 
rada á sus feligreses, que llegaron ¡I considerar los 
preparalivos para una próxiuta campana, como si fue- 
ran hechos pura un;t alegro nuneilá. Aterrorizados los 
moros por tantas derrotas se negaban ú obedecer íi 
sus ííaíos cuando los enviaban á las cosías de Cebii; 
para animarles y aniquilará aquel formidable enemigo, 



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346 LXs íonpORArloííF:!' RELifirnsAfl 

que atajaba su paso por el Taflón, extreeho que se- 
. para la isla de Cebtí de la de Negros, ar-maron siete 
pancos bien tiipiilados y abaíítecidos, y oon los mismos 
datos á la cabeza dirigieríni el nimbo dipeetamente al 
estrecho del Tañó» en basca de la ílolilla dol P. Tler- 
mejo; la armada mora halló ¡i la Holilla cristiana en la 
isla de Sumilón, pelearon ambas bravamente y con 
tanta fortiuia los nuestros que alas tres horas de rudo 
combate al arma blanca, había apresado el P. Ber- 
mejo con sus indios tres pancos, echado á pique uno 
y puesto en fuga los tres restantes, mal parados y es- 
tropeados y con numerosas bajas de muertos y herí- 
ridos. «Dos sublevaciones (¡iie hubo, la una en Sibonga 
»y la otra en Tinan las apaciguó el P. Bermejo con 
ísola su presencia y prestigio. Apreciando el Capitán 
"general estos y otros importantes servicios dio las 
•gracias de olieio a! Provincial manifestándole el apre- 
. cío, que en su estimación merecía el P. Bermejo por ' 
»los beneficios de que eran deudores la Religión y el 
.Estado á este Religioso, lídiíicó la Iglesia y Convento 
.de Bolhoon yla de Üslob,lodo de inateriales fuertes, 
.y en cada una de ¡as tres visitus restantes hizo Con- 
•vento é Iglesia de tabique y ñipa. (1). 

Dice Solórzano (2)— .(¡ue cuanto se ordena en be- 
.nefieio de los indios se les convierte en veneijo;»— v 
en esto de los baluartes edificados por los Religiosos 
con tanto trabajo, costeados por ellos y por sus feligipc- 



d» Cnno. OatAlogo. pB 227-22H. 
(2J Política ¡naiana. 



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EN FILIPINAS S47 

pes, artillados, mameionados y defendidos por ellos, pu- 
diera también aplicarse con [oda- propiedad !o dicho 
por Solórzatio; y algo más tudavia. Ya dijimos antes: 
(jue habiendo visto los Alcaldes mayores tenuinados 
los baluartes, organizado el servicio de giiainioiún, bien 
defendidos y abastecidos, les entró en gana el mando 
superior de los Fuertes, su gobierno y administración, 
por supuesto que esto sucedió, cuando escarmentados 
los moros, ningún peligro podía haber para los seño- 
res Alcaldes en e] cargo qne pretendían. La ingerencia 
de los Alcaldes disgustó, como no podía menos, á los 
Religiosos ácuifos buenos oficios y recursos pecunia- 
rios se debía la constriiceión de los baluartes, en de- 
fensa de los que hablan vertido su sangre muchos do 
ellos, mientras los Señores Alcaldes mayores pasaban 
la vida en las capitales cobrando tranquilamente pin- 
■ giles sueldos. E! mando de los baluartes en aquellas 
circunstancias era cómodo y honorífico por de pronto; 
después, ya se encalcarían los Alcaides de hacerle lu- 
crativo también, tlun protesto de que la autoridad real 
era menospreciada si los baluartes continuaban dirigi- 
dos y gobernados poi* los ISeligiosos, el Alcalde mayor 
de Batangas— 'Consultó al Gobierno do Manila, y éste 
«decretó que his Párrocos entregasen las fortalezas á 
>los Alcaldes mayores con todos los cañones y demás 
•que les perteneeiaiu; (como si los hubiera costeado 
el Gobierno y pagado el Capitán general) ^y que se 
»nombrase de entre losindios un castellano para cada 
'fuerza, y a este so diese un cierto núnicm do gente 
ífor repartimiento- para su custodias. 



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948 lAR cnriPORACIONTlfi nKT.tfilflPAS 

«El verse los Párrocos desposeídos de !o que ha- 
>biaii hecho con tantos gastos de paciencia y dinero, 
sno filé lo ([lie íes dio más [lOsar, y solo sintieron los 
•abusos (|üe introdujeron los castellanos con la gente 
*de repartimieiUo <|ne se les daba. Empezaron áinaii- 
tdarla á sus sementeras ü. trabajar dejando el servicio 

• de la fortaleza, y ha llegado á tanto el abuso^habla 
»el P. Zi'iñiga — que el que da dinero al castellano qne- 
»da eximido del servicio, y lo (¡ue regularmente se le 
»pidealque no está de centinela s(m tres ó cuatro 
•reales fuertes— medio duro -cada semana, lo que ha- 
íce muy lucrativo este empleo y muy apetecido délos 
•indios. Los Padres claman contra este abuso, pero 
*como los Alcaldes mayores no hacen caso porque 
•suelen estar en inteligencia con el castellano, todos 

• sus esfuerzos quedan sin efecto» ' . . . 

• Este empleo lo da el Gobernador de Manila áoon- 
•sulta del Alcalde mayor, y aunque nada tiene de ape- 
•tecible si se ejerce con limpieza, hay siempre muchos 

• pretendientes, y los Alcaldes mayores' son bien rega- 
•lados mientras dura la vacante iiasta fjue se provee 
«por lo común, en el que da inrxs« (1). 

Inveterado vicio de la administración espartóla fue 
este en Filipinas y en ía misma Pem'nsula, Trazaron Ios- 
Religiosos las calzadas, las abrieron, las rectificaron, 
las mejoraron, y tendieron los puentes; construyeron 
casas iniuitcipales, escuelas para párvulos de ambos 
sexos, sin que el Kstado hiciera gasto alguno, sino con 



(Ij P. Zúfligti. Eatail, cap. 5, p. 110. 



..'Coo^íV 



kt< FILtl'TNAfl IÍÍ9 

solo el servicio pomoiial de los indios dlrigidDíi y hasta 
mantenidos por los Párrocos, á quienes costaban tales 
obras y otras del proí^ojiiiin, trabajos, disgustos, ata-- 
ques de bilis, hasta* vencer la resistencia de los Princi- 
pales y la iiolgaüanei'iade los indios, y cuando todo 
estaba ya hecho en los pueblos, y cl mecanismo ad- 
ministrativo' marchaba con regularidad, vino el decreto 
creando los nninieipios y arrebató á los Párrocos la 
intervención y la inspección en el servicio personal: 
consecuencia de esto que, después, la desidia por una 
parte y el alan inmoderado de lucro por otra dejaron que 
aquellas calzadas se convirtieran en piscinas cenagosas 
donde se rel'rigerahan, rev(»lcándose Itís carabaos. He- 
mos visto con dolor, y contemplado con admiración 
los cimientos, arranques y estril)os de los puentes de 
veinte y treinta metros de luz construidos por el Pa- 
dre Fr. Francisco Pérez, Párroco de Miagao en la carre- 
tera general qne une las provincias de Iloiloy Antique, 
arruinados en sus centros por no haber acudido opor- 
tunamente á cubrir las descarnaduras y desgastes 
cansados por el paso continuo del piiblieo. Hemos visto, 
que plancha de liierro galvanizado que el huracán 
arrancaba do las techumbres de las casas Ayuntamien- 
tos y Escuelas de niños, como en las de Igbarás, no 
volvía á ser colocada on su sitio, y por el lioíinete pe- 
netrar nos de agua en la época de lluvias y pudrirse 
el maderamen y desplomarse los techos y los pisos, 
permaneciendo en pie solamente los muros en esquele- 
to. No citamos nombres, consignamos hechos, pero es- 
tos son tan dolorosos para los Párrocos que se han sa- 



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ttSO I,As cnRpfin,\r,ir)NF.s nRi.ir.irlsAa 

crificado por e! pais y pnrlos |)uel)[ns que nos arrancan 
estos ayes inv(jliuil,ari(t3 eomo un alivio á tantas añie- 
cioiies, y coiiiü una protesta ;i tan enorines injusti- 
eias. 

La necesidad de iiifiiniir ú Ins indioden ]a arquitec- 
tura r«c un manantial inagotable de disgustos y sinsa- 
bores para los Párrocos; ó inüjor dicho et atfri dulce 
que los buenos Religiosos habían de gustar en lo suce- 
sivo por muchos años ó hasta que tuvieran un término 
con su existencia en el país. Viendo los Párrocos de- 
fendidos los puebloscon los bahiartes ó cotias, y gene- 
ralizadas entre los feligreses las nociones elementales 
del arte de edificar, proyectaron la erección de tem- 
plos de manipostería en sustiluerón de ios de caña-bam- 
bú, mj>a y coijm en los cuales se hal)ia dado culto á 
DioK hasta entonces. La divinidad de nuestra Religión 
sacrosanta reclamaba más decente^ locales; el esplen- 
dor qne el pueblo y !ok Párrucoí! copuunicaban ¡I las ce- 
remonias del cutio no resaliabaen aquellos camarines 
provisionales, expuestos á ser aiTancados de cuajo á 
impulsos del baguio, huracán; la parte económica exi- 
gía también esla transforniación; los Principales y el 
pueblo aplaudían la idea del Párroco y ofrecían sus 
personas y haciendas para llevarla al eauípo de los he- 
chos, á las esferas de la realidad. Cualquier otro euro- 
peo menos esperto que lo.-; Párrocos Religiosos no se 
habría detenido un instante en acoplar los generosos 
ofrecimientos do sus feligreses ante la idea grandiosa de 
un templo, sino de la suntuosidad de mía catedral góti- 
ca, á lo menos, sólido cojuo las rocas del Siiiai, y am- 



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P,W FtT.rflMAS S5l 

plió lo ñufieienle para daniijrí idea de la inmensidad do 
Aqueta quien se dedicaba, y para contener dontrode 
sus muros santos, aquellos miles de hijos fervorosos y 
entusiastas. La historia de Kilipinas, nos enseria, que 
nunca desobedecieron abiertamente los indios á sus 
Párrocos; pero también consigna que estos sulVieroii y 
padecieron lo indecible muchas veces para vencer una 
resistencia pasiva, desesperante y desconocida de los 
europeos, no acostumbrados á prometer para no cum- 
plir, ni hacer olreciinienlos con la ¡^ana intención de no 
dar ni hacer lo ofrecido, que es en lo que consiste la 
resistencia pasiva del indio lilipiím. ¿Desean los Párro- 
cos que hagan alguna (;osa? les enseña, les persuade, 
les da explicaciones, y cuando los sopone convencidos 
7 enterados, les prcgiinta,^¿eslamos conformes?- — 
Nunca contestarán negativamente," sino acordes con 
los deseos del Párroiío. Y pasan los días, y lo convenido 
no se hace; el Párroco se lo recuerda, y tampoco; les 
habla con dulzura, les siiplica,les ruega, lesencarece las 
conveniencias y ventajas de quo lo acordado se lleve 
afecto, Confurmos — O 7i«-/í<jfi)!— poro tampoco se hace. 
Se incomoda el Párroco por tanta infoniialidad, les 
amenaza con el castigo, con dar parte á la autoridad; 
y después de muchos disgustos, de mucha bilis, de mu- 
chos sinsabores consigne que den comienzo á lo orde- 
nado; pero hasta qne se concluye, hasta que llega á su 
fln un puente v. g.; una casa municipal, una escuela, 
una Iglesia, un Convento, una obra cualquiera comu- 
nal, ¡oh! cuantas rabietas, cuantos sufrimientos los del 
pobre Párcoco, sin cuya abnegación no habría hoy ea 



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^ Las Corpor \rioMs np.LiotosA.» 



Filipinas, ni agríciiltnra, iii iiidiistrifi, ni comercio, ni 
artes, ni cienciag, ni nada. A ¡iroiiósito de esto dice 
el P. Xiiíiiga, rdiriéiida-ie ú los indios de la visita de 
Agojo dependioiiLc de la Parroquia de Pasig, los cua- 
les deseaban que les diesen un Párroco, que les admi- 
nistrara espiritualmente en su localidad jiara no verse 
precisados á caminai' dos leguas y vadear cuatro ■ ríos 
para irá oir misa en Pasig: ¡tísla demanda es tan - 
•justa, (¡lio aunque los indios no le pidieran se les de- 
«bla dar por un auto do buen gobierno y policía, y sin 

• embargo hay quien se opone á ello con el frivolo pre- 
>texto de que no licne Iglesia í/p /«Wr», y dicen que 
•la hagan primero, y después se les dará Párroco. Este 
'Cs un imposible, y si se hubiera ordenado lo mismo 
ȇ todos \t^ indios, no se hubiera lorinado ni un solo 
■ pueblo, después de la conquista. Todas las Iglfesias y 
'Conventos se han fabncado haciendo primero una 
-Iglesia y una casa provisionales, y poniendo un Pá- 

• rroco que cuidase de la nueva fábrica; éste obligaba 
>á los indios á que concurriesen con los materiales; él 
'pagaba los canteros, carpinteros, clavos, tejas y de- 

• raás materiales que no se liallaiían en los pueblos, 

• empleando cuestas pagas los derechos que pertene- 
»cían á la Iglesia, y á veces sus mismos estipendios. 
»Es tan íieceáaria la prcseiiría del Párroco para hacer 
»una Iglesia mieva que, cuando este es algo negligente 
»yeuemigo de obras, apenas se ponen en ella unaó 
»dos hiladas de piedra cu cuatro ó seis años, cuando 
»otro Párri^co, vivo, diligente ú como solemos decir, 
fobrerOiQRQl mismo tiempo concluye un» Iglesia eute- 



d.--,Co(>tíIe 



líN t-ir.tPlNAS 



mi 



>ra. Finalmente asi se han fabmado todas las Igle- 
»sias de F'ilipinas y asi se deben fabricar todas lasque 
»en adelántese funden- (1). 

EllOde-Iulio de 1801 el CabÜdi) Metropolitano de 
Ufaiiila compuesto en sii3 cuatro quintas partes de 
Clero indígena, y no muy selecto, acusó -á los PáFrocos 
Religiosos de viideneias y extorsiones ejecutadas en loa 
íiidioa con el fin de edificar iglesias, Casas Parroquia- 
les, Escuelas y otros edificios púbiieos. Pedido infonne 
por S. Majestad el Rey ai liobernador general de Ma- 
nila, que lo era entonces Don Rafal María de Agui- 
lar contestó el 2:) de Noviembre de ÍSOí en los tér- 
minos siguientes: 

•He tenido Soíior, nuiclio que vencer dentro de ini 
»inisino, en desembarazarme déla admiració^y repiig- 
»nancia, que me ha cansado el ocurso que el Cabildo 
•dirigió á V. M,; pues habiéndolo hecho con testimonio 
»de lo actuado, sobre que fuesen Religiosos y no Clé- 
»r%03 indios á la reducción de los infieles de Mmdoro, 
>porque éstos no son propios para o! efecto, ni para la 
•repoblación de aquella Isla, tan encargada por Vues- 
•tra Majestad en Real Orden do 13 de Junio de 17Ü5, 
»nb veo que su propósito ac haya dirigido á quf Vues- 
»tra Majestad se sirviese aprobar su sistema en haber- 
»se opuesto á que otros Curatos se entregasen á la Re- 
•ligión de S. Nicolás, (2) aun habiéndoselo propuesto 
•que pennatarían con los de Imits y Las Pinas, único 



(1) Kstadis. cap. X. p. 20.-1. 
' (i) Agastii)08,Becoleto8 ¿ desQitIzos. 



W 
> 



^t' 



C'.oo^ílc 



%i I \s ' nnrOTiAr-.ioMKs líiíLiGinsAS 

• particulat sobic que ha versado el expediente, sino 
» solo a peraiiadir que si Ids Religiosos ocupasen aque- 
»lla-í adininislrat iones, hosLigarían á los indios con vio- 
«lencias 1 e}..loi!jiones jiara la fábrica de sus Iglesias y 
>caí-a-5 pai raquiales corno si ésto pudiera tener alguna 

• conduLPiiua con el punto sobre que ntiicamente era 
íla cnestión». 

'Protexlo ante Dios y aiUc V, M. que no tengo mo- 

• tivo alguno particular para apasionarme por los Relí- 
ígiosos. Lejos de pensar que he de existir para siem- 
»preen este gobierno, estoy esperando, como es notorio, 
»mi relevo con impaciencia, y así me conceptuó auto - 
>rizado para asegurar á V. M. que la repoblación de 
» Mindoro nunca se efectuará, sienqire que no vayan Re- 

• ligiosos á hacerse cargo de tuda la isla para su adini- 

«iiistración espiritual y dejaría yo de gozar una plena 

•libertad delante de Dios y de los hombres, sino mani- 
jfestase á V. M. que las obras emprendidas por los regu- 
•lareshan sido en servicio desús Iglesias, al mismo tiem- 
»po, que en beneficio de los indios. En servicio de sus 
'Iglesias, porque todas las que tiencLt se hallan con la 
•riqueza y decencia que requiere el cullodivino. En be- 

• neficio de los indios, ponjue siendo siempre las obras, 
«que enqirendcn los Religiosos de todo fundamento y 
•consistencia, se liberta el pueblo de un reparo contí- 
»nuo, y ¡03 operarios se aprovechan de lo que les 
•pagan los mismos Religiosos, hasta el extremo de 
•hacerlo de su propio peculio, cuando á ello no al- 
ícanzan los fondos de !a Iglesia, Todo esto que es 
»muy plausible y general en los Regulares de estas 



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F,N FrLIPINAS 355- 

>islas bastará epilogarlo en low de la Rclif;ión de San 

• Agustín*. 

'Los pueblos que están á cargo de estos Religiosos 
•solo llegan á Hít^esLo fué eset'ito en ISOi— al paso 
-que el Gleí» de este Ar^íobispado y el do lossufia- 
>ganeos administran más de Í70; y hablando solo de 
•lo3 etncnenta que tienen tos pritueros en las 
•provincias de Iloilo, iíoeoa y íliilacan, estoy bien eier- 
»to que son de los mejores que hay en estas islas por 
»sü industria, por sus fatigas y por sus tarcas evangéli- 
»eas. La abundancia y prosperidad de que gozan estos 

• pueblos se debe únicamente á los mismos Religiosos^ 

• con la particular circunstancia de que cuantas obras 

• dispusieron en ellos nada han costado al Erario de 
•V. M, ni á las caja^ de cotnanidad de ios mismos 
•pueblos, siendo destinadas para sus obras públicas; 
•y así no encuentro razón alguna de congruencia para 
•asentir á que en estas IVibricas hayan tratado los Re- 
•ligiosos de violentar y extorsionar á los indios, cuando 
•es bien sabido y notorio que prodigan cuanto tienen á 
•su arbitrio para dedicarlo á sus Iglesias, '! ios úiiUffen- 

• íes y al bien pi'ih/ko que son el únini objeto de sus 
•primeras atenciones. I,os Curas Religiosos de la pro- 
•vincia de Iloilo lian hecho unas obras muy espeeia- 
•les en sus Iglesias y casas parroquiales, eoiuo tauí- 
•bien en beneficio común á los pueblos, lo mismo que 
•los de liulacan ó llocos; quedando á deberles las 
•Iglesias muchas cantidades, que ascienden á una 

• suma de la mayor consideración, sin que la Provin- 
*cia de esta Religión, tenga esperanza alguna de rem- 



:l.,C00glC 



356 Las coRrun\f;ioTíF,s rrI-igiosAs 

> legración, ya por efeoto de «iia inipüsibilidad moral, 

• como por haber fallecido los más que tuvieron esta 
■ magnifica generosidad, que jamás so ha encontrado 

•en los Párrocos del Clero secular», '■' 

•Si me detuviera á referir los gastoí cuantiosos, 
«que han hecho los Agustinos para hacer felices á los 
•pueblos de su administración, ya procurando adelan- 
»tar el cultivo de las tierras, que poseen, ó ya ani- 

• mándolos á una multitud de operaciones beneficio- 
isas asi jnismos, tendi'Ja mucho que difundirme. . . 

, 'Dios guarde á V. M, muchos años. Mauila 25 de 

• Noviembre de Í80i— Elafael Mai-ia de Aguilar». 

De lo dicho antes por el P. Zúiiiga se infiere que 
en el año ISOO, ya no permitían las autoridades espa- 
ñolas en las islas !a fundación de pueblos uuevos si 
antes no construían Iglesia y Casa parroquial de pie- 
dra, y que la presencia del Párroco Religioso era nece- 
saria, no monos que sus estipendios, para que la obra 
llegara en breve á feliz remate, «Asi se han fabricado 
•todas las Iglesias de Filipji"ias>, concluye el citado 
historiador; debiendo añadir nosotros que con la pre- - 
seticia del Párroco, con sus estipendios, con sus cono- 
cimientos, con su dirección, paciencia, perseverancia y 
prestigio se hizo todo io que existía en 1800 en esta 
materia de arquitectura, y en lodo lo que relación hace 
con los diferentes ramos que eti su conjunto constitu- 
, yen la prosperidad, cultura y civilización de un país. 
Pero lo más extraño, lo más anlipoUtico, lo más ab- 
surdo es, que ya entonces comenzó el Gobierno á poner 
U'abas á loa Religiosos y á los naturales para la i\xn- 



d.^Cooj^le 



EV FtLtPIVAS 357 

dación de nuevos pueblos; y á entorpecer con dispo- 
siciones poco meditadas é inconvenientes el desenvol- 
vimiento rápido y progresivo de la arc|iiitoctura. En 
cnanto á lo primero nada había legislado antiguamen- 
te, y si alguna disposición existia fiohrc este particular, 
no se observaba: lo practicado hasta k fines de! siglo 
diez y ocho era, que los Provinciales, en las visitas 
que penódicamente hacían á sus Religiosos, se entera- 
ban sobre el terreno de la necesidad ó conveniencia 
de fundar nn nuevo pneído; y de acuerdo con los Pá- 
rrocos limítrofes se marcaban las linderías, se le adjn- 
dicaba el in'imero de altnas necesario, agregándole otros 
barrios ó visitas dependientes del pueblo matriz y de 
los eolindanles; se ponía en conocimiento del-Señor 
Obispo lo ejecutado para (¡ue diera la jurisdicción com- 
petente al Religioso presenlado para Párroco del nuevo 
pueblo, y ya estaba este constituí do' en toda forma en 
cuanto ft lo canónico. Cuando terminada la visita á los 
Religiosos volvía el Provincial á Manila, daba cuenta 
de lo hecho al Gobierno general, éste tomaba nota, r¡ue 
pasaba á la Oiroceión é Intendencia y estaban llena- 
dos tqdos los requisitos en cuiínlo á lo civil también. 
Así se hizo desde la conciuista hasta el último tercio 
del siglo diez y ocho, si mal no recordamos; entonces 
dispuso el Gobierno que para la fundación de nuevos 
pueblos se formase expediente, se consultara a las 
Princípalias do los pueblos colindantes, se pidiese in- 
formes á los Párrocos de los ndsmos, al Diocesano, 
Provinciales, Alcaldes mayores, etc., etc.; y ya se s&be 
lo que son y han sido los expedientes en España y sus 



,,C4"><:>t^lc 



3&S LAB CORPORACIONES REUfllOSAS 

colonias; mía eternidad de viajes, visitas, dispendios, 
Pliegos, infliieiicias y oirás penas, ni purgativas, ni sa- 
tisfactorias para.,, nadie. 

En cuanto á la arquitectura también vino la acción 
oficial á poniír obstáculos á su marcha progresiva. Para 
levantar un pnente de inampostería, construir un edi- 
ficio, erigir una Iglesia, un Convento, una Escuela, una 
casa municipal fué preciso pedir y obtener antes la 
venia del Gobierno, presentar los planos al ingeniero 
de obras en la provincia, la aprobación do éste y su 
inspección facultativa en el decurso de la obra. Si do 
pnentes se trataba, suspendido el tránsito y el paso 
interrumpido permanecía así aun despuos de terminado, 
hasta que era autorizado el tránsito de orden del Sr. In- 
geniero; si de Iglesias, casas parroquiales, municipales 
ó escuelas no podían ser habilitadas sin la aprobación 
del Sr. Ingeniero, lo cual daba lugar á extorsiones, 
chanchullos y otras menudencias. No necesitó de estos 
requisitos el Religioso Agustino Recoleto que tendió 
sobre el rio Pasig en Manila el puente llamado de Es- 
paña, y el cual todavía se conserva tan sólido y en 
tan buen estado como si estuviera acabadf) de hacer. 
Tampoco lo necesitó el P. Alvarez, Agustino, Párroco 
de Jaro para levantar los pilares de piedra para el 
puente sobre el Jalaud, los cuales subsistieron medio 
siglo y perdurarían aun haciendo fácil y económica la 
comunicación de la capital Iloilo con los pueblos del 
interior y con la provincia de Capiz, para lo cual solo 
se necesitaban unos cuantos troncos de coco tendidos 
sobre los pilares y unos cientos de cañas bambú para 



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piso, si los Sres. Tngeiiiepos no les hubieran deslriiido 
sin necesidad, sustitii\-endo dichos pilares de piedra 
oon hayiques ó eoUiiniias de madera Diingun, sobre 
las cuales levantaron en 18S9 un pnenle muy esbelto, 
muy vistoso, muy artístico, pero qne costó al Erario 
cuarenta y cinco mil pesos fuertes, y duró siete años 
escasos. Tampoco necesitaron de los requisitos oficia- 
les el Hermano í,e?o Herrera para edificar la Iglesia y 
Convento de San Agustín en Manila, ni el P. Dionisio 
Suarez para la Iglesia y Convento de Parañaque, ni ios 
otros Religiosos, que en todas las provincias y pueblos 
edificaron Iglesias, Conventos, edificios públicos que 
se conservan en perfecto estado de solidez y consisten- 
cia sin el Visto Bueno de los Sres. ingenieros hasta la 
fecha en que las cortapisas, restricciones, entorpeci- 
mientos y obstáculos oficiales y facultativos vinieron ú. 
coartar la acción civilizadora de ios Religiosos. 

¡Y todavía hay... simpks que acusan á las Órdenes 
monásticas de no haber hecho nada, ó muy poco por 
la prosperidad inatorial del país! ¿Qué más podían 
hacer en trescientos afios unos cuantos Religiosos en- 
tregados á sus propias fuerzas y escasos recursos? ¿Es 
poco sacar del bosque á lodo un pueblo salvage; re- 
ducir á poblado tribus nómadas; habituarles á la vida 
social, suavizar sus costumbres; transformar sus ideas, 
modificar sus propensiones á la vida errante y vagabun- 
da; sugetarles á la residencia fija del terruño; someterles 
á la obediencia de la autoridad, á la sanción de las leyes; 
inspirarles intereses comunes; crear entre ellos vínculos 
de coleoLividad, y un oslado polílico, religioso y social 



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con todos los oi^anismos correspondientes? ¿Es poco 
de «na raza dispersa en centenares de islas, en miles 
de selvas, con dialectos distintos, costumbres diferentes, 
intereses encontrados; en continua guerra, unos jjueblos 
con otros, imas tribus con otras, formar un pueblo ho- 
mogéneo con una sola Religión, con las mismas creen- 
cias, con los mismos ideales, obediente, sumiso y respe- 
tuoso á una sola autoridad? ¿Es poco todavía estudiar 
las aptitudes de una raza, determinarlas, dirigirlas, 
darles impulso, ponerlas en movimiento, liacería.s ca- 
minar con pa^o moderado, pero seguro, por el camino 
del progreso en las artes, en lan ciencias, en la indus- 
tria, en todo lo que eleva, dignifica y hace próspero á. 
un pais y eullos y civilizados á sus habitantes? ¿Pues 
quión hizo todo esto en Filipinas sino solos y exclusi- 
vamente los Rehgiosos? ¿Cuáles otros españoles ó ex- 
tranjeros penetraron en los bosques para reducirlos, 
ni se domiciliaron en los pueblos para instruirlos en los 
dos primeros siglos de la conquista? ¿Cuántos otros es- 
pañoles ó extranjeros fijaron su domicilio en el interior 
de las provincias hasta la segunda mitad del siglo diez y 
nneve para secundar el impulso dado al país por los 
Religiosos y avivar su paso lento por el camino de la 
cultura y de la civilización? Fueron tan pocos, que no 
pudieron influir poco ni mucho en el progreso general 
de un pais fraccionado en miles de islas sin comuni- 
caciones rápidas y periódicas. 

Veinte y tres años Uevábainos en 1 Sl)7 de residen- 
cia en aquel país, fecundado con la sangre de nuestros 
ReligiosiT^; ipgado con el sudor de miostros predece- 



.y Google, 



sores, y en el cual los Párrocos Regulares de las Órde - 
nes monásticas agostaron su juventud, ga>itaron sus 
energías, consumieron sus fuerzas en hacer la felici- 
dad del país filipiuo, y ya estábamos hartoí^ de leer 
y oir tan injusto cargo dirigido á las Corporaciones 
Religiosas en Filipinas: toda la historia de las Provin- 
cias Regulares de Agustinos, Dominicos, Franciscanos, 
Recoletos y Jesuítas está escrita con caracteres inde- 
lebles en todos los pueblos filipinos, en todas las islas 
y en todos los barrios. Si caminando por el interior 
de una provincia, preguntáis ^,quién fundó este pueblo? 
no os contestarán que el español Fulano, ni el extran- 
jero Mengano, sino el P. Tal: si continnais preguntan- 
do: ¿quién edificó esta Iglesia, estas escuelas, aquel 
cementerio etc.,? recibiréis análoga coulostación: ¿Quién 
construyó tal puente, trazó aquella calzada, abrió este 
camino, ejecntó aquella otra obra comunal?, la misma 
contestación el P. A: el P. lí: ó el P. C: y siempre Reli- 
giosos los autores y fundadores de todo lo bueno, útil 
y estable que se vió en Filipinas hasta el promedio del 
siglo diez y nueve. Invitamos A los que acusan á las 
Órdenew monásticas de Filipinas, á que den una vuel- 
ta por aquel pa(s, que hagan una excursión á aquellas 
islas pintorescas, que esmaltan como bdcaros de ver- 
dura los mares de China y del Pacífico, que se infor- 
men, que inquiran, indaguen y pregunten; que bien 
seguros estamos de que la industria, la agricultura, las 
artes y las ciencias, los Colegios, los libros, los edificios 
püblicos, las obras "íonninales, todos certificarán con 
elocuencia el celo, la abnegación, el sacrificio, deainle- 



j,,Cooj^b 



3éS LAS fiORPftRACrdíTKS nRUfilOí'AS 

fes, trabajo y paeiericia de los Religiosos iiijnstamente 
acusados y vHinetile ca!uiniiÍado3 por la ¡giiopaneia de 
la historia, por e! espíritti de secta y por la mala fe de 
la envidia y del despecho. Permítasenos este desaho- 
go en defensa do las glorias indiscutibles de las expre- 
sadas Provincias Regulares en Filipinas; también la pa- 
ciencia y resignación de los Religiosos tienen iinlíniite. 
¿Qué más pueden exigir los que en libros v folletos, 
conversaciones y discursos, acusan alas Órdenes mo- 
násticas de Filipinas de no haber trabajado por la 
prosperidad material del país? Porque el progreso ma- 
terial no está á la altura del adelanto moral, y ni las 
artes, ciencias é industrias alcanzaron en las islas el 
nivel del explendor del cuito religioso, y el amor del 
indio al trabajo es comparable á sn devoción, y por- 
que su instrucción literaria es muy inferior á su ins- 
trucción y educación religiosa, concluyen los acusado- 
res y calumniadores de los Frailes, que éstos en Filipinas 
nada importante hicieron por la prosperidad del país. 
¿Es esto justo, ni lógico siquiera? ¿Pretenden esos se- 
ñores que las Órdenes Regulares hubieran sido Com- 
pañías de Indias para ni<>n()polizar el eomercio del país? 
¿Quieren que los Religiosos hubieran sido avaros en- 
comenderas para explotar y esclavizar á los indios? 
Desean que hubieran sido Compañías industríales de 
tejidos, fósforos, papel ó maquinaria? Entonces, sí, que 
tendrían razón de ser y fundamento serio los caicos 
y acusaciones. 

Las órdenes monásticas fueron á Filipinas á evan- 
gelizar á los naturales, á darlos A conocer la Religión 



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EN PIUPIJÍAS 363 

revelada, sus dogmas y misterios; este fué su objeto 
primario, el fin principal que perseguían y al cual con- 
sagraron las, vidas de sus Religiosos, y dirigieron sus 
trabajos, al'aiies y sacrificios. A la salvación de las 
almas segniria la resurrección de los cuerpos, como al 
fui sobrenatural 'lue los Religiosos se proponían segui- 
ría otro fin secundario, natural y terreno, los cuales se 
completaban, se compenetraban tan estrechamente 
unidos corno el carácter sacerdotal y el amor patrio 
en el Religioso español.Por eso sin abandonar el fin se- 
cundario trabajaron |)rinei pálmente los Misioneros por 
alcanzar el primario con toda su fe, con todas sus fnerzas; " 
a este finsobrcnatural,alasalvaciónde lasalnias, dedi- 
caron tiempo, reposo, vigilias y trabajos; este fin dirigía 
sus pasos por el bosque, su rnnibo por los mares, sus ac- 
ciones por entre los escollos de la vida; este fin era sn 
. Norte, Ku guía, su ministerio y su gloria. ¿Porqué no 
había de consagrar todo su ser á la asecución de este 
fin, del que dependía su felicidad eterna y la de millones 
de almas más perdidas para el cielo, que los cuerpos 
en las intrincadas selvas? ¿Por qué no habían de dar la 
preferencia al cielo sobre la tierra, ft las almas sobre 
los cuerpos, y á lo-moral sobre lo terreno? ¿Es de ex- 
trañar con estos precedentes que el progreso en los 
conocimientos materiales no estuviera en Filipinas 
al nivel de los del espíritu? ¿Es de extrañar que en 
aquellos pueblos en la forma ya dicha Cfmstitnidos 
y educados, se destacasen las Iglesias entre miles 
de casas de caña y ñipa con la majestad, srni- 
tnosidád y severidad do los tnriplos en los pai- 



i./Cooglc 



36t LAS ronrón ACin-íEñ RF.r.ioinsAS 

ses más cultos y adelantados? ¿Es de extrañar la au- 
sencia de las altas chimeneas délas fábricas y de 
las grandiosas manifestaciones de la actividad hu- 
mana, alU, en donde la concurrencia á los actos re- 
ligiosos, á las solenuiidadeg del culto, alas festividades 
de la Iglesia, era siempre niimeTOsisima, eunipaeta, ge- 
neral sin excepción de edades ni de sexos? Ciertamen- 
te que no se veían en ¡os pueblos filipinos las humean- 
tes chimeneas que la industria ha elevado en los aires, 
soberbias como la torre de Babel, pero se divisaban 
desde larga distancia los elevados campanarios coro- 
nados con el signo de la Redención; no se oía el sonido 
agudo, estridente del vapor, que huye ingrato de su 
madre generadora, pero se oía el sonido grave y sen- 
timental de las campanas, que suenan alegres cuando 
nacemos, y tristes cuando nos despedimos de este 
mundo; no se oiaii en los pueblos filipinos el ruido me- 
tálico de los aparatos y máquinas, ni los gritos do los 
operarios, ni ensordecía y crispaba los nervios el estré- 
pito fragoroso y el aspe ro chirrido de martinetes, tornos, 
limas y poleas, pero se oía el suave murmullo do la 
plegaria del inocente niño, dol decrépito anciano, do la 
piidica doncella, de la afligida viuda, de todos los feli- 
ces y de loa desgraciados todos. í^as Corporaciones 
monásticas no eran empresas agrícolas, comerciales ni 
industriales, ni sus Religiosos eran ingenieros agrónomos 
ó mecánicos, sino simples operarios evangélicos, que 
fueron al país á llevar la luz de la fe, la virtud, el mé- 
rito de las buenas obras, la esperanza en otra vida 
eterna y la salvación de las almas. Y sin embargo solos 



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EN FILIPINAS 365 

ellos pusieron lus fundamentos de las arles, ciencias é 
industrias que hicieron la prosperidad délas islas. 

.f 1 atraso de Filipinas en artes, ciencias, comercio é 
industria no es culpa de los l'>aiies, ni del Gobiernp, 
, , ni de nadie: es efecto del clima, de la naturaleza del 
pais y de su alejamionlu de los centros de cultura. Un 
país en el que á la puerta de casa tienen los naturales 
et plantío, que les produce arroz para su alimento, 
que allí es artículo de primera necesidad; y que en los 
arrozales mismos encuentra pescado para su regalo; 
en donde para cobijar á su familia necesita solamen- 
te unas cuantas cañas de Iminbú, algunos cientos de 
palmas de ñipa ó de haces de' eoijon que espontánea 
le ofrece la naturaleza; y para vestiráe teje unas cuan- ■ 
tas varas de Lela en artefactos hechos por él mismo 
de caña también, y con ftlanienlos que extrae del abacá, 
de la anana ó del bury, que crecen frondosos en los 
huertos de sus casas, no podía hacer rápidos progresos 
en las' artes é industrias de que no necesitaba ni para 
su sustento ni para svi regalo. En 177!) decía al Rey 
su Ministro de Justicia D. Manuel Castillo y Navarre- 
te (1): *E3 cierto y asi lo vemos que la naturaleza vo- 
íluntai'ia fecundidad de estos Países en todas las Es- 
»taciones del aao, presta con poco, ó quasi ningún 
«trabajo los alimentos necesarios de que ordinaria- 
»mento usan sus naturales; que los mares con sus 
»playas, las lagunas, esteros, ríos y arroyos, y aun las 
«sementeras en los tiempos sin comparación lluviosos 



(1^ OrdeaaDZas d InstruooLones, Número 33. 



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iítifS Iki cr)Ri*oii\citíNF,s iiF;t,t(irosAa 

"les dan abundante pesca 1 1); qiio los muntes, riscos, 
■ valles, vegas y riveras les IVan(|iiean en todas las ea- 
»taciones del año agradables, gustosas y sabrosas frutas, 
»yerbas, rak:es que á benolido solo del Fuego sin ningunas 
»otras sales y eondirnentos les alimenta, cria, Jintre y 

• mantiene; que la tempei'ie, ó clima de estas islas es 
>tan benigna y suave qne en ningún dia ni noche ne- 
•cositan fuego ni hogar donde refugiarse, ampararse ó 
•libertarse de la crudeza ó rigor de lostieinpos; y que 

• notamos en los querniis desean las racionales coino- 
ídidadesqne no se valen ni usan otros materiales que la 
•caiia, bejuco y ñipa para construir sus chozas, ba- 

• rracas ó cabanas enlretegidas ó enrejadas y etibier- 
■tas sfjio para preservarse de la hiiincdad; y por últi- 

• rao, au suma desnudez sin distinción de sexos obliga 
»á !a vergüenza ó tal vez á la conciencia apartar la 
•vista de sus cuerpos» {'¿). Un país en eslas condicio- 
nes pavidisiacas en cnanto á la vida material, no podía 
hacer grandes progresos en ¡as artes 6 industrias liasta 

■ que la civilización creara á sus naturales necesidades 
nuevas, para satisfacer las cuales no bastaran los re- 
cursos espontáneos de la naturaleza, sino que hicieran 
necesario aguzar el ingenio, avivar las onorgías, idear 
medios, llevarlos á la prívctica y obtener resultados 
favorables. Rsto no lo podían hacer en breve tiempo los 
Religiosos ni el Gobierno; había qac esperarlo de la 



(1) En tus arrozales pescan los indios el dalay, en tagn- 
log, baluau ea visaj'a; el puyo y otros. 
(^2) Estadis. apéndice A., ps. ü5-i¡*¡. 



Hoífcd.,Cc>OJ^[c 



acción del tiempü, del medio atnbiente, cnatidu, mtu el 
istmo de Suez afíiiyeraii al país españoles y extranje- 
ros, que llevaran con sus proyectos de riquezas y for- 
tuna, un copioso bt^ajo de hábitos y coslnnibres de loa 
pueblos cultos, y la comodidad y confort de los pue- 
blos más adelantados; y provistos de recursos con los 
que hacer la vida agradable y feliz. Entonces el indio 
filipino por la propensión natural á imitar al europeo, 
sacudiría la pereza indolente, pues vería y experírnen- 
taria que el non plm ultra de la felicidad no consiste 
en mecerse en la hamaca, ni en tumbarse en el lan- 
cápe, sino que había otros muchisimos y vanadísiiuos 
recursos para hacer la vida regalada, los cuales veía en 
los europeos; entonces trabajaría para adquirirlos, aun- 
que no supiera disfrutarlos {!), así satisfaría también 
— y era lo principal— la pasión del remedo, la inclina- 
ción irrosistible á imitar al español en su trajo, en su 
mesa, en su casa y en sus costumbres. ICutonces pro- 
gresaría la agricultura, y adelantarían la industria, el 
comercio, las artes y las ciencias al nuevo impulso de 
inteligencias uiás cultas y de nuevas iniciativas; y la ac- 
tividad y laboriosidad del europeo, su mayor esperien- 
cia en los negocios, sus conocimientos superiores en 
las artes, su refinamiento, su educación envolverían al 
indio en una atmósfera de aspií'aciones y deseos, que le 
estimularían incesantemente, le empujarían alanzarse 



(1) Pasada alguna fiesta de íamüia ó la del put 
choa indios ricos suben al desbau las mesas, sillas 
butaoiis i^ue sclo tienen por lujo y ellos no usan. 



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398 LAS CORPORACIONES RELrOlOsAS 

eii empresas antes de él desconocidas, arrojaría los 
aütigiioH moldes y las pi'ácLicas rutinarias; y en el in- 
menso horizonte abierto, á sns ojos adormecidos, por 
el comercio é industrias europeas vena el porvenir bri- 
llante de su país, la prosperidad de su pueblo y ía fe- 
licidad de su familia. A la altura que habían alcanzado 
en Filipinas la industria y las artes, este era el único 
medio rápido y eficaz de sacarlas de su estacionamien- 
to; como veremos en el capítulo siguiente. 



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CAPÍTULO VIII. 



El siglo diez y nueve ooniparado con los don i/ite le 
precedieron - El P. Z&ñlga.—El P. Blanco. ~Máa 
Religiosos boUtnicus en Filipinas,— Impulso recibi- 
do por la agricultura é industria en el siylodiezy 
nueve.—Lafaltrlcaci6nde ladriUos.—El P. Fran- 
cisco I.aredo en ífneva Erija,— Los FP Juan Baix 
y Miguel Carot en IloUo,—E^:portaci6n á principios 
y mediados del pasudo siglo. —Inutilidad del Chino 
pxra él progreso de la a¡/rtcuUura —El, istmo de 
Suez. —JLa inmigración europea.— Entra el indio en 
el tnovimienlo general— Estadística de comercio.— 
Ingratitud de los indios y espaindes con los Beligio- 
Bos —BeUoc y Sánchez 

Coiiniamiido el sigío diez y nueve eoii tus dos itiiiie- 
diatos que le habían precedido, es necesario y forzoso 
confesar, pese á los difamadores de las Corporaciones 
Religiosas de Filipinas, que el país hahia experimenta- 
do una transformación tan radical y completa en lo.po- 
lítico, social y religioso, qne casi todo lo primitivo había 
desaparecido, y hasta se había olvidado. Aquellos indios, 
que obligaron á Villalobos á liarse á ¡a vela apresurada- 
mente sin haber podido proveerse de lo mas necesa- 
rio para su armada; aquellos otros que mataron á 
Magallanes y asesinaron á sus compañeros; aquellos de 
Cabalian que huyeron á los montes, dejando plantados á 
Legaspi y á los suyos desimes de haber celebrado el 
pacto de sangre entre el hijo del cacique del pueblo y 

25- 



L'.oo^ílc 



370 t.AS CotiPORACinrfKs RÉLiGinsAS 

el nieto del Gejioral español, alférez general de la ar- 
mada; los descendientes del raxa Solimán y de sus 
subditos desconliados y levantiscos eran en 1800 vasa- 
llos sumisos de España, respetuosos á la autoridad, dó- 
ciles, tímidos, adictos hasta el sacrificio por España y 
por su Rey. 

El raxa ó reyezuelo; !a principalía ó consejo de 
ancianos; el cabeza ó caudillo de barangay y los li- 
niaüas, y hombres libres; el pueblo exclavo y los salva- 
jes del bosque, hé aquitodo lo que era Filipinas en 
1565; estoes todo lo que los Españoles hallaron al 
tomar posesión del país. De Lodo ello no retuvo Espa- 
ña más que la institución del barangay. Al raxáó reye- 
zuelo; tirano brutal y soez sustituyó el gobierno pater- 
nal de los Monarcas españoles, representados en las 
islas por nobles caballeros y pundonorosos militares. 
A! Consejo de ancianos — matandás — con taparrabos 
por toga, sustituyó un cuerpo jurídico de insignes le- 
trados, en el cual figuraban indios muy dignamente 
por cierto algunos. A la tradición y al capricho, las pa- 
ternales y previsoríis leyes do Indias y Ordenanzas de 
buen gobierno; al exclavo el hombre libre; á los bos- 
ques y á las selvas los pueblos y ciudades popu- 
losas. 

La choza de caña y yerbas cu el bosque; la casa de 
tabla en el pueblo; los palacios de manipostería en las 
ciudades, marcan las tres fases de la civilización fili- 
pina; las tres épocas en el progreso, en la evolución 
política social y religiosa de las islas. Hemos demostra- 
do en los capítulos anteriores que los Religiosos, éx- 



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m FIÚPINAÍ 37i 

clusivam'nfelos Religiosos hicieron abandonar y olvidar 
á los indios la primera época; jes condujeron de la 
mano como á niños á la segunda y lueroii preparán- 
doles y educándoles para la tercera, en la cual hablan 
de llegar casi al nivel de los pueblos cultos al contacto 
y Gomimicaeion con otros elementos más ilustrados. 

En la primera mitad del siglo diez y nueve eran 
relativamente pocos los españoles y extranjeros que 
se atrevían á doblar el Cabo de Nueva Esperanza pa- 
ra ir á Filipinas en biisea de lo desconocido, ó como 
empleados del Gobierno; eran contados los enropeos 
donuciliados en las capitales de provincia, y menos 
todavía los que tenían su residencia en los pueblos, en 
donde se dedicaban á sus negocios particulares, sin 
que se ocuparan gran cosa en el progreso del país y en 
la cultura de sus habitantes. Solamente los Párrocos, 
obedeciendo á un plan preconcebido, al .sistema em- 
pleado por sus antecesores, y por interés déla Reli- 
gión, de la patria y del país prosiguieron infatigables 
la obra regeneradora de la raza indígena en todos ios 
órdenes de la actividad hamana, compatibles con los 
deberes sagrados de su ministerio. Hemos visto á estos 
laboriosos operarios evangélicos formar pueblos y ciu' 
dades, roturar los campos, labrar la piedra, abrir cami- 
nos, hacer puentes, construir edificios; ser tejedores, 
maestros de párvulos, peones albañiles y hasta solda- 
dos de la patria; les hemos visto fundar Colegios y la 
Universidad, escribir é imprimir obras de lexicografía, 
historia, geología, botánica, alternando con las vidas de 
Santos, novenas, sermones, relaciones de sucesos, poe- 



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S7si Lar f:onroRArinNKf!RF.uair>fiAí( 

3¡as, descripcioiies, devociuiiarios, inísfica, música, et- 
cétera etc., «pues no existe rama del sahcp humano 
• acerca do la cual, poco ó inijcho no hayan escrito 
•aqnelloo boneméritus uiinioneros» (1). 

Todo esto sin desatender los deberéis de su niinis- 
lerio parroríiuai, que iban haeifiíidose más difíciles y 
trabajosos en proporciim al aumento considerable de la 
población indígena. No obstante los Párrocos de! siglo 
diez y nueve no abandonaron las tradiciones de sus 
antepasados, y prosiguieron la obra civilizadora del pais 
con la misma fé, con el mismo tesón, con igual ardi- 
miento, que los Radas, Herreras, Albas, Aíburqner(í«es. 
Ochoas, Méntridas, Snarez, Flores y Callazos. 

La historia nos presenta en los albores de dicho 
siglo ocupando el primer lugar la simpática figura del 
Venerable P. Fr. Joaquín MarLincz de Zúñiga como 
continuador de las glorias literarias de su Orden Re- 
ligiosa en Filipinas. Escribió lahisloria de este pais con 
tan acertadas reflexiones sobre personas y sucesos, que 
por su mérito extraordinario adquirió celebridad eu- 
ropea y fuó agotada en pocos aíios la primera edición, 
Rafael Díaz Arenas laconsideraba «casi mitológica» en 
el año 1850; y Bruuetensu famoso Manual dice que 
en 1836 se pagó por un ejemplar sesenta y dos fran- 
cos, lo cual Salva eoufirina en -sn catálogo. De ella dice 
el Sr. Retana: tOue por su mérito intrínseco los a«to- 
»res más prestigiosos la citan frecuentemente, y que 
»alguno de muchas campanillas la exprimió más de 



^1) Batana Prólogo al EstadU. p. XXXVII. 



:l.,C00gtC 



KS FTLIPITIAS 373 

•loque puede reputarse lícito». El P. Zúniga ha sido 
celebrado corno historiador irupamal, independiente, 
de profundo juicio y concisa frase, no solo pop loses- 
pañoles sino que latubien por los extranjeros filipiníi- 
fdos que honran sus escritos con la autoridad y com- 
petencia del P. Zúñiga, acerca del origen de la raza; 
de la antigua formación del Archipiélago, de! estado 
social y Religioso, délas costumbres de los indios: asi 
como también acerca del juicio critico de la gestión 
gubernativa de los Capitanes generales y de los varios 
sucesos que ocurrieron eti el tiempo de mando de cada 
uno de ellos. tMaravilía la actividad desplegada por el 
»P. Zúüiga desde 1802 en que se hizo cargo de la Pa- 

• rroquiade Parañaque, hasta lHO(i que fué elegido 

• Provincial: acabó la historia, escribió una novena en 
»tagalog, tradujo y anotó los «Viajes de Le Gentil- y 
»aun le quedó tiempo para redactar el Estadismo de 
■las islas Filipinas. Y cuenta que como Sacerdote de- 

• bió de ser extricto cumplidor de sus deberes, pues de 
>Tio haber sumado esta iui|>ortaritísíuia cualidad á las 
íque ya tenia de gran inteligencia y vasta ilustración, 
'Seguramente no habría sido elegido parad más alto 
•puesto que éntrelos de su pj-ovincia puede un Fraile 
'Ocupar. Y si aun so añade en interés, en obsequio 

• delosmdiosá quienes representaba en sus querellas 

• contra los abusos de .([ue solían ser víctimas; á quíe- 

• nes dababuenos consejos, instruyéndoles en todo lo 

• que redundaba en beneficiu de ellos, lógicamente sube 
•de punto nuestra admiración hacia el ilustre Religio- 
•90, para elcual, sin duda alguna, !üs factnves c?íí)í«, 



.i.,Cooglc 



37i LAS COHPOn ACIONES RELIGIOSAS 

* ' 

• medio ambiente y años de pais no tuvieron la podero- 
»sa significación que allí suelen tener respecto á casi 
»todos los Europeos' (1). 

«El Estadismo» obra escrita para refutar las espe- 
cies calumniosas de Mr. Le Gentil contra la marina de 
guerra española, contra !a administración, comercio y 
costumbres de los españoles en Manila, es el primer 
libro que se publicó en las islas sobre viajes por el 
Archipiélago, pues aunque Mr. Le Gentil había escrito 
el suyo por algunas islas, es tan coiupendioso en. las 
descripciones, como inexacto en las observaciones y 
en los juicios. E! Estadismo del P. Kúñiga coní-ta de dos 
partes; compréndela primera la relación verídica del 
viaje que hizo el autor por algunas provincias en com- 
pañía del General de Marina D. Ignacio María Álava, 
y en la cual hace el P. Zúñiga la descripción fisíco- 
geográfica-histórico-politica de loque recorrióvióy estu- 
dió; describe minuciosamente lascostumbres de losindios,. 
su carácter, habitudes, cualidades físicas y morales, 
sus vicios y defectos, creencias y supersticiones; ana- 
liza la intelectualidad del indígena, s» aptitud imitativa, 
su propensión á imitar al Europeo; y con la misma in- 
dependencia de juicio, justicia ó imparcialidad saca á 
la pública vergüenza los abusos de los Alcaldes ma- 
yores, las exacciones de los em¡ileados, los errores de 
la administración, el perjuicio del. desestanco del taba- 
co; que señala los medios de cortar aquellos, corr^ir 
los otros, y evitar los restantes, pues aunque las exa- 



(IJ Eataüis. Prólogo, ps. XIS-XX 



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HS FIMPIMAS 375 

geraciones de Mr. Le Gentil habían indignado al Padre 
Zúñiga, no dejaba de reeonocersu jasticia é imparcia- 
lidad que en la administración y costumbres españolas 
existían vicios y abusos, que era preciso corregir con 
mano fuerte. No ha habido Religioso r¡ue haya escrito 
en Filipinas con e! desenfado é independencia del Pa- 
dre Zúñiga. El misinu diceeu su obra: «no escribo co- 
mo misionero, sinocoino fiIósofo»;y como tal estudia, 
observa, compara, analiza todo lo que ve, Indo lo que 
sabe, y el elogio y la censura salen expontáneos de su 
crítica filosófica, sin que vele sus juicios la autoridad 
del poderoso, lo elevado de la ciase, el compañerismo 
ni consideración alguna humana. Lo mismo censura 
el Capitán General, á los Alcaldes mayores, á los em- 
pleados oficiales, á los Castellanos de los baluartes, que 
¡\ los Clérigos indígenas, á ios Obispos por el 3 por 100 
para los Seminarios y á sus hermanos de hábito por 
.haberse puesto al frente de las partidas de indios ar- 
mados para rechazar al inglés cuando este tomó á 
Manila. Sus conocimientos en las ciencias naturales 
eran vastísimos, y de ellos va salpicando la obra con- 
forme lo va exigiendo la oportunidad del relato. 

í,a segunda parte del Eíitadisjuo puede considerar- 
f^c como apéndice de la primera, como su complemen- 
to. En ella hace la descripción geográfica, política é 
industrial de otras provincias é islas que tuvo ocasión 
de estudiar y conocer cuando, siendo Provincial, hizo 
en cumplimiento do su car^o la visita regular á sus 
Religiosos. p;n esta segunda pai-te admirauíos también 
.la independencia do juicio del autor, las atinadas ob- 



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376 LAS CORPORACIONES RELIGIOSAa 

servaeioiies deí filósofu, las descripcíoaes detalladisi- 
inas de personas y cosas, casos y .'sucesos y de todo lo 
que conatitLiía la vida material y moral do tni pueblo. 
En resumen: *el Estadisino nos brinda e! retrato moral 
»de Hu eminente autor: sí, como se ha dicho, el estilo 

• es el hombre, el P. Zúítiga fué franco, amante, apa- 

• sionado de la verdad, bondadoso apar que enérgico, 
•jovial, piadoso sin mojigaterías, llano, sencillo, nobiíí- 
•simo y patriota hasta el grado supremo del patriotis- 
'mo. Como escritor podría exigirsele más arte, pero 

• más alma imposible. El hecho de que por dos veces 

• le eligiera Álava para cicerone suyo es ia prueba más 

• elocuente de lo mucho que e! P. Zúñiga valía. Yo 
■veo en él la cifra humanizada del espíritu de las Co- 

• mudidades Religiosas; pocos como e! P. Zúñiga perso- 

• nifiearon mejor el verdadero significado déla palabra 

• Fraile. Estos á su vez reúnen en su historia, la histo- 
ria de toda aquella tierra; redujeron los indios á po- 

• blado, enseiláronles á construir sus casas, diéronles 
•nociones de agricultura, les ofrecieron semillas, en Fi- 

• Üpinas desconocidas, y les instruyeron en artes é in- 

• düstrias, que jauíás los indios habían sospechado; 

• fundaron escuelas, abrieron caminos, promovieron la 
•introducción de la imprenta,., de tribus bárbaras su- 

• midas en el mayor grado deabyección, hiciepon pue- 

• blos civilizados, amoldando á sus individuos en el 
•grado posible á imestra maneca de ser, y elevándoles 
•á un punto de cultura que sorprende á todos los via- 
•jeros europeos: significan pues los Frailes en Filipi- 
^nasuna, á mudo de dilatación del espíritu nacional, 



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EN FILIPINAS 377 

»en aquel confio del globo, por lo que tienen de asimi-' 
•ladoreíí; la más germina perrionifteaeión de nuestra 
>raza en aquella muchediimbre de i,-ílas, por ellos prin- 
• cipaltnénte, españolas: un factor etnológico considera- 
>ble, puerto ijae en el problema de la civilización 
5de aquellas gentes han sido tos que más han traba- 
»jado> (1). 

Otra de las figuras más salientes en Filipinas en el 
primer promedio del siglo que acaba de finar es la de! 
insigne botánico P. Fr. Manuel Blanco, Agustino tam- 
bién. Nació en Navianos, provincia de Zamora en 1780 
y profesó en el Colegio de Valladolid en 1795. Su ta- 
lento fué profundo y vastísimo, su ingenio observador, 
perpicaz en el análisis y minucioso en e! examen: in- 
vestigador atento y pacientísimo, su caridad evangéli- 
ca, su amor á la ciencia y á los indios, su laboriosidad 
extremada, sus aficiones naturales le impulsaron á 
acometer una empresa cuya magnitud por sí sola, ha- 
bría retraído á otros de menos alientos, de menos pers- 
picacia, de menos instrucción y conocimientos cientí- 
ficos. Hablamos de !a F'lora Filipina, obra inmortal, 
admiración de los sabios; uionumento científico, que 
hizo célebre el nombre de su autor, honra de la Pro- 
vincia Agustiniana, de la Urden toda y de la patria; 
portento maravilloso de laboriosidad, estudio y obser- 
vación, que pnreee a primera vista superar las fuerzas 
de un hombre solo, sin au.xilio ageno, sin guia en la 



(1^ Prólogo ilul Si'uor Retuua aL £sta<lÍFimo . págiaas 
SXIV-XXV. 



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371? LAS C0RPOnAaONRSRIÍLtGK>RAS 

materia de que trata como sin guia se internaba y 
extraviaba en las exploradas selvas donde erecen y 
florecen las plantas, objeto de sn estudio; obra escrita 
sin leccioiiefi de luaestrow, sin libros de consulta, sin 
los consejos de la experiencia, y solamente por amorá 
la ciencia, por amor á los indios, por amor á la huma- 
nidad, en cuyo obsequio empleó sus ocios, salud y 
fuerzas; dedicó sus vigilias, sus desvelos, su vida toda 
empleada en el cumplimiento de sus deberes de Párro- 
co, Superior y Religioso, y las horas de reposo y des- 
canso á la investigación y examen de árboles y plantas, 
á su clasiflcación y denominación científica y vulgar; á 
dar á conocer sus virtudes, sus cualidades medicinales, 
haciendo en sí mismo experimentos peligrosísimos para 
ser útil á la ciencia y á los hombres. 

«La F'lora> por el P. lílanco, aparte su méritocien- 
tífico, es una gloria no solamente Agustiniana sino que 
también Nacional por las circunstancias especiales en 
que fué escrita; por la época en que se escribió y por 
ser su antor un Religioso sobro el cual pesaban decon- 
tinuo, ó los múltiples y delicados deberes de Párroco; 
ó los muy graves tajubieh de Prior, Procurador general 
y Provincial, pues todos estos elevados caicos desem- 
peñó en su Provincia el P. Blaiieo cum mérito et laude, 
á satisfacción de todos, 

El talar el bosque virgen, desbrozar los campos, 
roturaries y hacerles productivos, fué siempre más 
costoso y diñcil que mejorar e! cultivo y hacer au- 
mentar la producción; ver el oro á través de la masa 
granítica ó de las espesas capas terrosas, adivinar el 



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diamanteen las profundidades de la montaña, en los 
recónditos seno^i de la tierra, es más meritorio que la 
extracción del precioso inelal y^que la explotación de! 
yacimiento. Aquello lo hacen los sabios, esto los eapi- 
lístas, los indiislriales afortunados. En materia de bola- 
nica filipina algo habían escrito el P. Calvo y otros, 
pero -sin orden ni método, ni plan científico, y más que 
obras completas, l'ueron relaciones ó calálogos de 
pintas útiles al hombre. El P.Blanco fué el que taló, 
desbrozó y roturó el bosque vii^en; el que adivinó el 
tesoro riquísimo encerrado en las especies arbóreas, 
tintóreas y medicinales de la llora filipina: el que hizo 
de ellas un estudio ser¡o,metódico, ordenado en cla- 
ses, géneros, especies, familias etc.; el prhnero que en 
el p^s abordaba esla materia diiieilisinia en medio de 
ocupaciones innumerables de cargos y ministerios,, y 
sin otros maestros, guias, ni libros que las obras de 
Linneo y de Jnssieu. 

Del P. Blanco decía hace medio siglo el periódico 
«El Amigo del país> en su número l'SQ. 'Conio Reli- 

• gioso fué estricto observador de su regla, ya como 
•subdito, ya como Prelado. Visitó con apostólico celo 
•las provincias, aprovechándose de estos viajes para 
•sus investigaciones eienllficas, examinando los bos- 
•ques, los montes, los rios, las producciones del pais. 
•Asi adquirió aquella suma de datos que tan útil le fué 

• para cartas topográficas que hizo levantar de las 

• provincias, las cuales se imprimieron eu 1834. Como 

• Cura de almas mereció siempre las bendiciones de 

• SUR feligreses. Les instruía en o! cultivo de las tierras 



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380 LAB corporaí:iones RELininsAS 

»y en el conocimiento de las plantas, que sirven para 

•los tintes. En el pueblo de Angat fué donde comenzó 

• el estudio de la Flora del pais. No teuía estudios, 
■>pero con la obra de Linneo y de Jussieu sin maes- 
»tpos, ni más libros que los citados dio comienzo á su 
«obra inmortal la Flora Filipina, que su modestia no 
■le permitía dar ala imprenta á no ser porque Su Ma- ' 
.jestad misma le invitó á ello poriíeal Orden de 27 de 

= Marzo de ISÜ't y i- de Marzo de 1836; ordenando 
»al Capitán general que dispensase á dicho Padre 
Hoda ía protección que estuviese en sus facultades 

• para la impresión. Su candad con loí pobres le movió 
»á traducir del francés al tagalog el tratado de raedi- 
>cina casera de Tissol. Otro titulado Guía para dispo- 
»ner al cristiano á la confesión y á la comunión.». . . 

. Otro de sus biógrafos (1) añade: .No tenía un rato 
íOcioso que no lo emplease en aíguna cosa útil y pro- 
•veehosa, ni el sol ni el agua eran bastantes para im- 

• pedirle el ver una planta nueva, que pudiese añadir 
»á sus trabajos. Nmica permitió su hamüdad el que 

• le retratasen, y solo ocultándose el retratista pudo 

• conseguirlo. Una disentería maligna habia minado su 
•salud y el 1." de Abril de IB'tó dio su espíritu al 
•Creador^. 

^Principe de los Botánicos' llaman al P. Blanco sus 
continuadores en la novísima y monumental edición de 
La Flora Filipina «Acreedor es á semejante títutoi 
•añaden, no solo por el extraordinario talento revela- 



Uí P. Ciino. Catálogo. 



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kíi flLtPt«IA3 Sífll 

• do al describir <nm nolable exactitud y maestría más 
>de 1.200 especies distintas, si que también por !a fiier- 
>za de voluntad con que coiisignió llegar á Maestro, 
»quieii poi- su sola afición habla emprendido tan colo- 
»3al estudio sin las preparaciones y elementos requeri- 
•dos para salir airoso de semejante propósito. 

«Antes del P. Blanco, dice otro biógrafo (1) en 
"la 3." edición, el reino vegetal de estas islas á penas 
»nos era conocido masque por su pompa exterior, 
•pero hoy, con el auxilio de la Flora de dicho Religioso 
-podemos penetrar en sus bosques vírgenes seguros 
*de poder averiguar el nombre de niuchísimos vegeta- 
síes, que en ellos habitan. Este incansable Religioso 
= nos dio una porción de secretos sobre' muchas plan- 
>tas de las que la industria y el couierdo han sacado 

»y seguirán sacando muchas utilidades. 

•Hombre verdaderamente digno de eterna alabanza 
•que venció miles de dificultades, y sufrió indecibles 
•trabajos para legarnos su obra monumental, que hon- 
rará para siempre su nie?uoria, y en la que se mostró 
•agradecidísinioálosque en poco ómucho le ayudaron 
>á llevarla á cabo como los Rnriles, Azaolas y IJanos. 
squienes por ella alcanzaron no pequeño renombre*. 
Pero oigamos al mismo Autor, modesto Religioso, 
ilustre sabio, eminente botánico, desconocedor de su 
propio mérito y profundo saber: «Nunca fué ini pen- 
»samiento formar un Tratado de plantas digno de la 
»luz pública. Una simple curiosidad me había hecho 

■ (1) Edición de Injo déla tFIor» Filipina> prólog p. XXI, 



Got>glc 



882 LAS conpoRAnirtríRH RRUoiriflAS 

>ir escribiendo lu que me parecia interesante; pero 
»algimus sujetos, que tuvieron noticia de mi trabajo 
"ine instaron mucho á que lo publicase-. 

No fué solamente la simple cuiiosidad la que movió 
al humiide Religioso á estudiar y escribir la Flora Fi- 
lipina. Como misionero y como Párroco se debía á sus ■ 
fel^reses, á quienes había consagrado sus afanes, des- 
velos y vida. Otros Religiosos habían ensenado á los in- 
dios, no solamente lo relativo al alma, sino que también 
lo referente á la felicidad de los cuerpos, instruyéndo- 
les en lo que más podia convenirles. El P. Blanco vio 
en los espesos bosques y en las escondidas selvas te- 
soros inestimables, desconocidos hasta entonces de 
todos, y su anior á los indios en particular, y á la hu- 
manidad en general; su amor al estudio; sus inclina- 
ciones á la investigación fueron otros' tantos estímulos 
poderosos que le decidieron al descubrimiento de los 
tesoros ocultos por la naturaleza en las raices, corte- 
zas y flores de árboles y plantas. Al contemplar desde 
las ventanas de su Convento de Angat la vegetación 
exuberante y lujuriosa, que arraneando de las faldas 
de las primeras estribaciones de S. Maleo, va creciendo 
y elevándose' hasta las más empinadas cumbres, cómo 
si quisieran ocultar á los ojos del hombre bajo un manto 
impenetrable de verdura los tesoros escondidos en sus 
sombrías profundidades; al niurranrar las auras eñ su 
oidü los secretos sorprendidos en la selva ai pasar 
acariciando árboles, plantas y Oores; el alma artista, y 
poeta del R Blanco, su corazón amante de las ciencias 
y de los hombres, debió de sentir una necesidad impe- 



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riosa, iiim tentadora é irresistible curiosidad de pene- 
trar en aquellos inexplorados bosques, averiguar sus 
secretos, descubrir sus tesoros, de preguntar á las cla- 
ses arbóreas, familias, géneros y especies sus cualida- 
des, propiedades y virtudes, su nacimiento, adolescencia 
y virilidad en los retoños, llores y frutos; su parenlea- 
co, afinidad, analogías y semejanzas para de todos 
estos conocimientos é investigaciones reportar utilida- 
des y conveniencias para sus feligreses y para toda la 
humanidad. ¿Qué otra cosa significan las observacio- 
nes intercaladas en el texto sobre las propiedades cu- 
rativas, virtudes medicinales y útiles de plantas y ar- 
bustos, árboles y vegetales? 

Prosigue el modesto autor: «La historia pues délas 
•plantas de las islas Filipinas debía haberla emprendi- 
>do un Botánico de profesión qne mereciese la con- 
=fianza de los sabios y qne se pudiese presentar sin 
• rubor al público ilustrado de estos tiempos. Yo no he 
«tenido Maestros, ni herbarios, ni aun casi libros, 
ícuando empecé por afición á entender en esta mate- 
»ria. Mi único libro entonces era el sistema beijetabilium 
»de Linneo. Adquirí pasados algunos años otras obras 
•del mismo Autor, y mucho tiempo después el libro in- 
>mortal de gmera planlartim de Jussieu con otros 
«libros». 

En estas pocas lincas está fotografiado de cuerpo 
entero el P. filanco. La humildad del Religioso, que des- 
conoce su mérito, desconfia de sus fuerzas, se ruboriza 
al presentarse en público; se confunde con la modes- 
tia del sabio, que cuanto más avanza en el camino de la 



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Sa4 Í.AS ctmrOTiAciftíJEs ttKLimnsjia 

ciencia, ve con infts olandaií riiic es niayoi' la distancia 
que !e separa de la meta del saber liumand. Kí P. Hlan- 
co que sin libros, maestros, guia, ni experiencia creó 
— esta es la palabra — laí?or« Filipina con la intuición del 
genio, con la perspicacia del talento, con ia aplicación ■ 
y observación del filósofo y con el instinto del artista, 
necesitó que una Real Oi'den y que la invitación hono- 
rífica de la Reina y las cariñosas excifaetones de los 
amigos, vencieran la timidez de su humildad, para que 
diera á la imprenta el fruto de sus cxperitnentos y es- 
tudios, para que todos aprovecháramos sus lecciones y 
conocimientos uliüsimos á la ciencia, á ¡a medicina, á la 
industria y al comercio. Ksto es sublime, magnífico é in- 
verosímil en estos tiempos do sabios universales que 
inundan el mundo de libros sin sustancia con preten- 
siones de obras monumentales. 

Pros^ue el Autor de la Flora Fíli¡ma: ^Increíble 
>es lo que so ha escrito en Filipinas sobre todos 

«asuntos '■ 

»pero ciíléndomc al asunto de las ciencias naturales 
»siempre serán acreedores á una gratitud eterna los 
>Padres Glain, Delgado, Mercado y Santa María: los pri- 
. meros de ia Compañía de Jcsiis, el tercero Agustino y 
>el cuarto Dominico', 

Los que denigran á las Órdenes Religiosas de Filipi- 
nas, ú obran de mala fe, ó ignoran la historia del país, 
desconocen las glorias patrias celebradas en el extran- 
jero, y no saben que ias Órdenes é Institutos religio- 
sos han dado en todas las épocas y tiempos el mayor 
contingente al catálogo de los sabios. ¿Cómo habían de 



.i,,Go(><íle 



KN Fii.rvr-^AS 



SRii 



faltar las Caqiora'jioneK regulares de Filipinas á esta 
aaüquísiiria Iradició» q«e responde k imo de los princi- 
pales liiies de Lodo Iiislitittn Religioso? Kii lus capítulos 
anteriores dejamos escrita una abreviada relación de 
los eseritoresi Agustinos filipinos que euiplearon los po- 
cos momentos de descanso que la adininistración espi- 
ritual de los fieles y otras atenciones les dejaban libres, 
, en escribir sobre todos los ramos del saber liumano. 
Interminable bañamos la citada relación, si en ella com- 
prendiéramos á los escritores de las otras Comunidades 
Religiosas; y á los que depositaron inéditos sus trabajos 
literarios en los Archivos délos Conventos, ^porque la 
sincorregible torpeza de los indios amanuenses, —dice 
>el P. Blanco— lí) gro.sero y caro del papel é impren- 
»tas» hacían uiuy dificultosa su publicación. Después, 
cuando las circunstancias variaron y hubiera sido re- 
lativamente fácil y económica su publicación, unos se 
hablan perdido en el saqueo de los Conventos por los 
ingleses; «tros habían sido pasto del devorador ««ay (1); 
y muy pocos se conservan íntegros ó intactos de los 
cuales van publicándose algunos, cuanto lo permite la 
situación ei^onóniica, no umy desahogada de las Orde- 
nes Religiosas. Podemos asegnrar.con la historia en ta- 
maño, que el veinte por ciento de los Religiosos Fili- 
pinos escribieron obras impresas é inéditas sobre los 

(i) Aiinyansect-o líe los Nüurdpt.oros. La. especio más 
común en Filipions es la J\;i-mes divr..'i. Hag, Vig ü07, Soq 
tan deatruetores nue una pequeña legión basta para reJa- 
cir & polvo en pocos dlaa un centenar de libros. líatau»- 
£stadÍ8. apéndice D. p. Í'¿1. 



j,,Cooj^le 



;íK6 I,as corü'DRACioxKs i!i';i:ir.msAS 

diversos raitius del saber; y i¡iie el noventa por ciento 
contribuyó con sus conociinienLos, trabajos, intereses 
y prestigio á la construcción de Ina edificios públicos, ál 
trazado y conservación de las calzadas, á la implantación 
y propagación de indiistrias nuevas^ y ¡I tudas las obras, 
qiie .en tres siglos hicieron próspero é ilustrado á nn 
pueblo salvaje, .separado de la Metrópoli miles de le- 
guas. Desafiamos á todos los acusadores de las Ordenes . 
moná-sticas de Filipinas yá todos sus erieuiigos, á que 
presenten una proporción igual de escritores y bienhe- 
chores delpaíM entre todas las rilases inmigradoras, es- 
pañolas y extranjeras. Nos conloslaráii que los euro- 
peos inmigrantes no í'ueroii al pais para civilizarlo, sino 
para especular honradamente y explotar los abundantes 
veneros de riqueza que atosoralja. Tampoco los Reh- 
giosos acompañaron á Legaspi; y continuaron conde- 
nándose á nn ostracismo voluntario para ser maestros 
de agricultura; ni albañiles, arquitectos, etc., sino para 
sacar del paganismo y de la idolatría á las Iribus sal- 
vajes, enseñarles las verdades de la Religión, instruirles 
en las doctrinas de la fe y en lo necesario para la 
salvación de tas almas. A esto principalmente fueron á 
Filipinas las Comunidades Keligro.^as, y del cumplí mien- 
to de este compromiso pueden sus enemigos exigirles 
estrecha cuenta, la cual rendirán cumplida y satisfac- 
toria con creces como ya hemos demostrado; y sin em- 
bargo de no sor esta su misión primordial, los Relrgio- 
so= crearon en el pais la agricultura, las ciencias, artes é 
industrias; las impulsaron, cultivaron y llevaron á la 
gcrfecciún, que hemos visto en los capítulos anlerioreg- 



I ., Google 



EN FILIPINAS i387 

Y no obstante esto, claro como la luz, demostrado hasta 
la evidentíia, probado corno la verdad, las acusaciones 
subsisten y los cargos se repiten, porque tienen ojos y 
no ven, ó no quieren verlos qiie'por p&sión, odio, espiritii ■ 
de secta ó por ignoraneia supina denigran á los Institu- 
tos Religiosos, dignos de la consideración y respeto de 
loda persona amante de !a verdad y de lajiisticia. 

(Iraii impulso recibieron en el siglo diez y nueve 
¡a arqniteelora ó industria del pais debido á los Párro- 
cos regulares. Pastores de la.s almas fué su deber de- 
fender á sns ovejas do! peligro continuo con que los 
■ moros joloanos amenazaban su libertad y sus vidas, 
La necesidad les forzó á enseñar á los indios las nocio- 
nes elementales de arquitectura para construir los ba- 
luartes, que fueron los diques, que contuvieron, en 
mucho la invasión pirática. T.a economía, el esplendor 
del culto, y otras necesidades no tan urgentes, pero 
útiles y bcncfinosas para los pueblos, hicieron qué 
los Párrocos aprovecharan los conocimientos de sus 
discípulüs parala creaeción de templos, casas parro- 
quiales, escuelas, casas municipales, puentes y alcanta- 
rillas. Pero no en todas partes habla materiales de 
construcción, ó sean canteras de donde extraerla pie- 
dra para sillares; y esta carencia y escasez fué suplida 
por los Religiosos con ladrillos. — ¡Ladrillos! ni de nom- 
bre loa conocía el indio filipino. Prista grave dificultad 
no fué óbice serio para el Religioso del siglo diez y 
nueve. Sns antecesores habían enseñadoal indio el uso de 
iustruraentos y aparatos sencillos de agricultura y ar- 
tes; lo3 Relipoaps del siglo diea y nueve le ^nseñaroB 



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888 I.AS C()KPOR\r,t(iSF.íí FlRLICinSAS 

la nueva industria de la fabricaciúri de ladrillos y su 
aplicación eii eí arte de edificar. Fué el primero de 
estos beneméritos Keligiosos, el 1'. h'ranuisco Laredo, 
natural de líuyele's, Obispadode Dviedu y que[jrofesó 
el año- 1830 en el Colegio de Valladulid. Siendo Párroco 
de (iapái!, pueblo de Nueva-IOeija, emprendió una obra 
colosal en la Iglesia sin maestros, sin recnrsos, ni ma- 
teriales siquiera; todo lo cual suplió la finueza de su 
voluntad con los recursos de su ingenio. Se propuso 
hacer de ladrillo la bóbeda de la Iglesia, lo cual pre- 
sentaba serias dificultades, invencibles para otros me- 
nos ingeniosos y menos activos, l-^n un pais agitado 
í'recuentomenle por las convulsiones de la tierra, una 
bóbeda de ladrillo en lui templo, sino era una temeri- 
dad'parecia una imprudencia. Si agregarnos que la. 
obra había de ser dirigida por un Religioso, estudioso 
si, y aficionado ala arquitectura, pero sin titulo oficial 
ni siquiera de jnaestro de obras, y el cual carecía de 
operarios inteligentes y materiales apropiados, podría 
considerarse el simple designio, como una gran locura, 
Y no obstante resultó una obra acabada, sólida como 
lo exigían las condiciones del pais, y bien arqueada y 
esbelta, como si hubiera sido diseñada y dirigida por 
el más hábil ingeniero. ¿Cómo obró el P. i<aredo este 
milagü? Ha(4endo horiujs para cal y pai'a ladrillos; en- 
señando á los indios á ecmcr la cal, batir la tierra, 
modelar el adobe, cocerlo y asentarlo sobre las cim- 
brias, siendo él mismo ingeniero, Maestro, inspector, 
albañil y peón obrero; trabajando corno tal al sol, á la 
lluvia, á la iiitcniperie; animando con su ejemplo, sos- 



.LvCoo-^le 



r.ft PfLiPifíAS 389 

teniendo con su constancia á los indios, que poco ha- 
■bituados á trabajos laTi duros y penosos desfaüocian 
con frecuencia: y tal maña se dio el P. Laredo, y tal la 
actividad y energía.que desjilegó en la ejecución de 
su empresa, que á su riiuOFte en ISñí, dejó terminada 
la bóbeda del Presbiterio, crucero, y parte del cañón 
ó nave principal de la Iglesia; hecha todo lo espresa- 
do en menos de cinco afios. 

Esto mismo hizo en llocos eí P. Fr. Nicolás Banrel. 
Siendo Párroco de Narvacán, hizo hoi'oos paraca! y 
ladrillo, instruyó á sns feligreses y con la ayuda de 
estos construyó un puente do ladrillo sobre el rio Ca- 
yape, el cual existe todavía, y dio á conocer en 
llocos esta nueva industria, que ha servido después, 
para que la mayor parte de los edificios públicos 
de las dos provincias líocanas, y tosde la üniónhayan 
sido contruidos con dichos materiales, desconocidos 
de los llocanos basla entonces. Piir su oelo, labo- 
riosidad y virtud mereció el P, Ranrel que el Capitán 
General, le diera las gi-acias en una comunicación fe- 
chada el 2 de Julio de l«i9. 

El buen ejemplo de estoá insignes Religiosos no 
tardó en ser iuiiiado por oíros Compañeros tan celosos, 
trabajadores amantes del país y de la patria co- 
mo los PP. Laredo y llanrel. Rn las Vísayas y par- 
ticularmente en Uoilo, fué donde la nueva, industria tomó 
proporciones considerables, y adquirió como carta de 
naturaleza, pues hasta IH'JT que Fueron incendiadas 
por los Revolucionarios, se coacervaban, fnnciouaban 
y daban pingües i-enilimieutos ;i suh pnipietanos dos 



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390 LA3 CORPOnACrflJÍRS RELIGIOSAS 

fábricas de ladrillo perteiieeieates áio3 Señores Coso 
y Porta; Martínez y Ordax, situadas éntrela capital - 
lloilo — y el pueblo de la Paz. Contribuyó al rápido des- 
arrollo de esta iiidnslria la escasez de canteras en la 
provincia, piíes las de Igbai-ás y' León, qne eran las me- 
jores por la calidad de la piedra, distaban mucho de 
los pueblos centrales ipie eran los más populosos y 
ricos. Foreste motivo Io.s PP. Fr. Miguel Carot, y Fray 
Juan Ruiz dispusieron sustituir la piedra con el ladrillo 
para la fábrica de las Iglesias y Conventos de sus Pa- 
rroquias, Janiuay y Cabatuan respectivamente; para 
las escuelas de ambos sexos y para otros edificios pú- 
blicos y obras procomunales. Al efecto dispusieron di- 
chos PP. la construcción de hornos para hacer cal de 
la piedra caliza, que abunda en los rios .íalaud y Sa- 
log en su corriente superior; después hicieron los hor- 
nos para cocer los ladrillos; dieron á conocer á sus 
feligreses la tierra arcillosa, como materia prima; en- 
señáronles á batirla, á fabricar los moldes y les prove- 
yeron de máquinas y aparatos, todo ideado por ellos, 
costeado y dirigido .por ellos. Tal vez no haya provincin 
filipina, de monos recnrsos para las construcciones de 
inampostería y en la que más abunden los edificios 
Religiosos y civiles hechos con estos materiales. En el 
segundo promedio del pasado siglo parece que la fiebre 
de la edificación se apoderó de e-ípañoles y extranjeros 
sin distinción de clases, y (jue todos á porña emula- 
ban en la erección de casas-palacios, templos, edificios 
públicos, y puentes; con lo que la industria de que 
tratamos adquirió una importaticia aBombrosa y lacual 



I , Cooj,;lc 



limitada en impriricipio íi satisfacer las necesidades 
locales en los pueblos alejados délas grandes eaate- 
ras, y monopolizada Bolamente por los Párrocos para 
la fabricación de sus Conventos é Iglesias y la de los 
edificios públicos de sus pueblos, fué iiltimamente pa- 
ra los españoles Coso-Porta, Martínez -O rdax un ne- 
gocio que en poco tiempo adquirió gran desenvolvi- 
miento, y enriqueció á sus propietarios, que dotaron 
sus fábricas de los aparatos y adelantos modernos, y 
prometía para el porvenir an negocio colosal, porque 
la importancia comercial de lioilo, siempre en auge 
atraía casas de comercio con capitales considerables, 
barcos de todas las naciones, (pic iban ó abarrotar sus 
bodegas del preciado dulce de la caña de azúcar que 
por millones de picos (1) afluía á ¡a capital ilonga de 
las provincias de Negros, Cebii, Cápiz y Antique. El rio 
de oro que establecieron las transaciones comerciales 
reflejaba su brillo en los palacios, que se construían en 
breve tiempo, los cítales, con ser muchos y espaciosos 
no bastaban á dar albergue ala muchedumbre cosmo- 
• polila, que de todas partes conriirría á la ciudad ilon- 
ga, atraída por ei olor de laazi'ioar y por el brillo 
del oro. 

En las provincias Visayas, al igual que en las res- 
tantes de! Archipiélago, ni se conocía ¡a fabricación de 
la cal ni del ladrillo, ni el uso de la piedra en la edifi- 
cación niel nmdo de labrarla; ni tampoco las herra- 
mientas, inslrnuientns y artefactos empleados y ensc- 



(1) Pico; cinco arrobas y lueiUa. 



Ct>oj^lc 



392 LAa'CORPORACTONES REtlOIOSAS 

nados por los Religiosos. Hasta ahora conservan los 
indios y u^ati los nombres castellanos de cantero, pico, 
dmel^—sinsel — escuala por escuadra etc., y otros chini- 
cos aplicados á otras herramientas; no teniendo idea del 
arte, tampoco la tenían de los instrumentos y aparatos, 
ni de suíi nombres técnicos y vulgares. Pero cuando 
los Párrocos í^e vieron en la necesidad de edificar 1q3 
baluartes ó collas, comenzaron por enseñar á loa in- 
dios á fabricar, usar, emplea!' todos los materiales y 
elementos necesarios al fin propuesto. La provincia de 
lloilo fué por su posición geográfica y la longitud de 
sus costas una de las tnás castigadas por - la piratería 
joloana. Los Párrocos, para defender á sus pueblos 
les obligaron á edificar muchos y sólidos baluartes, 
todo alo largo de la costa del Sur; solamente en la ju- 
risdicción del pueblo de Guimbal construyeron más de 
veinte. Con este motivo aprendieron los indígenas ft 
canteros, albañiles, picapedreros, eaTpÍntero.s, y otros 
oficios; resultando, que si dicha provincia es escasa en 
materia prima de construcción, es sin embaído en la 
que mas abundan los operarios inteligentes, lo cual, 
compensa la escasez ile elemontos materiales. Por esto 
la edificación urbana adquirió tan considerable des- 
arrollo; y en lus pueblos se admiran los magníficos y 
suntuosos templos, las espaciosas escuelas para párvu- 
los de ambos sexos; las casas consistoriales, los am- 
plioseementerios, algunos delus cuales así como mu- 
■ chas iglesias pudieran competir con los de las ciudades 
enropeas, como son las ^lesias de Otou, Molo, Tigbauan, 
Tubungan, León.S. Miguel, Santa Bárbara Cabatuan, 



j ,, Ccx>'^[e 



EN FILIPIIÍAS 393 

.Taniuay, Dueñas y Dumangas; y los eementeriosdeSati 
Joaquín, Miagao, Giiimbal, Tigbauan, Ototí, Cabatuan, 
.laniíiay y los de casi lodos los pueblos de la proviii- 
cia;lleva[ido ventaja á inuchan citidade.s de la Penín- 
sula las Casas Consistoriales, y escuelas de párvuloí^ de 
tnnchos pueblos. Por e^^o también abundan los puentes 
de piedra sillería y las alcantarillas de ídem habiendo 
pueblos como el de Maasin en donde no hay un solo 
puente ni una sola aleautarilía en lan cuatro calzadas 
comunales y vecinales ijne tiene el pueblo, que no sea 
de inainposleria; debiendo advertir que ningun ingenie- 
ro, ni arquitecto, ni maestro de obras titulado dirigió Ioíí 
trabajos ni tuvo participación alguna en las obras em- 
prendidas y ejecutadas de orden y bajo la dirección de 
los Párrocos. 

Huelga insistir sobre este punto: resultaríamos pe- 
sados en demostrar más detalladamente, que todo lo 
que habia en Filipinas al comenzar el siglo diezy nueve 
en arquitectura, agricultura, industria, artes, oücios y 
letras fué obra exelasirameuie de los Heligíosos; ellos 
• lo implantaron lodo en el j)aís, enseñaron á los indios, 
instruyéronles en el uso, aplicación, manejo y benefi- 
cios de lo enseriado, cuidaron de sn progreso, y lo" 
sostuvieron con sus recursos. Aun en la primera mitad 
de dicho siglo hemos víkío que los Religiosos no des- 
cansaron en sus tareas tradicionales, y continuaron 
mejorando loliechopor sus predecesores, y añadiendo 
ellos lo ([ue podían y necesitaban los pueblos. 

Cierlo ipie laiit;ri<!idtnray ^1 comercio liabíau pro- 
gresado ¡JOCO. Todavía y hasta el últinu) tercio deí 



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394 T.AS coRrORAnrnríFF REr.rntnRAS 

siglo diez y nueve se conservaron los arados romanos 
priiniüvos en los ingenios de eaiia dnke, asi como tam- 
bién los camarines de «ula y iiipa y los molinos con 
cilindros de madera; no se conocían en el país otras 
máquinas do mayor potencia para exprimir la caña y 
extraer el jiigosacarino;se ignoraba el modo de lim- 
piarlo y de piirifieaplo, y nosesabiagraduarconvenieri- 
teniente e) calor de loshonios para qne la decocción 
fuera moderada; se ignoraba tairtbien el mecanismo 
de otras operaciones y aprovechamientos, como la apli- 
cación del bagazo, como eombnstible, y hasta el regular 
este gradualmente, resultando de estas ignorancias 
deficencias en la elaboración y descenso en la calidad 
del aziicar con la consiguiente depreciación en los 
mercados, Pero, ya lo hemos hecho constar antes, los 
Religiosos no eran hacenderos, ni agricHltores en gran- 
de, ni en pequeña escala; las Coiiuinidades Religiosas 
no eran empresas agrícolas ni comerciales. Habían he- 
, cho máspor la agricuUiipa de lo que podía exiglrseles 
de sti ministerio, y habían hecho más que todas las 
cleses 6 individiralidades propias y ejitmñas al pais. • 
Habían dado á cunocer á los indios el maíz, el cacao, 
el café, el abacá, el añil y olraa producciones; les ha- 
bían enseñado aparatos, instrnraeiitos, herramientas, 
métodos de explotación y cultivo, de ellos antes desco- 
nocidos. El impulso estaba dado, la semilla sembrada, . 
la que con el tiempo produciría los abundantes frutos 
que prometía para un porvenir no lejano aquella tierra 
tan fecunda como las más privilegiadas de América. 
Considerada eti conjunto la labor evangélica y civili-. 



Ho.tedt^'Gbogle 



zadora de los Religiosos el éxito fué maravilloso, no 
tiene explicación humana. Cuatro cientos mil indios(l), 
que hacía IrescieiUos años eran tribus salvajes, erran- 
tes y vagabundas poP los bosques, formaban después 
miles de pueblos y ciudades floreeienles: la agrieuUura 
reducida en la época del descubrimiento á un solo 
artículo, el arroz, consistía en hacei* con un chuzo agu- 
jeros en la tierra en los que depositaban los granos; la 
cosecha no podía ser muy abundante ñ. pesar de la 
fecundidad asombrosa del suelo; despnes en el primer 
tercio del siglo pasado aquel mismo país exportaba azú- 
car, afii! abacá, café, cacao, tegidos y otros productos 
antes desconocidos de los ascendientes de los exporta- 
dores, y por valor de r>.()fK>,000 de pesos fuertes según 
los cálcalos de D. Tomás Comyn (2); desde 1861 á 1863 
el promedio resultante de la importación y exportación 
arrojaba al año, segi'm los cálculos de Don Gimeno 
Agiu3(3), un total alario de 17.84'í,77l-}. 

Refiriéndose un Religioso Agustino ala Circular del 
tlobernadop Urbiztondo sobre la inmigración de Chinos 
en Filipinas para dedicai'les exclusivamente á la í^ri- 
ciilturadecía: (i) «Ahora después de recibido perla 

• colonia ei impulso do esta sabia disposición hacia su 

• prosperidad, es preciso esperarlo todo de la civiliza- 
«ción de estas regiones, de las nuevas necesidades, 

(1) Segñn ta opinión raás probable. 

(2) Estado dñ las islas Pilipinus en 1810 Bravo y Bn- 
ceta Diccionario. Pieiiininarea, p. 224, 

(rf) Población y (.■ouhtcío de Filipinas. 

^•1) Bravo }■ Hncela Diccionario, tom. l,"|i, 184, 



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998 LAS coRPonArTnTCiTiFLiniOíJAfl 

»que esta civilización hace sentir ásns naturales, del 
íamor al trabajo, que aquellas y estas no pueden me- 
tnos de crear en ellos; de los cuidado?: mm por to- 
ados los mediotí posibles se hayan de dirigir á inenl- 
ícarles este mÍMEno ainoren menoseahodei^uinclinación 
•á la holganza contraponiendo la actividad de la 
«cultura á la postración (¡ue en ellos imprime la in- 
>íluencia del clima'. 

Se equivocaba el buen Ueligioso. El pais filipino, qne 
por su posición geográfica y abrigados puertos podía 
ser el centro del comercio de Oriente, había de per- 
manecer algunos años más, muchos, estacionario. Los 
nuevos elementos llevados á las islas para dar impulso 
á la agricultura eran oriundos de Hon-Kóng, Cantón, Ma- 
cao y Kmuy, puertos eoinereiales, ignorantes de! destino 
que se les daba, pero con la propensión natural de 
todo Chino al comercio, para el qne tienen una aptitud 
especial, asociada inseparahlemeLite á la virtud de la 
ecoHOmía. Kn efecto: al comercio se dedicó el mayor 
uúmen* de los chinos iuiportados para dedicarles á la 
agricultura á c.'<mcia ij pamandu de las autoridades. Al- 
^n tiempo íiabía do transeurrir todavía antes de ser 
explotados en grande escala aijuellos bosques poblados 
de altísimos y robustos árboles, á propósito para la 
construcción de edificios, buques, muebles y para todas 
las necesidades déla vida civilizada: lo mismo había 
de suceder con el aprovechamiento de los numerosos 
canales que comunican con lagos interiores; con los 
profundos esteros que se internan en las islas leguasy- 
leguas facilitándola entrada de las embarcioties, y la 



stedbyCoOglC 



KN FILIPINAS 397 

cai^a y descarga de las muniaiicias; y con los cauda- 
losos ríos como vías eooiióinioas y seguraH para la 
conducción de los frutos al puerto de su salida al ex- 
terior. Todos ostüs eleiiierilos del coinercio lilipiíio, que 
habiau de ser la hicrza motriz que sacara de la iner- 
cia la apatía del indígena, y de dar vi<la á la agiícuitu- 
ra y á la industria habían de quedar, lustros todavía, 
en e! esfuerzo expoiitáneo de la naturaleza, casi en el 
estado en que so hallaban á la llegada de los Conquis- 
tadores. No balitaba el espíritu mercantil al por menor 
del Chino, nisu rutina, ni sii capacidad, ni su instrucción, 
ni sus conociuiienlos, ni sus capitales para sacar déla 
infancia á la agricultura, industria y comercio de lodo 
un pueblo como el Filipino, y colocarlo en breve tiem- 
po á la altura de los más prósperos y ricos. Las dis- 
posicienes de l'rbiztondo, dictadas por el hnen deseo, 
y dirigidas á noble fmno dieron resultado, por la des- 
proporción de los medios. 

Roto el istmo de Snez, las Islas Filipinas que se ha- 
llaban á distancia inconmensurable de la Metrópoli, se 
encontraron relativamente próximas á los paises. euro- 
peos, centros de la civihzación y de la cultura general. 
Por el nuevo canal se estableció entre España, Europa 
y Filipinas una corriente continua y poderosa de capi- 
tales, iniciativas, energías y actividades, que llevaron al 
Archipiélago Filipino una suma considerable de cono- 
cimientos y experiencias, que habían de ser el propul- 
,sor enéi^ico que sacara al país del estacionamiento 
crónico en que yacia. La inmigración europea encon- 
tró en las islas un espacioso campo de operaciones y 



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398 t.&3 CORPORACtOÍIESRP.LtOt(lKAS 

abuiidantoa riíaiLiritiales de rirjiuwa al aUíance de la 
mano, de fácilexplütacii'xi y ilc reiidiinicrito,-i cuantiosos; 
asi que en pocos años la agriciiU'ira diú un pawo de 
gigante; laindasLria roeibiii un vigoroso ¡¡iipiilso; eloo- 
merdo adquirió proporcioney cülusaie.-^, y todo fué 
trasfonnado cii lireve radicaliiiente. Desaparecieron en 
las explotaciones al por mayor de la agricultura los ara- . 
doa romanos, los cilindros de madera, Ion camarines de 
caíiay ñipa: y las selvas y los bosques, despojados de 
sus galas arbóreas recibieron benóvolos el arado ame- 
ricano y el de vertedera; las chimeneas elevaron sus pe- 
nachos de humo allí donde, corpulentos y añosos árbo- 
les erguían soberbios las cxplendidas copas; el vapor, 
el hierro, la piedra desterraron la cafla, ritpa y madera 
y hasta casi hiuiei-on innecesarios los servicios del 
calmoso carabao. Los J)ecauviUe iban y venían, se cru- 
zaban ate3tados do carga llevando los productos que 
rendíala tierra virgen, purificados ya por el hierro y 
eí fuego: el niovirniento sucedió ala inercia, la activi- 
dad á la apatía, y el afán de lucro, laavidez y el nego- 
cio convirtieron campos eriales, bosques inmensos, selvas 
inexploradas en ingenios productivos, fincas florecien- 
tes, explotacioifes de abundante y vanado cultivo. Ala 
■ fr^ata Buen Conmjoque fu6 la primera enviada desde 
Europa para establecer si era posible, relaciones co- 
merciales entre !a Colonia y la Metrópoli sucedieron 
los grandes buques de ancho y profundo vientre y es- 
pléndido velamen; á la nao de Acapulco, los Vapores de 
alto bordo en cuyas insondables entrañas cabía cótpo- 



Ho.tedbyGoC>g[c 



KN Fíí.iriHAS 3íí9 

datnenie el (üniierciü de UxÍd un aflíi y hasta la mis- 
ma nao. 

Los Párroi^os aziiza])ari á sus feligreses k que apli- 
casen los nuevos aparatos en ^as propiedades, y con 
sus exhortaciones constantes ■ consiguieron vencer la 
timidez indígena apegada á la tradición; dirigieron con 
acierto la colocación do los capitales filipinos, estimu- 
laron la incllnaeión del indio á imitar al europeo y no 
descansaron hasta conseguir que muchos de sus feli- 
greses entraran en el movimiento agrícola y fabril que 
la inmigración había importado en el Archipiélago. El 
éxito obtenido en sus empresas agrícolas éindustriales 
por los ni;is audaces fué un poderoso estímulo páralos 
más desconfiados, que dejando á un lado timideces 
ridiculas y prácticas rutinarias entraron de Heno en 
aquel gran movimiento, creador de fortunas fabulosas, 
improvisadas en pocos arlos, llegando á ser los indios 
mayoría en eljiúmero de grandes agricultores. 

Poderoso fiió el impulso dado al país por la inmi- 
gración europea, y sorprendentes sus resultados. <En 
»1778 el único artículo de exportación de la Colonia 
«era el azúcar, y en cantidad tan corta que no pasaba 
»de 30,000 picos». (1) En 1810 sumaba la exportación 
4.795,000. 

La estadística general del comercio exterior en 1892 
arroja las siguientes cifras: 

Exportación 2/.y/b,ob9 \ 



(1) Bravo y Encela, Dicción, tomo 1." p. 2á2. 



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iOO LAS CnRI'flRAf:i'>NE3 llF.UfliOSÁfl 

EstAs ÚÍV9S daii una i(toa del ])r(igi'es',i (itíl paÍH y 
de la virtualidad de la irmiigración eurupea. Descom- 
puestas en los varios productos ric exportación, canti- 
dad y nicdida usuales resnltari: 

Abacá: promedio de la exportación durante el qnin- 
quenio 1883-1887. 

Kilogramos: 64.985,733. —Valor: Pos. 7.(.82,271. 

Promedio id. id. id. 1888.— 18112. 

Kilogramos; 71.306,0.02.— Valor I'os. U.382,137. 
Azücar; promedio de lo exportado durante el quinque- 
nio 1883—1887. 

Kilogramos; 17,5.77S,792.— Valor: Pos. 9.369,803. 

Promedio de id id id 1888—1892. 

Kilogramos: 186.062,810. -Valor: Pos. 9.680,017. 
Tabaco en rama: promedio de lo exportado durante 
el quinquenio 1883—1887. 

Kilogramos: 3.966,1.50.— Valor: Pos, 1.064,186. 

Promedio id. id. Id. 1888.-1892. 

Kilogramos: 9.786,916.— Valor: Pos I.8i.5,OÍ3. 

Para que los lectores puedan formarse una idea 
del adelanto progresivo de Filipinas en ¡a agricultura 
y comercio, consignamos las siguientes cifras: 

ExportacUii de abacá E:qtorta'-ión rh atacar. 

Afios Kilúgraitius AñOE Kíl^granma 

1818 14,424 1835 11.777,000 

1822 122,629 1836 16.098,000 

1825 276,142 1837 12.478,000 

1830 1.093,940 18.38 12..501,00() 

1836 2.662,414 1839 16.867,000 

1840 5.300.778 1840 16.815,000 

1846 6.483,803 1841 15.581,000 

1860 7.807,260 1842 18.819,000 

18.52 15.705,430 1843 22.644,000 

1853 14.013,846 1844 21.842,000 

W64 29.314,963 1864 64.301,401 



ite'Gyoglc 



F.N FILIPINAS 



m 



Además de los electos inenoionados, azúcar, aba- 
cá y tabaco exportaba también el país cacao, café, añil 
y otros productos,' de todos los cuales solo el tabaco 
fué introducido por ei Gobierno; los restantes, ó fueron 
importados por los Religiosos, ó estos se los hicieron 
conocer á los indios y les enseñaron á cultivarlos y 
beneficiarios lo mejor que permitian las circuns- 
tancias. 

Muchas y colosales fortunas han hecho tanto los 
indígenas como los españoles y extranjeros con el eo- 
mercio, agricultura é industria, y pocos, ó ninguno ha 
hecho justicia á los Religiosos, verdaderos creadores 
de estas, y sin cuya intervención los indios yacerian 
aun en la postración física y moral de sus antepasados; 
los grandes ingenios en explotación serian infructíferos 
cogonaIes;\as industrias reproductivas brillarían por su 
ausencia y todos los veneros de riqueza explotados por 
unos yotros permaneeerian desconocidos é ignorados 
de los mismos, que se han enriquecido con sus rendi- 
mientos. La injusticia es nniy común entre los hombres, 
pero en 'este caso concreto de los Religiosos es hasta 
eruel é inhumana. Aquellos espartóles y extranjeros, 
que monopolizaban eí abacá y el azúcar: aquellos opu- 
lentos indios descendientes de los que los Religiosos 
sacaron del bosiiiie sin taparrabos siquiera, no sola- 
mente han olvidado loque el pais debe á los Religio- 
sos, sino que han visto, sino con disimulado gozo, con 
fría indiferencia las calumnias y cargos injustos contra 
las Comunidades Religiosas por quienes, ó no han vis- 
to ías islas, ó ignoran la historia de la evolución del 

ü7 



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4flá ikn coRPORACiofms relígiosah 

pais en lo politico, religioso, social, industrial, agrícola, 
comercial y científica, liemos leído las (Irónicas, estu- 
diado la historia del Archipiélago filipino; cojupuigado 
folletos, iiieiiiorias y inonografias del pais y no hemos 
encontrado una sola clase social que como las Corpo- 
raciones regulares hayan empleado á todon sus indivi- 
duos en labrar, la felicidad de los indios filipinos: algún 
Carriedo, ó Juan Gerónimo Guerrero aislados, como 
excepciones de la regla general amortiguan con su 
mérito eltinte soinbrio de las figuras intnigrantes en 
Filipinas, pues aunque ia historia nos presenta algunas 
que aportaron al pais caudales en ciencia, experiencia 
y dinero, también nos dice que emplearon dichos ele- 
mentos, no en hacerla lelicidad de los indios, ni la 
prosperidad del país, sino la suya propia y la de sus 
familias. Solamente las <"orporacioncs monásticas fue- 
ron á las islas con este fui; á él consagraron sus miem- 
bros, y trabajando por conseguirlo sorprendía la tnuer- 
te á sus individuos, que de.iaban sus restos en el pais, 
su patria adoptiva. ^;Quicn ha hecho más que las Cor- 
poraciones Heligiosas eu Filipinas";' conteste la historia 
á ignorantes y difamadores. I). Vicente líelioc, justa- 
mente indignado por ingratitud tanta exclama. (1) 
• ¿Qué dicen á todo esto los detractores de las Ordenes 
'Religiosas? ¿Qué contestan Ion que desean echarlas del 
.pais, y en que principio de justi<'ia ó conveniencia 
»fundan tan descabellado deseo? ¿Qué hanhechoenpró 



(1) La Política de Espufi* en Filipinas, año IV. Nú- 



Gi-X>g[c 



■ del país, ó que razones alegan al pedir que sea eli- 
• niinado de las islas el único elemento conservador 
»que existe en ellas; la única ¡lalauca civilizadora que 
»pFOCura hoy como siempre ha procurado conservar á 
«Filipinas para España, levantando allí nuestro nom- 
•bre á una altura indecible para que lo echen por tie- 
rra aquellos que debieran levantarlo más?» .... 



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CAPÍTULO IX. 



^Tjri^^ .A. r\ *o 



Prestigio histórico de las Órdenes monásticas en FUi- 
pinas.—Origen de este prestigio en indios y españo- 
les.— Jfecesitiad de los Religiosos para la conserva- 
cien de la conquista.— Los PP. Marín 1/ Alvarado. 
—Los Religiosos emhajadores á, CJiina, Méjico y 
España —Intervencibn de los Religiosos en la gober- 
nación de los pueblos.— Las ftUlmas y malpensadas 
reformas tes arrebatan esta intervención.— Conse- 
ciiencias.—Los españoles las primeras rícUmas — 
JSt Capitán Soig y Venancio Concepción. ^Inutili- 
dad de los esfuerzos de las antoritíades para dea- 
prestigiar á los ReHgÍ080H.—Et General Ríos, últi- 
mo Gobernador General española en Pilipfnas.— 
Testimonios de D. Tomás Coinyu y Jagor.~¿Las 
Corporariones lietigiosas fueron lacausude la pér- 
dida de Filipinas?— Cargos g acusaciones generales 
y particulares.— Contestación á éstos.— Jietana y las 
Jtebeliones en Filipinas 

Siempre lueron Ft'spclados los ReligiusuH hasta de 
los mismos b&pbafos de las selvas del Norte y de los 
infieles ó. idólatras de todas parles. La morLiíidaeión, 
la austeridad, la santidad de vida, ol dohinterés y la 
abnegaeióii que distinguen al Religioso del viajero, del 
comerciante y del conquistador, no han pasado imnca 
desapercibidas hasta de los máá j'iidos salvages. La re- 
signación evangélica pai-a sufrir y padecer trabajos, 
incomodidades, desprecios y malos tratos por servir á 



j,,Cooj^le 



EN PatPINAS 405 

BUS semejantes, les ha enaltecido á los njos de la hu- 
manidad, haciéndoles objeto de una veneración pro- 
funda y sincera. Esto que la historia nos enseña y el 
sentido común confirma, y hemos demostrado en lo3 
capítulos primeros, dió á los Keligiosos de ios primeros 
siglos la no pequeña influencia qiie ejercieron en la 
cultura délos pueblos bárbaros de las selvas germáni- 
cas, La abnegación y el sacríficin fué el origen de la 
veneración y respeto del cual emanó como consecuen- 
eia natural, la sumisión y obediencia. Además de estos 
principios generales consignados y comprobados en la 
historia, hubo en Filipinas otros particulares no menos 
poderosos y decisivos. 

Legaspi, propuesto por el P. Urdaiieta para Gene- 
ral de ía armada, no solo estaba obligado á dicho Re- 
ligioso por este motivo, sino que también necesitó de 
sus conocimientos cosmográfico^- y ciencia náutica para 
dirigir la expedif^ión hasta el puerto de Cebii. En e-^ta 
isla, como antes en las Marianas, y después en todas 
las demás en donde era necesaria la presencia del Re- 
ligioso para calmar los ánimos, hacer á los indígenas 
deponer ¡a actitud hostil ó rebelde, empleó Legaspi, 
como emplearon después todos shs Sucesores, el pres- 
tigio é influencia de los Religiosos, no solamente para 
entenderse con los indígenas y entrar en tratos con 
ellos, recabando su obediencia, sinniaión y vasallage, 
sino que también para apaciguar las discordias surgi- 
das entre los mismos eKpediciunarios; para someter 
las rebeldías de los díscolos y traeries á ia obediencia 
y á la disciplina. Legaspi se sirvió también de los Re- 



Ho.tedbyGoOg[c 



406 LAR CORPORAf^tOTÍFS ríF.LKÜTOSAB 

ligiosos coino de comisionados para dar cuenta á Su 
Majestad el Rey del éxito de la expedición, do los 
países descubiertos, de su posición geográfica, habitan- 
tes, costumbres y del porveuir que prometían; y por 
cierto que e! P. Ürdaneta, comisionado al efecto líegó 
á Madrid muy oportunamente para confundir con la 
verdad de los hechos ai impostor y ambicioso Arella- 
no, que recababa para sí la gloria que de hecho co- 
rrespondía al P. l^Irdaiieta y por derecho á Legaspi; y 
de rebatir las especies caluniiiiosas propaladas contra 
este prudente Gobernador; y para disipar las preven- 
ciones que iban abriéndose paso y tomando cuerpo en 
la opinión pública y en los Consejos de la Corona 
contra aquella empresa tan felizmente comenzada. Re- 
ligiosos fueron también los que llevaron á Filipinas la 
aprobación y confirmación del nombramiento de Ade- 
lantado para Legaspi, y ¡as mercedes y encomiendas 
para los de la expedición que más se habían distingui- 
do. Un Religioso, el P. Gerónimo Marín fné el que 
salvó la colonia, cuando batido Limahon en Pangasi- 
nan, rebelados ¡os reyezuelos Lacandola y Solimán; 
pnsieron en grave aprieto á la naciente conquista. No 
atreviéndose el Gobernador á dividir sus escasas 
fuerzas para batir en detall y en particular á los tres 
enemigos;. pudo Limahon prepararen fuga, y los reye- 
zuelos disponerse para embestir á Manila «Estaba difi- 

• cultoso el caso y muy temerosos los de Manila. En fin 

• se determinó el P. Fr. Gerónimo Mariii á entrarse por 
= medio de los enemigos y aquietarlos con buenas 
^razones si pudiese. Pues cuando no salíase con la eni- 



:l.,C00glC 



ES FTLlrlMAS 407 

»presa, solo se perdería su vida, y saliendo oon ella.se 
aseguraba todo» (1), 

El inLrépido Üeligiosii fué redbido cou benevolencia 
por Lacaridola, é invitado á tomar asiento á sn lado y 
acompañarles ú comer, pues llegó :i U hora de haeer- 
lü. Cotí dnizura, con alhagos y exhortaciones logró la su- 
misión de Lacandola, consiguió que rompiera los com- 
promisos con raxa Solimán yle acompañase áManila, se- 
guro deque sería bien re<'.ibido pop Legas[)i. Convencido 
Lacandola, se avino á razones con los suyos, que depu- 
sieron las armas é imploraron del Gobernador el perdón, 
que les fué concedido. «Ladia Solimán que era el otro 
•cabecilla do la isla, de nada se satisfacía, porque ala 
sverdad, no le desviatjan de los nuestros quejas que 

• tuviese, sino mala voluntad y natural oposición qne 
»tenia. Y así levantándose de la conversación con des- 
íabfimietito, se fué con toda su gente armada á otro 
■pueblo donde le parecía que estaba n\ás seguro». (2) 
Partió el joven y bravo Salcedo con el P. Fr. Geróni- 
mo Marín para verse cod Lacandola y convenir en el 
modo, forma y tieinpo de ajnstar las paces. sY cuando 
•llegaron d tierra hallaron que desde !a playa hasta 
•las casas de Lacandola estaba la gente armada con 
•lanzas, paveses, arcos y flechas, dejando una sola ca- 
»lle por donde pasase el Maese del Campo. En toman- 
>do tierra se llegó á los indios— el P. Marín — yquitán- 

• doles las armas de las manos les hacía pedazos los 



(1) P. Grijalbu. Crónica de S. Agustín. Libro 111, 
pilólo yi, pág. Ib2. 
{2) P. OrijBlba loe, cit. 



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408 LAS CORPORACrONEa BEtiaiOSAS 

tarcos y las flechas con tan grande señorío como si loí> 
■•tuviera rendidos y él fuera el vencedor*. 

' Con esto se partió el Maese de Campo á la 

.Pampanga y Lacaiidola coa el P. Fr. Geróninio Ma- 

• rín á Manila donde fueron muy bien recibidos del 
> Gobernador; y T.aeandola tan bien despachado, que 
»Ladia Soüman, el otro cabeza envió á llamar al Pa- 
sdre Fr. Gerónimo Marín, el cual fué y vino, hasta que 
'efectuó también estas paces». (!) 

He aquí nn Religioso arbitro de la paz y de !a 
guerra, el cual para salvar á sus hermanos, y la inde- 
pendencia de la nueva colonia expone su vida á gran- 
des peligros, no disuadiéndole de su noble empresa ni 
el temor á la muerte, ni las razones de sus hermanos 
para impedirla, ni las súplicas de los mismos á quieneií 
pretendía salvar con eí sacrificio de su vida. ¿No es 
este también un motivo poderoso de gratitud y recono- 
cimiento generador de respeto, veneración y prestigio 
en los mismos españoles? Pues considerando el desen- 
fado, la libertad, la seguridad del buen efecto con que 
el P. Marín se acerca á los indios armados que daban 
guardia á Lacandola; les arrebata las armas de la 
mano; hace añicos sus arcos y flechas sin que un solo 
indio proteste y menos se resista; y hasta el mismo 
reyezuelo presente humilde sus excusas, significan un 
ascendiente superior, sobrenatural sobre los indígenas 
todavía infieles. 

Los españoles admirados de la santidad de vida, 



(i; P, Grijilba loe. cit. 



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EN íTI.rPTIÍA3 400 

de la austeridad y pureza de costumbres de los Reli- 
giosos; agradecidos á sus buenos oficios cotiio inter- 
mediarios entre ellos mismos en sus discordias; y entre 
los indios en las rebeliones; convencidos de !a eficacia 
de su palabra y de su intervención en todo; de la ne- 
cesidad de su cooperación activa y diligente para la 
conservación y consolidación de la Colonia, comenza- 
ron á respetarle^, venerarles, á reconocer en ellos es- 
pontáneamente cierto derecho á intervenir en sus asun- 
tos; dirimirsus diferencias, someter á f5u juicio sus pleitos 
y acatar sus deeisioneí* con más sumisión y conformidad 
que si emanasen de la autoridad legalmente constitui- 
da. Los mismos Gobernadores no podían prescindir de 
los Religiosos en todo lo que emprendían. -Y vaya 
• reparando el lector, dice el P. Grijalba, que ninguna 
'facción hubo en (pie no se hallare alguno de nuestros 
'frailes- (1) »E1 Adelantado no hacía nada sin e! con- 
ísejo de lo.s Frailes '. (2|. 

En cuanto á los indios; veían brillar en las serenas 
frentes de los Religiosos ei sello divino de su misión 
evangélica, reflejado en la dulzura, caridad y abnega- 
ción; veíanlos con el breviario por escudo y la cruz 
por bandera internarse en los inexplorados bosques, 
■ descender á los profundos barrancos; penetrar en los 
pueblos rebelados, solos, inermes, sin miedo, con la 
dulzura en el rostro y la sonrisa en los labios, como 
el P. Aivarado en fíainta y Taytay -contra el parecer 



fll Libros.", cap. V.. p. 115. 
12) Id. id. cap.XS[.,pág. 199 



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ilO L.\f rORPnnACIOfíEÍRFXir.iORAS 

>de los españoles, como hemos dicho antes, porque 
• como estaban rebelados y con las annas en la mano 
'temieron pniilCQlemente la biria de aijuellos bárba- 
TOs» (1) pero los indios annqne nidos y salvajes 
, distinguían |ierfectariierite entre el HoJigíoso une no iba 
en busca de tesoros, ni bieneí de la tierra; y ijue nada 
les pedia, sino que lea daba la Inz de la verdad, les 
enseñábala Ralvaei'')n de sus almas; y los encomende- 
ros codiciosos, brutales y exigentes; se rebelaban contra 
estos, y se hiunillaban y rendían las armas ante aque- 
llos. No filé otro el origen del prestigio de los Religio- 
sos entre indios y espafioles; el cual creciij v se robus- 
teció con el tieuipo, pnes ii la par que se ensanchaba 
e) círculo do relaciones entre las dos razas, y la civi- 
lización iba creando vínculos de nniún y dependencia 
entre sñbditos y autoridades: estas necesitaban de los 
Religiosos para hacerse comprender de los indios y 
hacer efectivas las órdenes que de olla dimanaban; y 
aquellos para que se las explicase y les enseñase & 
cumplirlas. Tal modo de ser de aquellos pueblos y de 
aquella colonia no fué transitorio, y mientras duró la 
infancia de aquellas poblaciones; sino que fué perma- 
nente y continuado y cada día más necesario para 
todos para la buena inteligencia y marcha regulada' 
de la reeta administración y jtisticia. Así vemos á los 
Sucesores del insigne patricio y prudente Gobernante 
Legaspi, servirse de los Religiosos para embajadores 
en China, en Méjico y en España: les vemos de par- 



(I) P Grijalbfi, Lib. 3", cap. XXI, pág. 



.1 ,, Coo-^le 



EN PrLlPINAa 41Í 

laméntanos eti las guerras; de ministros de paz en los 
alzamientos y rebeliones; de intérpretes é instrumentos 
de gobierno; consejeros de indios y españoles, subdi- 
tos y antoi-idades; reconocida' sn antondad y compe- 
tencia en los diverí'os y complicados negocios de ía 
colonia, como indisetitible y necesaria, sin la interven- 
ción de los enales no era posible el buen orden y go- 
bierno. 

Rn los capítnios precedente? hemos vi^^to Citan útil 
fué á las autoridades snperiores la cooperación de 
los Religiosoí! para organizar y fornialiiíar la defen- 
sa de las islas contra la invasión extranjera; ctian efi- 
caz había sido sa auxilio personal y lns recnrsoa en 
comestibles y dinero; sn inünjo para poner en artnas ft 
sns feligreses en defensa del pabellón espariol: y cuan 
necesarios sns servicios para la pacificación de las se- 
diciones y rebeliones de algunos pueblos y provincias, 
Ann exponiéndonos ii ser pesados, nos perniitiremos 
consignar aqni un ejemplo más en confirmación de 
nuestros asertos, por exigirlo así la gravedad y tras- 
cendencia del asunto ipie se discute todavía por muchos, 
aunque no los más sabios y conocedores del Archi- 
piélago filipino. En 1010 se alborotaron y rebolueiona- 
ron algunos pneblos de la provincia de Nueva Ecija: 
cometieron atropellos y fechorías con los indios que se 
mantuvieron fieles ñ la autoridad española. No hubo 
medio de reducirlos á la obediencia, |iorqne los rebel- 
des se interimban en los montes al ser perseguidos; y 
abandonaban sus guaridas para caer con nueva furia 
sóbrenlos pueblos IralCH, cuandu las tropas se rctira- 



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4l2 LAS COHPOHAriOTíES RELIGIOSAS 

ban para abastecerse y dejaban expeditas las salidas de 
los bosques. 'Solo desfiiies de mucho tiempo y merced 
»á los esfuerzos y celo verdaderamente apostólico de 
»los Rlí. PP. Fr. .liian de Abarca, cura ala sazón de este 
»piiebIo de Gapan y Fr. Diego Tarnayo que penetra- 
»ron en !a fragosidad de !os montes donde aquellos 
tse bailaban refugiados y pudieron reducirloí- de nuevo 
"á la vida eivíN. (1) 

Los Religiosos fueron los que formaron los pueblos, 
inscribieron á sus feligreses on e! padrón tributario y 
vecindario. No pudiendo las autoridades provinciales 
entenderse con las locales, porcjne siendo españoles ig- 
noraban el idioma del país, y n» habiendo tampoco en 
los pueblos otras personas que merecieran á aquellas ■ 
!a confianza qne no les inspiraban los indios por su 
apatía é ignorancia- del castellano, se vieron forzadas 
á valerse de los párrocos ííeligiosos, no solamente so- 
licitando su concurso moral, sino imponiéndoles cargos 
muy ágenos al ministerio parroquial; pero que la nece- 
sidad imponía por las razones dichas, y por otras qiie 
iremos anotando oportunamente. Por este motivo los 
Párrocos tenían el deber de visar ios' padrones tribu- 
tarios y vecindarios; certificar las altas y bajas ocurri- 
das anualmente; sin el cual requisito no eran aproba- 
dos por los Alcaldes mayores antes y posteriormente 
por los administradores de Hacienda, Por su ilustra- 
ción, competencia é imparcialidad eran los Párrocos 



(1) Dicion. áe los PP. Baceta y Bravo. Toro, 2.", págí- 
p|i 59.— Gapan. 



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ES PILIPIfíAS 413 

presiden tcá natos de lodas law jiintaw locales, rodacta- 
ban las actas, las reiiiitiati al .Icfe de la provincia y 
dirigían la.s discnsinncs; y si biejí esto último' nada 
les daba que hacer, porque los indios al solicitar su 
opinión, contestaban invariable ni ente: icao /««y; icao 
ang bahala; i\i cuidado Padre, ó haz io que te parezca 
Padre: las expresadas presidencias le daban mucho 
trabajo, y también imicho prestigio; pues en algunas 
juntas se ventilaban asuntos que afectaban los inte- 
reses 'de muchos principales tributantes. Un cabeza, 
V, g, tenia á su cargo cierto númeni de tribntos, de los 
cuales eran algunos impedidos para el trabajo por en- 
fermedad ó por imposibilidad flsica; además eran pobres, 
pero no de solemnidad. Según !a ley, uo podían ser 
estos bajas en ei padrón Iributano, pero el Cabeza se 
veía y se deseaba paracobrarieseltiibulo, y frecuen- 
temente lo abonaba él misino. Suplicaba al Párroco; 
rogaba y so quejaba amarganienfe de la extorsión, 
pero como no erau pobres de solenuiidad, no podían 
ser baja legalmeutc. Hay qite advertir qiio el indio tiene 
cierto rubor y vergüenza para pedir limosna, y tas fa- 
milias aul.es que consentir que tnio de sus miembros 
implore- la caridad pública, cargaa gustosos con su ma- 
nutención. El Párroco qilo conocía á los enfermos é 
impedidos y que .sabia lo que había pagado por ellos 
el Cabeza de barangay, les daba do baja ateniéndose 
al espíritu de la ley, y con este favor y otros que por 
su posición hacían los Religiosos robustecían el ascen- 
diente que sobre indios y españoles tenían los Párro- 
cos. E! Gobernador de provincia necesitaba de los Re- 



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ligíosos para lodt) lo referente á ¡)oHcía y buen go- 
bierno; itifoniies sobro las "pepsonas, propue-ítaa para 
Cabezas; elección de ííobernailuE'cillo ó Hapitau Muni- 
cipal, etc., etc. Los .bioeeá de 1.' iii,^tancia para infor- 
mes también de vida y cunducta de los reos, expe- 
diente de pobreza, propuesta do Jueces inunicipaies y 
para otros asuntos relacionados con el Jungado. Los Ad- 
iniíiistradores de Hacienda iiecesitaban de ellos tam- 
bién, para los padrones tributarios, contribución urbana 
é industrial, declaraciones juradas, cédulas personales 
y para que eo» su vigilancia evitasen las ocultaciones, 
que sin escrúpulo alguno hacían loá indios, en per- 
juiciodel Tesoro, siempre que podían. Hasta los particu- 
lares, españoles 6 extranjeros ipie viajaban por los 
pueblos se valían de los Párrocos, para que lístos por 
medio de lostiobcniadorcillos ó (liipitanes municipales 
y Cabezas do barangay les proporcionaran brazos que 
necesitaban para la zafi-a y trabajos de los ingenios ú 
haciendas; ó para que detuvieran algün sirviente que 
se había fugado de la ca.sade sus amos, llevándose 
efectos y dinero, ó para conseguir el pítgo de alguna 
deuda, y no verse forzados á acudir al juzgado en 
donde gastarían más de lo qno la deuda sumaba. Ha- 
ciendo constar que no habiendo en los pueblos fon- 
das, posadas, cafés, figones ni hospederías, todos' los 
forasteros, autoridades y particulares, encontraban hos- 
pitalidad eti los Conventos ó Casas parroituiales, en las 
cuales la amavilidad y bondad de íos Religiosos po- 
nían á su disposición un cubierto en su modesta mesa» 
y un catre limpio ea'una habitación aseada y decente. 



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EfJ Pli.lPINAS Alfi 

Nada en realidad gaiíalia e! Religioso Párroco sirvien- 
do á mesa y tnantei á jiersoiias que freeucnlemente no 
conocía, nada en servirles y ayudarles en los asuntos 
que !es iDtere.sabao; nada faoiiilando informes de vida 
y conducta á los juzgados; nada en otros muchos ne- 
gocios en los (\u\i les hacían inlervcnir 6 la necesidad 
por falta de iiersonas de iTiayor compelencia en los 
pueblos; ó la desconfianza de las autoridades provin- 
eiales_ en las inferiores del país; y sin embargo, tantos 
y tan variados servicios jirestados desinteresadamente 
por los Roligií)sos crear-on contra ellos «na atmósfera 
de envidias y cíluvios malignos, que llegando ¡lías altas 
esferas gubeenam en tales de !a Metrópoli, produjeron 
la modificai;ióti de los reglamentos de trüuitaeión y ser- 
vicio personal primeramente; ta creación de los muni- 
cipios después, para (¡iiitar á los l'íirrocos toda inter- 
vención é ingerencia en los asuntos púbHcos. No moles- 
taron d los Párrocos aquellas reformas que íes-alivia- 
ban de un peso enorme, y les dejaba nuicho tiempo 
libre para dedicarse á su ministerio; pero las deplora- 
ron ponpie viemn en ellas un gran peligro para la 
patria en un porvenir no Icjam». Las autoridades in- 
sulares encargadas del cumplimiento de las leyes, extre- 
maron su celo en la aplicación de las nuevas reformas; 
y se inició el desquiciamiento general; la baja en los ■ 
padrones tributarios íut- enorme; aquellas carreteras 
con tanto trabajo trazadas y conservadas se i)usieron 
intransitables; aquellos puentes y edificios púj^iieos se 
desplomaron por desidia é inercia. Esta envidia letal 
que hizo explosión y dio mortíferos frutos en tiempo de 



:l.,C00glC 



ilé 



LAS GORPORACIONTíS RRLrOIOSAS 



los Itecerras, Qiiirogas, Cenlenos y Mauras dalabade 
muy atit^iio. Ya 1"). Ttirnás Cmiiyn escribía en 1820 (1)... 
«en una palabra, na es dable que pueda haber insUtu- 
>cióti liumaB»— las Órdenes Religiosas,— lan sencilla y 

• fírmemenreTuiidada, y de que tantas ventajas pudiera 
•sacarse para el ^stado, como la que admira, con ra- 
»zóii, puesta en planta en los ministerios de estas islas. 

• Y es por lo mismo fatalidad bífin extraña, que consis- 
> tiendo en el sabio uso de tan poderoso instrumento, el 
«secreto, el^verdadero ;irte de gobernar una colonia, 
»que se diferencia cual Filipinas de todas la,s demás, se 
>haya dejado alucinarla autoridad de algunos aüos á 
^esta parte, apunto de empeñarse en la destrucción de 

• una obra, que tanto conviene sustentar, 

*...EItl», por más que quiera decirse, ó es menester 
shacerse obedecer por el temor, ó hacerse respetar por 

• medio del amor y conrianzá. Y para convencerse de 

• que lí-primero no es practicable, basta soto hacerse 
■^rgo de las circunstancias y rellexiones siguientes: 

• ...Fuera de ios Religiosos no suele existir más blan- 
deo en toda una provincia qntí su alcalde mayor: él ha 

• de recaudar ei Real Haber, 6i ha de perseguir los 

• malhechores: él ha de apaciguar los lunmltos: él ha de 
•levantar gente para los re^niientos qué guarnecen á 
•Manila y Cavitc; ét ha de ordenar y acaudillar sus siib- 

• ditos,caso de una invasión de fuera: yen fm, él solo lo 
•ha de hacer todo ¡I fuer de Alcalde y á nombre del 
•Rey. A^istapues del poder electivo que exige de suyo 



(1) Becado de las ÍsUb f'üiptuAs, cip. XIV. 



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EN FILIPINAS' ili 

»el desempeño de lauta variedad de obligaciones, y del 
•iiiiigaiio qne le axiste alqiie ¡as iieiie á su cargo, ¿quién 
>podrá negar que fuera aventiiíar demasiado la seguri- 
»dad de estos doiiiiiiios pretender regirloO»^ medios 
íiiisuficientes? Si los pueblos se le desorjsmín ó suble- 
>van ¿á quién volverá la cara el Alcaide para que le 

>ayudé A reprimir el castigarlos"? 

• Claro está que es preciso apelar á auxilios de otra 
lespeciey emptear medios, que aunque indirectos, son 
»3in disputa los más adecuados á las peculiafes circnus- 
»taiicias de' estas tierras, medios que influyendo sobre 
»la imaginación, exciten la veneración, subyuguen el 
' entendimientí) rudo de los habitantes y los inclinen á 
>3ufrir nuestra dominación sin repugnancia. Y bien si 
^entiende igualmente, 'cital á!a mano se haUai^estos, y 
»cuan envidiados nos son y hansido en todo tiempo por 
-»Ia9 demás naciones europeas; que han aspirado á ex- 
>tender y consolidar sus conquistas en amíías In- 
>dias. ^ 

• Óigase á la Perouse... y sobre todo vayase X las Is- 
>las Filipinas; y se verán con asombro sembradas sus 
•dilatadas campiñas de Templos y Conventos espacio- 
»sos; celebrarse coa esplendor y'pompael culto divino: 
•regularidad en las calles: aseo y aun lujo en trajes y 
•casas: esciielas de primeras letras en todos los pueblos, 
>y muy diostros sus moradores en el arte de escribir, 
>abAfSe_ calzadas, eoiistniirse puentes de buena arqui- 
ítéctura, y darse en üu, puntual ciunpUmieiiift ^n 1* 
>ñiayop parte de las provincias del gobierno y'policía; ■ 
»obi'atüdu delareunión délos desvelos, trabajos a^xis- 



.i,.Co(>tílc, 



-ítH LA.S nORPORACtOÍJIÍS REl.KílOSA.^ 

• tólicos y acendrado patriotismo de los ¡jadees iiiínis- 

• tros. Transiten por las provincias y se verán poblacio- 
» nes de cinco, diez y veinte mil indioíi regidos pacíficámen- 

• tepor un débil anciano, que abiertasá todas las horas 
»Ias puertas duerme sosegado en su habitación sin 

• más magia ni más guardias, que el amor y respeto que 
'ha sabido infundir á sus feligreses. ¿Y será posible a! 
•contemplar ésto, que por uii efecto de cdos nedoít y el 
■■■vano empeño de únicamente hayan de intervenir en el 
"gobierno de los naturales aquellas pereonas seQaladas 
•perlas leyes generales en los casos ordhiarios, haya, 
>no solo de desaprovecharse el frutode tanto tiempo y 
'tanta constancia, sino que desdeñándose y rechazán- 

• dosepara lo sucesivo una cooporación tan eficaz como 

• económica, se intente de propósito hacer trozos el 
«muelle real, la rueda principal de esta maquina po- 
'lítical 

■Tal es lio obstante el trastorno deplorable de ideas 
«que ha conducido en estos ñltimos tietnpos á la adop- 
»ción de disposiciones diametralmentc opuestas al in- 
» teres público so pretexto de n-arfar la excesiva autori- 
»dad de los Párrocos. 

>Si se quiere conservar sujeta áesta colonia yelevar- 
»la al alto grado de prosperidad deque es susceptible... 

• forzoso es Uantar en sn ayuda' al poderoso influjo de la 

• Reiigióny procurarse de la Península nuevos socorros 

• de migioneros-..Guardenselos sus fueros, trateselescon 

• decoro y fíeseles la dirección del indio y al punto se 
•veráii reunidos en torno y apoyó de la autoridad ie- 
»gitima,> 



d.vOoo'^ie 



iíf4 F[r,li*lPiÁ3 411Í 

No hemos podido resistir al deseo de dar alguna 
amplitud á esta nota de D. Tomas Coniyn por lo exac- 
tamente que descríbela inllueociade los Religiosos: el 
celo ó envidia de elcmoiitos extraños al porvenir del 
país; y los temores que le ijifuridian las intrigas y ma- 
nejos de los envidiosos respecto al porvenir de la Co- 
lonia. RecoiiieiidainoH á los lectores el capítulo citado 
. del cual hemos omilido preciosísimos datos, confesio- 
nCB y detalles en gracia á la brevedad. 

La intervención vigilante, ilustrada y desinteresada 
de los Párrocos en todo, fué la rueda priticípal y ne- 
cesaria del tnecanisiHo gubernativo, adiiiinislralivo y ju- 
dicial en sus múltiples y complicadas atribuciones y 
deberes: la cual funcionó (ion regularidad hasta que, en 
los iiltimos años ile la dominación española en aquel 
pais, la fuerza impulsora contuvo el empuje: porque 
allí donde no había luits que concurso leal, patriótico 
y desinteresado, vil) olla una dependencia humillante; 
y la envidia y el orgullo, malos consejeros siempre, en- 
torpecieron, sin detenerle en absoluto, el movimiento 
generador de! respeto tradicional de la raza inferior á 
la superior etnológica. Los primeros que experimenta- 
ron los efectos de la modificación perturbadora fueron 
los españoles en el desprecio y desvío de los indígenas, 
que ya se atrevían á insultarles en cafés, plazas y 
otros sitios jiübiicos, á desafiar éu duelo á los queaños 
antes no se atrevían á mirar al rostriK.Las leyes asimi- 
ladoras y Códigos igualitarios dieron al traste con los 
prestigios de raza y respeto seculares. Las reformasen 
lüs reglamentos tributario y de servicio personal, np 



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HO L\R r.onpon/\(::rnMF,sRF.i,iqios\s 

evitaFOii las ocultaciones y fiUraciones lí irregularida- 
des de fiincitiriarios blancos y negros; y eun la ingrati- 
tud cometida con los autores y continuadores y alma 
de todo lo creado ea polo^ y tributo, vino ia desniora- 
liaación de los servicios; el desprestigio de la clase 
creadora de parte de ¡as autoridades ¡joiiinsuiares, ca- 
yó sobre estas mismas y sobre todos los espadóles. La 
manitestación ridícnla y larsante del t» de Marzo de 
1888 contra IiistituHoiies Religiosas y nacionales, pro- 
movida por Centeno y otros empleados en altos pues- 
tos, yconsentida por ia Autoridad superior de lasislas, 
socavó los cimientos del edificio social, que diez años 
después se vino abajo, arrastrando en su ruina la do- 
minación española en F'iiipinas: el mot/u» vivmdi de mi- 
llones de empleados y las fortunas de miles de familias 
españolas. Los enemigos y envidiosos de las Órdenes 
Monásticas, creyeron jiiisenaaLosI r¡iieelediiicÍo social po- 
día sostenerse sin base, sin cimientos; socavaron estos 
y se desplojnó el edificio sepultándolos en sus ruinas. 
Recordamos á este propósito que en la ag.oníade 
la soberanía española, cuando la capital délas islas su 
había rendido ya á los Norte-Americanos, y en toda li 
isla de Luzón dominaban los insurrectos; el pabellón 
español ondeaba todavía en Japlaza ilonga, y el Gene- 
ral Ríos gobernaba las Visayas en nombre del Rey de 
España. -Soy católmt, apostólico, roni<ino,diecia en Moüo 
>el General Ríos á los Religiosos; apreció á ustedes 
>eomo particulares; me constaur los servicios que usté- 
■>des han prestado y prestan á la nación, pero no 
»les quiero á ustedes como Corporación». Y fuesepor- 



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- - EN F1I.IPITTA9 421 

que este General creyese su opinión, muy católica, 
muy- apostólica y muy romana ó por otros motivos que 
noalcánzamos, envió pop los pueblos de la provincia 
de Iloilo al Capitán déla Guardia Civil Roig, y a! indio 
Venancio Concepción, geiieraiisimo después de las tro- 
pas de Aguinaldo, con la comisión de decir á los muni- 
cipios en su nombre, quo nada consultaran con los 
Párrocos, los cuales, fuera de la Iglesia, no tenían alri- 
bución alguna, ignoramos si dio también íi ía comisión 
el encalco de averiguar la vida y conducta de los Reli- 
giosos; y de instigar álos Gobernadorcillos ó Capitanes 
municipales contra sus Pilrpücos, como hizo Centeno 
siendo Gübernadoi- Civil de Manila; pero es lo cierto, 
que Hoig, Venancio Concepción y los oficiales de la es- 
colta que llevaiían, esto hicieron; por supuesto sin lo- 
grar lo ([ue deseaban. El que esto escribe, sabía hora 
por hora lo que los Coiuísíonados y compañeros hacían 
y hablaban; los nuniícijies ó principalesalteruando iban 
3I Convento ájjarticipiíririelotodo. 

Los indios sabían por dolorosae.\perieu(;ia que so- 
lamente sus Párrocos se interesaban verdaderamente 
por ellos. No dejaban de conocer muchos la historia 
de Filipinas, y sabían iodos que los consejos de los Re- 
ligioso? no les costaban dinero; que nada pagaban por 
su intervención palei'nal en las discordias de vecinos y 
l'amilias; que desinteresadamente les prestaban auxilio 
y socorro en sus necesidades: y perdióel tiempo el Ge- 
neral Ríos, lo perdieron, sus comisionados, comolo per- 
dían aquellos otras, que mi las olicinas del Estado 
encardaban íi los Alcaldes ó Capitanes municipales el 



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429 LAS nORPOR ACIONES REr,int08A9 

secreto de lo que exigían i legal mente, pues aunque !a 
inniüralidad había tomado una extensión aterradora, 
tadavla el rubor y ¡a vergüenza enrojecían el rostro de 
concusionarios codiciosos. El indio que niempi-e saiia 
de las oficinas públicas sin una peseta, y entraba con 
miedo siempre de dejar allí la piel, se presentaba en 
¡os Conventos coa la conrianza del familiar en su casa, 
y refería á sus Párrocos con el amargo acento del do- 
lor, <jue en una oüeinale habían pedido tantos cientos 
de pesos por aprobarle las cuentas que iban en toda 
regla; en otra ta! cantidad por tomarle declaración un 
ei^eribieiite: en tal otra tantos pesos por expedirle la 
patente industrial etc. etc. *Padre, me dijo, en cierta 
«ocasión un principal con acento conmovido,solamen- 
»te en los Conventos podemos entrar sin echar mano 
aal bolsillo». Ni las leyes, ni los códigos, ni las autori- 
dades, ni los pai'ticulares, ni nadie podía hacer que el 
indio no viese que su Párroco nada le pedia para gas- 
tos de oficina: para construcción de cuarteles provisio- 
nales; para la manutención y regaio de los cazadores 
enfermos; y por cierto que las vacas, que los pueblf^s 
enviaban menwuaimente á lloilo, una cada pueblo po- 
cas eran api-ovechalari por ios Cazadores; y !as más 
eran vendidas en el mercado público. ¿Por cuenta de 
qnién? por cuenta de alguno, que no eran ios Pá- 
rrocos ciertamente. Los indios sabían y veían todo esto 
y mucho máí<; sabían y veían también que sus Párro- 
cos nádales pedían ni exigían, sino '(pie por el con- 
trario, les ayudaban con sus recursos, con sus consejos, 
(!on todo loque podían, y á pesar de los Bec,erra8, 



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EN PILtPIfíAS 



433 



Centeaos, QairogasyoLpos mucha?, respetaban, oberle- 
cian amaban álos Religiosos. 

Para (¡ue no se nos lache de pareiale^ y apasíona- 

' dos, coiHO parte interesada, citaremos aquí las palabras 
de D. Tomas Camyn, (1) persona ilintradísiina, de larga 
residencia y experiencia eri el pais y mny conocedora 
de los indios por el cargo que desempeñó en Filipinas 
<„.el párroco regular os el consolador de los aflijidos, 
»el pacificador de las. familias, ei promotor de las ideas 
•lítiles y el ejemplo de todo lo bueno; como resplande- 
zca en él la liberalidad, y le ven los indios solo, en 
>medio de ellos, sin parientes, sin Iráfico y siempre 

- «atareado en su mayor fomento, se aeostnmbran á vi- 
•vir contentos bajo su dirección paternal, y le entregan 

• por entero su confian>;a. Diieílo deesta suerte de sus 
•voluntades nada se hace sin el consejo, ó por mejor 
ídeeir, sin el consentimiento del cura; el alcalde ó 
•gobernado re ¡lio al recibir una orden de su alcalde 

• mayor ó corregidor, acude ante todo á lomar la venia 
»det Padre, y éste eii rigor es quien tácilamente la 
»pone el cihnplase. Er Padre zanja ó dirige los pleitos 
sdel pueblo; él hace los escritos; pasa á la capital h. 
«abogar |Hir sus indios; opone sus ruegos contra las 
«violencias de los Alcaldes mayores; y lo maneja todo 

• á medida desús deseos; en una palabra, no es dable 
»qae pueda haber institución humana á un tiempo tan 
•sencilla y firmemente fundada, y de que tantas ven- 
•tajas pueda sacarse para el Estado, como la que se 



(I) Kstadode Filipinas, oap. XIV. 



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424 LAS CORPORACIONES RFLIfitOSAS 

»admira con razón puesta en planta pci" los culosos 
^esfuerzos de ios regulares de estas islas.. De este 
modo han juzgado tatnbien á los regulares los Gober- 
nadores generales de a<{ne!la colonia D. Pedro Sarrio,' 
D. José Gardoqni, D. Manuel González, D. José Basco 
y Vainas, D. Mariano Ricafort, D. Pasci\al Enrile, don 
Domingo Moriones, D. Valeriano Weyler y otros varios, 
en memorias y exposiciones dirigidas al Gobierno de la 
Península. 

En pocas pero sustanciosas líneas bosquejó D. To- 
más Comyn un cuadro de rigurosa exactitud de lo que 
eran y significaban los Religiosos Párrocos en !os pue- 
bloH filipinos. Un ascendiente tan hondo y arraigado . 
por costumbre, conveniencia y convencimiento no podía 
ser arrancado de los corazones indígenas en poco tiem- 
po con decretos, reformas y Reales Órdenes; pero la 
labor constante de las leyes novísimas, de las autori- 
dades, de los franc-masones, desafectos y filibusteros 
minaban poco á poco el prestigio secular de los Re- 
ligiosos, y ya años antes de la pérdida de la Colonia, 
las PrincipaÜas de las provincias próximas á Manila no 
subían corporativamente á saludar á sus Párrocos des- 
pués de misa en lo* días festivos, y los municipios y 
feligreses iban emancipándose de la benéfica tutela de 
los Religiosos con grave daño de los pueblos y de la 
Nación, de la cual se distanciaban lauto como se ale- 
jaban de los Párrocos, representación genuina de la 
Patria en aquellas latitudes. En las provincias distantes 
de la Metrópoli filipina á las cuales no había llegado, 
en tanta cantidad el viym ponzoñoso de las doctrinas 



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EN PILIFINAS 425 

separálistas, todo continuaba en el mismo estado y 
forma, que lo describe D. Tomiis Comyn. Tres rnesea 
antes de abandonar para siempre las islas Visayas las 
últimas autoridades españolas; . fué llamado un dia á 
Iloilo el secretario intmieipal de Otón D. Pablo Carta- 
gena; cuando volvió al pueblo, se presentó al que esto 
escribe para decirle que había sido llamado por el se- 
cretario de la Junta provincia! para recomendarle la 
candidatura de D. Ignacio Ramos para Capit&n muni- 
cipal—alcalde — en ias próxijnas elecciones, que no se 
llevaron á efecto, por([ue antes de llegar la época de 
aquella:', fué arriado en las islas el pabellón rojo y 
gualda que había ondeado por espacio de tres siglos, 
como manto protector de aquel país conquistado por 
los Religiosos, más que por los soldados. Aun en aque- 
llas provincias tagalas donde más había cundido la doc- 
trina separatista y antireligiosa do las logias masónicas 
se vio á los pueblos consolar y aliviar la suerte de los 
Religiosos prisioneros, ocultándose uTias veces, arros- 
trando otras con valor las iras de los Cabecillas revo- 
lucionarios; mas todavía: se dieron casos de que nues- 
tros cazadores jiriaioiicros se hicieran la corona para 
pasar por Religiosos y ser socorridos por los indios; es^ 
tratagema que dió ú muchos excelentes resultadofí. 

Pues no obstante lo expueslo, rigurosamente histó- 
rico, ha habido quie'ii ha culpado ;\ las Órdenes Mo- 
násticas de la pérdida de Filipinas. La prensa en ge- 
neral se hizo eco de esta opinión que el tiempo y la 
equidad han rc<:lini!ado; pero tndavia hay algunos que 
asi lo croen por haberlo leído en los periódicos, ó 



d.,COoj^lc' 



Í96 LAS cnnroRACinrjESMunrosAB 

porque se lo ha asegurado algún fioncusionario, 6 ai- 
gimo de los nuevos rdmjiihtaihtffíii del país, al cual pa- 
rece (.pie fueron no á batirlas hordas insurrectas sino 
á saquear los pueblos pacíficos y leales,, atropellar á 
las personas y despojarlas de sus bienen, sin perdonar 
templos ni ornamentos sagrados. Estos compañeros de 
los Celsos Mai/or, pocos relativamente, indignos de 
vestir el honroso uniforme del soldadn español, y los 
cuales con sus tni(piidades y atropellos enviaron á la 
insurrección más desafectos que las logias mismas, y 
que todos los abjsos de sus compatriotas españoles, 
son los que suelen achacar á las Comunidades religio- 
sas la pérdida de Filipinas. «Por los frailes, decía uno 
■ de estos, por los frailes perdimos las Filipinas.» ¿T 
Cuba? objetó su interlocutor. «Por las Monjas» con- 
testó tan fresco y convencido. Aunque las personas 
ilustradas y la opinión sensata ya sabe á (¡nien atri- 
buir la pérdida de las Colnuias de Cuba y l^lipinas, 
aun hay muchas personas en los pueblos que de bue- 
na fe creen todavía, lo que se ha dicho de las órdenes 
monásticas respecto al particular, corno hubo quienes 
atribnyenm á los frailes la destrucción de las escua- 
dras de Cervera y Muntojo; y antes creyeron que 
el cólera morbo fué producido por ei envenenamiento 
de las aguas por los frailes. Esta consideración nos 
mueve á hacer una breve defensa contra cargos tan 
fuera del sentido eouitín. 

¿Las corporaciones moiiíisticas fueron la causa de 
la pérdida de las islas Filipinas? Vamos á contestar á 
esta pregunta vaga, indeterminada, -que implica una 



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EX FILtPIVAfl ^27 

acusación gravísima, una responsabilidad inmensa; que 
arroja sobre el blanrjuísiinü hábito que usaban los Re- 
%iosos en Filipinas im borrón más negro, (|ne la tinta 
que traza estas lineas en el papel. 

Si las órdenes Beligiosas de Filipiiías fueron la 
cansa de la pérdida de estas islas; lo riieron, ó incons- 
cientemente y p:jr ignorancia; ó conscientemente y con 
malicia, has generaciones pasan, ios individuos des- 
aparecen, e) espíritu corporativo de ios Institutos, Co- 
nninidades y Congregaciones religiosas sobreviven; y 
con el caudal de conocimientos y experiencias de los 
qiie fueron, dirige los actos de gobierno del Instituto y 
alecciona á los nuevos miembros que ingresan en la 
Asociación. Las órdenes nioiiiisticas, (jiie cooperaron á 
la Conquista del Archipiélago, y formaron los pueblos, 
evangelizaron y civilizaron álos individuos, no podían 
inorarlo que convenía & los intereses del país, de la 
patria y á sus propios intereses; si fueron la cansa de 
la perdida de las islas, fnéronlo conscientemente,' con 
premeditación, con malicia y á sabiendas. ¿Pero qne 
fin, qnó objeto pudieron proponerse para cometer un 
crimen tan enorme de lesa patria? Las Comunidades 
Religiosas sabían que la ruina del país era su ruina 
propia, el fin do la dominación española, el fin también 
de su existencia en Filipinas; toda bu historia y todas 
sus glorias escrita estaba con caracteres indelebles en 
las ciudades, en los pueblos, en los campos y en las 
selvas; no podían ignorar, que en ninguna parte del 
globo encontrarían campo más espacioso para el ejer- 
cicio do sus acfividadcs; ni mkv ini^s abtindante á sus 



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428 tAR CORPORACIOfíKR REt.TflIOSAg 

sudores y trabajos apostólicos, ni que en Tiínguna parte 
del iiiimdo sus uidividitos esLaríari rodeados de un as- 
cendiente que subyugaba; de un prestigio que les hacia 
superiores en el concepto general: de uaa libertad de 
acción ilimitada en el ejereíeío de su ministerio. Sacri- 
ficar posición, prestigios, veiitajas afanosamente adqni- - 
ridas, trabajosamente conservadas, sin fin previsto, sin 
objeto determinado, sin compensaciones ventajosas era ■ 
lina locura, una manía suicida y parricida, dolencia que 
nunca padecieron los Institutos inonástieos. ¿Pero dónde 
estaba este fin?, ¿cuáles eran estos propósitos?, ¿cuáles 
eran estas compensaciones á las que las Comunidades 
sacriñcaban historia, gloria, honores, posición y presti- 
gios, y cometían pretneditadamente el crimen nefando 
de alta traición á la patria? Torturamos nuestra ima- 
ginación; estriijaruos nuestro pensamiento para encon- 
trar este Tin p reteñí aluml, este objeto, este propósito 
aparente ó realmente suicida y criminal y no le en- 
contramos en ninguna parte del ¡mindo; miramos al 
cíelo y tampoco lo vemos eii los espacios astrales. 
¿Podrán decirnos los ipie .dirigen tan infame acusa- 
ción á las Ordenes monásticas, qué fin se propusieron 
éstas al causar la pérdida de Filipinas?; ¿quó objeto tu- 
vieron y ipic com[iensaeioncs alcanzaron? Nosotros 
nos declarauu)s impotentes é 'incapaces, nuestra mio- 
pía política no alcanza áver más que ;'i rvnestroá Re- 
ligiosos prisioneros; nuestros templos profanados, nues- 
tros Conventos allanados y saqueados: nuestras casas 
incendiadas, nuestros Colegios invadidos; imestras pro- 
piedades incautadas; la Religión, poP la quedcrraina- 



.i,,Coi>^^Ie 



EÑ FILiriNÁS 42§ 

ron su sangre y sudores nueslros antepasados, escar- 
necida; y la patria, líspafia, ia muy amada Kapaña, 
ultrajada, despojada y huiiiiílada. ¡Oh! ¡os que acusan 
á las Ordenes monásticas de Filipinas no saben (¡ue sus 
Religiosos, solo tenían tres amores; el amor de Dios, el 
amor á la patria que Íes vio nacer y el amor á 
la patria adoptiva, que liabia de guardar sus hue- 
sos. A estos tres amores sacrificaban los afectos na- 
turales, consagraban sus trabajos, dirigían sus aocio- 
. nes y tendían sus aspiraciones todas; porque estos tres ■ 
amores, por los cuales se condenaban voluntariamente 
áperpet-iio ostracismo, constituían su vida, su porvenir, 
su gloria, su felicidad. ¿Pueden decir otro tanlo los que 
les acusan, denigran y difanianV 

'^Los frailes son españoles, porqué tienen ese sen- 
ȟmiento tan arraigado eomu cnalquicr peninsular, alto 
>ó bajo: lo llevan en la masa de la sangre y en su histo- 
>ria. El fraile más viejo y que cuenta más años de país 
>se extreniece como un joven al hablar de Kspaña; y 
»al pensar que l'IIipinas puede dejar de ser española: 
•todo lo perdona, menos e\ ser filibustero, que es el 
»coco á veces que. le hace mirar con malos ojos á al- 
»guDo de sus feligreses. Si; cabe decir, los frailes son, 
»auncouioindiv¡dnos,ultraespafíoles: tienen hipvvpatfio- 
•iisnio. Los frailes, como párrocos y misioneros son los 
*piieos que en la innjtw'ia macona de b>s pueblos repre- 
«seiitan á E'-pana y deíienden sus intereseb Son el 

• Mico eipantd que ante milesde nidigenas personifican 
>la ley, la a^non, el consejo, el afecto y la tendencia 

• francamente es^jañola Son la umca msíitucio arraiga- 



L.oot;^lL 



Í30 LAS coRrnfí ,\no\'iís RF.fjrimsA^ 

• da y tradieiiinalespaiiolaeii Filipinas. En Filipinas no hay 
ifaniilias espaíiolas de antiguo arraigo é influencia; la ri- 
'((ueza está en ma/ios de nieslizos ehirtos, que son de 
>ayer; el comercio peninsular, de ayer también, está su- 
»jeto á couLinuos cambios de personas ijue en cuanto 
•hacen unos miles de durorf, se vuelven: de los einplea- 
•do3 y militares puede decirse lo mismo; se consideran 

• como aves de paso, y miran prinei palmen le & su negó- 
» ció. Nadie sino las Gorpopaciones Religiosas son ele- 
■ njento estable, arraigado, tradicional, genuinamente 
"filipino, sin perder un lipice de su españolismo. ¿Cuán- 
»to no puede y vale esta consideración? Allí tienen los 
«frailes sus mártires, sus sabios, sus triunfos, sus re- 
>euerdos, su historia, el fruto de sos afanes apostólicos, 

>sa abnegación Kas haciendas qne poseen las han 

*coinpradü primeroi y luego las han cultivado y hecho 
•prospemr con su dinero y con su' ingenio (1), 

En 1851) dos Religiosos Agustinos l'P. liuceta y Bra- 
vo que por los elevados puestos que ocupaban en su 
orden reflejaban los sentimientos de toda ella escii- 
bian: «Por fortuna la autoridad española se ha hecho 
•naturaleza en estas islas, planteada ¡lor uiedio de los 
•desvelos de sus civílinadores; no es un predominio ex- 
straílo: sin el apoyo de las simpatías del país, como 
>uoa política equivocada la presento en las posesiones 
»de América; que por su propio mal la desecharon. 
»En su consecuencia no es de temer que en ellas se 
presente aquel funesto ímpetu de independencia; ni 



^IJ Los tVdiles fílipioos por un Español. Madrid 1&8S 

H„B.l.vC,l)0¿(Ie' 



iíN FlI.ií'ÍSAS 431 

»siigesUones exU'aftas podrían leaer verdadei'us resui- 
»tado3. Sin embargo es preciso que esta confianza por 
>fundada (|ue sea, nunca debilite los cuidados de la 
»Metrópoli» (í) Eslas seguridades desaparecieron des- 
pués y -el iune^to ímpetu de )ndependencia> brotó 
rabioso de los oscuros antros de las logias masónicas, 
recibió impulso de agraviados, descontentos y ambicio- 
sos, y encontró eco en io.s sencillos corazones del pue- 
blo lilipíno que se vio arrastrado á la revolución y en- 
vueltos en sus ruinas sin saber cómo ni por qué por 
unas cuantas docenas de ingratos y traidores. 

Sobre tres bases descansaba en Filipinas la do- 
minación española con sus instituciones y oi^anismos. 
La Religión; el prestigio de los Tárrocos Regularesy la 
superioridad de rana tan conlonne con la hidalguía 
española. 

Las logias masónicas establecidas on el pais por 
espaQoles, consentidas por autoridades españolas, Ib- 
nientadas por españoles, y propagadas porespañoles se 
encargaron de minar la primera y más solida base, la 
Religión. Se ha dicliu para sitennar el crimen de lesa 
patria de los españoles fundadores de la francmasone- 
ría en el pais, que no perseguían un fin religioso ni 
político, y que solamente el lucro, la codicia, ó mejor 
la estafa fueron el origen de la tenebrosa asociación, en 
la cual ingresai-on los indios previo el pagó de unos 
cuantos duros, se iniciaron en sus .secretos y fueron 
ascendiendo en los grados con la rapidez proporciona- 



^1) DIcciou. Pielí minares , p&g 



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\r " ~' —^- - — ■ - '• 

\ da d sus liberalidades, áesprcndiiiiienU) y donativos ^f 
I'ts fiifo'! (le la muhf. No diKCuliremos sobre el origen, 
iii wbpc la toicrarieia de los autoridades; basta á nues- 
tro propofiilo saber, que en las logias y talleres apreii- 
diproiv los indios el que tenían derecho á ser igualeá 
a los Españoles; á despreciar la Religión y desobede- 
cei á sus miiiistnis. En la?? logias oyeron la^, palabra 
independencia, aprendieron su signiíicación y sintieron 
las pnmeras aspiraciones. La idea alagó su orgullo; se 
creyeron tan hombres como los demás; tan aptos para 
Centrales, (iobeniadores, Alagislrados, -ftieces, Obis- 
pos, y Párrocos coiuo los esiiaíioles y mejores todavía; 
^ burgio en ellos el deseo, la ambición, el amor á la in- 
dependencia del pais; idea (¡ja que les cegó, ofuscó 
deslinnbró hasta no ver la ingratitud, lafelonia, la trai- 

" Clon, el imposible en la realización de sus aspiraciones. 
El mayor ohstácnlo que vieron oponerse ala realización 
de jns proyectos fueion las Ordenes monásticas; y en 
los antros masónicos se declaro K guerra á las Orde- 
nes y a sic* Rpiígioso- guiita hiiiucnta y subterrá- 
nea, oculta bajo el minto delalcgilidad. en reformas 
Sín^eyea > nglainontos ion lendencia á hacer el vacio 
ifii derredffrdfl Panoco Rtgulai mauidesta y de^ca- 
padíl dospües < n la manifestaron publica de 1888, 

4 A^daporCcnlenu, stigeri^ por ti mismo, consen- 
tifJa-íioRim dóbil Director genetal y abusando déla 
pQfturha< ton de las lar ultadcs mentales del Capitán 
genera! Tercero Arroiidis las m isiara» cu aquella fe- 
cha la giiena prosiguió tena/ j encarnizada ocitlft 
Vinas veces, manifiesta gtra"^, ]b» Iq^iaa se auiuetitaban, 



KN FEl.lPI?f.\í< 1^3- 

clutiinem d« afiliados crecía, las autoridades callaban 
ó las apoyaban, rtc dieron cansos, la catilstrofe final sf 
avecinaba, t'ii religioso, eif. Mariano fíil, desetibrió la 
ni)iijii!fi(;ió!i, pero cuando esLaüó ía sedici6n, ya no 
pudieron los Heligíorfos contener el inovirniento revO- 
hicionario cnmo cu nim |¡eiii[)n In.-f Abarca, Tamayo, ■ 
Palmas, Duque, Mániíie/. y taiiLOíS oíros religiosos ci- 
tados 011 otro lugai'. 1.a base Religión había sido soca- 
i'ada, minada, y la inibtcneia de los Religiosos hal>Ia ' 
sufrido considerable menoscabo en las provincias 
lagalas donde el irLOtin estaílú, hiendo laniliien \icli- 
mas los Párrocos .lídigiosuri. 

Otra délas bases que sostenía oi el país la ~obe- 
raTila espaíiola, era la superioridad de raza; y esta des- 
apareció paulatinamente a los gnlj>es deíiioledores de 
la piqueta tfinsónica. l.as leyes niveladoras, lasreforn\as 
¡giíalitorias iiiq)üniendo álos espaiioles la cédula y el 
servicio ó iin¡uiestü personal; los códigos asiinÜadores 
cQji veiitujaií páralos indios; la creación de los miiniei- , 
pios y, jueces iiuui¡ci|.>alcs i^uc vieron huuiillados en los 
Lbtiadoa niiiin( q>alL t los de ( (,udn.nteh j i unipatno 
lab de lobLcgi pi \ i limeros (.onijuí txdtm.'r. la cotí 
dutla d las uilorLdidcfagiibenialivi \ judiciales de 
inocratiz mdose nivehndoae con d uidio in,o a qmeii 
viaitiban di Iniguiin \ dis^nsaban atciiLione&i^iue íl>. 
ooiif cdiin \ h caia'5 blancas la'- cu üc- con ti'ecaSit' 
cía guardaban mtc ila i, ptnnanecim e» (>íé ea pre- 
sencia de lo nidij^ (.11 intiun (onver acton con los 
gefts depiovinciA, yolrascobi que \iinos enlosdiiz 
últimos aflos, torno e^daí la raauo FXopujols á tudos 



43i US COftpÓRAíímfíES RELimOaAS 



los indios de las principalías de Iloilo, Molo y Jaro, y á 
ningún español de tantos como salieron á recibirle, 
rebajaron tanto el nivel étnico de los Españoles, 
qiie se quedaron por debajo de los indios y estos 
se creyeron superiores á aquellos. 

Afládan^ie lasexaeciones, atropellos, abusos, las con- 
ciisionei ^ las concupiscencias de aquellas legiones de 
empleados que se daban prisa porhacer su fortuna an- 
tes que cayera, el tníiiistro; ú otro rival más afortuna- 
do le arrebatara el empleo, sin reparar on medios, 
decoro ni conveniencia; y el efecto que haría en los 
indios acostumbrados á considerar al Kspañol por su 
nobleza, posición, riquezas y saber, ver después á cen- 
tenares de ellos licenciados de ejército sin beneficio, 
oficio, ni ocupación, cesantes preuialnros, caminando á 
pie de pueblo en pueblo, dando sablazos y pidiendo li- 
mosna á los indios ricos; y se comprenderá sin dificul- 
tad alguna que la superioridad de raza necesaria para 
la conservación de las colonias, como lo hablamos vis- 
to en Filipinas, y se está viendo en las holandesas é 
inglesas, había desaparecido por los embates de la ma- 
sonería; por los errores de las autoridades, por efecto 
de las leyes, y por la degeneración moral de la raza 
conquistadora. No había crecido el nivel del indio, que 
tan chalo ex lini/ como fufi' siempre, sino que había baja- 
do i61 del español hasta igualarse al delindio. 

¿Fueron las Comunidades Religiosas las que lleva- 
ron la francmasonería al pais? ¿fundaron las logias y 
abrieron los talleres masónicos á los indio^^? ¿Fueron 
ellas las que implantaron el sistema asiniilista en las 



j,,Gc>oj^k' 



kN pílipinAs ^^^^ 

leyes? ¿Fueron ellas las que toleraron la corruptibilidad 
y la concusión en. la Admiiiíslracióa pública? ¿Fueron 
las Comunidades Religiosas lasque aiilorizaron la per- 
manencia en el paia de elementos insanos; y menosca- 
baron la inílueocia legítima de Instituciones históricas y 
sin elevar á los indios rebajaran el nivel del español? 
Contesten por nosotros los hechos. 

Hemos contestado en términos generales á una 
acusación vaga pero gravísima é injusta dirigida inmo- 
tivadamente á Corporaciones de una historia brillante 
y gloriosa. Descenderemos á los cargos concretos de 
otros más conocedores del pais, de sus costumbres, de 
los efectos de las leyes nuevas, por halier residido al- 
gunos años en ios pueblos, dedicados al trabajo y al 
comercio. <Las haciendas ó propiedades rústicas, di- 
»een, de las Órdenes monásticas fueron un motivo de 
»la rebelión indígena. » Si esto fuera cierto, la revolución 
no hubiera sido general, sino parcial solamente, como en 
otras épocas y allí donde las Corporaciones poseyesen 
haciendas, es decir, en dos ó tres provincias: y lo mis- 
mo podría decirse de las haciendas, ingenios y propie- 
dades délos españoles y extranjeros, á saber, que fue- 
ron también uno de los motivos de la revolución indí- 
gena del 96; porque el indio profesa la doctrina de 
Monroe sin conocer al autor, ni haberle oído nombrar 
siquiera. En Calumpit tuvo antiguamente una hacienda 
el Marques de Salinas que la vendió á D. José Blanco. 
El oidor D. Ciriaco Carvajal fué á dar poser^ión de estas 
tierras á, su nuevo dueño: «los indios entonces no se 
•atrevieron á oponerse á un Señor togado, pero en- 



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Ur 



LAR CORPORACIONES nEr.ir.IOSAS 



iviaron á sus mujeres á iiupedir la iiosesiiiti. Kslas ca- 
,>pitaiieadas de «na ¡iriiutipala cuy) niaiidü había sido 
»goberuadorc¡l!o del pueblo, lleuarou de arcua, agua y 
■lodo a los que estaban' iiiidioudo las tierras, cortaron 
»el cordel con que median, y el Seiior D. Círiaeo par- 
sticipó del lodo que tiraban las mujeres. l''ué ueéesario 
alomar ei asunto cou alguna seriedad... l'.n la haeleri- 
■ «da es preciso tener gran cuidado de que los indios uo 
'SO apoderen de las tierras, ponjue ya las miran eomo 
»pn)pias. y si se las quitan como sucedió aquí, jauíJis 
>crceu (¡uc fué con justicia. Los padres dicen contí- 
vnuamente á sus hijos que a<|ucllas tierras son suyas, 
>que se las quitaron injustafnentc, y les encalcan que 
ílas cojan siempre ¡jue puedan y tengan ocasión para 
»,eIlo: esto lo miran como una obligación de coiicien- 
>cia» (1). Va se ve como ios indios han ambicionado 
siempre las fincas de españoles y extranjeros; pero re- 
petimos que no creernos (¡ue la posesión do fincas riis- 
ticas por Comunidades religiosas y por los particulares 
fueran un motivo para la revolución última: A lo más 
podían alegar este pretexto algunos interesados en la 
trasfereneia gratuita de dornÍTrio á su favor, pero no la 
mayoría del|iais. 1.a posesión de fincas rústicas por las 
Comunidades religiosas ¿era un delito? ¿ó era perfec- 
tamente legal? l'ues entonces tanto valdría decir que 
por tenor los Iíeligio.s03 la cara lilanca se revelaron los 
indios. 

Otro de los cargos que algunos hacen a las Orde-' 

¡1) ZúaÍÉja E^tadismo cap-SlXp Síti !3b2 



xlbyGoOgiC 



F\ FILIPINAS 



IIÍ7 



nes monásticas consisto en censurar rfiie hayan dado- 
instrucción á los indígenas on Colegios y l^niversida- 
des. Este eai^O repetido hasta la sofíiodad por los 
üamaqoíies ó europeos de larga residftneia en el pais, 
es la justificación de las Ordenes regulares contra ios 
cargos de otros ipie l:i.s acusan d'í no haher hecho na- 
da ó mnvpocn por el progreso inlelectiial de los indios 
por osenraiUistas, retrógad-js, suspicaces y iiielieiilosas. 
Concedemos sin dificuliad, porque es notorio, que los 
liritnerosíjne se iniciaron en las íóg¡it< masónicas; ios 
quelasestendioron pnrlas provincias, los que aporta- 
ron á, ellas mayor conlingenlc y las engrosaron COQ 
aus personas v recursos fueron los módicos, abogados, 
estudiantes; y otros indígenas míis ó incnos ilustrados 
6püosopoi'\i\y\^ estos fueron los que organizaron la 
conjuración, sugestionaron al puehlt) sonciUo, se impu- 
sieron por el terror, y lisínraron nomo cabecillas enlas 
partidas rebeldes. Pero también e^ pi'iblieo y sabido 
qne nnichos de ellos habían hecho los esludios en Es- 
paña, Francia, Alemania, Rólgica é Inglaterra; y por 
cierto <¡nc estos fueron los in!Ío faniUi'Má y peores, de 
lo cual debemos deducir en buena lógica, que el mal 
no estuvo en los centros de enseíiaiiza, sino en. la ma- 
licia y perversidad de los estudiantes; en su orgullo 
desmedido y loca ambit^ión, pues por haber saludado 
el derecho Romano, las pandectas ó la recopilación, 
se creían unos Justinianos, Solones y Licurgos; y como 
nadie veía en ellos tanla ciencia y sabiduría, fampoeo 
les dispensaba aquellas consideraciones, á las cuales 
creían en su sobei'bia tener derecho. Aquellos abo- 



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436 I:AS CORPOBACIOSES RFXIC.IOSAS 

gados, médicos, y estir'íantes que en Madrid ofrecían 
banquetes á initibLros y personajes; alternaban con dis- 
tinguidos periodistas, diputados y Moraytas, y eran salu- 
dados sombrero en mano y recibidos en circuios y 
sociedades: cuando volvieron á su pais eran unos in- 
dios, como sus paisanos, un poco más ilustrados, mejor 
educados y con cierto barniz cierílifico; y si recibían 
acunas atenciones de autoridades y particulares, era 
más bien por su dinero que por su ilustración; esta di- 
ferencia exasperaba su orgullo, irritaba su soberbia y 
pagábalos desdenes y frialdad de los europeos con un 
odio mortal, más terrible cuanto más comprimido, ver- 
tido en las actas y acuerdos de algunas logias ó 
katipunans, condensado en eí anatema guerra á los 
blancos n esclavas las blancas, que consta en los expe- 
dientes instruidos á algunos revolucionarios. 

Opinamos como Pasca!: «preferible es un ignorante 
sá un medio sabio, que, ó no alcanza á comprender las 
' cosas por defecto de intelectualidad, ó las entiende 
•mal por incapacidad natural». Por eso opinamos 
que nunca debió darse otra instrucción á los indígenas 
que la primaria y la de Artes y oficios. En cuanto á las 
excepciones de vcidaderos talentos, que las hay aun- 
que muy pocas, entre los indios; en España podían cur- 
sar la carrera que más armonizase coa sus inclina- 
ciones. 

Vamos á concluir este capílulo de cargos " hechos á 
las Ordenes monásticas de Filipinas. No ha faltado 
quien ha atribuido la úítima revolución filipina á los 
abmos de los Párrocos Religiosorj. Procedamos por par- 



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tes. Concedemos f|iie los Párrocos Regulares tienen de- 
fectos, como hombres, y que rh ministerio y carácter 
sacerdotal no les exime de los extravíos de las pasio- 
nes, ni de las debilidades de la especie. ¿Pero en qué 
consistían los abusos cometidos? f.cnáíes eran éstos? 
¿Cometian esacciones, concusiones y atropellos? ¿Eran 
los Párrocos los que coartaban ia libertad de los indios 
para buscarse la vida, y limitaban el círculo de sus 
negocios? ¿Eran los Párrocos los que les molesta- 
ban con idas y venidas á ia capital de la provincia 
hasta que redimían la vejación con regalos, obsequios 
y donaciones 'uíí/iíw'rtírííís? Apelamos al testimonio de 
las personas honradas con residencia eu el país ayu- 
nos años. 

ir' Los Párrocos Regulares, no ignoraban la actitud de 
las autoridades respecto á ellos en el último tercio del " 
siglo pasado: sabían qne hubo jefes de provincia 6 Go- 
bernadores, cuyos nombres pod riamos cifar, que de vea en 
cuando llamaban de Oficio á ¡os Capitanes municipales 
ó alcaldes para dirigirles las |>regunlas de eiijón. '(C.ó- 
»mo te llevas cou tu Cura?: pim^-^ hiimi/r m.norm, irri- 
'taíe, exaspérale hasta obligarle á (]i.n: te ponga la 
imano; entonces aplástale el cráneo; y ven á dacme 
•cuenta que yo respondo^. Sabiendo esto y otras cosas 
más los Religiosos; ¿habrá alguno que les crea tan ton- 
tos ó temerarios que se expusieran b. perder el cráneo 
tan estúpidamente? Si los Párrocos hubieran cometido 
los abusos que hemos expresado, ó los qne dicen que 
promovieron la revolución,— nosotros no los conoee- 
mos;— y menos todavía; si alguno se hubiera propasa- 



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44(1 i:Aa C0Rpfin\rrn>jF.3Tifír,ir,insiAg 

do á administrar li álgiiioii de sus feligreses las correc- 
ciones paternales aeosUiinbradas ei\ otro tiempo se ■ 
habría visto envuelto, seiniltado, asfixiado jior enorme 
, : balumba de papel sellado. 

«Nada más injusto, dice Coiiiyn, ni de (.{nc con más 
arazónse quéjenlos padres míiiiati'O:), (jtie ei poco db- 
ícernímiento conque se ha solido juzgar y condenar- 
íles, haciendo trascendentales á todo el cuerpo tos 
'* 'Vicios de algunos de sus miembros; r?í qae no hay 
>uno que no lea con rubor é indignación las especies in- 
-^¿>. •sidiosas' y ias expresiones denigrativas contra ello^... 
•PpígHe, aun concediéndose que en algi'in caso pueda 
tM^ef realmente existido motivo deqnoja ¿qué ínipor- 
• tará al cabo que uno ú otro padre baya abusado de 
)¡a. confianza depositada en él, sieuq)re(¡uo el espíritu 
*que' aniLiic á la generalidad de los Rcligiot^os sea eo- 
»rrespondienteá la santidad de su estado, y conforme 
íCon las miras del Gobierno? ¿Porqué se ha de correr 
teternamente tras una perfección idea], que ni cabe 
•alcanzarse ni es necesaria en la sociedad hu- 
»niana?» 

-Pero ^i dándole valor íi las inlpostm-as con que 
qjor miras particulares se ha intentado obscurecer la 
■ íverdad por una parto y preocupar los ánimos contra 
í>lo5 lícgiilares; y por otra atribuyéndose á pasión mía' 
só exaltación de ideas, se desconfíiu-o de la exactitud 
■ » de los hechos en quehc fundado su justo elogio; íibra-' 
s-se el Archivo de la Secretaría de Círaeia y Justicia, de 
aludías; y allí podrá verse elinformoque de orden de 
*S. M. cstendió en 25 de Noviembre de ISOi el Gober- 



.i,,Co(tC;;le 



E?j pfr,tPi\\i 441 

snador de Filipinas D. Rafael María de Aguilar para 
smejoriiistrwcción de! expediento, qtie se agitaba á la 
. ssazón sobre la reducción de los habitantes en la isla 
>de Mindoro; informe on extremo honroi^n para los Re- 
■>giilares, y dictado por la experiencia qne había adqiii- 
írido aquel General durante más de doce años de go- 
^bierno. Allí se leerá igiialmer)f,elaconsiiUa desn sucesor 
:>eu el mando D. Mariano Fernández de Folgueras, con 
sfecha 25 de Abril de 180!) pidiendo al Rey coü las más 
svivas instancias, qiie seprocurasi; por todos los medios ^ ^ 
:^el envió deReligiosos misioneros: deplorando 1^ deca- ~^ * 
-dencia é incnria(|ne había notado porsns propií» oj^ 
íenlos pueblos administrados por Clérigos indios... Tes- 
:>timonio desemejante ¡íravedodson más (jiiesufieien- 
ítes para refutar de imavcz 1^ calumniasy opiniones 
'Contranas*. Esto le parcela al ilustrado D. Tomas Co- 
myn; pero hemos visto, que asi como se exhinnan las 
antiguas heregías cien mil veces trituradas por los 
Santos PP. Y apologi.sla-s de la Iglesia; asi también se 
renuevan y repiten los cargóse injusticias contra las 
Órdenes monásiieas, erigiendo en sistema la mftxima 
Voltenana: ealinimin que af^/o queda. 

Ti. fíaltasar Girandier, Director que fiiú del Diario , 
do Manila y vivió treinfa y siete aiioH en Filipinas, en 
gI Folleto «l-os Frailes, (jue escribió en 1888 diee: -Y 
>ese hombre, ol fniüo, ¡odo abnegación, sin voluntad 
■■ppopia, discurre los últimos aíios de su vida rigiendo 
• espíñtual y mnrslmonte una numerosa grey que le 
■adora como á padre hondadoso. Porque no hay que 
'dudarlo un solo moitiouto; á pesar de los defectos in- 



xtbyCoOglc 



442 LAS nORPOTlACIOÜRR nELIÍlIOPAS 

«herentes ala mísera naturaleza humana, de que des- 
»graeiadarnente no están exentos algunos misioneros, 
»n¡ aun en este caso decimos deja de ser querido de 
»su pueblo, porque el númepo de sus virtudes supera 
ten mucho al de sus vie¡üs>. 

En el estudio sobre la situación del país, debe 
ocupar lugar preferente el clero regular, objeto de la 
más encarnizada persecución por parte de cuantos han 
abrigado ó abrigan consciente ó inconscientemente 
proyectos atentatorios A la soberanía española en Fi- 
lipinas. 

■Filipinas es la primera colonia del mundo, gracias 
ííá las frailes, envidia y asombro de las naciones e.x- 
stranjems que la juzgan mejor y tienen en más aprecio 
T-qne nosotros mismos. Defender hoy los frailes, es de- 
sfender una causa nacional.» Asi se expresaba en 1881 
el inolvidable Éntrala, gloria del periodismo fdipino, y 
esas palabras suyas debemos repetirlas hoy con tanto 
mayor motivo, cuanto que durante el periodo prepa- 
rativo de la insurrección y aun después de estallar al. 
encontrarse con la derrota, de entre todos los elemen- 
tos peninsulares, los que han sonado y suenan más 
en la guerra del elub y de la pluma, son los individuos 
del clero regular 

«¿Será necesario detenerse á demostrar cuanto han 
shecho esas corporaciones y esos acendradísimos Es- 
spañoles en pro del Archipiélago, en obras públicas, en 
slaenseñanza, en la agricultura, en el régimen y policía 
íde estas tierras y en todo cuanto de bueno y culto 



.y Google 



EN FILIPTSAS 449 

^aqui existe? ¿será necesario insistir enlos grandes ser- 
■vicos (jue han prestado á la metrópoli? Para este ob- 
»jetose necesitarla escribir un libro y abrumar á nuestros 
electores con tan gran nrtmero de citas y tan inmenso 
icúrnulo de hechos gloriosos, que cualquiera compren- 
sde excedería las proporciones de este modesto traba- 
'jo. Loque si diremos es que habrá, concediendo mucho, 
salguna otra clase española que tengahistoña tanbri- 
>ílante como las corporaciones religiosas; pero que las 
sexceda, que haya prestado más puros y relevantes 
>servicios á la Patria con mayor desinterés y abnega- 
»ción, que llene aquí las condiciones todas de verdade- 
■»ra institución social esencialmente española y ala vez 
sfllipina; eso podrá quizás decirlo algún íiajio, alguno que 
slomepornormaprejuiciostraidosde allende, algiin re- 
ssentido óalgunoqneesvictimainconscientedelapropa- 
>ganda filibustera; pero jamás lo afirmará quien haya 
«meditado en ei pasado y el presente de Filipinas, quien 
í)se ocupe seriamente de estudios coloniales, quien no 
^olvide el procedí miento seguido por las sectas en todas 
apartes contra el clero y tenga presente (porque merece 
»mueho ser tenido en cuenta y nunca debe olvidarse) 
»que la guerra manifiesta y solapada á los institutos re- 
•ligiosos, ha figurado y figura en primera línea en el pro- 
agrama de los que jamás pueden ser nuestros amigos, 
»ni lo son, ni lo han sido de la inmensa mayoría de 
*estos habitantes, cuya representación searrogan. 

»Porta-esta!i darles de la civilización cristiana en es- 
stas Islas, ministros de un culto que habla más al alma, 
í-qneá los sentidos, miembros de una colectividad reli- 



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m tAí= ronrnRAnnrjKí' nEi.ifitosAs 

í^osa disciptitiada, fideliaimos patriotas, y máí?q_iienÍ!i- 
sgima otra ciase aniatites y protectores del indígena, 
■>qaeridos y votieradoü de este, han coiistitnido y signen 
sconstituyendo el lazo, el medio de uneaelia valido Es- 
:>paña para ponerse en coiiiuiüeaciói! con la masa de 
»la poblaeión, rigiria y ganarse hu afo<;to respeto y ad- 
■^hesión; pero de tal modo que esa mediíición, no les ha 
írmpedido dedioarse ;i nlra clase de trabajo con lustre y 
^^gloria de España. T^a mayor [larte, nasi todo de cnanto 
>endencia, etnografía, filología, historia, artes, edificios 
^y otro género de progresos hallamos digno de aplauso 
r>en Filipinas, débese á esas beneméritas corporaciones. 
^Aellas son debidos también los eslablecimiontos de 
^enseñanza, los asilos do caridad, gran parte de la anti- 
>giia legislación colonial, positivos beñefiníos enlaagrí- 
«cultura, bastantes vias de comunicación, obras locales 
^de importancia; y sin descuidar sn ministerio sacro por 
^extender su acción benéfica k cuanto pudiera favore- 
sreeer al ])aÍ3 y á los intereses metropolitanos, a ellas se 
sdebió el restablecimiento deli|i Audiencia de Manila y 
sReal Acuerdo. Son los es¡iafiolcs qne más hanhonra- 
sdoaquí «n patria, sin desconocer lo mucho que la han 
^honrado también otras clases é instituciones. Bajar 
ȇ pormenores, repetiiuos, es impropio de un ar- 
oticnlo. 

sSabemos que son muy censuradas y combatidas por 
sgenles de frío ó dudoso catolicismo; y de compromisos 
*mán ó menos sectarios, y osa circunstancia nosconfir- 
sma más en ia alta idea ipie se nos merecen; prueba 
^evidente es de que se reconoce sn fuerza y valla, de 



.i.vGoot^Ie 



KM PIUPINAS iU) 

í>que estorbangrandemerite ciertos iiiteiitos, de que son 
slos más tetiiidos advcrsaríus. AI ejiemigo ;i (juienno se 
areconoce valer ni influencia, se le dirige algún que 
íotro tiro ó se le desprecia. Sabemos también que como 
:^toda obrahitiiiana Uenc sus defectos, y qiie en ellos 
íá pesar de la ley, no todos sus individuos satisfarán las 
^exigeficias más O meno.s racionales de algunos: pero lo 
•ique negamos rotundamente y siti miedo do (^iie nos 
aprueben lo contrario, es que aun individualineute 
«comparados con Itjs de ulraw clases y colectividades, 
í no puedan soportar cou gran ventaja un parangón 
»por iniíHicioHO (¡uc sea, en cuanto ¡i patriotismoy vir- 
studes: y que eoino carjioraciones no se les pueda poner 
»tacha si en esto nos hornos de atener á los priocipios 
»de una critica prudente y no uos dejamos llevar de 
sexigrtJicias idealistas, incunqiíilililes con la i'daüvidad 
»de todo lo humano por perfecto que se lo suponga. 
»Cnanto contra ellos hg propalaboy, se viene repitiendo 
»hace bastantes años: ningún dato ruievo haaportado á 
■ lacrítJca el correr del tiempo: con ligeras diferencias 
'más en favor que en contra de ellos, son hoy lo que 
»eran cuando escribieron Coniyn, tíironniere, Sinibaldo 
»de Más, Malla t,líscosura, liowring, el duque de Aieni^on, 

• Barrantes, Del Pan (.losó F.)IUanco Herrero yEtitrala. 
'Estos autores refutan victoriosamente cuantos cargos 

• se dirigen á aquellas, reconociendo que por lo general 
>y prescindiendo de cíisos aislados, esas censuras no íie- 
•nen otro origen (¡uc la ligereza, !a envidia, ¡os resentí- 
>mientos personales, el espíritu antiuionástico, el desco- 
>nocimiento de las cosas del pais y del papel que en estoa 



:l.,C00glC 



iu 



LAS C0RPIJR\':iri*ÍF,SIlftLlGI08AS 



«pueblos filipinos desempeñan esas corporaciones. (1)» 
No podemos resistir al deseo de copiar est^s pala- 
bras del diiqiie de Alenzon, tomadas de su obra publi- 
cada en París el año 1870. *Se acusa á los frailes de 

• retrasar e¡ progreso de la colonia, de cohibir la ten- 
>denciade los pueblos hacia una vida más activa y 
i-más fecunda en esferas más anchas. Esto es altamen- 

• te injusto. Los frailes han elevado al pueblo fdipino 
»al más elevado punto de civilización de que es suscep- 

• tible una raza, (lueliace cuatro siglos se hallaba su- 
» mida en lamas espantosa barbarie. El tiempo y el 
•contacto con los europeos, hará lo demás, Pero las 
» Órdenes religiosas pueden hoy im>strar con orgullo el 
•resultado de sus esfuerzos en esos cuatro millones y 

• medio de indígenas eristianoí, en esos pueblos de Fi- 
•iipiíias más civilizados, más independientes y más ri- 
»cos, que los de ninguna otra colonia del Asia, ni aun 

• de todo el Oriente.., Déjelos pues España continuar 
íSus trabajos y ejercer su iníluencia bienhechora, que 
»no hay allí más que ellos que estén enlazados con los 
«indígenas, y son por consiguiente intermediarios en- 

• tre' estos y la administración compuesta de personas 
•que son aves de paso en Filipinas: solo ellos estáji 
•identificados con el pais; y de su iniciativa parten 
•todas las reformas, que su progreso reclama. No tie- 
»ne España aUí más lUiles servidores^. 

¿Qué algunas cosasde esas respetabilísimas corpo- 
raciones necesitan reforma? ¿que no siempre y en to- 
dos los casos merezcan incondicional alabanza?: pudie- 

^1) Bdtana. • 



j..,Cooj^le 



Étí PlLlPlJÍAS H1 

»ra quizá sor; tal asunto no nos incumbe ni nos 

■ reconocemos competentes para apreciarlo, como no lo 
»es la mayor parte delosque en ese sentido se expresan. 
•Se necesitan más experiencia y más conocimiento de 
»la historia fdipina que lo que generalmente se estila, 
»para emitir voto sobre esc particular. Lo que es muy 
'posible que ignoren. runchos, que alardean de partida- 
>ríos del modernismo, es t¡ue las Ordenes Religiosas 
>representan por su carácter esencialmente filipino, la 
*fónnula modeitia, el ideal podemos decir que la ciencia 

■ preconiza para toda institución perfectamente co- 
■lonial. 

•Lo que sí repetiremos á los lagos, á los impresionis- 
ttas á los fáciles en expresar en tono de crítica, son las 
•siguientes palabras del ya citado Éntrala contestando 
•al libro de Cañamaque: «Yo acostumbrado á ver alto 

• en ciertas cosas, n*? ba^io nunca al fondo para empe- 
•queñeeer con detalles enojosos instituciones y prin- 
•cipios que están por encima de todo y aun de todos... 
>El día que no sean ellos, no seremos nosotros lo que 
•somos, ni alzaremos sobre la Occanía nuestra ban- 
»dera'.. 

Otro escritor insigne dice: « Nace enla Península y muere 

• en la colonia parala cual se le educó; siente elnom- 
'bre de España con todos los entusiasmos y puros re- 
tcuerdosde la cdadjuvenil y se interesa por filipinos 
>como se interesa por la vida misma. Su existencia con- 
•sagrada á liios y á la Patria; es una jornada hecha en- 
>trolos confines de la tierra; hecha conio entre los cre- 



Ho^edbyGoOgiC 



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LA3 CnTlrnit\r,IO?JER RFXiniOSAS 



»piisculos de un largo día; aquí la cuna, allá la sepultura. 
>¡Peregriiia institiiciún esta oljra de los siglos que se ha 
'impuesto alas Lrernendas coiniiiocioiies del presente! 
»La iriiagiüaiíiojí \k> la hnhiera concebido más apropia- 
»da y perfecta para el laza moral éntrela metrópoli y 
•tas colonias. Toda conspiración contra' hm prestigio, 

• tiende á romper ose lazo y consi)ira contra nnestros 
'propios intereses. 

-líl fraile ivnede cíandiear coiruj todo rnorta!; puede 

• claudicar cu lodo menos en sn amor á la Patria, y en 
•su amoi' ala tierra qneha de recoger sus hnesos. En- 
'tie estos amores acaba su vida terrena; su- nombre no 
»Io llevará nadie, sus bienes son de la <')rden ijne forma 
tcomo un rio de sangre española recogida en la Penin- 
ísula para perderse en los caiíij)OS Filipinos, sin otro 
íhorizontenimidano, sindeáviaci'in posible en el derro- 
»tero, bajo la severidad de las leyes sociales, las ausíe- 
>pas exigencias de la ley erislianay la inmediata y sana 
•autoridad de rpiien vela y hade velar cada día con 

• creciente anhelo por el mayor prestigio de la comu- 

• nidad, porque en él esta sn ¡irü[i¡a virtudy fuerza. 

• AIjuzgar esta gran insütnción de las (')rdeneri . mo- 
•násticas, clasilicamos sus faltas por el ascetismo cris-, 
•tianoy las pesamos con la balanza deIJusto; lasnues- 

• tras con ladel diablo, poniendo de()bligado contrapeso 
ilaa debilidades de! nmiulü y de la carne. 

'Yo no soy en este easri nn juez que sí lo fuera ha- 
•bría de enaltecer frente ú frente & cualquiera otras 

• eoraunidadtís y otras órdenes de aquí y deallá, la mo- 
«ralidad y ejenipiaridad de las Ordenes Religiosas en Fi- 



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F.M Pir.lPIÍíAS 'Ufl 

• lipinas. Hablo do lo que he rátoyhe conocido; délo 
»que he procurado ver y conocer, en su expresión ao- 
■eiat y en su expresión intelectual, de la vida de loa 
•pueblos en Filipinas, habiendo estado en ventajosa po- 
>9ición para llegar á entrever algo de la verdad intima 

• de aquella sociedad en sus diversos y heterogéneos 

• eleinenlos. 

«Sin tener ese propósito, dejo consignado como de 
»pasada ese juicio, para que la omisión de ese aspecto 
•de la institución, no se convierta en intencionado y 

• malicioso olvido. Mi objetivo es la institución política: 
■ la Iglesia Filipina bajo el punto de vista político, ó de 

• política colonial. 

• Estoes loque he señalado como acabado organis- 

• 1110 en ese orden del listado. ¿De que otra suerte sino 

• pudiera ser mejor que es la oi-ganización eclesiástica 

• en FtlipinasV Y la he señalado también para modelo 

• de Io3 demás organismos coloniales, para el sentido 
•general de su organización ó reorganización, que no 
•dudo se imponen: y por lo mismo que creo queseim- 

• ponen para que en principio, y -ínanto la especial na- 

• luralezade cada uno lo eon.-;iente, respondan como 

• responde'el organistno eclesiástico en su ¡orden á lo 
•que debe ser el total sistema de la constitución de la 
•colonia, 

* A^o de lu que la lgie?ia es y como la Iglesia es en 
•filipinas, debe ser todo lo demás. ¿Es que esta ínstítu- 
•ción puede serlo todo? ¿acaso lo quiere ó lo ha querido 
•alguna vez? ¿quién lo pretende ni jamás lo pretendió? 
•Solo pueden lanzar esa especig los que quieren que rcs- 



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450 Las coRPORAninsÉs reliCiosas 

• ponda de todo. ITe arjijíla gran injiialicia que con harta 
'ligereza se cómele al juzgar, acá en la península más 

• que allá en las islas, las instituciones filipinas, y que 
>he visto llegar á veces en estos liltimos dias de esta- 
>d03 pasionales, hasta asaltarlas coliimnas de los más 
>niesiirados órganos de !a conservaduría. 

'¿Que poder, qué autoridad legal, quó fuerza é iiu- 

• perio tiene el cleinenlo eclesJá.'itico en Filipinas que 
>no lo tenga en iíspaña? 

íPara exigirle que resjuuida do la marcha de los 
>negocios públicos y á los acontecimientos de laHisto- 
tria, fuera lógico qiio hubiese tenido poder efectivo en 
^el Gobierno, ó intervención en la balumba legislativa 
»que en época de desenfrenado fisitniüsriio cayo sobre 
.el Archipiélago fdipino. 

*¿Por qué ]nies semejante espejismo intelectual de 
ípedir cuenta de la desorganización del Estado en Fi- 
•lipinas á !o único que hay allí convenientemente orga- 
»nizado? ¿qu'í explica este contrasentido, este singular 
»fenómenoV (1) 

Es ridicula y risible ¡a contradición entre los mis- 
mos enemigos de las Ordenes monásticas de Filipinas. 
Mientras que naos las acusan de no haber fomentado 
la ilustración de ios indios; otros' las censuran por ha- 
berlo hecho en Colegios y en la Universidad de Mani- 

(11 La .Situación del País, por D . Juan Caro y Mora, 
oap. ó n o XVJI y Apéndice I por el Sr, D. Antonio Do- 
minguez ált'oDso, exgobernAdor civil y Corregidor de Mani- 
la del partido liberal tusionista: é Inteadente en época pos- 
terior, 



Ho.tedbyGoOgk' 



la. Recordamos á este propósito lu sucedido en Gápiz é 
Iloilo en la última revolución. Si, cuando solos en los 
pueblos, sin destacamentos de tropas, sin español otro 
a^uno que nos acompañase; y cuando las partidas in- 
surrectas merodeaban por la provincia, dejábamos el 
pueblo por un día, para visitar al colateral, esparcir el 
ánimo ó saber alguna noticia; ei General Ríos comuni- 
caba ai P. Vica-rio: «Tengo orden del Gobierno de Su 
. Majestad de fusilar a! Religioso que salga de su curato 
-sin mi permiso». Forzados á permanecer en nuestros 
pueblos para no ser fusilados por el General Rios, 
éramos llamados filibusteros por otros españoles. De 
manera que si pasáis perdéis la vida, y si no pasáis 
también. Pero esto no era nuevo para nosotros, pues 
ya lo habían hecho con nuestros antepasados. »Sobre 
»estos trabajos tuvieron estos buenos Religiosos el 
"grande sentimiento, de que se dudase de su fideli- 
»dad, sin más motivo, que el que no les mataban los 
•indios. Infeliz era ia situación do los Misioneros en 
'Oste tiempo. Si desainfíaraban los pueblos ó Doctri- 
>nas, se les culpaba, porque decían: que de este 

• modo 36 aumentaba ¡a rebelión; sise quedaban en 
•ellas y no les mataban los indios por su respeto ó 
>porque querían tener im Confesor -h. la hora de la 

• muerte, les hacían cómplices de sus delitos». (1) 

■En los alzamientos de los indios, dice Retana, ha- 
»bidos desde la Conquista hasta lo? principios de siglo 



(1) Züñigft Hi8t. de Filipinds, capítulo ZXXIV. pégi- 
&aa G6Í-665. 



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•tñ2 t.As nonriiRAf^ioMES Rn.ifiíosAs 

■on diferente!! lucali dados, nunca Ioh Cabecillas, ni nno 

• lan solo de sus miles do secuaces se quejaron de los 
«frailes; Icncnins que avanzar hasta el atio 1872; y 
«aun desde esta lecha hasta el día. como haremos notar 
»en el lugar (ipoituní), no han sido los frailes otra cosa 
>que im pretesto para encubrir intentonas de caracler 

• sola y exclusivamente hostil á la perpetua unión de 
•España y Filipinas. Las tierras de Pangasinan, llocos, 

• líatangaH, Negrori, Patiay,_ etc., ai hablasen podrían 
«confirmar las narraciones históricas y decir una vez 
»más que las insurrecciones que presenciaron no fue- 
tron Hunca on poco, ni en mucho, ni en nada moti- 
«vadas no ya por los frailes, pero ni siquiera por un 

• xolo fraile. Este hecho de ini valor histórico conside- 
irable, y sobro el cual debían meditar los ignorantes 
.y mentecatos de profesión nos da la medida mejor que 
■ ninguno otro de lo qne allí los frailes significan, y con- 
>siguientemenle de la rudeza con qne se les combate 
»por los que anhelan la más ó menos pronta ruina del 
«Archipiélago Filipino». (1) 



(1) PoiitLca de España en PüipinaB. Ailo IV. 



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CAPÍTULO X, 



Estado actual de Fiiipi aun.— Porvenir délas talas — 
Jjoa ReUgloson nefesarfon para la cottKervaei6n tle 
lapax.— Los C'lérif/os initígenaA, aJMffadoii, tnéiltcoH 
é indios ilustrados. Juzgados ¡loi- Escosara, Gimeno 
Agía», lietana »/ otros escritores españoles y ej-- 
tranJeros.—Los esirifo» presentarlos ni Delegarlo 
Fontiflcio Mofts. Chapelle.—El euestíonctrio pur la 
tMmialón Norte-zimerlcatuipresidlilapor Mr. Tnff. 

Tres años van á ciiTiiplif.se (1) ileade ijhg la plaza 
de Manila se ríndi6 á los Norte-Ainefieanos, poniendo 
aquel acto fm ala düininación española de ti-es. siglos, 
é inaugurando low Norle-AmerieanoH su Gobierno en 
aquellas islas. Al arriar el general Ríos en la capital 
ilonga la bandera de Espaíla la sitiiaoinu del pais era in- 
definible. Kn Manila y en Cavite iloiuinaljan los Norle- 
Americanos; en Luzón y Cainanuos golternaba nomi- 
nalmenle el gobernadoTOÜln pasudo di (lavite Viejo, 
D. Emilio Agditialdo; en Cebi'i, Iloilo, Cápiz, Antique y 
Negros gobernaban repúblicas .<«'' génerh al parecer 
unitarias. El !■ de Febrero del 9V) rompieron los Norte- 
Americanos tas hostilidades contra los indios, que desde 
la rendición de Manila ocupaban militarmente la zona 
comprendida entre laKrniita y Oalooean. Van dos años 
de guerra eoLre los antiguos aliados eontra España. 



(1) Escribimos eataa liiiuss en Enero iJy 1001. 



Ho.tedbyGoOJ^Ie 



454 LAB CORPORACIONES RELIGI0BA3 

Los Norte-Americanos han llevado á las islas un ejér- 
cito numeroso, han gastado sumas enormes, han acu- ■ 
miilado en el país todos los elementos de guerra de 
que puede disponer una nación grande, rica y poderosa, 
han batido á los indios en casi todos los encuentros, no 
sin ¡amentar sensibles y numerosas bajas, les han ido 
arrojando, primero, de sus improvisadas capitales; des- 
pués de las provincias tagalas, lea han perseguido hasta 
las cordilleras del Abra, Bengiiet, Bontoc y valle de 
Cagayán; han desembarcado en lloilo, han arrojado á 
los naturales rebeldes de los grandes pueblos, se han 
establecido en Cebú, Negros, Ley te, Samar y Camari- 
nes ó sea en todas las provincias que recorren ya por 
compañías, sin otro peligro que el de alguna embos- 
cada, ó sorpresa no fácil de evitar en aquel país de 
especiales condiciones; y á pesar de todas las ventajas 
enumeradas, solamente dominan y gobiernan las ciu- 
dades y pueblos protegidos por destacamentos y guar- 
niciones, y en un radio tan reducido que no llega al 
alcance de los proyectiles de los Maussers. 

Losindíos, que en nn principio presentaban en com- 
bate grandes masas fanatizadas, sujestionadas por los 
cabecillas, principales revolucionarios, hacen ahora la 
guerra de bandidaje, que ellos conocen mejor, y á la 
cual se presta favorablemente aquel país, en donde ni 
el fuego puede abatir la vejetaciún frondosísima de 
plantas gigantes, árboles y arbustos que brotan con 
fuerza y rapidez hasta en las mismas peñas, y hasta 
en los más elevados campanarios. La guerra entre los 
antiguos amigos y aliados cuntimla tenaz por ambas 



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partes, sin esperanza de próxima terminación. Ya no 
se ven !as grandes masas de eombatienles indios; ya 
desapareció el efíniem (íobierno revolncionario de Malu- 
los, parodia ndíouta de los Congresos espafJoles; ya se 
eclipsó el famoso Aguinaldo á quien hicieron célebre 
los desaciertas de Moret y Primo de Rivera en Biac na- 
bato, ya se "presentaron h indiiUo los Taveras, Ma- 
binis, Venancio Coneepüinii, Huen Camino y otros re- 
volucionarios de primera fila, pero la lucha sigue em- 
bravecida y cruel, acabando con lo poco qne resta de 
la obra civilizadora de los ííeligiosoí^ en tres cen- 
turias. 

Aquellos puertos concurridísimos antes por buques 
nacionales y extranjeros, abandonados y solitarios se 
ven ahora: aquel comercio de vida exuberante, cuyos 
■ latidos alcanzaban á los pueblos 'más internados, y 
ponían en movimiento A los habitantes de las ciudades 
y de los campos, yace en el silencio, en la paraliza- 
ción que CiS la muerte; aquellas cindades y pueblos 
prósperos y felices en la vida pacífica de abundantes 
reeursoí osteriori/ados en palacios maiíuífiCiH, muebles 
de Europa de todo lujo, y en las alhajas y joyas que 
adornaban los (^lerpos femeninos, y en la satisfacción 
que rebosaba de las almas, síntomas todos de pros- 
peridad; devorados ahora se ven por el fuego, conver- 
tidos en cenizas, sembrados de sal; aquellos campos de 
ondulantes arrozales, de erguidas cañas-dulces, culti- 
vados con esmero, limpios como vergeles, frondosos 
como la selva virgen, son ahora campos erializados, pá- 
ramos estériles cubiertos de alto í'o¡/on que oculta al 



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466 LAS CORPORACTONES RELIRI0SA3 

guerrero lo mismo que a! tulisan y al asesino: el frío si- 
lencio déla niuerle ha extendido ¡las fatídicas alas, allí 
donde antes todo era aoiraaeión, vida, movimiento y 
trabajo: los camines ya no existen; las máquinas de va- 
por prensoras, trituradoras, limpiadoras adquiridas con 
el sudor y los afanes de indígenas y europeos laborio- 
sos han sido hechas añicos par la barbarie de los beli- 
gerantes; en dos años han dado los indios el salió 
atrás del negro africano; todo es desolación y muerte 
allí donde poco antes era lodo vida y felicidad. Sin 
temor á equivocarnos podemos asegurar, que han des- 
aparecido consumidos por el luego las dos terceras 
partes de los pueblos, de las provincias tagalas, pam- 
panga, ilocanas y visayas; y lo menos las dos cuar- 
tas partos en las restantes provincias. ¡Si resucita- 
ran aquellos Religiosos á cuyos afanes, trabajos y dis- 
pendios debieron la existencia tantas poblaciones bo- 
rradas del mapa filipino en tan breve tiempo!... Y lo 
más extraño es que han sido los mismos indios los que 
más se han ensañado en aplicar la tea incendiaria á 
sus pueblos y á sus casas. El vértigo, el frenesí, la locu- 
ra, la borrachera de la destrucción han invadido aque- 
llas inteligencias cji pañales, que no estaban todavía en 
disposición de digerir tanta independencia, tanta libertad, 
tanta replélica; palabras que han significado para el 
noventa por ciento de los indios, ruin, incendio, asesi' 
nato y destrucción. Millares de familias de posición des- 
ahogada se ven ahora reducidas á la miseria; millares 
de pei-sonas sin hogar mendingando una limosna, mien- 
tras los Mabinis, Paternos, Giien Camino y otros que 



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Eií prr.tPiTíA« 457 

empujaron á los pueblos á la revolución pasean en 
coche por Manila, traidores k la madre patria ((ueles 
dio el ser político, traidores k su patria nativa, y traido- 
res seguramente á los Norte-americanos, aunque otra 
cosa aparezca. 

Cuando existía la sombra de Gobierno indigena en 
Malolos habia algún orden en las provincias conser- 
vado por los cabecillas ó Jefes revolucionarios; pero 
desiie que los Norte -americanos avanzaron, y aquel 
Gobierno de parodia fué arrobado á S. Fernando de 
la Pampanga, y después á S, Isidro de Nueva Ecija y 
de aquí áTarlac coTichiyendo por no tener punto se- 
guro de residencia, las horda^^ se insubordinaron, roba- 
ron el equipaje del Presidente de ta llamante república 
sin respeto alguno á su alta catearía; asaltaron la 
casa del ministro Paterno, robaron cuanto tenía sin 
respetar á sns hermanas á las que maltrataron tan in- 
humanamente que les arrancaron los zarcillos de oro 
de los lóbulos de las orejas. Batidos por los America- 
nos, se vieron despreciados por los indios. Lo propio su- 
cedió en las provincias. Los cabecillasó jefes provinciales 
que 33 habían sostenido por el terror, y hecho obedecer 
escudados con el nombre de Aguinaldo, sin perjuicio 
de enviarle á ¡¡aseo cuando les convenía, se vieron 
abandonados á su vez jiop las fuerzas armadas, las cua- 
les al mando de oti'os cabecillas campan hoy por sus 
respetos, no perdonando á sns antiguos jefes compren- 
didos también en la destrucción general. De este des- 
concierto vino el caos, la anarquía más espantosa que 
se ha visto en un país. Los Norte-americano;; poseen las 



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458 LAS CORPOHACiniTESRF.LrtiinpAS 

eapitales.de provincia y ha» colocado destacamentos 
en los fiiieblui de más imporlancía estratégica de los 
pocos (¡ae han pospetado las llamas; en estuH hay- 
algo de orden, gobierno y policía; inora de elios, á dos 
kilómetros do los destacamentos, la anarquía, la muer- 
te, el robo y el asesinato. Desgraciado el que tiene un 
peso ó un plato de arroK y no se lo da al mas fuerte, 
pnes perderá peso y arroz con la vida. No hay otra 
ley que la fuerza, ni otro Gobierno que el del fusil, ni 
otro Código que el machete. Kl (jue tiene la fortuna 
de poseer un fusil es el rey; e! general, el rico, el opu- 
lento; con el fusil se agencia mujeres, galas, riquezas 
y cuanto puede apetecer el instinto bestial. Todas las 
aspiraciones de los millares de hombres que con sus 
familias han quedado sin hogar y sin fortuna es poseer 
un fusil; para un hombre que cae en el bosque en 
encuentros ó escaramnzas cou la fuerzas ainerioanas 
hay ciento que se precipitan 4 recoger el arnia que la 
muerte ha hecho soltar de las manos á su dueño. Las 
partidas revoluciouai'ias aumentan en número, nutren 
sus filas de esa reserva innumerable, inagotable que 
el fuego ha dejado sin hogar; el hambre empuja con 
violencia salvago A la guerra, y el exterminio, que 
no distingue eíilre Norte-americanos é indios, (jue no 
abrazan ía causa de la revolución huyendo al montea 
compartir con los rebeldes el hambre, la suerte y 
e! peligro, LJia guerra de este carácter no puede tener 
fin en breve tiempo. Se presentarán á indulto los Ma- 
binis, Paternos, Taveras y otros á quienes la ambición, 
la envidia, el odio, la codicia y el vi(;io arrastraron A 



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EV Fir.rpi>rAs 459 

las logias katfpiineras y al campo revolucionario, en 
donde han hecho sucios nogocioH con el empréstito 
voluntario exigido con amenazas de nuierte, confisca- 
ción de biene-s y con otras malas artes qne abundan 
en las guerras y en la revokiciones; pero nunca se 
presentarán sinceramente á indnlto, ni oirán proposicio- 
nes de paz las masas (jne fueron arrojadas en la re- 
volución por el terror y el engaño de aquellos. Estas 
no pelean por la independenda^ que no saben lo que 
es, ni por la república, que no saben lo qiio significa; (1) 
ni por ia patria de que no tienen idea siquiera; sino 



(1) En el folleto 'Los frailes por un Eapafio!» ele. . Ma- 
drid imprenta de ia V." de MinueHa 1898 leemos: -En el 
■año 18fi9 sa recibieron telegramas en Filipinas sobre la 
•revolución de Septiembre, loa cualea corrieron pronto por el 

• A ribi piélago, y llegaron con taa más estnpendaa exagera- 
icioEee hasta tas aldeas más reraofaa y hasta el fondo do 

• las más miserables chozas. Una idea general é indeleble se 
sapoderó del ánimo de todos losindigenas.- Que la Bevolu- 

• ción, cteian los indios, era un nuevo Emperador. 6 un alto 

• personaje que hablfi deorotado que todos éramos iguales, y 
»qne no habla diferencia entre indios y españoles; que éstos 

■ tenían que volverse é. EspHüa soatitoyén dolos ellos en 
»todo8 los empleos, y que el tributo serla rebajado oonside- 
srablemenle Que no habría contribución de sangre, ni po- 
'lOB, ni servicio personal. Que ei Papa nombraría Obispos 
.& varios indios y que los Padres Caatüas deberían volverse 

■ á la Península. Que vendría un nuevo Capitán general 

• que se casaría con una hija del país nombrada Prínceaay 
»que los hijos de ésta serían los Reyes y soberanos del Im- 

• perio Filipino — e(c , etc . Si estas sartas de disparates 
entendía el pntbio tiüpioo por J2euoínciim¿qaó concepto ten- 
dría de lo que entendemos por independencia nacional? ningu- 
no, ó alguna serie ile despropósitos como loa tianscritoa. 



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4fi0 h\^ cnnpniíAriONKS hkltgiosas 

que pelean, luchan y combaten hatita morir porque 
en !a vida avenliirora encuentran unos lo que nunca 
tuvieron, respetos y cousideraciones hijas del terror, 
mujeres, lujo y comodidades; y otros luchan por la 
existencia, ó sea pa''a no inui'ic de hambre; por robar 
á otros lo ipie primero led robaron & ellos. 

Un país eu donde los ciudadanos carecen de idea 
de la patria y en el cual uo hay lazos de unión entre 
las provincias, ni cohesión entre los pueblos, ni ideales 
comunes á todos, ni solidaridad, ni aspiraciones comu- 
nes no puede confiar sus poderes ;i uno ó más ciu- 
dadanos que asuman la representación del pueblo, 
hagan la guerra y la paz en su nombre, y «nifieada 
la suerte de representantes" y representados sean aque- 
llos los <iue dispongan del porvenir del pueblo ó nación: 
tal es Filipinas; en ningún país del mundo se ve más 
patenlemento que los nombres y personas nada signi- 
fican. Aunque los más conspicuos revolucionarios con 
Aguinaldo á la cabeza se presenten á indulto, celebren 
tratados, hagan paces y presten juramento de obedien- 
cia al Gobierno Norte-americano, no conseguirán arras- 
trar consigo una docena de indígenas en armas. Com- 
prendiéndolo así Venancio Concepción, último Genera- 
lísimo de las fuerzas revolucionarias, al despedirse del 
ejército en el distrito de Hontoc para presentarse á in- 
dulto, ni intentó siquiera proponer que le siguiesen, y 
solo fué bastante franco para decirlos — «yo voy á pre- 
. sentarme á indulto porqué ya no puedo más; seguid 
•vosotros luchando hasta morir». 

En la hi.storia venios la confirmación de lo que veni- 



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mos diciendo: para un dios-dios qne muere ó cae en manos 
de la justicia, siempre hubo diez, veinte, ciento que le 
sucedieron. No hay Agninaídos en Fiüpinasde sulicien- 
te prestigio para encarnar la cansa de sus paisanos; no 
hay colectividad alguna indígena, que resuma las as- 
piraciones de todas las islas, de todo oí país; nada pues 
signiñca para la paz, el que se haya presentado á las 
autoridades Norte-americanas el Gobierno indígena 
que fué, porcjue en aquel acto no representaíja al 
país, ni á una sola provincia, y no ha podido tener 
otra resonancia, ni otras consecuencias que la sumi- 
misión de cierto número de indios más avisados que 
los otros por ellos seducidos, los cuales a! ver perdida 
la causa y habiendo ya hecho su negocio, evitan con 
tiempo el peligro de perder el fruto de sus traiciones 
é infamias. La guerra prosigue lan cntei y ardorosa 
como en su priticipio. Ya no se baten las partidas por 
la independencia, ni por la república, o! por nadie; se 
baten por cuenta propia, porque de la guerra han heeíio 
un modus vivendi, una profesión no exenta de peligros, 
ciertamente, pero que tiene también sus compensa- 
ciones. 

Grave error ha sido el de los Norte-americanos si 
creyeron que con la presentación á indulto de los in- 
dividuos, que formaron el Gobierno de Malolos, habían 
puesto fin á la lucha. Grave error si creen que dando 
entrada en la Corte suprema de justicia á los abogados 
indigeTias, conquistarán por este medio la confianza 
del pais; grave error si juzgan que reconociendo los 
■grados á jefes y oficiales revoíucionarios, se atraerán $, 



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tóá LAS CORPORAfilOMES RFT.ir.tOsAs 

las masas guerreras. N» hay solidaridad, repotiiuos, ni 
ideales, ni intereses coniunos á unos y otros y la suerte 
de los presentados, no es la áa los que fueron sus su- 
bordinados. I.a guerra proseguirá más sangrienta, más 
costosa y de peor caracterj que en sus comienzos; 
guerra de partidas latro-facciosas; guerra de embosca- 
das y sorpresas para la cual ^e presta admirablemente 
el pais. Pueden los AinericanoM talar é incendiar los 
aproches de caminos y pueblos; bien seguros que á 
los ocho días la fertilidad de la tierra y la benignidad 
del clima habrán hecho brotar con más fuerza la ma- 
nigua y ol cogon á una altura más que suficiente para 
ocultar al enemigo invisible, que al pasar una columna 
hará en sus filas numerosos huecos, y de entre el cogon 
saldrá dando saltos conio feroz tigre para caer mache- 
te en mano sobre los supervi^rientes, si el mimero res- 
petable de la columna ijo contiene los ímpetus de la 
agilidad felina del indio; pues en este caso el ertemigo 
invisible desaparecerá como tragado por la tierra, se 
desvanecerá impalpable cotuo el humo, arrastrándose, 
como el reptil por entre el espeso y alto cogon para 
caer más adelante, ó en otra ocasión sobre la misma 
fuerza 6 sobre otra á la que causará los mismos daños 
impunemente. El Indio conoce á palmos el terreno en 
que lucha; no entorpece sus inovimientos la impedi- 
menta consistente en el fusil, canana y taparrabos; es 
frugal y el campo, los ríos y el bosque le proporcionan 
alimentación para algunos días; ni el sol ecuatorial 
cayendo como plomo derretido sobre sus desnudas es- 
paldas le sofoca, ni lae lluvias (juebrantaii su salud, 



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Kíí f'it.rpiííAf! iiiS 

ni el relente le hace mella, ni el fango, el lodo, las 
lianas trepadoras del bosque, ni el recio bejuco entor- 
pecen su marcha; aparecen súbitos como el relám- 
pago y caen destructores como el rayo. Habituados 
muchos de ellos en su vida de twlisanes — bandoleros — 
á la guerra de ashiciaíj, ven de noche como los felinos, 
caminan leguas y ieguafi sin experimentar la menor fatiga, 
saben escoger los sitios, preparar las emboscadas, ha- 
cer las sorpresas y emprender la fuga con oportunidad. 
La guerra en tal terreno y en tales condiciones será in- 
terminable. 

Tal vez alguien preguntará — ^flue cómo se provl- 
sionan de armas y municiones? — l^a costa del Pacifico 
frente por frente de Formosa se presta conveniente- 
mente para los alhijos de armas y pertrechos. Los 
buques americanos no pueden permanecer mucho 
tiempo en aquellas aguas sin exponerse á un percance 
como el ocurrido al Charlewstong que naufragó en 
aquella costa muy azotada ordinariamente por los 
vientos y de mucho peligro ppr los bajos y las corrien- 
tes; pero desde Formosa se divisan con claridad en 
días despejados las costas filipinas; un día de estos 
apacible y claro sale un vapor de Formosa, llega en 
pocas horas á las playas filipinas y hace la descarga 
de los efectos que lleve, antes que el tiempo empeore y 
de que algún buque americano pueda tener tiempo de 
llegar á impedirlo dándola vuelta por el Norte 6 por 
el .Sur de la isla de Lnzón. Hecho el alhijo en las playas 
de Luzón, es fácil trasladar las armas y municiones & 
otras islas por la proximidad de unas á otras, 



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i^í 



lAf rnRrnn,\r;rn?4E.« Rijt.tfitíisA'í 



Kn la isla de Panay ya no es tan l'acil hacer el coa- 
Irabaiido de anrias, ni Uevapías tajiipoco dfe Luzon, pero 
allí los revoliiciíjiiarios lieiien en cada tienda de vino 
y bebidas alcohóücas un bien abastecido parque. Los 
soldado-s Norte-aiaericarH)3 de los destecaiuentos, cuan- 
do carecen de dol/ars para pagar el consumo de viao 
mquillo, le pagan con cartuchos Mausser.que tob á 
parar á las partidaií que se encargan (ie devólvérsalos 
lo más pronto posible, auiiqiieen otrafonna menos mer- 
cantil. Lina guerra de estas condiciones ¿cuándo tea#(i 
fin? ¿cuál podrá ser éste? De una parte están milites 
de indios que tienen á su fevor el país, et clima, los 

" elementos, las enfermedades y hasta los vicios d» aus 
contrarios; de la otra una nación poderosa en rec.ursQS 
militares, hombres y dinero, pero muy dlstatfíe' dej 
teatro do la guerra. Convencidos deben estar los Nor- 
te-americanos de que mientras no logren el desarme 
4e tas partidas, no tendrá íin la guerra. Con este igio- 
^d^ipo atrageron á .su partido > . los más consírfctHW 
revolucionarios que.figuraban en las filas, cohio jefoB. 
ttiilifafes, en laá altas esteras del gobférno rebíááe y 

.„ h48ta en lás- ciudades sometidas; CfíficediéPonleS, hono- 
res y puestos .bieii retribuidos, y posterioniiíí^. han 
otrecido treinta- dollars por cada arma dfe'^iS^B- qae 
entreguen? iims aun, han prometido recOn^c%rftiÍ!|r¥dós 
militares de jefes y oficiales á los cuales ditr^Hiolüí^- 

„ cióiien'las nii^as qiie se formón - hecha la.paí:, Ya 
helios dicho (íue la carencia de iÜeaioa ©oiniliiés, que 
crean los vínculos de uiijón, trac consigo Itt faltado 
golidaridaá en los eüuipromisys, de lo cual íps^ta ijiíff 



:i.,Go6gIc 



ES FILlrlNiS IfiS 

las resoluciones íridíviduaíes iio alcanzan á la colecti- 
vidad-general y ni siquiera á la de grupo. Se presenta- 
ron los jefes principales, pidieron indulto y gracia los 
exminiatros del Gobierno revolucionario, pero la ranlti- 
tud, la masa del pueblo continúa en él monte y las par- 
tidas sorpreadiendo patrullas, atacando destacamentos 
V preparaudo emboscadas á columTias y convoyes. ¿Se 
convencerán los Norte-americanos, si no lo están ya, 
(te que no son esos los medios conducentes á ]a paci- 
ficapión del país? Esos mismos conspicuos personajes 
revoluciónanos dejaran ver, cuando menos se piense, el 
iñStinío salvage debajo del uniforme militar y el tapa- 
rrabos asomara á lo n^or por debajo de la toga de 
Magistrado de la Corte Suprema. A sueldo del Go- 
bieaio español estaban muchos de ellos, y le traiciona* 
ron en lo"s mismos destinos oficiales. ¿Habrán cambiado 
de costumbres al cambiar de dueño y se&or?. No lo. 
crefimos, si no han cambiado también de pie! y color; y 
■#-Iás noticias qu,e de Filipinas fecibimo's son verídicas 
4omo io son s«gUPamente dada ]a:8eriedad de bs que 
»09 escriben, ya- han, tenido los Norte-araeqpanos oca- 

- sienes i^as de ver confirmadas nuestras apreciaeio.- 
. neá ep.-,l«¡9 eomplots y conspiraciones tramadas por 

- aíguHii^i^ los indultados y con derecho ala Nónima. 

■jLa Kiítofia, maestra de la humaiiíd&d, nos mee y 
^enáe^:^ lo ífue debemos hacer y praetiear en casos 
aná'laf^;^ los ' qne refiere. En las aríSguas rebeliones 
de Iloeci^, í'^Bgaainaiv Cagayan, Nueva Éeija y otras 
no pfr*cíiK*on tes autoridades de aquellos tiempos, se- 
fialádas" í&iereedes, ni puestos remunerativos á los ca- 

.' ■ " . 31 



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•166 i.Ay coiLfOR.\cio\i:s relkjio^as 

becillas principales con objeto de someterles y paciricar 
el iiaís;tes dieroninuerte en el combate ó en la horca. 
Paraapaeignar las masas, atraerlas á la obediencia y 
conservarlas sumisas, echaron mano del servicio é in- 
tervención de los Religiosos, como hemos demostrado 
en los capítulos precedentes. 

Si los Norte-atnericanos no so projioiien extermi- 
nar la raza indígena de Filipinas, ni consumir sus re- 
cursos, agotar sus energías y convertir el Archipiélago 
en un vasto cementerio de indios y americanos; si 
quieren la paz en breve plazo, y que esta sea duradera 
empleen los mismos medios que tan excelentes resul- 
tados dieron en otras ocasiones idénticas; coloquen en 
los pueblos ii los Párrocos regulares, pero antes hagan 
saür del país á los Mabinis, Liueneamino y otros cabeci- 
llas revolucionarios c/ue sedujeron á los pueblos con 
engañosas promesas y se impusieron por el terror; cui- 
den de cortar las comunicaciones de éstos con el pueblo 
sencillo; hagan que los Clérigos indígenas se limiten al 
cumpliiniento de su sagrado ministerio, y dejando de 
esta manera libre y expedita la acción de los Párrocos 
regulares, la paz será pronto un hecho en lo cual 
están interesados los Regulares tanto como los Norte- 
americanos, porque de la paz y sosiego del pais de- 
pende la existencia de las Corporaciones monásticas 
de Filipinas. Todos los recursos é intereses de éstas, 
consistentes en fincas rústicas y urbanas, con los ren- 
dimientos de las cuales las Ordenes atienden al sos- 
tenimiento de los Colegios, Seminarios en la Península, 
están seriamente coiiifiro metidos por la revolución; por 



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liN- Fi[,[ri.\.\s 467 

este motivo la paz del país es cuestión de vida ó muer- 
te para ellas. Vea Norte-américa si hay alguna otra 
Corporación tan interesada como las Órdenes Religio- 
sas en la pacificación del país, y en el que ejerza un 
iufiujo tan efectivo y ¡loderosa como ésta- 

En cuanto al Clero indígena con suma complacen- 
cia consignamos tjue muchos de sus individuos se con- 
servaron á la altura de su misión divina durante la 
época aciaga de la ya agonizante revolución; pero con 
profundo dolor hacemos constar también que otros 
fueron traidores y desleales a su Dios, á la madre patria, 
á sus propios Pastores y á los Párrocos regulares ¡i 
•quienes debían su educación en el ministerio parro- 
quial. Mucho podríamos decir de esta clase en general 
porque les hemos tenido de auxiliares muchos años, 
hemos vivido bajo el mismo techo y les hemos sentado á 
nuestra mesa, motivos todos de gratitud que olvidaron 
no pocos de ellos: nos abstenemos sin embargo de decir 
nada por nuestra cuenta y cedemos la pluma á escri- 
tores profanos de cuya competencia y autoridad juzga- 
ran nuestros lectores. 

líl Sr. Jinieno Agius, intendente que fué en el Ar- 
chipiélago en los últimos años de la dominación espa- 
ñola, dice en las páginas 16-18. do su folleto 'Pobla- 
ción y Comercio de las islas filipinas ante la cifra de 
748 Clérigos indígenas que había en el país en dicho 
año>. (1) "No es para tratada incidentalmente lacues- 
•tión que entrañan estas cifras, pues por lo mismo que 
»es muy importante, no debe desaprovecharse ocasión 
>alguna de llamar sobre ella la atención de nuestros 



(1) Estadía., apéndice A,, págs, 29-34. 



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468 LAS COlif'OKACIONLS [(ELIC.J05AS 

'hombres de Gobierno; y esto es lo que vamos hacer, 
>ya que no reproduciendo todos los documentos en que 

• se contiene la opinión contraria,óla Colación de las ór- 
ídenes Sacerdotales en favor de los indígenas, porque 
>esto sería imposible, recordando la sublevación ocurrida 
.>en Cavite en 1872, y presentida por el ilustrado Gc- 
•neral Sr. Gándara, cuando después de demostrar que 
ílos Clérigos indígenas no reúnen las condiciones de 
•ilustración y virtud indispensables para el desempe- 

• ño de su altísimo ministerio; decía en una interesan- 
stisima Memoria que se le atribuye: — Cuando reúnan 
»estas condiciones, ¿tendrán el patriotismo de las Órde- 
>nes religiosas? ;Quiera Dios que esta clase no sea un 
apeligro para Espaila— como lo es también para Norie- 
•américa: — Del mismo modo opinaba D. Patricio de 
•la Escosnra;— Los eclesiásticos indígenas, se lee en el 
scapítulo VIH de su notabilísima Memoria, salvas con- 
«tadisimas excepciones, son aquí una mengua para el 
t Clero, ó un peligro para la Colonia. En este punto, 

• como en todo, es penosa obligación de mi empleo 

• decir al Gobierno de S. M, la verdad desnuda, tal 
*como en mi leal saber y entender la. comprendo 
•sin consideraciones de ningún género. Siento que 

• mis informes redunden en descrédito de ciase alguna, 
>medilo mucho, por lo mismo cuando escribo, pero 

• como antes que todo es el cumplimiento de mi obli- 
•gación, trato de cumplir con ella á toda costa, en la 

• seguridad de que el Gobierno sabrá hacer de mis 

• francas observaciones el uso prudente que con- 

• venga». 

«Hé dicho, que los eclesiásticos indígenas son ge- 
»neralmente hablando una mengua para el Clero, y 



!yGoDgIe 



KS FILIPINAS IC!) 

lasíesla verdad por de-ídicha. En los más de elios la 

• instruedón no [>rofiiii'l¡za lo bastante para no ir des- . 
•apareciendo con el tiempo; su moralidad se resiente 

• siempre de la propensión natnrat de los Orientales ¡1 
•la molicie; rara vez, rari.sima, su cantidad es ejemplar, 
*y la invencible pereza, en fm, que e.-í la pla^a dorut- 

• nante en este pais, los haee poco apropósito para el 

• desempeílo dela-i fiincioneí pastorales, que tanta vir- 
»tud, tanto celo y tan continua diligencia requieren. 

• Añádase á esto «pie el pueblo no les mira, ni cabe en 
»lo posible que les mire nunca más qne como indivi- 
>du03 de su propia pa^a, que está acostumbrado á eori- 
>siderar inferior ala europea yá ella soaietida, y se 
«comprenderá raeilísi mamen te como los coadjutores 
»(que nosuelen por regla genera! pasar de esa cate- 
•goríalos iiidigerias) ocupan en el Orden Sacerdotal 
•aquí un lugar íafimo, desairado y á veces, mucho 

• peor que desairado». 

'Deí^cnellan sin embargo alguno-^, aunque pocos, 
•muy contados, éntrela unichedumbrc de los Clérigos 
•indígenas, cuyo menor defeclo es l:i n ilid 1 1 absoluta; 

• pero esos que descuellan, es rarísimo que dejen de 

• ser un'peligi'o para la colonia». 

íCon masó menos finidamentü con prevención ó 
•por conveniencia, pero siempre que a<pií se distingue 

• un Clérigo indígena por su saber ó por su actividad, 

• siempre (pie se !e ve prosperar en su carrera, siem- 
•pre que brilla de un modo ó de otro se produce infa- 
•liblemcnte el misuio fenómeno moral; la opinión pii- 



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lió LAS CORPORACIONES REt-Tf.IOSAS 

•blica designa al interesado como insurgente (1), y los 
>descontentos le buscan y los leales se abstienen más 

• órnenos declaradamente de sil trato.» 

•Los Clérigos indígenas ó mestizos lo mismo que 
.los abogados de esta clase, excediendo el nivel de sna 

• razas en virtud de su carácter proí'esiona!, no alcan- 
>zan nunca á equipararse con los europeos, ni pueden 
>aspirar con probabilidades de buen éxito á los pri- 
■ meros puestos de sus roí^peetivas carreras. Colocados 
íasi en continuo contacto con el fruto prohibido, na- 
>turalmente, su ambición se excita y enardece, y, como 

• por regla general, cuanto más se acercan á la meta, 
*más insuperable encuentran tabarrera que locarla 
•les impide, degenerando en pasión envidiosa engen- 

• dra en ellos un espíritu de oposición sistemática á !a 
. supremacía española, muy parecida al de insurgencia, 
>ya que no tan graduado siempre que pueda de delito 

• calificarse', 

■ Las consecuencias de tal estado de cosas fácil- 
> mente se deducen, y calcular su gravedad es obvio, 

• teniendo en consideración que, como los abogados 
»son los gestores por privüogio de todos los intereses 

• sociales de más importancia, y los Clérigos - dir^en 
>las conciencias, una y otra clase tienen grandes me- 
-dios de influir en los ¡ndios>. 

Otros muchos testimonios pudieran citarse en igual 
sentido por ser cuestión esta en la que han estado uná- 



(1) Lo míamo puede «Jecirse iie todos los indios algo 
iluGtrfiilos. 



Ho.tedbvGoQgle 



F>r FIMPIMAB 47Í 

nimes cuantos en ella se han ocupado, pero nos limita- 
remos á reproducir lo .inanifcstado por D, Sinibaldo de 
Más en el capitulo "Política interior,) de su libro «Es- 
tado de las Islas Filipinas en 1SÍ2>, y esto porque, 
no habiéndose tirado de dicho capítulo más que con- . 
tadisimos ejemplares por lo delicado de las materias 
ea él tratadas, esTuiiy poco conocido no obstante ser 
tan leida la excelente obra de que forma 'parte. «Es 
^preciso hacer, — dice aquel ilustrado escritor, — que en 
:íeada pueblo haya un Cura español, siendo preferible 
■^dejarle sin ininkti't) ([ue el ponerle (i cargo de un 
•clérigo Filipino. Nada puede hacerse tan directo pa- 
>ra promover la emancipación de Filipinas como el or- 
»denar de sacerdotes á los indígenas. Algunos obser- 
svan que son ineptos y viciosos, y por eonsiguieute no 
íinftindcn respeto, ni ejercen inlluencia, ni son temi- 
»bles. Mas si un clérigo filipino vive do la crápula y 
^anii cómele, nonio ya ha sucedido, atroces delitos, 
»que le (.conduzcan al patíbulo, no por eso deja de ser 
•sacerdote, y degrada ala clase que corresponde, y 
isocava el prestigio de santidad, que cireu'nda el carác- 
»ter religioso. Y esta idea'de que por ser filipino no 

• debe causar sombra, queda destituida con el reciente 
•hecho de Tayabas, donde un siuq>¡e Donado, mozo, y 
»sin ninguna cualidad persona! ó antecedente que le 

• hiciera venerable pudo amotinar una población y ar- 
»mar una turba de tres ó cuatro mil hombres, hasta el 
•punto de liacer fuego contra sns propios pastores, 
-matar al gobernador de la provincia y atacar á las 
atropas nacionales, sin ¡lue fueran bastante á estor- 



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472 LA9 COnFORACtONEf HELIPIIOSAS 

»bar!o los ejemplares impresos de la amonestación del 

• Arzobispo de Manila ni los trailes y españoles de loa 

• territorios vecinos» (1). 

«A continuación de tan terminantes frases cita 
>Don Sinibaldo de Má= trozos en igual sentido de 
Xilina exposición del Capitán general (2) al Rey, fecha 

• 25 de Noviembre de 1804; otra del Ayuntamiento .de 

• Manila de 12 de Jnlio de! mismo afio; una carta de 

• Fr. Gaspar de San Agustín de 8 de Junio de 1725 

• sobre las consecuencias de ponerlas islas en manos 

• de indios, ordenados de Sacerdotes, y otra exposición 

• dirigida al Rey por el Capitán General D, Pedro Sa- 
•rrio en la que dice; — La. experiencia de dos siglos ha 

• enseñado que en todas las guerras, sublevaciones y 
s alzamientos han tenido los Párrocos regulares la raa- 

• yor parte en la paciñcación de los itiqaietos. Se puede 
•asegurar que en cada ministro europeo tiene V. M un 

• centinela que está en observación de todas las aecio- 
•nes y movimientos délos indios para dar parte oeste 

• Gobierno de todo lo que ocurre. Y al contrario, como 
•casi todos los españoles viven en Manila y sus inme- 

• diaciones, si todas las parroquias estuvieran en manos 

• délos Clérigos indios ó mestizos sangleyes carecería 
■ el Gobierno de aquellos conductos por donde con 
»toda seguridad se le comunicasen las luces y noticias 
» necesarias. El ser Sacerdotes no les desnuda de la 
•calidad de conquistados, ni del afecto natural á sus 



.(1) Llamábase este Donado Apoünario lie la Ort 
^2J Hofael María (le AguilAr, 



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EM FILIPINAS 473 

'paisanos é iguales. AitiKEiie la benignidad de la legis- 
slación debe hacerles suave el yugo de la sugección, 
ilapoea reüexión de algunos pudiera alguna vez ha- 
'cer que les pareciese una carga pesada. Demos qne 
»los Clérigos no influyan positivamente contra la debida 
í subordinación, pero siempre queda el recelo de que 
ssean omisos en apagar cualquiera chispa en sus prin- 
tcipiüs, y en comunicar á los jefes aquellas noticias 
«conducentes para aplicar k tiempo el remedio. De es- 
sto tenemos iii) reciente ejemplo en el mes de Fe- 
«brero de! presente con el suceso en la provincia de 
•Bataan, donde es constante que dos curas eran sabe- 
adores de la alteración de ella y motin que se diaponía 

• contra el resguardo deltabaco, en que perecieron lui 
steniente visitador y diez y siete guardias, y con to- 
ldo no dieron parte ni al Arzobispo ni ¡^ esteGo- 
sbierno.» 

sDe antiguo pues, concluye e! Sr. Jimeno Agius, 
t viene señalado el peligro, y tristes sucesos han dado 

• por completo la razón á los (jue han considerado al 
íClero indígena, como funestísimo elemento para la 
íintegridad de la patria. ¿Qué más se necesita para 

• adoptar una determinación radical en el asunto? ¿Qué 
•clase de razones pueden oponerse todavía á la clau- 

• snra definitiva de !iis cátedras de Teología establecidas 
»en Manila y ;i su remplazo por curraos de ¡igrieultura, 

• de náutica, de comercio, de industria de las llamadas 
>artes y oficios, mediante los que podrían los jóvenes 
ídel pais proporcionarse decorosa subsistencia con be- 



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i74 LAP CfmPflRACIONES RF.UGlOSAfl 

«neficio manifiesto para el Archipiélago y sin riesgo al- 
>giino para la dominación española?» 

Vo!vaino3 á Ü. Tomás Cotiiyn que en el capítnlo 
XIV de su citada obra dioe: — -En la actualidad no 
>pa3an de trescientos — Religiosos— los i[»e hay con 
^inclusión de an(;ianos,jubiIados y le^os; mientras que 
•los Clérigos indios en posesión efectiva de Curatos; 
>los interinos Coadjutores, seminaristas exceden de 
.mil' Y como estos t'iltimos, indignos por lo común de! 

• Sacerdocio, mAs bien son perjiídidalefi quede utilidad 
•verdadera al Estado, nada tendría de injusto se los 

• privase por punto general de la dignidad de Párro- 
•cos, habilitándolos únicameTite para que pudiesen 
•suplir en los casos necesarios, y agregándolos á los 
«Curatos en cíase de Coadjutores, de cuya suerte, ai 

• paso que li>s pueblos se hallarían provistos de niinis- 

• tros idoneos,resultarían colocados eonvenientemente 
»Io9 expresados Clérigos; adquirirían ciencia y decoro 

• al lado de los Religiosos y con el tiempo podrían 
•llegar ágrangearse alguna opinión y respeto entre sus 
» paisanos >. 

•Semejante resolución y providencia, si bien apa- 

• rece de pronto ¡ilgún tanto dura y arbitraria, se hace 
•evidentemente indispensable por ser el medio único 

• de poderse atajar la rápida decadencia que se nota,... 

• y por otra parle pitetíe asegurarse que loa pueblos, lejos 
>fh smtir se ij tomar partido por los Cléri<jos celebrarían 
»íWHüdía'7efií)em(;i(í" y de júbilo él de la separación 



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EN FILIPINAS 475 

»de estos y el regreso de sus amados padres caste- 
. llanos» (1), 

Ponemos fin á estas enojosas citas con el iinparcial 
testimonio de Jagor, alemán y protestante: — «El Cura 
. indígena de Uatn, dice, se ¡amentaba amalgámente de 
*sus feligreses que nádale hacían ganar... Conio con- 
sseciionciase había entregado en cuerpo y alma al 

• coniercio. Los sacerdotes indios, por regla general, 

• hacen poco honor á su alto ministerio. Increibleinente 
•ignorantes, muy libertinos; jugando y bebiendo, y 
•ocupados en cosas peores pasan gran parle del tiem- 
•po. Ni siquiera procuran guardar el decoro de las 

• formas, exceptuando en la misa que celebran con 

• cómica gravedad sin entender una sola palabra del 
•latín que leen. Con frecuencia hay mujeres y niños en 

• el Convento, comiendo todos en una sola fuente con 
•los dedos 

• El Cura peninsular ejerce un indujo grande en su 

• parroquia y constituye quizá el único vínculo fuerte 

• entre la Colonia y la Metrópoli; el indio no sirve ni 

• paralo uno, ni para ¡o otro, pues hasta sus mismos 
•paisanos suelen cünsiderarle poco; tiene escaso ó 
íHÍngúnamor á España, y siente solo envidia álos Sa- 
■ eerdotes europeos. • 

En el capítulo XXVIl, refiriéndose ala sublevación 
de Cavile, 20 de Euoi-o de 1873, dice en la página 302. 

(I) Eato DHiimo liiirí&D ahora los pueblos tilipioos, si 
libres de la piesióii del terror y miedo á Clérigos y Cabe- 
cillas revolucionarios, pudieran emitir libremente sn opi- 
nión, y m8iiifest*r aua líeseos . Nota del autor . 



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47fl LAS f:oriPonAcifi?n',gmíi,Tr.!Os\3 

— *Ni un solo europeo tomó parte en la conspiración, 

• pero si ínuclios mestizos, entre ellos algunos Sacerdo- 
*tes ij abo'jados. Anti cuando en las primeras relaciones 
íde los sucesos haya, como es natural, exageración, 
*todos están conformes en suponer el complot de larga 
»data y muy bien tramado con grandes ramificaciones. 
-Toda la Escuadra y un numeroso cuerpo de ejército 

• estaba en aquella ocasión en las aguas de Joló; parte 
>de la guarnición de Manila debía dar el grito al mis- 
»mo tieitipo que la guarnición de Cavite, y millares 
"de indios lo esperaban dispuestos ú degollará las caras 
•blancas- (1). 

Desde que llegóá Manila Moñí^ Chapelle, Delegado de 
S. Santidad, ha caido sobre el buen Señor una lluvia 
tropical de exporiiciones, presentaciones y escritos nutri- 
dos de finuas, elaborados en los pueblos de algunas pro- 
vincias; dirigidos á pedir al Señor Delegado la expulsión 
del pais de las Órdedes monásticas. 

Páralos que desconozcan á los indior< y sus cos- 
tumbres tendrán dichos escritos una significación im- 
portantísima, porque para estos rellejarán la voluntad 
del pais; pero para los que hayan residido algunos años 
en las islas y sepan como se amasan en los pueblos las 
manifestaciones populares escritas y rubricadas con 
centenares de firmas no tendrán otra significación que 
la envidia, la ambición, ó los intereses particulares de 
u!i cacique, de un cabecilla ó de un Clérigo indio. Se 
engaña ciertamente el que vea en tales exposiciones ó 



(1} Jagor: Viaje por Filijiinas, capítulos XtH y XXVII, 



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EN Pir.TPI»J*S I7t 

escritos la manifestación de la voluntad del pueblo, 
pues un poco de miedo, de presiórf, algunos pesos 
fuertes, y cáiñts-cuhoade tuba ó vino coquiUo, el pa- 
rentesco, el compadrazgo ó !a amistad bastan general- 
mente para hacer estampar á los indios sus firmas 
en un papel cualquiera escrito en tagalogó en inglés, 
en visaya ó castellano; para el caso es igual, pues nin- 
guno de los firmantes se tomará la molestia, ni tendrá 
la curiosidad de averiguar lo que el papel firmado con- 
tiene. 

En ÍHdi escribíamos en una Revista política á 
propósito de esto lo siguiente: — 'Como hemos dicho 

• ya, han sido muchos los años de nuestra residencia 
»en aquel pais, y hemos pasado todo este largo perio- 

• do de tiempo en los pueblos de provincias, habiendo 
■ tenido ocasiones varias de saber- como se fraguan y 
«zurcen los escritos, ci-posiciones y protestas á las que 
>taiita importancia suelen dar los que no conocen las 

• costumbres de los indios», 

» Con un lechó», y algunas (f antas de falla s^ hace un 
'sam-suman tan apetitoso para el indio como el plato 
>más delicado y exquisito de Fornos para el más exi- 
» gente (/oiínjíe/. Atibórresele el estómago de /echón, denle 
■•tuba en abundancia, y el iudio firmará todos los es- 
»eritos, instancias y exposiciones que le presenten, 
•aunque en ellas se pida la pena capital para sus pa- 
idres, ó la sentencia de muerte para sus hijos. No pre- 
•guntará por lo que se dice ó se pide en el papel que 

• firma, porque esto, ó no se le ocurre, ó le es indife- 

• rente saberlo; y aunque lo preguntara, se lo dirían O 



Ho.tedbyGoO¿^IC 



■478 tAS CORPnfiACIOrms relioiosas 

• no; y aunque quisiera saberlo no podría enterarse por 
"SÍ mismo porque loa eücritos suelen estar redactados 

• en castellano que no entiende, ni aun leerlo sabe en 
.muchos casos aunque sea Prirtr.ijxil: y firmará, ó por- 
>que e! anfitrión que convida con oí mm-numan, ó el 

• compárese lo piden o el caci([uc del pueblo ú otro 

• cualquiera revestiiío de alguna üutoridad se lo ordena 

• y manda; en este último oaso no !iay necesidad de 

• lechón ni de tuha, basta que lo desee quien pueda 

• castigarles, para que todas, Pñndpalfís y íimauas ñv- 
unen si saben, cuanto se les pnnga delante, porque 
>son tímidos é incapaces para defender sus derechos 

• frente ala autoridad contra la cual no encuentran 
lapoyo en las leyes que ignoran, y las cuales no tie- 

• nen en muchos casos virtud y eftcacia contra ciertas 
*personaHdades>. 

Sobre esto mismo dice ci Sr. Hetana i,i); — 'Poned 
ssobre la mesa del Tribunal un pliego de papel blanco, 
sdecid á todos los indios de la localidad que eslampen 
sen él su firma, y lo harán todos ellos, sin que les ocu- 
>rra preguntar sí lo que firman es la súplica de un in- 

• dulto ó la propia petición de ir rp-adosamente ú... pre- 
ssidio. Que interroga alguno -¿se puede saber que es 

• eso? — pues contestadle ¡o primero que os venga á la 
>boea: creeraio el indio á pie jnn tilias. Y asi se han vis- 
■ to en aquel pais escritos con infinidad de firmas, 
•puestas por gentes que no supieron lo que firmaron. 
>Dígasenos ahora si no es perfectamente exacta la 



^X) Estadiamo. apéndice A. p. 17. 



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!fM FlI-IPlNAR 479 

•frase de cien autores, — elindio es un niño grande,. Eato 
»hemo9 dicho en una de nuestras obras (1) á ppopó- 
«sito del escrito tjiie el día i" de Marzo de I.R88 pre- 
ísentaron unos cuantos indios de ManÜa en solicitud, 
»de que expulsaran del pais al Arzobispo y á las Or- 
»denes Monásticas; ¡8IX) lirmas contenía aquel oniino- 
sso docuniento! Instruido proceso denioí?tróse hasta la 
^saciedad que solo unos cuantos indios — á lo sumo 
• doce— sabían á conciencia lo que habían firmado. — 
»Otra confesión de parte: ---ya sabe V. por propia ex- 
•periencia qne en cada esquina de las cailcs de los 
>pueblos se encuentran personas capaces de afirmar 
>lodo cuanto se íes dijera dándoles dinero, asi es, que 
»es mny peligroso admitir prueba testifical». Este pá- 
srrafolo tomarnos de ini escrito firmado por un indí- 
>gena y redactado por otro, famoso picapleitos hijo de 
•Patangas» [2). 

Pierden el tiempo Fracmasoues, Clérigos y Mestizos 
chinos si con tan reprobado:^ medios preteuden sor- 
prender la buena fé do los que desconocen el pais, y 
extraviar el buen juicio del Señor Delegado deS. San- 
.tidad, y de las Autoridades Nopte-Aniericanas. 

La comisión \orte-Americana en Manila presidida 
por Mr. Taftha comenzado á ejercer sus funciones en 
una forma deplorable; ha remitido on cuestionario ó 
interrogatorio á los principales indios de Manila y de 
los pueblos, cabecillas katipnneros mansos ó fieros to- 



(l) Arisos y profecías. 2« p«tte. p, . 
(S) El indio batangoefio. p. 5S. 



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ípt LW COftP0BA<l>rtSflt<i-R?imiO9A? 

á&Scttl tf«al ^ñnfiene diez y naeve preguntas- relativas 
á. io*' BraÜeji No se ne-'i-aita sei muy peropicaz para 
«wi^irender deiitíe la pnmf^ra pregunta que pl deseo 
áe la Gofliision es que kb íontesUi iones gean todo lo 
mes desTavorable posibles A los Religiosos, y si tÚguii 
romo de entendimiento o benévolo en deinisJa no lo 
Stet^díera asi, íijc-ne en la rircunsiancia de que tal in- 
Iftrrogatono hd. sido enriado a loa mis caracterizadob 
Filipinos de Manila, enemigos políticos y religSfeos de 
Io3 Frailes, katipuneras y revolucionarios separatistas 
todos, denunciados oportunamente por los Frailes á las 
Autoridades españolas coiiiu separatistas y revolucio- 
narios; los informes reservados sobre los (íualeáí.tóaQ- 
donados fueron enlaeonfragación general, y ei^fiadoa 
Rontra sus firmantes los Religiosos como cuerpo de 
delito contia la llamante indepcndeiicia de Fi%)inas y 
8113 principales cabecillas No había pues que esperar 
las contestaciones délos laiaileiuadot, Fílipüíes pafS. 
aabei anticipadamente que serían tales como Mi 'Cojni- 
sion Norle-Vmerií ma deseaba, lalbos, apasÍBhados, 
exageradísimos in\eiooimiles, dictados por- l(t- pasión 
del odio que alüuno^ malos o candidos españoles han 
ext>lotftdo conlralo-, Frailes conn' liaren ahora algu- 
nos Nm-te-Aineticanob, pero e-íe odio de los katipu- 
oeros sepaPítiiStaa los hociia como Religiosos y como 
eaftaíloles poPqne evidonnala lealtad, el patriotismo, 
ei rigüiwso cumiihmienlo áel debci del amigo del orden, 
^ muustro de un DiOa de pa/ Silos Norte- America- 
nos, fütjdados «n-el espintii y la letra de las contesta- 
fiones td chade im^optono aducen de ellas 1?, 



■o¡¡\c 



ineomemffiífciade qae lo'í Frailes permaiiezean en el 

Í}sy8^eaB Í«st(Hí y eoiisecuenle';, reniitaa.al campo 
filipino uncue&tíoiiano semejaste relativo a eüos, y de 
las contestaeíoiieb que den los AgninaMos, Mfiscardos 
V rompañeroi de armas deduzcan en buena lógica la 
voluntad del pueblii filipino 'íobre su pepnianenciaep 
el país. • '^ 

Pero la opinión de unos cuantos sectarios i^nabs ' 
sin reptasen lacióH alguna del pais no es la manifeste- 
eión de la voluntad del pueblo oprimido bajo el terrot 

, ^e los caciques en armas; no osla expresión délos 
deseos de la masa general, do la inmensa mayoría del 

' ,p«ebl,o filipino que es bueno, dócil y creyente; y juzgar 
•de los sentimientos de nn pueblo por las aberraciones 
de aíguiÍQs de sus extraviados hijos ni es lógico ni 
justo ni^^ertado. Dt\jese libre al pueblo filipino de ca- 
ciqu^t^alipaueros, y Clérigos ambiciosos, y explore 
entoSeála Comjsión presidida por Mr. Taft la volun- 
tad del pais y sus sentimientos con respecto á los Re- • 
ligÍos03,y verá entonces que cuatro anos son muy poco 
espacio de tiempo para borrar de k memoria del pue- 
blo filipino los grandes, inmensos c incalculables bene- 
ficios que debe á losReligiosysyquelos rabiosos ataques 
y negras caluuniias de unos cuantos sectarios, muy 
poca cosa para destruir el prestigió histórico y la hon- 
ra inmaculada de la-- Coiporaeíones Reifgmsaa en Fi- 
lipinas 



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APÉNDICE 



Tiifwrmt^K do los últimos (■ol»«i-nadnr4>!sQcnftra- 

|4^!« Kspañolos 4;ii l^'lilplnas act^i'cn del 

Cloro Kociilur .y ri^Kuliir: 

Doii José de ía Gándara en .su informe sobre la 
nnidad de fueros que con fecha primero de Junio de 
l8tí9 dirigió ai Mini.stro de Ultramar, inserta el capitulo 
. siguiente dn ia Memonn escrita por dicho señor Tenien- 
te General, gobernador General de Filipinas, para su 
sucesor en el mando del Archipiélago, dice: 

«ÓRDENES RE(,IG[03 AS.— Vinieron al Archipiéla- 
»go con el descubriniiento y la posesión: su historia es la 
■sbistoria deFilipinasysu influencia ha sido siempre abso- 
»luta y siguesiendoimportantísinia. No puede descono- 
^eerse quesus servicios en lo espiritual y temporal han si- 
sdo parala reducción, la civilización y organización social 
>de estas Islas más eficaces y provechosos que todos 
•los medios de la política, de gobierno y de administra- 
»eión que aquí ha ejercido el poder supremo de la 
■ madre patria. Sean cualesquiera el valor y la iníluen- 
»c¡ade las teorías modernas en el gobierno de íospue- 
íblos, la absoluta apreciación anterior es aquí indiscu- 
» tibie perlas ospocialisinias condiciones de este pais, 
»queno tiene ningún género do conexión con los pai- 
• ses de Europa, ni con los de otra parte del mundo, 
íde adelanto, organización social y política distintas, 



.vQpojíle 



484 LAS r.0R!'niiAf;mNF,s helioiosas 

^Será poco menos que imposible lniy. en líspaña, en 
'Europa y enlos hombros que de alUi vengan, com- 
»prender que la historia, la civilización y política de 
«Filipinas, se resume en Cálas dos palabras: Dios y el 
.*rey, ó en sus siuótiinias: la religión y España, ií.'^te es 
>un hecho incontrovertible. Desgraciado el gobernador 
•que lo dude ó que lo niegue: desgraciado ei (iobierno 
•de la metrópoli qiio lo niegue ó que lo dude. El he- 

• cho 00 puede desconocerse; y el gobernador del Ar- 
sehiplélago y el gobierno supremo tienen que admi- 

• tirlocomo base inevitable de su política, ya sea para 
^resolver la conservación delxtatn qt'.o, ya sea para ir 
•preparando las modificaeioiies que el tiempo y sus 
snalurales consecuencias exijan. Desconociendo este 
«principio, España corre grandes riesgos de perder lo 

• que hoy vaie mucho y lo que con poco tiempo y 
•buen gobierno llegará á adquirir un valor inapreciable. 
•El que hoy tenga su importancia actual, se debe como 
•hemos dicho, eii gran parte, en una parte prineipa- 
•lisima y esencial, & las órdenes religiosas, á su dis- 
íciplina, á su espíritu evangélico, á su perseverancia, 
•y sobre lodoá su españolismo nunca desmentido y en 
•todas épocas y por lodos medios acreditado... No las 
spuede sustituir el clero indígena, que no está, ni po- 
ndrá estar en mucho tiempo en esljido de desempeñar 
stan gran cargo; nn lieiie y tardará mucho en tener la 
•cultura, la ilustración y las virtudes sin las cuales es 
^imposible en absoluto el desempeño moral, social y 
^religioso que son necesarios para el ejercicio de su 
^elevado ministerio. Cuando reúnan estas condiciones, 



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í¿ tendrán el patriotismo de las órdenes religiosas? 
j-jQuiéra Dios que esta clase no sea nn gran peligro 
^para España! Mucho pueden hacer para iinpediplo 
-mis sucesores con su polltiea y su tacto, aconsejando 
>sin cesar al Gobierno do la metrópoli la previsión en 
íBSte importanlfsiiiiu asunto, la equidad y lajnstioia en 
stodas las resohiciones que con él se relacionen. ¿Po- 
ndrían reemplazárselas órdenes religiosas con un cle- 
>ro peninsular? El guarismo de los sacerdotes necesa- 
■>rios pone desde luego en relieve las dificultades de 
^la empresa. Tres mil sacerdotes cuando menos son 
"■necesarios eriFilipinas, para la administración y el 
:>culto de las capitales y en las provincias del Archi- 
>piéIago. ¿Encontraría el Gobierno este numeroso per- 
>sonal en el caso de ijue el 't'esoro encontrara lasolu- 
sciOn del difícil problema do satisfacer su trasporte? 
^¿Tendrían eslos saf^erdotes toda la virtud, todo el 
^celo y toda lo moralidad necesaria para dirigir nna 
■> población di; cercado seis millones do indios, dóciles 
'ysiiinisos, poro acostumbrados ;i ver en el fraile su 
•"padre, so ^uia, sn consuelo, su maestro, al ministro 
^de Dios y al ente de raza superior ipio por costumbre 
■>\ ti'adición encarnada en su espíritu, on el de su 
»rainiha,'en el de su piiebtn, ene! de su raza, en su' 
sconstanle y tradicional providencia? ¿Dónde hallaría 
sese clero la compensación de espíritu y de disciplina - 
>y de corporación tan provechosa en las órdenes reli- 
sgiosas, corno las filipinas la aplican en su importante 
' 'amisión espiritual y en Unes tan sociales, tan políticos y 
-Han patrióticos? ¿Gon qiió recmpla/aria el iiíicvo clero 



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48fl tAS cORPonAcroxPs religiosas . 

:>la inapreciable, laab.líoUita veiiUvia del adinirable voto 
*de abnegación que li^ra á los religiosos filipinos por 
stoda sil vida al país en que vienen á ejereei' su santo 
:?mimsterio, sacrificando todas las afecciones qne ins- 
>pipaTi al comzón hnminola patria y la familia? ¿No 
jvendría ese clero español, por virtuoso que fuera, con 
sel propósito de volver aV seno de su familia y de su 
^patria? Y este natural deseo, ¿no le inspiraría otros 
>de interés, de economía para el porvenir, (¡ne ic sir- 
svierande compensación á los sacrificios do unpenoso 
íjviaje, de utialargaansencia y de una vida agitada y 
strabajosa en climas nocivos y peligrosos para cnando 
:>regresara ásus hogares? V aun suponiéndolo con 
¿todas las dotes de desprendimiento y de virtud nece- 
ssarias para servir convenientemente las parroquias 
»de los pueblos, ¿haría este clero el importantísimo ser- 
;>vicio que hoy hacen los regulares en las misiones? 
^Aquellos sacerdotes, educados para vivir en el siglo 
>¿se prestarían á pasar la vida trabajando por reducir 
sal cristianismo los doscientos ó trescientos mil savajes 
aqiiehoy pueblan muy extensas comarcas del Archi- 
spiélago? ¿Cnanto tardarían on aprenderlos diferentes 
sidiomas ([ucaqui se hablan? ¿Cuánto en adijuirir la 
slegítima influencia qtie dá alas órdenes Religiosas su 
¿envidiable historia de trescientos años? Todas estas 
»dadas se esclarecen por si mismas corroborando las 
«-Opiniones que dojn expuestas. No siendo mi misión 
»má3 que la de tiacer indicaciones ,ít mi sucesor. en 
slas cuestiones graves- que se relacionen con este 
-ídificil mando, me limito sobre esta ma[eria ;i las he- 



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Ari^.íjninK 4^7 

'chas antorionneiite, llamando sobre ellas muy parti- 
^cularmentetodasu atenciúti, concliiyetido con la si- 
tgiiiente y última. La'? órdenes peHgíosas son para el 
:;gobernador Huperior el medio de gobierno más eficaz 
^y poderoso en la vida ordinaria del país, y sobre todo 
sen las circunstancias graves. La razón es obvia. En 
■>ima provincia de íiOO.OOl habilaiiteí no tiene el go- 
>beniador superior otro agente, otro delegado ni otro 
^ representante que el alcalde ó gobernador, abrumado 
•de trabajos por las diFereriteí categorías que resume 
".en s« personít, solo y sin auxiliares, desconociendo el 
-íidioinadel pais, do residencia transitoria en él y á 
^quien, |)or tnitcho celo y mucVio interés que solé su- 
■>pooga en el desempeño de una misión casi imposible, 
->no puede exigírsele que olvide su porvenir y él de su 
sfamilia y que deje de buscar la compensación de su 
"improbo trabajo y de su iunierisa responsabilidad. 
sEn cambio tiene el gobernadoi' en esa misma provin- 
■>cia25, lí') ó más religiosos que son los párrocos de 
■< todas suí parroquias, que educan á los naturales, tos 
^instruyen, los guian y los disciplinan con toda auto- 
sridad, con toda la iuiluencia que les da el ejercicio 
tAc su sagrado ministerio, tan poderoso sobre el indio; 
■ 311 residencia casi perpetua en sus pHeblos{de los que 
»no salen uiás que para desempeñar los cargos de la 
sla orden, ó por medida de disciplina que aconsejan la 
■sconvenieneiade sti traslación) y la circunstancia de 
>3er casi los únicos que entienden su idioma, gene- 
>ralmente desconocido de todos los españoles, mien- 
íítras que los indios á la vez ignoran en absoluto el 



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4fl8 LAS nOnrOiiAf^iriNFR nFT.im'í?A3 

scastellant), de tal modo que puede asegurarse, sin 
•ítiingóo género de exageración, qne hoy sin los frailes 
íseria imposible el gobienio de Filipinas. A utilizarlo 
f de una manera prudente y provechosa deben diri- 
-girsetoda la habilidad, todos lo^ conatos del goberna- 
dor superion en sus facultados de tal y corno vice- 
-rreal patrono tiene los mediospara poderlo conseguir. 
:iNingHno será tan eficaz mientras la situación actual 
mo \'aríe,conio el de ojepcer toda su influencia cerca 
"del Gobierno de la metrópoli para que dispense toda 
^sü protección á los colegios de novicios que estas 
:r órdenes Religiosas tienen establecidos en España, á 
;>que aumenten, en cuanto sea posible, el envío de mi- 
ssioneros, cada día más necesarios en filipinas por 
■i>el constante aumento de población y de parro- 
aquias. 

sDada la debilidad humana, pareriia natural que 
■vcon tan poderosos eleuientos ü su alcance, mandando 
>y dirigiendo á los naturales del país segón su voluntad, 
ívivieudo entre ellos, conociendo su idioma y sus cos- 
. »tumbpes, se hubieran aprovechado de las eircunstan- 
^cias trabajando tan solo en beneficio propio ó para 
..utilidad del instituto religioso á (]ueperterieceri. Pero, 
»hijos digtiÍHÍmos de esa tinble P^spaíia, inspirados ade- 
*má3 por la fó religiosa, lodos sus eleuientos, toda su 
^influencia, queea legítiuia; toda su autoridad, que es 
sgrande, los han depositado, re:-;[iondiendo t\ su noble 
^cualidad de españoles, á dispo-iicion, al servicio de la 
»eausa de España en todas épocas, bajo lodos los go- 
sbiernosy sin reserva ni restrÍ<:i(Hi do ningún góneríj; 



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•^y por efecto de su patriótica conduota bajo este 
íconcepto, no titubeo en decir que los frailea de todas 
slas órdenes existentes en Filipinas, juntos ó aislada- 
- mente, en las parroquias rurales, en las mtiione.5 ó en 
:^los conventos de !a capital, todos sin vacilar llegarían 
»hasta el inartiriu si su sacriricio fuere necesario para 
".que Filipinas continuara perteneciendo á España, eo- 
Tmo hoy felizmente le perleiieee. Esta indispensable- 
^patriota honiügeneidád de sentimientos, hace que el 
:.fra¡leaqni sea el centinela avanzado de nuestra do- 
»minación, sn defensor'niás enérgico y decidido, el es- 
spafiol más patriota, si lu vulgar déla frase lo dispensa 
:>vuecencia )iur lo gríifií;arnenlc que <^on ella expreso 
>la idea. 

«La superioridad que por lo sagrado de su ministe- 
»riohan sabido conquistarse entre los naturales, su sa- 
■;faia organización y disciplina, su l)ueii espíritu y la 
silustración y antoridad de raza, los han colocado á 
íunagran alturaqiie deben ironlinuar o<íU[)ando, por- 
•>quees inofensiva é ¡nlcresa además d la consorva- 
scion para España. Hacerle descender de su elevación 
•ofrece dos graves ineonveuientes: [irimero, su despres- 
»tigio ante los natimdcs, quo, cnnio gentes sin cultura 
sni ilustración, verían el efecto sin explicai-se la razón 
■iiii la conveniencia deja causa; y segundo, se herida 
» con esto la di^nid.i.l individual y de la clase, se le 
•íofendci'ia en lo más sensible, se le alaearia en el co- 
»razón ¡i esa minina clase que, gozando del privilegio 
■desde muy aiiliüun y sin encuiilrarjnstiricada auabo- 
>tidón, lili vc;í crk-yctidosc agraviados, vieran en la 



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490 i,As ccinpORArTcií,'Es RpuGioííAa 

Mnedida un acto de agresión ó de desconfianza que 
rienlibiariasii patriotismo, lo ctial, con el quebranto eti 
»gu iniUiencia y antondad miral antes indicados, muy 
»bien podrían, ejerciéndose con simultaneidad, anular 
:ísii poder, hoy grande y en su totalidad al servicio de 
^nuestro pai^. - 



E¡ General I). Carlos Mariadé la' Torre en el párra- 
fo qninto de su memoria sobre Filipinas para iho é ins- 
tmccióri de sn sucesor D. Rafael Tz(|iiierdn dice: *Exis- 
>len a(|iií las órdenes Religiosas de San Agustín, 
«Recoletos, Santo Domingo, San Francisco, .Tesuitas, 
:>San Vicenlo de Panl y Hermanas de ia Candad. 

sT,as cuatro primeras de antiguo, la de los Josuitas 
svenida de nuevo, encargada do la evangelizacióii en 
sMindanao y déla enseñanza en Manila, la de San 
3 Vicente de Panl qne la eni|jleanl(i5 Diocesanos en los 
«Seminarlos, y las Hermanas déla Caridad que tienen 
lá sn cargo alguno.í hospitales, la, c-ícnela miinieipal y 
■los Colegios de Santa Isabel, de la Concordia y el de 
''Nueva-Cáeeres. 

• Xegar la influencia y los servicios qne los institu- 
>tos religiosos han prestado & la religión y ft la patria 
;ien estas Islas, raería el colmo do la injusticia y de la 
■ más punible ingratitud. 

Negar que hoy mismo ejercen legítima influencia y 
í>preslan grandes servicios, especialmente las órdenes 
^religiosas do Santo Domingo, San Agustín, Recoletos y 
»San Francisco emineulcinentc españolas todas, con 



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Arr'vnini! 4^1 

-ísti patriotismo qne rayana si necesario fuera, en lo 
-íSiiblime y en lo heróieo, seria negar ]a historia de 
^ínuestra dominación' en Filipinas, seria negar to que 
- puede ver y observar el menos ilustrado... 

«Por eso declamar contra las órdenes religiosas, ins- 
«pirarles desconRaiizas y recelos, obligarias sin prepa- 
•^ ración á recibir la-í ideas dominantes en Europa, des- 
-preeiar ó aminorar sn influencia, desconocer y olvidar 
S3US servicios, u) cnídar de atraerlas y de hacerlas 
sservir los intereses de la civilización moderna, nienosca- 
^■bar lo firmísimo de la base en i[ne descansan, olvi- 
tdando (jue son todavía hoy y han sido siempre uno 
:>de los eleuientos más poderosos de nuestra doinina- 
sción en Filipinas, eso seria un crimen de lesa nación, 
*del que resultarían males inmensos; eso sería el colmo 
>de la impolítica, de la inconveniencia y de la más des- 
satentada imprudencia. 

cDnrante nmcho tiempo todavía, y mientras no exis- 
sta el elemento que pudiera reemplazar al que digna- 
^mente representan las órdenes religiosas, es indlspen- 
• sable, siquiera no fuera por otras consideraciones, 
(Conservarlas y protegerlas á (rambio de los inestima- 
sbles servicios que prestan... Sería un mal, cnyas eon- 
•secnencias desastrosas, no es fácil calcular, que el 
•Gobierno, haciéndose eco de cierta parte de la prensa 
'de Madrid, dccretaivi la secularización délas órdenes 
>religio3as de l''i!ipinfts: se privaría de un elemento be- 
vnéflco que nada le cuesta, y no tendría con qué sos- 
'tiluirle. No debe olvidarse que una parte principal de 
>la civilización, del estado próspero y naciente que el 



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4il2 LAS coRpoRArmMFs nF.LiniOFAs 

»pais tiene, y de la legitima influencia que el nombre 
5(Je España ejeree on FilipinaH, ae debe, no hay que 
«olvidarlo, á la (.'onstante, leal y patriótica acción de 
jlas órdenes religiosas. Las niretinstam^ias qne en ellas 
^eoncucreii las hacen indispensables; ningún. otro clero, 
sni el del país que no reúne ios eonoeimientos nece- 
.sario3, ni ejerce inílücneia, ni había de ejercerla ann- 
•que la tuviera, tan ineondicionalm^nte á favor de Es- 
:>paña, ningún otro clero digo, anntpie se formara ad-- 
•/hoc, lo que exige tiempo y gaslns, podría sustituir al 
.iciero regnlar... 

^Yo me atrevo á llamar mucho la atención de la 
apersona que me suceda en el mando, acerca de esta 
.^cuestión importantísima, y á predecirle que si observa 
sen cuanto lleve aquí aígun tiempo y conozca las eosas 
»y las personas, 30 convencerá de inie los que quieren 
^nial íl los ffaileí son loa iiiiamnn '¡ne ifttlcreii inii;/ mal 
ííi A'm/j'íí<í., y (|uo lio Icniondo boy otros medios de 
•> minar sn poder, su [irestigio y su legitima Inlliiencia 
ieiitre estos seis millones de babitantes, omjiiezaLi por 
>donde pueden, lo hacen de la maiLera que les es 
>posible y permitido, atendida la falta do medios de 
»q«e diapon.en; pero Tuerza os confesar que han elegi- 
ído buen sistema, es decir, intentan destruir uno de 
íde los más firmes apoyos do nuoslra gloriosa donii- 
í-nacjón. 

«Tengo la seguridad de (|ue antes de seis meses, 
*cuando mi sucesor vea quiénes son los que más ó 
>> menos directamente se hacen eco de las quejas con- 
,>tra ¡os frailes, quiénes son los /pie !;is exageran, (piió- 



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»nes los que los presentan como imiy ricos, como 
smuy viciosos é inmorales, Leiigo, si, la seguridad de 
sque á poco averiguará que es cierta mi observación 
>y patriótico y lesl mi consejo. 

lEI clero secular no puedo ni debe hoy inspirar 
^temores, porque, apurte, de rarísimas excepciones, 
-earece de virtudes y de instrucción, y no ejerce nin- 
íguna, absolutameste ninguna iiiRuencia en los indi- 
"geiías, como no sea la iiatnral que ejerce eii las farni- 
>lias á que pertenece. 

í El indio no tiene por sacerdote al cura indígena, si 
ípuede no se confiesa con él, ni oye su misa, ni le lleva 
'SU limosna para que se la diga. El cura Castila, es 
'decir, el fraile, ejerce gran influencia, irresistible en 
s-el indio, como la ejerce todo lo que aquí lleva el 
ssello do España, 



'^D. Domingu Moriüiies Capitán General de Filipi- 
■ >nas, dice:— Particular.— ií. li. P. Provincial de San 
:.A¡;ustin. -Manila, 1& Septiembre de 1877. — Respeta- 
sble señor de toda mi consideración: las- órdenes re- 
s-ligiosas, aparto de la misión divina que como congre- 
sgaciones militantes del catolicismo realizan en pro 
ido los intereses espirituales do los líeles, como insti- 
stuciones sociales tienen otras atenciones que recaen 
>sobre esos sacrosantos objetos que son del dominio 
ríde la caridad y que se resumen en estas dos tenden- 
:>cias: ilustrar á la humanidad y ausiliarla en el perne- 
adlo de sus necesidades, 



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*9* LAS CORPORACIONES RELIGIOSAS 

<^MuItitud de heohos i^iie !a historia registra, dc- 
íiiiiiesLran loa cuidados, afanes y saerificios empleados 
saquí por las órdenes religiosas cu el cumplimiento de 
>sii doble misión, y tres siglos do tenaz y santa lucha, 
-el éxito que representa la rouder.oión cívico -religiosa 
íde seis millones de hahit',i.ntes, y la prosperidad debi- 
»da á su patnótica inHuericia, nos ofrecen una prueba 
>¡rrecu^able do lu que fueron en el pasado, lo que 
«son en el presente, y lo que deben ser en el por- 
^ venir, 

i^Penclrado por lo tanto dc¡ espintu de pa^, cari- 
;dad y civilización que los anima, y eonveneido de 
sque el más ferviente patriotismo inspira sus acciones, 
>no habría de cmpefíanne en buscar eslimulos coa 
^¡que avivar su coló y ci>nstancia por demás probados 
í-en el transcurso de los tiempos, y con el testimonio 
>de los adelantos que por todo el pais se ofrecen á 
*la consideración de propios y extraños: limítase mi 
^propósito á señalar á su actividad un objetivo gran- 
^de como sus medios, propio de su misión y digno en 
stodo de sus levantadas aspiraciones. 



En la memoria de entrega del mando D. Valeriano 
Weylor dice: 'La mifíión délas órdenes religiosas no 
>ha terminado, como pretenden los que, mal avenidos 
acón ellas piden que desaparezcan,' ó por lo menos que 
«se les quite inlluencia, en lo cual se han inspirado mu- 
»chas délas reformas que durante cierta época se han 
ídictadü.No se tiene presente qne hemos dominado eq 



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APÍ.NDICE 49^ 

sLiizóii y Gil ríisayas por nuestra inílueiteia moral, 
>sosteiiida prineipaiineiite por el párroco, que, por el 
sdominio que ejerce con sus feligreses, sabe !o que ellos 
>piensaji, les aconseja, ¡es dirige, les hace españoles, 
aprestando poderoso auxilio á la autoridad para la re- 
, scaudación y cumplimiento de todas las órdenes, y fi- 
>iialmeiite fiscalizando á los gobeniadoreillos y demás 
>rnunicipos en los padrones y servicios, de que están 
s encargados. 

cQuitar, pues, la inlluencia de los párrocos, es qui- 
»tarJa al elemente) español, no leuiendo en cuenta 
■j seguramente que oaLamos entregados ii un ejército 
*indig6tia cuyo dialecto no entendemos, ni entienden 
»ellos á sus jefes y oficiales, contando solo con un 
sescaso muñera de saldados peninsulares, par no per- 
sraitir el presupuesto uti-a co^^a; pero ((uc ol día en 
^que las órdenes religiosas desaparezcan, ó pierdan su 
sinlluencia, será preciso,' como en Culm y l'uerlo Rico, 
sque todo el cjéccito sea peninsular, produciendo un 
;>crecidísimo aumento en el presupuesto, cuando las 
*órdenes religiosas nos cuestan uvuy baratas, efecto 
»de que en ellas, todos los bienes r!on coinuues, y por 
slo tanto va á la Corporación todo lo que los párro- 
»cos perciben, teniendo además algunas haciendas que 
»les ayudan á sostener sns Colegios es España. 

í;Muy lejos, pues, de ser un iucoavenieiito en Filt- 
s^imas la exageración' religiosa, debe sostenerse para 
aque !a inlluencia del párroco sea la que debe ser, 
íy porque aficionados los indios á cuentos de jnilagros 
»j paradojas, siguen con facilidad cualquier secta Ú€ 



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496 LAS COBPORACIOMEfl RRLtflfOSiS - • ; 

*uii supuesto /'í'rts, lo erial sucede con fre'8g,éQcia, '' 
sefecto de su poca inteligeneia, cuando se prevenía al- 
aguno inás listo ([lie se Iti hace creer, sacándoles de 
>paso limosnas y regalos. 

<La religión puede y debe ser eii l.iizún y iJisaya? 
sun medio do (lobíenio que ha de aprovecharse, y 
"jastifica la necesidad de las órdenes religiosas, que 
«deben civilizar y atraer á ella esa inulliLiid de razas 
»qiie aun están separadas y qiití solo con su auxilio 
spiíeden dominarse y atraerse, por lo ijue, aÜí donde 
->3e creen con este objeto nuevas comandancias, ó se 
^reúnan rancherías, hay que contar con un misionero, 
sy en este concepto he propuesto la creación de ciertas 
*misioneseon las cuales es de esperar que en pocos años 
>se Consigan grandes resultados, produciendo hasta un 
.>autnento de tributos 6 inipuestos, aun cuando queden 
.■libres de ellos lo.-^ nuevos cristianos durante diez anos 
flcomo está prevenido. Solo por medio de misioneros 
ses como procuran civilizar todas tas naciones... 

íA estos fines tnc he dedicado con afán, constitu- 
^-yendo, por decirlo así, mi programa de Gobierno, pro- 
scurando adelantar la doiiiinacíóti, la civiliítación y la 
sinstfuccióii para ([ue el país pueda disfrutar sucesi- 
ívamentc cuanto antes de todas las ventajas do los 
.'pueblos enltos, poro siempre con el apoyo de las ór- 
^denes religiosas, haciendo presente constantemente 
sal Gobierno de S, M. que los que otra cosa pidan son 
» filibusteros, que desean la independencia del país 
>para la que son un poderoso obstáetilo los religiosos 
>C[ue en Filipinas ejercen la cura de almas, 



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:.. :^-y-.^ ; ¿ . ^ 

«En kn dociinienlo oficial decía en otra ocasión (1) 
ase lia venido sosleniciido por los enemigos de las . 
sGomunidades religiosas que éstas so» refractarias á 
stodo progreso en la instrucción intelectual de estos 
shabitantes; mas yo, testigo de todo lo contrario, falta- 
aria al más sagrado sentimiento de justicia si en forma 
alea! y teniiinante no consignara que, contra aquella 
^absurda vulgaridad, he encontracbo eu ellas, sin ex- 
scepción alguna, la más decidida y entusiasta coope- 
»ración y apoyo en la evolución progresiva de la en- 
aseñanza, hechos que consigno con singular satísfac- 
:9ción, cual testitnonio de mi profunda y sentida gratitud 
»háeia tan respetables ministros evangélicus, que dentro 
>de su elevada misión espiritual, no han descuidado 
»los altos intereses de la patria.^ 



El general D. Fernando l'riino de Rivera eti el pá- 
rrafo lieformas de su Memoria dirigida al Senado, Agos- 
to de 1898 dice; 

«Ordenes religiosas... Es ituiegable que aquí han, 
«prestado grandes servicios; que han extendido la fe 
>cristiana; que han servido para desechar el error 
sentre estas gentes, y que ¡a civiüzación les debe mu- 
»cho, acaso todo. Creo que cumpliendo con sus debe- 
sres no tienen reemplazo; hay en ellos vicios, cometen. 
I cierto, pero me parece que más obedece 



(IJ Mando del general Weyler en Filipinas, 3." parte, 
píbrcftlo VIXI, por Retasa. 



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498 LAS CORPORACIONES REr.IGtOS\B 

»esto á la costumbre que á la maldad de corazón... 
»No soy en esto pesimista, creo que los males pueden 
«remediarse sin llegar á medidas extremas; la inmensa ' 
smayoría son buenos y dignos de eonsideración; prac- 
s>tican la caridad y se hacen querer de los pueblos; un 
»nümero exiguo son malos, pero la depuración del per- 

ssonal, y esto es lo gravísimo, es imposible 

fiDebe ser objeto de meditación lo que aquí ha oeu- 
»rrldo en todos los movimientos revolucionarios. El 
scura indígena ha tomado siempre una parte muy prin- 
scipalen la preparación y ejecución. En los anteriores, 
sel de 1872, pueden considerarse las algaradas, inAs 
sbien como movimientos religiosos que políticos; ya en 
*el de ese año, conocido con el nombre de revolución 
s-de Cavile, apuntó claraineLite la idea separatista, y 
stres clérigos indígenas fueron el alma y dieron el 
«verbo del movimiento. En ei que estamos, puede ase- 
sgurarse sin temor á equivocación, que el cura indi- 
>gena ha sido el verdadero propagador de las ideas 
>separatistas, recibiendo órdenes, ó inspirándose en 
»las doctrinas de los centros de conspiración; y en 
^cuanto á ejecución, son varios los que han tenido 
«valor para seguir á los rebeldes, á los que ni por un 
• momento abandonaban». 



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ÍNDICE 



Capitulo 1,— Sumario: -Introducción.— Origen de 
\ñs órtlencs monásticas. — Su influencia en la cultura 
de los pueblos. —Edad antigua, — Edad media. — Edad 

íuoderna. — Su extensión por e! globo 1 

Capitulo- TI, - Sumario. — Filipinas. — Descubri- 
miento. —Primeros Misioneros. -Religión y Gobierno 
del país.— Estado social.— Ni'imero de hnbilanles. — 
Temor y desconfianza de los Cebuanos.— El Santo 
Niño. — Lo."? cinco PP. Agustinos de la expediwón de 

Legagpi. Guerras entre los indios y armas que 

usaban. — Los frailes creadores de todo lo úfil y be- 
neficioso en el pais. — 1,03 mcdiriuillos indios. — Los 
Üabailane». — El capitSn don Pedro Mondejar y e! 
P. Fr. Nicolás Puma,— Nacimientos, matrimonios y 
funerales. —Danzas y el eolasisi.— Supersticiones, — 
Los turnaos, loa nonos, los asuanes. — Hechicerías. — 
El fumao y ios capitanes don Modesto Gerona y don 

José Mendoza. , .... 78 

Capitulo (U. - Sumario. — Primera iglesia en Fi- 
lipinas con la imi'igen del Santo Niño. — Paces entre 
Legaspi y Tupas; el pacto de sangre, reconoce Tupas 
la soberanía de España.— Los PP. ürdaneta y Agui- 
rre comisionados por Legaspi. —El P. Urdaneta insig- 
ne cosmógrafo, descubridor del derrotero á México. 
— Primicias de !a Religión. — Los PP. Rada y Herrera 
en el interior de la isla de.Cebi'i, — Los indios del bos- 
que — Hospitalidad de los indios.— Testimonio de Ma- 
Uat. — Trabajos apostólicos de los Misioneros. — El P. 
Alba en Iludo. — Llegada de Legaapi. — El P. Giménez 



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en Masbate y Camiirines. — Vuelta del P. Burrera con 
insfruceiones para Logaspi.— Vuelve Lugaspi á Cebú, 
funda la eiuJarl y pone do Gobernador á Guido de 
Lavezarcs. — Legaspi en -Manila.— Los Religiosos men- 
sajeroa de paa entre indios y españoles.— Lcgaspi 
. confía la conquista á los Religiosos.— Más Religiosos 
en 1571.— Constituidos en provincia loa Agustinos 
eligen Provincial al P. Herrera. -Primera visita pro- 
vincia!. — El P. R-ida sucedo al P. Herrera en el pro- 
vi ncialato. —El' sabio Mallat profeta ain pretenderlo. 
Conquista del país por los Religiosos sin disparar un 
tiro y sin efusión de sangre,— Guido de Lavezares 
pacifica Mindoro y otros pueblos con la influencia de 
loa Religiosos. — Los Religiosos en la vanguardia ile 
Salcedo. — El P. Alburquerquc se ofrece á penetrar 
en China como esclavo por servir á la Religión y á la 
patria. — Loa PP. Rada y Marín primeros embajado- 
res on Clilna. — El P. Rada cosmógrafo del Rey. — 
Servicios prestados por los Religiosos como españo- 
lea. — Llegan al país los PP. Franciscanos, Jesiiilas, 
Dominicos y Recoletos, -Les ceden loa PP. Agusti- 
nos provincias, pueblos, edificios y ornamentos sa- 
grados y son felicitados por l3enedicto XIV y por el 

Rey don Felipe V 

Capitulo IV.— Sumario.— Debe aplicarse á las otras 
líeligiones lo que digamos de la de los PP. Agus- 
tinos. ^Más misioneros al país, —Son pocos todavía 
para los nuevos pueblos —Ceden los Agustinos á los 
clérigos muchas parroquias. — Cuadro esladistieo de 
los pueblos fundados por los PP, Agustinos. — Resu- 
men— Número de almas administradas en 1880 por 
loa Agustinos —Suntuosidad de los templos; esplen- 
dor del culto; religiosidad de los indios, —Evani^ehza- 
do y civilizado el país dan por terminada su misión 
loa PP. Agustinos; y se disponen á pasar á China,— 



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ÍNDléE oíU 

País, 
Lo impide el fiobernaíJor Günoral á petición do loa ' 

imlios. — Los Agustinos on China y Japón más tarde. 
—La reducción de Negrilos, Igorrotes, Tínguianes y 
otras tribus.— Los negritos aborigénes del pais.— Los 
PP, Baltasar de Santa María y Antoiin Arizaga, — El 
P. Alejandro Cacho.— Los PP. Nicolás Fgbro y Ma- 
nnel Madariaga. — Otros Agustino». ' 181 

Capitulo V— Sumario. — Las escuelas y la ins- 
triiciún primaria por los Religiosos hasta IS&i" — Los 
Religiosos, maestros de escuela. —Sus discípulos lea 
suatitiiyen.- -Los Rehgiosos pagaban á los maesfros. 
— Difusión de la primera enseñanza en Filipinas, — 
Testimonio del señor Hilarión.— Se ingenian loa Reli- 
giosos para el material de enseñanza. — E! plálano y 
la caña bambii — Establecen los Religiosos escuelas 
en los barrios por su cuenta. —Los Religiosos no tie- 
nen la culpa de que loa indios ignoren el castellano. 
-Acta del primer capítulo provincial de Agustinos 
en 1590.— El Colegio de S.José por los PP. Jesuítas; 
lá Universidad, el Colegio de Santo Tomás y de San 
Juan de Letrán por los PP. Dominicos. — D. Geróni- 
mo Guerrero. — Colegios en Dagupan, Camarines, Ne-, 
gros ü Iloilo por Dominicos, Franciscanos, Recoletos, 
y Agustinos. — Colegios de niñas por las HH.de la Ca- 
ridad; Dominicas de Santa Catalina y Santa Rosa; 
Terciarias Agustinas y Agustinas de la Asunción.— 
Intelectualidad de los indios* — Su aptitud para !a 
imitación 234 

Capitulo VI - Sumario —Primeras calzadas por 
los Religiosos —Los polos 6 servicio personal. — Esta- 
do déla agricultura en 1565. — Su atraso. — Los Re- 
ligiosos eneoñan á los indios á cultivar la tierra; el 
uso del arado; los semilleros; las transplantacioiies y 
oirás faenas agrícolas,— Loa Religiosos introdujeron 
el cultivo del maíz, del üigo, i^alabaza, pepino, cebo- 



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table en el estado social del país al finalizar el siftlo 
XVII — Los Religiosos centinelas, aoldados de Cristo 
y de la patria en el peligro común — Sublevación de 
chinos --El H. IjSgo Fr. Antonio Flores.— Olra suble- 
TodÓTi de chinos, — Los Religiosos dan la guardia en 
las puertas de la ciudad. — Los Párrocos de líafangas 
arman á sus Teligresea y van á Manila en auxilio de 
la Colonia, — Hacen lo mismo los Párrocos de la 
Pampanga — Ei P. Juan Sosa, — Otros Religiosos que 
se distíngnen también. — Elogio á los PP. Agustinos 
por el Ministro de Campo don Lorenzo de Olaso. — 
Se rebelan los indios de algunos pueblos pampanj^os 
y son apaciguados por los Religiosos. — Los pangasi- 
nanes apaciguados por los Dominicos.— Los ilocanoa 
por los PP. Agustinos —El P. José Polanco. Los 
ingleses en Manila,- Loa Párrocos Religiosos, parti- 
cularmente los Agustinos arman á sus feligreses y los 
ponen á las órdenes de Anda.— Agustinos prisione- 
ros; saqueo por dos veces del Convento de Agustinos; 
ingratitud de Anda. — El indio rebelde Silang y loa 



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Farrucos A(,'usünos cíe llocos. — Son felicitados por 

S. M, el Rey, . . / '■ 

Capitulo VIL— Sumario. — Progreso general del 
pala debido á los Religiosos. — Más escritores Agusti- 
nos en el siglo XVIIÍ Nuevas industrias.— Pláticas 
y lecciones de agricultura é industria alternaban en 
losleinplos. — Canales de riego por loa Religiosos,- 
Arquitectura. - Kl Convento de San Agustín en Mani- 
la y Fr. Antonio Herreni. — Rectificación de calzadas 
y construcción de puentes. — Las eolias ó baluartes 
por los Religiosos, artillado y abastecimiento. Los 
Alcaldes mayores, —Abusos de estos en las cotias. — 
El P. Callazo. -El P. licrmejo á el P. Capitán. -Co- 
mo se han fabricado las Iglesias en Filipinas. - Tra- 
bas del (iobicrno para la fundación de pueblos — 
Acusación injusta á los Religiosos, —La educación 
religiosa superior á toda otra. ¿Por qué? Atraso 
en la agricultura, industria y comercio. ¿A quién 

atribuirlo? . . . , • 

Capitulo Vlll.-Sumario. -El siglo XIX compara- 
do con los dos que le precedieron - El P. Zúñiga.— El 
P. Blanco.— Más Religiosos botánicos en Filipinas — 
Impulso recibido por la agricultura é industria errel 
pasado siglo XIX - La fabricación de ladrillos.— EE 
P, Fr. Francisco Laredo en Nueva Ecija.— Los PP, 
Juan Rui/, y Miguel Carot en Iloilo,— Exportación A 
principios y & mediados del siglo pasado,— Ineficacia 
del chino para el progreso de la agricultura. -El ist- , 
' mo de Suez. — La inmigración europea.— Entra el 
indio en el movimiento progresivo. — Estadística de 
Comercio. - Ingratitud de indios y europeos con los 

Religiosos — Belioc y Sánchez 

Capitulo IX. — Sumario. - Prestigio histórico de 
las órdenes monásticas en Filipinas.- Origen de este 
prestigio en indios y españules. Nücesidaii délos 



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Religiosos para !a conservación de la conquista.- Los 
PP. Marín y Alvarado.— Los Heligiosos emijajadores 
en China, México y Espaiía,— Intervención de los 
Religiosos en la gobernación de los pueblos.— Las 
últimas y mal pensadas leforiiiaa les arrebatan esta 
intervención. -Consecuencias. — Los españoles las 
primeras víctimas,— El capitán Koig y Venancio Con- 
cepción.— Inutilidad de los esfuerzos de las autorida- 
des para desprestigiar á loa Religiosos,— El general 
Ríos, último Gobernador general español en Filipinas. 
—Testimonios de don Tomás Comyn y Jagor. —¿Las 
Comunidades Religiosas fueron causa de la pérdida 
de Filipinas? - Cargos y acusaciones generales y par- 
ticulares.- Contestación á estos. — Retana y las rebe- 
liones en Filipinas • 

CaI'ITULO X.-Sumario.— Sifuaciónactua! de Fi- 
lipinas. —Porvenir de las Islas, - Los Religiosos nece- 
sarios como elementos de paz y concordia. Loa clé- 
rigos indígenas, abogados, médicos ó indios ilustra- 
trados por Escosura, Oimeno Agius, Refana y otros 
escritores espafíoles y extranjeros. — Loa escritos pre- 
sentados á Moñs Chapelle, - El cuestionario por la 
Comisión 'Norte-americana que preside Mr. Taft. . . 

ñPÉ^-UiCE 






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FE DE ERRATAS 



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